Capítulo 1
Golpes fuertes y rápidos sonaron en su puerta repetidas veces, no sabía qué ocurría pero no le interesaba por más que se acabara el mundo afuera, ella quería seguir durmiendo. Entreabrió sus ojos y notó que aún estaba oscuro, ¿era de madrugada o ya estaba por amanecer? No sabía con seguridad por lo que se acurrucó más en su cama con un pequeño quejido, estaba fresco y sentía que había dormido menos de una hora.
Su comodidad no duró mucho tiempo, su puerta se abrió estrepitosamente y las sábanas fueron quitadas a la fuerza por más que se resistiera, abrió los ojos rápidamente en busca del culpable y vió como este solo caminaba fuera de la habitación riendo levemente. Con enojo miró su reloj de escritorio y vió la hora, 1 a.m. Realmente mataría a alguien si se le cruzara en frente en aquel momento. Se puso de pie tomando un abrigo, el frío no era una broma aquella noche y por más que estuviera molesta no saldría sin abrigarse. Caminó refregando sus ojos para despertar mejor y fue hacia la sala donde vió a un hombre un tanto regordete y pequeño arreglar unos bolsos junto a un chico alto, al cual conocía bastante bien.
— ¡Has decidido despertar! Rápido ve a arreglarte, si no salimos ahora se nos hará tarde. - Dijo el hombre moviéndose por toda la sala.-
Con extrañeza, la chica miró al más jóven y este solo le sonrió de forma burlesca sin darle respuesta alguna, el chico sabía que él la había despertado y que era el causante de aquella mirada asesina que estaba sobre él ahora.
— Disculpe señor Diggory, pero ¿dónde iremos a estas horas? -Preguntó confundida tanto por haber despertado hace poco como por no entender lo que sucedía.-
La familia Diggory era como su segunda familia por lo que de vez en cuando pasaba los veranos ahí. Su hermana mayor quien cuidaba de ella trabajaba como Aurora por lo que era bastante común que la llamaran para trabajos en distintas partes del continente y el mundo. Actualmente se encontraba en Estados Unidos por lo que le pidió el favor a Amos de recibirla en el verano, después de todo el hombre quería mucho a la chica por ayudarlo en el ministerio además de haber cuidado a Cedric en sus primeros años en Hogwarts.
— La copa mundial de Quidditch, Eri. Literalmente hablaste de eso todo el verano. -Le contestó Cedric, el hijo de Amos, con quien se conocían desde que la chica llegó para su primer año.-
En el rostro de Erika llegó la realización, claro, ¿cómo no lo había pensado? Era obvio pero...la hora de despertar era absolutamente ridícula.
— Sí, claro, pero son...la una de la madrugada, la final es literalmente mañana.
— Tenemos que llegar hasta allá en un traslador y el traslador está muy lejos, debemos ir caminando. -Explicó el mayor de los Diggory perdiéndose camino a un cuarto de utensilios.- ¡Erika no te veo arreglando tus cosas!
Rápidamente y un poco asustada la nombrada corrió a su habitación por su bolso y ropa. Erika era una persona un poco desordenada cuando se trataba de meter cosas a un bolso a última hora como cuando tenía todo el tiempo del mundo. Trató de buscar la mejor ropa que podría pasar desapercibida como vestuario de Muggle y se la colocó, una vez en el baño se miró en el espejo, su cabello castaño oscuro estaba totalmente desordenado, le llegaba un poco más abajo de los hombros ya que se lo había dejado crecer después de un horrible corte que su hermana le había hecho en su tercer año. Miró las ojeras bajo sus ojos azules, estaban terribles pero seguramente cuando descansara mejor desaparecerían. Se hizo una rápida coleta y tomó su mochila rápidamente.
Cuando salió a la sala el señor Diggory llevaba una gran mochila de camping lleno de todo lo necesario para acampar. La chica no pudo evitar sentirse un poco mal cuando notó que Cedric y ella llevaban solo una mochila.
— ¿Llevas todo? -Preguntó Cedric antes de salir.-
Erika asintió lentamente.
— Señor Diggory, ¿no necesita ayuda? -Preguntó la menor un poco preocupada.-
El hombre volteó y le sonrió amablemente a la castaña.
— No te preocupes, pequeña. La mochila tiene un encantamiento expansor, llevamos todo lo necesario aquí. ¡Ahora vamos, tenemos un largo camino! -Dijo el hombre abriendo la puerta siendo seguido por los dos jóvenes.-
La caminata fue larga, caminar por un bosque no era lo más cómodo pero era bastante silencioso, el ruido ambiental siendo el crujir de las ramas bajo sus pies y el viento fresco hacía que se relajaran a medida que avanzaban y el tiempo pasaba. Después de unas tres horas caminando decidieron descansar para comer un poco, el señor Diggory mencionó que se juntarían con los Weasley para ir juntos en el traslador, después de todo él y Weasley padres eran amigos muy cercanos del trabajo.
— ¿Todo bien chicos? No sé si estás acostumbrada a largas caminatas, Eri. -Habló el señor Diggory una vez retomaron la caminata.-
Erika miró a Cedric quien trataba de aguantar la risa provocando que la chica rodara sus ojos, ambos eran parte del equipo de Quidditch del cual el chico era capitán y veía los entrenamientos, por lo que aquella caminata era equivalente al precalentamiento que les hacía hacer cada semana.
