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Amira Stark - juego de tronos

Summary

♔Una corona pesa, mucho; sin embargo, su peso es delicioso para algunos♔ La única hija de Brandon Stark, quedó huérfana cuando apenas era una bebé. Cuando luego de que su abuelo fuera quemado vivo y su padre fuera torturado hasta la muerte, todo por el famoso Rey Loco, su madre embarazada huyera hacia lo desconocido y llegará casi muerta a Lord Eddard Stark, para finalmente fallecer luego de dar a luz a una hermosa bebé. Hoy, nuevos peligros se avecinan para destruir la pacífica vida que, la joven Amira, había llevado viviendo como protegida de su tío, Lord Eddard Stark, señor de Winterfell y guardián del norte. Advertencia de contenido: Esta obra puede contener abuso físico y sexual, muerte de personajes, violencia explicita y escenas de alto contenido explícito. Lean con precaución.

Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

| Prefacio |

Era una noche algo fría, sin embargo la pareja se encontraba disfrutando del calor del otro, resguardándose dentro de una carpa. El hombre le dedicaba unos últimos besos a su nueva amada mientras se recostaba a su lado. Ella sonreía feliz mientras se acurrucaba en su pecho.

— Entiendo por qué nuestras madres no nos hablan de estos... placeres, una vez que sabes de esto no quieres detenerte —Dice en medio de una sonrisa mientras siente como el acaricia su espalda, escucha una exhalación y levanta su rostro para mirarlo, corrió algunos mechones obscuros de su rostro y acaricio su mejilla peluda, notando la preocupación en sus ojos —, estas preocupado.

— ¿Cómo no voy a estarlo? —Hablo él y se aclaró la garganta—. Solo espero que todo resulte bien mañana... —Bajo la vista a ella, llevo su mano a su fino mentón y la acaricio —, temo que nuestras acciones puedan jugarnos en contra —La mujer formo una fina línea con sus labios, preocupada, él le sonrió cálidamente —, no me arrepiento de nada, esposa.

Ella le sonrió, la palabra esposa saliendo de la boca de Brandon Stark sonaba como música suave para sus oídos.


Una sirvienta los guiaba por aquellos pasillos de piedra, Brandon llevaba a su esposa, quien estaba más tensa de lo pensado, iban detrás de su padre, Rickard, que cada tanto miraba a su hijo de reojo, procurando su bienestar.

Finalmente la criada freno delante de una puerta de madera y se giró a ver a los invitados.

— Esta es para su hijo y su esposa, mi Lord —Índico y Rickard asintió, asiéndose a un lado dejo que Brandon y su mujer se acercaran a su alcoba provisoria, cruzo miradas con su hijo antes de que ambos desaparecieran dentro del cuarto.


— Deberías dormir un poco, esposo. —Le dijo la mujer que ya estaba en la cama. Brandon solo estaba de pie observando por una ventana la ciudad, King’s Landing es un lugar hermoso e imponente de noche.

— Es difícil... —Negó y se giró justo cuando su mujer se sentaba en la cama, mirándolo con preocupación—, no confío en el rey Aerys, con el secuestro de mi hermana todo se vuelve más y más complicado, lo siento, esposa —Camino hasta una silla a un lado de una pequeña mesa y se sentó, suspirando pesado—, no creo poder dormir esta noche.

La mujer bajo la vista y pensó un poco antes de levantarse de la cama, para Brandon era un deleite observarla, caminaba, se levantaba, respiraba y acomodaba su cabello, y todo lo hacía con sorprendente elegancia y delicadeza. Su corazón era feliz gracias a ella. La mujer llego y lo rodeo, abrazándolo desde atrás se agacho en su oído.

— Quizá algo de vino te ayude, esposo —El sonrió pesado mientras ella se apartaba y caminaba hacia la puerta, abriendo observo al exterior, el pasillo estaba desértico, extraño a su parecer, pensaba que al menos habrían guardias cerca, ella metió su cuerpo de nuevo dentro del cuarto, caminando hasta la cama tomo una manta y envolvió su cuerpo—, enseguida vuelvo.

Y el no tuvo tiempo de decir nada que ella ya había salido del cuarto.


— Te lo agradezco —Le dijo amable a la sirviente que le había alcanzado en la cocina una jarra de vino, la chica hizo una reverencia y se marchó rápidamente por una de las puerta, la mujer giro en el lugar con toda la intención de volver por donde llego, sin embargo al abrir la puerta se inquietó, un grupo de seis soldados frenaron a pocos metros, observándola.

