HEATHER | Maitake

Summary

Donde Takemichi ha estado tan hipnotizado con Hina que Mikey muere por dentro. ▪︎Enfermedad de Hanahaki. ∘◦❁◦∘ 12/11/2021 ∘◦❁◦∘

Genre
Romance/Other
Author
Riely
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

Mi amor que florece

¡Comunica cualquier error sin problemas!





"¿Por qué llegué a pensar que me besarías? Ni siquiera soy la mitad de bonito que ella."



Mikey reflexionó que amó demasiado a Takemichi, tanto para hacerse esto a sí mismo y Mikey no lo odiaba.


¿Qué más esperaba? Desde un principio supo que Takemichi no era suyo y le resultó bastante fácil ocultar sus sentimientos; pero todo se había acabado cuando en sus manos descansaba un pétalo blanco con bordes rosas goteantes de sangre y saliva.


Mikey no sabía si reír o llorar y deseó morir de cualquier cosa ¿Por qué tiene que morir por el hecho de no ser amado?





Hanahaki.


Una palabra tan pequeña con un significado enorme.


"Enfermedad en la que la víctima tose flores cuando sufre un amor unilateral. Los síntomas de la enfermedad se resume en dolores fuertes, esas flores crecerán en el corazón y los pulmones para luego vomitarlos." Mikey siguió deslizando su dedo por la pantalla "Por favor, si lo sufre sugiero que acuda a profesionales, la extirpación quirúrgica es la única opción de salvarlo. Mejor prevenir que curar."


Manjiro ha leído antes sobre la enfermedad de Hanahaki, a Mikey le intrigaba la forma en la que el cuerpo humano arrojaba pétalos dependiendo de quién lo portara y los sentimientos que cargaba. Sin embargo, jamás imaginó que le pasaría a él. Menos que fuera una enfermedad que estaba lista para asfixiarlo.


Si lo pensaba, probablemente tuvo que haberlo visto venir. Todo quedó claro cuando Mikey le regaló una motocicleta gemela a Takemichi, Manjiro se dio cuenta que sus sentimientos por el rubio no eran solo atracción, sino más bien románticos.


Ese mismo día, Takemichi se rió mientras montaba su nueva motocicleta con él. Tuvo que contener las ganas de besarle y beber de sus labios por la abrumadora felicidad.


Mikey conocía las consecuencias y la angustia no tardó en acumularse en su pecho. Takemichi era la persona que más amaba más que a nada, pero Takemichi estaba feliz con una chica que había conocido no de meses, sino de años. Una mujer. Ese fue el punto de partida de la renuncia de Manjiro a hacer o decir algo sobre sus sentimientos en desarrollo. El hecho de que la pareja hubiera estado junta por más de un año, lo hizo detenerse por completo.


La idea de que el otro hombre lo quisiera poco a poco se convirtió en una fantasía estúpida.


Se preguntó a sí mismo que si tal vez hubiera negado sus sentimientos, entonces no estaría vomitando pétalos rosas que tenía ahora en su baño.


Para su mala suerte leves golpes se sienten desde la puerta, es Emma quien está del otro lado.


—¿Mikey? Llevas al menos treinta minutos allí adentro ¿Estás bien?


Manjiro volvió a escupir en el lavatorio y observó como los pétalos se acumulaban en la rendija donde se filtraba el agua. Hizo una mueca ante el dolor residual en su pecho y la frotó con una mano mientras usaba la otra para lavar los restos de sangre y mal sabor en la boca. Se pasa la manga por los ojos llorosos y se toma un momento para estabilizar su respiración.


—¡Estoy bien! Solo... — y Mikey se arrepiente de haber gritado. Su voz no solo había fallado sino que está inclinado nuevamente sobre el lavatorio, tosiendo casi violentamente.


Solo bastan tres segundos para que Emma esté sosteniendo la puerta abierta con la mano. Está congelada, viendo como había salpicaduras de sangre no solo en el piso, también decoraban el espejo y el rostro de su hermano mayor.


Manjiro maldijo en voz baja.


—No lo digas.— dice Mikey apresuradamente. En el camino su voz vuelve a romper y siente los ojos acuosos una vez más —Solo... por favor...


Sin pensarlo un segundo, Emma se le acerca solo para rodearlo con unos brazos temblorosos. Las lágrimas nadaron por los ojos de la mujer, nublando su vista y acaricia suavemente las hebras doradas del más alto.


El dolor le adormecía los sentidos y los únicos ecos que se escucha en el baño eran los pequeños hipos que Emma se esforzaba por reprimir.




Teniendo en cuenta que Takemichi y Mikey estaban en la misma pandilla, le resultaba cada vez más dificil pararse en la cima del santuario. Cuando Takemichi le sonríe desde su posición sabe que nada cambió realmente, y eso a Mikey le duele mucho más.


Se esforzó mucho para no cambiar su amistad. Pasaban el rato durante el tiempo libre. Andaban en bicicleta junto a Draken y se burlaban de como Takemichi usaba su gel de cabello.


Mikey pensó que era buena idea engañar a su corazón con esos momentos y se arrepiente de ello. Siempre volvía por las noches con los pulmones más pesados que el día anterior.


—¿Qué es esto? ¿Vas a arrojar flores en un momento como este?— Él rió amargamente antes de elevar la voz y tomar nuevamente su papel como líder.


Una vez que termina la reunión de ToMan, no puede evitar seguir con sus ojos a una cabeza rubia correr a la entrada del santuario donde Hina lo esperaba con unas bolsas. Juró que los ojos de Takemichi brillaban cuando la vió.


—Amigo, ¿Estás enfermo? — Con voz baja y gentil, Mitsuya lo despierta de su mundo —Tu voz se escuchó algo extraña.


—Tal vez. — respondió Mikey. Él evitó su mirada, el tema repentino e incómodo le hacía picar las palmas de sus manos. De alguna manera, logró esbozar la mejor sonrisa que tenía —Supongo que la primavera me traerá resfríos otra vez.


