Deception [Horror Special Spiderverse]

Summary

Sucesos extraños en la base Arácnida: Múltiples desapariciones y ningún sospechoso. Hasta que Peter B. Parker decide indagar un poco en la peculiar actitud que su líder había tomado desde hace días y descubre algo que jamás debió de ver.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Deception [único capítulo]

El clima era frío y lluvioso, la escasa vegetación con la que contaban dentro de la sede movía sus hojas con suavidad al mismo ritmo del viento que se colaba por las ventilaciones de cada esquina y rincón.


Un hombre castaño de bata rosa y cangurera en el pecho cruzaba los pasillos helados de aquellas instalaciones, palmeando la espalda de la bebé que traía en el regazo y gimoteaba angustiada.


—Ya Mayday, ¿qué ocurre? —besó su frente—. ¿Tienes hambre? ¿Quieres jugar?


Ella se quejó de manera audible, llamando la atención de varios sujetos, entre ellos una conocida por ambos.


—Linda no llores —miró a Peter enternecida—. ¿Qué le pasa?


—Hola Gwen, no lo sé, ha estado así desde hace días y no comprendo que mismo es —suspiró cansado.


—Todo ha sido raro desde hace días... ya ni Lyla funciona —encorvó sus hombros.


—¿Cómo que no? —alzó el brazo llevándolo hacia su boca y elevó la manga afelpada—. Lyla, Lylaaaa...


Llamó a su nombre múltiples veces, no funcionó, sus cejas se fruncieron extrañándose de tal falla, podrían dañarse los relojes o incluso la máquina de vuelta a casa, pero jamás Lyla.


—Vaya... ¿Aún no sabes algo de Jess? —abrió con tristeza sus brillantes ojos azules.


—Lo lamento Gwen, aún nada, pero seguimos buscándola... también a Hobie y Pavitr.


—Los extraño tanto... sé que solo ha pasado una semana, pero tengo un mal presentimiento.


El mayor la miró con pesar y forzando una sonrisa dulce extendió su brazo envolviendo los hombros ajenos, proporcionándole un apoyó físico, la meneó animándola un poco.


—Tengo hambre, vamos a la cafetería.


Ella asintió con lentitud y le siguió el paso hacia el lugar donde más compañeros se encontraban hablando y socializando, comiendo. Encontraron una mesita con 3 asientos blancos cercana a una de las paredes y rejillas, la tomaron antes de que otro la ocupe. El de canas pidió lo de siempre y ella lo imitó sin muchos ánimos de pensar, a los minutos les entregaron 2 hamburguesas gruesas y rebosantes de carne, la lechuga fresca y el tomate jugoso, también un adicional de papas.


—Okay tengo algunas pistas, la última vez que el reloj fue usado por Jessica fue un 21 de octubre, el 23 encontramos partes de su reloj en el universo 2149... —tragó duro y perdió el apetito.


—Exacto, logramos rastrear pedazos del Goober, no pudimos explorar demasiado por el alto riesgo de estar en esa dimensión —dejo su comida a un lado—. ¿Por qué? ¿Qué hacía allí su reloj?


—No tengo idea Gwen, quizás... no, no lo sé —rascó su nuca estresado—. Vimos por última vez a Hobie y Pav un 25 de octubre.


—¿Hay algo...?


—Nada, sin rastros de ellos y sus relojes, ¿Lyla desde cuándo no está operativa?


—Hace un tiempo, casi 2 semanas, sigo sin entender como no te habías percatado de ello, siempre es muy parlanchina.


—Estuve ocupado con Mayday, siento que todo esto también le está afectando...


Fueron interrumpidos por una tercera presencia que decidió incluirse sin preguntar, juntó la silla y se sentó cómodamente agregando un plato más de comida, solo que este estaba a medio terminar.


—Hola chicos, ¿aún nada? —exclamó dando una gran mordida al pan, haciendo que se fuera cayendo a pedazos.


—Casi nada Miles, ¿tú de casualidad no tendrás alguna novedad? —dijo Peter con una pisca de esperanza.


—Nomás que estas hamburguesas se ponen cada vez más duras, para mí que Miguel se anda quedando sin presupuesto para la comida.


—Prefiero las papas —agregó Gwen metiendo una a su boca.


—¿Qué ha dicho Miguel sobre todo esto? No he tenido tiempo de hablar con él.


—No me lo he topado mucho, parece ocupado, seguro está angustiado, nuestra amiga se esfumó de la nada y los únicos rastros que se tienen de ella son en un universo horrible.


—No soy de venir demasiado aquí, pero cuando me enteré de lo de Pav y Hobie fui a preguntarle qué ocurría, solo me dijo que siguiera con lo mío —encogió sus hombros.


—¿Qué? ¿Eso cuándo fue? —inquirió Peter.


—Hace 2 días, no volví a tocar el tema, no con él, me da vibra rara —desvió la mirada hacia Mayday quien estaba por llorar.


—Preciosa, ¿Qué te ocurre? Vamos dile a papá —La sacó de la cangurera para cargarla.


La infante se mostraba ansiosa y no dejaba de mover sus manos hacia la rejilla del costado, se quedaron en silencio y prestaron atención al sonido que provenía de esta, un débil chirrido de uñas rasgando el metal, la corriente de aire permitía que llegara hasta ellos.


—Tranquila Mayday, seguro son ratas o algo así, en mi casa suele haber —informó la chica acariciando la mejilla de la más pequeña.


—Ya May, no es nada —La juntó más a su pecho consolándola—. Iré a hablar con Miguel, no tardo —apartó su asiento y se fue por un momento.


Caminó directo a la oficina de su amigo, no tardó en llegar y tocar la puerta con mínima fuerza, sabía el disgusto de Miguel hacia los sonidos fuertes, esperó alguna respuesta con paciencia, zapateando el suelo o formando churritos en el cabello de Mayday, quien no paraba de moverse.


Resopló volviendo a tocar y llegando al mismo resultado, rodó los ojos inquieto, pegando la frente en el hierro, la bebé gimió apretando la bata magenta, rogando con la mirada a que se fueran.


—Oye, solo estamos yendo a ver al tío Miguel —acarició con el dedo índice el suave cachete infantil.


Las sacudidas bruscas provocaron que Peter se fuera hacia más adelante, creando una presión sobre la puerta y abriéndola unos pocos centímetros, colocó su ojo en la abertura que se había formado viendo la espesa negrura en la que la habitación sucumbía, avanzó dando pasos cortos y tratando de no hacer ruido, prefirió no cerrar las compuertas, ya que acabaría con la poca luz que los pasillos le proporcionaban.


—¿Miguel? —susurró encogido sobre sí mismo.


Hubiera sido una mejor opción alzar la voz o quizás hablar con normalidad, pero la pesadez del ambiente era tal que no podía siquiera estar erguido, se sentía tan pesado y su sentido arácnido no paraba de advertirle y punzar su cerebro.


Paró en seco pensando bien las cosas, bajando la mirada y notando que en 2 o 3 pasos más la luz del exterior se terminaría y caería en la profunda oscuridad que envolvía a su alrededor, mordió su labio inferior prestando atención a la bebé.


