Fuck you! After fuck me...
N/A: Boypussy, Todoroki activo dominante, Bakugou pasivo sumiso, Deku de chismoso mirón, sexo público, lencería, si entrecierras los ojos hay romance, etc, etc, etc.
Todoroki Shouto era un chico privilegiado. Tenía una buena educación, un buen estatus económico y social, automóvil propio, un departamento para él solo, y demasiada libertad.
Todos quisieran ser él, pero lo cierto es que todo eso no le salió gratis. Shouto todavía tiene que pagar a meses con intereses y aumentos anuales. ¿Su método de pago? Su salud mental. Era lo malo de tener una familia como la suya.
Pero ese no es el punto, el punto es que como estudiante universitario, podría disfrutar de ciertos lujos y diversiones antes del fin de semana y por ende, hora de volver a casa. Shouto no era idiota... del todo; podría cocinarse un huevo duro, cereal y pan tostado, y cualquiera puede hacer un café con la máquina que tiene. El resto del tiempo pedía comida a domicilio.
También le iba bastante bien en los estudios y pese a no ser el chico más social y amigable de todos, tenía unos cuantos amigos cercanos y varias personas se le acercaban a pedir su número y una cita. Podríamos decir que era un popular despistado.
Por el lado contrario tenemos a Bakugou Katsuki, un chico privilegiado, pero también con mañas de persona no privilegiada. Prefería compartir un dormitorio para ahorrar dinero y sabía andar en transporte público, por no decir que siempre se la pasaba comprando cosas que estuvieran en oferta con cupones.
No es que no tuviera el dinero para poseer lo mismo que los Todoroki, porque era hijo único, pero bueno, la humildad ante todo, dirían por ahí.
Era muy bien parecido, atlético y bueno en los estudios, su personalidad es ruidosa y se enoja con facilidad, así que, aunque su popularidad era bastante alta, también lo era la cantidad de personas que no se le acercaban. Tenía pocos, pero confiables amigos, y de vez en cuando aceptaba una cita.
Con 2 estilos de vida tan diferentes uno pensaría que nunca se encontrarían cara a cara; pero sí, se conocían y no se toleraban, aunque curiosamente a ambos les gustaba cierto tipo de cosas. Cada uno tenía una forma de descargar su estrés, pero todas en el mismo lugar.
Un bar de mala muerte, o lo que parecía ser un bar. Shouto estaba cansado de que su vida fuera siempre una rutina y acatar órdenes, quería por un momento ser él el jefe; Katsuki era lo contrario, toda la semana tenía que tener el control de su vida y de los demás, por un momento le gustaría que alguien hiciera todo por él.
Y fue así que, aunque no se aguantaran en la escuela, cuando se encontraron en aquel lugar el click fue casi instantáneo. Fue casi como atracción magnética, una mezcla de deseo, estrés y tensión que terminó de una u otra forma en convertirlos en animales durante la noche, en aquel extraño bar llamado "Heat".
Todo iba bien hasta que el chismoso #1 de Katsuki de a fuerza quería saber todo de él.
Midoriya Izuku se consideraba a sí mismo la persona que más conocía a Bakugou Katsuki. No podía pelear el puesto de mejor amigo, porque ese ya estaba ocupado, pero digamos que le bastaba con el título de amigo de la infancia.
Kacchan, como le gusta llamar a Katsuki, en realidad no le toleraba. Sus personalidades completamente diferentes eran un choque entre ellos y eso evitaba cualquier acercamiento para una relación más íntima. Además, a Katsuki no le agradaba; lo pasaba a duras penas.
Pero Izuku era una persona paciente, así que no le molestaba mucho el trato grosero que recibía. Se enorgullecía de saber todo sobre Katsuki, si alguien tenía dudas sobre algo que al rubio le gustara o no, siempre acudían a él porque él lo sabía todo.
Claro, que no sabía que Katsuki se iba todas las noches del fin de semana a un bar. Casi le da un ataque cardíaco. No podía ser que existiera algo de Katsuki que no supiera. ¿Qué haría en ese bar? ¿Qué bebería? Izuku pensaba que ni siquiera bebía. Joder, todo lo que conoce se desmoronaba.
Así que cuando vio a Katsuki entrar en ese bar un día, decidió que el siguiente él también iría. Se vistió lo más desapercibido que pudo y se fue. Ir exactamente detrás de Katsuki levantaría sospechas, así que esperó tiempo y que entraran otros clientes antes de entrar.
Había sujetos en la entrada de la puerta, le miraron con una ceja interrogativa. Izuku tragó saliva pero les saludó; los guardias se dieron una mirada y le hicieron un gesto con la cabeza para que pasara. Casi pudo suspirar de alivio al ver que no era un club exclusivo.
Cuando le abrieron las puertas y entró, fue recibido por luces de colores, música fuerte y olor a tabaco y alcohol. Lo ordinario en cualquier bar, lo que no era ordinario era que todo estaba lleno de gente desnuda, o vestida de forma vulgar, ya sea con máscaras o sin ellas. Todos en una especie de orgía animal que podría darle un infarto a un cura.
Observó el lugar con detenimiento y casi se le desencaja la mandíbula cuando finalmente ubicó a Katsuki. Sin máscara y con un atuendo que ni siquiera una prostituta usaría por dinero, ¿tenía lápiz labial acaso? Y su acompañante, joder, aunque hubiera tenido una máscara no había forma de que ese cabello pasase desapercibido.
