Dulces rivales

Summary

Eran rivales, se supone que se deben odiarse a muerte, que los gritos solo debían de figurar en el campo de batalla, y no en la cama. Pero a veces, las cosas no son lo que todos creen, o al menos, no fue lo que Madara Uchiha creyó de su mortal enemigo Senju Hashirama. Hashirama escondía más codicia y perversión detrás de esa dulce sonrisa de lo que cualquiera se lo hubiese esperado.

Status
Ongoing
Chapters
23
Rating
n/a
Age Rating
16+

Un beso algo vergonzoso

Destrucción masiva.





Un árbol de casi unos veinte metros cayo despedazado contra el suelo, uniéndose al monto de escombros de astillas y de madera despedazada que antes formaban parte del hermoso bosque. Una zona de unos casi veinte metros estaba llena de árboles muertos arrancados de raíz o rotos por la mitad debido a un poderoso golpe o patada, o simplemente se encontraba ardiendo en llamas negras.





. -¡Hijo de puta! Un grito ronco lleno de sentimientos resonó al mismo tiempo que de un puñetazo rompía la mitad del tronco de un inocente arbolito. Otro golpe más de sus nudillos magullados y sangrantes y término por caer provocando un fuerte eco en el bosque y el sonido de pajarillos huyendo aterrorizados. Estaba molesto, no, estaba irado, no, estaba destrozado...si, eso se acercaba mucho a como se sentía.





Tanto esfuerzo, tanta lucha, tanto tiempo peleando por sus ideales, buscando que los Uchihas crecieran y fueran respetados por lo que eran. Tantas promesas hechas a su fallecido y dulce hermano menor, ¿Qué le diría ahora? Cuando fuese a su tumba a llorar con los ojos que este en su lecho de muerte le había cedido, ¿Qué le diría? ¿Qué su sacrificio fue en vano? ¿Qué nunca vengaría su muerte? Por una...por una...





-!HIJO DE PUTA! Y estallo en llamas tres árboles que se encontraban en el suelo, pronto lo que quedaron fueron astillas y humo negro. Pero no fue en su hermano en que pensó cuando vio arder la madera, a quien relaciono inmediatamente fue a otro hombre ¡Oh que hubiese dado para ver ardiendo a Hashirama Senju o a Tobirama Senju! Que lastima que ese sueño siempre sería un sueño, o mejor dicho, una fantasía.





. -¡Maldito! ¡Malditos sean todos los Senju! Volvió a decir mientras se sentaba agotado contra un árbol que tenía muchísimas marcas de golpes. Con una de sus manos quito el sudor de sus mejillas algo ruborizadas y sudorosas por el esfuerzo. Se las lleno de sangre sin darse cuenta, miro sus manos: estaban llenas de sangre y de cortadas leves. Bufo y arranco un pedazo de su camisa Uchiha negra y se las vendo con dificultad.


Desactivo su Sharingan y con las manos ya vendadas peino con sus dedos su húmedo y despeinado cabello negro, lo tenía largo y liso aunque con algo de volumen, casi a la altura de su pecho. Su piel blanca delicada y sus rasgos perfilados indicaban que era todo un Uchiha, además que la camisa algo rota de cuello alto y amplio, lo demostraba.


Estaba cansado pero seguía sintiendo destrozado, tanto que sintió por un instante que iba a explotar en llanto. Desde niño sus padres lo habían inducido a la guerra, a pelear por lo que le pertenecía, pero ahora ya nada importaba.


Había sido vencido, no por una espada, ni por un golpe mortal, si quiera por un veneno traidor. No, había sido vencido por una...una. -Paz.-murmuro bajando la cabeza para luego subirla y mirar el ocaso, el cielo estaba oscureciendo y comenzaba a hacer mucho frio,-¿Qué paz? Molesto estrello su puño contra el suelo, eso sí le dolió. Soltó un quejido y miro su puño derecho, la venda negra de su camisa goteaba sangre. Perfecto. Aunque lo prefería así, unas dos horas antes le había dado la mano al líder del Clan Senju, o como él prefería llamar "Senju marica".


