En secreto

Summary

Historia ObiKaka.

Status
Ongoing
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1.

Estaba sentado en una banca. Ya pasaban de las once de la noche. El otoño llegaría pronto y el clima ya comenzaba a helarse.


Allí, sentado cabizbajo en la obscuridad, siendo solo iluminado por la débil luz de un farol, recordó las palabras que le había dicho su amiga y compañera de equipo hacía tan solo unas horas atrás.


"Él y yo estamos saliendo"


Esas cinco palabras que surtieron el mismo efecto que sí una daga envenenada se le hubiera clavado en el corazón. Se lo dijo tan feliz, tan emocionada, que él no pudo hacer nada.


Nada... Más que fingir alegrarse por ella.


Y es que, ¿qué podía hacer? ¿Confesarle lo que sentía? ¿Arruinar su amistad? Quería decírselo pero, ¿estaba dispuesto a eso? ¿Realmente estaba dispuesto a aceptar la consecuencia y vivir con ella? ¿A arruinarlo todo solo por un sentimiento que él sabía no era recíproco?


No, la respuesta era no. Él no estaba dispuesto a eso. Le dolía, claro que sí. El saber que no era correspondido y que la persona que tanto quería estaba con alguien más le dolía. Pero al menos sabía que era feliz, y así él también podría serlo... Al menos en parte.


Él daría lo que fuera por proteger esa sonrisa, aunque para ello deba romperse en pedazos.


Daría lo que fuera porque esos ojos continuaran teniendo ese brilloso único, aunque eso implicara morir para lograrlo.


Prefería callar todo lo que sentía, guardárselo para sí, y continuar a su lado, aunque sea solo como un amigo o un compañero. Era mejor eso que nada.


Inhaló profundo sintiendo su labio inferior temblar. No sabía si era a causa del frío o por todo lo que sentía, y que se debía guardar para sí. Pero ahora eso ya no importaba.


Se puso de pie sintiendo sus piernas temblar y avanzó despacio por la desolada calle con dirección a su casa.


Abrió la puerta con lentitud y caminó hasta las escaleras arrastrando los pies. Llegó a su habitación y sin importarle nada más se dejó caer boca abaja en su cama, con la cara pegada a la almohada.


Ya mañana sería otro día, y rogaba al menos sentirse un poco mejor, porque en esos momentos, solo quería morirse.

La mañana llegó, y él otra vez iba tarde. Debían reunirse a las seis en punto, pero ya eran las seis y treinta y él recién estaba por llegar. Se apuró lo más que pudo, con un poco de suerte a pesar de haber llegado tarde, Minato aún no estaría allí, él solía llegar tarde de vez en cuando también.


Sus pasos se fueron volviendo cada vez más lentos a medida que se acercaba al campo de entrenamiento. ¿La razón? Pudo divisar a Rin a lo lejos, pero no estaba sola, Kakashi estaba con ella. El peli-plata se encontraba sentado en una roca, de brazos cruzados con la cabeza levemente inclinada hacia adelante mientras sus ojos se encontraban cerrados.


La castaña por su parte le abrazaba del cuello por la espalda, como si se tratara de una mochila. Obito no podía escuchar lo que decía a pesar de ver cómo su boca se movía, pero sí sabía por la expresión que la chica tenía que se encontraba bastante cómoda y feliz, pues esta tenía una sonrisa radiante en la cara.


Iba a continuar avanzando cuando vió a la Nohara dejarle un pequeño beso al Hatake en la mejilla por encima de la máscara a escasos centímetros de sus labios.


Se detuvo en seco. Su cuerpo entero tembló. Sintió su corazón acelerarse, latiendo desmesuradamente. Tenía un dolor horrible en la boca del estómago, y el nudo en su garganta le impedía tragar.


Tembló ligeramente sintiéndose mareado y tuvo que sostenerse apoyando su mano en un árbol cerca suyo para no caer al suelo.


Podía sentir las lágrimas acumulársele en los ojos, mientras él evitaba pestañear, pues sabía que en cuanto lo hiciera, chorros de agua salada saldrían, deslizándose por sus mejillas.


Sacudió la cabeza intentando despejar sus pensamientos, mientras luchaba por no llorar.


Mierda, ¿por qué el amor duele así?


Respiro profundo tratando de contener su dolor.


Se pasó el dorso de la mano por los ojos, secando todo rastro de lagrima y sonrió como siempre hacía.


Retomó su camino hacia donde estaban sus dos compañeros de equipo.


— ¡Hola! — saludó llegando hasta ellos, como si no hubiera pasado nada.


— ¡Hola, Obito! — la castaña se paró delante de él, con ambas manos tras su espalda e inclinándose levemente hacia delante. En su rostro, una sonrisa hermosa lo adornaba — ¿Qué tal dormiste?


— Y-yo... B-bu-bueno... Bien, supongo... — susurró finalmente.


— ¿Estás seguro? — preguntó, cambiando su gesto alegre a uno preocupado — No te ves muy bien, ¿has enfermado? — llevó su mano derecha hasta la frente del Uchiha, y la colocó allí, queriendo sentir su temperatura.


