1-Bajo la Luna
Paseaba sobre aquel lienzo y curveando las cerdas del pincel, mientras las bocinas en sus orejas reproducían una melodía, suave y relájate para así serle más fácil concentrarse en su cuadro.
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Kaedehara Kazuha, un joven Alfa de dieciocho años, portador de un cabello rubio blanquecino y ojos carmín; es aficionado al arte, en sus tiempos libres se dedica a pintar cuadros, sin embargo últimamente sus cuadros han sido invadidos por una musa totalmente hermosa a su parecer. Lo habia visto solo una ves en una tienda de discos musicales, fueron solo unos pequeños y estos fueron lo suficiente para que enamoraran sus ojos que aclamaban inspiración, para no olvidarla trazo sus facciones faciales en un pequeño lienzo que guardaba en su bolsillo, plasmando la magnificencia emitida por aquella persona, quien cautivo sus ojos y alma como artista.
Apago su reproductor de música, deslizo los auriculares de sus orejas al cuello y cubrió con una manta su galería de pinturas dedicadas a dicha cara bonita, observo el reloj de su móvil y con mucha rapidez salió del estudio donde yacía pintando, para poder encaminarse rumbo a su lugar de trabajo.
Llego unos cuantos minutos tarde y su jefa lo apresuro para que comenzara a laburar lo antes posible.
—Es la tercera vez en la semana Kazuha. –Le reclamo su superior, desde la oficina. —Si continuas así, no obtendrás tu bono.
—Lo se, pero esta vez si trate de llegar temprano, sucedieron varios imprevistos. –Fanfarroneo, mientras se amarraba un delantal, lo cual era su uniforme de trabajo.
—Bien, pues ya es la tercera vez, y no traes una excusa convincente, hablo enserio Kazu, no necesito irresponsables en mi tienda. –Afirmo la rubia, con los brazos cruzados, saliendo de su oficina para verle cara a cara.
—Es porque no son excusas, entiende que no sido fácil, aparte suenas como una jefa amargada Yoiy, ¿Serán los años?. –Se burlo de su jefa, haciendo que la cara de la chica se quedara colorada, recibiendo en consecuencia un golpe en el hombro. —¡Auch!
—No estoy vieja, y tampoco soy amargada. –Regaño a su amigo, pues ellos mantenían una relacion amistosa desde hace algunos años, y ahora Kazuha trabajaba para ella en la Tienda de pescados que heredo de su padre esto hacia que él bromeara con su edad. —Y no me llames con ese apodo, en el trabajo soy "Señorita Yoimiya" para ti. –Menciono la beta con una sonrisa, orgullosa de su titulo.
—Jaja, bien lo que diga Madam. –Dejaría de molestarla para que no lo amenazara con restarle su sueldo. Se dirigió al mostrador, mientras acomodaba la mercancía, apareció su compañero de trabajo abalanzándose sobre su espalda, esto lo tomo algo de sorpresa.
—¡Hey Kazu! otra vez molestando a nuestra jefa, Jaja no tienes remedio. –Se acercaba a su rostro, invadiendo el espacio personal del rubio, lamiendo una de sus mejillas y a la vez besando la misma zona. A lo que el rubio respondió con un empujón y el pelirrojo solo se burlaba.
—Ahh eres un asco, Heizou te golpearía ahora mismo. –Espeto, mientras limpiaba la saliva de de su mejilla. —¿Por que siempre lo haces?
—Porque es divertido verte molesto Jeje. -Se reía maliciosamente. –En fin, ¿Oíste la noticia que anda circulando por toda la ciudad?
—¿De que hablas? No eh mirado la televisión o el periódico en estas semanas. ·Menciono totalmente desinteresado al tema. —He tenido mejores cosas que hacer.
—¿Sigues pintando a esa supuesta joven angelical? Vamos, demasiada hierba te esta afectando, si existiera una chica así, no hubiese dudado en pedirle su numero, apuesto que es una linda omega.
—No seas ridículo, yo la vi y por eso conservo su imagen en mis pinturas. –Cerro sus ojos con indignación a todo lo que decía su amigo. Pero este solo rodo los ojos ignorando las cursilerías del rubio.