— Su hijo es bastante estricto cuando se trata de entrenamientos de Quidditch, después de ganarme un castigo de recorrer el campo a pie 30 veces esta caminata se siente como volar en escoba. -Dijo a su vez golpeando el brazo del chico quien devolvió el empujón y se llevaron así por unos largos minutos.-
La relación de ambos era como de hermanos, cuando la hermana de Erika los presentó en unas vacaciones de verano ambos conectaron rápidamente. Cedric disfrutaba la compañía de la menor puesto que siempre quiso tener un hermano o hermana pequeña, por su parte, Erika disfrutaba la compañía del chico porque era alguien más cercano en edad y le tenía bastante confianza para hablar de ciertos temas. Al ser de la misma casa compartían los mismos valores y conocían a casi la misma gente, Cedric era más popular y sociable al contrario de Erika quien sin saberlo era popular dentro de la escuela pero no era una fanática de socializar fuera de su círculo de amigos.
Se detuvieron a descansar cuando eran aproximadamente las siete de la mañana, esperarían a los Weasley allí. Cedric y Erika caminaron por los alrededores observando la naturaleza, el bosque era grande pero no frondoso, era algo simple y con árboles altos en su mayoría. La menor comenzó a mirar las plantas silvestres que crecían y los pequeños insectos pasar, las hormigas subían por los árboles en un perfecto camino recto hasta quien sabe donde, otros pequeños bichos voladores recorrían los alrededores al igual que los pájaros que tenían nidos en algunos de los árboles que ahora los rodeaban.
— ¿Carrera para ver si eres más rápida que una hormiga? -Retó Cedric a su amiga quien lo miró como si hubiera dicho lo más estúpido del mundo.-
— No puedes ser más rápido que una hormiga, Ced. -Erika rodó sus ojos pero el aire se le fue de los pulmones cuando sintió como repentinamente jalaban su ropa chaqueta y los pies se le despegaban del piso.-
Cedric había subido el árbol y logró subirla desde una de las ramas sin ningún problema, el chico era fuerte, con un solo brazo la dejó sentada en la rama mientras seguía subiendo soltando una carcajada al ver el rostro asustado de la castaña.
Desde su no tan cómodo asiento en la rama logró ver un grupo de gente acercándose, sabía que eran los Weasley, Ron estaba en su mismo año y los gemelos estaban literalmente por todos lados además de conocerlos por el Quidditch. Cedric bajó lentamente hacia donde estaba ella, vió como Amos saludaba a Arthur y notó que no eran solo los Weasley sino que también Hermione Granger y Harry Potter. Erika debió suponerlo, los tres eran inseparables como si fueran las tres cabezas en el cuerpo de un cancerbero. No pudo evitar reírse de su propia comparación.
— ¿No vas a saludar? -Preguntó Cedric a su lado mirando a los hombres conversar y los chicos con caras de sueño.-
— Ve y saluda tú. -Murmuró Erika mirando a las personas con quien comparte año sin intenciones de bajar.-
Cedric sonrió maliciosamente y levemente pellizcó las costillas de Erika haciendo que pegara un salto y cayera al piso fuertemente a vista de todos ganándose miradas preocupadas por parte de Harry, Ginny y Hermione, y miradas burlonas por parte de los gemelos y Ron. A su vez Cedric cayó de pie como si nada hubiese pasado al lado del cuerpo derrotado de su amiga.
— Ah, supongo que ya deben conocer a mi hijo Cedric. -Dijo Amos mirando al chico para después mirar a Erika quien se ponía de pie limpiando su ropa.- Ella es Erika, Erika Frukke. Ambos Hufflepuff.
Los gemelos miraban a Diggory y Frukke con un poco de recelo, el año anterior habían perdido el partido de Quidditch contra Hufflepuff después del incidente de Harry con los dementores y la tormenta. Cedric era el capitán y buscador, Erika la golpeadora. El trío de oro conocía a la Hufflepuff solo de nombre y cara, compartieron clases con ella más de una vez años anteriores pero nunca tuvieron una conversación fuera de un ‘Hola’ y un ‘gracias’.
— ¿No tuvieron problemas para llegar? -Preguntó Amos cuando comenzaron la caminata todos juntos.-
— Vivimos cerca así que fue bastante aceptable. ¿Qué hay de ustedes? -Preguntó Arthur.-
— Nos levantamos a las 2 para poder caminar tranquilos, el bosque nos quedaba más lejos. -Comentó el señor Diggory mirando a los dos chicos a su cargo para luego mirar a los jóvenes que iban junto a Arthur.- ¿Todos tuyos?
Cedric y Erika rieron, era bastante obvio que Harry y Hermione no eran parte de los hermanos Weasley pero Amos era un poco distraído en ese sentido.
— Solo los pelirrojos, el chico de lentes es Harry y la chica es Hermione, ambos amigos de Ron. -Explicó Arthur a su vez que los mencionados saludaban con un movimiento de cabeza.-
Amos se sorprendió al ver a Harry y se acercó a él rápidamente.
— ¿Harry...Potter? ¡Es un placer conocerte muchacho! -Exclamó con felicidad apretando la mano del chico.-
— Igualmente señor. -Respondió amablemente un poco sacado de onda ante tanta emoción.-
— Cedric y Erika me comentaron que jugaron contra ti el año pasado, ¡les dije que harían historia por derrotar a Harry Potter!
Los mencionados se sintieron un poco incómodos ante lo dicho por Amos, Cedric y Erika se miraron incómodos entre ellos y luego miraron a Harry quien caminaba a su lado pero un poco más alejado, se notaba un poco confundido e incómodo.
— Harry se cayó de la escoba, papá. -Masculló Cedric suspirando.-
— Y de gran altura. -Agregó Erika recordando aquel día.- Cuando corrí a socorrerlo ya estaba inconsciente, pensé que estaba muerto.