Si hubiese podido se hubiese amputado la mano en ese momento. Hundió su cabeza en una de sus rodillas, sintiéndose perdido, ¿Ahora qué haría? Todo su esfuerzo, para nada, antes de un abrir y cerrar de ojos, el clan Uchiha estaría bajo el control de los Senju. ¿Cómo la gente podía ser tan idiota? ¿Cómo podían dejarse engañar por la voz dulce y delicada de Hashirama? ¿Era su sonrisa amistosa? ¿O eran sus preciosos ojos verdes?...Sea lo que sea, a él también lo había engañado, pero no en este tiempo, sin cuando eran niños y jugaban a la orilla de un rió.


Menos mal que hacía tiempo había recapacitado. Había aceptado el pacto de paz por presión de sus familiares, no por voluntad propia.


-Desgraciado, maldito desgraciado... Todo lo que hice, mi hermano...mi Izuna-, gruño mientras una sutil lagrima resbalaba de sus ojos. La quito con rabia pero más cayeron, bañando su rostro. Tapo su rostro con sus manos, luchando por detenerse, pero no podía evitarlo, el nunca lloraba, pero desde que su hermano menor, el único ser que le daba importancia a su vida murió, lo hacía constantemente, sin poder evitarlo, porque Izuna le había enseñado que era la tristeza y que era el odio.


Lloraba por su vida, por su familia perdida, por su clan y más que todo lloraba porque había perdido la guerra. Le habían ganado. Izuna nunca podría ser vengado. Todo su control, todas las noches en vela planeando estrategias de ataque, sus mejores amigos caídos en guerra, los juramentos a su patria, el honor de su clan, las horas interminables peleando, todo su deseo de victoria... tan perdidos como el soplido del aire en ese frió atardecer.





-Paz... -dijo para sí mismo, dejando que una húmeda lagrima de orgullo fracasado cayera de rostro-Todo lo he perdido...-miro sus manos, lloraba sangre. Recordó la sangre su hermano, recordó cuando lo encontró, en ese mismo bosque bañado de sangre, con la espada de Tobirama incrustada en su pecho. "Tómalos" Susurro con voz vaga, tartamudeando, "Toma mis ojos, por el Clan, por mama y papa"


El negó mientras gritaba desesperado por ayuda, pero cuando en brazos llevo a su hermanito hasta el hospital más cercano, ya había muerto. -Moriste en mis brazos...Ni siquiera me di cuenta-, y eso lo hería, siquiera pudo haberle dicho adiós, estaba tan convencido que viviría, que no moriría, que llegaría rápido, pero, la vida era diferente. Toda su familia había muerto, estaba solo.


¿Qué paz? Trato de levantarse pero de repente sus piernas flaquearon y cayo de rodillas, estaba agotado. Había usado el Sharingan en exceso y a pesar de que Izuna le había regalado el Sharingan Eterno, los efectos del cansancio y la perdida de chacra eran naturales, apenas y podía caminar. -Es extraño verte así, Uchiha Madara-, una voz dulce y suave sonó repentinamente detrás de él. La conocía muy bien.


Maldición, fue lo que pensó, estaba de rodillas contra el piso, lloriqueando y casi sollozando, No era la postura que debía de demostrar el líder del Clan Uchiha y mucho menos delante de ese hombre. Se levantó de golpe y limpio su rostro con brusquedad, llenándoselo de sangre y de algo de tierra.


Se volteo y lo miro molesto, lleno de furia e indignación. Soltó un bufido al ver como Hashirama lo miraba con diversión, casi podía ver ese repugnante deje de dulzura en sus ojos verdes. Apretó los puños y escupió cerca de él de forma despectiva, a modo de saludo. Volvió a voltearse, dispuesto a irse a su casa.