Ella pestañeo mientras bajo la vista por sus cuerpos, todos llevaban cuchillos y la observaban, apretando el agarre a sus armas. La mujer elevo su rostro mientras sus ojos temblaban.

Los hombres se abalanzaron mientras la jarra de vino caía y salpicaba toda la entrada a la cocina.


Llegó a colocar sus manos en el suelo cuando la soltaron, por suerte, previniendo que su cara tocase el suelo. Temblorosa levanto su vista lentamente para encontrarse cara a cara con Aerys II Targaryen, el bien llamado rey loco que la miraba atentamente, sin pestañear, sentado en una cómoda silla roja y dorada, apoyando su mentón en su puño cerrado, vistiendo una bata y una túnica negra encima del camisón gris.

Llevaba su corona en la cabeza, imponiendo.

La mujer relamió sus labios y negó, bajando de prisa la cabeza al suelo.

— Su majestad, no sé qué eh hecho para molestarle, pero si hice algo que le ofendió, lo siento mucho.

— Tú no eres una lady —Ella elevo su vista a él, su mirada era fría como el acero. La mujer abrió sus ojos enormes.

— De hecho... ahora si lo soy... contraje matrimonio con Brandon Stark hace algunas noches, soy una Lady —Se irguió con orgullo, mirando a los guardia que la rodeaban y luego de nuevo al rey—, soy Lady Farrest Stark, y dudo que a mi esposo le agrade conocer este trato tan... descortés.

Su mirada de desafío era evidente, Aerys separo su mandíbula de su puño, irguiéndose en la silla, asintió un par de veces antes de mirar a sus soldados que rodeaban a la despeinada mujer.

— Sujétenla contra la mesa.


— ¡Mi esposa no ha vuelto desde ayer, y exijo saber dónde está, ahora mismo! —La voz de Brandon resonó en todo el salón del trono, imponente, llena de ira. Aerys lo miro con desinterés, sentado en su trono, miro a su derecha y les hizo una seña a unos guardias presentes.

Rickard miraba a su alrededor, observando el panorama estaban claramente en desventaja, rodeados por gente del rey Aerys, soldados, guardias, sirvientes y nobles. La galería estaba repleta de extrañas miradas que pesaban sobre él y su hijo. Hijo que no ayudaba a aligerar el ambiente.

Brandon casi se atraganta cuando desde la izquierda dos guardias cargaban, o arrastraban, a una debilitada Farrest, sus pies descalzos apenas tocaban el suelo, solo llevaba su camisón en el cual habían manchas marrones y rojas y su mentón estaba violeta e inflamado, al igual que sus ojos, su cabello era un remolino de mechones que giraban en todas direcciones.

La lanzaron a pocos metros delante del rey Aerys. Quien al ver la cara de estupor de Brandon no pudo evitar reír.

Farrest con suerte su estaba consiente cuando cayó al frio y duro suelo, escuchaba ajetreo, gritos, golpes y forcejeos. Con dificultas llevo sus adoloridas manos al suelo y elevo un poco su rostro, tratando de enfocar su vista, todo pasaba tan lento y tan rápido para ella.

Los guardias de Aerys retenían a un enloquecido Brandon a pocos pasos de ella, lo obligaban a agacharse.

Detrás de él un incendio comenzaba sobre una persona que ella no llegaba a ver.

Aceite era echado sobre Brandon mientras lo retenían de rodillas delante de ella, podía ver la desesperación en sus ojos, deseaba llegar hasta el para contenerlo con sus manos, odiaba verlo así.

Sin embargo su adolorido cuerpo le jugo en contra y solo pudo observar como su esposo era prendido fuego delante suyo, a pocos pasos.


Sentada contra aquel frio muro acariciaba su hinchado vientre mientras tarareaba una canción proveniente de las tierras de los ríos, era la misma canción que su madre le había cantado cuando era pequeña, y ella se la quería compartir al bebé que crecía en su vientre.

Miraba de reojo hacia el exterior a través de una pequeña ventana enrejada, deseaba con toda su alma poder ser una estrella, libre en el cielo.

Escucho pasos aproximándose a su puerta y una luz cada vez mas notoria, la puerta de su celda fue abierta y una criada acompañada de un guardia que sostenía una antorcha se adentraron allí, la mujer los miro atenta mientras la criada llegaba hasta ella y le tendía una capa.

