La novia del mal | hyunin

Summary

La depravación de Jeongin, quien había estado evitando la fornicación toda su vida, puede haber comenzado cuando tuvo ese misterioso y extraño sueño. Jeongin acepta la prueba del diablo para salvar a su amigo. ¿Había adivinado ya su derrota para entonces? "La novia del mal" dará a los lectores un sentido de inmoralidad al ver a los nobles estudiantes de teología caer al abismo. La comunión más depravada en el lugar más santo. •18 Cap. Ya culminada en otra plataforma, pero acá la subiré poco a poco. •Este Fan fic es una adaptación de la traducción de la novela coreana "La novia del mal" No poseo el nombre del escritor.

Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

De generación en generación, han existido siempre personas en la familia Yang que se orientan irremediablemente hacia la religión. ¿Y cuál será esa extraña llama que provocaba que se fueran específicamente hacía ese camino? Nadie lo sabía, solo se podía entender que habían estado creciendo continuamente en un ambiente que se basaba en tener una exagerada cantidad de sacerdotes y monjas.


De verdad era una casa con mucha gente siguiendo la religión.


Cuando Jeongin tenía cinco años, su hermano mayor, de 10, dejó la casa para convertirse en un sacerdote. A la edad de 7 años, su primo se fue para convertirse también en sacerdote. Padre y madre iban a la iglesia tres o cuatro veces por semana y cuando era más joven, los seguía y los imitaba hasta el punto en que no podía recordar un solo momento en que no estuviera a su lado. Finalmente, cuando cumplió los 10 años, empezó a ir a la catedral por cuenta propia.


Quizá debido al medio en el que se estaba desenvolviendo, Yang Jeongin se convirtió en un niño increíblemente devoto. La familia parecía estar de acuerdo en que sería un buen sacerdote cuando llegara la oportunidad y después, que incluso podría convertirse en padre.


Hablaban, imaginaban y hacían bromas al respecto pero, cada vez que Jeongin se dejaba llevar hasta enrojecer sus pálidas mejillas y divagar en grandiosos futuros, volvía la cabeza y se sacudía. Se decía que no era lo suficiente como para llegar a volverse un sacerdote.


"Pequeño sacerdote."


Ese era el apodo de la infancia de Jeongin.


Fue debido a su cuerpo débil que el pequeño llegó a depender mucho de Dios. Tenía asma y se resfriaba básicamente todo el tiempo. Enfermo y tembloroso, estaba demasiado débil como para salir a correr con otros niños o cuidar de si mismo. De piel blanca, el pobre chiquillo de cabello azabache brillante y bonitos ojos verdes, leía la biblia dentro de casa en lugar de jugar afuera.


Simplemente leía... Era tan silencioso y pasivo que no tenía amigos e, incluso en la escuela, lo que más disfrutaba era de su propia y simple compañía en lugar de las charlas con alguien más. Los profesores amaban que aunque fuera un niño, siempre estuviera leyendo un libro hasta nutrir su cabecita. También era un buen estudiante.


Jeongin, que era lo suficientemente bonito como para confundirse con una chica a primera vista, no se volvió más masculino al crecer. Las líneas de sus músculos no se hicieron más gruesas porque no jugaba afuera, su cuerpo estaba mucho más delgado que un habitante normal y su piel, era como de costumbre hermosa e increíblemente blanca. Pero lo tenía todo muy claro. Incluso después de pasar su niñez, la devoción de Jeongin seguía estando ahí y su personalidad tranquila tampoco sufrió algún cambio.


La gente a su alrededor decía que ver a Jeongin les hacía sentir como si estuvieran viendo algo sagrado. Un milagro... Por supuesto, Jeongin estaba ocupado huyendo de esos halagos, sonrojado hasta las orejas cada vez que escuchaba eso y respondiendo todo el tiempo que no era lo suficientemente digno de tanta admiración.


En su cumpleaños número 18, Jeongin se fue de casa para convertirse en sacerdote. Cuando entró al seminario, sus padres estaban evidentemente tristes de no poder ver a su hijo tan a menudo como antes pero, en general, la familia Yang estaba ya preparada para este acontecimiento.


Sabían que Jeongin era especial y se habrían sorprendido si se hubiera ofrecido para trabajar en cualquier otro lado.