Izuku se quedó de pie, estático en medio de toda la orgía. Su vista estaba clavada en uno de los sillones, donde su compañero y mejor amigo, Todoroki, estaba sentado y teniendo en su regazo a Kacchan, quién estaba montando su polla mientras le abrazaba, ambos comiéndose la boca.
Es que no había otra palabra para describir aquello porque decirle "beso" sería degradar la definición. Más bien era como si las lenguas de ambos estuvieran enredándose fuera de las bocas y la saliva chorreara hasta sus barbillas. Sus movimientos hacían que pareciera un beso, pero claramente para alguien que los viera estaría de acuerdo en que eso no lo es.
Hasta donde él sabía, esos dos no se llevaban bien. No era que se odiaran, pero ciertamente no compartían un vínculo de amistad íntimo. Claro que ahora Izuku se da cuenta de que era porque compartían otro vínculo completamente diferente.
Las manos de Shouto sujetaron fuertemente las nalgas de Katsuki para ayudarlo a subir y bajar en su polla. Aún con la distancia a la que estaban, Izuku pudo ver en alta definición cómo el coño de Katsuki engullía la polla al bajar y cómo también se aferraba a ella cuando subía, como si no quisiera soltarla.
En un movimiento rápido las manos de Shouto se movieron hasta que llegaron a la separación de las nalgas para abrirlas. No solo eso, si no que aprovechó la oportunidad para acercar sus dedos hacia el culo descuidado de Katsuki.
Le dio una caricia por fuera con el dedo antes y meterlo; después le siguió otro de la misma mano; y por si eso fuera poco, los dedos de la otra mano también participaron. De modo que el culo fue abierto y estirado para la vista de quién quisiera, porque en plena orgía, casi nadie les prestaba atención.
Salvo por Izuku claro, que no tuvo una noción del tiempo después del shock, pero si vio como en un movimiento rápido y brusco, Katsuki bajaba por completo y se quedaba ahí, teniendo pequeños espasmos en su culo.
Shouto también tiró la cabeza para atrás en el respaldo del sofá. Casi pudo oír sus jadeos de alivio. Después de un par de segundos, el líquido blanco y espeso sobresalió en la unión de las entrepiernas.
Izuku seguía por completo estático, pero después de un rato fue empujado por varias parejas, tríos y grupos que cogían en movimiento y claramente él estorbaba. De hecho, comenzaba a destacar al ser el único bicho raro con ropa normal y parado en medio del bar.
No fue notado por sus amigos hasta como 10 minutos después cuando los ojos rubí de Katsuki se fijaron en él y le miró con miedo y sorpresa.
Observó que Katsuki le daba un codazo para llamar la atención a Shouto y señalaba en su dirección con la cabeza. Los ojos heterocromáticos también tuvieron una mezcla de emociones al verlo. De cualquier modo, ninguno dejó la posición.
Movieron sus labios para hablar entre ellos, pero por obvias razones, Izuku no escuchó nada. Al final, terminó a una distancia corta de ellos después de ser empujado por otras personas.
– Kacchan, Todoroki-kun – Los llamó en reconocimiento después de carraspear. Se sentía bochornoso y con los nervios de punta. Ellos se veían incómodos pero no tan avergonzados como se hubiera supuesto al encontrarlos ahí. Sobre todo, por la posición.
– Acosador – Respondió Katsuki y cuando Izuku bajó la cabeza supo que tenía razón. Soltó un suspiro mientras negaba. Una ceja le tembló por la irritación – Como sea, si no vas a cogerte a alguien... y que quede claro que no hablo de mí, puedes largarte.
– Uhm, si... – Casi respondió en un susurro arrepentido, dándose la vuelta lentamente.
– Y ni una palabra de esto a nadie, ¿Te quedó claro, maldito Deku? – Izuku asintió ante la amenaza y Katsuki asintió en aprobación – Bien.
– Nos vemos, Midoriya – Se despidió Shouto como si tuviera algo en la boca, ignorando lo grave de la situación. Izuku se percató de que era un pectoral de Katsuki.
Izuku salió casi lentamente de aquel bar, ignorando a toda la gente que le empujaba mientras cogía. Casi pálido salió mientras era observado de reojo por los mismos guardias de la entrada. Tragó saliva y soltó un suspiro, para después comenzar a caminar y alejarse. Consideraría volver, algún día, pero en otro horario de preferencia.

Cuando Katsuki estuvo seguro de que Midoriya ya no estaba, se volvió a Shouto para verlo chupar su pecho. Los ojos de diferente color tenían un brillo encantador gracias a los cientos de luces. Katsuki esperó, unos segundos hasta que Shouto se despegó, y solo entonces pudieron hablar.
– Me siguió hasta aquí – Katsuki se vio en necesidad de explicar.
– Lo sé – El tono calmado de Shouto no fue lo que Katsuki esperaba. Creía que pediría más explicaciones, que se enojaría, pero apenas y le hizo caso. Shouto volvió a hablar después de un rato – La verdad, pensé que ya se había tardado.
– ¿Estás diciendo que de alguna forma lo esperabas? – Katsuki farfulló con un pequeño y casi imperceptible puchero.
– A Midoriya le gusta saber todo de ti, la curiosidad debía de estarlo matando – Shouto se encogió de hombros – Su cabeza de seguro entró en cortocircuito cuando nos vio a ambos.
Katsuki entonces sonrió de lado y movió la cadera para que volviera la atención a lo importante. Shouto tembló y se aguantó un siseo. Cómo venganza, le tiró de uno de los tirantes de su ridículo y revelador bikini que ocasionó un chasquido con la piel cuando impactó en ella. Katsuki gimió de dolor y placer.
