𝗔𝘇𝘂𝗰𝗮𝗿 𝗬 𝗦𝗮𝗹┃sᴏᴜᴋᴏᴋᴜ

Summary

Dazai no podía concentrarse, después de tanto, los recuerdos son recuerdos y el pasado forma al futuro. Chuuya entendía que todo era falso. Pero decidió caer en aquella mentira. Mientras otro solo veía. Pero lo que él hubiera querido ¿qué era? Soukoku/Odazai/Kunikidazai

Status
Complete
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
13+

Dazai

El día había llegado al fin, este era un día muy especial para el castaño, pues mucho que le había costado tener este día junto a Chuuya.


Tendrían su primera cita.


Tanto tiempo que había llevado planear la forma más adecuada de pedírselo. A su manera. A la manera especial del soukoku.


Claro que no le fue fácil. Pues en el pasado Dazai había lastimado a su querido pelirrojo, tantas veces hizo cosas imperdonables y sin explicación alguna, sin embargo con esfuerzo y sinceras disculpas provenientes de su corazón, logró tener una parte del perdón de Chuuya.


Decidió que la primera cita no tiene que ser con tantas presiones, así que sería algo casual, algo más familiar, algo más cómodo para ambos.


Aquí estaba alistándose de manera normal pero a su vez especial.


Lo curioso es que se negaba a ver si quiera su reflejo, tal vez no es de sus mejores ideas para arreglarse.


No había nada que temer, ¿cierto?


Entonces salió y para relajarse pensó en distraerse imaginando al pelirrojo, seguramente se vería tan bien como siempre.


Se estaba negando a ver su propio reflejó.


Sabía que no lo merecía y aún así lo estába intentando, por él y por él mismo.


No quería recordar las palabras de su amigo perdido. No quería pensar en él sabiendo que lastimaría a su acompañante. No tenía miedo de lo que pasaría, tenía miedo de sí mismo. Miedo a ser sincero.


Porque odia enfrentarse a la realidad que tanto le costaba evitar.


Con solo mirarlo tenía que recordar por que término así. Miró sus ojos aquellos que eran tan similares, eran mares donde podía ahogarse o cristales que podían cortarle, no imagina cuantas veces lo lastimó y de sus hermosos ojos algo derramó.


Porque lo había herido y lo sigue haciendo hasta hoy. Justo ahora. Pero al menos esta vez ambos estaban igual, ambos fingían que su amor era algo correspondido, futuramente pleno y completo.


Porque lo era, ¿no?


Un suicida buscando y aferrándose a alguien en su vida, un pelirrojo que lleva enamorado tanto tiempo de su compañero, su traicionero.


Entonces podía ignorar el miedo que crecía y se apoderaba de él.


Estando frente al chico de sus sueños no podía ignorar que él no era su corazón completo.


Al parecer ya era hora que se ahogará en su mirada. De hecho el dolor de cabeza estaba volviéndose presente y los mareos le aterraban de sobremanera. Podía jurar que empezó a ver borroso y en el menor y otra canción de otro amor.


Uno que ya falleció y al cuál le lloró.


Simplemente no lo escuchaba, no podía reaccionar a las palabras del menor o buscaba como parar sus palabras con o sin amor.


Entonces hubo una pausa, aviso a su acompañante que necesitaba unos minutos y se fué, se fué buscando detener sus pensamientos y aclarar. Tenía que aclarar que sus sentimientos no son válidos. No lo son, solo son una interrupción a su felicidad.


Esta vez ambos estaban sufriendo.


Sin importar lo que diga Chuuya solo podía mirarlo y fingir darle su atención.


Al igual que su amor.


Un día comió en ese restaurante junto al pelirrojo, pero no el pelirrojo que estaba hoy junto a él, no, no era él, era su amigo que se veía idéntico al parecer.


Tal vez por eso no quería escucharlo, sus voces son tan distintas, una es dulce, tranquila como cualquier día y otra salada, enérgica, llena de vida. La vida que Oda no tenía.


Sabe que en el fondo solo busca un doble, un chico parecido, su primer amor perdido.


Volvió a su asiento frente al mafioso, ambos estaban en una situación incómoda, ambos sabiendo lo que callaban.


-Daz, ¿Estás bien?


-Claro que si, todo está bien, no hay de que preocuparse.


-Bueno -no le creyó y Dazai fingió que si, aún así continuó hablando, buscando llenar de ruido aquel silencio.


Algo que era muy sorprendente es la manera en la que concordaban siguiendo las mentiras del otro. Una actuación perfecta.


Al terminar, Dazai llevo a Chuuya a su departamento y con el iba acompañada una promesa de volver a verlo, probablemente mentira. Es todo. Su plan había fallado.


Solo quería irse lo más rápido posible a su casa y encerrarse. No tenía un hogar. No logró olvidarlo.


Lo extrañaba, extrañaba la otra mirada, la otra voz que tanto anhelaba, extrañaba ir con él a los bares de Yokohama, volviendo siempre a su favorito, Lupin.


¿Podia volver atrás cuando todo era perfecto sin saberlo?


Se supone que su último deseo fue que cambiará, pero sigue siendo el mismo chico que hace cuatro años, el mismo suicida que no encuentra favor en el mundo ni una salvación al sufrimiento.


Finalmente llegó el punto donde no puede engañarse más. Una nueva lección había descubierto, mas no aprendido.


Nunca debe confundir el azúcar con la sal.


Son completamente diferentes a pesar de lucir igual.