Chapter 1
Capitulo #1 - Un pequeño problema. -
Corría rápidamente en aquellas oscuras calles de Meryland, respirando agitadamente por la boca mientras un agudo dolor en el pecho le frenaba continuar, algo frío en su garganta que al seguir respirando dolía más, sin duda el cigarrillo estaba dejando huella.
Freno recostando se en una blanca pared del lugar, intentando respirar más tranquilamente, estaba frustrado, demasiado, ¿Esto era lo único que podía hacer? Apenas había pasado una hora, tosió un poco encorvando se en el mismo lugar, sus ojos miraron al suelo cerrándose entre lágrimas por el dolor en el pecho que le había causado el sobre exigirse en el ejercicio.
Ese era Jeffrey, un pequeño problema, así lo titulaba su hermano mayor.
Un adolescente terco, impulsivo, con bastantes problemas psicológicos.
Parecía una pequeña bomba de tiempo, y lo era, si sus padres tan solo hubieran fijado su atención en su extraño comportamiento a tiempo, quizás hubieran evitado todo lo que pasaría luego, no era muy difícil verlo, en cualquier momento explotaría, pero no quisieron hacerlo, no quisieron ver lo que su hijo menor era, impidiendo le así obtener la atención médica que necesitaba.
Siempre reprimiendo se, callando sus problemas colocando a los demás por delante, en algún momento todas esas emociones reprimidas debían surgir, de alguna u otra manera. Jeff tiene el pensamiento de que "Las personas son como los globos" - Resguardan mucho aire, pero si los sobre llenas, explotan - Las personas son iguales, en algún momento, todas las emociones reprimidas hacen que las personas exploten, ¿Y que pasa cuando los "globos" explotan? Hay ruido, una fuerte explosión, hay miedo de lo repentino que es y aveces incluso, llega a haber llantos. Aveces llegaba a pensar que eso sonaba ridículo, pero si lo analizaba, tenía sentido.
Decidió sentarse un rato en el suelo, definitivamente necesitaba descansar, el color del cielo indicaba que estaba amaneciendo, suspiro, su hermano probablemente llamaría y luego al regresar debería soportar sus regaños nuevamente, detestaba eso... Pero aún así... Era lo único que le quedaba, eran lo único que le quedaba.
Aquel lugar por más que no quisiera admitirlo se sentía como un hogar, uno pequeño, si, algo desequilibrado, pero un hogar al fin de cuentas.
El olor de las mañanas que tanto le recordaba los desayunos que su difunta madre preparaba, siendo su sabor aunque no exacto, muy parecido.
Las mantas que por más que desordenaba al dormir, por la tarde ya estaban acomodadas sin que el hubiera tenido que tocar nada.
Era un techo donde protegerse del frío, una cama donde dormir cómodamente, un plato de comida siempre en su lugar de la mesa, simplemente... Un hogar.
Pero el no quería aceptarlo.
Por más que lo evitará siempre terminaba recordando, no era algo que le gustara... Pero eran tan parecidos que le impactaba.
El era tan atento como siempre lo fue, pero con aquella autoridad de su padre, que se notaba que intentaba balancear con su lugar de hermano.
Y ella tan callada, pero silenciosamente atenta como su madre... Y eso le ardía.
Le ardía en el centro de su pecho, en el fondo de su alma, le ardía, como una chispa de aquel incendio que alguna vez lo consumió, solo que ahora se encontraba en el centro de su pecho, pero aunque tocara, seguía igual de frío.
Más de una vez intento arrancar esa piel que lo cubría en busca de esa chispa del fuego que quería apagar, llego incluso a una vez rasguñar todo su pecho, al punto de sangrar, pero jamás encontró esa llama de la que se intentaba librar.
Y aquello le pasaba ahora, aquellos pensamientos hicieron que esa llama de fuego volviera a encenderse, esa culpa, que tanto le impedía aceptar que estaba en un hogar ahora, después de todo no lo merecía, era un asesino en serie, no un niño inocente que necesitaba el calor de un hogar, o bueno, quizás si necesitaba eso último.
Su vista se nublo mientras el dolor frío en su pecho se hacía más fuerte, se dio cuenta que había empezado a hiperventilar se.
- Carajo... - Susurró el menor, se llenaba de una sensación similar o peor al nerviosismo, no sabía cómo evitarlo, estaba solo en la calle y no buscaba ayuda de un desconocido, de todos modos nadie pasaba por ahí al amanecer.
Se desesperaba más, su mano se dirigió a su pecho, controlando con esfuerzo esa sensación de querer rasguñar, de querer quemar, abrir, morder y lastimar su pálida piel.
Su teléfono empezó a sonar, sacándolo de sus pensamientos por un segundo, al sacarlo del bolsillo el nombre "Jane" aparecía claramente en el contacto.
Un pequeño grito de molestia salió de su garganta, dejó caer el teléfono al suelo, en un rápido movimiento, una media vuelta y empezó a golpear sus nudillos una y otra vez contra la pared, mientras sus azulados ojos terminaban de inundarse, no controlaba la fuerza con la que golpeaba e ignoraba aquellas manchas de sangre que quedaban plasmadas en el concreto, se aparto de la pared evitando romper los dedos de su mano derecha.
- Carajo... - Repitió entre dientes, sosteniendo su muñeca derecha y su teléfono continuaba sonando.
Sabía que debía contestar antes de meterse en más problemas de los que ya se imaginaba que estaba, no había pedido permiso para salir, ridículo suena, pero así funcionaba ahora.
Con la misma mano lastimada agarro el teléfono, frunció el ceño mientras seguía sonando, ¿Porque tanta insistencia? Atendió la llamada, y no era Jane del otro lado.