The Sounds of love -Maitake-.

Summary

Aquellos sonidos tan ruidosos no podían ser escuchados, a causa de una equivocación de ha enamorado de una persona escandaloso. Quizás... Quizás ese sea el cambió que necesita en su vida. El calor de la noche abrazaba a la pareja, miraban con ilusión en sus ojos hacia ese cunero donde yacía su primogénito. El ambiente es agradable, hay un aroma dulce que tranquilizaba a todas las personas que admiran a esos pequeños seres, distintos colores y tamaños, es curioso como todos miran a los niños cuál atracción turística. Disclaimer- ⚠️Todos los actos mencionados en este fanfic no deben ser romantisado ni mucho menos normalizados , el abuso a menores algo real ⚠️ Omegaverse... No hay referencia de spoilers del anime y del manga. NO ES COPIA, NI ROBADO. La idea y la portada es de pana, yo solo obedezco.

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La televisión ambientada aquel departamento, al igual que los gritos de la joven pareja, el pequeño azabache sólo miraba los dibujos deseando algún día poder escuchar lo que decían los personajes.

Si, había nacido sordo.

Quizás ese era el motivo por el cual sus progenitores se golpeaban constantemente, sin importarles en lo más mínimo ser vistos por su hijo. Tal vez por eso mamá tomaba aquella amargada bebida y papá fumaba ese extraño cigarro blanco que olía extraño que solía soltar de golpe en la pequeña cara pálida de su hijo.

Quizás y Tal vez

Es raro tener que suponer cosas para intentar justificar los actos de quienes deben protegerte, cuidarte y amarte. Era evidente que el niño no fue un grato regalo, simplemente fue un accidente el cual venía defectuosos.

Pero el menor no era consciente de ello, ¿Cómo culparlo? Apenas hoy ha cumplido años, normalmente los niños esperan regalos, dulces, mimos, pero él solo deseaba un cacho de pan duro.

Ser un niño no deseado conlleva a no ser cuidado adecuadamente. Una triste realidad a la que todos se ciegan ante el argumento estúpido de “Una madre morirá por su hijo” o “Un padre protegería a su hijo”

El pequeño miró hacia la cocina, ahí estaba su ”regalo" de cumpleaños, una rica torta de jamón y queso que seguramente llevaba dos días en la mesa. Se imaginaba comiendo aquel manjar escondido en el closet para no molestar a sus ”padres“, solo tenía que ser paciente y esperar a que ellos se quedarán dormidos después de inyectarse aquella medicina extraña que solía quemar en una cuchara con una pequeña vela.

La rutina solía ser la misma, aquellas 4 paredes eran lo único que el pequeño conocía, se despertaba por el olor amargo que su padre desprendía todas las mañanas, miraba con atención la televisión sin hacer ningún ruido y se escondía el closet cuando las feromonas de sus progenitores peleaban entre ellos en un intento de dominar al otro.

Aquel día no sería la excepción pues el aire se volvía pesado y le era difícil respirar, ser cuidadoso al levantarse pero es complicado al saber sin hacer ruidos cuando careces del sentido auditivo. La mirada de ambos adultos clavadas en él lo hicieron entender que efectivamente había sido demasiado ruidoso, si por ruidosos nos referimos al sonido que hizo el piso de madera cuando el menor se levantó.

La boca de su madre se movía pero él no entendía, ella es consciente de la situación pero las drogas que intoxican su escuálido cuerpo la ciega de ira y abofetea al menor tras no recibir una respuesta ante su pregunta.

Golpeado, hambriento y tirado en aquel frío piso.

Feliz cumpleaños número 5

El pequeño se despertó después de unos minutos, o tal vez fueron horas las que durmió, no estaba seguro y leer el reloj era como pedirle montar un dragón salvaje.

Paseaba por la cocina comiendo las sobras que encontraba, desconocía si era de día o de noche pues las cortinas nunca le habían dejado ver el sol ¿Cómo será el sol? Siempre lo había visto a través de la televisión y parecía ser una pelota amarilla muy alegre pues siempre sonreía.

Miró hacia el sofá, mamá y papá parecían dormir profundamente, era normal que durmieran un largo rato después de inyectarse aquel líquido extraño. El pequeño azabache sólo recogía los trastes y una que otra prenda regada en el piso, si limpiaba seguramente mamá no se enojaría con él solo por agarrar un poco de leche.

El tiempo pasaba, cosa que el niño ignoraba, el hambre lo invadía y tenía aquella caja fría llena de comida tan cerca ¿Estaría mal agarrar un poco? No quería que papá lo castigará, siempre le dolía cuando el mayor lo tocaba de manera extraña. Pero el hambre era mayor al dolor, o tal vez ya no existía ese dolor y su cuerpo se había acostumbrado.

Abrió la nevera, miró hacia el sofá para asegurarse de no haber despertado a nadie, nada; busco cualquier cosa que le resultara familiar, vio un poco de esas láminas rosas que su madre solía poner al pan si se portaba bien y no era un “molestia”, agarró una rebanada para luego comerla lentamente.

Quería abrir la ventana para ver el sol un rato pero lo tenía prohibido, miraba una y otra vez aquel sillón donde descansaban sus padre intentando tomar valor y movió esa gran cortina que impedía la vista al exterior.

Sus pequeños ojos azules estaban asombrados, el sol era blanco y parecía que el cielo estaba pintado de negro siendo decorado por pequeñas luces blancas, pudo ver como el agua cayendo del cielo, por primera vez pudo sonreír ante la emoción.. ¿Así era el mundo exterior? Quería salir corriendo a la calle y sentir el agua en su blanca piel.