—Mejor te hago caso —dijo retrocediendo.


Antes de poder virarse sintió como chocó contra algo grueso, al principio creyó que sería una pared, luego recordó que necesitaba retroceder aproximadamente 10 pasos más para toparse con una, levantó la cabeza y se encontró con el rostro de Miguel, sus ojos rojos bien abiertos y la boca en forma de una línea recta, mirándolo desde arriba cuál insecto.


—Parker —habló serio.


El nombrado se despegó del pecho ajeno y marcó distancia esbozando una sonrisa nerviosa, tocó su cabello canoso en un intento por relajarse del susto que se dio.


—¡Miguel! —tomó aire—. ¡Que susto me diste! Pudiste haberme causado un ataque.


—¿Qué haces aquí? —ladeó la cabeza acercándose.


—Ahhh... ¿Yo? No pues solo vine a verte... y preguntarte una que otra cosita —juntó sus manos jugando con los dedos—. Si no es mucha molestia...


—Ok —pasó por su lado.


Dio un chasquido ordenando a las luces que se prendieran sutilmente iluminando la habitación para que el mayor pudiera desplazarse sin tanto problema, este fue detrás de él preparando en la mente las preguntas que le haría.


—Primero quería preguntar sí... ¿Has sabido algo de Pav y Hobie? Nosotros aún no tenemos nada pero quizás tú...


—Tampoco tengo nada, cuando lo tenga te aviso —respondió inmediatamente.


Le estaba dando las espaldas, moneando y tecleando con rapidez la computadora que tenía al frente, no parecía prestarle demasiada atención, Peter entrecerró los ojos notando algo peculiar, de hecho varias cosas, al estar tan cerca observó la altura contraria, si antes le sacaba 1 cabeza de diferencia, ahora eran 2. Tenía ojeras más pronunciadas y marcas de cicatrices por el rostro y cuello, probablemente muchas más debajo del traje, no recordaba haberlas visto antes.


—¿Qué te... pasó en la cara? —indagó inseguro.


—Spider-Cat me pasó en la cara, literalmente —rio.


Parpadeó incómodo, escucharlo reír era extraño, más cuando tenía una sonrisa ladeada plasmada en toda la cara, hacía sobresalir sus puntiagudos colmillos, tenían un leve brillo que denotaba por las computadoras, se proyectaban como vidrio.


—Aah... debió doler porqué se ven muy profundas —desvió la mirada.


—Ya se curarán —giró la cabeza hacia él—¿Qué te pasa? ¿Por qué miras para allá?


—¿Ah qué? No, no nada, solo uhm... escucha, estoy preocupado con estas desapariciones, en especial después de encontrar restos del reloj de Jess en la dimensión zombie, ahora Hobie y Pav —apretó los párpados acongojado.


—Mmm... —se aproximó otra vez, pero más rápido.


Mayday se quejó con fuerza tornándose roja y lagrimeando sin parar, eso lo hizo retroceder, a los dos, ella no quería estar ahí, nadie quería estar ahí.


—Tranquila... —sobó su espalda consolandola.


—Peter —hizo que lo mirara.


—¿Sí...?


Miguel pasó uno de sus brazos por los hombros ajenos, juntando al hombre a su costado y apretándolo un poco, algunos podrían ver eso como una acción fraternal, pero en ese momento solo le causó un gran escalofrío que lo hizo temblar.


—Me estoy encargando de esto, también estoy preocupado por Jess, Hobie y Pav, pero los encontraremos, estoy seguro.


—Ojalá...


—Créeme, seguro están más cerca de lo que pensamos.


—¿A qué te refieres? —intentó separarse.


—Ya sabes cómo es Hobie, le encanta largarse sin previo aviso, Pavitr le sigue el paso al ser amigos, tal vez están de fiesta por ahí y olvidaron avisar —oprimió el hombro ajeno.


—¿Y Jess...?


—Ella es otro caso, pero la encontraré... mejor enfócate en otras cosas Peter —lo tomó de los dos brazos y lo comprimió leve—. Yo me encargo —sonrió—, no te preocupes.


Se quedó inmóvil en dónde estaba, viéndolo cara a cara, sintiéndose pequeño e indefenso por unos cortos, pero eternos segundos, jamás había experimentado algo igual, menos con quién se supone era su amigo, algo dentro de sus ojos no cuadraba, era extraño, se sentía mal.


—Miguel.


—Ya sabes, por el bien de Mayday.


—¿Qué? —Se petrificó.


—Todo esto le hará mal —lo giró con fuerza y jaló para al frente llevándolo hacia la puerta—Ve a casa Peter.


—Pero yo- —quedó fuera.


—Ten un lindo día —cerró las puertas.


El aire golpeó contra su cara revoloteando sus cabellos, respiró hondo y exhaló calmándose, la tensión se había ido y numerosas dudas aparecieron a los costados de las escasas respuestas que logró conseguir. Acunó a Mayday en sus brazos para poder calmarla ya que gritaba sin parar, casi como si hubiera visto a la muerte, varias horas después de lograr su cometido decidió pensar en su próximo movimiento, tecleó algunas cosas sobre su reloj y escribió a Gwen y Miles.


Petviejis: Chicos necesito verlos, pueden mñn venir a mi 🏠??? ✓✓ 7:33 PM.


Gwiiiin: Dale mañana vamos, iré junto a Miles. ✓✓ 7:34 PM.


MaízMorales: Sí ;) ✓✓ 7:34 PM.


Después de abrir un portal hexagonal, apareció dentro de una habitación pequeña, pero espaciosa, con tonalidades pasteles y una cuna blanca a pocos centímetros, sacó a Mayday del canguro y la colocó allí, por primera vez en el día su terror había sido aplacado con el suave roce de su sábana favorita aunque votando lejos un peluche mediano de Spider-man, actualmente lo odiaba y su padre desconocía por completo la razón, alguna vez fue su favorito.


Salió del cuarto y fue hacia la mesa circular de madera que tenían en la sala, encontró una nota en un pequeño papel amarillo que decía: Fui de compras con amigas, vuelvo a las 9 pm, recuerda alimentar y cambiar de pañal a Mayday o dormirás en el mueble ♥️.


Rodó los ojos haciendo bola el papel y arrojándolo al bote de basura más cercano, a veces creía que su esposa le hablaba a un anciano de 85 con Alzheimer y no a él, claro que no olvidaría alimentar a su hija. Ese día prefirió relajarse un poco.


En la tarde siguiente después de trabajar como fotógrafo llegó a casa agotado, iba a sentarse de no ser porqué escuchó el timbre sonar ahuyentando a varias aves que residían por sus ventanas, vivía en uno de los pisos de departamentos más altos, se dirigió hasta allí y les abrió, encontrándose con sus dos amigos.


Gwen traía su cabello recogido con algunos mechones sueltos al no ser lo suficientemente largos, una chamarra violeta y una falda negra más arriba de las rodillas, Miles tenía un suéter grueso acolchado de color gris oscuro, bordes rojos y por dentro una camisa con las letras de Brooklyn 42, un jean holgado de pigmentación celeste y unos zapatos deportivos con las agujetas mal amarradas.


