Sanji
La miradas de asco, no son extrañas para mí. Las conozco como conozco cada uno de mis hermanos. Las odio como odio a varios de mis hermanos. Estoy acostumbrada a ellas, como a mis hermanos.
Al final de cuentas no es de extrañar que un monstruo las conozca y se acostumbre a ellas. Vienen incluidas con el oficio de ser horrible.
Otra verdad es la soledad que trae ser tan horrible. Una soledad que evito cada vez que aparecen esas escaleras debajo de mi cama. Estás conducen a una hermosa pradera dónde un joven me espera cada vez que voy.
Al joven lo conocia casi tan bien como a las miradas, a la soledad, a mi odio.
Rubia cabellera que resalta aún más en ese traje de color blanco. Blanco como su pureza, su honestidad, su bondad. Y un rostro borroso que me impidia conocerlo a su completidad.
Durante años fue así. Crecimos juntos, y compartimos juntos nuestra pasión por la comida. Eran aquellos momentos donde alguien podía compartir y entender mi alegría, mi dolor.
Aún así me contaba a mi misma — No es real, nadie podría amar a alguien como yo. Son sueños provocados por mi depresión.
Mis dotes actorales rápido me hicieron destacar, y me convertí en la favorita de "Mamá". De la noche a la mañana tenía dos personajes. La dulce, linda que no mataría a ni una mosca. Y la hija de Big mom, la que engañaba a la diestra y siniestra.
Condenando a varios a su ruina.
Esto me hizo bastante popular e importante.
Pero eso no fue lo único que me me llegó, también fue la confusión, cuando un día ya no volvieron las escaleras.
Sin avisos, sin señales, solo se fue.
Un día Sanji llego, y se iría igual que todo lo demás.
Era su nuevo prometido para engañar, de primera vista era obvio que no seria difícil. Sanji amaba y idolatraba a las mujeres al punto que le irritaba. Tanto que supuse que sería como los demás.
Pero no lo fue.
— Que ojo tan hermoso.
Aquellas palabras me destruyeron. Me pusieron rodillas.
Pensaba que era bonita. Que mi ojo era hermoso. Algo que ni yo amo, algo que yo detesto, era hermoso, para el.
Incluso después de todo lo que le hizo.
¿Por que, no puede solo odiarme?. Las cosas serían más fáciles. No viviría con culpa. Con las ganas de pedirle perdón.
Algo imposible.
—Mínimamente me hubieran traído un príncipe decente.
Detrás de aquellas palabras habían algo de verdad. Sanji era mucho mas que un príncipe decente, era uno como en los cuentos de hadas. Al que no podía ver por más que intentara.
Por eso me encerré en mi habitación, donde una vez las las escaleras volvieron a aparecer. Y sin dudarlo las bajé.
Y me encontré una vez más con el rubio de las otras ocasiones. Se veía igual que siempre, y aún así me dejó boquiabierta.
Pues esa vez por primera vez, vi su rostro. Era el rostro de Sanji.
Mi príncipe.
Aquella noche descubrí que cuando era pequeña tuve contacto con una usuaria de las frutas, la cual poseía la habilidad de permitir encuentros entre personas. En su caso cada vez que se sentía sola su alma gemela aparecía, bueno un fragmento de esta, para hacerle saber que algún día seria vista como más que un monstro.
El dejo de aparecer el día que cerré mi corazón, el día en cual me convertí en la muñeca de mi madre.
También comprendo que este será el ultimo encuentro con Sanji. Al final del día, cuando las almas gemelas se encuentran fuera del prado, los encuentros dejan suceder.
Esa noche no solo le pedí perdón a Sanji. También me lo di a mi.
Fin...