Let me help you.
En la fría y ohea noche, el llanto de un bebé se escuchaba, un hombre se encontraba mirando afligido a las diversas nodrizas buscando calmar al infante. Este, por su parte, se removía inquieto, soltando gritos y lamentos.
Por un momento todos llegaron a la conclusión de que el pequeño sabía que de ahora en adelante viviría alejado de su madre. No pudiendo hacer nada al respecto solo quedaba hallar una forma de consolarlo.
Qiren, el joven que por fuera lucía sereno e imposible, se moría de nervios y el estrés lo estaba matando. Le preocupaba la salud del menor, después de todo, era su sobrino. El primer —y esperaba, único— hijo de su hermano mayor.
Había estado llorando desde muy temprano y solo había parado cuando se quedó dormido cerca del medio día, no aceptó nada que las mujeres le quisieran dar y hace poco había comenzado a llorar de nuevo, removiendose inquieto ante las desconocidas que lo tocaban y cargaban.
En cierto punto había perdido la calma y estuvo apunto de pedirle ayuda al único que podría considerar como su amigo, luego recapacito que ese tipo no sabía nada sobre niños y no lo hizo, se retuvo de escribir una desesperada carta.
Qiren sintió una punzada en la cabeza y estuvo apunto de quitar al menor de los brazos de la que lo cargaba cuando tocaron la puerta. No le quedó de otra más que atender.
— Segundo maestro... El segundo maestro Jin vino a buscarlo. — informó.
El Lan sintió un escalofrío. "¿Tienes un detector acaso?" Preguntó ligeramente abrumado.
Parece que había invocado al diablo, observó de reojo la situación en la habitación antes de mandar a traer al Jin en espera.
Jin GuangHong era el hermano menor de Jin GuangShan, el segundo hijo de la familia y el más raro de todos, si es que Lan Qiren podía aportar un comentario.
Siendo alguien que se crío entre oro, joyas y pretenciones por doquier, era bastante libre y jovial, varias veces el segundo maestro Lan pensó que era adoptado. Idea que se iba luego de ver lo malditamente parecido que era a su hermano mayor, porque por supuesto, eran gemelos.
En menos de lo que pensó, los pasos semi-apresurados de alguien comenzaron a sonar desde una distancia cada vez más cercana, hasta que de forma brusca, la puerta se abrió.
Un atractivo hombre se mostró, su ceño ligeramente fruncido en descontento, algo difícil de ver. Lan Qiren estuvo apunto de regañarlo por sus pésimos modales, cuando esté rápidamente se acercó al menor, lo quito de los brazos de la nodriza que lo cargaba y comenzó a arrullarlo luego de colocarlo con cuidado en sus brazos, tarareandole suavemente mientras lo mecía.
Todos se quedaron en silencio al notar como el bebé comenzaba a gimotear, callando poco a poco sus lamentos, las pequeñas manos se aferraron a uno de los dedos del que lo cargaba, haciendo un puchero con las mejillas llenas de lágrimas.
Este se movió, tomando asiento, un pañuelo se le fue extendido. El Lan estaba atónito ante la calma y ternura que el Jin mostraba con el bebé, limpiándole el rostro con suavidad y, posteriormente, comenzar a alimentarlo.
Las mujeres lucían aliviadas, cooperando con el hombre para facilitarle todo lo necesario para el cuidado del niño, mismo que comenzó a adormecerse luego de llenar su estómago con leche.
Pasó algo de tiempo para que el niño fuera colocado con suma delicadeza en una cuna bellamente tallada. Los adultos expulsaron una bocana de aire, aliviados. Qiren estaba sorprendido, vio al bebé dormido, luego al hombre parado al lado de la cuna.
Este parece haber notado su mirada, pues lo miró.— Posiblemente tenga fiebre. Por lo visto estuvo llorando un buen tiempo y no comió mucho en todo el día, estará débil así que deben tener en cuenta poner suplementos en la leche. Tal vez deberían llamar a un médico para que lo examine bien una vez salga el sol y despierte. — le dio suave palmaditas para hacerlo eruptar.
Las nodrizas asintieron, saliendo de la habitación para ir a informar sobre la situación. Cuando ambos estuvieron solos, el Jin lo vió con atención, casi perforandolo con la mirada.
