1. Desconocido
Habían cambiado tantas cosas en la vida de Renjun en tan poco tiempo. Hasta hace unos días tenía un cuarto vacío con un gran espejo frente al que bailaba o se tomaba fotos por horas, ahora esa era la habitación de su hermanastro Jeno. Jeno era tan educado y prudente que resultaba aterrador, especialmente al lado del escandaloso hermano menor de Renjun de nombre Chenle, sin embargo los tres darían su mejor esfuerzo para soportarse mutuamente... Digo, para llevarse bien y ser la familia feliz que tanto ellos como sus padres habían deseado por tanto tiempo.
—¿Me pasaría la sal, por favor? —preguntó Jeno mirando hacia Chenle; siempre usaba lenguaje formal, aún con personas menores que él.
—No —respondió dejando helados a todos en la mesa antes de terminar su frase—. Bromeo, aquí tienes.
A todos les pareció gracioso menos a Jeno, Jeno estaba confundido, se preguntaba cómo podía asustarlos de esa manera parecerles divertido o por qué mintió en primer lugar. Por más intimidante que Jeno fuera en el exterior, en el interior solo era un tonto que no entendía cómo funcionaba la sociedad.
Si hay alguien que conoce a Jeno, esa persona es su madre. Su madre sabía lo difícil que era para su hijo acercarse a otras personas después de tantos rechazos al intentarlo en el pasado y eso la preocupaba, por ello tuvo una conversación tanto con su prometido e hijastros sobre sus anormalidades como con él sobre los cambios que enfrentaría después de que tomaron la decisión; ellos se mostraron comprensivos, pero Jeno...
—Aborrezco la idea de vivir en una casa desconocida con cuatro extraños —declaró terminando un dibujo sobre su escritorio.
—Son tres —corrigió su madre desde la cama.
—Conté a la perrita.
Hizo un ejercicio de respiración para mantener la paciencia, vaya que la necesitaría. —Jeno, sé que temes al cambio pero este es necesario.
—No me aterra el cambio, me aterra lo desconocido y todo ahí lo es.
—Pero lo conocerás.
—¿Y si no me gusta?, ¿podremos volver a como era?
—Si no estuviera segura de que será lo mejor para nosotros no lo haría, pero lo estoy.
—Pero yo no —estrellando su lápiz en la mesa en un ataque de frustración, sus pensamientos no le permitían seguir. Después de un largo silencio, mientras esa emoción se debilitaba, su madre posó la mano en su hombro con lentitud.
—Confía en mí —pidió. Sus miradas dijeron más que mil palabras antes de salir de la habitación.
Y así fue, confío en ella; de cualquier forma la decisión ya estaba tomada y viendo el lado positivo sabía que su padrastro tenía una buena posición económica, lo que ayudaría a su colección de videojuegos. Jeno era consciente de que cada vez que pasaba por cambios significativos, nuevas experiencias o se cruzaba con personas nuevas reaccionaba de la misma forma comenzando con el aislamiento, Jeno evita interactuar con el mundo que lo rodea y se encierra en el suyo para sentirse seguro; lo siguiente es básicamente adaptar el método científico a su situación constando de cuatro etapas: la observación, se abre a la interacción limitada para entender a lo que se enfrenta; la formulación de hipótesis, donde hace suposiciones con base en lo que notó en la observación; la experimentación, diseña experimentos para comprobar o descartar las hipótesis teniendo en cuenta las variables; y por último la conclusión, cuando a través de las suposiciones correctas e incorrectas logra comprender la situación y adaptarse. El problema es que nunca ha tenido que aplicarlo porque gracias al aislamiento nunca ha pasado por cambios significativos, nuevas experiencias o se ha cruzado con personas nuevas, de hecho le aterra tener que pasar por las otras etapas pero igual debía tener un plan para cualquier apocalipsis en el futuro; sí, para Jeno hablar con alguien que no fuera su madre era lo equivalente a una invasión zombie... Y bueno, ese apocalipsis empezó en el instante en que quitó el primer póster de la pared.
La mudanza había comenzado, mientras Renjun y Chenle ayudaban a almacenar y la señora Lee discutía con su prometido sobre el destino de esos viejos muebles Jeno estaba encerrado en su habitación guardando toda su mercancía de videojuegos en cajas que no tardaron en agotarse. Le aterraba salir a pedir más pero pensó que sería mejor empezar con las interacciones para ir entendiendo a lo que se enfrentaba y que no fuera todo una sorpresa; así es, estaba entrando a la primera etapa.
