Capítulo 1

El día estaba hermoso, el cielo estaba de un perfecto azul y la ventisca fresca como si estuvieran en temporada de verano. El muelle le daba una vista perfecta del mar y de la ciudad, pero lo que más llamó la atención fue la gabardina negra que colocaron suavemente sobre sus hombros y Akutagawa pudo darse cuenta de lo que estaba pensando, pero no hizo nada al respecto así que solo se quedaron en un necesitado pero cómodo silencio hasta que el azabache tuvo la oportunidad de hablar nuevamente.
– Entonces, ¿cuál era tu nombre? – lo miró a los ojos, intentaba ser amigable con sus acciones para no ponerlo incómodo
– Jinko.
– No, me refiero al verdadero – corrigió el mafioso
– Soy Nakajima Atsushi.
Titubeó un poco antes de voltear y devolverle la mirada, ahí se dio cuenta que esos colores segmentados en sus pupilas hacen un mejor contraste con las luces neón, pero no pudo negar que a plena luz de día también eran curiosos. Akutagawa se sobresaltó un poco cuando el bailarín nocturno le tomó de la muñeca, apretándola con tanta convicción que le abrumó el hecho de que exista alguien así pese a que eso no le parecía nada extraño, pero si bastante llamativo.
– ¿Y el tuyo? No parece que tengas un nombre normal – pestañeó curioso
– Soy Ryunosuke Akutagawa, pero puedes llamarme como quieras – comentó sin un ápice de coquetería, pero el contrario lo tomó de una forma diferente.
Se abstuvo a soltar otro comentario y volvió a mirar al horizonte, pensando que la vista es tan pacífica pero inquietante al mismo tiempo y en ningún momento se atrevió a soltarle la mano. Atsushi por el contrario empezó a jugar con los botones de la prenda algo ansioso hasta que esta fue abotonada con destreza por los dedos de pianista del azabache y rápidamente volteó a verlo confundido.
– Hace algo de viento y te metiste al agua fría, puedes enfermarte – se excusó con las orejas rojas.
– Bueno eso fue divertido, creí que no era el único que hace locuras en el muelle – por su respuesta desenfadada estaba seguro que iba a burlarse de él –. ¿Es por mi ropa, no es así?
– Para nada, no me fijo en eso.
– Que, considerado de tu parte, pero será mejor que te relajes un poco, no voy a molestarme si dices que si – río suavemente, daba la impresión de que solo quería molestarlo
Akutagawa estalló de nervios cuando la actitud del albino pareció mucho más alegre y carismática desde que salió del burdel, ni siquiera recordaba el color de las lentejuelas de sus pantalones cortos y ni se diga del pequeño corsé púrpura con un acabado elegante cuando las luces apuntaron hacia su dirección.
Claro que no recordaba nada de su vestuario, por supuesto que no.
– No estoy mintiendo, deja de decir disparates. Anda, caminemos un poco – evadió el tema tan pronto como pudo.
Atsushi se quedó un rato viéndolo con esa sonrisilla obstinada hasta que se acercó lentamente hacia el rostro ligeramente malhumorado del mafioso y soltó unas palabras como si estas fueran una suave caricia para los oídos de su espectador.
– ¿Cuál es tu color favorito? Sospecho que el morado no te parece lindo, quizá pueda ponerme algo rojo o negro. No lo sé, tu escoge el que más te guste – jugó un poco con la paciencia del joven portuario, pero no lo suficiente para llegar a ser un presumido.
– Suficiente, Jinko – alzó un poco la voz, no tolera que lo traten de un chiste
Se alejó del aliento gélido de su acompañante y antes de que diera un paso más, este lo sujetó más fuerte de la mano y lo llevó a devolverle una vez más la mirada, luego a sus mejillas y por último hacia sus labios, todo de manera discreta pero tan ruidosa ante el buen sentido de Atsushi y aun así se permitió envolver la nuca de uno de los más valiosos miembros de la mafia portuaria. Ahora el negro y el lila danzaban en un mismo espacio, creyendo que lo iba a besar se quedó paralizado sobre sus distinguidos zapatos negros con la sangre bombeando fuertemente su corazón, pero los labios un poco resecos del heterocromático solo impactaron contra su mejilla sutilmente.