—Hola chicos, vamos pasen —Se apartó de la entrada dándoles paso.


Los 3 fueron hacia la sala sentandose en las sillas que encontraron, no queriendo hacer mucho ruido para evitar despertar a Mayday que había quedado dormida por completo.


—Bueno aquí estamos viejo —palmeó sus piernas—. Somos todo oídos.


—¿Recuerdan que les dije que hablaría con Miguel? —fue por un vaso de agua y regresó.


—Sí, ¿qué te dijo? —apoyó sus 2 codos en la madera inclinándose más hacia el mayor.


—No pude preguntar mucho la verdad, pero técnicamente y bajo subtítulos, me dijo que no me metiera y parece que Mayday le tiene miedo...


—¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué le pasa? Estamos hablando de nuestros amigos, no se puede portar así, además como que May le tiene miedo —mandó su cabellera rubia para atrás.


—Eso si está raro, sé que el tipo no le gusta hablar sobre sus problemas y esas cosas, pero "que no nos metamos" —imitó la voz de Miguel—. Es... sospechoso.


—¿Qué insinúas Miles? —encarnó las cejas con inquietud.


—Ya sabes a qué me refiero Peter —Lo encaró serio—. ¿Acaso no te das cuenta? Está muy sospechoso y ni siquiera intenta disimular.


—Claro que no —apartó la mirada—. Bueno sí... pero no prueba nada.


—Chicos tengo que decirles algo que no había contado a nadie, pero ahora que hablan del tema... —exclamó la fémina.


—¿Qué cosa Gwen? —preguntó el de piel oscura.


—Un día antes de que Jessica desapareciera... me contó que veía raro a Miguel, me dijo que primero necesitaba reunir algunas pruebas para decirme su teoría... después no supe más de ella.


—¡Si ves! Miguel tiene algo que ver con todo este asunto, es más claro que el agua, incluso hizo llorar a la chiquita —chasqueó la lengua con fastidio y se cruzó de brazos.


—Ella llora con todo... y eso en realidad no prueba nada chicos, vamos estamos hablando de Miguel, es nuestro líder, es nuestro amigo... mi amigo —Se fijó en el suelo cabizbajo, sin creerles.


Los dos jóvenes se miraron mutuamente, preocupados y sin saber en qué pensar, sabían que si no mostraban pruebas contundentes no les iban a creer, muchas cosas estaban en su contra, principalmente cabía la duda de: ¿Por qué? Miguel no tenía ninguna disputa o desacuerdo con Jessica, no había razones para lastimarla y desaparecerla, mucho menos con Hobie y Pavitr, con los que hablaba incluso menos.


—Hay que decirle a alguien más para que nos ayude —inquirió la oji-azul.


—Podríamos decirle a Ben, también a Spider-Noir, Penny es una buena idea —dijeron los 2 al mismo tiempo.


—Chicos, ¿En serio creen que es buena idea dispersar este rumor sin tener las... suficientes pruebas? —rascó su nuca.


—¿Entonces que propones que hagamos? —mencionó el de afro con enfado.


—Solamente pido que.... esperemos un poco, déjenme volver a hablar con él.


—¿Y qué otro más desaparezca? Nah —se paró de la silla—. Lo haré a mi manera, tú sigue protegiéndolo si quieres, pero Gwen y yo iremos a encontrar a nuestros amigos.


—Lo lamento Peter, pero estoy con Miles, no puedo dejar que las personas que me importan se esfumen... cuando pude haber hecho algo —siguió al moreno, pero antes de irse palmeó el hombro ajeno—. Aunque espero que tengas la razón y nos estemos equivocando, si encontramos algo te lo diremos.


Divisó como sus compañeros se retiraban, uno decepcionado y otro enojado, no podía caberle en la cabeza la idea de Miguel hiriendo a los de su propio bando, quizás tenía conductas extrañas, pero no había razones, se levantó yendo hacia el sillón marrón que tenía cerca de la pequeña televisión de antena y se recostó, hundiéndose lo más que pudo, quizás así las ideas fluirían.


Sus párpados se tornaron pesados y cayó profundamente dormido, no logrando notar como el reloj de muñeca titilaba con rabia, marcando con un punto rojo la ubicación exacta de dónde estaba y tres barras de sonido simplemente desaparecieron quedando en 0, enmudeciendo por primera vez en el día su dispositivo.


Un suave ronroneo mecánico inundó la zona oscura en la que estaba, haciendo que las cuchillas afiladas de la máquina resplandecieran en toda la penumbra, caminó con tranquilidad pateando pedazos de carne que quedaron dispersos en el suelo. La maquinaria estaba pintada de rojo y plateado, enorme e imponente.


El sujeto se aproximó con una sonrisa ladina asomando la cabeza por el orificio más grande del aparato, contemplando de lo que era capaz ese poderoso instrumento, pasando el dedo índice por una de las hojas más puntiagudas. Segundos después desvío los ojos hacia el costado inferior del artilugio en dónde se encontraba un hueco mediano con cerdas delgadas de acero, apretó un botón rojo queriendo que la máquina haga su función, recibiendo un chirrido agudo como respuesta, muy poca porquería rosácea salía del agujero, algo se había atascado hasta el punto de obstruir el espacio entre la carne y la salida.


—Coño, tú sí que eras un hueso duro de roer —Se colocó guantes sobre el traje—. Pero no te preocupes, yo te ayudo.


No podía moverse, estaba paralizado y apenas podía respirar, escuchaba gritos por todos lados y no eran de cualquier persona, eran de sus amigos, reconocía cada uno de ellos.


Los agudos de Pavitr, Miles y Gwen rasgaban en su oído cuál frecuencia de perro; el timbre de Jessica perforaba su garganta solo con escucharla y los graves de Hobie, siendo los que más se escuchaban y tronaban en sus tímpanos, cada uno era más desgarrador que otro, tembló de manera exasperante sintiendo la impotencia y el terror invadir su cuerpo, no podía hacer nada, su sentido de la escucha y visión eran lo único que tenía hasta ahora, trató de hablar sin ningún éxito, queriendo que al menos sus gruñidos hagan acto de presencia entre ese tumulto de alaridos que pedía auxilio.


Necesitaba que supieran que estaba ahí con ellos, no los había dejado solos y seguía apoyándolos desde lejos, apretó la mandíbula en un vago intento por gritar, tampoco podía abrir la boca, su corazón taladraba en su pecho como loco y la tensión se hizo tan pesada que se le dificultó seguir en pie, aun si era en contra de su voluntad, entonces pudo verlo.


Dos puntos rojos reluciendo en la horrenda tiniebla que los rodeaba, mirándolo penetrante, pudo jurar haberlo visto sonreír, una sonrisa de oreja a oreja que dejaba ver cada colmillo que tenía en la boca y más, notándose la saliva escurrir por los lados y caer al suelo. Extendió su larga mano carmesí hacia el hombro del mayor, moviéndose lentamente y dejando que contemplara los largos espolones que sobresalían de sus gruesos dedos. Sin poder hacer mucho cerró los párpados con fuerza esperando lo peor.


