Passenger LOVE - Shortfic Kookmin

Summary

¿Crees en el amor a primera vista? ¿Qué estarías dispuesto a hacer por volver a ver a esa persona? *Historia corta *Jk top/Jm Bottom *Romance *Psicológico *smut/lemon *Jungkook Pov *Sustancias psicotrópicas

Status
Complete
Chapters
5
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

A bordo

   Normalmente no me gusta narrar mi vida, contar anécdotas o hablar sobre mí, la verdad no es mucho lo que pueda decir. Tengo 24 años de edad, estudio en una universidad pública, tengo dos trabajos y vivo solo. O bueno... No realmente solo, tengo dos perros y un gato. No tengo muchos amigos, tampoco un automóvil, ni lujos pero no me quejo...


Eso de arriba no es una queja.


Solo para aclarar.


Disfruto de mi soledad la mayor parte del tiempo: Comer solo, caminar solo después de salir de clases, sentarme en el autobús y colocarme los audífonos para disfrutar de alguna canción que me guste.


¿Pero por qué soy tan solitario?


La respuesta es: Que soy homosexual...


Ese es el inicio de lo que parecen ser todos mis males. Me gustan los hombres y aunque mi familia lo aceptó; nada volvió a ser igual. Mis primos no se acercaban a mí "para no contagiarse" y en las fiestas o reuniones familiares hacen bromas sobre ser una mujer en cuerpo de hombre. Puras idioteces que hicieron que poco a poco me fuera alejando de ellos.


De todos modos no importa, no necesito a nadie.


   Trabajo en una cafetería por las tardes de lunes a viernes, estudio por las mañanas y los fines de semana trabajo en un taller mecánico reparando autos y motocicletas.


Todo aburrido hasta ahí ¿Verdad?

Y es que, eso no es lo que vengo a contar. Mi vida de por sí solía ser un abismo... O lo era hasta que lo conocí a él...


  Ese día iba saliendo de clases. Tomé el autobús para irme a casa y estaba totalmente solo a excepción del conductor. Como de costumbre me puse los audífonos y cerré los ojos relajándome un instante.


El bus detuvo su marcha y abrí un ojo para ver si ya había llegado a mi destino. Pero no fué así, un chico estaba abordando y mis pupilas literalmente se dilataron al verlo. Sonará exagerado pero juro haber visto luz a su alrededor, era demasiado hermoso para ser real.


Restregé los puños sobre mis párpados para tratar de verlo mejor: era pequeño y delgado. Llevaba una camisa de cuadros rojos y un pantalón negro, su cabello era rubio brillante y su rostro...


   Se sentó en el asiento frente al mío, así que no lo pude seguir viendo bien.


Pasaron algunos minutos en los que me dispuse a seguir escuchando la canción volviendo a cerrar mis ojos, pero eso no duró mucho ya que sentí como una pequeña mano tocaba mi hombro con delicadeza.


Y era él. Estaba tratando de decirme algo pero por el alto volúmen en mis auriculares no podía escucharlo. Le dí pausa y le hablé.


— Disculpa, no te oí ¿Me dijiste algo?


El sonrió y mi pulso se aceleró con tan poco.


— Sí. Te decía que amo la banda que estás escuchando ¿Podrías quitar los audífonos para yo también oír? — me miró expectante.


Su voz... Era angelical, suave y atractiva.


— ¿Puedes escuchar desde ahí? — Pregunté sorprendido, aunque la verdad, tenía todo el volumen.


— De hecho no sé cómo no te has quedado sordo — volvió a reír.


Con vergüenza sugerí lo siguiente, queriendo y necesitando tenerlo más cerca:


— S-si quieres puedes sentarte aquí — señalé el asiento a mi lado — y compartimos los auriculares para no molestar al conductor — mi voz salió temblorosa, estaba muy nervioso.


— Bueno — se pasó rápidamente a mi asiento y tomó el audífono de mis manos — Grácias... Es realmente aburrido viajar de regreso a casa solo escuchando el ruido de las llantas en la carretera.


— Lo sé — de verdad lo sabía, odiaba eso.


  Nos quedamos callados escuchando la melodía. Aunque para ser sincero, no le presté atención, su olor me tenía mareado. Usaba un perfume con toques cítricos pero dulce y me atreví a preguntar:


— ¿Puedo saber qué perfume usas?


Él abrió los ojos y me miró, pude captar cierta intriga y diversión — Jo'Malone Orange Blossom ¿Te gusta? — preguntó lamiendo disimuladamente su labio.


La forma en la que me preguntó si me gustaba fué de cierto modo sugerente o al menos mi mente así lo captó.


— Creo haberlo olido antes, por lo tanto se me hace familiar — mentí sin ninguna razón.


— No respondiste mi pregunta.


— ¿Ah? — me quedé procesando.