– Eres precioso, no entiendo como alguien como tu puede mancharse el rostro de sangre.
– Andando, se hace tarde – agachó la vista, apenado.
Atsushi, enternecido por el gesto del mafioso, le mostró los dientes en una sonrisa estridente hasta que su estómago reclamando alimento irrumpió el momento y Akutagawa soltó una risa bastante bonita para después ambos alejarse lentamente del puerto y seguir con su camino hasta el centro de la ciudad.

Conocía muy bien el camino para acceder al club nocturno y Chuya fue muy claro con él desde que decidió acceder al lugar como un cliente más a pesar de que varias personas conocen su perfil y el calibre del que este forjado. El pelirrojo se convirtió en su jefe desde que Dazai decidió salir de la mafia y quería creer que él tuvo sus razones para no confesarle nada sobre ese lugar, pero, aunque las hubiera, ahora ya no valen la pena, no desde que conoció al tipo detrás del gran show por el que el ejecutivo más poderoso y el hombre más miserable pagan por ver.
Atsushi debía tener grandes propósitos por los que terminó convirtiéndose en un stripper, pero al parecer nadie quería escucharlos y menos en esos lugares. Conoció al albino durante una misión que tuvo hace unos meses atrás con unos socios italianos de Milán, que trataba sobre un tráfico de armas bastante pesado pero beneficioso para toda la organización y formar una amplia alianza con los italianos más peligrosos de su país.
Chuya estaba al mando de la situación y Akutagawa es su más leal subordinado, por lo que sus actos debían ser de gran cuidado y lo fueron, al principio.
Del último lugar a donde iría, los clubes nocturnos no entran en sus prioridades, pero por diversas circunstancias y por estar acompañado de su jefe, terminó entrando a uno y desde entonces no ha podido dejar de ir de vez en cuando a visitar a Jinko. No es un degenerado ni ha necesitado de la intimidad para seguir con su trabajo, pero la vergüenza de ver tan de cerca a todas esas chicas bailar encima de una plataforma y colocarse el dinero sobre el encaje de sus calzoncillos hizo que le empezaran a sudar las manos y tal vez algo más, pero eso solo queda a la imaginación.
Por primera vez en su vida pudo experimentar una genuina sensación de nervios, no tan en serio, pero pudo sentir como sus pantalones le apretaron un poco en la entrepierna ante su inexperiencia en esos ambientes y lo disimulaba perfectamente hasta que aquel famoso “tigre blanco” hizo su aparición como toda una celebridad para los clientes frecuentes pero para el azabache no fue más que un perfecto desconocido, uno que le incitó a prestar atención mientras bebía de un glorioso pero bien servido ruso negro* a petición de Chuya.
Solo se conforma con ese trago por que la cerveza no le gusta y no conoce otros cócteles, el albino movió sus caderas con agilidad y después en un pequeño brinco engarrotó las piernas al tubo con una gran elasticidad que ya es algo habitual de ver, pero para el ojigris fue digno de aplaudir, descendió por el pedazo de metal con el cabeza directo al suelo dejando ver su cabello mal cortado pero encantador a ojos de Ryunosuke. Lo único que cubría su identidad y en un miserable intento por lograrlo era un pequeño antifaz que le llegaba por arriba de los pómulos y su nariz respingada se asomaba con belleza del objeto, pero no solo eso fue lo que llamó su atención y sus grandes ojos de curiosos colores fueron el principio del caos en su corazón al que hasta ahora sigue sometido.
Fue después de ese movimiento que Akutagawa, al no estar tan lejos de la pista donde el bailarín hacía su debut, se levantó con las piernas hechas de gelatina y de su gabardina oscura sacó algunos billetes hasta que el impacto que hubo entre ambos apenas cruzaron miradas le hizo retroceder un poco pese a que el joven tigre tomó entre sus finos y algo sudorosos dedos debido al calor el monto de dinero con una gran sonrisa dándole a entender que había dobles intenciones entre ambos por obvias razones. Aunque Akutagawa se quería morir en esos instantes y no le quedó más que volver a su asiento con el rostro serio pese a que estaba experimentando muchas emociones y aun así no le duró mucho el gusto por que el pelirrojo parecía estarse riendo de ternura.