—Como sea, dicen que la empresa Kamisato vendió al Shogunato, varios de sus terrenos. –Anuncio con mucha exaltación.
—¿Y luego? No entiendo lo sorprendente. –Kazuha no entendía bien sobre temas políticos y no le interesaban.
—¿Como puedes decir eso? Es obvio que el Shogunato ya se apoderado de mucho territorio en la ciudad, si lo de los Kamisato es verdad, significa que toda esta central será de su propiedad.
—Sigo sin entender, ¿Cual es el punto? –Estaba confuso. Heizou se golpeo la frente con irritación.
—Significa que habrá un recorte. –Estas palabras fueron las que tomaron por sorpresa a Kazuha, quien quedo con la boca abierta.
—Imposible, no pueden hacer eso. –Tartamudeo preocupado. –Si lo hacen... Perderé mi único trabajo y no podre pagar mis deudas... ¡Tch! maldita sea. —Cubrió su cabeza con ambas manos. —Tiene que ser broma.
—Tranquilo Kazu. –La rubia se acercó a él y le dio pequeños golpecitos. —Lo que dice Heizou es verdad, me han llegado correos diciendo que en 2 semanas habrá un desalojamiento, no te preocupes te apoyaremos en lo que necesites. –Hablo con entusiasmo, Heizou también lo ánimo y juntos lo animaron un rato. Esto lo reconfortaba un poco.
Al terminar su turno, siguió pensando en el tema mientras cerraba el local con doble llave, de ser cierto se vería obligado a mudarse de nuevo, sus gastos se acumulaban mas, agregando el hecho de que se quedaría sin trabajo por un buen tiempo, su vida tornaría un giro demasiado problemático. Él quedó huérfano a los doce años, sin padres y sin amigos, una gran soledad lo acompaño por años, mas eso nunca lo hizo rendirse y supo tomar las riendas de su vida aunque por más asombroso que suene eso le costó momentos importantes en su infancia.
Salió a dar una pequeña caminata con las manos ocultas en sus bolsillos pues el frío comenzaba abrazar ese lado de la ciudad, su pereza de caminar hasta su casa lo llevo a caminar por las orillas de la playa, trataba de distraer su mente, mientras observaba la inmensidad de la luna que iluminaba aquella oscuridad, las olas resonaban al chocar entre ellas, un ruido verdaderamente relajante a su oído que lo hizo cerrar sus ojos y contemplar la brisa; sin embargo su tranquilidad fue aturdida por un audible llanto.
No presto mucha atencion la primera vez, pero entre mas grande eran los chillidos menos podía relajarse, así que opto por investigar el origen de aquellos sollozos, algo molesto para quién solo quería desestresarse, pero tal vez alguien podría estar en peligro. Identifico que el llanto provenía en lo alto de una pequeña colina verdosa elevada a la orilla del mar, era peligroso que alguien estuviese ahí ya que abajo de solo se encontraban piedras y una corriente de olas desastrosa pues la marea era muy alta.
Apresuro su paso, corrió como nunca antes lo habia hecho, al llegar a dicha colina un olor invadió con gran intensidad sus fosas nasales recorriendo cada parte de su cuerpo haciéndolo estremecer de pies a cabeza, entrecerró los ojos y sintió su pecho encogerse, era una oleada de feromonas dominantes demasiado intensas, finalmente logro tomar aire y logro reincorporarse, observó claramente a una persona acercándose peligrosamente a la orilla de la colina con claras intenciones de saltar, sintió un espasmo en su pecho y sus piernas se movieron por mero impulso logrando llegar a tiempo donde se encontraba aquel individuo, antes de que la persona saltase, lo abrazo por la cintura atrayéndolo con mucha fuerza de nuevo a tierra firme, pero grande fue el impulso ejercido que los atrajo directamente al suelo, siendo Kazuha quien recibió todo el impacto mas el peso de la persona sobre él.
-¡Auch! Duele duele. -Se quejo Kazuha mientras intentaba reincorporarse, seguido de sorprenderse al ver a la persona que habia salvado.
