Naruto y los Olímpicos

Summary

Historia cliché de Naruto en el mundo de Percy Jackson

Status
Ongoing
Chapters
8
Rating
4.5 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 1

Dos siluetas se encontaban frente a frente a los pies de un titanio árbol. Una luna, de un inquietante color carmesí iluminó la escena.


Una de las figuras se encontró de pie, sosteniendo una katana a milímetros del pecho de la otra que se encontraba arrodilla y con la mirada baja.


Otsutzuki Kaguya, Diosa conejo, madre del chacra, una bella mujer con rasgos faciales muy delicados y largos cabellos de color blanco, algo de lo más notable  en ella eran sus dos cuernos que salen como protuberancias desde su cabeza y un tercer ojo, de un intenso color rojo con un patrón ondulado, vestía un kimono de princesa de cuello alto adornado con lineas negras en los bordes así como una gran cantidad de tomoes que corren por el centro y mangas del kimono.


Ella solo veía con indiferencia al un chico a sus pies.


Un adolescente no mayor a los 16 años, el era un niño algo delgado, de tez bronceada, ojos heterocromaticos, sin vida que miraban fijamente la katana en su pecho, su pelo una vez rubio ahora era manchado por su sangre, él vestía lo que alguna ves fue un traje del anaranjado más llamativo, ahora siendo opacado por la suciedad y sangre, en su única mano sostenia una banda que tenía una placa de metal, con un símbolo de hoja grabado.


La mujer empujó un poco la katana sobre el pecho del chico haciendo que un leve rastro de sangre saliera de él, desvió su mirada del rubio para ver a su alrededor, y quedar conforme con lo que veía.


Lo qué alguna vez fué un gran valle lleno de árboles y animales ahora era un inmenso desierto decorado por miles de cuerpos mutilados, ríos de sangre, grandes cráteres causados por la coalición de poderosas técnicas, y una estatua de de Buda hecha de madera que posee un tamaño colosal, pues fácilmente se elevó por encima de las pocas montañas que quedaban, miles de manos emanan de la espalda de la estatua en innumerables filas concéntricas, mientras que sus dos manos principales están entrelazadas como si estuviera rezando.


La luna carmesí continuaba su ascenso en el cielo, bañando el desolado paisaje con su luz siniestra. Kaguya, con una expresión de satisfacción en su rostro, retiró la katana del pecho del joven, permitiéndole caer al suelo con un golpe sordo. Su mirada se perdía en el horizonte, donde los últimos vestigios de resistencia se desvanecían ante su poder inmenso.


El chico, con su último aliento, levantó la vista hacia la estatua de Buda, buscando en ella un consuelo que no podía encontrar en su mundo terrenal.


--Te lo dije.-- La calma en su voz fue inquietante. --No puedes seguir peleando, ya no tienes nada porque luchar.--


--Cállate-- la apagada voz del chico solo causó que la sonrisa de la mujer incrementará.


--¿Aun te quedan fuerzas?-- pregunto con diversión mientras su tercer ojo brillo momentáneamente obligando al robio a flotar a la altura de la diosa.


El rubio solo contuvo un quejido cuando las lesiones ganadas por meses de pelea sin descanso por fin se hicieron presentes. 

La diosa siguió sonriendo por ver que había logrado quebrar al niño.


--He de admitir que me sorprendi con sus habilidades, de todos ustedes... En especial las tuyas...---  Kaguya dijo con una sonrisa que desapareció drásticamente. La katana qué aun sostenía en sus manos brillo por el chakra que se le fue infundido.


--Su error fue creer que podían vencer a un primordial.-- ella le susurro al oído después de lavar en su totalidad la oja de la katana en corazón del niño que ni siquiera se inmutó.


*** * ***** * ***


En un pequeño departamento en la ciudad de Nueva York, un joven rubío despertó agitadadamente dando un pequeño salto en la cama, sudor frío recorrio su frente mientras veía con miedo a su techo, se quedó unos segundos tratando de jalar a sus pulmones todo el aire que le sea posible, y después de unos segundos el pudo calmarse un poco.


Vio su única mano que temblaba de miedo, la movio rápidamente para después ver su palma, en ella se podía ver la marca de un sol blanco siendo cubierto por una luna menguante de color negro.


Después de unos segundos de apreciar su tatuaje suspiró, vio su despertador notando que eran las 4:36 de la madrugada.

Se sentó en su cama recordando la pesadilla, y que cada vez se volvieron más frecuentes, pasó una mano por su pelo rubio, y después suspiro al notar que ahora le llega a los hombros.


El joven se quedó sentado en la oscuridad, su respiración aún entrecortada. La ciudad de Nueva York dormía ajena a las tormentas que azotaban su mente. Las pesadillas habían comenzado como ecos distantes, pero ahora eran gritos que resonaban con la fuerza de un trueno. La marca en su mano era un recordatorio constante de que la realidad y la ficción se estaban fusionando de maneras que no podía explicar.