—Peter.


Entonces despertó, pegando un brinco del sofá marrón y poniéndose en guardia, hasta que notó quien lo había llamado, solo era su esposa Mary Jane, esta dio varios pasos hacia atrás levantando las palmas, incluso ella se asustó por la repentina acción.


—Ay nomás eres tú... —sobó sus ojos.


—Peter que rayos —Se acercó—. ¿Tenías una pesadilla o algo así? Te hablé despacito y casi me matas del susto.


—Yo... No lo sé, no me siento bien, soñé algo extraño —apretó el puño nervioso ocultándolo tras su espalda.


—Tranquilo... ¿Qué tal si me cuentas? —agarró son suavidad sus hombros.


Por instinto se alejó con rudeza, algo que volvió a sobresaltarla, pero con un gramo disgusto en su rostro, puso una mano en su cadera y no dijo mucho más.


—Lo lamento M.J —habló con tristeza y cansancio—. Es un asunto del trabajo y... De Miguel, hay muchas cosas en mi cabeza y estoy estresado por eso.


Soltó un suspiro y le sonrió tiernamente, volvió con él y le acaricio sus mejillas rasposas, comprendía a su esposo, cuando tenían que hablar pues hablaban y solucionaban el asunto, pero cuando no se estaba listo, podían esperar un poco hasta que ambos se sientan cómodos.


—Entiendo cariño, espero que cuando puedas me digas, quizás te pueda ayudar, sabes que puedes contar conmigo.


—Claro amor... Ahora tengo que irme, vuelvo en unas horas, ojalá Miles y Gwen estén despiertos.


—Son las 10 de la mañana, supongo que sí —rio leve.


—Qué.


—Te quedaste dormido toda la noche en ese mueble, y olvidaste alimentar y cambiar a Mayday —frunció una ceja.


—Diablos, lo lamento cariño tenía muchas cosas en la cabeza y-


—Esta bien Peter, igual terminaste durmiendo en el mueble, ah si —fue a por la bebé —. Yo me la llevaré está vez.


—Pero MJ has estado diciendome toda la semana sobre la reunión de hoy y lo importante que es, ¿tener a May no te interrumpirá?


—Ella es más importante, se orina más de lo común y viene angustiada cada que va contigo a ese otro universo, se cuando mi hija no está bien, entonces irá conmigo.


—Mmm —Lo pensó ligeramente.


Si la teoría de Miles y Gwen era cierta, llevar a Mayday a la sede era un riesgo enorme, no la pondría en la boca del lobo. Fue entonces que varios recuerdos de la bebé y Miguel vinieron a su mente, al ir a la oficina y ella rogar por irse, cuando él se acercó y esta se quejó, su angustia solo con estar en la base. Algo ocurría ahí dentro y Mayday sería quien lo confirmaría.


—¿Peter? —chasqueó los dedos frente a su nariz.


—Sí... Tienes razón.


—Okey amor, por favor no te metas en problemas ni hagas cosas muy arriesgadas —pidió sabiendo como era su marido.


—Tranquila, estaré bien... —sonrió con dificultad.


—Esta bien amor, te amo —Lo besó rápidamente antes de irse corriendo por la puerta.


Vió como su mujer tomó su respectivo bolso e hija y salió disparada hacia la salida, no siempre tenía suerte en conseguir papeles para obras pequeñas o grandes, no aspiraba a grandesas, solo a ser feliz haciendo lo que amaba.


Se quitó del pecho el canguro y lo colocó cerca de una silla, no comprende que ha sucedido con su hija en estos días, pero tarde o temprano lo sabría. Recuerda con exactitud el día en el que el comportamiento de la menor cambio por completo.


Fue un lunes 16 de ese mismo mes, había pedido de favor a Miguel que cuidase de su pequeña por unas pocas horas, no siempre tenía tiempo de ser el amigable trepamuros multiversal, tenía un trabajo que conservar y una vida normal que aparentar dentro de su dimensión.


El latino estaba como todos los días, con ojeras, amargado, cansado pero siempre conservaba energías para la niña, su actitud se mantenía positiva gracias a qué su cumpleaños fue hace 3 días y lo sorprendieron con una enorme fiesta, recuerda haberse despedido con un apretón suave de manos y una risa juguetona de su hija, feliz de quedarse nuevamente con su tío preferido.


Cerró el portal y todo cambio a las horas de volver, la niña traía un rostro inexpresivo y pálido, ojos desorbitados viendo a la nada y con un pequeño raspón en la mejilla izquierda, el de barba preguntó que había ocurrido y recibió una respuesta tan simple como: Se tropezó en el suelo y mató a una mariposa por accidente.


Al principio, pensaron que Mayday se sentía muy afligida de haber acabado con la vida de una bella mariposa, sabiendo que a ella le encantaban los insectos. Entonces no lo pensó más, no había porqué dudar de su amigo, pero un detalle que actualmente se arrepiente de no haber notado, es no haber vuelto a ver el rostro de Miguel después de eso, hasta el día en que fue de imprevisto a su oficina, día en que pudo apreciarlo sin máscara y con nuevas cicatrices.


Creó un portal rápido y se fue directo al universo futurista, mientras iba en el ascensor tecleaba insistentemente en el reloj, arrugó el rostro por la espera.


Petviejis: Chicos dónde están? Quiero hablar. ✓ 10:11 AM.


Petviejis: Chicos?? ✓ 10:20 AM.


Petviejis: Ya no asusten ✓ 10:40 AM.


Se desparramó en la silla de la cafetería ahora teniendo un peor presentimiento, acarició y apretó con suavidad las mangas de su bata queriendo relajarse con su textura acolchada. Paseó los que ojos por la ventilación con la que antes ya se había topado.


Aproximó su propia oreja hacia el conducto metálico, sintiendo el aire frío caer con fuerza sobre  su cara y cuello tumbando para atrás el cabello, intentó escuchar algo que parezca inusual, como los chirridos de garras de la última vez, pero no hubo nada más que el sonido de la corriente golpeando el hierro y dispersarse por las instalaciones.


Entrecerró los ojos y rascó su barbilla mientras se le ocurría una idea muy estúpida, la pregunta solo llegó a su mente y lo dejo pensando: ¿A dónde iban a parar todas las ventilaciones? De algún lugar debieron de venir las ratas.


Volvió a escribir dentro del Goober tratando de localizar a sus 2 amigos, esperando a que simplemente se hayan quedado dormidos, entonces decide indagar preguntando a varios compañeros de trabajo que también estaban comiendo su respectivo desayuno.


—Lego, ¿de casualidad no has visto a Miles y Gwen? —preguntó pegando el mentón a la mesa para poder hacer contacto visual con la pieza.


—Ayer los ví en la noche, eso de las 8:30 PM, parecían apurados —exclamó parándose encima de la hamburguesa.


—¿En serio? ¿Qué hacían tan tarde aquí?


—Supongo que ayudaban poniendo las últimas decoraciones para Halloween.


—Cierto... Mañana es Halloween —exclamó observando a su alrededor.


—A mí me tomó por sorpresa ver todo arregladito y con tanta comida.