Después de una breve ceremonia de entrada y una larga cadena de oración en el auditorio, a Jeongin se le asignó una habitación que tenía que compartir con otras tres personas.


Los estudiantes del lugar eran personas increíbles en muchos sentidos, sus edades eran variadas, sus localidades no concordaban y de todas maneras, se podía decir que eran amables y extremadamente bondadosos.


Como cuando fue a la escuela por primera vez, se sintió como un niño abandonado en lugar de como un adulto que podía manejar las dificultades por su propia cuenta. Un total de 300 estudiantes se habían matriculado en el seminario este año, pero siempre había rumores que dictaban que solo la mitad de ellos permanecería hasta el final. Le dijeron que serían unas 150 personas cuanto mucho porque, cuanto mayor fuera la nota que debían conseguir, menor sería el número de estudiantes que habría. Por lo tanto, el número de estudiantes en general apenas rondaba los 2000. Muy pocos para los profesores pero bastantes para Jeongin.


Además de enseñar o ayudar a los nuevos aspirantes, el número de monjas y sacerdotes combinados era impresionantemente extenso por lo que era natural tener un número tan elevado además de, por supuesto, ser un edificio inmenso.


El seminario constaba de cinco edificios: Uno para maestros, uno para estudiantes de quinto a séptimo grado, el otro se utilizaban como aula para alumnos de 1 a 4 grado y el edificio más pequeño era una catedral. Era imposible que los forasteros entraran al edificio excepto para ir a misa pero, por supuesto, siempre había unas cuantas excepciones a la regla.


Uno de ellos era Junghyun, un comerciante que vendía suministros para la catedral. Un gran trabajador y por supuesto, un creyente fiel que se quedaba al margen. Parecía mayor de 40 años, era muy alto y por supuesto, muy guapo también. Fue muy amable con Jeongin y a veces, le daba palmaditas en la espalda como si fuera su padre.


Junghyun, no podía rondar solo por la escuela así que no era extraño verlo acompañado de su hijo, Hyunjin. El hombre había recibido los buenos genes de su progenitor así que tenía mejor físico que sus compañeros. Era alto, casi 2 metros de altura. Aun que era abrumador estar cerca de él por su tamaño, tenía una buena personalidad porque eso también lo había heredado de Junghyun, Todos en la escuela conocían a Hyunjin y al mismo tiempo, no había nadie que que no fuera su amigo. Jeongin también era amigo de Hyunjin. El joven era amigable con Jeongin y sus charlas eran excepcionalmente pacíficas.


A veces le regalaba a Jeongin una nueva Biblia, una estatua de María y se reía abiertamente diciendo que la había metido en secreto. Incluso si no había nada que pudiera ganar con esto. De hecho, eran tantas y tantas cosas que Jeongin se preguntaba constantemente si debería dar un bono por ello.


Hyunjin solo le daba cosas Jeongin.


Cuando se despertaba, el lado derecho de la cama de Jeongin estaba lleno de un montón de artículos que Hyunjin había entregado como regalo para él y, en el segundo mes, el día que todos habían salido por primera vez, cuando Jeongin le pidió a Hyunjin que le acompañara a alimentar a los huérfanos y ayudara con la colecta, él inmediatamente fue a su lado y compartió su pan mientras contaba sus anécdotas.


Al ver a los niños, abrazados a él y riéndose de Hyunjin incluso pensó que era de encarnación. Hyunjin que sabía amar incluso a los niños que estaban muy por debajo de su nivel, era verdaderamente digno de ser llamado un ángel.


Ese día, Jeongin de alguna manera se sintió avergonzado.


Cuando llegaron a tercer grado, 50 de los 300 estudiantes ya habían abandonado la escuela. Su habitación para 4 personas ahora solo tenía 3 y algunos de los estudiantes que quedaban, se iban a las recamaras que ahora estaban vacías y admitían que las ocupaban para masturbarse. Era natural tener esa clase de necesidades en un lugar donde la actividad sexual y la masturbación estaban estrictamente prohibidas pero, en el caso de Jeongin, los sueños sexuales no habían sido frecuentes ni siquiera una sola vez.


Había poco en si mismo que pudiera llamarse "deseo sexual" así que ni siquiera se masturbaba. Él tenía el orgullo que sus compañeros no cuando dejaron la escuela y el orgullo que le faltaba a los que sucumbían a los deseos de su propio cuerpo.