– Bien, ya tuviste tu momento de diversión – Shouto se acomodó en el asiento, la mirada fija en la de Katsuki, una mano le apretó el muslo y lo masajeó, mientras que la otra tiró de uno de sus pezones con fuerza. Katsuki soltó un chillido – Me toca a mí.
Katsuki tembló de anticipación, ya sabía lo que le esperaba y no podía aguantarse las ganas de comenzar ya. Su coño palpitaba de anticipación y su culo se abría por su cuenta en espera de ser usado. Por fin era momento de que todos sus agujeros fueran propiedad de Shouto y que él los usara como le plazca.
Shouto dejó el pezón magullado y con la misma mano apretó la mandíbula de Katsuki para acercarlo a él. La fuerza provocó que los labios del rubio se abrieran como si fuera a dar un beso muy exagerado. Los ojos carmesí ya brillaban de lujuria ante lo que venía, ansiosos por transformarse en corazones de amor ante la situación.
– Pareces una perra ansiosa – Comentó Shouto mientras se reía de forma nasal. Katsuki no pudo reclamarle el insulto por la mano en su cara pero su ceño se frunció un poco – Me gusta cuando te haces el difícil, lo hace más divertido.
Katsuki apenas pudo procesar lo que pasó, Todoroki de por sí era más alto y musculoso que él por lo que levantarlo para estrellarlo en el colchón sin ningún tipo de delicadezas no fue un problema, pero apenas le dio tiempo a reaccionar. Casi llora de súplica porque Shouto sacó su polla.
– Solo mírate – Dijo Shouto – Crees que no lo veo pero sí, tu culo está abriéndose por su cuenta, ¿Estás ansioso porque te dije que te iba a follar por ahí, no es cierto?
Katsuki no se quejó, Shouto puso su verga dura en su culo y coño, restregándose para molestarlo. El coño de Katsuki chorreaba con sus propios jugos y el semen de la anterior corrida de Shouto, lo que hacía que se deslizara más fácil la polla.
Shouto le tomó de las piernas para doblarlo y con una mirada seria e intimidante le ordenó que él las mantuviera así. Katsuki lo hizo y eso no solo lo expuso más, sino que también Shouto tuvo más libertad para tocar su piel expuesta. De nuevo volvió a chillar como animal cuando dos dedos se metieron en su culo de sorpresa.
– Si alguien más supiera que a Bakugou Katsuki le gusta ser follado en público por el culo de seguro que no se lo creería – Siguió burlándose Shouto – Pero apuesto a que eso te excitaría más ¿No es así?
La mano que sostenía de la mandíbula a Katsuki descendió hasta el cuello y se mantuvo ahí para apretarse un poco, el lo suficiente para hacer que Katsuki se excitara. Sus ojos se cruzaron de placer ante las sensaciones y mentalmente se preguntó qué pasaría en caso de ser follado públicamente en su escuela.
Katsuki tenía un lívido muy alto, y si alguien no lo controlaba entonces el rubio se volvía demasiado salvaje y brusco en busca de su propio placer. Por suerte para todos, Shouto sabía exactamente como mantenerlo bajo control y hacerlo explotar tantas veces de necesidad y placer que para cuando terminaban, ambos estaban saciados sexualmente.
Los dedos, índice y medio, dentro de Katsuki se curvaron hacia arriba, y Shouto aprovechó para meter el pulgar en el coño usado del rubio, de forma que intentara hacer que sus dedos se toquen, claro, obviando la piel que separaba el culo del coño. La sensación provocó un ataque de placer y pronto, Katsuki tuvo un orgasmo cuál fuente.
– Joder, ya me empapaste – Shouto sacudió su mano cuando la sacó, y las gotas se regaron por todos lados. Katsuki seguía enajenado por su orgasmo intentando controlar la respiración cuando le nalguearon con fuerza.
El chillido que soltó fue más animal que humano pero se apagó por la sensación de asfixia cuando Shouto le apretó el cuello más fuerte. Casi se avergüenza de sí mismo cuando la acción hizo que otro chorro violento saliera de su coño. Cómo adoraba que lo humillaran y lo follaran públicamente.
Shouto deshizo la fuerza del agarre del cuello, admirando la obra maestra que era Katsuki en ese momento. Su rostro estaba rojo, lleno de sudor, lágrimas, moco y saliva; los mechones de cabello se habían pegado a su cara y respiraba con dificultad. Sus labios estaban hinchados y sus ojos perdidos en el placer. Su cuerpo temblaba de vez en cuando.
Shouto sonrió de lado, casi imperceptible, antes de inclinarse sobre él y levantarlo. Cómo Katsuki todavía mantenía sus piernas abiertas, para Shouto no fue difícil que estuvieran sobre sus hombros. Desde esa postura, el culo de Katsuki quedaba a disposición y movimiento de sus embestidas.
– ¿E-Eh? – Katsuki no pudo ni reaccionar ante la acción, ya estaba levantado y con la punta de la polla en su coño cuando recobró la consciencia – O-Oye, espe... ¡O-Ouhg!
Con un movimiento rápido la polla entró, profundo y fuerte, rozando el cuello uterino con la punta, Katsuki sollozó de placer, temblando por las sensaciones que aquello le provocó. Shouto se mantuvo así, quieto, clavado en lo profundo de Katsuki mientras sostenía al tembloroso rubio que gemía.
El coño de Katsuki se apretó de forma involuntaria, la entrada del útero cerrándose sobre la punta del glande como si de un beso íntimo se tratara, succionando con fuerza hacia adentro. Cuando Katsuki recobraba un poco la compostura y la cordura, Shouto lo levantó y volvió a clavarse.
