Capítulo único
Varios niños salen corriendo a esconderse tras sus padres, asustados por el gruñido que el enorme auror pelirrojo les ha lanzado al pillarlos tratando de burlar el cordón de seguridad, para averiguar a qué se debía todo ese humo y el ir y venir de magos uniformados con varitas en ristre.
Los hechizos de alarma han funcionado eficazmente y en pocos minutos los autores han apagado el incendio. El propio jefe está comenzando a recoger las evidencias que permitirán atrapar al culpable.
Pasa la yema de los dedos por las exquisitas prendas de lencería. La fresca y sedosa textura inunda sus sentidos de recuerdos placenteros. Recuerdos de esas mismas prendas tapando apenas un cuerpo esbelto y pálido. Tensos y húmedos tejidos que difícilmente logran contener un miembro largo, duro, ansioso y chorreante de preseminal. La seda o el encaje rasgados, sin miramientos para exponer la perfección del cuerpo masculino.
Tiene que apretar su propia dureza con más fuerza de la necesaria. No es el mejor momento. Sin embargo le resulta imposible calmarse. No cuando cada estante o perchero es un muestrario de los productos que, casi a diario, Draco utiliza para llevarlo a límites dolorosos de excitación.
Draco en panties de red rosados.
Draco con atrevidos ligueros negros y medias de seda.
Draco con un diminuto sujetador de encaje blanco y braga igualmente diminuta a juego.
Draco con un suspensorio dorado. En cuatro, con el culo expuesto y un pequeño plug que lo abre apenas. Limpio, lubricado, cálido, estrecho y listo para él.
Harry aprieta su dura polla de nuevo y sacude la cabeza con desesperación.
Pensando que un poco de aire podría despejar su mente y enfriar su cuerpo se dirige a la puerta. En lugar de la salida se encuentra con él.
A pesar de haber estado a punto de perder el negocio que tanto esfuerzo le ha costado. A pesar de deberle al cuerpo de Aurores, jefe incluido, no haber perdido todo lo que posee, la mirada acerada de Draco Malfoy no es de agradecimientok ni siquiera de preocupación.
Draco Malfoy ha notado las miradas de Harry a los artículos de la tienda y los estragos físicos que éstos están causando en el fogoso auror. Lo toma de la mano y lo lleva a su propia oficina, el lugar más alejado del pequeño almacén donde, presuntamente, ha iniciado el fuego.
—Jefe Potter— las palabras suenan arrastradas, como en sus recuerdos, y el gesto de superioridad es el mismo. La lengua rosada, que lame con deliberada lentitud los labios pálidos, borra la sensación de dejá vu. —¿No debería estar trabajando en la detención del pirómano?
El tono impertinente, no engaña al antiguo gryffindor que, con ambas manos en los hombros del hombre que lo mira con gesto inexpresivo y pupilas dilatadas de deseo, lo empuja hasta dejarlo de rodillas frente a él, sobre la tupida alfombra de lana verde oscuro.
Sin perder un segundo abre con presteza sus propios pantalones, liberando su miembro húmedo y erecto y empujando su cadera hacia el rubio.
—En vez de hablar, Malfoy, podrías ser un buen chico y ocuparte de esto.— su mano empuña su dureza masturbándose lentamente —¿como demonios quieres que me concentre escarbando entre las mismas prendas que usas cuando follamos?
Con la punta de la lengua toma la primera gota salada que mana de la rojiza cabeza mientras mira los verdes ojos con lascivia y deseo. Sin embargo, en ese momento, Harry no está para juegos. Agarrando la cabellera platinada guía la boca rosada y jugosa hasta el lugar que le interesa y se sumerge profundamente en ella.
—Así Draco— la voz es ronca, baja y sedosa, casi un ronroneo que encuentra reflejo en la garganta contraria —vamos cielo, chúpamela como tú sabes. —Tiene los ojos cerrados y ondula sus caderas con fuerza, cada vez a más velocidad. Sin piedad.
El rubio mama hambriento ese grueso, cálido, turgente pedazo de carne, sin importarle que la saliva resbala por su mentón. Demasiado preocupado en proporcionar el mayor placer a su amante. Demasiado ocupado en tratar de respirar como para pensar en algo que no sea sentir el rítmico golpeteo de la polla de Harry contra su paladar.
Cuando logra acostumbrarse al ritmo casi frenético que Harry implementa a su cadera Draco se deja follar la boca libremente. Con una mano aún aferra la base del miembro de Harry, pero la otra empieza a hurgar en su propio pantalón, para ocuparse de su más que necesitada verga. Sabe que, en ese contexto, él no va a recibir ninguna otra retribución que un par de andanadas de amargo y espeso semen. Si tiene suerte en la garganta, si no, por toda su cara.