Calabazas, banderines, guirnaldas, calaveras y lápidas, cada rincón tenía algo con esa temática anaranjada con negro, la comida estaba servida para todos en las mesas y mesones plateados: Hot-Dogs, hamburguesas, galletas, dulces y pastelitos de canela con fondant en forma de murciélago.


Sonrió aliviado y atando cabos, debió tomar mucho tiempo ornamentar la base completa y hacer la comida, quizás semanas. Eso podría explicar el porqué tanto misterio con la actitud de su líder. Jessica, Hobie, Pavitr, Miles y Gwen ocupados ayudando con todo... ¿Otra sorpresa por la festividad?


Sintió a su reloj vibrar levemente en su muñeca, había recibido un mensaje, pego una carcajada divertido, supuso que eran sus amigos haciendo acto de presencia, al bajar la mirada abrió los ojos como platos mientras un escalofrío recorría su columna vertebral.


Lyla: Ayúdanos. ✓✓ 10:55 AM.


Sus dedos temblaron y con dificultad escribió lo más rápido que pudo a pesar de que la ansiedad lo estaba matando.


Petviejis: Q paso? Dónde están???  ✓✓ 10:56 AM.


Lyla: En el sótano del 5to piso, nos encerró. ✓✓ 10:56 AM.


Petviejis: Quién los encerró? ✓✓10:57 AM.


Lyla: Miguel. ✓✓ 10:57 AM.


Petviejis: IRÉ AHORA. ✓✓ 10:58 AM.


Cómo alma que lleva el diablo fue corriendo al ascensor, presionó el botón para que las puertas se abrieran, no esperó más y tecleó con fuerza otro interruptor que decía "Piso 5", al cerrarse dio varias vueltas sobre su mismo eje, escéptico y cansado de que la máquina fuera tan lento o tardara tanto, sin tomar en cuenta que su piso actual era el 131.


Craneó la manera de sacar a sus amigos, porqué tenían que estar bien, no imaginaba la idea de que estén heridos o peor, no entendía nada y estaba tan confundido a pesar de que las señales fueron muy claras.


—Miles y Gwen tenían razón —puso la palma en el costado de su rostro, procesando todo, escribió.


Petviejis: En qué parte del sótano están?!? ✓✓ 11:01 AM.


Lyla: A la izquierda, hay una puerta secreta que se abrirá si levantas un libro del mostrador. ✓✓ 11:01 AM. 


Petviejis: Que ocurrió?? Pq hizo esto?? Estás bloqueada o algo así?? Cómo te ayudo?? ✓✓ 11:02 AM.


Lyla: Después del sótano más adentro hay una máquina, tienes qu ✓✓ 11:02 AM.


Petviejis: Lyla??? ✓✓ 11:02 AM.


Petviejis: LYLA??? ✓✓ 11:04 AM.


El ascensor paró y sus compuertas se extendieron para los lados, la zona en dónde se encontraban jamás la había visto, nunca había bajado tanto en el edificio, los pisos más altos eran los más importantes y relevantes, pero este piso se veía abandonado, sucio y polvoriento, oscuro como el infierno.


Agarró valor y con un gran entrecejo lleno de rabia se adelantó dando pasos firmes. Tuercas, tornillos y palos apartó con el pie, el suelo estaba inundado de ellos, sus ojos alcanzaban a ver un escritorio de madera, llena de huecos y repleto de termitas, fue allí y lo movió un poquito con las manos.


Varias ratas gordas salieron corriendo por sus piernas, gruñó del asco arrugando la nariz, por un momento creyó que se irían rodando por lo obesas que las encontró, las persiguió con la vista queriendo ver hacia donde se dirigían, siendo ayudado por las pequeñas huellas que dejaron atrás, huellas de un color rojo intenso, desaparecieron al meterse dentro de un pequeño hueco de la parte inferior del concreto.


Continuó con su búsqueda tocando a los lados por si se chocaba con algo, la incertidumbre era abrumadora y hubiera deseado haber pensado mejor las cosas antes de bajar solo a un lugar tan desolado como ese, pero seguía teniendo confianza, sí intento contactar a alguien, lastimosamente la señal no ayudo, entonces supo que estaría solo.


Paseó las pupilas tratando de encontrar el estante que la fémina había nombrado, le tomó tiempo pero tuvo éxito en su hazaña provocando que estirará los labios con optimismo, movió cada libro que sus dedos rozaron haciéndolos caer al suelo y esparciendo más polvo del que ya había, hasta que llegó a uno que se mantenía rígido, lo apretó y bajó la parte superior delicadamente, sintiendo como los engranajes se movían tras la madera.


Poco a poco el anaquel se fue yendo hacia la derecha, abriendo paso a una nueva habitación tendiendo una capa de mugre en su delante, uso el brazo para cubrir su nariz y evitar inhalar tanta suciedad, sus iris se movieron inquietas tratando de encontrar a sus compañeros.


—Chicos —susurró encogido sobre sí mismo, tratando de ser silencioso—. ¡Soy Peter! ¿Dónde están?


Se adentró más en la pieza, topándose nada más que con la profunda soledad, no había nadie allí, más que él, exhaló confundido y temiendo las peores cosas, aún sabiendo que era el único rebuscó por pistas utilizando el flash de su celular, topándose con algunas cosas que llamaron su atención, tocó unas marcas de zarpazos que yacían clavadas en la pared de cemento, muchas eran largas y se dirigían hasta el techo, o eso intentaban, fueron torpes y dejaron una estela repleta de sangre y piel.


Alumbró a la parte superior, notando unas rejillas delgadas, supuso que así ventilaba de alguna manera el cuarto, vinieron a su cerebro varias imágenes de Mayday llorando, señalando tantas veces hacia los conductos, mandó ambas manos para la cabeza lamentando no haber entendido, pudo haber descubierto esto antes, pudo haber salvado a sus chicos.


Pero no comprendía cómo eran tan profundos los rasguños, un Spider-man promedio no tenía uñas largas o duras, de hecho a él le faltaba colágeno, ni Hobie, Jessica o Pavitr pudieron haber hecho eso. A menos que no hayan sido ellos.


Mientras caminaba piso un pequeño pedazo de algo, enfocó la luz en él y se acuclilló para tomarlo entre los dedos, una agujeta blanca con destellos de fluido carmín, la reconocía, Gwen era de las pocas que traía zapatos cerrados a la base, apretó el objeto con ira, más al costado y muy oculto, un cintillo de tela azulado, estaba magullado y un tanto troceado.


—Gwen... Pav —Sus ojos se humedecieron al instante, si ellos estuvieron ahí, también Jess, Miles y Hobie.


Su sentido arácnido se activó advirtiendo del peligro que se avecinaba, se paró de golpe y sintió su corazón acelerarse con alevosía, escuchó pasos lentos aproximarse a su ubicación, no había dónde esconderse y mucho menos huir, tampoco quería hacerlo, lo encararía.



—Peter —exclamó con un tono amargo y serio.


Se viró y apretó el puño, sus ojos reflejaban la tristeza e ira que rebosaban de cada uno de sus poros, algo totalmente diferente a lo que reflejaban los otros, tragó saliva y formuló sus palabras, habló.