Si no hubiera estado más cerca de Dios que de ellos, entonces definitivamente hubiera sido tentado por Satanás.


Sin embargo, a mediados del tercer grado, Evan tuvo un sueño: Todo estaba rojo, increíblemente rojo. Había un gran cofre en el medio, una mujer con la cabeza hacia abajo y un hombre de cabello negro y un tremendo físico. Tres cosas. Las manos del hombre y de la mujer se juntaron para acariciar la fina piel blanca de Jeongin y entonces, él, sumiso y deseoso, aceptó hábilmente cada uno de sus toques.


Nunca había tenido contacto sexual y nunca había conocido lo que era el deseo, pero Jeongin mantuvo la calma todo ese tiempo mientras le acariciaban la cintura y le levantaban las piernas. Gimió y exhaló un dulce aliento... La mano de la mujer había agarrado suavemente lo que colgaba entre sus piernas y al mismo tiempo, la mano del hombre le sostuvo de la cadera y lo acomodó contra él. Sus piernas se volvieron pesadas, su piel quemaba y se erizaba.


Jeongin, en su fantasía, ni siquiera había pensado por un solo momento que no debería ser así. En realidad, los suaves estímulos que tocaban su cuerpo le eran increíblemente familiares.


Se puso erecto.


A pesar de que los dedos del hombre atravesaron su trasero y entraron en un lugar que podía considerar secreto, Jeongin lo dio todo por sentado y lo aceptó como si fueran los gestos de un viejo amante. Apretó el agujero en el que estaba cavando aquel delgado dedo y disfrutó de la estimulación que fluía de un lado para otro y que se movía lentamente por su espalda.


El pene de Jeongin estaba en manos de la mujer, duro y erguido y derramando semen gota por gota. Ella se rió y le dijo que suplicara por más, que la sujetara y la adorara, pero le gustaban más las manos que frotaban contra su pared interior así que se apoyó definitivamente contra el cuerpo del hombre y le pidió un beso.



Temblaba.


Jadeaba.


El dedo del hombre le hacía círculos y cavaba. Se metía hasta hacer un desastre en él, hasta dibujar caminos diferentes y en ese mismo momento, Jeongin finalmente abrió los ojos.


En un instante, los cuerpos desaparecieron y provocaron que la oscuridad se apoderara de sus ojos.


Un aliento entrecortado llenó sus oídos, se le habían formado gotas de sudor frío en la frente y su mente no dejaba de gritar: "¿¡Qué sueño tuviste, Yang Jeongin!?" "¿¡Qué carajos te pasa!?".


Cuando levantó la manta, que estaba completamente cubierta de su propio sudor, pudo ver entonces que sus piernas estaban rígidas y que su pene había eyaculado un montón sin pedirle su permiso. Solo estaba soñando. No era extraño que los hombres tuvieran este tipo de fantasías y lógicamente era algo que debió ver venir, ¡Pero la vergüenza de tener este sueño desagradable y blasfemo hicieron que sintiera asco!


Jeongin se levantó en silencio y se dirigió al baño. Entró a un cubículo, cerró la tapa del inodoro y se sentó para poder tener una mejor visión del panorama. Su cabello rubio se había convertido en un desastre descomunal así que le provocaba cosquillas en el dorso de la mano y en el cuello.


"Señor..."


Fue un mal sueño.


Un terrible sueño.


Un sueño en el que pedía que lo penetraran en un lugar que no se podía tocar. ¡Esto obviamente era un error! Debió haber sido una especie de prueba para él. Una prueba terrible... El problema era que ahora experimentaba un impulso sexual intenso que nunca antes había sentido dentro de él y, el pene de Jeongin, que tenía una erección firme incluso estando allí, se sentía como si fuera a explotar.


Palpitaba.


Dolía.


Jeongin entró en pánico. ¿Qué tenía que hacer? Nunca había soñado con eso así que no podía saberlo, aunque igual era un hecho que tenía que lidiar con esto de alguna manera.


Jeongin se bajó los pantalones con cuidado para que nadie lo escuchara. Estaba asustado así que trató de limpiar primero el líquido de sus piernas utilizando los dedos. Luego, probó a hacer exactamente lo mismo con su pene.