— Bueno, pero ustedes no se cayeron y lograron ganar. ¡No sean tan modestos chicos!
Erika miró al trío de oro disculpándose un poco incómoda, ese día Cedric pidió repetir el partido pero no se le fue permitido, los Gryffindor quedaron más molestos y la mayoría de los Hufflepuff se sintieron un poco incómodos por haber ganado de aquella manera.
La conversación se dio por terminada gracias a un silencio necesario. Caminaron un poco más llegando a una colina, allí, una bota en muy malas condiciones los esperaba.
— Es un traslador. -Le dijo Erika a Harry y Hermione quienes miraban curiosos el objeto.- Espero no hayan comido mucho antes de venir.
Los dos amigos la miraron confundidos mientras se acercaban a la bota. Arthur dió las instrucciones y cuando la hora llegó todo comenzó a girar, gritos se escucharon por parte de los Weasley y sus dos invitados, algo totalmente nuevo para ellos.
Una vez llegaron a su destino todos cayeron bruscamente al piso, incluyendo a Erika, quien cayó al lado de Hermione y Harry que se veían un poco adoloridos y mareados. Al mirar hacia arriba vieron a Arthur, Amos y Cedric llegando tranquilamente al suelo. Erika rodó sus ojos y se puso de pie ayudando a Hermione a ponerse de pie a la vez que Cedric ayudaba a Harry.
—Gracias. Ahora entiendo por qué dijiste eso. -Habló adolorida la chica haciendo que la otra riera suavemente.-
— La primera vez que usé un traslador vomité. -Admitió un poco tímida Erika arrepintiéndose inmediatamente cuando vió la cara de espanto de Hermione y Ginny, quien se había unido a su lado.- Uh...
Frukke se alejó rápidamente de allí sintiéndose estúpida, nunca había sido buena socializando con gente de otras casas. Granger se veía tan difícil de hablar, no sabía si era porque la chica tenía un gran carácter o simplemente porque Hermione era bastante expresiva de rostro y era obvio cuando algo le incomodaba o no le interesara. Llegó junto a Cedric quien la miró curioso pero le restó importancia.
Después de caminar unos metros lograron ver todo el alboroto y celebración que había en el lugar. Música, artistas, y demás podían ser vistos entre toda la gente que caminaba por aquel gran campo lleno de tiendas, banderas de los países en competir, y demás cosas decorativas. Cuando llegaron a cierto punto, las dos familias se separaron en busca de sus respectivos lugares reservados después de despedirse. Los Diggory y Erika llegaron a una especie de tienda que por fuera lucía bastante normal, a lo lejos se lograba ver un bosque el cual no se podía distinguir la profundidad pero sus árboles eran bastante altos. Amos dejó sus cosas y salió a hablar con un muggle que se les había acercado, después de todo, la final de Quidditch se hacía cerca de un camping muggle.
Erika dejó sus cosas y se estiró en su cama.
— ¿Cómo lo haces para socializar sin problemas? -Preguntó Erika al chico que ahora estaba en la cocina guardando comida.-
— ¿A qué te refieres? -Preguntó curioso mirando a la chica.-
— Hablé con Granger y la mini Weasley sobre el traslador, lo primero que le dije fue que vomité y-
Erika fue interrumpida por la risotada de Cedric burlándose totalmente de ella. El sonrojo de vergüenza comenzó a subir desde su cuello hasta la punta de sus orejas, su amigo se reía de su estúpido intento de hablarle a gente al igual que lo hacía su hermana, sabía que no lo hacían con malas intenciones pero no dejaba de avergonzarse. No dijo nada más y tan solo le lanzó una almohada a Cedric la cual atrapó sin problemas ya calmando su risa.
— Perdón...es que...-Hablaba tratando de calmar su respiración.- ¿Hablas seguido con ellas en la escuela?
— La única vez que hablé con ellos tres fue cuando Harry casi muere en el partido de Quidditch. Granger y Weasley me agradecieron por haber ido a ayudarlo.
— No puedes hablarle de vómito a gente que no pasas de las tres palabras. -Aconsejó el chico.- Seguramente se rieron.
— Sí, de mí. -Agregó la chica frustrada.-
— ¿Por qué mejor no vas a buscar leña o algo? Iré por agua antes de que papá llegue. -Dijo tomando una tetera.-
Con un gruñido Erika se puso de pie y buscó algo en qué llevar la leña para dirigirse al bosque donde seguramente todos estarían buscando leña. Una vez allí caminó por el lugar mientras recogía ramitas lo suficientemente secas como para que fuese fácil prenderle fuego. El bosque era bastante oscuro, si miraba hacia atrás podía ver todo el campo lleno de tiendas de campaña y gente caminando preparándose para poder ver la final. Llenó una caja mediana con ramas y bajó hacia donde se encontraba la tienda de los Diggory. Mucha gente pasaba por su lado, debía esquivarlas con dificultad puesto que era un poco difícil llevar la caja ya que era un tanto pesada. En su caminata lograba escuchar conversaciones, habían muchos extranjeros de todos los lugares del mundo y estudiantes de Hogwarts con sus familias. Pasó por una tienda y de reojo vió un rostro familiar, detuvo su caminata y retrocedió unos pasos para fijar su mirada y distinguir quien era.
— ¿Ernie? -Murmuró cuando vió una cabellera rubia y un tanto desordenada.-
El chico estaba sentado en una especie de silla reclinable con los ojos cerrados, cuando escuchó una voz sus ojos se abrieron con curiosidad y su rostro se iluminó cuando vió de quien se trataba.