Era el rostro que jamás olvido, su musa perfecta, aquella persona de la tienda de discos, nunca habría imaginado volverla a ver, su corazón latía con fuerza por segunda vez.
—¡Hey eres tu! ¿Te encuentras bien? Hubieses muerto desde una caída de esa altura...–Menciono aliviado y ofreciéndole una suave sonrisa, aunque la respuesta no fue con el mismo agrado.
—¿Por que lo hiciste? –La persona que recién se erguía ignoró aquel acto de heroísmo de Kazuha, y lo cuestiono con enojo, su voz era grave. —¿Quién te ordeno que lo hicieras? Responde pedazo de mierda. –Se levanto del suelo ignorando sus heridas, en especial un misterioso sangrado que provenía de su brazo derecho y nuevamente un manto de feromonas abrumador empezaba ahogar a Kazuha, aquellos ojos morados llenos de furia parecían unas cuchillas muy afiladas que lo fulminaban esperando una respuesta. —¡Responde! ¿Acaso no hablas imbécil?
La mirada de Kazuha estaba en el suelo, mientras apretaba sus puños contra el suelo, su cuerpo se tensaba mucho tratando de mantener la cordura, el humor del peli morado lo iba enloquecer en cualquier momento, tenía que detenerlo.
—Creo que vomitare. –Empezó a tener arcadas y tosía pesadamente.
El peli morado lo miraba muy confuso, jamás había visto a ese hombre, incluso si era algún lacayo de su madre no tenía la facha de uno. Aparto la mano de su brazo ensangrentado y plasmó una bofetada en el albino.
—Si vomitas ahorita, te mato idiota, jamás te había visto, ¿Cómo me conoces? –Tomo del cuello a Kazuha bruscamente, y lo acerco hacia él. —Contéstame pedazo de basura, ¿Mi madre te envío? –Su mirada era amenazante, y sus puños contenían una rabia incontrolable.
—¡Ahg, Oye...e-estas llorando! –Señalo las lágrimas que salían incontrolablemente de los ojos del Omega quien se detuvo estupefacto y con esto el Alfa logro apartar las manos del chico sobre su cuello, el contrario se enfureció y comenzó a atacarlo plasmando golpes en su pecho mientras maldecía y gritaba al aire, aunque estos carecían de fuerza, Kazuha permitió que el peli morado se desahogara y solo miraba desde arriba pues no tardó mucho en que los golpes cesarán. —¿Mejor?
El peli morado logro liberar toda la frustración que cargaba, su respiración era acelerada tomo grandes bocanadas de aire para regular su respiración, el frio impedía que respirara correctamente y no pudo evitar desbordar un mar de lágrimas mientras sollozaba con intensidad, cayo de rodillas en el suelo cubriendo su rostro con ambas manos avergonzado, Kazuha se arrodilló junto a él y recostó aquel rostro tembloroso sobre su pechó pues el aroma ahora emanaba una tristeza y remordimiento profundo ya no era una ráfaga de viento que aturdía, "Los ojos jamás mienten" pensó, pues mientras esté le insultaba y maldecía aquellas perlas moradas rogaban por un abrazo y consuelo. Sintió como el mas pequeño elevo su rostro en busca de sus ojos rubí.
—Sniff... ¿Q-quien eres? –El peli morado limpio un par lágrimas que escurrían de su mejilla, ya no tenía que fingir estar enojado pues aquella máscara que se encargaba de reprimir sus emociones había sido rota junto a su orgullo que lo atormentaba. Estaba a punto de mostrar su lado más vulnerable, su yo que aclamaba cariño y consuelo.
—Mi nombre es Kaedehara Kazuha, tu terrible llanto interrumpió mi velada. –Mantenía una voz suave y calmada, no quería enojarse con el chico, podía entender como se sentía pues él fue así en el pasado. —Aquí es la parte donde me dices tu nombre. –Aparto los cabellos morados que ocultaban aquellas hermosas perlas cristalizadas. Se enterneció al ver aquel rostro sonrojado y con el ceño levemente fruncido a lo que no pudo evitar soltar una risa; el contrario no entendía las acciones del rubio, era la primera persona que entendió a su alma lo que aclamaba y sin objeción le ofreció su serenidad a pesar de ser un completo desconocido ¿Era alguna clase de ángel?