Horas después el muchacho de cabello platinado se marchó mientras Akutagawa seguía pegado al sillón de cuero y sus manos se quedaron dolorosamente quietas sobre la mesa a un lado de su vaso rock glass* esperando que aquel bailarín vuelva a atravesar la cortina de lentejuelas con una coreografía diferente o un atuendo más elegante pero ya no era posible y fue cuando Chuya le contó sobre los cuartos privados para gente curiosa como él y por qué no, el mismo se incluía y no le dio vergüenza decírselo.
El problema es que cuando llegó el momento de pagar la habitación bajo la presión de los comentarios burlones de su jefe, el arrepentimiento llegó rápidamente pero ya no pudo reclamar nada a nadie cuando ya estaba caminando en el pasillo levemente iluminado por series de luces color magenta directo a la habitación que rentó, giró la vieja perilla con las manos ansiosas y como si alguien le fuera a decir algo entró y rápidamente se acomodó en el único mullido sillón que había con la única diferencia de que frente a él se encontraba una pequeña plataforma justo para que una sola persona camine sobre ella, tragó saliva duramente de solo imaginarlo.
Las luces neón se veían más intensas debido al reducido espacio pero le agradaba que fueran rojas, es su color favorito, eso le ayudó un poco a calmar sus nervios pero todo se fue al demonio cuando el joven albino ahora ya vestido de violeta atravesó la cortina de terciopelo negro que se encontraba a un lado del pequeño escenario, caminaba lentamente como un tigre tentando territorio desconocido a pesar de que ya tenía bastante experiencia bailando frente a muchas personas y después solo se desenvolvió con su cuerpo como si hubiera escuchado una buena canción, mientras de fondo difícilmente se podía escuchar Numb de afterparty.
Al parecer hubo una excepción apenas se bajó de la plataforma haciendo sonar sus botines de tacones bajos y se acercó hasta un inquieto Akutagawa con los labios ligeramente abiertos, sonrió sin pensarlo dos veces y el albino ya estaba sentado sobre sus piernas moviendo únicamente su cuello de forma lenta pero sensual para el otro joven, durante el tiempo que el heterocromático invadió su espacio personal no pudo dejar de mirarlo, claro, se supone que es para eso.
Ninguno de los dos dijo algo y no lo vieron necesario cuando el nombrado Jinko empezó a besarle las mejillas de manera provocativa, en resumen, le besó casi todo el rostro hasta que el borde de su mandíbula y su cuello se vieron invadidos de igual manera, provocando en el mafioso una ola de cosquillas y descargas eléctricas por toda la piel. Hasta que de un momento a otro su cinturón fue desabrochado al igual que los primeros tres botones de su camisa que antes estaba sin ninguna arruga.
Alarmado por ese gran paso tuvo que detener al muchacho y como pudo se acomodó la ropa.
– Está bien, ¿quieres que me la quite? Así ya no tendrás que preocuparte de quién te vio casi desnudo – dijo, refiriéndose al antifaz.
Ryunosuke, sin palabras, solo asintió y no supo por qué.
– ¿Y bien? Espero que ahora me puedas ver bailar, no vine aquí solo para ver cómo te pones nervioso – río y solo se alejó del cuerpo paralizado del mafioso.
Volvió a asentir.
Si Atsushi tan solo supiera que ese hombre inexperto como dice es en realidad un mafioso competente y poderoso, claro que sus comentarios hubieran sido diferentes, pero no menos insolentes y la muerte nunca fue un símbolo de miedo para Atsushi cuando ha estado a solo unos escasos metros de distancia con personas que son una mayor amenaza para la seguridad de las personas, pero eso no significa que no pueda sentirse intimidado o desesperado.
El joven bailarín volvió al pequeño escenario y siguió como si nada hubiera pasado, aunque la expresión sorprendida del contrario le hizo saber que hubo algo por lo cual sentirse realmente avergonzado y hace mucho que no le prestaba tanta atención a lo que dirán sobre él cuando está en el escenario, todos eran unos perros que solo ladraban y alababan al filete que se iban a devorar. Akutagawa seguía consumido por sus pensamientos, pero no podía dejar de ver la silueta delgada del muchacho y este otro tampoco pudo quitarle el ojo de encima.