El cristal se pintaba de un blanco traslúcido que intrigaba al niño, dibujaba figuras sin sentido alguno en la ventana empañada mientras mantenía una sonrisa inocente en su pequeño rostro.


El menor se dio cuenta de algo, los días empezaban cuando una pelota amarilla salía y terminaba cuando esta se volvía blanca , marcaba cada que la bola amarilla salía, aunque aún no sabía para qué. Mamá y papá parecían seguir durmiendo, no se habían bañado y quizás esa era la razón de tan olor tan desagradable, pero el niño se negaba a despertarlos pues supuso que sería lo mejor.

Agarraba una rebanada de esa pegajosa que tanto le gustaba cada que sentía su estómago rugir, se bañaba cada que la pelota se volvía blanca y el cielo negro.

Miraba aquella pelota blanca que brillaba hasta quedarse dormido, quería seguir así aunque fuera un poco más. Quería sentirse así todo el tiempo, no tener que esconderse en aquel oscuro closet, poder comer cuando su estómago suplicaba comida, bañarse para no sentirse sucio.

Solo eso pedía

¿Era mucho? Tal vez estaba siendo codicioso

Las rayas siguen aumentando con el paso del tiempo ¿Cuántas serán? 1 , 2 , 1 , 2 , 1 , 2….¿Qué seguiría del 2? No importa, solo veía como las líneas aumentaban y al igual que ese olor nauseabundo. Intentó despertar a mamá pero no reaccionaba , papá parecía dormir tranquilamente, quizás estaban muy cansados.

Se había atrevido a abrir la venta de la cocina donde solía admirar la pelota cambiar de color, el aire era fresco a lleno de distintos olores. Cada que la bola se pintaba de amarillo podía oler algo dulce invadir su fosas nasales, era completamente distinto al olor que había dentro de la vivienda, cuando mamá y papá despertarán seguramente la casa se llenaría de sus feromonas amargas que le picaban la nariz al menor.

Algunas veces veía a la gente pasar de noche, los coches desplazarse y le intrigaba saber como esas cajas de metal podían avanzar ¿Será magia? No sabía pero deseaba descubrirlo, su mente estaba sedienta y quería saber más del mundo, tenía tantas preguntas ¿Qué son esas cosas que camina en dos patas con una cuerda en el cuello?

¿Todas las personas olían como sus padres? ¿A todos les gustará esas láminas de rosas? ¿Qué son esas luces de colores? ¿Amigos de papá?

Miraba como había personas vestidas de una manera rara con una cosa extraña en la cabeza, los reconoció de inmediato y a su mente regresó el vivido momento donde su madre le pegaba y papá lo tocaba de manera extraña. Todo había sido culpa de esos señores, habían venido sin avisar y eso enojó a sus padres.

Rápidamente se esconde bajo el lavaplatos en la cierta pequeña y desgastada puerta, intenta no respirar fuerte para no ser detectado y ve la sombra de gente caminando ¿Mamá y papá ya se habían despertado? Cerró los ojos e intentaba imaginar aquella pelota amarilla para calmarse.

El mundo exterior es distinto a lo que conocía en ese departamento lleno de muebles viejos y desgastados, las feromonas de la gente son distintas y no siempre suelen tener ese olor picante que lo irritaba.

Distintos colores, rostros, caras, olores y gestos, algunos lo ven con lástima mientras que otros sólo muestran indiferencia ante un niño en situación de calle.

La negligencia de unos policías ha hecho que un menor baje por un mundo lleno de peligros buscando a sus padres.

Es entendible la situación del niño, no sabe porque mamá y papá se fueron, no comprende el significado de esa cinta amarilla que rodeaba la puerta de su casa. Salir descalzo en busca de ayuda suele ser complicado cuando no sabes expresar las cosas y vivir en la calle es difícil al carecer de tu sentido auditivo.

Perdido y hambriento

El hambre es algo de lo que está acostumbrado, ser ignorado y tener que dormir con los ojos abiertos es la vida que siempre conoció, los barrios bajos de Tokyo no eran distintos a vivir con sus padres.

La gente le habla pero él no entiende, le dan un papel extraño con dibujos extraños pero desconoce para qué sirve ¿Tiene que guardarlo? Tal vez.

La gente no es consciente de la vida tan deplorable que el menor vive, sus padres han muerto y él sigue buscándolos.

Pero no todo es malo, por primera vez a visto más niños, aunque no puede acercarse por las madres que suelen tirar pan duro o más de esos papeles ¿Habrá algo mal en él? Quizás es porque no puede oír ni hablar.

La pelota amarilla hace que su cuerpo se caliente, soportaba la sed y sueño al mismo tiempo, quizás por el hambre ha empezado a imaginar cosas como esos animales blancos que parecen flotar en el cielo cuando quieres. El agua del charco azul es fría, quiere meterse a bañar ahí pero las cosas blancas con boca naranja parecen odiarlo y lo pican cada que se acerca a tomar un poco de esa cristalina agua.

Una mano toca su hombro, al voltear puede apreciar una figura esbelta y musculosa, unos ojos violetas, cabello blanco y una sonrisa extraña. El señor se ha puesto de cuclillas para estar casi a su nivel, ve como sus labios se mueven pero no entiende lo que dicen ¿Él sabrá dónde están mamá y papá?

De su boca solo sabe quejidos, intenta expresarse pero es imposible para el mayor entender sus balbuceos.

Solo quiere ayuda y no sabe cómo pedirla