-¡Vamos Madara, no te vayas!-, lo detuvo el moreno por un brazo a lo que el pelinegro lo miro de forma asesina-, lo siento, olvide que no te gusta el contacto humano. -¡¿Qué mierda quieres Hashirama?!-Le grito exasperado, con odio y furia. El Sharingan eterno relucía fiereza. Hashirama dio un paso hacia atrás mientras lo calmaba con una cándida sonrisa.


¡Oh como Madara odiaba esas sonrisitas! ¿La razón? Simple, porque las amaba, eran tan hermosas...Le miro rápidamente buscando armas, casi como una costumbre. No estaba vestido con su normal armadura, traía puesto una hermosa camisa blanca bastante larga, con unos pantalones azules marinos, en ellos estampados el signo del clan Senju, su cabello marrón, suelto y largo, iba hondeando por la suave brisa, sus ojos verdes brillantes, hermosos, como esmeraldas.


-Cálmate, ¿Olvidaste que hace unas horas nos comprometimos a ser hermanos y a fundar una hermosa patria juntos? Somos amigos de nuevo, y bueno, pensé que...quizás...no es nada...pero me gustaría... El Uchiha bufo estresado y se volteo, dispuesto a irse, si de por sí ya odiaba escuchar a ese moreno hablar, le parecía repulsivo escucharlo tartamudear, y más al verlo nervioso y algo sonrojado.


Pero es lindo, pensó. Inmediatamente abrió los ojos de par en par y se dispuso a irse o mejor dicho a huir de ese espantoso pensamiento. -¡Espera! -¿Qué mierda?-Una raíz de las de Hashirama se había enrollado en uno de sus pies, deteniéndolo-¡Senju Hashirama jura que te voy a reventar la cara! -¡Ca-cálmate!-casi grito bastante nervioso al ver como Madara lo miraba ahora con el Maquenko-¡S-somos amigos recuerdas! "Hermanos de la patria, cuyo honor será digno de ser nombrado... -Cuando uno defienda la vida del otro...Si lo recuerdo bien, yo firme esa mierda. -¡Entonces deja de mirarme con el Maquenko y se fiel a tu palabra! El Uchiha soltó un gruñido como un animal enjaulado, luchando por zafar su pie derecho de esa raíz que clavaba sus astillas en su tobillo, haciendo el movimiento doloroso.


Desactivo el Sharingan a regañadientes, dejando ver unos ojos negros, llenos de desespero y estrés, y su ceño fruncido indicaba muerte súbita. Hashirama sonrió nervioso mientras quitaba la raíz del pie herido del azabache. El tan solo trato de hablar amistosamente con Madara, había sido su mejor amigo, el ser al que más había querido cuando niños, y que secretamente, aún seguía queriendo.


Pero no era un querer fraternal, no, era algo más. De niños se divertía como nunca jugado con él en el rio, lanzando piedras o persiguiéndose con diversión, se convirtió en eso que una llama mejor amigo, pero mientras fue creciendo, descubrió que lo que sentía por él era mas que un compañerismo.


Cuando se volvieron enemigos por culpa de sus padres y de la guerra, Senju no perdía vista alguna del ya formado cuerpo del Uchiha, tenía ya unos veintidós años, mientras que él tenía veintiseis. Madara era de por si delgado pero muy musculoso, aunque sin exagerar, sin embargo, tenía un cuerpo de dioses...aún recuerda la vez que una de sus raíces rompió la parte superior de su armadura y dejo ver su torso formado, los músculos, los pectorales, los brazos fuertes y tonificados,...oh dios, los abdominales...Se sonrojo.


Mientras que Senju tartamudeaba e iba fantaseando eróticamente con el cuerpo del Uchiha, este se encontraba maldiciendo desesperado a su antiguo enemigo, realmente deseaba prenderle fuego y ver como corría desesperado, chillando piedad, revolcándose por el suelo, su piel chasqueándose...Se sonrió malvadamente.


-Hashirama, hace frio, quiero irme a mi casa.-le apremio Madara volviendo a ponerse serio.