No fue hasta que Atsushi estuvo a punto de irse porque la hora se agotó, que al fin se decidió a levantarse de su lugar y relajar los músculos para decir pacíficamente que volvería a verle, y con esa promesa sin un contexto sólido se fue de ahí.
Chuya lo alcanzó justo en la salida y ambos regresaron a la Port Mafia, eran ya las tres de la madrugada y por suerte iban a dormir cuatro horas si el chófer no se tardaba en el camino, todo fue relativamente normal esa noche.
Y claro, después de ese día logró cumplir su promesa.

Ya no era de extrañarse que Akutagawa lo invitara a cenar, para ser su cuarto encuentro no sonaba descabellado, aun cuando debía ser desconfiado y precavido como Chuya le había explicado, pero es la primera vez que desea hacer las cosas por su propia cuenta y conocer a Atsushi es una de ellas. Pudo invitarlo a una cita apenas tuvo tiempo después de trabajar, pero ni siquiera le dio tiempo a Atsushi cambiarse a su ropa de civil apenas amaneció y menos avisarle a su jefe que un cliente iba a pagar las horas que no iba a estar en el club, a pesar de que en esos rumbos del mundo viven de la noche y de sus privilegios. Atsushi tuvo la fortuna de encontrarse con la persona más indicada para esa parte del día, y aun así no puede evitar pensar que también es bastante temerario en las cuestiones personales.
Akutagawa lo guio a un restaurante que daba la vista hacia el muelle solo que el albino ya no podía meterse una vez más al agua como en esa ocasión, pero tal vez solo lo estaba molestando con sus tonterías. La vista es preciosa y aún más si lo que iban a comer serían platillos con temática marina así que decidieron tomar el espacio abierto del lugar para ver con más precisión las estrellas ya que entre tantas vueltas que dieron y lugares que visitaron el día pasó como agua entre los dedos.
Y ambos terminaron cansados de los pies y sus estómagos pedían tregua, fue un día genial para Akutagawa.
¿Será que Atsushi piensa lo mismo?
– ¿Qué te parece este filete de atún? Suena a que no voy a poder comer hasta mañana – río con jolgorio juvenil, sonaba como una suave lluvia de verano.
– Pide lo que gustes, Jinko – su sobrenombre parecía acariciarle los labios
– Prefiero que me llamen por mi nombre verdadero si no estoy en el club ¿Te molestaría? – pidió amablemente mientras le sostenía la mirada
El azabache sonrió ligeramente.
– Claro que no me molesta, es solo que me gusta tu apodo – admitió con el menú ligeramente pegado al rostro, apenado por hablar de más.
– Bueno, es que ya lo he escuchado tantas veces que me canso de él, pero si eres tú creo que está bien, Ryu – el tono de su voz parecía tan dulce que le dieron ganas de suspirar
Iba a protestar ante el comentario, pero el mesero pidió sus órdenes y el azabache ordenó una botella de vino blanco. No tenía idea del por qué, pero a su jefe le gusta y supone que no debe saber mal.
Quería verse bien ante los ojos curiosos de su acompañante a pesar de que ya no veía con asombro que alguien joven como él tomara alcohol. Se sentía estúpido pero la botella ya se encontraba sobre la mesa y dos copas se atravesaron sobre la mesa mientras les servían el vino con una elegancia espeluznante.
Akutagawa tuvo miedo de ver la reacción de Atsushi ante la bebida frente a él pero al final se calmó porque no hizo gestos raros cuando le dio el primer sorbo y eso fue suficiente para entender que ya tenía experiencia bebiendo.
– ¿Cuántos años tienes? – abrió ligeramente los ojos, esperando que su respuesta no fuese escandalosa
– No tiene mucho que cumplí los 19 – notó que se puso nervioso por primera vez en todo el tiempo que llevaban paseando, probablemente le avergonzaba hablar de sí mismo fuera de su lugar de trabajo –. Apuesto que tienes mi edad.
El azabache negó ahora con un toque de coquetería y altanería en su rostro, evidentemente no era algo que no pudiera controlar.
