Prólogo: Ver
Oh cariño, hoy de nuevo te ves bien, tan bonito, etéreo te llamaría, si sólo me escucharas, si sólo me sintieras, sólo un poco, es lo que pido, porqué claro que sé que cuando me conozcas un poco de tiempo es lo único que necesitarás para quedarte a mi lado.
Es ciertamente triste el hecho de que tu naturaleza Omega no te permita ser tan libre como deseas, como escribes en todos tus poemas, pero oh cariño, tu no necesitas libertad, sólo me necesitas a mí y claro que yo sólo te necesito a ti.
Ya dentro de poco serás mayor de edad ¿Debería llevar a cabo mi plan? Debería, después de todo, cada día ese hermoso ser tuyo se vuelve mucho más deseable, cada día te ves mejor, tus caderas se han desarrollado, perfectas para danzar a mi ritmo, tus brazos ahora son largos y aunque ahora a ti no te gusten, a mí me encantan; como todo de ti, después de todo, tus brazos sólo rodearan mi cuello, tus manos son blancas y delicadas, no soy acérrimo a denominar con adjetivos diminutivos a las cosas, pero tanto tu cuerpo como el tú mismo, causa ese efecto en mí. Tus manitos son un encanto, se verán tan bien entre mis dedos, e incluso esos hermosos ojitos azules tuyos adquirirán un brillo único cuando me mires, aunque claro también amaré cuando tus pupilas se expandan, cuando dentro de ti se libere el placer que sólo yo podría darte de la debida forma al igual que tu boca se abriría para mí, para delatar tus melifluos encantos, tus esponjosos labios recordarán en coro mil y un resoplidos no necesariamente de dolor. Te veo hoy de nuevo a lo lejos, el frío de la tarde gira en el cielo y canta, ser poético por ahora no es algo que me importe así que sólo me dedico a observar cómo te mueves, no es con gracia ni cautela, más bien, corres y te diviertes; bajo la luz de mi amor, tu rostro se ve precioso, aunque me ves, me has visto, mi corazón comienza a bombear sin control a mis neuronas les cuesta hacer sinapsis e incluso podría asegurar que mi sistema nerviosos no está respondiendo, aunque claro, quitas la mirada pues te has asustado y por ahora tus mejillas son teñidas de rojo porque te has tropezado. Oh cariño, no te avergüences que aun así te ves hermoso. Mi sonrisa aparece después de haber comenzado a caminar, porque claro tienes trabajo que hacer y aunque de forma poco ética y sin medidas realmente útiles, lo intentas y te cuidan dentro de esa florería, más no puedo hacer por ahora, sólo esperar de nuevo a que salgas, así que sólo aprovecharé para encargarme de mis asuntos y poco a poco te iré preparando para caer junto a mí, porque te verías bien conmigo, porque si en esta jerarquía en la que vivimos de pertenecer se trata, debes pertenecerme a mí, mi dulce Takemicchi.









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