Esta vez no se detuvo, sin importar los gemidos y sollozos de Katsuki ni cómo su cuerpo temblaba violentamente por las sensaciones. Continuó así, follándole con fuerza, moviendo las caderas de él y las suyas al mismo tiempo. Hubo un punto en el que fue tanto, que Katsuki gritó y suplicó que se detuviera porque iba a correrse.
Sorprendentemente Shouto obedeció, pero con las mismas tomó bien las piernas de Katsuki y lo levantó, lo suficiente para que el chorro que salió del coño del susodicho manchara el piso y no a él. Katsuki volvió a gritar de vergüenza ante la sensación que no podía parar. No importaba que nadie le hiciera caso, el hecho de estar en público era demasiado.
– ¡No-u...! ¡Me corro otra vez! ¡N-No puedo... parar de correrme...! – Fueron segundos de tortuoso placer para Katsuki mientras soltaba chorro tras chorro directo al suelo. Su boca estaba abierta intentando recuperar aire y su lengua colgaba fuera sin fuerzas.
– Creo que te tengo muy mimado – Dijo Shouto de la nada, logrando captar un poco de la atención de Katsuki – Sabes que no puedes correrte si antes no pides permiso.
– P-pero... ¡O-Ough! – Shouto volvió a bajarlo en su verga y a comenzar a follarlo otra vez, justo cuando Katsuki finalmente se estaba recuperando de los orgasmos extremos que tuvo hace rato. Iba a romperse, en definitiva, iba a hacerlo.
– Creo que Katsuki no se merece un anal – Le dijo Shouto al oído, con un toque de burla en su voz. Katsuki abrió mucho los ojos ante eso y volvió a sollozar.
– ¡N-No! ¡K-Katsuki es bueno! ¡Katsuki merece que le follen el culo! – Si Shouto se refirió a él en tercera persona para que el mismo Katsuki también lo hiciera, pues lo logró. Y no solo eso, sino que hasta le suplicó que le coja el culo.
Las luces neón y la música fuerte casi eran factores de distracción; pero para la pareja que estaba sumida en el placer mientras follaban como locos desquiciados, no eran más que simples molestias. Shouto continuó con sus embestidas y sin poder evitarlo besó a Katsuki en la boca. Ambos gimieron en el acto.
Si todo estuviera en silencio, los choques de piel con piel crearían un ruido sordo de aplausos. Con la música tan alta tendrías que estar pegado a ellos para escuchar algo. Shouto casi pasa por alto al tipo que se paró con ellos, con la vista clavada en el culo de Katsuki y listo para follarlo.
Reaccionó lo suficientemente rápido para evitar que el sujeto logrará algo más que solo restregar la punta de su glande en el culo del rubio, –quien gimió un poco por ello–.
– Oye hermano, no seas egoísta. Comparte un poco de lo que tienes ahí – Se quejó el chico desconocido mientras intentaba volver a acercarse.
Shouto volvió a alejarse y con una mirada gélida y cortante le transmitió al otro que esto no era un juego. Si se atrevía a intentar follar el culo de Katsuki, no despertaría para ver el mañana. El tipo hizo una mueca, rodó los ojos y le pareció que chasqueó la lengua, aunque no lo escuchó. Así como vino, se fue.
– Ya recordé porque no me gusta mucho este lugar... – Murmuró Shouto para sí mismo. Después se dirigió a Katsuki – Si quieres que te coja por el culo, vas a venir a mi departamento – Katsuki recobró un poco de lucidez ante eso.
– Eso ni hablar, mitad y mitad, los encuentros son aquí solamente. No me interesa tu puta casa y lo sabes – Shouto frunció el ceño y volvió al ritmo de embestidas brutales que sacó gritos de Katsuki antes de correrse como loco y chorrear por todos lados.
– Será solo por hoy – Insistió. Katsuki seguía renuente a aceptar, pero aprovechando que todavía no procesaba del todo el orgasmo, Shouto jugó con lo que sabía podía ganar: el ego de Katsuki – Te apuesto a que podría hacerte chorrear 10 veces más antes que yo me corra.
– E-En tus sueños... bastardo... – Bingo, el pájaro cayó en la jaula – Sería yo quién te haría correrte antes y tú polla quedaría flácida e inútil en 3 segundos.
– Bien. Es un trato. Vendrás a mi casa cuando gane.
– Eso si ganas, lo cual obviamente no harás, idiota.

– ¡B-BASTA! ¡YA ME CORRÍ! ¡ALTO! – Katsuki suplicaba de placer mientras Shouto continuaba con sus penetraciones profundas. Aquello ocasionó 2 orgasmos consecutivos más y más lloriqueos de parte de Katsuki.
Ahora estaban de nueva cuenta en el sofá, Shouto sentado mientras Katsuki lo cabalgaba dándole la espalda. Para Shouto fue una postura ideal para cumplir su propósito. Podía tomar de las piernas a Katsuki y follarlo con tanta fuerza y rapidez que no tendría de otra más que de correrse a chorros.
Con el cúmulo de sensaciones, Katsuki terminó prácticamente sobre él sin fuerzas, solo se levantaba su pelvis cuando le follaban otra vez antes de que salieran más chorros disparados de su coño. Katsuki estaba todavía más perdido en el placer que antes, tenía pequeños espasmos y la lengua colgando fuera de su boca. La mirada perdida al igual que su mente.