– Tengo 20 – llevó la copa hacia sus labios, dándole un pequeño sorbo que degustó lentamente al ser un sabor nuevo para él y la devolvió a su lugar
Atsushi le devolvió el gesto, pero ahora lo estaba retando a un juego que no entendía, pero aun así le motivó a seguir con el intercambio de miradas hasta que ambos estallaron en pequeñas risas, eran unos bobos y más aún cuando uno de ellos estaba prendido de emociones fuertes.
No faltó mucho para que llegaran sus platillos después de que el mesero les pidiera rápidamente su orden y empezaron a comer, solo que viendo el plato del otro supieron que sus elecciones fueron mejores que las propias. Uno pidió el dichoso filete de atún con algunas verduras y especies mientras que el otro optó por una sencilla pasta con ostiones, pero no menos deliciosa. Atsushi le extendió el tenedor con un generoso pedazo de su plato y Akutagawa instintivamente abrió la boca, sintiendo el atún deshaciéndose en su lengua para después observar el gesto apenado de su acompañante.
– ¿Pasa algo? – preguntó Akutagawa, quién se encontraba confundido
– Nada, es solo que tu expresión me enterneció un poco – soltó una risilla
Era extraño verlo así tan de repente, pero no le molestó, al contrario, la estaba pasando tan bien que ni pensó reclamar su osado comentario y en su lugar solo curvó un poco los labios en un intento de sonrisa.
Dios, deseaba poder besarlo.
Sus manos sujetando las de Atsushi le producían mil sentimientos encontrados, pero deseaba saber que otras sensaciones puede llegar a experimentar con alguien y estaba dispuesto a todo para lograrlo, más si una persona tan encantadora como Atsushi lo acompaña.
Después de conversar otros temas sencillos para la hora de comer, dejaron los platos vacíos junto a sus copas hasta que Akutagawa llamó al mesero para pagar la cuenta y una vez terminado todo el pequeño trámite salieron del restaurante sin lograr vaciar la botella de alcohol. Ya eran más de las diez de la madrugada y el heterocromático no pensaba volver al burdel cuando ya faltaba una hora para que acabe su turno y aun así no quiso alejarse de él.
Caminaron otra vez por el muelle como hace unas horas atrás solo que Akutagawa se sentía diferente a como está ahora, había olvidado la última vez que había sonreído tanto en un solo día y no se sentía como una misma persona, aunque muchas veces tenga que adoptar una personalidad diferente dependiendo de las situaciones en las que se encuentra en su trabajo.
– ¿Puedo quedarme contigo está noche? – el bailarín lo miró a los ojos, parecía concentrado en la hermosa luna que colgaba sobre sus narices –. No tiene que ser en tu casa si no quieres.
– De acuerdo, si eso es lo que quieres. Esta noche estoy para ti.
Akutagawa estaba decidido a no huir una segunda vez pese a que ya había visitado con anterioridad a Atsushi, con la única excepción de que ya no volvió a bajar del escenario y menos a revolverle la ropa por lo que ahora tenía la valentía de decirle sus deseos y como ambos pueden lograr sentir lo mismo de una forma diferente para el albino.
Pudo ver el brillo en los ojos de Atsushi cuando las voces de las pocas personas que siguen en el restaurante se callaron y ahora el sonido del agua golpeando levemente el puente de madera junto a los solitarios postes de luz los acompañan. El mismo ambiente en el que lo conoció en un cuarto privado mientras la luna se reflejaba en el mar como finas líneas de plata.
Ambos querían algo del otro y no iban a parar hasta lograr que ese fuego en su interior se intensifique tanto que nunca se pueda apagar.

Glosario:
*rock glass: El vaso de rocas, también conocido por sus nombres en inglés vaso Old Fashioned o vaso lowball, es un vaso corto utilizado para servir bebidas espirituosas, como whisky, puro o con cubitos de hielo, pero también se pueden servir cócteles, uno de ellos es el Old Fashioned.
*ruso negro: El ruso negro o black russian es un cóctel que se elabora a base de vodka y licor de café.
Notas:
Espero que puedan escuchar la canción que puse en el momento en que Atsushi y Akutagawa se conocieron, va muy apegada al ambiente donde están.