— ¿Por qué no me dijiste sobre tu sobrino? Tuve que enterarme de mi hermano, quería verlo lo antes posible pero no me esperé esto — murmuró, el reproche claro en su voz — que pésimos son cuidando de un niño. ¿Dónde está su madre? Debería estarlo cuidando. ¿Dónde está el tonto de tu hermano? ¿Por qué no está aquí? Lo voy a golpear por dejar que su hijo sufra de está manera.
Siguió maldiciendo a todos por el estado del bebé, regañandolo a él también por no decirle la situación y por dejarlo de lado. Qiren se sentía avergonzado, escuchó al Jin durante un buen rato, sirviéndole algo de agua una vez se cansó.
— Mm... Tengo mucho que contarte... — murmuró él Lan, suspirando.
Sabía que el Jin enfrente suyo nunca diría nada que no debería si decidían confiarle algo, es por eso en primer lugar que le agradaba. Además, con él podía desahogarse sin sentirse presionado.
Le contó la situación de su hermano y su cuñada, sobre lo que le esperaba a ese niño y confesó lo asustado que se sentía por todo lo que estaba pasando, por lo que deparaba el futuro no solo para su sobrino, sino también para su hermano, cuñada y para él.
En cierto momento terminó en los brazos del Jin, ligeras y agradables caricias siendo colocadas en su espalda mientras estaba sentando en el regazo del otro. Se sentía relajado y estaba seguro que podría dormirse si no se apartaba, pero no quería.
— Bueno... No puedo hacer nada más que apoyarte porque cambiar las cosas creo que es imposible, te ayudaré con Lan Huan, me quedaré aquí el tiempo que sea necesario, no te preocupes, Qiren, no estás solo — susurró en su oído.
El Lan quiso protestar más no pudo, su adormecimiento se lo impidió, cerró los ojos y cuando los volvió a abrir aún seguía encima de su amigo, este estaba dormido, abrazándolo de forma protectora mientras su espalda reposaba en la pared.
El Lan guardó silencio, viéndolo en silencio. Siempre lo considero como un hombre atractivo pero viéndolo de cerca no pudo evitar tentarse.
Tragó saliva, sus ojos desviandose hacia los carnosos y bonitos labios a unos cuantos centímetros lejos suyo. Respiró hondo, firmemente queriendo alejarse para evitar hacer algo de lo que terminaría arrepintiendose, posiblemente. No esperó que abriera los ojos de golpe, espantandolo.
Este lo miró unos segundos, confundido. Sus oscuras orbes viéndolo con confusión antes de que poco a poco el entendimiento le llegará, una sonrisa perezosa colocándose en sus labios de apoco.
— Buenos días, Qiren... — musitó ligeramente ronco, lejos de sus espectativas, el Jin lo acomodó mejor en sus brazos, abrazando con firmeza su cintura. Mientras dejaba un beso en su mejilla izquierda.
Un escalofrío recorrió la espalda de Qiren, sintió sus orejas calentarse ante el descaro del otro. Estuvo apunto de gritarle cuando un pequeño gimoteo llamó su atención, sollozos queditos le siguieron.
Ambos se apartaron de golpe para acercarse a la cuna, el Jin tomando al bebé en brazos para revisarlo, meciendolo para calmarlo.
— A-Huan, se un buen niño ¿Si? El tío Hong no te dejará sólo — pidió, su voz era suave, sus caricias cariñosas.
Cómo si el niño lo entendiera, se calmó. Por primera vez en días, el bebé sonrió, soltando una suave risita y leves balcuceos. Qiren observó impresionado.
Pasó algo de tiempo para que varias personas llegarán, el doctor revisó al bebé y con algunas indicaciones dadas, se fue. En todo momento, Lan Huan acomodado en los brazos del Jin, sin intención de que lo alejaran de él.
Esto hizo reír al mismo, bromeando con el bebé, presumiendo que a él si lo querían y a ellos no. Claro que después tuvo que escribir una carta para su hermano explicándole la razón por la que no volveria a Lanling en un buen tiempo.
El bebé siendo cargado por un nervioso Qiren, siendo ayudado cada cinco minutos por él Jin.
Pasó casi año y medio cuando por fin pudo regresar a su secta, prometiéndole al niño que volvería e iría a visitarlo cada que podría —Pues no es que se estuviera yendo porque quisiera, sino porque lo estaban obligando—.