— Si te gustaba... — dijo bajito sin desviar la mirada.


— S-sí — tragué saliva nervioso — me gusta mucho.


Él asintió sonriendo hasta que miró por la ventana y se exaltó — ¡Ay, mierda, me pasé de parada! ¡Señor! — se levantó rápido del asiento, no sé porqué pero mis ojos fueron a sus piernas, era realmente atractivo. Desvíe la vista ya que sentí que no era correcto — Espero verte alguna vez de nuevo, tienes buen gusto en música — y hasta ahí duró todo. Bajó del autobús corriendo. Miré como un idiota por el vidrio cómo él iba en dirección contraria a toda marcha.


Y quise abofetearme a mí mismo. No le pedí su número, no le pregunté su nombre, no sabía nada de él. Golpeé el asiento delantero con mis manos dejando reposar mi frente en el cuero y respiré profundo exhalando todo mi arrepentimiento. Él era el chico más hermoso que mis ojos habían visto, y no solo eso, fué amable conmigo, fue dulce...


Sin embargo, yo solo perdí la oportunidad.


   Ese día llegué a mi casa con un humor de perros, no comí prácticamente nada y así me fuí a trabajar a la cafetería, deseando que el destino lo volviese a poner en mi camino...


Mientras limpiaba mesas tarareaba la canción que escuchamos juntos, se había vuelto nuestra canción.


Lo sé, soy patético.


Así pasaron días... Semanas... Y por más que trataba, no lograba sacarlo de mi mente. Me había enamorado sin siquiera conocerlo, fué como dicen por ahí "amor a primera vista".


   Necesitaba verlo nuevamente pero no sabía muy bien qué hacer, por eso tomé el mismo bus y me bajé donde él se bajó ese día. Caminé en su dirección, pero todo fué en vano. No lo ví por ese lugar.


Tal vez no vivía por ahí y solo estaba visitando a alguien... ¿Quizá tenía un novio? ¿O una novia?


Rendido volví a casa. Quería llorar de frustración. Necesitaba algo que me calmara y mi primera opción estaba en una esquina.


Me acerqué al tipo sacando el único billete que tenía en mis bolsillos y él me entregó la droga.


  Caminé hasta un parque que estaba cerca, el cual sabía que siempre estaba solo ya que sus banquetas deterioradas y árboles muertos no eran muy atractivos para la mayoría de la gente, pero extrañamente para mi era un lugar tranquilo; y me senté en la grama, recostando la espalda a un árbol para sacar el cigarrillo. Lo prendí y comencé a fumar de él. Había jurado no volver a hacerlo, pero ese día mi cuerpo lo exigía.


Fumé, fumé y fumé hasta que se acabó y me sentí mejor. Pero no podía siquiera estar de pie, mi organismo estaba totalmente anestesiado. Sin poder más, cerré mis ojos quedándome dormido.


Cuándo los abrí ya era de noche... Cómo pude me levanté y comencé a caminar hasta mi casa. Falté al trabajo y eso era algo malo, porque seguramente me despedirían.


Vi a lo lejos una tienda que iluminaba la calle y mi estómago rugió, llevaba días sin comer bien. Con la poca fuerza que tenía me adentré al sitio para comprar algo.


— Me das una dona y una Pepsi, por favor — pedí a la chica que atendía.


  Ella me dió lo que pedí y ahí mismo me comí todo, prácticamente muriendo de hambre. Revisé mis bolsillos para pagar y, mierda... No tenía más dinero, lo había olvidado. Gasté lo que tenía en el cannabis.


Avergonzado, miré a la mujer y le dije — Lo siento mucho, no tengo como pagarte.


— ¿Qué? ¿¡Y lo dices después de haber consumido todo!?


— De verdad lo siento, olvidé que no traía dinero.


— Me importa una mierda. págame o me lo descontarán a mí.


No sabía qué hacer, estaba demasiado avergonzado. Lo mejor era ofrecerme a limpiar el lugar o algo similar para pagar, pero mis pensamientos fueron interrumpidos por una hermosa voz.


— ¿Cuánto te debe? — volteé atónito a la derecha para verlo ahí parado a mi lado. Sentí que me desmayaría.


— ¿Vas a pagar por él? — preguntó con burla.


— En efecto ¿Cuánto es?


La chica puso sus ojos en blanco y le dió el recibo. Él pagó y me miró.


— Nos volvemos a encontrar — y ahí estaba de nuevo mi corazón volviendo a la vida, su preciosa sonrisa y sus pequeños ojitos viéndome.


— G-gracias — dije antes de desmayarme.


Así es... Me desmayé.


Fue una total vergüenza.


  Segundos después abrí los ojos y estábamos en la acera fuera de la tienda. El chico rubio estaba sentado y yo descansaba sobre sus piernas. Él sostenía un pañuelo con alcohol. Me levanté de golpe con mis mejillas ardiendo.


