Orión y Artemis
¿Qué fue eso? Otra vez ese sueño. Una hermosa mujer de cabello azul y ojos verdes bailaba conmigo. No logro comprender cómo es que parece tan real sentirla, luego me vi atravesando su corazón con una daga y de sus ojos las lágrimas brotaron. ¿Qué fue eso? ¿el recuerdo de una vida pasada?
¡La próxima vez que nos veamos, tengamos un romance de 1000 años, Bell!
Se refiere a mí como Bell, pero ese no es mi nombre; Yo soy Orión. ¿Quién es ella? ¿Cuál es su nombre? Por su belleza podría decir que es como una diosa, es etérea.
— ¡Hijo! Levántate llegarás tarde a la escuela — La voz de mi madre me saca de mis sueños. Luego escucho la puerta de mi habitación abrirse. — Sabes que esta es nuestra única oportunidad para demostrar tus habilidades a los dioses.
— Lo sé. — De inmediato salí de las sabanas — Seremos parte de una familia. Lo prometo mamá.
Los jóvenes de entre 9 y 20 años asistimos a una academia donde se nos entrena con distintas armas, y mostramos nuestras habilidades a los dioses, ellos deciden si somos dignos de pertenecer a su familia. Pero si no les gustas te conviertes en un simple aldeano de Orario y tus hijos mantienen el derecho de ingresar a la academia y que a través de él o ella puedas pertenecer a una familia de algún dios.
Mi fuerte son las lanzas mágicas y los cuchillos. Soy experto en combate. Espero en poder impresionar a algún dios, quiero sacar a mi madre de esta pequeña casita y brindarle un hogar decente. Mi madre es una experta cocinera y sé que su comida impresionará al dios que decida brindarme un hogar.
Al llegar a la academia veo a muchos aventureros estar emocionados por conocer a los dioses. Solo se nos permite conocerlos cuando se llega a la edad de dieciséis años y esta será la primera vez que haré muestra de mis habilidades, siento como las manos me tiemblan. Me permito aspirar el aroma de la academia ya que siento que podría ser la última vez que estaré aquí. muchos estudiantes están ansiosos por que todo salga bien.
— ¡Suerte conejo! — Me gritan un par de compañeros.
— ¡Gracias! Suerte para ustedes también. — Respondo a la vez.
No soy un conejo, es solo que la tonalidad de mis ojos es casi roja, por otra parte, mi cabello plateado lo comparan con el pelaje. Sí, tal vez la comparación está bien fundamentada debido a que mi apellido está en griego y significa lo mismo.
Bien, este es el momento en el que debo de concentrarme en lo que haré y los nervios empiezan a traicionarme, caminó por los pasillos hasta llegar al patio de entrenamiento, donde cada aventurero mostró sus habilidades, Yo soy el último de la lista.
Los dioses están sentados a la sombra por lo que es difícil identificarlos. A lo mejor son alucinaciones mías, pero casi puedo asegurar que más de uno me ha mirado.
— ¡Orión Kounéli! — Grita el director para decirme que es mi turno y a la vez que soy el último.
Caminé hasta el centro del campo e hice una reverencia en dirección a los dioses. Me concentré primero en tomar el cuchillo y hacer demostración de mis habilidades, lo que me sucede mientras practico es muy curioso, siento que estoy bailando y moviéndome al compás del viento.
— ¡Meteor Shower! — Grito para liberar mi magia en dirección a la pila de rocas, esta técnica me la enseñó mi madre. Consiste en una lluvia de luces que al caer sobre mi objetivo termina pulverizado.
Posteriormente tomó la lanza y liberan un par de monstruos del laberinto, el primero es un minotauro y el segundo es un escorpión. He estudiado la fisiología de ambos así que no me es difícil derrotarlos en 10 minutos. En la batalla más de una vez me pareció haberlos enfrentado antes, a pesar de que era la primera vez que los veía. Al terminar volví a hacer una reverencia ante los dioses, me arrodillé en espera de su edicto.
Tres dioses se acercaron, no me atreví a alzar la mirada sin que me lo ordenaran.