— ¡Eri, no sabía dónde encontrarte! -Dijo el chico con una sonrisa poniéndose de pie para abrazarla.-
Ernest, o Ernie, Mcmillan era uno de los amigos de Hufflepuff que Erika tenía. Junto a tres personas más formaban un grupo el cual era bastante cercano. El chico era alto, rubio, delgado y su sonrisa hacía que un pequeño hoyuelo se formara en su mejilla derecha.
— Mi familia trajo a Justin con nosotros, su madre lo permitió. -Dijo con total emoción el chico.- Las chicas están con sus familias ahora pero tenemos asientos juntos, ¿viniste con los Diggory, no?
Erika asintió dejando la caja de leña en el piso.
— Llegamos con los Weasley, Harry y Hermione están aquí también.
Ernie se sorprendió al oír quienes se encontraban allí.
— ¡Increíble! Realmente toda la escuela está aquí, juré haber visto a Dean de Gryffindor y a Cho de Ravenclaw cuando veníamos para acá.
Erika aprovechó de descansar un poco sus brazos conversando con Ernie. El chico comentaba sobre una conversación con alguien extranjero que tuvieron sus padres, tal parecía que aquellas personas le preguntaron a su madre sobre una locación, pero al no entender mucho dió instrucciones vagas. ‘No sé de dónde eran pero sonaban asiáticos.’ Le había dicho la madre quien trabajaba en el extranjero bastante seguido en nombre del ministerio de magia. Ambos ahora estaban sentados en aquellas sillas reclinables, Erika contó sobre su verano y como su hermana mayor le había enviado postales de Brasil.
— Mandó unas fotos también, ¡Castelobruxo realmente está en una especie de selva! Además...-Sus palabras se cortaron cuando vió al trío de oro pasar caminando con unos baldes de agua, los dos grupos se saludaron con un movimiento de cabeza y la vergüenza comenzó a llenar a Erika cuando sus ojos se posaron en Hermione quien la miró apretando sus labios como si fuese algo incómodo.- Por Merlín...qué vergüenza. -Se quejó la chica hundiendo sus rostro entre sus manos cuando los Gryffindor siguieron su camino.-
— ¿Qué? ¿Por qué? -Preguntó Ernie extrañado mirando de reojo las espaldas del trío de oro.-
Erika le contó la conversación que había tenido con Hermione y Ginny sobre el traslador, haciendo un enorme enfoque en el rostro horrorizado de ambas chicas ante la mención del vómito. Al igual que Cedric, Ernie rió con una carcajada tan fuerte que logró que la gente de las tiendas aledañas voltearan asustados aumentando el nivel de vergüenza en la chica.
— ¡Cierra la boca! -Exclamó Erika golpeando suavemente los hombros de su amigo.-
— Perdón...sé que no hablas mucho con la gente de ese grupo, Hermione no puede escuchar cosas así sin sentir asco. ¿No recuerdas como casi vomita en la clase de herbología con el jugo fétido?
Erika comenzó a recordar, en aquella clase Ron y Harry quedaron cubiertos de jugo fétido luego de que Neville pasara a llevar la planta de aquella clase sin querer. Hermione estaba al lado de ellos y su rostro comenzó a verse verde gracias a las náuseas que estaba sintiendo.
— Ah, cierto. -Dijo con un poco de arrepentimiento pero ahora guardando esa información en su mente.-
— Tranquila, seguro no lo menciona. -Tranquilizó el chico para luego apretar sus labios tratando de aguantar la risa.- Frente a ti porque seguramente Weasley y Potter ahora lo saben. -Soltó rápidamente y riendo fuerte logrando que Erika rodara sus ojos.-
— ¡Vete a la mierda Macmillan! -Se quejó Erika molesta con su amigo pero divertida, lo golpeó en el hombro y se alejó tomando la caja de leña para ir a la tienda de los Diggory.-
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El lugar estaba repleto, los asientos que Amos había conseguido habían sido de los mejores. Cedric y Erika veían como el hombre saludaba a cada persona que pasaba con un estrechón de manos y presentándolos con cada uno. Estaban un poco más atrás de la baranda que limitaba los asientos, trató de buscar a sus amigos pero no encontró a ninguno cerca, solo a los Weasley y los Malfoy quienes estaban un poco más allá.
La voz del ministro de magia se hizo notar minutos después dando por comenzada la gran final de Quidditch. El hombre comenzó a presentar las mascotas de los equipos empezando por Bulgaria, los búlgaros habían decidido llevar Veelas para entretener al público. Cedric y Erika se miraron de reojo con una sonrisa apretada al ver a las bellas mujeres entrar al campo de Quidditch ovacionadas por, su gran mayoría, hombres. Cuando se retiraron Erika sintió un poco de molestia, realmente quería seguir viendo a las chicas de cabello dorado seguir bailando y logró escuchar un sonido de desilusión por parte de Cedir a su lado. Casi al instante la mascota de Irlanda entró, dos cometas formaron un arcoíris para luego mostrar un trébol que se elevó sobre las tribunas y dejó caer monedas de oro. Erika se cubrió la cabeza, las monedas caían un tanto fuerte para su gusto.
El equipo de Bulgaria fue presentado siendo el centro de atención Viktor Krum, su buscador.
— Una vez me gradúe quiero enfrentarme a él. -Le dijo Cedric a Erika mientras aplaudían emocionados.- Es increíble que solo sea un año mayor que yo y ya juegue en un equipo nacional.