La cara de Obito enrojeció al completo ante el toque de la chica y dio un pequeño salto hacia atrás, alejándose de la joven.


— N-no, no, Rin... Estoy bien... — contestó, sintiendo el calor en sus mejillas.


Kakashi le miró frunciendo el ceño a la par que entrecerraba los ojos, pero no pronunció palabra alguna, rápidamente volvió a su posición anterior, con la cabeza hacia el frente e inclinada hacia abajo y con sus ojos cerrados.


— ¡Buenos días! — saludó Minato al llegar — Oh... Hola, Obito, no espere verte aquí.


— ¿Eh? Sí... — pronunció a penas.


— ¿De acuerdo? — el rubio le miró no muy seguro, pero decidió no preguntar más — ¡Bien! ¡Empecemos con esto! Vamos a dividirnos en dos equipos para la actividad. Rin, tú vendrás conmigo. Y Kakashi, tú con Obito — al decir lo último, el Namikaze cerró los ojos con fuerza, esperando las quejas. Pero nunca llegaron. Volvió a abrir los ojos observando con sorpresa al peli-negro — ¿Obito? — le llamó.


El Uchiha tenía las manos metidas dentro de los bolsillos de sus pantalones. Su cabeza se encontraba inclinada hacia abajo, mirando hacia el suelo con gesto triste. Al escuchar su nombre, levantó la cabeza, notando que no solo su sensei le observaba, sino que también sus compañeros.


Minato y Rin con preocupación, y Kakashi con extrañeza. A los tres les había sorprendido el hecho de que el Uchiha no haya protestado al saber quién sería su compañero.


— Sí, sensei — respondió en un susurro.


— Sí, ¿qué? — preguntó Minato — ¿No escuchaste lo que dije?


— Sí. Nos dividiremos en dos grupos, usted con Rin, y yo con Kakashi — volvió a susurrar con la vista en el suelo.


— ¿Y estás bien con eso? — preguntó el rubio, perplejo.


— Sí — musitó.


— Ohm, bueno... Haremos una especie de patrullaje — explicó viendo de reojo al peli-negro — Y lo vamos a hacer porqué... Pues porque me parece que sería bueno hacer algo diferente — se adelantó a decir, antes de que el azabache le preguntara, mientras esta vez lo veía directamente de frente.


— No iba a preguntar el porqué — mencionó el Uchiha.


— ¿No te vas a quejar?


— No — volvió a murmurar.


Esto me asusta — pensó Minato viendo al chico.

Los dos chicos caminaban a paso tranquilo por las calles de la aldea. El Hatake observaba de reojo al Uchiha a su lado derecho, este tenía la cabeza gacha, caminaba con las manos en sus bolsillos, mirando hacia el suelo con gesto triste.


El peli-plata frunció el ceño confundido. No entendía la actitud de su compañero, él no solía ser así.


De repente abrió sus ojos en demasía, viendo al azabache con estupor al recordar algo.


¡Ya lo sabe! — pensó, girando violentamente su cabeza hacia el frente, mirando fijamente al suelo con los ojos abiertos de par en par — Pero si lo sabe, ¿por qué no ha dicho nada? — volvió a mirarle de reojo, el peli-negro seguía con gesto triste y la cabeza en su misma posición — Pero de lo contrario... No veo otro motivo para que este así.


Mientras pensaba en posibles razones para el actuar del peli-negro, le oyó dar un suspiro cansado a su lado.


— Ahm... ¿Obito? — preguntó en tono bajo — ¿Obito? — le volvió a llamar un poco más alto al no haber recibido respuesta la primera vez.


— ¿Mmh...? — contestó sin levantar la cabeza — ¿Qué pasa?


— Estás raro — dijo, sin dar muchas vueltas — ¿Estás bien?


— ¿Raro? — musitó con su mirada baja.


— Sí, raro — afirmó — Has estado raro toda la mañana, desde que llegaste al campo de entrenamiento. Luego no dijiste nada cuando Minato-sensei explicó lo que haríamos hoy, ni mucho menos cuándo dijo que yo sería tu compañero. No entiendo que te ocurre...


El Uchiha detuvo su paso abruptamente. El Hatake volteó, viendo al peli-negro parado a un par de metros de distancia. Su cabeza baja, y los mechones que le cubrían la mayor parte del rostro le impedía ver el gesto que este tenía.


— ¿Obito? — preguntó con cuidado, en tono suave.


Había sido una estupidez haberle dicho aquello. Y es que, en el fondo, el peli-plata sabía la razón por la cual el azabache estaba en ese estado. Pero claro, debía pretender que no tenía idea. O tal vez solo quería creer lo contrario.


— Estoy... Bien — murmuró sin levantar la cabeza.


— ¿Est-...


— Continuemos — dijo, pasándole por al lado suyo, evitando mirarle.


Se quedó quieto viéndole alejarse a paso lento.