Lo agarró.


"Ah..."


Esta era una masturbación que había probado en casa cuando era un adolescente y nunca lo había hecho después de eso. Ni siquiera con la imaginación. Era inmundo y sucio así que no quería tocarlo ¿¡Por qué entonces estaba tan desesperado hoy!?


A medida que se acariciaba, el estremecimiento producido por su mano fría le otorgaba una agradable sensación de placer que provocó que levantara la parte inferior de sus piernas hasta que finalmente las recargó por completo en la puerta. Los gemidos seguían saliendo de entre sus dientes así que Jeongin, ocupando su mano mojada, se cerró la boca mientras que con la otra sostenía todavía su pene.


La chica del sueño se estaba superponiendo.


La vió, la sintió. Sus dedos eran tan blancos y suaves como los suyos pero, a diferencia de su propia piel, ella estaba caliente. Y el calor era glorioso. Tan glorioso que le sacudió la cintura como si ya estuviera experimentado un orgasmo.


"¡Ah!"


Luego, detrás de su espalda, la mano del hombre agarró sus nalgas y lentamente cavó en su agujero para molerle la pared interior.


Le temblaba el estómago y el pecho comenzaba a subirle y a bajarle frenéticamente solamente con pensar en él y en sus agradables dedos. En la forma en que lo besaba y en lo mucho que quería seguir junto a él... Sin embargo, no importaba cuanto placer sintiera en esa ocasión, ni lo emocionante que fuera todo esto para sus entrañas, era solo un sueño así que no era real.


Además, hacer esta clase de cosas con el cuerpo que necesitaba para convertirse en un sacerdote, le hizo pensar en lo idiota que se había vuelto y en lo importante que era que se detuviera y cayera en la oración. Pero su mano era necia y no parecía tener plan alguno de detenerse. Con solo barrer el pilar y bajar los dedos a la vez, se encontró llenándose de un placer desconocido que le recorrió todo el cuerpo.


Cada vez que frotaba el glande con las yemas, gemía. Cuando tocaba un lugar sensible sentía un estímulo doloroso y cuando jadeaba por aire, derramaba semen.


"Ah, ah..."


Jeongin, débil por el placer sexual, alcanzó su punto máximo en poco menos de 10 minutos. Su semen se derramó vigorosamente en una cascada blanca que le mojó los muslos y cuando Jeongin mordió sus labios y tembló en agonía, la cabeza se le cayó para atrás debido al tremendo clímax.


Era poco, pero sintió que se había pintado por completo de blanco. Era solo masturbación, pero Jeongin se maravilló del placer.


"Ah, ah..."


Tan pronto como el éxtasis pasó hasta cierto punto, Jeongin se tocó los muslos, tomó un trozo de papel higiénico de la pared y se limpió tan perfectamente como pudo. Su rostro se había puesto rojo de la vergüenza al imaginar que alguien lo hubiera visto actuar de esta manera así que se movió tan rápido como pudo. Lavó su ropa y tiró el agua restante en el inodoro.


Eliminó el calor de su cara caliente con agua fría y luego, simplemente respiró tan profundo como le fue posible... Todo su cuerpo parecía oler a semen así que pensó que si alguien se encontraba con él fuera del cubículo, entonces definitivamente se darían cuenta de que se había masturbado. Y no podía soportar la culpa de sus acciones. Un clérigo no debería sumergirse en el placer de esta manera. Un clérigo no tendría que tener deseos.


Después de permitirse un cierto grado de enfriamiento, Jeongin salió rápidamente del baño y se dirigió a la catedral. La luz de la luna brillaba en el oscuro cielo nocturno y mientras lloraba, pensó en lo patético que era que Dios ya hubiese visto su figura. Tenía que hacer expiación.


Dentro de la iglesia vacía, Jeongin se arrodilló en un rincón oscuro. No quería verlo a la cara. Era difícil afrontar el rostro amoroso de la Virgen María, que era visible detrás de él y ni siquiera podía levantar la cabeza frente a la gran cruz.


"Estoy... He pecado padre."


Nunca había rezado con tanta desesperación.