— Póngaselo —Ella miro al guardia que le había hablado—, y venga con nosotros.

Farrest no dudo y se cubrió con la capa, pronto los tres salieron de la celda, apagando la antorcha caminaron los pasillos obscuros, era algo difícil seguirles el paso, ella no caminaba mucho últimamente y su vientre pesaba, además de que su alimentación no había sido buena en los últimos meses.


— ¡Corra! ¡Huya! —Grito el soldado mientras luchaba con otros dos soldados, la mujer, aterrada, agarro su vientre y con ayuda de aquella que creyó que era una criada comenzó a correr.

Adentrándose en el bosque observo a sus espaldas una última vez para ver como el soldado superviviente derribaba a aquel que lo salvo.

Tomada de la mano de la criada continuaron corriendo, con la esperanza de sobrevivir.

Anduvieron durante dos noches y dos días, estaban agotadas y el vientre hinchado, a punto de explotar de Farrest no ayudaba. Sin embargo un pequeño alivio la recorrió cuando desde una colina observaron una caravana que, para su suerte, alzaba en alto una bandera con un lobo.


—Te juro... por todos los... malditos dioses que existen —Se remojó los labios secos y continuó luchando por hablar —, que ella es hija de tu hermano... lo juro.

El joven Eddard Strak se alejó de la débil mujer, esto era demasiado para él, había estado tan concentrado en la guerra que se aproximaba, tan tenso, preocupado por las malas noticias que llegaron del sur con respecto a su hermano y su padre, que simplemente no hallaba hueco en su cabeza para recapacitar sobre esto.

No sabía que responder a la débil y joven mujer ensangrentada y sucia que yacía en la cama. Ni siquiera podía mantener la mirada sobre sus suplicantes y cristalinos ojos.

Salió del cuarto, mientras las sirvientas aun trabajaban sobre la moribunda mujer. Cerró la puerta de madera y se encontró frente a frente con una hermosa melena roja y unos ojos fuertes e interesados.

—No sé qué hacer —Admitió el a su recién nombrada esposa. Caminó hasta la pared, hasta una ventana, y apoyó sus manos en esta, la joven colorada caminó hasta el —. No sé si tu debas saber esto, Catelyn.

—Está bien, puedes confiar en mí. —Dijo suave, ya cerca de su esposo.

—Dice que es de mi hermano. —Dijo sin más, no pretendía dañar a Catelyn, pero tampoco deseaba mentirle, no se podía iniciar un matrimonio con mentiras. Ella bajó la mirada al suelo, buscando en su mente como responder ante las noticias.

—Bueno, eso explicaría algunas cosas. —Ned la miró, frunciendo las cejas, sorprendido de la calma que Catelyn tenía.

—Aun así, no me parece correcto-

— Para, no podemos arriesgarnos, peor sería no creerle y abandonar a un familiar a su muerte segura —El hombre repasó las palabras de su mujer, ella tenía razón —. La llevaré conmigo, a nuestro nuevo hogar, además, así no seré la única recién llegada allí. —Sonrió, el suspiró una risa, caminó hasta ella y acunó sus rojas mejillas con sus manos.

—Gracias. —Le dijo sincero.

—Bueno, si vamos a ser esposos, pretendo que confíes en mí. —Y le sonrió.

—Lo intentare —Le prometió, Cat era realmente una mujer admirable. Una dama de Westeros, hecha y derecha. Sin quererlo ambos se encontraban a medio camino de darse un beso, uno que sería el primero en no ser una obligación, pero la puerta por la que Ned había salido se abrió, y una sirvienta se dejó ver.

—Ella... murió.

— ¿Dónde está? Tráela a mí. —Preguntó Catelyn, la sirvienta entró en la habitación nuevamente, para volver a asomarse a los pocos segundos, con un bulto de mantas entre los brazos, Catelyn asomó su cabeza y vio entre las mantas la pequeña carita recién lavada de la bebé, le sonrió, tomándola en brazos —. Yo voy a cuidarte, Amira.

Ned observo a su esposa sonriendo, acunando a la bebé.

A la mañana siguiente, un ejercitó partió rumbo a King’s Landing, mientras que una caravana custodiada partió hacia Winterfell.




Chapters
1. | Prefacio |
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