Se levantó después de calmarse y solo entró al baño. Después de una larga ducha y cortarse el cabello, él se colocó su ropa tranquilamente, vestía unos jeans negros, una sudadera naranja sobre una playa blanca.


Él abrió una pequeña estantería en donde se encontraba un viejo pergamino con el kanji japones para ninja, un incienso, flores y veladoras. Prendio tranquilamente las dos veladoras, después de una pequeña oración el saco algo que escondía detrás del pergamino y lo guardo en su sudadera, para después salir de su departamento.


El rubio caminaba tranquilamente por las calles de New York, las primeras luces del amanecer comenzaron a teñir el cielo. El realmente no tubo ganas de cosinar su desayuno, o siquiera  sacar algo de su refrigerador, y mejor opoto por solo fumar un cigarrillo de mariguana mientras vagaba por times square, haciendo algo de tiempo en lo que el llegó la hora de ir a la academia.


El vio con algo de molestia la fachada del lugar, realmente odiaba asistir a la academia pero era obligado a venir por su madre, la odiaba ya que a pesar de tener 15 años y un físico de alguien de 18 estuvo en una clase de niños de 12 años debido a su "dislexia", se debatió el si debería entrar o simplemente irse, no seria la primera vez que lo hacé.


--Señor Uzumaki, ¿Otra vez temprano?-- una calmada voz lo saco de sus pensamientos.


El rubio solo volteo a ver a un hombre caucásico en silla de ruedas que se detuvo a un lado de él y que le dió una ligera sonrisa amigable. --Traje donas y café extra, acomoañeme a desayunar.--


El hombre dijo antes de retomar su camino al interior de la academia, Naruto vio la espalda del hombre antes de apagar lo que quedo de su cigarrillo y seguir a su profesor.

El aroma del café y las donas llenaba el aire, creando una atmósfera cálida en contraste con la frialdad de la mañana neoyorquina. Naruto siguió a su profesor al interior de la academia, donde una pequeña sala de profesores se había transformado en un improvisado comedor. Las paredes estaban adornadas con mapas del mundo y estanterías llenas de libros antiguos y modernos, un santuario del conocimiento en medio de la ciudad.


--Gracias, señor.-- dijo Naruto, tomando asiento frente a su profesor. La silla crujió bajo su peso, un sonido familiar que le recordaba a las mañanas en la academia.


El profesor sirvió el café en dos tazas y ofreció una caja de donas a Naruto, quien eligió una cubierta de chocolate. Mientras mordisqueaba la dona, el profesor lo observaba con una mirada pensativa.


--Naruto, he notado que has estado... distante últimamente. ¿Hay algo que quieras compartir?--preguntó el profesor, su tono era suave pero directo.


Naruto solo le dio trago a su café ignorado deliberadamente ls pregunta de su profesor. Apreciaba la genuina preocupación pero no le contaría sus problemas tan fácilmente.


El hombre en la silla de ruedas solo vio por unos segundos esperando una respuesta antes de tomar una dona para él. --No olvides que estoy aquí para ayudarte.--


La.sala se quedo en silencio. Los únicos dos ocupantes disfrutaron de su desayuno, cada uno inmenso en sus pensamientos.


*** *


Después de un largo y aburrido día en la academia él rubio se encontraba en una pequeña cafetería en Perry street.


Él se encontraba molesto por el hecho de que tuvo que escapar de un compañero que extrañamente trataba estar con él, a el se le hizo raro ya que habitualmente Grover lo evitaba a toda costa.


El rubio solo bebía un té, mientras que veía por la tele las noticias de un gran tsunami que golpeó las costas del pacífico mexicano, las noticias cambiaron y ahora hablaban de un fuerte huracán que se estaba acercando por el golfo de México, e impactaría en Texas en las próximas horas.


Suspiró y regresó la mirada a una joven pelirroja que se veía algo molesta por el hecho de que el rubio la ignoraba.


La joven, no mayor de 18 años, tenía su pelo de un intenso color rojo, ligeramente ondulado y se encontraba suelto llegando hasta su cintura, su figura y belleza era algo de que admirar si las miradas lascivas de los hombres le desean algo.

Ella vestía unos ajustados leggins negros y una playera deportiva rosa que resaltaban su pechos copa D, al igual que sus tenis que eran del mismo tono.


Él rubio vio con indiferencia a la mujer que bebía su malteada de chocolate.


--¿Sabes? esto no es lo que pensaba cuando me prometiste una cita modesta.-- Ella dijo con cansancio y molestia.


--¿Y qué es lo que esperabas?--  él rubio pregunto en un tono monótono que molesto a la peliroja que solo hizo un puchero y volteo a otro lado.


--Una cena, o algo más romántico, no un tonto sándwich y un malteada en una cafetería barata.-- La molestia en la voz de la joven mujer incremento por la falta de expresión en su pareja.


