Capítulo 1
Despues del extraño sueño de Zorman y gracias a llegar a un nuevo lugar gracias a los chamanes y al profeta llegar a este nuevo mundo. Todos estaban nerviosos primero. Casi nadie entendía que sucede, pero tienen un nuevo lugar. Ahora tuvieron la oportunidad de tener nuevas casas y tener una vida de nuevo.
Los ciudadanos de Tortilla fueron divididos en dos pueblos diferentes, pueblos donde conocieron nuevos rostros de personas que antes no habían visto por casualidades de la vida. Dentro del Pueblo Naranja, existe alguien, alguien muy particular. Un hibrido humano oso que se alejó de todos. Aquel sujeto que se alejo de ellos, se fue a vivir solo y que para muchos fue mejor.
El hombre/oso llamado Spreen se mantenía alejados de todos. No le apetecía convivir con las personas y su mayor meta (o lo que dejaba ver ante las personas) es que su meta era tener una pollería. Para lograr esto consiguió a varios empleados, a los cuales incluso llega a referirse como ellos como esclavos. Con el unico de sus asi llamados esclavos que llegó a considerar su amigo fue Carola, el vikingo amante del oro que vive en las montañas. Él tenia el control de todo en el pueblo, no habia nadie que no le temiera. Aunque habia alguien en el pueblo naranja que no era igual.
- Mariana. - Dijo Spreen viendo al chico que acaba de entrar a su restaurante. Era un chico pálido de piel, vestido como un superhéroe, con un poco de suciedad en su rostro. - ¿Qué haces aquí?
- Buenas tarde señor Spreen, quería pedirle algo.
Spreen no pudo evitar rodar los ojos. Otra persona que viene a pedirle un favor, otra persona que quiere alguno de los objetos raros que ha conseguido en sus incursiones a mazmorras o los materiales que ha conseguido minando.
- Quería pedirle si puedo trabajar aquí en la pollería. Quisiera trabajar para usted aquí. - Dijo el chico apenado. - Ser un cuidador de los animales requiere un poco más de dinero del que pensé, tengo que mantener a todos mis animales. Los elefantes comen mucho.
- Entonces... ¿quieres trabajar para mí? - Dijo el oso cruzando los brazos y acercándose a Mariana, el chico tímido bajo la mirada viendo el piso a lo que Spreen pensó que era algo tierno. Mariana asiente con la cabeza haciendo que Spreen sonría. - De acuerdo, ven. Antes te daré un tour por toda la pollería para que sepas donde vas a trabajar.
- Si, gracias señor Spreen. - Dijo el Mariana dando una cálida sonrisa al oso que solo prosiguió a caminar. Los ojos del Mariana se clavaron en un punto. Algo que lo dejó completamente atraído por eso. Bajando la espalda y antes de llegar a las posaderas de Spreen vio eso, una colita negra, un pequeño rabo que se ve demasiado suave y adorable.
- ¿Me estáis viendo el culo? - Dijo el dueño del restaurante sintiendo que la mirada del Mariana estaba sobre sus posaderas.
- No, n-no señor Spreen. - Dijo El Mariana sonrojado. El jefe lo ve sobre los lentes.
- Camina a mi lado. - Dijo el de cabellos negros. El de lentes no dijo nada y se movió para caminar a su lado.
Al primer lugar que fueron fue al vestidor. Era donde podían dejar sus cosas y hay baños para empleados. El dueño de la pollería le asignó un casillero, este era para que solo él y el dueño lo pudiesen abrir. Que ningún otro futuro empleado pueda abrir el casillero. Spreen además le dio al chico un uniforme para que trabajara.
- Cámbiate, no podéis ir con ese traje de superhéroe roto por todo el restáurate. - Dijo el hibrido entregándole el uniforme de camiseta amarilla y pantalón caqui a su primer empleado.
- Si señor Spreen. - El chico vestido de superhéroe abre la cremallera de su pecho, aquel traje comienza a abrirse revelando su pecho blanco desnudo, aquel pecho delgado y marcado con esos pequeños puntitos rosas que provocaron algo en Spreen que mejor se dio la vuelta.
- Te espero afuera wacho. - Dijo Spreen para irse.
- Si jefe. - Dijo Mariana que nomas estaba en ropa interior. El chico siguió vistiéndose para poder continuar el tour. El chico se puso ese uniforme con todo y una visera y mandil rojo que son parte del uniforme. Al terminar se lava la cara porque tenia un poco de tierra y sale para ver a Spreen. - Listo jefe.
- Te tardaste wacho. - Dijo Spreen viendo al de lentes con su rostro ya limpio, le da una linda sonrisa que muestra sus hoyuelos. - Sigamos que falta mucho.