-Es que, pensé que como ya se acabó la guerra, bueno, podíamos hablar, ser amigos de nuevo, como cuando éramos niños-, dijo con suavidad y acercándose con temor, sabía que en cualquier momento Madara podía agarrar una rabieta y matarlo. -Eso es pasado. No somos amigos, nunca lo volveremos a ser-, eso le dolió al moreno, tanto que desvió un poco la mirada, el Uchiha se dio cuenta de eso.


-Me voy... ¡Arg! Otra raíz le tomo por otro pie, esta vez lo hizo resbalar, y cayo de trasero contra el suelo, miro asesinamente el moreno que parecía aún más nervioso que nunca y rogaba perdón.


Le grito y le chillo como nunca. No sabía qué demonios la pasaba a Hashirama, estaba raro...sonrojado, nervioso, timido, además rogaba por su contacto. Lo miro más detenidamente, sonrojado se veía...lindo... ¿Lindo? Era la segunda vez que pensaba eso, definitivamente la muerte de Izuna lo había dejado mal. -Perdón, perdón...Yo no quise...Quédate por favor. -Hashirama, escúchame, escúchame bien-, dijo apoyándose en sus brazos-, tu hermano mato al mío, ya no tengo familia, estoy solo.


Tu clan me ha dejado huérfano de madre y padre, y ahora sin hermanos. Quiero estar solo, no quiero hablar con nadie, y mucho menos con un Senju. El mencionado desvió la mirada algo herido. Tobirama a veces podía ser tan idiota.


-Sabes que tu Clan también ha matado a muchos... -¡Yo nunca mate a tu hermano!-Grito lleno de ira, sorprendiendo al moreno, y aun más al ver que de los ojos del Uchiha se humedecían.-Debo irme.-, dijo buscando volver a su compostura.


Sin esperarlo el moreno se acercó hasta él y le acaricio una mejilla, con suavidad eso lo impacto, cuando lo vio acercarse pensó que lo iba a lastimar, pero, le estaba tocando, con suavidad, con dulzura.


Nunca Hashirama lo había rozado de esa forma, si quiera cuando eran niños, en esa época lo único que hacían era correr, jugar y reírse, y en la guerra solo el único contacto que compartían eran golpes y patadas. -Lo sé. Nunca podre sanar tu corazón ni arrepentirme las veces suficientes como para que tu corazón sane.


Pero por favor, déjame volver a ser tu amigo, déjame volver a estar a tu lado. -No me toques. Corto con frialdad, alejando el rostro. Quería irse rápido, las palabras dulces de ese hombre solo hacían que su corazón se enterneciera, si, recordaba perfectamente cuando eran niños, todos los días lo único que pensaba era en ir a jugar con Hashirama, jugar y divertirse, reír hasta el anochecer. Aún recuerda aquella vez en que se habían perdido en el bosque hasta el anochecer, y termino durmiéndose recargando la cabeza en el hombro de Hashirama.


Pero ya no, todo eso era pasado, era lo que se repetía siempre. -Por favor...es que yo... -¿Tu qué?-, le miró fijamente, el moreno estaba más sonrojado que antes y en sus ojos habían un brillo diferente.


Súbitamente el moreno se le monto encima. Madara cayó un grito de sorpresa al sentir como Hashirama lo estampaba contra el suelo, lo miraba muy, muy serio, y estaba muy sonrojado. El Uchiha se quedó inmóvil porque en realidad no sabía lo que pasaba...solo las mujeres lo habían mirado de esa forma...Solo las mujeres.


¿Sera acaso que... -¿Qué haces?-pregunto al ver como se acercaba hasta él, su frente quedo pegada a la suya. Nunca un Senju se había acercado tanto a sus ojos. Era una proeza de valor admirable. -Todo este tiempo...tanto tiempo. -¿Qué estas hac... Y lo hizo.


El Uchiha se quedó frio cuando sintió como suavemente los labios del moreno le acariciaban los labios. Tarde varios segundos en descubrir que lo estaban besando con dulzura, si, lo besaban.