– Con esas serían 14 veces, he ganado – Alardeó Shouto en el oído del rubio, sacándolo de su estupor – Vamos a mi casa.
– P-Pero...
– Querías que te folle el culo, ¿No? Pues vámonos. Tendremos más tiempo para jugar ahí. Ya van a cerrar aquí de todas formas.
Dentro del club no había algo específico que diera la hora; no había ventanas, relojes y muchos no estaban pendientes ni de sus celulares. Adivinar cuándo sería la hora de cierre tenía que ver más con cuánto semen hay regado en el piso que si ya no hay gente. Las luces UV daban un reflejo brillante asqueroso de aquello.
Shouto se levantó y levantó con él a Katsuki. Las piernas del rubio temblaban tanto que Shouto pensó que en algún momento caería al suelo. Él se acomodó bien la ropa y metió la de Katsuki en su bolso. El traje lascivo que tenía fue cubierto por una chaqueta grande y nada más.
Shouto le ayudó a irse. Tomaron sus cosas, pagaron lo que habían consumido, se despidieron de los guardias y el personal y fueron al automóvil de Shouto. Katsuki se subió en el asiento del copiloto. No era la primera vez que lo hacía, pero sí la primera que era en este contexto.
Cuando Shouto se metió y encendió el auto, pudo ver el bulto en sus pantalones. Eso le recordó que aunque Katsuki haya tenido 14 orgasmos, Shouto fue paciente y no se corrió ni una vez hasta asegurarse de que ganó el reto. Y todavía así, tampoco se corrió.
Katsuki se acomodó en el asiento antes de arrancar. Dieron vuelta por aquí, vuelta por allá, y de vez en cuando miraba de reojo a Shouto. Se mordió el labio y apretó las piernas, sintiendo que su coño se humedecía emocionado.
Por el reloj digital del auto pudo ver qué ya eran pasadas las 2 de la madrugada. Las calles estaban desiertas, solo las luces de la ciudad le daban un aspecto vivo. Shouto manejó por calles donde sabía que no habría semáforos, así que llegaron al complejo de departamentos rápido y en silencio.
Las respiraciones de ambos seguían agitadas pero no se atrevieron a decir algo. Katsuki tragó saliva cuando Shouto entró al estacionamiento subterráneo. Sabía algo de dónde vivía Shouto porque a Deku se le soltaba la lengua a veces, así que de seguro irían por el ascensor hasta el piso de Shouto para evitar ver al portero de recepción.
Shouto estacionó en un lugar que tenía su nombre –bastardo ricachón– y después apagó el auto y se bajó. Katsuki se mantuvo quieto unos segundos antes de salir también, para encontrarse con Shouto quien le ayudaba a salir y pararse. Las piernas todavía le temblaban.
Observó la mirada de Shouto clavada en el asiento del copiloto. Katsuki miró el sitio de reojo. Su rostro enrojeció más al ver el líquido viscoso y brillante que se quedó en el sofá de cuero. La humedad de su coño era evidente y estaba claro que Shouto se había dado cuenta.
– Un bonito recuerdo – Mencionó él en vez de enojarse porque ensució su costoso auto. La sonrisa de lado más la mirada pícara hacia Katsuki solo hizo al rubio avergonzarse todavía más – Ven, subamos.
Lo tomó de la mano, algo que aunque Katsuki se percató, no dijo nada. Esperaron a que el elevador baje y después de subir, Shouto apretó el número de su piso y la puerta se cerró. Katsuki esperaba un ambiente incómodo ante eso pero Shouto aprovechó para besarlo apasionadamente con la lengua.
Katsuki se asustó enseguida porque claro que vio la cámara en la esquina superior del elevador. No quería darles un espectáculo a los guardias del edificio solo porque Shouto no podía aguantarse su calentura. Pero entonces le comenzaron a apretar y masajear las nalgas y casi se desmaya de placer.
Realmente no fue mucha espera, en pocos segundos estuvieron en el piso de Shouto y la puerta se abrió. Solo entonces dejaron de besarle y en cambio le jalaron para llevarlo a la puerta del departamento.
Casi le empujaron para que entrara, antes de continuar besándolo. Shouto se deshizo rápidamente de la ropa que le cubría para que solo se quedara con el traje erótico que tenía debajo. Katsuki tampoco se quedó atrás y mientras se movían al sillón de la sala, arrancó la camisa de Shouto con furia y comenzó a intentar quitarle el cinturón.
Fue el mismo Shouto quien le tiró al sofá, se desabrochó el cinturón y el pantalón y dejó salir su polla. Su gorda, larga y palpitante polla, aquella que quedó justo a la cara de Katsuki y cuyo olor fue como un afrodisíaco para él.
Katsuki sabía que si la besaba, que si la chupaba, o se atrevía a lamerla sin una orden de por medio, estaba condenado. Aquello significaría renunciar a su autonomía y pasar a ser propiedad de Shouto. Pero por más que intentó detenerse, la visión y el olor estaban causando estragos en su mente. Se mordió el labio inferior para controlarse pero fue en vano.
Shouto aprovechó que estaba con la mente en otro sitio y le tomó de la cabeza para estamparlo en su pelvis. No le folló la boca, al menos no aún, solo se aseguró de que Katsuki sintiera bien el tamaño y el olor de su verga, para verlo perder el control por su cuenta.
Fueron segundos tortuosos para Katsuki, segundos con el olor varonil en la nariz y que al final, no pudo luchar contra él. Se alejó un poco, con los labios temblorosos y lentamente, los cerró sobre la punta del glande y succionó. Shouto sonrió de lado antes de volver a tomar de la cabeza a Katsuki y ahora sí, hacer que le chupara la polla.