El público estaba vuelto loco por Krum, pero la euforia aumentó una vez el equipo de Irlanda fue presentado. Los equipos se paseaban cerca de los asientos aumentando la emoción y asustando un poco a todos. Erika y Cedric gritaban con cada gol y jugada que cualquiera de los equipos hiciera, Krum volaba con una velocidad increíble y de la emoción Frukke tenía los puños apretados a medida que gritaba emocionada con los goles. Cuando Krum atrapó la snitch Erika y los Diggory se abrazaron de la emoción y gritaron juntos cuando Irlanda se dió como vencedor gracias a su puntaje haciendo que Krum atrapando la snitch solo hubiese servido para terminar el partido..
— ¡De verdad no esperaba algo así! -Exclamó Erika viendo como Irlanda recibía la copa.-
— ¡Siempre espera lo inesperado en este tipo de competencias, Eri! -Respondió Amos con una gran risa y alegría.-
Los Diggory bajaron para salir del estadio junto a la multitud, debido al ruido los oídos de Erika parecía que estuviesen dormidos, pero sentía que realmente valía la pena después de aquel partido tan maravilloso. Caminaron junto a la multitud a las afueras del gran estadio donde el partido había ocurrido, en el camino se encontraron con los Weasley nuevamente y ambos hombres decidieron juntar las familias para celebrar. Al oír aquello Cedric golpeó suavemente a Erika en forma de burla sabiendo que esta maldecía internamente por tener que seguir viendo a Granger y Weasley después de humillarse.
— Señor Diggory, ¿puedo ir con mis amigos? Están a unas tiendas más allá. -Dijo Erika cuando se acercaban a la tienda de los Weasley.-
— Oh, no veo problema alguno, Eri. Vuelve antes de medianoche, por favor. -Aceptó Amos con una sonrisa.-
Erika asintió y sacándole la lengua a Cedric se fue bajo la mirada de algunos de los Weasley.
Llegó a la tienda donde había visto a Ernie, al entrar sonrió en grande cuando vió a la gente que no veía desde que se habían despedido en el andén 9 ¾ sentados en la mesa, sobre esta banderines tanto de Irlanda y Bulgaria, caramelos, bebidas y las infaltables tarjetas de ranas de chocolate. Ernie movía sus manos frente a él mientras comentaba algo sobre el partido y frente a él estaba Hannah Abbot una chica alta, rubia y delgada, compañera de habitación y mejor amiga de Erika, ordenando sus tarjetas de aquellos caramelos. A su lado Justin Finch-Fletchley, un chico de cabello negro y corto levemente ondulado,quien miraba y asentía cada palabra que decía Ernie con un brillo en los ojos, el muchacho era hijo de Muggles lo que significaba que todo era bastante nuevo para él. Frente a Justin estaba Susan Bones, una chica pelirroja de cara redonda quien se mantenía en silencio viendo al rubio hablar cada vez más fuerte de la emoción. Y fue ella quien notó la presencia de Erika primero.
La pelirroja volteó y su sonrisa apareció ocupando todo su rostro poniéndose de pie para abrazar a Erika con fuerza. Aquello llamó la atención de los otros chicos quienes confundidos siguieron con la mirada a donde Susan corría sorprendiéndose al ver a su amiga de pie.
— ¿Cómo supiste que estábamos aquí? -Preguntó Susan separándose del abrazo a medida que los demás se acercaban.-
— Me encontré con Ernie después de buscar leña, conversamos un poco y asumí que estarían aquí. -Erika se encogió de hombros aún sonriendo.-
— Seguramente escapaste de Granger y Weasley. -Mumuró Hannah ganándose una mirada incrédula por parte de Erika y una risotada por parte de Justin.- Perdón, Ernie nos contó.
La ojiazul miró seriamente a Ernie quien levantó sus manos hasta los lados de su cabeza en señal de rendirse.
— No te preocupes Eri, seguramente ni siquiera lo recordarán mañana. -La tranquilizó Susan para luego mirar mal a Ernie.-
— Lo dudo...-Murmuró Justin mirando hacia otro lado para no conectar su vista con los ojos asesinos que tenía Erika en el momento.-
Los cinco amigos se sentaron en la mesa comentando el partido, el que más tuvo que decir era Justin quien quedó asombrado con lo increíble que era el Quidditch profesional a comparación de cómo se jugaba en la escuela. Hannah comentó sobre cómo había intercambiado tarjetas de ranas de chocolate con estudiantes de otros países y estaba más cerca de terminar la colección sacándole en cara a Ernie quien fingía que no le importaba. Susan se mantuvo en silencio riendo y apoyando su cabeza en el hombro de Erika.
La conversación se había vuelto un debate entre Hannah y Ernie sobre el estúpido rumor de que Snape en verdad era un dementor en secreto. Hannah estaba a favor pero Ernie trataba de convencerla de que, por más que vivieran en un mundo mágico, eso era totalmente imposible. El tema quedó en segundo plano cuando Erika vió la hora en su reloj de muñeca, ya casi era medianoche por lo que debía volver con los Diggory.
