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Todo comenzó con un bello romance, uno como lo que verías en una película de drama o tal vez tu fanfic o libro favorito; un amor de ensueño, dulce y perfecto, como una taza de chocolate caliente con malvaviscos en una noche de invierno.
Era más como un prólogo respecto a lo que vendría luego de cuatro años de feliz relación... La propuesta de matrimonio.
La velada fue preciosa, una cena a la luz de la luna en un bello campo de flores, rodeado de velas (falsas para evitar incendios), tu vestimenta escogida para la situación brillaba a los reflejos que el satín y la seda rebotaban.
Y en ese entonces, al momento en que sirvieron el suave vino en tu copa, tu prometido se colocó a tu lado, arrodillándose y sacando una caja de terciopelo del bolsillo de su abrigo. Sus corazones palpitaban con fuerza al mismo ritmo, a la vez que tus ojos se dilataron con amor por ver a tu prometido.
La música comenzó a sonar, reconocías a la perfección la melodía, era la canción con la que soñaste que te dedicaran tantas veces y luego, tus oídos captaron las palabras que esperaste decirle a él tantas veces.
Y finalmente, diste el "Sí" antes de abrazarlo con todas tus fuerzas mientras de tus ojos caían cascadas de lágrimas que manchaban tus mejillas y el saco de casimir de tu -ahora- prometido.
¿Cuál era el problema entonces?
La realización de la boda.
Ambos querían una celebración enorme, tirar la casa por la ventana, hacer una fiesta como la de proyecto X y eso costaba mucho dinero, aquel que apenas podrían juntar en varios años o endeudarse hasta el cuello.
Hasta cierto día.
Te encontrabas leyendo algo en tu celular mientras tenías la TV prendida en la casa de tu prometido haciendo ruido de fondo, no sabías si era costumbre o gusto, pero lo hacías inconscientemente. El programa pasó a comerciales y tus oídos captaron los anuncios, entre ellos uno que te llamó en específico la atención.
Música pop con letra pegajosa, era una canción que te gustaba, por lo que giraste tu cabeza hacia el electrodoméstico; un fondo color malva con corazones que complementaban al color promocionaban a una app de citas: CocoRovū, junto a su slogan "el amor es como un coco", no te hacía nada de sentido ni lógica la comparativa.
—Agh —giraste los ojos ante la poca coherencia y decidiste cambiarlo, sin embargo, una voz dentro del comercial de llamó la atención.
—¡Si encuentras el verdadero amor con nuestra app te llevas una boda de ensueño! —dijo aquel hombre de cabello rosa en la televisión. Seguido salieron las condiciones que no alcanzaste a escuchar.
Aunque tenías mil sonidos a la vez, tú no prestabas atención a nada más que a la vocecita dentro de tu cabeza.
¿Boda de ensueño GRATIS? ¡¿Quién NO aprovecharía esa oportunidad de oro?! ¡Ni siquiera de oro, era mucho más! Diamante, platino, esmeralda...
¡Era una oportunidad de una en un millón!
—¡Amor! —gritaste con felicidad, dejando de lado tu celular y parándote del sillón.
Tu prometido apareció con rapidez saliendo de la cocina con una toalla entre las manos y acomodó sus lentes — ¡¿Pasó algo?!
—Tengo una idea —sonreíste con algo de malicia.
—Ay no... —el castaño se puso nervioso ante la expresión de tu rostro, Shun Yoshida conocía a la perfección todos tus gestos y sabía que esa mirada junto a esa sonrisa solo significaban una sola cosa: Algo imprudente pasaba por tu mente.
—¿Qué te parece "revivir" nuestros días de noviazgo?
Hola! Bienvenidxs a este "proyecto" que quería hacer desde noviembre y recién me vino la inspiración para escribir jjj
Va dedicado a mi bestie que me apoya con la revisión y corrección.
Espero les guste ^^