-Si patrón. - Dijo Mariana para seguir caminando aun lado de el oso. Mariana volvió a ver la cabeza de Spreen viendo aquellas lindas orejas negras que tiene. Esos son detalles demasiado bonitos que no podía evitar ver.
*****
El tour siguió hasta el ultimo lugar. El que le dijo que nunca entraría solo o sin permiso, que solo puede entrar con él, su oficina. La oficina de Spreen era elegante, con portadas de su revista que tienen a él mismo sin camiseta, y lo que le gustó demasiado fue un gato blanco, con su ojo azul y el otro amarillo un gato amarillo que al tomar asiento fue a acomodarse sobre las piernas de Mariana. El chico no tuvo otra opción que hacer mimos a tan lindo gato que quería estar junto con él.
- Bueno, este es vuestro contrato. Léelo y fírmalo para que seas un trabajador del pollo feliz. - Dijo Colocando el contrato delante de él. El Mariana, aun acariciando al gato va a comenzar a leer el contrato. Spreen conoce todo lo que tiene ahí, que es quitarle parte de la libertad durante el tiempo que trabaja para él y que no ganara mucho dinero por todo lo que trabaja. - Aguanta. Este no es.
Spreen le quito el contrato al chico de gafas antes que leyera todas esas partes. Todo donde dice que ahora le pertenecería y que Spreen podría tomar represarías contra sus empleados por no cumplir sus ordenes. Por todo esto no quiso que Mariana firmara el contrato, que se volviese su esclavo de esa forma temporalmente porque el chico defensor de los animales le terminaría odiando por eso.
- Entiendo jefe. Tiene muchos empleados, debe ser difícil recordar cual era el contrato nuevo. - Dijo el Mariana viendo a Spreen con una sonrisa cálida. El chico sigue acariciando a la bonita gata que maúlla por atención. - Ya voy pequeña. Esta gatita quiere atención.
- Siempre es muy arisca, me sorprende que se deje acariciar. - Dijo Spreen. - Se llama Pelusa. Hablemos de tu contrato. Te pagaré un tortillacoin de oro y cinco de plata.
- No señor Spreen, es demasiado. - Dijo el Mariana sorprendido por el pago que recibirá. Para atender una pollería es un pago demasiado alto.
- Yo decido cuanto te voy a pagar. Tu solo vuelve mañana al amanecer para abrir el restaurante. ¿Entendiste? - El Mariana asiente con su cabeza avergonzado por contradecir a su jefe. El chico no levanta la mirada por esto. - Entonces, ¿tenemos un trato?
- Si señor Spreen. - Dijo el chico de gafas animado levantándose con cuidado por la gata y extiende su mano hacia su jefe. El oso estrecha la mano con rudeza y despues Mariana le da la espalda para irse.
- Por cierto wacho. - Dijo Spreen antes que su nuevo empleado cruzase la puerta. - No debéis hablar nada de lo que hagamos con nadie.
- Miau. - Dijo pelusa queriendo que la acaricien.
- ¿Y que opina vos de él? Es bastante alegre para trabajar para mí. - Dijo el hibrido acariciando al gato. El chico vuelve a recordar las sonrisas sinceras y dulces que le dio el chico blanco de gafas durante el dia. Como siempre estaba dispuesto a aprender y se veía muy contento de trabajar. No lo veía con miedo como los demas trabajadores, o los demas miembros de los pueblos. A su mente también llegó el pecho desnudo del Mariana y sintió un poco de calor. - Ese chico es raro.
*****
- ¡Timo ya llegué! - Grita el defensor de animales llegando a su casa esperando que el mono capuchino contestase, el monito fue hacia él y se coloco en su hombro. El changuito acaricio el cabello de su dueño y amigo, buscando algo de comer también. - Ya sabes que no tengo piojos apa. ¿Qué crees? Ya tengo trabajo, el señor Spreen me dio trabajo. Ya podrán comer mejor y tendremos para arreglar mas la casa. Tenemos que comprar y salvar a todos los animales que venden en adóptame esta. Son muchos animales que viven en cautiverio.
Con timo en su hombro el Mariana se fue a alimentar a todos sus animales. Su hacienda ya está repleta de muchos animales y todos comen distinto, así que el chico se encargaba que todos comieran siempre. Los ama mucho y se prometió rescatar y salvar a todos los animales de Tortillaland.
Al terminar de darle de comer a todos sus animales se va a su cuarto. No tenia muchas cosas, en general su finca está vacía, los cultivos que tiene no son lo suficientemente grandes para poder atenderlos a todos y aparte que muchos comen cosas que no ha conseguido y que siempre tiene que farmear o comprar a otros que sabían como conseguirlo.
*****
Al dia siguiente Mariana fue a su trabajo y ahí parado delante de la puerta cerrada estaba su jefe viéndolo. El oso revisaba su reloj con un gesto de molestia. El Mariana al llegar lo saluda con su mano.