—No tienes remedio. — Resopla para saltarse a reír. No era raro que Mikey se resfriara en primavera, especialmente por los cambios climáticos que eso conlleva, nadie queda absorto de un resfiado primaveral.


—Mantente alejado de mí. No quiero agarrar algún resfriado tuyo. Pensé que iba a morir el año pasado cuando me contagiaste. — Agregó Baji que estaba escuchando la conversación desde las escaleras. Chifuyu, que estaba a su lado, trató de actuar como un tonto pero inmediatamente se arrepintio, Mikey abrió su boca ofendido y eso bastó para hacerlo reír también.


Antes de que pudiera protestar un "Te amo" resopla en sus oídos. Manjiro solo tiene que voltear su cabeza para saber de quién venía y tal vez, solo tal vez, no quiso sentir ese enorme agujero dentro de él.


Estaban de pie a la sombra alargada de los árboles que los cubría del claro de luna. Los mechones dorados de Takemichi no están fijados por el gel que suele llevar por lo que su cabello danzaba cada vez que se inclinaba hacía Hina. Mikey se fundió con ese pequeño movimiento. Se permitió creer que era algo más de lo que realmente era hasta que vio como Hina lo rodeaba con sus brazos y unieron sus labios.


Luego de separarse, Takemichi mira a Hinata como si hubiera colgado la luna, sus ojos azules brillantes con multitudes de amor, y eso corta a Mikey peor que cualquier cuchillo.


Él sabe que es egoísta estar celoso de Hina, después de todo, nunca le ha contado a nadie lo que siente por Takemichi, pero Mikey todavía encuentra ese feo sentimiento de celos arraigándose en la boca cuando los ve juntos.


Su barriga estaba revuelto y sabía que tendría que correr al baño. Cuando estuvo seguro de que ninguno de los capitanes seguía mirándolo, se dio la vuelta y corrió en la dirección opuesta hasta que estuvo firmemente fuera del alcance de sus compañeros. Sentía como si sus pulmones estuvieran ardiendo, absorbiendo humo negro y chispas en la cavidad torácica, y una tos horrible y profunda salió de su garganta. Lo puso de rodillas y no cedió, cada uno de los ataques era peor que el anterior, cada respiración agitada se atascaba en su garganta. La cabeza le latía brutalmente por el esfuerzo y consideró la posibilidad de morir, en ese mismo momento, solo en el suelo del bosque.


El alivio llegó eventualmente, aunque no tan fuerte como la primera vez, cuando algo se desprendió. Lo escupió y se encogió ante el extraño y amargo sabor que le quedaba. Tomándose un momento para respirar de nuevo, cerró los ojos y se secó la boca. Mientras se estabilizaba, hubo, por un breve momento, paz.


Luego abrió los ojos.


En el suelo, frente a él, había unos pequeños pétalos de flores blancos, con bordes rosas y pegados con saliva roja.


Quizás Manjiro pensó que era solo una persona egoísta. O tal vez ya no quería sentir esas agujas clavandose en su corazón una y otra vez. No pudo soportarlo. Probablemente era egoísta porque ¿Como podría odiarla? Hina era un ángel, ella no tenía la culpa de nada, pero por milisegundo deseó que Tachibana Hinata estuviera muerta.




Mikey y Takemichi estaban pasando el rato en la casa de Takemichi. En palabras de este último, Hina pasaba tardes de compras con Emma y Mikey aprovechó la oportunidad para ir a verlo. Mala idea.


Sabía que estaba mal el haber venido. De muchas maneras estaba mal y Manjiro sabía que debería tratar de borrar estos sentimientos de cualquier forma que fuera posible, pero era imposible. No podía cuando los hermosos ojos azules de Takemichi brillaron al verlo llegar, lo amplia que era su sonrisa cuando lo saludó o cómo los músculos se flexionaban cuando le mostraba cómo habia practicado para la siguiente pelea entre pandillas. Mikey no puedo contener su risa.


Puede haya convivido con Takemichi lo suficiente como para saber que solo desea a mujeres y que eso probablemente lo mataría, pero no le importa, sonreía a pesar de todo.


A decir verdad, pudo haber pasado tiempo desde que Takemichi y Hinata se convirtieron en pareja y le dijo a Mikey cuánto lo sentía por no haber pasado mucho tiempo con él ultimamente, pero le restó importancia diciendo "Tienes novia. ¿Quién no querría estar besándose con él las 24 horas del día, los 7 días de la semana?" a lo que Takemichi dejó escapar un resoplido de la vergüenza.


Mikey estaba descansando contra el pecho de Takemichi, viendo la televisión y apreciando este momento con él, y deseando que Takemichi y él pudieran hacer esto todos los días. Takemichi revisaba su móvil, sin dolorosamente ser consciente del corazón palpitante de Mikey y la melancolía que tenía en su rostro.


Mikey sintió apretar alrededor de su abdomen y como si alguien le quitara el aire de repente. Se puso de pie sobresaltado y corrió al baño. Takemichi estaba, por supuesto, sorprendido y conffundido por lo que hizo a Mikey se levantara tan rápido.


Escuchó el golpe y el cerrojo de la puerta del baño, y luego la tapa del inodoro golpeando contra el frente del inodoro. Lo que vino después lo asustó; escuchó a Mikey soltar arcadas y luego vomitar.


—¿Mikey-kun? — Takemichi cuestionó mientras se inclinaba contra la puerta del baño, preocupándose.


No recibió respuesta, Manjiro seguía vomitando. No después de escuchar el inodoro, Takemichi volvió a intentarlo.


—¿Mikey-kun?


—Lo siento, debe haber sido algo que comí antes de venir. — se disculpó Mikey detrás de la puerta. Estaba apoyado contra la pared, y había un regusto amargo, pero dulce, de los pétalos.