—¿Qué les hiciste? —arrojó la pregunta iracundo.


—¿Disculpa?


—¿Qué les hiciste? —dando zancadas quedó frente a frente con él—. ¡¿Qué les hiciste?! ¡¿Dónde están?!


Al principio Miguel parecía sorprendido de la actitud de Peter, con los ojos abiertos de par en par y sin mucha expresión facial, luego se tornó a una más siniestra, alargando la sonrisa sin mostrar los colmillos y entrecerrando los ojos rojos que resplandecieron insinuantes en la oscuridad.


—Deja te muestro —habló con simpleza y tocando el hombro ajeno.


—¡No me toques! Lo que sea que estés haciendo termina ahora, quiero ver a mis amigos —ordenó levantando un dedo y señalando su pecho.


El contrario bajó las cejas con gracia y mordió sus labios emocionado, le hizo un gesto de que lo siguiera, saliendo de la horrible habitación y yendo a una zona más profunda, recordó que Lyla había dicho algo sobre una máquina, no supo si confiar en el tipo que tenía al frente, pero no había muchas opciones que elegir.


—Ahí —dijo señalando algo en la penumbra.


—Prende las malditas luces que no veo nada Miguel —respondió reacio a la situación.


Presionando un viejo interruptor los focos se prendieron alumbrando en toda la pieza, su corazón se detuvo por un segundo o quizás varios, la sangre dejo de fluir y sus bellos se erizaron.


En el centro de todo había una máquina enorme, seguramente de grado industrial por el tamaño, no era un experto en maquinaria, pero juraba por Dios que eso era una trituradora gigante, estaba repleto de residuos gomosos en la entrada principal y la compuerta de salida pintarrajeada de rojo, se notaba a kilómetros que su pintura original no era esa, ni siquiera era pintura.


—Ahí —repitió acercándose al artilugio.


—Dios mío, pero que hiciste —corrió en dónde estaba el estómago de la máquina, dónde se almacenaba todo lo que trituraba y llegaba a la salida.


—¿Te gusta mi compactador de partículas sólidas? Lo modifiqué un poco y más abajo le incluí una trituradora, es muy útil para deshacerse de lo indeseado.


Su pecho se contrajo queriendo llorar, ver los pedazos ensangrentados de lo que parecían ser sus amigos salir de los surtidores, los trozos rosados cubrir el contorno de los tubos transparentes erigidos frente a una bandeja plateada, empapada en fluidos secos. Clavó los ojos en el monstruo que tenía al costado.


—¿Ellos... están? —tartamudeó al borde de las lágrimas.


—Nah es broma, necesito tu ayuda para sacar algo que se trabó en el mecanismo de la trituradora, si me ayudas prometo decirte dónde están Miles, Gwen, Hobie, Jessica y Pavitr, obviamente ellos no están ahí —golpeó el metal.


—¿En serio? —Su alma regresó al cuerpo, un enorme alivio disipó el terror de todo su cuerpo.


—Pues claro, pero necesito que esta cosa comience a funcionar otra vez, ¿de dónde crees que saco la carne para las hamburguesas y Hot-Dogs de arriba? Necesito triturar.


Le fue divertida la reacción de Peter, sus ojos reflejaban confusión pura, cada cosa que decía lo hacía sobre pensar más, rodó los ojos mientras palmeaba la espalda ajena, tocó un botón y se abrió el estómago de la máquina, haciendo relucir todas las cuchillas y picos, goteaban trozos de carne y jugos corporales, el mayor sintió lástima del pobre animal que cayó dentro de esa cosa, solo esperaba que haya estado muerto.


Con cuidado ambos monearon las afiladas hojas, metiendo las manos hasta el fondo, dónde se encontraban las tuercas y tornillos que hacían mover las guillotinas, sus dedos lograron tocar algo delgado y afilado, trabado en el centro de todo.


—Creo que tengo algo —murmuró Peter.


Mandó los dos brazos para adentro y haló con fuerza lo que sea que interrumpía las funciones del aparato, comenzó pensando que sería un tubo muy resistente de metal, no cualquier cosa trababa y dañaba una trituradora. El latino lo miró de reojo, aproximándose lentamente.


—¡Lo tengo! —exclamó sacando a la culpable del mal funcionamiento.


Al instante su tranquilidad se esfumó y unas enormes ganas de vomitar se apoderaron de su cuerpo, sostuvo horrorizado lo que parecía ser, un hueso delgado y puntiagudo, media aproximadamente 45 cm y la piel canela aún colgaba de sus bordes blanquecinos, había sido arrancado de manera violenta del brazo correspondiente. La conocía, esa era la cuchilla retráctil de Miguel.


—Te dije que necesitaba carne para la comida.


Sin aguantar más vomitó todo lo que había comido ese día y hubiera deseado haber expulsado lo de los anteriores también, pues todas esas veces desayuno, almorzó y merendó en la cafetería, en conclusión, hamburguesas, ahora le ve sentido al porqué la carne estaba tan dura y venía a cantidades desmesurales.


Respiró con dificultad inclinado en el suelo, viendo su propia regurgitación de tonalidades verdes por la bilis que había arrojado al suelo, se limpió la boca aterrado y miró a quien sea que tenía adelante.


—¿Quién demonios e-eres tú?


—Un amigo.


Dando pasos largos y con una sonrisa torcida se aproximó al tembloroso hombre que se había derrumbado en el suelo, aún procesando todo.


—Estás loco —intentó pararse.


—En realidad estoy más cuerdo que nunca —Su boca se había abierto lo suficiente como para hacer relucir todos los colmillos que tenía, regalando una terrorífica vista a sus encías negras.


—¡¿Qué le hiciste a mis amigos?!


—Lo mismo que te haré a tí.


—¡¿Dónde están!? —Se reincorporó y puso pose defensiva.


—Supongo que ya los vomitaste.


Peter mandó ambas manos hacia su boca, conmocionado y sin saber que pensar, pero si sabía una cosa, no quería morir hoy.


—¡¿Por qué lo hiciste?! ¡No te hicimos nada! ¿¡Cómo pudiste haber asesinado a una variante tuya de esa manera!?


—Oh, vamos no te lo tomes personal, hice lo que tenía que hacer, primero que todo tenían un líder del carajo, hubiera solo quedado hasta ahí de no ser porqué metían las narices donde no debían.


—Jessica fue la primera en notar que tú no eras Miguel.


—Ding ding ding —imitó a un timbre—. Le atinaste cerebrito, entonces decidí encargarme de ella, aún no tenía mi trituradora entonces le dejé el trabajo al universo 2149.


—Cristo...


—Luego vinieron los 2 mocosos, resulta que Hobie —pronunció de manera exagerada su nombre—. Es un buen detective, no tardó en notar la ausencia de Jessica, el más pequeño simplemente siguió al idiota y terminó cavando su propia tumba —Se encogió de hombros.


—Vas a pagar por eso.


—Claro, como te seguía diciendo, de repente la rubiecita y su novio se interesaron en mí, me siguieron hasta acá y peleamos un poco, les doy el crédito de haberme hecho sudar —apretó un botón, la máquina se cerró—. Pero todos terminaron exactamente igual.