Decir que Katsuki se corrió por la acción era poco. Sus gemidos y sollozos fueron opacados por la verga en su boca, soltó lágrimas de placer, la baba le caía de las comisuras de los labios y le costaba trabajo respirar por la nariz. Shouto lo usó como juguete unos minutos antes de correrse y hacerlo tragar su semen.
Cuando se separó de él, Katsuki tosió pero nada salió, y su coño estaba más húmedo y resbaladizo que hacía a la tela de su traje erótico volverse transparente. Sonrió, o hizo el intento; tenía vellitos rizados rojos y blancos alrededor de la boca y las mejillas. Sus ojos se empañaron y su delineador negro a prueba de todo comenzaba finalmente a no ser a prueba de sexo.
– Sé que estás ansioso – Habló Shouto sacándolo de su disociación – Pero tengo que entrenarte antes de follarte el culo. Si me permites...
Realmente Shouto no esperó que se lo permitieran, cargó a Katsuki como un peso muerto sobre su hombro y se lo llevó a su habitación. Katsuki no tenía fuerzas para quitárselo de encima, y sabía que ahora que se metió él solo a la guarida del lobo, estaba condenado.

Katsuki tenía 3 vibradores en el culo. Aquellos de bolita con cable, que le estremecían con cada aumento de velocidad. Su coño también estaba ocupado, un consolador de forma no humana estaba dentro.
Shouto estaba en la orilla de su cama, sentado; Katsuki frente a él, de cuclillas y en el suelo, tenía las manos en su pecho para juntarlos y en medio de ellos, la polla de Shouto estaba siendo masturbada. De vez en cuando, Katsuki le chupaba o lamía la punta, ansioso de más semen.
Shouto entonces le acariciaba los cabellos y a veces tiraba de ellos. Era un ambiente distinto, era cierto, pero Katsuki se comportaba igual de puta que como en el bar, por lo que no le importaba. Ya tenía casi media hora de que comenzó el entrenamiento anal de Katsuki, Shouto creyó que era momento del acto principal.
– Bien, ya puedes levantarte – Le dijo. Cosa curiosa porque por la postura y estarse corriendo a cada rato, Katsuki no podía pararse – ¿Qué no me escuchaste? Dije que te levantes.
Le tiró del cabello con tanta fuerza que Katsuki gimió. No lo puso tal cual de pie, pero si lo ayudó a incorporarse. Las piernas de Katsuki temblaron pero el agarrón no dejó que cayera al suelo.
– Vamos, voy a quitarte esta cosa – Shouto movió el consolador de su coño antes de sacarlo. Se vio patético la forma en que se mantuvo abierto en espera de que algo vuelva a entrar – Y estos también – Tomó los cables de los 3 vibradores y del mismo modo los sacó. Katsuki dio un jadeo ahogado.
Su culo ahora estaba listo, suelto y húmedo para que cualquier cosa entrara. Shouto le dio un beso de lengua obsceno antes de girarlo. Katsuki no supo cuándo sucedió cada cosa, solo que le tiraron a la cama y Shouto se posicionó detrás de él; le levantó las caderas y se alineó para entrar.
– ¡E-Espera...! – Se vio obligado a enterrar la cara en el colchón cuando la gran verga se abrió paso en su culo. Su gemido, o más bien grito, fue ahogado por las sábanas.
Shouto se mantuvo ahí unos segundos, para que Katsuki se acostumbrara a él. Esperó y fue paciente hasta que el rubio pudo levantar la cara, para respirar y jadear. Salió lentamente de él hasta que no quedó más que la punta, y luego, se clavó casi con todo y bolas en un desprevenido Katsuki.
No había forma, definitivamente no la había de que Katsuki ya tuviera más de 20 orgasmos. Pero sentía que era así. No había parado de correrse en el bar, y tampoco lo había hecho en ese momento ni desde que llegó. El hecho de correrse por un anal era vergonzoso pero su coño chorreaba cuál manguera sin detenerse.
Se corría tanto y con tanta fuerza, que las sábanas debajo de él ya estaban húmedas. Shouto obviamente lo notó, y como castigo, le dio nalgada tras nalgada. Cada una más fuerte que la anterior, hasta que las nalgas de Katsuki estaban rojas y con la marca de la mano de Shouto en ellas. Sus gritos silenciados cuando Shouto le pisaba la cabeza para enterrarla en el colchón.
Su delineador ya se había chorreado por sus ojos, y por ende, manchado también las sábanas de Shouto. Una mezcla de sudor, lágrimas, mocos y saliva en el sitio donde su cabeza estaba enterrada. Sus entrañas se apretaban con goce ante cada embestida y su coño no paraba de gotear ante las acciones.
Era tan maravilloso, tan placentero, Katsuki no había sido follado así desde... desde nunca, en realidad. Solo Shouto podría hacerle papilla el cerebro usando su polla. Katsuki estaba a merced de este hombre y si él quisiera, le daría hasta hijos. Todo lo que Shouto quisiera, Katsuki se lo daría.
– Aprieta bien, porque voy a correrme – Le ordenó Shouto. Katsuki gimió de emoción ahogando el sonido en el colchón – ¿Me escuchaste, zorra? – Le tiró del cabello para levantar su cara. Katsuki se apresuró en asentir como pudo.
Su espalda se quedó arqueada mientras más Shouto tiraba de su pelo, aumentando el ritmo y profundidad de las penetraciones. Sus ojos se pusieron en blanco y aunque su boca se abrió para gemir, se quedó sin palabras ante lo bien que se sentía. Casi se desmaya del placer.