—¿Qué comiste? — Preguntó Takemichi.


Mikey no tenía nada más que sus bolsas de dorayakis habitual, pero Takemichi no lo sabía. Procedió a mentir: —No sé, Mitchy. Fui a un local de comida rápida con Kenchin por el medio día y comí tanto que en ese momento pensé que literalmente explotaría.— hizo que su tono fuera alegre, aunque dolía.


Escuchó a Takemichi resoplar y sonrió levemente. Bien, no lo hizo preocupar demasiado.


—Eres un idiota. Ten cuidado con lo que comes, Mikey-kun. — dijo Takemichi con una sonrisa en su rostro, feliz de que la razón de Mikey para vomitar no fuera una amenaza para su vida.


— Sin embargo, sal ya, — dijo Takemichi. —¿O debería derribar la puerta?


Mikey dejó escapar una risa jadeante.


—Sé que no tienes la fuerza suficiente para hacerlo, pero por favor no recojas algún fierro para abrirlo, al menos que estés dispuesto a comprarle una nueva puerta a tu madre. — dijo Mikey y se puso de pie, tratando de mantener el equilibrio. Todavía tenía la sensación de ardor en el torso, pero a pesar de eso, quería mantener feliz a su amigo, incluso si se estaba muriendo.





Manjiro se juró que mantendría todo en silencio. Podría guardárselo para sí mismo. O eso es lo que pensó.


Draken se enteró dos meses después, luego de que Emma lo descubriera.


Desde la mañana en que se despertó, la enfermedad solo parecía haber empeorado. Podía sentir las raíces de las flores retorciéndose con fuerza alrededor de sus entrañas. La sensación punzante que conectaba desde su caja torácica a sus pulmones todavía le resultaba familiar, pero de repente se había ramificado en su corazón.


Estaba en los pasillo de la escuela y tenía que hacerle una pregunta a Draken. Entonces, caminó hacía el salón de clases que Draken pertenecía y Mikey estaba entrando cuando de repente se dobló y los pétalos cayeron de su boca.


Manjiro quería que la tierra lo tragara y jamás lo escupiera.


—¿Qué mierda...? — El más alto miró hacia abajo, sus ojos muy abiertos cuando el sonido de arcadas que soltaba el más bajo hace que todos sus músculos se entremezcan. —Mikey, ¿esto es real?


Claro que era real, especialmente cuando la siguiente serie de toses es seguida por un jadeo que suena sospechosamente como un estertor de muerte, y Draken se mueve de inmediato. Mikey se ve horrible, su piel empapada de sudor de un tono pálido que es casi transparente salvo por los circulos oscuros debajo de sus ojos.


—Kenchin... — trata de hablar antes de toser de nuevo, más pétalos salen. —Duele...


—No hables. — Ordenó, tratando de mantener sus propios sentimientos en margen antes de caer en el desespero, pero es difícil cuando Mikey se ve tan ido.


Todo parece detenerse cuando Mikey expulsa una flor completa, y puede volver a filtrar oxígeno en sus pulmones, es doloroso pero persiste hasta asegurarse que puede volver a respirar correctamente.


—Manjiro — Draken abandona todo tipo de apodo cariñoso y usa su nombre por una vez, decidiendo que en esta situación está justificada. Se gana una mirada bastante desorientada del rubio, y esta vez, cuando todo ha finalizado, Mikey se desploma sobre el pecho de Draken, completamente exhausto. —, ¿Qué diablos es esto?


—Yo... — hablar luego de escupir flores era difícil. —No puedo decirte.


—¿Por qué mierda no? — Draken explotó. —¡Esto me dice que estás teniendo un puto amor no correspondido, y lo único que necesitas hacer para detenerla es decirle a la persona tus sentimientos! ¿Por qué diablos estás aquí cuando podrías haber evitado esto? ¿¡Por qué estabas encondiendo esto todo este tiempo!? ¡¡Te estas muriendo, Majiro!! — Draken sonaba preocupado y herido, apretaba tanto sus puños que sus nudillos estaban blancos.


—No, no es... tan fácil como tú lo crees.


—¿Quién es?


—Ken...


—Dime quién mierda es. Lo golpearé para que te ame.


—Es Takemitchi — dijo en voz baja. —, si se lo contaba, tanto tú como yo sabríamos que saldría peor de esto. Y además, no le agrado de esa manera. Tiene novia y todo.


Draken, por primera vez en la experiencia de Mikey, se quedó sin palabras. Casi se dejó caer en el piso cuando claramente tenía la mente tambaleándose.


—Lamento haberte gritado — dijo luego de un largo silencio. —, solo estoy asustado. No quiero perderte, y sé que lo haré si no sacamos esto de tu sistema. Estoy tan enojado porque no puedo hacer nada al respecto.


El corazón de Mikey dio un vuelco. Por mucho que le encantara pasar tiempo con su mejor amigo, se dio cuenta que no fue muy útil tratar de ocultar su hanahaki.


—Y yo siento haberte lastimado, Kenchin. — Susurró el más bajo, como divagando. Su voz era tranquila. Draken respiró profundamente mientras lo escuchaba. —Todo este tiempo quise cargar mis problemas solo, creí que de esa forma nadie saldría herido.


Draken toma una bocanada de aire pero no se aparta para golpearlo como creía Mikey que lo haría cuando causaba problemas innecesarios. Refuerza el agarre y lo aprieta levemente contra su pecho.


—No me asustes así nunca más.




Draken y Mikey se encuentran en la habitación del último nombrado.


Compartieron silencio durante varios minutos antes de que Draken hablara nuevamente.


—Es un crisantemo rosa. — Mikey asiente con la cabeza y su mejor amigo siguió deslizando su dedo en la pantalla. —simboliza la fragilidad de un corazón roto.


Con solo escuchar eso, Mikey ciertamente supo que estaba en el infierno.