—¡Solo eran niños! ¡Jessica era madre! ¡Y Miguel era un gran líder!


—No seas dramático —resopló apoyándose en el metal—. ¿Te cuento algo gracioso? Tu linda niña intentaba advertirte, creo que eres pésimo traduciendo sus acciones y movimientos corporales.


—Fuiste tú quien la lastimó el día en que la deje con Miguel...


—Si te sirve de consuelo, fue un accidente haberle hecho ese raspón, aunque jamás olvidaré las caras que pusieron todos cuando me vieron.


El de piel canela estaba sentado sobre un cojín rosado, jugando dulcemente con la pequeña niña que tenía delante, parecía alegre y satisfecho de solo estar con su compañía, había días en que prefería 100 veces más a un infante que no sabía a hablar que a un adulto parlanchín.


—Oye May, aún no abro mis regalos, ¿quieres hacerlo conmigo?


La niña aplaudió entusiasta e hizo que su peluche de Spider-man la imite, no era de comprender muchas palabras, pero la palabra regalo es de las más fáciles de enseñar y a ella le encantaba.


—Dame un momento —Le guiñó el ojo y se paró.


Caminó hacia un armario que contenía todos los regalos que hace 3 días le habían dado por su cumpleaños, considero eso uno de los más grandes gestos que jamás han hecho por él, ni siquiera él había recordado la fecha hasta que lo estrellaron frente a un pastel y cantaron "Las mañanitas". Agradeció el precario intento de sus compañeros de cantar toda la melodía en español.


Sonrió al recordar el momento, pero sus nervios se pusieron de punta al sentir una sigilosa ráfaga de aire empujar su cuerpo y balancear sus hebras castañas para el lado contrario, divisó a su alrededor con recelo.


—¿Jess? —ladeó la cabeza desorientado.


Negó restándole importancia tomando los 3 regalos que tenía apilados en una esquina y fue hacia Mayday, los puso cerca de ella queriendo que eligiera con cuál de ellos comenzar, aunque en vez de señalar a los objetos, señaló detrás de él.


—¿Qué tanto miras?


Te ves cansado.


Miguel se giró de inmediato, cada vello de su cuerpo se había erizado al escuchar una voz tan parecida a la suya y a la vez tan diferente, sacó las garras y se encorvó.


—¡¿Quién demonios eres tú!?


Un amigo.


Se dio a conocer yendo hacia la luz, un hombre de mínimo 2 metros, más grande que él, robusto y con un fuego en los ojos que hacía temblar al más valiente, eran casi iguales si no les prestaba demasiada atención a los pequeños cambios que los diferenciaban.


Se lanzaron el uno sobre el otro peleando de manera salvaje y tosca, usando las garras e incrustándolas en la piel ajena, pintando el suelo de rojo, su lucha podría compararse con la de los felinos, saltando y arañándose, con los pelos alborotados y quitándose pedazos de pelaje, solo que en este caso eran pedazos de cuerpo.


A pesar de los esfuerzos del más pequeño, terminó perdiendo ante su variante después de que le arrancó el ojo y abrió su estómago como si fuese una rebanada de salami, pero seguía con vida.


El ganador del combate sonrió victorioso, viendo el cuerpo de su adversario tendido en el suelo intentando respirar, alzó los ojos y notó a la bebé llorar sin consuelo alguno, había olvidado que ella estaba presente, incluso tenía como daño colateral un raspón en la mejilla izquierda y el residuo carmesí que goteaba de sus cachetes salpicados de sangre, así complementando su expresión de pánico por la cruda situación en la que estuvo de involucrada.


Se acercó con sigilo y la quedó viendo directo a los ojos, se acuclilló llevando el dedo índice a sus labios partidos de manera horizontal en una señal de que guarde silencio, alcanzó el juguete afelpado que estaba tirado a pocos centímetros de los 2 y se lo dio, manchándolo de sangre.


Shhh.


—¿Qué hiciste con Gwen y Miles? —preguntó Peter guardando la distancia.


Recibió una respuesta sin palabras, solo alzó una ceja y bajó un poco la cabeza señalando 2 veces con los ojos a la monstruosa máquina.


—Recuerdo haberla escuchado gritar, también rogar... Y llorar.


Gritar


—¡No espera! ¡Por favor! —Se sacudió desesperada.


La tenía sujeta de los brazos en una posición incómoda donde estaba arrodillada, sus manos y piernas sangraban más que nunca, la soltó cuando supo que hizo el suficiente daño como para que jamás volviera a caminar. El mayor traía colgando de una pierna el cuerpo inerte de Miles, justo por encima de la boca del compactador que yacía prendido esperando a que metan algún desecho.


Cuando lo soltó dentro de la máquina, los gritos brotaron de la garganta de Gwen de manera estridente casi perforando su laringe, fueron tan agudos que parecieron demoníacos, se tapó el rostro con horror aunque no se necesitaba mirar para imaginarse lo que ocurría, el ruido era suficiente.


El sonido de los huesos rompiéndose se combinó horriblemente con los alaridos de la rubia, las expulsiones masivas de sangre surgieron de la boca de la máquina, el compresor inicio su empuje haciendo una monumental presión al delgaducho cuerpo del joven. Los chasquidos surgieron de la estructura pulverizada de su amigo y dieron paso a una banda sonora todavía más inquietante, los tejidos del menor continuaron condensándose hasta que el plato prensor llegó a los órganos blandos. La secuencia de explosiones internas sonó como una cadena de fuegos artificiales baratos, comprimiéndose hasta que se hicieron papilla. Ella apartó los ojos de la destrucción que tenía delante.


Llorar


Cuando terminó el trabajo su presión disminuyó y volvió a la antigua posición espaciosa, el llanto de la fémina inundó el cuarto, Miguel la quedó mirando con seriedad, casi sintiendo lástima por ella, se alejó yendo hacia el aparato y apretando un botón azul.


Si no te gustó ese sonido te sugiero taparte los oídos con este.


Logró guardar silencio por unos instantes, calmándose lo más que pudo y secándose las lágrimas y moco que tenía en la cara, levantó el rostro viendo el mar de sangre que fue salpicado en el suelo. Una vez leyó que el cuerpo humano tenía de 4 a 5 litros de sangre, jamás creyó verlos en el piso.


Un zumbido metálico se hizo presente, derrapando con sus hondas en el interior del contenedor, el cuerpo de Miles se desparramó lentamente hacia las cuchillas, siendo triturado por las mismas, el sonido de la carne desmenuzada siendo aplastada y succionada llenó sus oídos. Vio como los fluidos calientes brotaban de la pila de porquería que se deslizó por las rejillas de la salida inferior y quedaron apiladas en una bandeja plateada.


Posó sus órbitas azules sobre Miguel mirándolo con terror, ambos se acuchillaron con los ojos, ya sabia como acabaría y eso era lo peor, al menos Miles estaba muerto, ella no.


Rogar


—Espera... —intentó alejarse con las pocas fuerzas que tenía.