— Debo irme, el señor Diggory me pidió volver antes de la medianoche. -Comentó con un poco de tristeza Erika poniéndose de pie.-
— Oh, está bien. -Dijo Justin mirándola con un pequeño puchero.-
— Si no nos escribes le contaré a Padma lo del vómito para que lo comente con Parvati y así Hermione cuente que le hablaste de vómito y te vuelvas la broma interna de esa habitación. -Amenazó Ernie en broma ganándose un golpe en el brazo por parte de Erika.-
— No lo escuches, tu escribe cuando puedas. -Aseguró Susan.-
— Pero si no me llega un informe sobre por qué Snape es un dementor de verdad voy a mandarte bombas apestosas por correo. -Amenazó Hannah con seriedad.-
Susan le respondió cómo eso no era creíble de la forma más amable posible mientras Erika salía de allí lentamente en dirección a la tienda de los Weasley para ver si aún seguían con la celebración. En las tiendas que habían a su alrededor la gente celebraba con alegría, incluso los búlgaros que habían perdido celebraban alegremente bebiendo y comiendo, cantando y abrazándose a medida que cantaban canciones junto a los que apoyaban a Irlanda. Era un ambiente agradable de estar si era totalmente sincera.
Pero se derrumbó en un instante.
Del cielo cayó una especie de rayo oscuro haciendo que una tienda lejana explotara. Debido al ruido y gritos Erika volteó rápidamente con su cuerpo un poco agachado por instinto al escuchar una explosión.
— ¿Qué de...?
Pero no pudo terminar de hablar cuando más y más explosiones comenzaron a escucharse. La gente salió de sus tiendas despavoridas, empujándose entre todos con tal de salir de allí y ponerse a salvo. El mar de gente la empujaba hacia atrás aún cuando intentaba avanzar, necesitaba llegar con los Diggory o aunque sea los Weasley pero estaba muy lejos. Una explosión se escuchó más cerca y tapó su cabeza con sus manos rápidamente, su respiración era agitada y su corazón latía rápidamente gracias a la adrenalina. Volteó en dirección a donde estaba la tienda de Ernie pero la gente era tanta y empujaban con tanta fuerza que había terminado avanzando sin haberlo notado por lo que ya no sabía diferenciar cuál era la que buscaba. En su búsqueda logró distinguir unas luces un tanto verdes y un grupo de magos a la lejanía con sus varitas en alto, el lugar se estaba quemando, los gritos eran cada vez más fuertes, al mirar a su alrededor vió como la gente miraba hacia arriba con horror. Quizás una de las peores decisiones en aquel año fue haber hecho lo mismo, haber mirado a ese cielo casi verdoso sobre ella y ver como cuatro figuras se contorsionaban y desfiguran de una forma bastante macabra. Aquellas figuras eran notoriamente personas y sus extremidades se doblaban como si estuvieran hechos de trapo. Sintió una especie de asco en su estómago y alejó la mirada, si seguía viendo seguramente vomitaría ahí mismo.
La gente corría en dirección al bosque, supuso que los Diggory y los Weasley también irían allí en busca de protección por lo que se dejó llevar. El bosque era bastante frondoso, muchas hojas, ramas y raíces estaban en el piso haciendo cada vez más difícil caminar o correr. Al estar oscuro, Erika no notó cuando chocó con la espalda de alguien quien volteó rápidamente con susto hacia ella. Acostumbrando su vista a la poca luz logró reconocer de quien se trataba.
— ¿Potter? -Preguntó. El rostro de Harry se relajó al notar que no era uno de los magos malvados del camping.-
— ¡Frukke! -Exclamó aliviado Ron levantándose del piso, tal parecía que se había caído.-
— ¡¿Dónde estabas? Cedric salió a buscarte apenas comenzó todo! -Exclamó Hermione preocupada sorprendiendo un poco a Erika por el repentino regaño.-
— Perdón, pero todo se volvió un caos en segundos. Iba a ir a su tienda para así no separarnos. -Argumentó la ojiazul frunciendo el ceño levemente.- ¿Estás bien, Weasley? -Preguntó apuntando con su mentón la tierra en su ropa.-
— Seguramente se sintió como en casa al revolcarse en tierra. -Dijo una voz detrás de ellos.-
Al voltear vieron una cabellera rubia, brillosa y una mirada arrogante hacia ellos. Era Draco Malfoy, un chico de Slytherin de su mismo año quien se veía bastante tranquilo a pesar de todo lo que ocurría. Ron frunció el ceño al igual que Harry, el chico no perdía el tiempo cuando se trataba de insultar a alguien del grupo de Potter.
— No seas idiota. -Murmuró Erika ganándose la atención del chico quien la miró de pies a cabeza sin quitar la arrogancia.-
— No me vengas a hablar de idiotas, Frukke. -Soltó con veneno el apellido de Erika con un transfondo desconocido para los Gryffindor. El rubio luego miró a Hermione y su sonrisa burlesca apareció.- Deberían correr, no quieren que termine como esos cuatro.
Hermione frunció el ceño con molestia y confusión. — ¿De qué hablas?
Draco rió negando con la cabeza.
— Son muggles, Granger. Pero si quieres hacerles el trabajo fácil solo quédate aquí. -Dijo con malicia moviendo sus cejas como si hubiera dicho lo obvio.-
— ¡Cierra la boca! -Gritó Ron enojado a lo que Draco rió.-
— Bien, pero no creas que no saben diferenciar a los sangre sucia entre los verdaderos magos.
Erika frunció el ceño y vió el rostro de Hermione volverse rojo de rabia. Apretó sus puños con molestia, sabía lo pesado que podía ser Malfoy pero verlo actuar contra Granger como si fuera lo más común hacía enojar a cualquiera.
— Piérdete. -Le dijo Frukke bufando ya harta de la situación.- ¿No deberías ir con tus papis? Seguramente están bastante cómodos atormentando a la gente allí abajo.
— Deberías ir con los tuyos, de seguro te recibirán con aprecio. -Contestó inmediatamente Draco sabiendo lo que causaría.-
Un golpe bajo para la Hufflepuff. Apretó sus puños y calmó su respiración cuando sintió su corazón latir rápidamente a causa del enojo.