Es algo extraño en que pensar ¿Amar implicaba el dolor? Estaba seguro que no. Estaba seguro de que si el amor no dolía como lo estaba haciendo ahora y no estaría tomando analgesicos que Draken consiguio para él. Lo último que quería era ser vulnerable y, sin embargo, Takemichi logró colarse en las gritas de su corazón roto y plantar sus raíces.


—¿Dice algo más?


Draken negó con la cabeza y volteó a mirarlo.


—No puedes seguir tosiendo flores para siempre, Mikey. — Y tiene razón. Su condición se había vuelto cada vez más peor, los petalos se han vuelto mas frecuentes y demasiado afixiantes. Draken y Emma se dieron cuenta de esto. Incluso él lo notó.


Estos últimos días, Mikey se había negado a pasar ratos con Takemichi, manteniendose lejos para que su Hanahaki no actue de nuevo. Aparentemente tampoco funcionó como la vez que intentó engañarse. Claramente sin importar que tan alejado este de él, sigue haciendo efecto, todavía lo hace como cuando piensa en el chico. Inevitablemente vomita flores en plena floración.


Takemichi claramente parecía entristecido por el rechazo por parte del rubio, pero se siente aliviado de que no lo cuestione. Su amor por Takemichi crecía día a día, sin importar el dolor que le causaba su enfermedad.


—Sabes Kenchin... planeaba confesarme hace un tiempo —Dice Mikey, sin preocuparse de que se vea patético frente a él porque las lágrimas se empiezan a acumular. —Para arreglarlo de una vez por todas. Pero finalmente me encontré en medio de la calle, mirándolo pasar tiempo con otra persona. No quería asumirlo porque tal vez, solo tal vez, eran simplemente amigos. Pero se tomaron de las manos y un río de flores creció en mi garganta como si no fuera suficiente para hacerme ver que él no era para mí.


Mikey siente su estómago revolver y presiente que vomitará otra vez.


—Duele, Kenchin. Duele y ninguna cantidad de analgésicos puede adormecerlo.


—¿Y sabes qué es peor? — Manjiro gime cuando siente que un ramo de flores se avecina, no puede evitar poner sus manos alrededor de su garganta en señal de falta de aire. Ken entra en pánico y corre a Mikey.


Draken mira impotente a Mikey sufrir, con las manos en puños y las uñas clavándose profundamente en la piel de su palma.


A medida que Mieky se siente aliviado, mira a su mejor amigo con su rostro lleno de lágrimas y se obliga a sonreír.

—¿Esas flores? Son hermosas ¿verdad?. Pero no florecen y nunca florecerán porque nunca tendré a mi amor. Así que permanecen en este constante estado de dolor para siempre.


Mikey niega con la cabeza, de repente recordando algo.


—Pero eso no quiere decir que quiera que se sienta mal. No, nunca. Prefiero alejarme para siempre antes que hacer que se sienta culpable. Supongo... Supongo que solo quiero sentirme triste por un tiempo. A veces, actuar que estoy bien puede resultar muy agotador.


Y Mikey no se arrepiente de lo que dice, los pétalos y flores pueden escupirse. Si sabe que va a morir. Al menos puede hacerlo estando enamorado.




De vez en cuando hay riesgos involucrados que complican las cosas.


A veces, Mikey no puede reprimirse. A veces, la falta de aliento es inesperada. En clase, en el santuario, algunas veces en el baño. Manjiro no puede apartar la mirada del charco rojo que lo rodea en este momento, pero a veces, puede sentirlo venir. Puede estimar cuándo se manifestará la opresión en su pecho.


A veces solo deja que fluya.


La burbuja de la risa lo obliga a expulsar sangre, pétalos y su comida sobre su escritorio, y Mikey podría preocuparse por el estado de todo, el desorden, que otras personas puedan ver. Pero nadie lo está mirando. Lo aparta todo, a un lado, los pétalos rosas ensucian su arroz y, a pesar de todo, se ríe.


Es liberador reír, soltarse. No tener que reprimirse cuando realmente quiere, y ahora mismo Mikey realmente quiere hacerlo.


Doblándose, golpeando con el puño en el banco, el pecho agitado por demasiadas razones y las mejillas doloridas por la sonrisa que se ensancha demasiado. Más de lo que está acostumbrado. Más de lo que se permite.


Se ríe, rebosante de energía y felicidad y con el tiempo ni siquiera recuerda qué fue lo que le hizo tanta gracia.


Cuando Mikey levanta la cabeza, las lágrimas se acumulan en sus mejillas y el rubor se aferra a ellas, se da cuenta de que todos los demás en la clase lo miran. Amigos que conoce, personas con las que ha hablado y ninguno de los anteriores. Todo el mundo.


Sonríe desquiciadamente y se traga la idea de seguir luchando y la dureza en la boca a pesar de no haber comido desde la noche anterior.


—¿No es divertido?


El cuerpo de Mikey lo traiciona ante las palabras. Una risita, aguda y ligera y nada que él quiera volver a escapar de su propia boca nunca más, pero los pétalos siguen llegando.


—¡Iré a buscar ayuda!


Y en un momento más, Mikey se ríe y en los siguientes segundos, no sabe nada, no ve nada, no hay nada.


Cuando se despierta, es igual que antes. El rojo entrelaza su visión. Está en la cama, en una cama de hospital, pero no sabe cómo ni cuándo sucedió.


"Quizás hoy tuve suerte de seguir vivo después de todo." Es lo que Mikey piensa.


Draken está sentado junto a la cama. Ni siquiera sabía que hacía aquí y si podía entrar a la habitación. Él está hablando con Mitsuya, pero Mikey todavía no está lo suficientemente consciente para entender las palabras. Todo lo que puede sentir es la confusión, y cuanto más tiempo está despierto, más le duele.


