Capítulo Único
Te escuche llegar y sentí cuando te sentaste a lado mío, fue cuando sus pulmones sacaban el aire, temí que ese momento fuera el final, sin embargo con una ráfaga de aire me hiciste entender que era tiempo, su tiempo, por unos momentos me resistí a la idea, pero su tiempo acababa, con cada exhalación.
Entonces pensé en aquellas veces que viniste de visita y me dolieron mis cicatrices.
Recordé aquella primera vez que te conocí, yo no era más que una niña, supongo que no querías asustarme, porque en el aire escuche una melodía triste pero, siendo honesta, me tranquilizo, en aquel tiempo pude verte, supongo que es cierto que en la niñez se es más perceptivo. Aunque al inicio sentí susto, éste fue remplazado por curiosidad, lo que me ayudó percatarme que aquella melodía venía de ti, estabas cantando, avanzaste y pasaste por mi lado, rozándome con tu túnica, pensándolo ahora, se sintió como el roce de una nube, aquellas de color oscuro que se forman cuando esta a punto de llover.
Su canción se intensificó al sentarse en aquel sillón, supongo que entendí la presencia de aquella visitante, porque aquel sonido hizo que se me encogiera el corazón, serían los pulmones de mi padre los que esa noche emitirían su último suspiro.
A lo largo de los años hemos tenido otros encuentros, al crecer ya no pude verte, incluso a veces no sentí tu presencia y fue hasta oír esa canción que me percataba de lo que estaba por ocurrir. En ocasiones de ésta apenas escuchaba un susurro, pero si algo he aprendido es que ese sonido es un arrullo de cuna, para quienes llegas a recoger y un aviso para aquellas personas que nos quedamos, una ultima oportunidad.
Respecto a ti he tenido toda clase de pensamientos, desde el creerte cruel, hasta el considerarte desalmada por separar corazones, pero hoy comprendo que en realidad eres compasiva y eres bondadosa, sin embargo eso no me hizo sentir más lista para decir adiós, a pesar de que había llegado el momento de decirlo una vez más. Pensé que en éste punto la experiencia, me lo haría más fácil, pero no.
Al oírlo inspirar de forma trabajosa me trajo cierto alivio que se esfumo cuando te oí empezar tu canción, al tiempo que se formaba un nudo en mi estomago, cuando salí de aquella habitación seguí escuchándote, conforme pasaba el tiempo y caía el manto de la noche, se fue intensificando tu nana.
Cuando fue hora de ir a dormir, sabía que la música terminaría al llegar la mañana.
Con un beso en la frente, aceptaba que era nuestra despedida final.
Resignada escuche tu canción hasta dormirme, entre sueños te seguí oyendo, hasta que llegó aquel silencio sepulcral, entonces desperté. Fui al encuentro de un cuerpo, pero él ya no estaba, de alguna forma sentí que aun estabas ahí y quise negociar, incluso reclamarte, a sabiendas de que sería en vano, mi corazón llegó al entendimiento de que era lo que tenía que pasar.
Me sentí adormecida y lloré, aquello no me consolaba, porque mi sol se había apagado, cuando el alba despunto, vi unas pequeñas alas abrirse en vuelo, en ellas reconocí su amor y observé como su despedida iluminaba el día. Entonces supe que si bien ya no lo encontraría leyendo en su sillón, si sabía observar estaría en los colibríes, el sol de la tarde y en la luz de las velas.
FIN.