1- the beginning
Sano Emma, la hermana menor de tres hombres, se casó con el mejor amigo de Mikey. Al principio Mikey e Izana no quisieron que se casara con aquel chico de nombre Ryuji Ken, el tatuado trabajaba con el mayor de los hermanos en una tienda de motos y no lograría darle a Emma los lujos con los que había vivido durante tantos años.
Shinichiro, el mayor de todos, parecía el más razonable y sensato en esta situación; Emma fue criada lejos del bajo mundo de la mafia, los tres Sano vivían en un mundo lleno de sangre para que su hermana menor viviera en un mundo color rosado, incluso su apellido fue cambiado para que pudiera tener una adolescencia normal y pudiera hacer amigos -mismo que desconocían la verdad tras esa sonrisa de inocencia que la rubia siempre tenía- Imaushi Wakasa fue quien tenía la tutela de la chica, según los falsos papeles pero la realidad era otra, le dio su apellido a su cuñada para poder protegerla de aquellos quienes podrían querer hacerle daño al estar vinculada con Bonten.
Pero volviendo al tema, Emma y Ken -o Draken como solían decirle- deseaban estar juntos.
Shinichiro fue él primero en aceptar, y no fue una amenaza por parte de su esposo ¿Cómo creen? Eso sería una locura ¿Un mafiosos siendo controlado por su marido? Imposible. Mikey e Izana aceptaron a regañadientes, su hermana se veía feliz y Draken siempre la trataba como una reina.
Era de esperarse que ambos terminaran casándose, parecía un cuento de Disney donde el final feliz siempre está ahí sin importar lo demás. Los años pasaron y llegó a sus vidas un pequeño ser de cabello negro y ojos ámbar que fue nombrada Ryuji Hanaku, un pequeño sol para todo Bonten.
Pero los cuentos de Disney sólo te cuentan un final feliz, te dejan con la idea de una vida perfecta donde la muerte no acecha.
Fue a tres meses de que aquella linda niña cumpliera su primer año, una noche lluviosa donde la bebé yacía en la parte trasera del auto -en un pequeño asiento para niños que Izana le había regalado- su llanto era sonoro y Emma intentaba todo para apaciguarlo.
Draken manejaba un poco ansioso por el lloriqueo y el sonido de la lluvia al caer fuertemente en el auto no ayudaba.
—Cariño, ponte el cinturón por favor— pidió el hombre, golpeando suavemente los muslos de Emma, pero la rubia hizo caso omiso a la petición de su esposo, estiraba su cuerpo para alcanzar a tocar la frente de su hija y descartar que tuviera fiebre. Pensando que esa sería la causa del lloriqueo.
—Amor, creo que si tiene fiebre. Deberíamos ir al doctor— habló con preocupación, Draken suspiro y al no ver carros cerca suyo decidió girar su cabeza para ver a su esposa e hija.
Después de eso, solo había llanto y el sonido de un claxon sonando junto a la lluvia, el olor a hierro era causado por la sangre de ambos adultos, Draken no despertaba y Emma yacía muerta.
La noticia no fue bien recibida por nadie, Draken era un hermano para los Sano y había perdido a la pequeña princesa de Bonten.
Izana se rehusó a ver cómo estaba la bebé, simplemente no podía ver esos ojos amarillos sin pensar en su difunta hermana; Shinichiro estaba de la misma manera, cuidó de Emma desde que era una bebé y ahora la había perdido sin haber sido capaz de decirle una última vez lo mucho que la amaba.
Entonces, ahí está, Ryuji Hanaku en una incubadora con varios tubos que le ayudaban a respirar. Las heridas no fueron tan graves y la cirugía fue un éxito, se veía tan pequeña y frágil que a Mikey le daba miedo si quiera respirar cerca de esa pequeña niña.
Un hombre alto de cabello cenizo rubio sería el encargado de cuidarla, un líder de la mafia cuidando de una bebé ¿Era una broma? Ni siquiera podía cargarla por miedo a romperla, era una pequeña muñeca de porcelana ¿Cómo lograría tan hazaña?
—Que linda eres Hana-chan, ya veras que pronto iras a casa con tu familia y no tendrás que seguir usando esos molestos tuvo. Tu puedes princesa—
La voz de un chico lo sacó de sus pensamientos, un azabache con mala vestimenta que veía la incubadora y tocaba la pequeña mano de la infante, los ojitos amarillos estaban abiertos y brillando como piedras preciosas. Empezó a toser y llorar, el tubo le molestaba y -según la explicación que le habían dado los doctores- eso era una buena señal, estaba respirando por su propia cuenta.
El azabache gritó el nombre de algún titular pero nadie venía, se colocó unos guantes y con lentitud retiró aquel tubo, examinó a la pequeña con rapidez mientras anotaba algunas cosas en unas hojas.
—Que fuerte eres, tus heridas están casi curadas y ya respiras por tu cuenta...tal vez un paseo te ayudaría, espera aquí— habló nuevamente mientras tiraba los guantes a la basura. Mikey observada todo desde el sillón que estaba en la esquina de aquella sala donde más bebés yacían luchando por su vida, sonrió un poco al ver como el azabache regreso con un chupon nuevo para entregárselo a su sobrina y con delicadeza cargo a la pequeña —Yo soy Hanagaki Takemichi, pronto seré cirujano para bebés como tú. Así que debes recuperarte y venir más grande para que te de dulces ¿De acuerdo?— las pequeñas manos de la niña se levantaban con dificultad, intentando tocar el rostro del interno. Una risita se escapó de esos pequeños labios, una risa que hacía sentir un calorcito a Mikey en el corazón.
—Mi sobrina te quiere— habló por fin el cenizo mientras camina hacia ambos azabache, los ojos azules lo vieron por primera vez y una sensación que creía haber sentido solo por sus hermanos se hizo presente cuando el chico le sonrió dulcemente.
—Es una niña fuerte, se portó muy bien en la cirugía— habló con dulzura, Mikey pudo notar unas ojeras debajo de esos zafiros ¿Qué tan difícil podía ser estudiar para cirujano? Parecía cansado y aún así estaba cargando a Hanaku como si todo estuviera bien.
La niña volvió a reír, soltando su chupón por completo.
—Creo que le gustas— volvió a repetir, la sonrisa de Takemichi seguía presente por el halago, pero Mikey no estaba halagando sus habilidades con los niños —Tengo que cuidar de ella...no se mucho sobre sus gustos pero ahora se que le gustas— okey, la conversación ya estaba siendo rara para el azabache, los padres solían limitarse a llorar y rara vez le hablaban pero el cenizo parecía distinto —Y cómo le gustas, ahora me perteneces.
—¿Qué?— soltó con diversión, creyendo tontamente que lo decía de broma. Mikey iba a decir algo pero su teléfono sonó y simplemente salió a contestar la llamada —Lo dice de broma ¿verdad?— la bebé río ante la pregunta preocupada del chico, aquel hombre era un tanto intimidante y era unos centímetros más alto que Hanagaki.
Era lindo, pero daba miedo.

Revolviendo a describir, por mi bien de mi historias