Su garganta arde, el aire se siente seco. Respira, pero no funciona. Duele, y no es suficiente, trata de aspirar aire pero solo le provoca tos que duele aún más, pero se desprende algo .


Atrae la atención de Mitsuya y Draken hacia él, y Mikey traga ese algo en su boca. Mitsuya nunca lo dejaría estar si estuviera realmente enfermo, mucho menos si se llegara a enterar que tiene Hanahaki.


Se necesitan dos segundos de su atención para que el mundo se sienta algo normal. Se le enfría la cabeza, y ni siquiera había llegado a pensar en el incómodo calor en su cráneo a través del dolor ardiente en otra parte, y le pasaron agua helada para beber. Solo así alivia el ardor de su garganta.


—¿Qué pasó? ¿Kenchin me trajo aquí? — En su cabeza, tiene tanto sentido como no lo tiene. Su mejor amigo se encuentra un año menor que él, y lo último que recuerda es la mirada de las personas de su clase, todo el mundo en un estado de shock. ¿Es por eso que Draken está aquí? ¿Draken lo cargó?


—¿No lo sabes? — Mikey intenta mirarlo. Si supiera, no necesitaría preguntar —Te desmayaste. De nuevo. — le dice Draken.


—¿De nuevo?


—Oh no — dice Mitsuya —, su memoria también está siendo afectada.


—Te desmayaste durante el receso y volvió a suceder cuando te cargaba viniendo aquí.


—Yo... me desmayé. —Esto es mucho para despertar. Han aliviado sus dolencias actuales, pero Mikey solo quiere estar solo ahora. La información es demasiada y necesita tiempo para aceptar el hecho de que se desmayó, no en frente de su amigo, claro, sino que una multitud lo vió.


Antes que pudiera hablar, la puerta se abre lentamente y los talones de unos zapatos bañan el silencio de la habitación.


—Lamento la tardanza, ¿Es este el joven Sano Majiro? — Es todo lo que dice un hombre de bata blanca y de baja estatura, está entrando por la puerta y lleva en sus manos unas planillas llenas de hojas. Mitsuya y Draken asienten. —Pediré amablemente que ambos se retiren del cuarto por un momento, luego de hablar el paciente pueden entrar nuevamente.


Por el rostro del médico, las cosas no parecían estar bien.


Y todo lo que Mikey escucha son "malas noticias".





—No creo que pueda durar mucho más, joven Sano. Si se niega a hablar con el causante de su hanahaki al respecto, creo que sería mejor para usted acudir a una cirugía para quitarlas. Han crecido demasiado rápido y aún no sabemos que pueden perforar. La membrana interna de sus pulmones se ve claramente amenazada, puede dejar pinchazos y provocar una extracción de pulmón si es que tiene suerte. En el peor de los casos la sangre traspasará.


El médico está de pie frente a él, con el rostro severo observando su planilla y las radiografías. Su expresión era extraña, una mezcla extraña de su habitual calma profesional y fría y algo que va más allá de los límites de eso, la preocupación real por la salud y el bienestar del chico que esta sentado en la cama.


—Quitar quirúrgicamente las flores es lo más viable hasta ahora, pero tiene efectos secundarios. Daría como resultado que perdieras por completo los sentimientos de amor por la persona y posiblemente incluso perderías todos los sentimientos de empatía. Pero si las flores se han extendido demasiado a otras partes vitales de su cuerpo, puede que sea demasiado tarde incluso para una cirugía.


La mente de Manjiro da vueltas mientras lucha por comprender lo que acaba de escuchar. Sus ojos se agrandan pero no se enfocan en nada en particular, la mirada vacilante se fija en las mantas sobre su regazo mientras sus manos se aprietan y aflojan repetidamente.


Es algo extraño en lo que pensar. Si está de acuerdo y acepta la cirugia, finalmente logrará ese alivio que tanto anhela, el alivio... Le diria adiós a esos pétalos que lo atormentan constantemente, amenazando con derramar sus labios cada vez que piensa en él .


Puede acabar con su dolor y su sufrimiento. Se librará de la enfermedad que lo ha acosado durante estos largos tres meses. Pero tendrá que pagar un alto precio por ello: el precio de su amor.


No recordará cómo siempre ha mirado al rubio con tanta adoración, una sonrisa apareciendo en su rostro cada vez que el otro se le acerca. No recordará cuánto le encanta el brillo de esos hermosos tonos zafiro similares a las aguas cristalinas de la playa. No recordará cómo disfrutó tanto de sus comidas juntos, contándole innumerables historias, algunos hechos interesantes, sonriendo, pero una vez todo hecho no recordará nada.


¿Vale la pena vivir solo para olvidar sus sentimientos por Takemichi?


No. En absoluto.


No puede permitirse el lujo de olvidarlo.


No puede.


No.


No quiere olvidar.


Preferiría morir antes que abandonar eso.


—Lo siento. No me someteré a la cirugía.


El hombre de bata blanca suspira y asiente lentamente, cumpliendo los deseos del joven.


—Muy bien.





Es de noche cuando salen del hospital y regresan a casa. Mitsuya se excusó temprano sobre que debía volver por sus hermanas, cocinar y acomodar la casa antes de que su madre llegara. Majiro pensó que el peli lila es un hijo y hermano ejemplar.


Antes de irse, había apartado un poco del cabello rubio de Manjiro de sus ojos. El chico lo miró entre los mechones desordenados que aún quedaban. Se sintió tan debil ante los ojos de Mitsuya que lo miraba preocupado.


—Creo que sé lo que está pasando contigo. — murmuró despacio, aún desenredando mechones rebeldes, alguno que otro pegados por la sangre seca de la mañana.


Casi dolía lo mucho que parecía preocuparse por él. Mickey mantuvo sus labios en una línea recta. Nunca había expresado sus sentimientos por Takemichi abiertamente. Entonces saber que Mitsuya será el segundo en enterarse, no está seguro de cómo decirlo.