— Vamos, déjenlo solo. -Escuchó a Hermione y sintió a Harry guiarla con una mano en la espalda curioso ante aquel intercambio.-
Siguieron por el oscuro camino del bosque de vez en cuando pegando saltos debido a explosiones cercanas en el bosque. El ambiente estaba tenso, en primer lugar, los dos chicos estaban nerviosos por lo que había dicho Draco, estaba la posibilidad de que Hermione realmente estuviera en peligro y Justin apareció en la mente de Erika enseguida esperando que su amigo estuviera a salvo lejos de aquellos magos. En segundo lugar, Potter había perdido su varita. Lo vió buscar en cada bolsillo posible que tenía y no estaba, el chico se sentía inseguro y se notaba el doble de nervioso.
Los tres con varitas conjuraron Lumos una vez pudieron relajarse un poco. Caminaron un buen rato sin rumbo fijo hasta que un ruido cercano los hizo detenerse, en modo de defensa se acercaron los unos a los otros lentamente para no revelar sus paraderos mientras las puntas de las varitas se apagaban rodeandolos de oscuridad nuevamente. Luego de unos segundos de tensión vieron una sombra, la respiración de los cuatro se profundizó por miedo y vieron como aquella sombra murmuraba algo para luego ver un rayo verde salir hacia el cielo con fuerza. Con miedo siguieron la dirección de aquello con sus ojos y vieron como el hechizo hacía aparecer una calavera gigante en el cielo la cual era acompañada por una serpiente y en ese instante la chica Hufflepuff sintió su estómago caer.
Antes de poder decir algo escucharon pasos apresurados a sus alrededores y rayos de colores iban en su dirección a la vez que escucharon ‘¡Stupefy!’. Los cuatro se agacharon rápidamente con miedo y gritando cuando escucharon los hechizos chocar entre ellos sobre sus cabezas.
— ¡Paren todo! ¡Deténganse! -Gritó una voz a lo lejos, la cual era reconocible como la del señor Weasley a quien lograron ver que llegaba corriendo junto a Amos.- ¡Están conmigo!
Los cuatro levantaron la cabeza, Ron notó que uno estaba bastante cerca de ellos con la varita a centímetros de su rostro y tragó saliva profundamente. Los cuatro temblaban tanto por el frío como por el miedo, había sido todo tan rápido que no entendían absolutamente nada.
— ¡Apártate Arthur! -Escucharon a un hombre, Erika levantó la vista y vió que era Bartemius Crouch, una cara importante del ministerio de magia.-
— ¡Son solo niños, no sean necios! -Grito esta vez Amos.-
Los cuatro se miraron entre ellos y se pusieron de pie lentamente, miraron a sus alrededores y se sorprendieron al ver que habían docenas de magos que aún apuntaban sus varitas hacia ellos.
— ¡¿Quién de ustedes fue?! -Gritó el Crouch con una furia totalmente notoria.-
— ¿Q-Que cosa? -Preguntó Harry totalmente confundido.-
— ¡¿Quién invocó la marca tenebrosa?!
Amos llegó junto a Arthur frente a los chicos. El señor Diggory abrazó por los hombros a Erika agradeciendo que la menor estuviera viva y a salvo.
— ¡Ninguno de ellos pudo haber sido, hombre! Son solo niños. -Reclamó el señor Weasley.-
Crouch frunció el ceño y apuntó a Harry con su varita.
— ¡Están en el lugar del crímen, confiesen!
— ¡No fuimos nosotros señor, salió de un poco más allá! -Explicó Hermione totalmente temblorosa.-
Algunos magos corrieron donde la chica indicó rápidamente pero Crouch seguía con su mirada acusatoria hacia los menores. Miró a Amos por unos segundos y luego a Erika quien estaba a su lado.
— No sabía que tenías una hija, Amos. -Comentó Crouch.- ¿Quién es? -Preguntó con desconfianza.-
Erika tragó saliva y el señor Diggory respondió con seriedad.
— Erika...Frukke. Su hermana mayor trabaja en el ministerio, señor.
El hombre miró fijamente a la ojiazul, ahora la varita la apuntaba a ella de forma violenta a centímetros de su cuello como si la acusara de algo y estuviera a solo una frase de lanzarle algún hechizo potente a la menor. Erika tragó saliva fuertemente y miró con horror al hombre quien la miraba con su ceño totalmente fruncido y marcado mientras apretaba sus labios con fuerza.
— Señor Potter, ¿la señorita Frukke estuvo con ustedes en ese momento? -Habló, sin mirar a Harry apretando su varita con fuerza.-
El rostro del hombre estaba rojo de furia y su mirada hacia Erika era de desconfianza pura, como si en su mente ya hubiera llegado a la conclusión de que la chica había sido la causante.
— S-Sí señor. -Respondió Harry inmediatamente.-
Crouch bajó su varita con lentitud y miró altaneramente a Erika. — Bien.
Aquel intercambio fue visto por Arthur y los otros tres chicos quienes intercambiaron miradas curiosas, más por parte del trío de oro hacia Arthur quien se mantuvo en silencio mirando a los magos frente a ellos quien seguían a la defensiva. Los magos que habían ido a investigar volvieron con ellos, en la mano de uno había una varita, una conocida por el trío de oro pero más por Harry mientras que a su vez otro mago aparecía arrastrando algo, como si fuera un cuerpo. Era un elfo, o más bien una elfina.