Jeongin le pidió que perdonara sus pecados y por supuesto, le expresó que quería recibir un castigo corporal de ser posible. Quería ser perdonado así que Jeongin oró por la salvación de su alma, caída por las tentaciones de Satanás. Oró pidiendo la fuerza para derrotar al diablo y a la lujuria que le había mandado.


La oración tenía que ser el secreto de los tres. Jeongin, nuestra Señora y Dios. Era un secreto que solo tres tenían que saber.


Desde ese día, Jeongin se había aferrado más desesperadamente a Dios porque, de lo contrario, todos sus pecados volverían con fuerza hasta un punto en el que ya no siquiera podría lavarlos. Tenía miedo de verlos de nuevo porque siempre soñaba al momento de dormirse así que ahora rezaba para que le permitieran no hacerlo. En caso de que volviera a tener una extraña fantasía, se sentiría tan culpable que definitivamente no podría soportarlo y ya no tendría la fuerza de quedarse allí.


Pero Jeongin volvió a tener un sueño.


Apareció algo negro. Era tan negro, incluso en la oscuridad de su alrededor, que ni siquiera podía reconocer de qué se trataba. Y dentro de esa figura, ardía fuego. Era algo que parecía una persona, pero que se estaba quemando con fuerza hasta hacer brotar chispas de color azul. Con solo mirarlo un segundo, Jeongin sintió que las yemas de sus dedos se enfriaban y que su columna vertebral se paralizaba por la increíble sensación de terror. Un sentimiento de pánico que se sentía más bien como un presentimiento.


Quería huir, pero si le daba la espalda a esa cosa estaba convencido de que lo tragaría en un instante. Y su instinto le gritaba que si lo hacía, entonces moriría también en el mundo real.


Jeongin estaba rígido, solo moviendo los ojos de un lado para otro. Y cuando finalmente pudo adaptarse a la capa de oscuridad, entonces notó que alguien estaba parado a su lado. Era más pequeño que la llama ardiente pero mucho más grande que Jeongin. Un hombre de cabello negro.


Jeongin reconoció de un vistazo que se trataba de Hyunjin. Sin embargo, no se sintió feliz ni aliviado por tenerlo cerca. Más bien, estalló en un grito aterrador. Fue porque de los ojos de Hyunjin brotaban lágrimas de sangre y luego, frente a Jeongin, quien no podía moverse debido a la visión, Hyunjin gradualmente se deformaba hasta convertirse en la Virgen María.


"Un secreto de tres..."


De su boca salió sangre y comenzó a quemarse hasta volverse una nueva sombra negra.


Jeongin lo miró y se olvidó de respirar. Gritó. Fue literalmente una terrible pesadilla y no podía entenderlo en absoluto. Nuestra Señora en llamas. Un sueño de fuego. Fue un sueño demasiado siniestro, aterrador y sin embargo, Jeongin no parecía dispuesto a contarlo. Ni siquiera podía hablar de ello en la sala de confesiones porque temía que se hiciera realidad si despegaba los labios... El problema fue que el sueño se repitió periódicamente. Un sueño de 3 meses que no podía desaparecer y un miedo que siempre se sentía como algo nuevo.


Cuando veía esa figura negra, entonces olvidaba completamente que había tenido el mismo sueño con anterioridad y comenzaba a sentirse como si fuera la primera vez. Tenía miedo del fuego, miedo de las lágrimas de sangre y miedo de la distorsión grotesca. Gritaba mientras lo miraba y se despertaba gritando con mayor fuerza. Jeongin no sabía de donde venía este sueño, solo que había aparecido de repente y convertido en una rutina


El joven, ahora se negaba a quedarse dormido y ya no se veía nada sano. Como no quería dormir, su tez empeoró hasta volverse amarillenta y sus bonitos ojos verdes se tornaron todos rojos y apagados. Aunque los profesores a veces hablaban con Jeongin para llegar al fondo del problema, Jeongin mantenía la boca cerrada y negaba con la cabeza para luego decir que estaba bien. No quería contarle a alguien esta historia de sueños sin sentido.


Pero los problemas que no podía decir empezaron a devorar a Jeongin...