Un hombre lo besaba, lo besaba su mortal enemigo, ese al que juro odiar lo besaba con ternura. Tenía los ojos abiertos pero termino cerrándolos cuando esos labios se movieron, estimulándolo de una forma deliciosa. No sabía qué hacer, así que opto por no hacer nada, no respondió pero cuando se dispuso a hacerlo ya el beso había acabado.


Fue apenas un dulce piquito de unos segundos, unos segundos cargados de pasión y de deseo. Hashirama tenía el corazón acelerado y se sentía enormemente feliz. Había hecho lo que deseo hacer durante diez años, lo que fantaseaba en esas largas y excitantes noches de placer profano, lo que deseaba hacer cada vez que golpeaba a Madara en las peleas, y lo que secretamente deseaba experimentar con él cuando eran niños.


Se sentía feliz, aquello fue el mejor beso de su vida. Miro al pelinegro lleno de amor, de sentimientos, de pasión, deseaba hacerlo allí mismo suyo, bajarle los pantalones y hacerle el amor de la forma más dulce del mundo, demostrarle cuanto lo amaba, explicarle que cada latido de su corazón llevaba su nombre. Que lo amaba... Lo amaba. Dios como lo amaba. -¡Eres una marica!


Un grito fuerte y casi agudo del Uchiha casi le sacudió el cabello. Eso...eso no se lo esperaba. Madara lo miraba con una graciosa expresión de miedo, sorpresa, aberración y tormento. Sus níveas mejillas estaban tremendamente rojas, y sus ojos negros estaban muy ampliados, y sus cejas (Que eran muy bonitas) estaban alzadas en una mueca de consternación.


Y es que no lo podía creer, ese hombre que tantas veces lo había molido a puñetazos, lo acaba de besar. -¡Me besaste! ¡En la boca!...


¡ME BESASTE EN LA BOCA! Dos gritos, muy fuertes. ¡Dios! EL moreno estaba rojo de vergüenza y se sentía espantosamente humillado.


Él Uchiha de una forma brutal rompió la raíz que lo sostenía por un pie, escuchándose un doloroso crack, aunque por lo visto el dolor no era lo que pensaba el peligro, que ya se había lado a casi tres metros de un pobre chibi Hashirama que estaba arrodillado en el suelo con el corazón roto.


-Ma-Madara...es que yo... -¡Marica! ¡Eres una marica!-, gritaba el Uchiha mientras depositaba una de sus manos en sus labios, incrédulo de los labios que hacía unos minutos lo había estimulado. -¡Eres un ser sin sentimientos Madara Uchiha! ¡Toda mi vida he deseado hacer... -¡¿Toda tu vida?!-Grito el pelinegro mientras daba unos pasos asustados hacia atrás. Esta vez sí que estaba asustado. Senju estaba a punto de morir.


-Es que Madara...Yo...yo -¡Estas demente! -Yo...yo -¡Somos hombres! -Yo te amo. -¡Se supone que debemos odiar... ¿¡QUE!? Madara sintió que esas palabras fueron como si un árbol le hubiese caído encima.


No supo que hacer sino gritar cualquier cosa que se le viniera en mente y sonrojarse como nunca, sintiéndose tímido y nervioso ante las manifestaciones de amor de su mortal rival.


En realidad, ya no quería quemarlo vivo, sino simplemente salir corriendo sin saber por qué, solo quería correr. Porque muy en el fondo, le había gustado el beso. -¡Madara! ¡No te...-Hashirama vio como el menor pego una carrera considerable, como si huyese de él-...vayas.


El moreno sintió que una nube negra se transportaba personalmente a su cabeza y le comenzaba a llover encima, dios...pudo esperar un golpe, una herida mortal, pero eso, ¿Marica? Le había dicho marica... ¡Le había dicho marica!... ¿Por qué no le hizo caso a Tobirama y se enamoró de una mujer cualquiera?


¿Por qué tuvo que prendarse del hombre más frio, egocéntrico y pedante de todo el mundo? -Putos Uchihas...¡Arg! ¡Vamos Madara vuelve!-Grito mientras corría en su dirección, buscando hacerle cambiar de parecer .