Capitulo 1: "Vida"
Β« Oh, que noche tan solitaria y frΓa, no hay quien me acompaΓ±e en mi pobre y sucio sufrimiento.Β» Pensaba aquel pelinegro sentado en aquella acera tan dura y liza. Abrazando aquel abrigo que lo cubrΓa de forma ligera de esa nieve blanca que caΓa sin parar sobre su cuerpo desnudo y delgado siendo tan pΓ‘lido como esas muΓ±ecas de porcelana. Cuando comenzΓ³ a oscurecer decidiΓ³ levantarse del suelo haciendo notar sus delgadas piernas. Durante todo el recorrido a su pequeΓ±o cuarto donde vivΓa de forma demasiado ajustada, esas escaleras que tanto le costaba subir comenzaban a quebrarse con cada paso pesado que daba.
Empujo hacia adentro esa puerta de madera tan pesada y vieja, sus zapatos negros fueron arrojados con fuerza a un rincΓ³n de ese cuarto, importandole poco si dejaba esa puerta a medio abrir, se quito con delicadeza ese abrigo gris solo para arrojarlo por la ventana. Una vez habΓa quedado sin prenda alguna giro su cabeza hasta la puerta encontrando a ese hombre que tanta repulsiΓ³n le causaba. Se percato de esa mirada tan asquerosa que le dedicaba, esos mismos ojos verdes lo observaban con tanto deseo que no se dignaba siquiera a pronunciar palabra alguna.
Apenas sus ojos negros se cruzaron con esos verdes sintiΓ³ un escalofrio recorrer su cuerpo Β« ΒΏQuΓ© es lo que necesita aqui, Sr. Durand? Β». Desesperadamente sus manos buscaban alguna prenda para cubrir su cuerpo, el hombre solo sonriΓ³ y se cruzo de brazos apoyandose en la puerta aΓΊn mirando al chico de pies a cabeza.
Β« Mi pequeΓ±a espinita, te has demorado mΓ‘s de lo pensado con la paga del cuarto y eso no te lo puedo permitir. Β» Como era de esperarse de ese viejo asqueroso, solo para eso lo vendrΓa a buscar Β« Si no tienes el dinero no es problema, despues de todo me podrΓas pagar con una de esas maravillosas noches que das. Β» y allΓ estaba lo que tanto querΓa.
Se levanto de ese incΓ³modo colchon y con su desnudez a la vista cogiΓ³ el dinero que se encontraba encima de la pequeΓ±a comoda, a paso lento se acerco a la puerta y el viejo mostro la palma de su mano para agarrar el dinero. El seΓ±or se aparto del marco de la puerta, se miraron una vez mΓ‘s y la puerta fue cerrada con fuerza golpeando la punta de la nariz del seΓ±or, quien solo se retiro.
Solo pudo seguir con ese sabor desagradable en la boca, observΓ³ ese suelo de madera tan sucio y polvoriento encontrando una pequeΓ±a nota blanca que parecΓa que llevaba dΓas allΓ ,lo noto por el estado en que estaba. Recoge la nota y tomo asiento en la pequeΓ±a cama, abriΓ³ el sobre y lo tiro a un costado, desdoblo la carta para comenzar a leerla.
β¨ Oh, mi querido hijo.
En todo este tiempo que no has estado con nosotros me he dado cuenta de muchas cosas, las cuales tu ya me habΓas dicho pero como siempre no te hice caso. Antes que nada espero te encuentres bien y estes triunfando como siempre me dijiste, que estes comiendo sano y saludable, que estes durmiendo comodamente y lo mΓ‘s importante: que hayas conocido a una linda chica'.
Volviendo al tema, tenias razon sobre tu hermana Chloe, ella fue la primera en irse solo por un hombre mayor, sobre tu hermano Herald, Γ©l huyo con el dinero que tu padre habia juntado con tanto esfuerzo.
Mi querido Dazai, tenias razon en todo y ahora tanto tu padre como yo estamos en bancarrota, no sabemos que pasara con nosotros y tus hermanos no se dignan a aparecer. Queria saber si tΓΊ, mi pequeΓ±o niΓ±o nos podrΓ‘s enviar algo de dinero para poder sustentarnos.
Para: Mi hijo querido. β©
Con su expresion de incredulidad saco el pequeΓ±o encendedor que siempre guardaba debajo de su almohada, prende el objeto y comenzo a quemar la carta
Β«Vaya, despues de casi seis aΓ±os lejos de ellos se dignan a escribirme recien. Ay mamΓ‘, si no te conociera te creerΓa, lastima que esta carta este escrita por Herald. Malditos hipΓ³critas. Β»
Cuando la carta se reduce a cenizas solo las tiro por la ventana dejando que el viento haga con ellas lo que quisiera. ObservΓ³ el reloj ya viejo apuntando las doce, se vistiΓ³ rapidamente con la ropa mas bonita y atractiva que tuviera. Se puso unos tacones negros de tacon bajo, una vez vestido saliΓ³ de ese cuarto, cerro la puerta y se arreglo un poco el cabello.
.
.
.
Tras caminar unas calles a oscuras llego a esa pequeΓ±a casa que tanto recurre en las noches, entro sin preguntar por la puerta de atras y se topo con esa chica tan guapa que siempre le daba la bienvenida. Β« Dazai, apareces en el momento preciso, te esperan en la habitacion cinco. Β» AsintiΓ³ sin decir nada y se dirige a esa habitacion, llevo un vino en sus manos, un vino tinto muy costoso en ese lugar.
Entro a la habitacion encontrando un hombre, al parecer unos aΓ±os mΓ‘s que Γ©l tenΓa, pero tenia buenas facciones. Β« Oh, asi que tu eres la tan famosa bicicleta del lugar. Β» sonriΓ³ mostrando unos pequeΓ±os hoyuelos. Β« Aunque me pregunto por quΓ© sera.Β»
Una vez servidas las dos copas de vino, tomo asiento al costado del hombre quien aun sonrie mostrando esos blancos y cuidados dientes, con cautela lo miro de pies a cabeza Β« Veo que es doctor Β» Eso sorprende un poco al hombre quien pacientemente espero a que explicara Β« Lo digo por el estetoscopio que lleva en su cuello. Β»
Β« SΓ, era medico, justo hoy me despidieron. No tengo la menor idea del porque pero segΓΊn ellos ya tenΓan demasiado personal, que yo ya estaba mayor como para seguir trabajando. EstudiΓ© desde mi niΓ±ez para convertirme en el mejor medico del mundo y mira donde estoy. Β» El hombre suspiro entristecido.
βEsto es una completa perdida de tiempo.β PensΓ³ Dazai, pues Γ©l habΓa ido alli para una sola cosa y no pueden culparlo, come de ese dinero y por algo trabaja alli.
Se acerco al hombre y lo rodeo en sus brazos Β«No ayudara en nada pensar en eso.Β» Se posiciono encima del regazo del caballero, sus brazos se posaron detras de su cuello y con una sonrisa traviesa acerco su rostro al contrario para comenzar a besarlo apasionadamente. Cuando las manos grandes apretaron su cintura abriΓ³ la boca para quejarse, en ese instante el hombre metio su lengua con destreza, explorando cada rincΓ³n de su boca con un deseo palpable. La tensiΓ³n entre ellos creciΓ³, y mientras sus cuerpos se enlazaban con fervor, el susurro de un deseo compartido colmaba la habitaciΓ³n. El tiempo se volvΓa relativo en aquel instante, donde solo existΓan ellos dos para el cliente, pero para Γ©l era solo una noche mΓ‘s igual que todas las anteriores.