Mitsuya esperaba pacientemente, su mirada no era intensa como para sentirse incómodo. Pero si sabía que no había forma de escapar.


—¿Quién es?


—Es Takemichi. — Susurró Mikey.


Mitsuya no se veía sorprendido como él esperó que estuviera.


—¿Sabe cómo te sientes? — Preguntó. Simplemente sus ojos seguían cayendo sobre él y Mikey no tiene las fuerzas suficientes como para rechistar.


—No, y siendo sincero, tampoco quiero que lo sepa.


—Puedes hacerlo. Parece difícil o imposible. Pero Takemichi se preocupa por ti, y esos sentimientos podrían agrandarse. Entonces no tendrías que operarte y tendrías a la persona que amas. - dijo Mitsuya.


Mikey no tuvo el corazón para señalar que Takemichi era definitivamente heterosexual. Y que la vida no siempre resultará como a él le hubiera gustado que ocurriera.


—No me voy a operar, pase lo que pase. — suspiró Mikey.


—Podrías morir, si no lo haces. ¿Lo sabes bien? — Preguntó Mitsuya acercándose más al joven y frunciendo el ceño. Mikey evitó el contacto visual y asintió brevemente con la cabeza. No había nada más que decir al respecto. Mitsuya apretó la mandíbula mientras lo miraba. Pero no había nada que pudiera decir, y podía ver eso en el rostro de Mikey.


Estaba decidido a arruinarse.


—Al final, todo el mundo sabrá que estoy enfermo. ¿Puedes por favor no decírselo a Takemichi? Sabes que sería... Sabes lo malo que sería si supiera que es la persona que amo.


Desafortunadamente, Mitsuya lo sabía.


Cerró los ojos y asintió con la cabeza.




Pah, inevitablemente, se entera. Y porque Pah se entera, Peh-yan se entera. Y porque Peh-yan se entera, Smiley se entera. Y porque Smiley se entera, Angry se entera. Y porque Angry se entera, Hakkai se entera. Y cuando Hakkai se entera...


Todo el grupo se entera.


Excepto Takemichi, por la pura fuerza de voluntad de Mitsuya. Y de tal vez interrumpir groseramente una conversación entre Hakkai y Chifuyu de la que Takemichi estaba al alcance del oído. Mitsuya solo puede arrastrarlos a ambos por la oreja lejos del último nombrado.


Se necesita todo en Mikey para que no se le salga un 'Te lo dije', pero se necesita aún más en Mikey para quedarse esa noche en el santuario cuando por un infierno quiere volver a casa.


—¿Estás bien? — Pregunta Takemichi, chocando con él cuando estaba a punto de dejar el santuario.


—Oh, lo estoy. — Mikey sonrió, sintiendo la oleada de crisantemos en su garganta y la familiar sensación de picazón y ardor en la parte posterior de sus amígdalas mientras trataba de irse. —Mejor que nunca.


—Es solo que... — Takemichi dijo suavemente, agarrando su manga. —No hemos salido en un tiempo. Estoy preocupado.


Podía sentir que su respiración se atascaba ante el contacto y respiró hondo para tratar de actuar con normalidad, ganar tiempo y escapar. Takemichi no se merece esto.


Takemichi no te ama.


—Oh, no... no lo hemos hecho. — Manjiro no quiere pasar el rato. Prácticamente podía oír cómo se aceleraba el ritmo de su corazón.


No, no, no.


Mejor distanciarse él antes de que...


—Pero ¿Podemos pasar el rato mañana y hablar de cosas, Takemitchy?


La sonrisa que ilumina el rostro de Takemichi es suficiente para que Mikey se trague los pétalos que se arrastraban por su garganta. Realmente se estaba quedando sin aire, no esta muy seguro de cuánto tiempo podría contener la respiración para permanecer y actuar con normalidad. ¿Qué diablos estaba pensando? Debería distanciarse de Takemichi para no lastimarlo.


Pero Takemichi nos hace sentir que está bien respirar de nuevo, argumentó su corazón. Queremos a Takemichi.


—Tenía la esperanza de que pudiéramos pasar el rato hoy, pero entiendo que si estás un poco... ¿ocupado? — El rubio hizo un gesto extraño, jugando con sus dedos. —Pero mañana está bien. Yo... realmente no he podido verte a menudo desde entonces.


—Desde que me han dado la paliza, sí. — Le recuerda Mikey. En contexto, Mikey se excusó de manera terrible ante Takemichi cuando preguntó sobre lo escuálido que se volvió su cuerpo.


Eventualmente comenzó a perder peso con el paso del tiempo. Bolsas negras aparecian debajo de sus ojos, el rosado de su boca ahora es pálido, y su temperatura corporal es como un invernadero en pleno verano.


Draken le explicó a ToMan que la última pelea había sido demasiado invasiva para Mikey. Desde luego, Takemichi también cree que conocer a Izana fue un gran impacto para el rubio, especialmente enterarse que es su medio hermano y que lo odiaba de pies a cabeza. Que lo quería muerto.


Tiene muchas ganas de toser.


—Yo... sé que estás preocupado. Por eso hablaremos mañana. Confía en mí. — Y a pesar del dolor que está destrozando sus pulmones, toma las manos de Takemichi, deteniéndolas por el momento. —Estoy bien.


Esa fue una gran y jodida mentira.


Pero al mismo tiempo... no lo fue. Porque Takemichi siempre lo hace sentir mejor, como un bálsamo para el dolor. Una droga que sabe que debería de amortiguar su sufrimiento.


Takemichi escaneó su rostro, observando todas y cada una de sus partes, antes de decidirse a mirarlo a los ojos.


Y durante un largo rato, sostuvo su mirada. Porque estaba diciendo una verdad parcial. Con Takemichi, él estaba bien. Y él lucharía contra cualquier cosa que pusiera un poquito de autodesprecio en su voz cuando mencionaban cosas malas de Takemichi.