— ¿Qué pasó?


— Te desmayaste, creo que no has comido bien hoy — bajé la mirada a mis manos temblorosas y era cierto. Pero no solo había sido así ese día — ¿Dónde vives? — preguntó.


— Por aquí cerca, a dos calles.


— Vamos — se puso de pie y tendió su mano hacia mí — te acompañaré y me aseguraré de que comas bien — volvió a mover su brazo esperando a que me levantara y lo tomara.


Me puse de pie y sostuve su mano, sintiendo como su piel junto a la mía quemaba.


Caminamos guiados por mí, sin soltar nuestro agarre y se sentía muy bien.


Realmente bien...


Llegamos a mi pequeño departamento y abrí la puerta, dejándolo entrar a él primero. Estaba todo desordenado.


— Enséñame dónde tienes las cosas para cocinar y veré qué puedo hacer, mientras tú vas, te duchas y esperas a que esté listo ¿Ok?


Asentí como un niño pequeño, hace áños nadie cocinaba para mí, era un sentimiento raro a decir verdad. ¿Pero por qué me habrá mandado a bañar a caso huelo a mal?


Mientras él miraba hacia la cocina olfateé mis axilas rápidamente y no olía tan mal. Le mostré lo que me pidió pero no había mucho para cocinar, tendría que hacer magia.


  Lo dejé en la cocina en contra de mi voluntad y me duché de manera veloz, no quería dejarlo solo. Me vestí con un pantalón de pijama y una camiseta suelta. Apliqué algo de perfume y salí.


— Eso fué rápido — dijo sin verme, mientras revolvía algo.


— No quería que estuvieses solo ¿Qué preparas? — pregunté sentándome en la mesa que estaba justo detrás. Mis ojos bajaron hacia su trasero pero rápidamente miré a otro lado, me sentía como un pervertido.


— Te hice una sopita, espero te guste.


Me derretí de amor al escucharlo hablar de esa forma — Seguro así será.


 Se puso de puntitas para alcanzar el lugar donde yo guardaba mis utensilios y luego de hurgar sacó una taza, la única que tenía, de hecho.


— ¿De verdad solo tienes una? — inquirió, mirándome con una ceja levantada.


— Vivo solo, lo siento.


— Ya qué... — sirvió la sopa y se sentó frente a mí — tienes dos sillas pero una sola taza. Eso no tiene sentido, abre — no lo podía creer, me iba a alimentar. Mis mejillas quemaban, abrí la boca temeroso y él insertó la cuchara luego de soplar.


Delicioso... Creo que era lo más rico que había comido en toda mi vida.


Probó un poco y dijo — no está mal para haberla hecho con lo poco que tenías, debes ir de compras.


  Eso me avergonzó porque era verdad, soy muy descuidado conmigo mismo. Repitió la acción hasta que comí todo y agradecí al universo su acción desinteresada.


— Muy bien — me felicitó y me sentía como un niño nuevamente — debo irme ahora — anunció y juro haber escuchado mi corazón romperse.


— Gracias... Por todo — dije sinceramente.


— No hay de qué — sonrió.


— ¿Tú dónde vives? — pregunté curioso.


— Bastante lejos de aquí.


— ¿Y qué hacías por estos lados?


— No lo sé, simplemente me subí al bus y aquí me bajé. Juro que no tenía idea donde estaba. Iba a preguntar en la tienda y ahí te ví a punto de ser asesinado por una trabajadora — su comentario me hizo reír.


— Gracias por eso, te pagaré.


— No es necesario. Acompáñame a tomar de nuevo el bus y me daré por pagado.


— C-claro que sí — me puse de pie inmediatamente, para colocarme una chaqueta.


Salimos caminando uno al lado del otro, la parada estaba relativamente cerca de mi casa, íbamos en silencio y estaba haciendo frío. Así que le dí mi abrigo. Nos sentamos a esperar que llegase el autobús y minutos después lo vimos a lo lejos. Nos pusimos de pie.


— Toma — me entregó su celular — pon tú número ahí.


  Estaba pasando, mi respiración era confusa. Es decir; respiraba pero me estaba ahogando, mis manos temblaban cómo la mierda y como pude puse mi número y mi nombre.


El leyó la pantalla y sonrió, el bus se detuvo frente a nosotros y subió, sentándose cerca de una ventanilla — Te escribiré al llegar a casa, ah y por cierto, esto es un asalto, tu chaqueta ahora es mía, Jungkook... — Mi nombre proveniente de sus labios se escuchó como una melodía de música clásica. Nunca amé más ser llamado así.


Finalmente se fué y ahí me quedé con una sonrisa estúpida, aún no sabía su nombre pero al menos tenía mi número.


Eso me daba algo de esperanza.