- Llegas tarde.
- Una disculpa jefe. Vivo bastante lejos y me costó llegar. - Dijo el Mariana disculpándose.
Spreen abrió la puerta y ambos chicos entraron. Los dos se fueron a cocina para ver encender el horno y las freidoras. El dueño del local se cerciora que todo esté en su lugar y que no haya no faltase nada. Despues de esto ve a su empleado que acomoda las sillas y limpia el piso para recibir clientes.
- Ya sabes que hacer, donde están las cosas. Te quedáis solo hasta que vuelva. - Dijo el dueño mientras deja a su empleado solo.
- Espere, ¿me voy a quedar solo? - Dijo el chico preocupado por quedarse solo.
- Sabes donde está todo. Abrimos hace unos días, tengo que ir a minar para seguir con mis negocios. Tu puedes hacerte cargo por ahora de la pollería. - Dijo saliendo dejando al Mariana solo. El chico se veía tan nervioso que parecía rogar con su mirada que se quedara para cuidarlo.
*****
El oso estuvo trabajando en su segundo proyecto. Ese negocio que lo hará millonario, el que le traerá muchas riquezas y que llega a ser peligroso. Ese negocio junto a Walter White quien es un chimpancé científico que crea aquella sustancia.
El oso sigue extendiendo la cueva que se encuentra debajo del restaurante que solo se puede ingresar desde un ascensor. Este lugar iluminado por luces que ha colocado y que ha estado diseñando para que sea lo mas organizado posible y poder crear una gran mercancía.
El laboratorio ya estaba casi completado, podría acabarlo todo, pero no ha visto a su empleado desde hace un tiempo. Lo mandó a abrir desde temprano y ya son altas horas de la noche. Seguramente lo encontraría dormido sobre una mesa del restaurante o la barra. Se limpio el polvo y fue al ascensor para ir a buscar a su empleado. Seguramente estuvo aburrido por estar todo el dia encerrado.
- ¿Pero que cojones? - Grita molesto el oso al entrar a su restaurante y encontrarlo todo deshecho.
Algunas de las lamparas de techo estaban rotas, las sillas volcadas y paredes con grafitis. Todo era un desastre en este lugar. El hombre no lo podía creer. Mariana lo había engañado y había planeado todo. Molesto fue a revisar el resto de la pollería. Habían dinamitado la puerta haciendo un hoyo por el que entraron a las bodegas, muchos de sus pollos crudos fueron robados mientras que mataron a algunas de sus gallinas. Siguió hasta su oficina pensando que quizás no supieron como entrar allá, pero el pasillo de nuevo tenia esos rallones en las paredes. Al llegar vio su silla girada en dirección opuesta al escritorio y se encuentra con el Mariana atado. El chico se veía completamente asustado. Temblaba mientras que respiraba con fuerza. Sus mejillas rojas de tanto llorar y con muchas lagrimas secas. Sus piernas estaban separadas atadas a las patas de la sillas, verlo así le dio dos sentimientos. Sintió un poco de placer verlo así de vulnerable ante él, pero saber que había llorado, que alguien lo había lastimado y que estaba temblando de miedo le causaba un gran dolor en el pecho. Dentro suyo no deseaba que su empleado llorase de esa forma. El coloca una mano en su hombro y el Mariana se mueve con miedo.
- Uhg. - Dijo como quejido al sentir que alguien lo toca.
- Parad, soy yo. - Dijo Spreen a lo que el Mariana se queda quieto. Con un cuchillo de diamante corta las cuerdas que lo mantenían atado de brazos y piernas. Cuando quita la venda de los ojos este lo abraza sin pensar sujetándolo con mucha fuerza. Spreen sin saber que hacer lo abraza con cuidado.
- Lo siento señor Spreen, lo siento. No pude proteger la pollería. - Dijo Mariana entre llantos.
- Parad wacho, no lloréis. Esto no fue culpa tuya. Fue un plan de algún mal parido.
- Sus pollos murieron y no pude hacer nada señor Spreen.
- Estáis vivo, eso es importante.
- Salve a pelusa. - Dijo Mariana sacando a la gata blanca.
- Gracias por salvarla wacho. - Dijo Spreen viendo a su gata. - Te traeré algo para que te calmas. ¿Queréis comer pizza?
- Si. - Dijo limpiándose las lagrimas. - Con piña por favor.
- Vos sos raro. Quien come pizza con piña.
- Es deliciosa señor Spreen. - Dijo Mariana defendiendo sus gustos.
Poco despues el dueño del restaure regresó con esa pizza que considera desagradable y una taza con chocolate caliente. El Mariana empezó a comer y con cada mordida se calma. Su tristeza disminuye al igual que su hambre.
- Mariana. Escucha con atención. Necesito que me digas todo lo que sucedió aquí. - Dijo el oso muy serio.