Cuando volvieron a verse fue en la boda de su hermano —boda que personalmente su cuñada y él prepararon, pues no dejarían que GuangShan ayudará, su gusto era pésimo desde el punto de vista de ambos, poco les importaba si se había ofendido o no—.
El pequeño Lan se colgó de él, llamando la atención de todos cuando soltó un "A-die" sin querer. GuangHong sonrió encantado, raptandolo apenas tuvo oportunidad —siendo seguido por Qiren, por supuesto—.
Así pasó el tiempo, cuando le informaron sobre su propia boda — conste que estaba en total desacuerdo pues a él ya le gustaba alguien y era innecesario que tuviera hijos siendo que sus hermanos ya se habían casado y sus primogénitos estaban por nacer en unos cuantos meses— huyó hacia GusuLan. Contándole apenas tuvo oportunidad ha un incómodo y enojado Qiren sobre sus desgracias.
Grande fue su sorpresa el que, por el enojo le robara un beso: un sumamente intenso, posesivo y ardiente beso.
Está demás decir que las cosas se hubieran descontrolado si Lan Huan no hubiese entrado completamente asustado, bajándole la calentura a ambos adultos al ver su estado.
Resultaba que madam había entrado en labor de parto mientras conversaba con su hijo, GuangHong tenía claro que el menor tendría un trauma por el tremendo susto que le dió sin querer.
No mencionaron nada durante todo el día, GuangHong maravillandose por el nuevo bebé que sabía en el futuro tendría que cuidar, lo haría quieran los Lan o no.
Cuando todo se hubo relajado, sin decir nada arrastró al Lan hacia un lugar apartado, pues tenían que hablar.
— Qiren... — trató de iniciar, callandose cuando una bonita cinta tejida fue extendida hacia él.
El Jin sintió el calor entendiéndose por su cara, conocía el significado de la cinta Lan, por supuesto, así que sin dudarlo extendió una de sus manos, dejando que el otro la atase en su muñeca.
— Cásate conmigo — susurró después de atarle la cinta, sumamente cerca de sus labios, tentandolo.
— Quería pedirlo yo... — respondió, sin aguantarse las ganas.
Volvieron a juntar sus labios, está vez más tranquilos, expresando sus sentimientos a través de ese gesto. Atrajo el cuerpo vestido de blanco al abrazar su cintura. Lan Qiren rodeó su cuello, acercándolo aún más. Se besaron un buen rato, disfrutando de la sensación de tener los labios de la persona que les gustaba contra los suyos y cuando se separaron una brillante sonrisa adornaba sus enrojecidos labios.
— Mm... Bueno, creo que si me casaré, después de todo — bromeó, el Lan lo acercó aún más a su cuerpo, mordiéndole de forma posesiva el cuello hasta dejarle una marca.
El Jin solo jadeó, dejándose hacer completamente feliz.
Al final, ambos decidieron hacer las cosas por sus lados, Jin GuangHong volvió a Lanling Jin para dejarle en claro a sus padres que si se casaría, pero no con una señorita.
Luego de que le armarán tremendo escándalo, volvió a Gusu. Lo habían corrido de Lanling aunque no se arrepentía de nada, de echo estaba feliz.
Qiren lo estaba esperando afuera, confundido al verlo llegar solo. La confusión pasó a convertirse en irá cuando le explicó lo que había pasado. Al final, ambos entraron juntos a Gusu.
Su boda no fue llamativa, solo fueron ellos dos y el pequeño Lan Huan junto a una nodriza con El pequeño Lan Zhan en brazos, no importaba, así estuvo bien.

Luego de algunos meses, un invitado inesperado llegó a Gusu, GuangShan vino cargando con el algunas cosas en varias bolsas Qiakun. Las cosas que dejó en Lanling para ser más precisos, aparte de un montón de oro.
Hong se le tiro encima apenas estuvieron los tres solos, chillando ante su increíble hermano mayor. Este volvió completamente avergonzado a su secta.
— A veces es extraño... — comentó de la nada, acariciando los cabellos de su pareja.
— ¿A qué te refieres? — preguntó, levantándose. Dejando a la vista su cuerpo desnudo.
El antiguo Jin, —ahora Lan— lo jaló para sentarlo en su regazo, repartiendo besos y mordidas perezosas en su pálida piel, arrancando suaves suspiros a su amante.