Estaba enfermo por no dormir pero, cuando dormía, a menudo sufría pesadillas impresionantes y terribles por lo que su vida diaria no podía volver a considerarse tranquila. Se volvió sensible. Se ponía nervioso con facilidad y a veces lloraba como si tuviera muchísimo dolor. 22 años y las preocupaciones ya eran una carga en su espalda. Con miedo, no podía ni siquiera ver el rostro de Hyunjin, acercarse a él o estar presente en ningún otro lugar que lo tuviera. Cuando lo hacían, aunque fuera por accidente, Jeongin inmediatamente volvía la mirada o se apartaba. Y eso provocó que Hyunjin se preocupara.


"El director también está preocupado".


"No es gran cosa."


"Jeongin".


Los ojos de Hyunjin eran bastante firmes. Había estado haciendo amigos durante 3 años, pero Hyunjin era el más obstinado de todos ellos. Y sabía bien que era difícil que Hyunjin no ganara en algo.


Jeongin suspiró y se sentó en el banco junto a él:


"Acabo de tener una pequeña pesadilla."


"¿De qué se trata? ¿La tienes a menudo? Te ves tan cansado estos días..."


Incluso las preguntas de Hyunjin fueron abrumadoras debido a su falta de energía. ¿Se harán realidad sus sueños si los plática? Habían pasado unos días desde que decidió no contárselo a nadie así que estuvo enfermo y sufriendo por su cuenta. Ni siquiera podía dormir bien porque se veía obligado a despertar antes de comenzar a soñar con algo. Jeongin asintió, pero vaciló. ¿Estaba bien decirle que era el propio Hyunjin quien se mostraba de una forma aterradora en su sueño? ¿Qué pasaba si le contaba este sueño y realmente se volvía verdad? Tal vez era una tontería preocuparse, conocía que sonaba como una pero, estaba extrañamente ansioso.


"No puedo. Temo que se vuelva real".


Al ver temblar los labios de Jeongin, Hyunjin parpadeó calmadamente. Le dio unas palmaditas para tratar de tranquilizarlo pero los delgados hombros de Jeongin parecían haberse vuelto tan delgados como el papel, por lo que se detuvo. Sus ojos estaban tan rojos que sintió pena de que derramara tantas lágrimas.


"¿Pueden tus sueños volverse realidad? Piensa. Si se hicieran realidad, al menos ese sueño ya no volvería."


"Pero..."


La intensa voz de Hyunjin hizo que Jeongin pareciera desesperado y que estableciera contacto visual con él. Sus ojos azules parecieron llenarse de lágrimas de sangre... No podía hacerlo.


"A veces hay sacerdotes y monjas que tienen sueños premonitorios. Los sueños de esas personas son en realidad, cosas por venir. Pero a como yo lo veo, si tus sueños realmente se hacen realidad en el futuro, entonces puedes preocuparte de verdad porque son sueños de premonición, pero si no se convierten en realidad, entonces lo descartas y te quedas con la idea de que solo es un sueño. ¡Y al menos ya te lo sacaste de la mente! No es la gran cosa. Enfermarse no lo va a resolver".


Las palabras de Hyunjin tenían sentido, pero Jeongin solo se mordió los labios.


"Créeme, todo estará bien."


La gran y pesada mano de Hyunjin cubrió la mano de Jeongin. De alguna manera, quería creer en sus palabras. En que todo estaría bien y que realmente no sería la gran cosa. Que era solo un sueño. Que no sería nunca más que una maldita pesadilla.


Hwang Hyunjin no podía estar equivocado y quizá, hasta hacerlo enfermarse así solo se trataba de una mala broma del mismísimo Satanás. Una broma para atormentarlo y hacer que ya no se acercara a Dios.


"En mi sueño..."


Jeongin confesó lentamente sus sueños. Más negro que la oscuridad, la forma y el fuego, todo ardiendo. Hyunjin y Nuestra Señora. Todos los miedos y gritos terribles que sentía, incluso la historia de que no quería dormir porque tenía miedo de que alguien saliera lastimado. Cuando lo sacó de su sistema, el sueño que era tan aterrador se sentía como nada hasta el punto de ser patético. Tenía miedo de hacer el ridículo, pero Hyunjin escuchó seriamente la historia de Jeongin.


"No parece mucho. Pero, en caso de que te sientas mal con esto, tendré cuidado."


Después de confesar todo y recibir la respuesta de que sería cuidadoso, se sintió tan cómodo y relajado que incluso se rió un poco. Fue una risa honesta después de mucho tiempo.