—¿Hice algo mal? — Preguntó el de ojos azules.


—No, no... — No estás haciendo nada malo. Me equivoco. Esto... esto no está bien. Nada de esto lo es. De cualquier manera pierdo. Lógicamente y emocionalmente, pierdo. Ambos perdemos. —Solo necesitaba algo de espacio para procesar todo.


Antes de que Mikey pudiera reaccionar aún más, el rubio fue arrojado sobre Takemichi en un abrazo, apretándose contra él.


—Mikey-kun, sabes que puedes contar conmigo ¿sí? Con nosotros, los chicos. — El abrazo se apretó. —Me preocupo por ti. Tú eres mi mejor amigo.


Mejor amigo.


Mikey no se movió en el abrazo, demasiado atrapado en el dolor y el alivio que la recorría en oleadas, una a la vez, tratando de ver cuál prevalecía.


—Está bien.


El dolor prevalece, y con su experiencia de meses, Mikey se las arregla para enviar a Takemichi a su hogar respectivamente, conducir a casa y encerrarse en el baño escondiendo el dolor que apuñalaba su corazón. Vomita, llora y solloza.


Se presenta a la cita para almorzar al día siguiente con una sonrisa y le enseña a Takemichi cómo sacar peluches en las maquinas de garras, como Draken le había enseñado anteriormente.


Mikey también esconde los pétalos blancos y rosados en la espuma de sus bebidas y cada vez que Takemichi desaparece al baño Mikey solo quiere gritarle '¡Date cuenta! Ámame... por favor ' pero las palabras mueren en sus labios; ahogado por pétalos que recubren su lengua de un amor que nunca será devuelto.


Los clientes y las camareras la miran con lástima, pero ella niega con la cabeza.


Su reputación es grande y aterradora. Él no necesitaba la lástima de otros como un niño pequeño.


Pero aún así, todos agacharon la cabeza, apiadandose del pobre chico.


Y él solo quiere echarse a reír cuando hacen eso porque las lágrimas se acumulan.




Había escuchado a una adolescente hablando de Hanahaki como si fuera algo romántico. La tragedia de un amor no correspondido, tan fuerte que te devoraría por dentro solo porque te enamoraste de la persona equivocada.


No es romántico, es injusto.


Ahora tiene que limpiar capa de pétalos de cubría su cama, rociados de rojo y cubriendo la totalidad de la superficie. Esto sería difícil de ocultar, tendría que encontrar una manera de quitar los pétalos y limpiar la sangre que ahora manchaba sus sábanas y partes del piso de madera.


"No puedo. Mikey-kun ambos somos...


Ambos somos hombres."


Incluso en sus sueños su mente se había vuelto en su contra. Mikey estaba seguro de eso.





Mikey no había ido al templo en estos últimos tres días, no ha salido de su habitación en tres días, ni siquiera cree que Takemichi se haya dado cuenta de que no ha estado allí. Demasiado atrapado con su novia, la chica que Mikey sabía que conseguiría porque Takemichi es demasiado agradable, demasiado divertido, demasiado hermoso y demasiado él .


Se ríe para sí mismo, se ríe hasta que comienza a llorar y hasta que su risa comienzan a sonar más como sollozos y sus risitas se sienten más como lágrimas y está temblando por el dolor en su corazón.


Se agarra el corazón, rasga la tela, tira, esperando que haga algo para que deje de doler tanto.


Pero nada lo hace.


Mikey lanza su teléfono al otro lado de la habitación cuando varías notificaciones inundan el chat grupal que solo era conformado por los capitanes de la ToMan.


Takemitchy ♡:"¡Compramos un juego de anillos!"


Aterriza en su cama suavemente, más suave de lo que él quería. Aterriza y ve cómo se enciende la pantalla y ve el mensaje y sabe que sigue siendo Takemichi y quiere llorar, agarrarlo, llamarlo y gritarle, pero no lo hace. Se contiene y se enrosca en una bola, tose otra flor y se sacude.


Se sacude, de un lado a otro y no puede detenerlo.


Mikey vuelve a gatear hacia su baño, se encorva sobre él, mira las flores y la sangre que las llena.


Enjuaga todo una vez paran de venir, enjuaga por segunda vez para deshacerse del resto de petalos que sus labios en sus mejillas, pero se enjuaga por tercera vez para ahogar las flores que acaban de brotar una vez más.


Se limpia la comisura de la boca, tose un par de veces, vuelve a vomitar un poco, pero esta vez ni siquiera se molesta en enjuagarse. Las flores rebasan el inodoro, cayendo al suelo.


Al menos son bonitas, piensa, y toma uno con los dedos. Está temblando, se da cuenta, y su piel está pálida y blanca.


Hay un golpe en la puerta, le hace darse cuenta de que nunca la cerró, no sabe quién podría estar allí, no sabe quién está entrando. No es como si pudiera detenerlo, de todos modos.


La puerta hace clic y se abre, y Mikey los oye dar un paso, dos, tres, y de repente Emma es todo lo que puede ver y siente ganas de llorar de nuevo y lo hace, Emma simplemente cae de rodillas frente a él.


—Oh, Mikey...


Y Mikey se permite llora frente a su hermana.


Llora más de lo que lo ha hecho en años.


—Emma... — intenta, envuelve sus brazos alrededor del cuello de la mujer, y esconde su rostro contra su pecho.


—Emma, duele. Duele mucho.


Emma no dice nada, ni siquiera sabe por dónde empezar. Mira las flores por todo el suelo, las cuenta hasta que llega a treinta y ya no puede seguir enumerando.


Abraza a Mikey con más fuerza porque no sabe qué más hacer excepto abrazarlo más fuerte.


—Emma ya no puedo hacer esto. Duele.


—Está bien, Mikey. Está bien. — dice, pero traga. No sabe cuánto de eso cree, no sabe cuánto dolor debe tener Mikey para toser tantas flores.