—...Kuni... –Menciono entre susurros a lo que el peli blanco miro extrañado sin haber entendido muy bien. —Kunikuzushi.
Kazuha mostro una cálida sonrisa al peli morado y le volvió acariciar el rostro dibujando con su pulgar pequeños circulos en su sonrojo, admirando su tes porcelana y aunque fuese un Omega no dejó de negar la belleza que emanaba. —Lindo nombre Kuni. –Kunikuzushi dejo de temblar, como si aquellas caricias fueran una manta que lo cubrían de aquella fría tormenta de emociones que lo asfixiaban, jamás se habia sentido de esa manera, ¿Habrá sido una coincidencia encontrarlo justo ahí? Quería permanecer con él así por siempre, aun si fuese un extraño, era la mayor muestra de afecto que habia recibido en mucho tiempo, la escena no tenía precio, Kazuha acariciaba con delicadeza sus cabellos mientras que su cabeza estaba hundida en el pecho del albino, percibía un aroma suave y cálido como si fuese un atardecer que calentaba su alma que yacía congelada. Aunque unas simples caricias no harían que sus heridas desaparecieran, todo ocurrió en cuestión de segundos, Kunikuzushi cerraba lentamente los ojos hasta finalmente caer inconsciente, su humor desapareció en un instante y esto alerto al mas grande.
Kazuha se paralizó por un momento y actúo de inmediato, sujeto al peli morado en sus brazos y trato de hacerlo reaccionar con pequeñas palmadas en sus mejillas, al ver que no había reacción alguna, levanto el cuerpo inmóvil del chico y lo llevo en ambos brazos cargando directo a un hospital, asegurándose de no lastimar la herida que tenia el omega.
—Mierda, no te mueras. –El lugar estaba demasiado oscuro y apenas había iluminación en esa pequeña ciudad, el hospital más cercano estaba a media hora caminando. Su frustración aumentaba, pensó en simplemente abandonar el cuerpo ya que no tenía relación alguna con este chico, pero su corazón lo traicionó una vez mas y decidió llevar al chico al hospital a costa de todo.
Se encontraba sentado en una sala de espera, habían unas cuantas personas más, posiblemente esperando a familiares internos del hospital, ese lugar le traía malos recuerdos. El olor a medicamento, el aire acondicionado helado junto con los sillones cubiertos con un plástico barato.
—Joven ¿Kazuha? –Escuchó el llamado de la doctora e inmediatamente fue hacia ella, no quería permanecer más tiempo ahí. —Le comento, el joven ingreso directamente a Urgencias debido a la gran perdida de sangre que sufrió, padece de reciente anemia y sus signos vitales eran muy bajos.
—¿Va a recuperarse pronto? ·Interrumpió apresurado, no tenía intenciones de quedarse a velar en ese lugar. —Quiero decir, ¿Es demasiado grave?
—No realmente, le hemos hecho una transfusión de sangre para mantenerlo a salvó, ahora mismo se encuentra estable. –Mostró una sonrisa al chico, mientras sacaba una libreta con un pequeño formulario. —Bien, necesito que llenes esta hoja con tus datos y los de sus padres, es importante que en especial la madre del chico este al tanto de la situación. Ya que al ser este un Omega necesita cuidados especiales. –Entrego el formulario a Kazuha y este dudo unos momentos, para después tomarlo y devolver la sonrisa con una mueca de por medio.
No sabia nada acerca de él, mas que su nombre además de que no llevaba alguna identificación consigo por lo que tampoco sabia su edad y mucho menos conocía su historia, pero al recordar cuando mencionaba a su madre en la colina, podía deducir que no mantenían una buena relacion.
—Disculpe ¿Dónde queda el baño?
—Al fondo a la derecha. –Le señaló la mujer del cabello salmón amablemente y este le agradeció retirándose de inmediatamente al sanitario. —Habrá que investigar quienes son los verdaderos padres. –Suspiro pesadamente, pues a lo lejos vio como el albino huía por la salida de emergencia.
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