El rubio solo suspiró al ver que la bella mujer miró a la ventana completamente enojada, él aveces no la entendía, la había llevado a lugares que a su parecer eran peores que esté y nunca se había enojado.

La vio mejor, había ocasiones en que ella venía de malas, algo que se volvió más frecuente después del último solsticio de invierno.


--¿Que tal tu día?-- Pregunto Naruto después de unos segundos.


La pelirroja solo le dio una leve mirada al rubio que realmente parecía interesado en su día, ella solo suspiró y acomodó unos mechones de su pelo que cubrian su rostro.


--Mal.-- Dijo ella con frustración. --Primero el estúpido de Ares se enojó y me insultó porque lo volvi a rechazar tener relaciones con él, luego esa tonta de Artemis me quiso golpear porque hice que una de sus cazadoras se enamorara, y aunque Apolo la detuvo aún así me siguió llamando puta.-- Su frustración incremento. --Luego esta esa estúpida reunión donde de nuevo el cabeza de aire se quejó de que Poseidón le robó su rayo... luego Artemis siguio con sus insultos, me salí del Olimpo para no tener que verla.--


La mujer hizo una pausa pausa a su arrebató antes de volver a centrarse en su malteada y soltar un suspiro de cansancio. --Hay veces que solo quiero renunciar a mi cargo como diosas y huir al mundo humano.--


--Lamento oír eso... sabes que tengo algo que puede alegrarte el día--


Ella se molestó un poco por el tono monótono del rubio aunque solo lo vio con curiosidad que pasó a decepcion cuando lo vio sacar una pequeña caja, intercambio su mirada entré la caja y el rubio el cual tenía una ligera sonrisa.

Ella solo tomó la caja y no le dio mucha importancia ya que solo la guardó en su bolso antes de solo levantarse para la sorpresa del rubio.


--Te veré luego.--


El rubio solo suspiro mentalmente antes de solo seguir tomando su café sin darle una mirada a la mujer que solo salía del local a un paso rápido, se espero un par de minutos antes de solo pagar e irse también.


*** *


Afrodita se encontraba en su cama en el Olimpo, ella estaba algo molesta por el rubio, espero que al menos la llevara a un buen lugar y no a una simple cafetería, solo suspiró y vio la caja a un lado de ella, era una simple caja de cartón rojo con un listón rosa atado, lo aprecio por un momento antes de lanzarlo al monton de cosas que varios hombres le regalaron y suspiró.


Ella realmente esperaba que la relación con el joven rubio fuera algo más que una simple noche de pasión, fue por eso que le había dicho de su estatus como diosa, aunque realmente no parecía estar funcionando, el chico era demasiado inexprecibo, incluso juraría que Hades podía mostrar más emoción que el joven rubio, y sinceramente eso fue lo que le atrajó un poco.


Salió de sus pensamientos al ver un pequeño destello por el rabillo de sus ojos y llena de curiosidad volteo a ver la gran pila de regalos, centro su mira en la pequeña caja que ahora estaba rota, al igual que su contenido, una pulsera.


Ella camino hacia la pulsera que se rompio, la sustuvo con delicadeza los pedazos y vio con asombro los rubíes y noto que eran de verdad, ella la admiro unos segundos y después su mante reacciono, él rubio nunca la llevaba a ésos lugares en una cita, y a pesar de que era una cafetería, era algo lujosa, vio la pulsera y notó que era totalmente de oro y los rubíes eran reales, recordó que el nunca la invitaba muy seguido a comer porque siempre se encontraba trabajando, y cuando salían el jamás la vio con lujuria o deseo, siempre la trató bien incluso cuando le dijo que era una diosa.


Ella realmente se maldijo mentalmente, y trató de arreglar desesperadamente la pulsera pero sin éxito, después de eso ella salió del olimpo regresando a la cafetería para buscar al rubio, ella se volvió a maldecir al nunca preguntar por su dirección, o en donde trabajaba, ella sacó su móvil y llamó al rubio que nunca contestó.


*** *


Naruto se encontraba en el río Hudson viendo tranquilamente el contaminado río, aún lado de el se encontraba un hombre de apariencia mayor que lo veía indiferente ya parecía que habían tenido una plática hace unos momentos y que molesto al hombre mayor que solo suspiro y le dio una bolsa negra al rubio, que solo la tomó sin ver al molesto viejo.


--solo creo que realmente debes dejar que vea tus sueños-- el hombre dijo en un tono que insistente al rubio qué solo tomo la bolsa que le dió el viejo.


--es algo personal--


--como quieras, llámame si quieres más somníferos--


El hombre mayor solo desapareció dejando un ligero polvo dorado que el rubio sacudió de sus ropas.

Naruto solo que quedó viendo al río durante unos minutos y solo se fue al recordar que mañana tenía la vista al museo metropolitano de arte, el solo suspiró para después haciendo desaparecer la bolsa en una bola de humo.


Fin del capítulo

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