Frota la espalda de Mikey en círculos, lo deja llorar en su suéter.


—Todo irá bien.


════ ∘◦❁◦∘ ════


No, nada irá bien.


Su amor en espiral por Takemichi que no muere está llegando a su fin.


Justo cuando una flor dentro de él estaba a punto de matarlo.


Su respiración dificultosa que dolía, su tos que pintaba los tejidos de rojo, acercándose al borde de la muerte con solo pensar en el hombre que amaba y que nunca le devolvería el amor.


Ha intentado dormir esta noche en un intento de consuelo pero sus ojos se abrieron de golpe en la oscuridad mientras se levantaba rápidamente con las palmas de las manos, tosiendo y farfullando mientras pétalo tras pétalo llovía de sus labios. Jadeó mientras se sostenía sobre el borde de la cama.


Muy pronto, las lágrimas brotaron de sus ojos. Cuando comenzó a llorar convulsivamente, el aire se volvió demasiado denso para tragar, y respiró desesperadamente entre sollozos, con el corazón temblando con destellos fríos y calientes de culpa.


Nunca se sintió tan vacío, nunca sintió que le doliera tanto el corazón.


Y él sabe por qué su respiración es pesada, y los hermosos crisantemos yacen en sus manos ensangrentadas mientras vomita todas y cada una. Él solloza en voz alta, en su habitación, y desea que él lo amara.


Llora porque le duele, porque su amor no es correspondido y porque él no lo ama. Solloza en sus manos y desea que el dolor simplemente se detenga.


Es horrible y él lo sabe, pero el dolor de garganta nunca se secará. Él lo sabe; y eso es lo único en lo que puede pensar.


Está de pie en un intento de ir al baño, pero al levantar la cabeza puede ver que se ve terrible. Se ve horrible, y él lo sabe y eso hace que sus sollozos continúen.


Mikey poco a poco se tiende en el suelo, debilitado. La muerte lo había envuelto en un abrazo frío. Apenas tiene energía para girar la cabeza hacia un lado y volver a vomitar, esta vez más sangre que flores. Cada inhalación es una lucha, lo que demuestra el poco tiempo que le queda. Mikey jura que puede sentir las enredaderas enroscadas alrededor de sus pulmones y corazón. Más toses lo sacuden, pero no brotan flores. En cambio, se siente como si algo estuviera creciendo en su tráquea y bloqueando su aire. Su cabeza cae patéticamente hacia atrás sobre la madera, y algo de sabor repugnante llena su boca, seguido de una enredadera que separa sus labios. De su boca brota una impía cantidad de hermosas flores. La sangre gotea por los lados de su rostro.


Aun así, su corazón palpitaba de dolor. Incluso en la muerte, estaba dolorido. No había nada que lo consolara en sus últimos momentos.


Exhaló su último aliento, con el corazón apesadumbrado por el dolor y la pena.


Su voz, silenciada en su vida, pronunció sus últimas palabras.


Sus ojos, en blanco y rojos, miraban el sol naciente mientras las lágrimas corrían por su rostro.


Sus oídos, que sumbaban, se bloquearon.


Finalmente, su alma, agotada y cansada del mundo, puso fin a sus aflicciones.



El mundo se había apiadado de Sano Majiro. A su muerte, el sol salió lo suficiente para bañar al chico moribundo tendido en el suelo. El viento pasaba por la ventana, esparciéndo los pétalos dentro de su habitación. Los pájaros alrededor no cantaban, lamentando la muerte.


El cuerpo de Mikey eventualmente empezó a descomponerse poco después de su muerte. El cuerpo se convirtió lentamente en un enriedo de ramas y flores pequeñas flotando por la habitación.


Todo lo que quedaba de vida de su cuerpo es un crisantemo cerrado que posaba en la punta más alta de la enredadera.


Entonces los cálidos rayos lo envuelven, y finalmente la flor florece.





Si llegaste hasta aquí ¡Gracias por leer Heather!


Ha pasado un tiempo desde que he escrito un one shot y no supe exactamente por dónde empezar. Este one shot es el resultado de otros cinco one shot Maitake que aún tengo en borradores. Espero algún día publicarlos. 🥺


Lamento ese final abrupto, siempre quise que Heather fuera un one shot por lo que tuve muchas complicaciones, al final, este one shot tiene más de siete mil palabras y quería publicarlo.

A la hora de corregir, me di cuenta que tenía varios ¿huecos? Si es que puedo llamarlo así. Por lo que aclararé en este apartado:


• Emma no presiona a Mikey a decirle quién es su amor unilateral. Por lo que Draken es la primera persona en saber que es Takemichi el Hanahaki de Mikey.

• Hinata iba a ser la antagonista de esta historia, pero eso significaba alargar el fanfic y tengo bastantes problemas con mantener historias largas.

• Originalmente los crisantemos rosas simbolizan la fragilidad de una relación amorosa. Solo cambié el significado, la flor me parecía hermosa para no usarla y dije "Nah, ya qué" y sucedió.

• La canción esta basada el Heather de Conan Gray, peeeero durante 74 horas (no es joda) estuve escuchando Dancing With Your Ghost de Sasha Alex Sloan. Al final me terminé inspirando gracias a esta última. Aún así decidí mantener a Heather como idea principal e título de igual forma.

• Cuando decidí la muerte de Mikey, no podia sacarme una frase de la cabeza: "No le tienes miedo a la muerte, tienes miedo de la forma que vas a morir." ¿Mikey tenía miedo a su forma de morir? Y la respuesta es sí. Creo que nadie quiere sufrir un dolor tan fuerte como es la destruccion de organos y el ahogamiento antes de morir. Aún así hasta el último momento de su vida no se arrepintió de amar a Takemichi.

Hasta aquí la historia, nuevamente, muchas gracias por leer y por todo su apoyo. ¡Nos leemos en la próxima!


~ Riely.