– Joder, joder, joder... – Repetía Katsuki en un mantra rápido y casi inentendible. Ahora se daba cuenta de cuánto se estuvo perdiendo por no querer venir a la casa de Shouto debido a su orgullo. Se sentía en el cielo.
Apretó los labios para callarse mientras Shouto lo destrozaba con tanta fuerza que creyó que moriría. Su culo codicioso aferrándose a la polla como si de ello dependiera su vida y Shouto continuó con su singular ritmo hasta que el cuero cabelludo de Katsuki comenzó a picarle por ser maltratado.
Fue en el momento de placer máximo, de casi quedar en blanco, cuando Shouto se corrió. Se adentró con una embestida fuerte y profunda y comenzó a soltar su semen abundante y espeso dentro de Katsuki, quién rodó los ojos hacia arriba ante la calidez que bañaba sus entrañas. Fueron segundos que Katsuki sintió como horas, antes de que Shouto saliera.
– Luces tan bien así – Le halagó Shouto retirando su polla de poco en poco hasta que solo quedó la punta. Katsuki ni le contestó, más concentrado en respirar – Como una obra de arte. Mío.
Shouto salió al final, pero antes que el semen saliera de su culo, algo frío y duro entró otra vez, tapando y manteniendo el semen dentro de Katsuki. Solo unos momentos después, con la mente hecha papilla, el rubio sintió que se trataba de un plug anal. Ni fuerzas para gemir le quedaban para este punto.
– Voy a destrozarte, Katsuki – Susurró Shouto en su oído – Te voy a destrozar hasta que sea en mí en lo único que pienses. Prepárate.
Katsuki no contestó verbalmente, pero le dio la mejor mirada de "quiero verte intentarlo, mitad-mitad" que le salió. La noche prometía ser larga. Justo como esa polla.

A la mañana siguiente, Katsuki no pensaba en nada más que en Shouto. Con la mente hecha papilla al igual que su culo y coño, apenas y podía recordar qué pasó el día de ayer.
Sabe que, en medio del sexo, Shouto le hizo preguntas de algo y él solo respondía que sí, pero vagamente recuerda qué eran. El susodicho dormía a su lado cómodamente y Katsuki quería golpearlo por casi follarlo hasta la muerte.
Su cuerpo destrozado apenas podía moverse y mucho menos pararse, pero Katsuki sentía el cuerpo pegajoso y lleno con semen que en serio, necesitaba, levantarse. Sus movimientos fueron en vano pero aquello logró despertar a Shouto.
– Buenos días – Saludó Shouto abriendo los ojos y bostezando. Se incorporó de la cama y se talló los ojos – ¿Quieres ducharte?
Katsuki frunció el ceño y como gato le siseó. Pero a Shouto no pareció importarle. Salió de la cama y de la habitación también, dejando a Katsuki confundido. Fueron largos minutos, el rubio esperó y luego, cuando la paciencia se fue de sabático, intentó pararse. Le costó llegar al borde de la cama y cuando lo logró, Shouto reapareció en la alcoba.
– Ya preparé la tina – Dijo, acercándose a él – Te llevaré y podrás lavarte, solo espera – Shouto lo cargó como si nada y lo llevó al baño. Katsuki pataleaba y su cara estaba roja de vergüenza.
– ¡Déjame en paz, bastardo 2 caras! ¡puedo caminar, con un demonio! – Aún así, Shouto no le soltó.
Katsuki dejó de moverse cuando entraron al baño. La tina tenía sales, espuma, y además había una especie de mesa de madera sobre ella. Una vela encendida, macarons de varios colores, una copa con una bebida burbujeante; eso de un lado. Del otro había cosas de baño como exfoliantes, shampoo, acondicionador y jabones. Y en medio una tableta colocada en diagonal para ver mientras se bañaba.
Katsuki no había recibido nunca un trato así. Miraba todo, sorprendido y no dijo nada. Shouto lo bajó lentamente sin soltarlo de golpe por si caía.
– Cuando me dijiste que sí, salí de inmediato a comprar las cosas – Le dijo, dejando todavía más confundido a Katsuki – Te dejé una bata de baño, ropa interior y una muda de ropa – Katsuki iba a hablar, pero Shouto le dio un beso en la frente y eso le dejó mudo – Estaré afuera – Y se fue.
Katsuki no supo a qué exactamente le dijo que sí, pero tampoco es cómo que le importara en ese momento. Dio un bufido antes de meterse en la tina, con agua tibia y aroma a fresas, las burbujas y las sales dándole una sensación de calma. Se dio un buen baño de media hora aprovechando ver algún capítulo de una serie y después salió dispuesto a hablar con Shouto.
– Oh, ya terminaste – Shouto también se veía recién duchado. De seguro tenía 2 baños en su departamento; bastardo ricachón – El desayuno está listo.
No había forma de que Shouto hubiera cocinado todo eso, pero Katsuki no dijo nada de la evidente comida a domicilio que estaba en la mesa. Panqueques, fruta, panecillos con mantequilla, lonchas de queso y jamón, huevos revueltos y tocino. Quizá solo el café sea a la Shouto. Y eso, que son cosas relativamente sencillas de preparar.
– Muy bien, bastardo – Comenzó con los brazos cruzados sobre su pecho y una postura seria – ¿Qué te traes? – La forma en la que Shouto inclinó la cabeza a un lado, confundido, le recordó a Katsuki a un cachorro.
– ¿Eh?