¿Y ahora qué hago? — pensó mientras le seguía.

Llegaron al campo de entrenamiento en completo silencio. Uno incómodo por parte de Kakashi. Y uno depresivo por parte de Obito.


Minato y Rin les observaban desde lejos, aguardando su llegada. Desde dónde estaban podían percibir que algo raro pasaba entre los dos. Pues, sí bien habían notado desde un principio que el Uchiha estaba raro, ahora el Hatake también se sumaba.


— ¡Kakashi! — al estar a un par de metros de distancia, la Nohara se acercó corriendo al anteriormente mencionado, abrazándole del brazo izquierdo — ¿Está todo bien? — preguntó con gesto preocupado.


El peli-plata miró de reojo al peli-negro, y, un tanto incómodo, se separó de la chica, dejándola confundida.


— Sí, Rin... Está todo bien — contestó, viendo disimuladamente al azabache.


— ¿Y tú, Obito? — preguntó ahora el Namikaze.


— Sí, todo bien...


— Ahm, bueno... Entonces... Creo que esto será todo por hoy... — mencionó el rubio, mirando a los chicos atentamente — Que tengan, Ehm... Una buena noche.


Tras esa despedida, Minato se marchó del lugar bastante confundido, además de preocupado. Sin dudas hablaría con Kushina para que ella le diera su opinión sobre qué podría estar pasando.


Por otro lado, los chicos aún permanecían en el lugar.


— Kakashi, ¿me acompañas a casa? — preguntó sonriente la castaña.


El peli-plata dirigió su vista al azabache, observando cómo este apretaba sus puños, al igual que sus labios, formando una delgada línea.


— Tal vez otro día, Rin. Ahora tengo cosas importantes que hacer — contestó, viendo a su compañero.


— Oh, bueno. Yo pu-...


— No, gracias — interrumpió, sabiendo lo que diría — Necesito hacer las cosas yo solo. Así es mejor. ¿De acuerdo?


La Nohara, aunque estaba un tanto decepcionada, simplemente asintió, aceptando lo que su pareja decía.


— Entonces, nos vemos mañana — habló, volviendo a sonreír – ¡Adiós, Kakashi! ¡Adiós, Obito! — y dicho eso, salió corriendo del lugar.


El Hatake inhaló profundo, buscando las palabras adecuadas para decirle a su compañero. Pero antes de poder siquiera abrir la boca, notó que este ya se estaba alejando.


— ¡Obito, espera! — el Uchiha paró de caminar abruptamente, y se mantuvo de pie en su sitio, dándole la espalda al más bajo — No te vayas, aún. Quiero hablar contigo.


Inhaló profundo mientras cerraba sus ojos. Para luego voltear, quedando de frente al peli-plata.


— Dime. ¿Qué pasa?


— Seré directo, creo que es lo mejor — le miró un par de segundos, esperando a ver si el contrario decía algo. Al no obtener palabra alguna, continuó hablando — Sé que lo sabes, Obito.


— No tengo idea de qué hablas — contestó, desviando la mirada hacia un lado.


— Claro que la tienes. Sé que sabes que yo... Salgo con Rin — reconoció finalmente.


El Uchiha nuevamente apretó los puños a sus costados.


— ¿Y? — preguntó sin verle — ¿Qué quieres que yo haga? ¿Qué sea tu padrino en tu boda?


El tono frío en la voz del peli-negro sorprendió al Hatake.


Él realmente está molesto — pensó con culpa.


Y tenía razones para estarlo. Después de todo, le estaba quitando a la chica que le gustaba, y eso no estaba bien.


— Lo siento, Obito — susurró Kakashi. El azabache giró su cabeza, dirigiendo su mirada hasta él — Yo... De verdad lo lamento. Sé que ella te gusta, y yo... Lo siento...


— Claro — dijo con sorna — Claro... Ella me gusta — le miró con seriedad — ¿Qué te importa a ti lo que yo sienta?


— Obito, yo... De verdad lo siento — dijo con sinceridad — ¿Qué... Qué puedo hacer para que me disculpes? Lo que sea.


Aunque no se haya notado en su expresión, el Uchiha estaba realmente sorprendido. Era la primera vez que el menor se disculpaba con él. De verdad parecía apenado, y de verdad parecía estar dispuesto a hacer lo que sea solo para obtener su perdón.


— Nada — respondió finalmente — No necesito que hagas nada, Kakashi. Olvídalo ya.


— Pero yo-...


— No. No necesito que hagas nada — volvió a repetirle — Buenas noches.


Y acto seguido dio media vuelta, alejándose a paso rápido del campo de entrenamiento. Él no necesitaba que Kakashi hiciera algo, él mismo podía hacerlo. No creía que fuera tan difícil. La persona que le gustaba no le correspondía, así que solo tenía que hacer que cambiara de parecer, ¿no?


— No te preocupes por lo que hiciste — pronunció en voz baja, una vez estuvo lo suficientemente lejos del peli-plata — Yo puedo cambiar esto solo. Ya verás.