El más grande se aproximó a paso rápido mientras volvía a sacar las garras, entonces volvieron a forcejear, le sorprendió ver qué aún sin tendones en las piernas, se movía como nueva, la adrenalina hace muchas cosas. La agarró del cabello hundiendo los espolones en su cuero cabelludo y la arrastró hacia la máquina.


—¡Por favor! ¡Por favor!


Suplicó incontables veces, él se hizo de oídos sordos, los golpes que le daba apenas los sentía, lo rasguñó por una herida fresca que tenía en el pómulo derecho haciendo que se quejara, arrugó la nariz y encarnó las cejas enojado, mandó para atrás su cabeza y le dedicó un puñetazo directo a la mandíbula, la sangre brotó de su rostro pintándole los labios y barbilla, los dientes se clavaron a un lado de su boca reprimiendo un grito ahogado.


Eso bastó para inmovilizarla y aturdirla por un buen rato, nada estaba a favor de la chica, toda la superficie estaba resbaladiza eliminando la opción de correr, entonces Miguel aprovechó el momento y la lanzó directo al estómago de la bestia.


El pánico sofocó a la chica cuando trató de subir por las paredes sin éxito alguno, cayendo sobre las cuchillas que estaban inmóviles pero apuntando hacia arriba, lo que causó que se las clavara en los muslos y espalda. Sus ojos brillantes estaban fijos en la cara del culpable, tratando de apelar a su inexistente lado humano, a pesar de tener el conocimiento de que ese no era su Miguel.


—¡Miguel! —estiró su mano hacia él.


Fue lo último que escuchó de ella antes de ser aplastada de la misma manera que Miles, sus aullidos casi hacen explotar sus tímpanos, observó con repugnancia como la plancha cortaba a la mitad la parte superior del cráneo de Gwen, abriéndolo de par en par liberando con violencia su contenido, en este caso prefirió alejarse de la carnicería que se llevaba a cabo, sería difícil de limpiar.


—¡Eres un monstruo! —rugió conmocionado y abalanzadose hacia el tipo.


El contrario se preparó para el ataque y comenzó la lucha, ambos rodaron por el suelo intentando ponerse arriba y dominar el asunto, los puñetazos fueron varios y se encajaron en la mandíbula y estómago de la variante, Peter tenía mucho cuidado en tratar de no soltar las muñecas del impostor, así evitaría perder un brazo o quizás medio rostro.


El latino sacó sus cuchillas y forcejeó queriendo partirlo a la mitad o cortar su estómago, un golpe allí le daría la victoria, así ocurrió con su otro él. Recibió 2 repentinos cabezazos del de bata, lo tomó por sorpresa, le gustaban las sorpresas. Escupió un chorro de sangre hacia los ojos ajenos irritando su visión y haciéndolo retroceder.


Miguel alcanzó el pie ajeno y lo alzó dando varias vueltas por el aire, soltándolo cuando acumuló la suficiente fuerza, así plasmándose agresivamente al costado de la máquina, el metal se abolló ligeramente y el trepamuros se tambaleó por el suelo. Sin perder el tiempo Miguel lo sometió con su propio traje y casi lo mete dentro del contenedor.


Contuvo el aliento, su boca se curvó y su mandíbula inferior castañeó aterrorizada de caer más profundo de esa cosa, no podía estabilizarse, ya que estaba en el borde, solo sujetando el brazo de su adversario al intentar salir, apretó la extremidad con fuerza y la echó hacia atrás con desesperación.


—Deja de pelear, solo haces las cosas más difíciles —exclamó carraspeando


—¡Lyla! ¡Lyla! —gritó espantado.


—¿De verdad crees que alguien te ayudará? —Se carcajeó en su cara—. ¿Cómo crees que logré que vinieras hasta acá? Lo planeé desde que comenzaste a meterte dónde no debías, borré la Lyla del otro Miguel apenas pude deshacerme de él, la que tú conociste fue la mía... Saluda.


—Hola Peter, suerte allí abajo —contestó la IA mirándolo con los ojos desorbitados y de manera burlona.


Comenzó a sudar a cántaros, su corazón amenazó en salir por la boca, pataleó en el aire en un vago intento por usar el metal como impulso, no podía pegarse, su contorno era resbaladizo, casi como si la hubiera bañado en aceite. Sus pupilas se contrayeron formando dos puntos pequeños al sentir el aire de las cuchillas soplarle desde abajo, su pelea había provocado que la máquina se prendieran sola y activando todas sus funciones al mismo tiempo, la plancha de presión se le fue acercando, esta era una muerte descendente.


—¡No te saldras con la tuya! ¡Todos lo sabrán! ¡Se darán cuenta! —vituperó mientras el aire de sus pulmones salía severamente.


No pudo aferrarse más y se soltó, cerró los ojos con fuerza esperando su final, hasta que sintió las garras contrarias clavarse contra la piel de su mano derecha, desgarrando sus tejidos pero suspendiendolo momentáneamente.


—¿Ah, sí? —lo acercó lastimando más su piel, estirando la carne y lacerando los músculos por el propio peso que su cuerpo infligía—. El otro dijo exactamente lo mismo —lo fue soltando—. Y adivina qué —le dedicó una macabra sonrisa—. Viniste tarde.


Los gritos y gemidos desgarradores del mayor sangraron en la habitación, eso lo hizo sonreír a gran medida, viendo con ojos fijos a los bordes afilados, la observó cortar y trocear el cuerpo del perdedor mientras las porciones se multiplicaban repetidamente. Acercó la cara más de cerca queriendo ver mejor, una ola de sangre cubrió su cabello, rostro y todo el frente de su cuerpo. El olor de la muerte fresca subió por sus fosas nasales mientras pedazos de Peter se deslizaban en todas direcciones.


La máquina no tardó mucho en terminar su trabajo, se separó yendo hacia la parte inferior, viendo como uno de los tubos mugrientos al final del camino se llenaba de nuevo, pedazos del arácnido se asomaron dentro del desorden, partes del cráneo y cabello machacado estaban esparcidos, los globos oculares goteantes y separados entre sí, tela magullada por todas partes.


Fue por guantes de látex y ya con estos puestos tomó un barril de acero, abriendo su tapa y metiendo toda la pila de vómito humano adentro, procurando no meter algún diente, cabello o uña, luego la cerró.


La cafetería parecía vacía, a excepción de que el cocinero estrella estaba limpiando los mesones de mármol quitando los fluidos que quedaron de las hamburguesas, ya sabiendo que desprendían mucha grasa en el sartén y salpicaba para las paredes.


—Hey —habló entre las tinieblas del lugar.


—¡Ah! —gritó el cocinero yéndose para atrás.


Cuando salió a la luz se calmó respirando agitadamente y disipando el temor que había sentido hace poco, solo era Miguel trayendo el nuevo barril con carne molida para la comida del 31.


—Aquí tienes, los quiero mantener bien comidos —palmeó el tonel de manera simpática.


—Gracias jefe —fue por ella cargando el contenedor—. ¡Feliz Halloween!


—Feliz Halloween.

Créditos de la imagen del banner a: @Duckman_1337 (Twitter)