Viendo que Shouto estaba probablemente más confundido que él, Katsuki decidió ser franco y preguntar de una vez a qué le había dicho que sí en la madrugada. Se hacía una idea, y su cara enrojeció de pensar en eso.
– Ayer. Hoy. Cuando follábamos – Dijo para explicar mejor durante cuándo sucedió – ¿Qué me dijiste?
– ¿No lo recuerdas?
Joder, Katsuki desvió la mirada porque no quería ver la mueca de tristeza que de seguro tenía Shouto en la cara. Pensar que había aceptado ser novio del bastardo y ahora lo rechazaba cual zorra, oh no, en definitiva era demasiado para Katsuki y no quería romper el corazón de un idiota asocial como Shouto.
– Te pregunté si querías mudarte conmigo – Fue la simple respuesta de Shouto. Bueno, eso no era lo que estaba esperando – Me habías dicho que las cosas con tu compañero de cuarto no estaban muy bien, y te pregunté si querías mudarte aquí.
Katsuki sintió que su cara quedaba pálida. Tanta expectación para algo simple y sin gracia. Solo a Shouto se le ocurre preguntar algo así, en medio del sexo; Katsuki esperaba otras peticiones: ser su novio, darle un hijo, volverse su perra, etc. No esa.
– No tendrás que pagar nada. Podemos ir a la universidad en mi automóvil y te daré dinero cada quincena – Sonaba como un trato prometedor, pero debía haber una trampa – No hay truco, solo no me gusta estar solo.
Katsuki se vio descubierto con sus gestos, pero seguía sin creer que un acuerdo tan bueno sea tan fácil. Shouto se sentó en la mesa e invitó a Katsuki a hacer lo mismo. Cautelosamente, el rubio se sentó, entrecerrando los ojos mientras veía a Shouto.
– Hablo en serio – Volvió a decir Shouto.
– Lo sé – Terminó aceptando Katsuki. Shouto no era una mente maestra para hacer un plan tan elaborado.
– Y podemos follar aquí.
– Ajá – Aceptó mientras se metía una rebanada de fruta a la boca.
– ¿Entonces? – Katsuki terminó de masticar y tragó antes de contestarle.
– Bien, bastardo mitad y mitad. Viviré contigo.

Al lunes siguiente y de vuelta en la universidad, todos quedaron sorprendidos de ver a Shouto Todoroki llegando junto a Katsuki Bakugou en su automóvil.
A Katsuki le tomó un día avisarle a su compañero de cuarto y tomar sus cosas para mudarse. Ahora oficialmente vivía con Shouto. Su esposa no oficial en la mente de Katsuki, debido a los tratos.
Claro que, Katsuki odiaba sentir que estaba endeudado. Tantos buenos tratos y lujos que Shouto le proporcionaba sin esperar una paga le hacían sentir que le debía algo. Por lo que se encargó de cocinar y hacer la limpieza. Consideraría lavar la ropa y hacer que Shouto la doble.
Se negó a dormir en otra habitación y literalmente ocupó el 70% de la recámara de Shouto para poner sus cosas e instalarse. No recibió reclamos o quejas, y si las recibía, le valía una poronga.
Apenas distinguió a Deku en el campus y sus miradas se cruzaron, Katsuki le sonrió con arrogancia y burla, finalizando por sacarle la lengua para después ignorarlo y seguir su camino caminando con soberbia. Izuku tembló ante ello, asustado y temblando cuál chihuahua.
– Buenos días, Midoriya – Saludó Shouto cuando llegó hasta él. Ocasionó que Izuku diera un saltito de susto.
– Eh, ¡Ah, T-Todoroki-kun! ¡Q-Que alegría verte! – Izuku sonrió lo mejor que le salió, evitando contacto visual con su mejor amigo mientras tenía las mejillas rojas.
– Al fin sucedió, Midoriya – Dijo porque no le tomó importancia a la actitud de Izuku – Le pedí a Bakugou vivir conmigo y dijo que sí.
– Claro, K-Kacchan era el chico del que hablabas... – Izuku cayó en cuenta de que Shouto siempre le habló de alguien con quién quería vivir porque sería divertido. Nunca dijo el nombre pero tampoco tenía forma de sospechar.
– Lamento no haberte dicho que era él. Me daba miedo que te entrometieras.
– ¡¿Entrometerme yo?! – Casi sonaba ofendido. Izuku se sonrojó de vergüenza.
– Me lo confirmaste cuando seguiste a Bakugou y nos encontraste – Bueno, Shouto tenía un muy buen punto – Pero creo que el verte ahí me quitó la pena para pedirle algo como eso. Mi nueva seguridad de seguro me volvió confiable para que Bakugou diga que sí.
Izuku pensó que Katsuki debió ver otras cosas de Shouto fuera de una seguridad inexistente para vivir con él, pero no iba a indagar en el tema. Que Shouto continúe creyendo lo que lo haga sentir mejor.
– Y a propósito, no quiero que vayas otra vez a ese club. Al menos no en el mismo horario que nosotros – Izuku hizo una mueca al recordar ese momento – Y olvida todo recuerdo que tengas de Bakugou ese día. Gracias.
El celular de Shouto sonó con una notificación y de inmediato lo tomó para verlo. Era Katsuki, su nuevo compañero de cuarto. Qué bien se escuchaba aquello.
Bakugou. 8:35 a.m.
"No olvides darme mi dinero de esta quincena, bastardo. Quiero comprar unos juegos de lencería en línea"
Shouto sonrió. La vida con Bakugou Katsuki en serio que iba a ser divertida.