Chenle se sorprendió al ver aquella puerta abrirse lentamente mientras un chico de cabello oscuro se asomaba, tras un corto silencio el menor sonrió. —Hola, ¿necesitas algo?
«¿Usando un suéter sobre una playera de manga larga sabiendo que estará en constante movimiento? Ese chico es digno objeto de estudio», pensó Jeno antes de responder. —Se me agotaron las cajas, ¿puede traerme más, por favor?
«¿Acaba de hablarme de usted...?», Chenle casi ignora su petición por prestar atención a ese detalle. —Seguro, ¿cuántas quieres?
—Uh... No había pensado en eso, espere.
El mayor entrecerró la puerta para calcular la cantidad exacta, fue entonces cuando Renjun entró a escena. —Lele, ¿dónde está el martillo?
Chenle pidió que guardara silencio y señaló la habitación de Jeno, Renjun quedó en shock y susurró: —¿Lo viste?
—Sí —asintió, parecía que hablaban de una celebridad.
—Cinco cajas —aclaró Jeno abriendo por completo la puerta encontrándose con la mirada de Renjun.
«Maldición, otro idiota abrigado».
—Oh, bien, no tardo —dijo Lele yendo por las cajas abandonando a su hermano.
Renjun soltó una risa nerviosa mientras Jeno lo juzgaba sin expresión alguna. —¿Por qué usa un suéter?
—Eh... No lo sé, me gusta.
—Pero no hace frío y está dentro de una casa.
Renjun no se atrevió a llevarle la contraria, quería salir de ahí lo más pronto posible. —Tienes razón, me lo quitaré.
—Eso sería muy considerado. Dígale a su hermano que haga lo mismo, por favor.
Chenle volvió, Jeno tomó las cajas y agradeció, volviendo a su encierro. —¿Por qué te quitaste el suéter? —cuestionó viendo que lo sostenía con el brazo izquierdo.
—Me pidió amablemente que lo hiciera pero honestamente lo sentí como una amenaza —respondió con escalofríos, su hermano se rió demasiado pronto—. También me pidió que te quitaras el tuyo.
La presión de Chenle bajó y decidió obedecer, claro, viendo esos músculos nadie los culpa. Esa fue su única interacción con él, en el auto se sentó en la esquina con su madre y audífonos separándolo del resto del mundo y en casa nadie se atrevió a interrumpirlo mientras bajaba sus cosas para volver al aislamiento ahora en su nueva habitación.
A este punto sobra mencionar que Jeno no era normal, él procesaba al mundo exterior de una forma completamente diferente al resto y en caso de que alguien se pregunte el porqué la respuesta es muy sencilla: Jeno tenía transtorno del espectro autista acompañado de una fuerte herida de rechazo. Lo que no sabía es que el peor escenario posible para alguien así estaba a la vuelta de la esquina, pero me estoy adelantando.
Volviendo a la actualidad, el fin de semana había acabado, sería el primer día en que los tres fueran a la escuela juntos; ellos por varios años habían acudido al mismo instituto pero nunca habían tenido contacto alguno ya que estaban en diferentes salones y Jeno estaba completamente concentrado en sí mismo. Al inicio Jeno sintió pánico, sentía que era un paso muy grande e incluso pensó en escaparse por la mañana y desayunar en alguna cafetería en lo que llegaba la hora pero luego pensó en lo decepcionada que estaría su madre de él y se dió cuenta de que soportar eso sería más difícil que pasar un par de minutos en un espacio limitado con personas que no ha terminado de estudiar.
Mientras caminaban al auto Chenle corrió para tomar el asiento delantero, Jeno intentó relajarse y vió como ventaja que habría un espacio amplio entre él y Renjun, tranquilidad que no le duró ni unos segundos.
—Papá, ¿podemos pasar por Jaemin? —preguntó Renjun con una gran sonrisa.
—Claro.
—¿Jaemin? —La sangre de Jeno se heló al darse cuenta de que se trataba de una persona nueva.
—Es... Un amigo cercano, te caerá bien.
—Pero no lo conozco.
—Aún —cerrando su puerta. Jeno estaba más allá de sus límites pero al ver la sonrisa que le dedicaba su mamá desde la entrada no pudo dar marcha atrás. A pesar de ser muy malo entendiendo las emociones de los demás, reconocía fácilmente el orgullo y la admiración porque en el fondo era todo lo que buscaba.