— Winky...-Escuchó Erika murmurar a Harry con incredulidad.-
El rostro de Crouch cambió a uno sorprendido, todos miraban a la elfina inconsciente ahora en el piso frente al hombre. Amos y Erika fruncieron el ceño, esperaban que los del ministerio no fueran tan idiotas como para creer que una elfina pudiese convocar la marca tenebrosa.
— La encontramos con esta varita. -Dijo el hombre entregándole la varita que era de Harry a Crouch.- Todo indica que fue ella.
— Claro que no, ¿cómo una elfina sabría invocar la marca? -Habló Amos encontrando todo eso ridículo.-
Los hombres esperaron a que la elfina despertara para dar su versión y así fue. Una vez despertó comenzó a temblar cuando le pusieron en contexto, explicó totalmente asustada lo que había pasado quitándose totalmente la culpa. En su explicación repitió miles de veces que no sabía usar varitas ni menos convocar la marca tenebrosa, cuando le mostraron la varita a Winky, Harry levantó su mano.
— Es...mi varita. -Habló ganándose la mirada de todos.- La perdí cuando comenzó todo el alboroto, prometo que no sé por qué la tenía ella.
— ¿Y así quieres que no creamos que fuiste tú? -Exclamó un mago apuntando con una varita al chico.-
— ¡Escúchate! ¿Realmente crees que, de todas las personas,éllo haría? -Arthur dijo totalmente incrédulo.-
La discusión siguió, todas las sospechas seguían cayendo en la elfina luego de que se supiera que el último hechizo de la varita había sido la invocación de la marca tenebrosa. Amos se mantenía firme con la inocencia de Winky al igual que Arthur y, para sorpresa de Erika, Hermione también. La Gryffindor, si no fuera porque estaba nerviosa, quizás hubiera estado mucho más enojada defendiendo la inocencia de la pobre elfina. Crouch llegó a la conclusión de castigar a Winky por haberlo desobedecido por más que Hermione hubiese reclamado el mal trato que recibía por parte de él. La varita fue devuelta a Harry a regañadientes de Crouch y Arthur con Amos decidieron llevarse a los chicos.
Una vez salieron del bosque Hermione caminaba con su ceño fruncido y sus brazos cruzados, seguramente molesta sobre la forma en que la elfina había sido tratada por más que se supiera su inocencia.
— ¡Es inocente, no merece que la traten así! -Reclamó furiosa la Gryffindor, Amos asintió ante aquello.-
— No todos piensan de manera tan noble como tú. -Fue lo único que respondió el hombre.-
Cuando llegaron donde estaban los demás Cedric corrió hacia Erika totalmente preocupado.
— ¡Te busqué por todos lados! -Exclamó el chico con sus manos en los hombros de la menor.- Me asusté pensando que te había pasado algo.
— Estoy bien. -Fue lo único que respondió cuando sintió al chico abrazarla con fuerza.
— Arthur, espero no te sea molestia que pasemos la noche con ustedes. -Habló Amos un poco avergonzado.-
— ¡Para nada! -Respondió el hombre.- Erika puede dormir en la habitación de las chicas sin problema.
El hecho de que hubiesen estado al borde de un arresto ministerial, que hubiesen presenciado la marca tenebrosa ser invocada y demás cosas no quitaba que su mayor miedo, en aquel momento, era estar a solas con las chicas y ridiculizarse otra vez. Erika, Hermione y Ginny fueron donde les correspondía dormir en silencio. Donde solo habían dos camas ahora habían tres para mayor comodidad, Hermione y Ginny conversaban en una de las camas una vez Erika volvía de lavarse la cara, cuando entró fue recibida por las miradas de las chicas y un tanto intimidada rápidamente fue a la cama que le correspondía para acomodarse y dormir. Ginny se puso de pie para acercarse a ella lentamente.
— Tus amigos están bien. -Le dijo haciendo que la chica rápidamente levantase la mirada.- Uno de ellos se nos acercó en el bosque preguntando por ti, habló demasiado rápido pero supe que hablaba de ti.
Erika río suavemente, ese definitivamente había sido Justin.
— Gracias, Ginevra. -Respondió cortésmente Erika.-
— Por favor solo dime Ginny, mi nombre completo es como si mi madre me regañara. -Sonrió la pelirroja dándose la vuelta dejando ver a Granger mirarla desde su cama.-
Hermione la miraba con una expresión algo contenida, Erika le devolvió la mirada un poco curiosa, se veía como que quisiera decir algo pero no supiera cómo.
— Gracias...por enfrentar a Draco en el bosque cuando me insultó. -Habló finalmente un poco tímida.- Sé que no hablamos en la escuela y aún así lo intentaste callar. Valoro mucho eso.
— Es lo que una persona civilizada haría. -Contestó la Hufflepuff rascando su cabeza nerviosa.- Uno de mis mejores amigos es muggle, Draco también se burla de él y se burló cuando lo petrificaron en segundo año.
— Ah...Justin, ¿cierto? -Erika asintió y Hermione sonrió.- Hablamos cuando nos despetrificaron, es agradable.
— Lo es, pero una vez le das cuerda no se queda callado. -Dijo con una risa la ojiazul haciendo reír a la castaña también.-
La conversación terminó ahí, ambas sabían que si intentaban forzarse en hacer conversación para calmar los nervios iba a resultar en incomodidad. Todos se fueron a dormir inseguros sobre lo que pasaría, con miedo, pensando que en cualquier momento volverían los mortífagos y los matarían a todos. No había ningún tipo de seguridad en el ambiente pero volverían a la escuela y todo estaría bien, estarían seguros de cualquier tipo de ataque que estuviese relacionado a quien no debe ser nombrado y su séquito de mortífagos.