— ¡Has vuelto, Orión! — Era la voz dulce de la mujer que se aparece en mis sueños — Puedes alzar la mirada. — Al hacerlo quedé de piedra, era ella con su hermoso cabello azul y sus ojos verdes — Soy Artemis, Te ofrezco un lugar en mi familia por tus habilidades con la Lanza y el cuchillo y si tienes a alguien será bienvenido.
— Yo soy Hestia. — Era una mujer linda de cabellos negros y ojos azules — Te ofrezco un lugar en mi familia por tus habilidades con el cuchillo, Bell.
El tercer dios me sonrió de manera atrevida — Soy Apolo y solo a ti te quiero en mi familia, esta vez no puedes rechazarme, he esperado 100.000 años por ti.
Bajé la mirada, era mi deber elegir. No esperaba llamar la atención de más de un dios.
— Por favor — Alcé la mirada en dirección a la diosa del cabello azul — acéptenme con mi madre, no puedo abandonarla, ella es todo lo que tengo en este mundo.
— Yo la aceptaré — La diosa Hestia se apresuró a responder. — Pero deberás abandonar tu practicas con la lanza.
— Si la acepto, me pertenecerás en cuerpo y alma — Apolo me dio una mirada lasciva.
— Tendrá su lugar en mi familia, ella será tratada con respeto. — Artemis sonrió — Pero a cambio deberás bailar conmigo y vigilar que nadie me espíe, Orión.
Asentí, la mejor opción era clara y no requería pensarlo mucho — Deseo pertenecer a la familia de Artemis, para servirla con honor y lealtad hasta el final de mis días.
— No pelearé por él porque eres mi hermana, Artemis — Apolo se alejó.
Los ojos de la diosa Hestia se veían cristalizados, no comprendo que ocurría en ella. ¿Por qué?
— Artemis, esta vez es tuyo. No me opongo. — se dio la vuelta dejándonos solos.
— Bienvenido a mi Familia, Orión. Vamos por tu madre.
Una vez en el coche, me di cuenta que era el único. No había más miembros de la familia.
— ¿Me recuerdas? — soltó de repente.
— En sueños, bailando y luego llorando — Me sentí avergonzado, mis mejillas ardían. — ¿son en verdad sueños?
Ella asintió suavemente. — Sueños de un pasado distante, de una vida de hace más de cien mil años atrás.
Cuando mamá la vio hizo una reverencia y se ofreció como su cocinera. La diosa aceptó. Durante al trayecto a su hogar nos contó que apenas renació meses atrás y éramos los primeros miembros de su familia, aparte de su chofer.
Artemis me veía con una sonrisa en los labios y yo no podía evitar corresponderle, algo en ella me hacía desear protegerla y evitar que muriese como en mi sueño... o como dice ella recuerdos de una vida de hace más de cien mil años, aquí en Orario es normal oír de renacimientos o reencarnaciones. El hogar de la Diosa era fuera de Orario, lejos de la frontera. Su hogar era una gran casa con jardines con el símbolo de la luna y un arco en las puertas de hierro.
— Bienvenidos a nuestro hogar — Fue lo que dijo en cuanto llegamos. — Siéntanse libres de elegir.
Así fue, al menos de mi parte, mamá corrió a la cocina y se enamoró de cada utensilio. Lo mismo me ocurrió a mi en cuanto descubrí la armería. Estuve entrenando y probando cada cuchillo, cada espada e incluso encontré armadura ligera que eran de mis preferidas. Al salir de la armería era ya la hora de la cena.
Iba cruzando el jardín cuando vi a la diosa Artemis bailando a la luz de la luna, usaba un ligero vestido celeste y de alguna manera me transporté al lugar de mi sueño. Ella me extendió la mano y ambos empezamos a bailar.
— ¿lo recuerdas? — Preguntó.
— Sí, tengamos un romance de 1000 años, mi diosa. — Susurré y ella apoyó su cabeza contra mi pecho. — Yo la protegeré sin importar lo que pase. La protegeré de cualquier monstruo.
— Lo sé, Orión.