— Aún no me acostumbro a la secta Lan, es tan extraño todo esto para mí — respondió luego de algunos minutos — pero por ti, resistiré. — soltó una suave risita.
Qiren lo empujó contra la cama, haciendo una mueca, estaba plenamente conciente de que a su pareja la inmensa cantidad de reglas no le gustaban, pero no podía hacer mucho, se deslizó suavemente, restregando sus glúteos contra el miembro erecto de su esposo. El suspiro que logró sacarle le hizo sonreír.
— Mmm... Te acostumbrarás... — jadeó, luego de que una grandes manos comenzarán a jugar con sus nalgas, amasandolas, apretándolas, tentandolo al rozar su ano con aquella vara caliente.
Un pequeño gemido se escapó de sus labios cuando un travieso dedo rozó su anillo, movió las caderas, invitando a aquel dedo a entrar.
No hizo falta esperar mucho, un largo dedo ingresó por su recto, tocando por aquí y por allá al moverse de forma inconstante en su interior. Se retorció ligeramente, gimoteando ansioso.
Sus labios fueron sellados por una hambrienta boca, otro dedo invadiendo su interior para jugar con sus nervios, ahogó todos los ruidos vergonzosos en la boca de su esposo, derritiéndose cuando un tercer dedo entró.
— Aunque no lo haga, vale la pena estar aquí — murmuró separándose levemente. Una sonrisa pícara adornando sus labios.
Quitó sus dedos, posicionandose de manera correcta antes de entrar, Qiren respiró con fuerza e impacientemente se dejó caer. Reprimió un gemido, más no pudo evitar que su cuerpo se arquease.
— Eres realmente precioso~ — ronroneó, atacando los pezones del otro mientras esté se adaptaba al intruso ahí atrás.
Cuando el Lan movió levemente las caderas, el Lan Hong comenzó a moverse, tomando impulso para poder entrar y salir con mayor facilidad, Qiren también se acomodó lo suficiente para moverse contra corriente, —mientras el salía, Qiren se levantaba y al entrar, se dejaba caer— los chapoteos acompañados de gemidos eran la melodía que acompañaba al par de amantes dentro de la habitación.
En cierto momento, Qiren terminó amarrando las manos de su esposo en la cama, imposibilitandole el poder tocarlo para así el hacerlo a su ritmo.
Subir y bajar, tocándose a si mismo mientras unos ansiosos y hambrientos ojos lo veían. Penetrarse y jugar sin que el otro pudiera tocarlo era uno de los juegos que más le gustaban.
Sobre todo cuando su esposo se liberaba, ya que...
— ¡Ah~! — gritó al ser derribado y empalado sin ningún tipo de cuidado.
Las embestidas se volvieron violentas y sin cuidado, las marcas comenzaron a aparecer de aquí por allá mientras el segundo maestro Lan se deshacía en gemidos y palabras sin sentido.
Cuando por fin las cosas se calmaron, Qiren estaba completamente exhausto pero satisfecho. Incluso el dolor en sus caderas no arruinaba su humor, por el contrario, lo alegraban más.
Después de todo, esa era la prueba de que pasó la noche con su esposo. Que su esposo la noche anterior lo redujo a una masa de gemidos y palabras sin sentido.
Claro, después era presa de los masajes en su cintura y cadera para aminorar los estragos y la molestia, era presa de los tratos cálidos y amables mientras era mimado en varios sentidos.
Ya hasta se había terminado acostumbrando a ser bañado, vestido y alimentado antes de salir de su habitación.
Incluso sus propios sobrinos estaban siendo mal acostumbrados por su complaciente pareja —dejandole el papel de estricto a él—. Sabía perfectamente que Lan Zhan consideraba a su esposo como su padre, incluso más que a su verdadero padre.
Después de todo, luego de la muerte de la madre de Lan Zhan y Lan Huan, el primero corrió desesperado hacia Lan Hong, preguntándole sobre que había pasado, que si su mamá ya no lo quería, que si había echo algo malo. Este lo consoló todo el rato, explicándole la situación de forma que el menor pudiera entender. Prometiendo que él nunca se iría ni lo dejaría.
Era una lastima que no podría cumplir sus palabras pues a la edad de diez años, Lan Zhan también perdió al tío que consideró como un padre, y Lan Qiren enviudó sin poder evitarlo.
El menor no lloró, Lan Qiren tampoco, ambos sin querer se cerraron tras la perdida.