Siente los testículos hinchados del auror tensarse aún más y se prepara. El rugido es inevitable y ver el rostro de moreno alcanzado el orgasmo hace que acelere sus caricias y se corra casi inmediatamente.
—Joder rubio, eres el mejor. Nadie me la chupa como tú.
La obvia alusión a que sólo es uno más hubiera dañado el ego del joven, de ser menos seguro de sí mismo, o de no estar acostumbrado tales comentarios.
—Cuestión de práctica— responde en cambio, impasible, limpiándose los labios con un tissue de la caja sobre su escritorio. —aunque puede que me esté esforzando un poco más contigo.
El moreno sonrie indulgente, ni celoso ni dolido y con un beso en los labios y una palmada en el redondo trasero de su amante vuelve al trabajo mucho más centrado que antes.
Apenas veinte minutos después, y gracias a la calma recuperada por el exquisito trabajo de su aplicado rubio, Harry encuentra la primera evidencia: un par de largos cabellos de un tono rubio clarísimo, enredados en el brazo de un perchero.
Demasiado largos para ser de Draco, a demasiada altura para ser de Narcissa.
Solo ellos y los Aurones han estado en el lugar. Cierra los ojos unos segundos tratando de recordar si podría ser de alguno de sus hombres.
Definitivamente no hay ningún auror con el cabello tan claro y largo.
Lo sabría.
Se lo habría follado sin importarle arriesgar el puesto.
Percibe, además, un leve rastro de magia. Seguramente al sentir el tirón del cabello el invasor ha lanzado un hechizo al aire, casi en automático.
Harry está convencido de reconocer al mago. Aunque el procedimiento requiere contactar con los inefables, prefiere saltarse el protocolo y seguir investigando.
Dos horas después, sin informar a nadie de su pequeño descubrimiento, despide a los pocos aurores que restan, quedándose a solas con los propietarios.
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"Lienzo en blanco" rezaba el cartel de la coqueta tienda, próxima a inaugurarse, en uno de los primeros edificios de Diagon Alley rehabilitados tras la guerra. Si algunos se sorprendieron al ver que, con exquisito, gusto exhibian las prendas que solo en la más estricta intimidad solían ser mostradas, muchos más lo hicieron al reconocer, en la bella y sofisticada dama, que sin atisbo de vergüenza atendía a los clientes, a Narcisa Malfoy. La esposa del que fuera la mano derecha del Lord, ahora uno de los más buscados prófugos, y su hijo habían sido exculpados de todos sus cargos por el Wizengamot, debido fundamentalmente al héroe del mundo mágico, el cual había testificado que cada uno de ellos había salvado su vida, incluso arriesgando la propia, en al menos una ocasión.
Aunque los primeros clientes entraron movidos por la curiosidad, la calidad de las prendas, la comodidad y naturalidad con que se trataban los temas delicados, incluso socialmente prohibidos en el mundo mágico, unido a un acuerdo de confidencialidad respecto a las adquisiciones de cada cliente, había hecho que en blanco fuera un referente para muchos magos marcados y exonerados que se animaban a tratar de buscar el modo de salir adelante dentro de la legalidad.
Cuando, pocos meses tras la apertura y en vista de su prosperidad, algunos resentidos del Ministerio pusieron en duda la legitimidad del negocio, fue un recién investido auror Harry Potter quien se ofreció a investigar.
Nadie dudaba de la honradez del héroe, el cual no escatimó esfuerzos para que la evaluación fuera incuestionable. Los resultados hablaban por si solos: los proveedores desde el mismo inicio, en granjas de seda o plantaciones de lino, hasta las fábricas o artesanos, tanto muggles como mágicos, eran irreprochables. El margen de beneficio justo para las partes y la contabilidad, llevada a cabo por Draco, también recién titulado en economía, totalmente transparente.
Las dudas de los burócratas fueron satisfechas con suficientes pruebas y las revisiones del auror Potter se convirtieron, pasado el tiempo en visitas de cortesía. Aunque para él mismo y sus superiores a menudo usaba como justificación indagar sobre el desaparecido patriarca familiar.
La progresiva recuperación del mundo mágico se iba haciendo evidente. Con el paso del tiempo Harry caminaba tranquilo por la calle, sin apenas llamar la atención. Seguía ejerciendo de amigo/hermano de Ron y Hermione. De padrino de Teddy, pero también de amigo de Draco y Narcisa. Era ésta última su relación más compleja y sin embargo la que en los últimos tiempos más satisfacciones le brindaba.
El que fuera la pesadilla de sus años escolares se había convertido en un hombre agradable, inteligente y con un refrescante y sarcástico sentido del humor, además de un físico impresionante. Ninguno de los dos necesito racionalizarlo cuando se convirtieron en amantes, sin exclusividad, sin complicaciones, sin tabúes, sin roles específicos, sin reglas, excepto la privacidad.
Narcissa Malfoy por su parte había devenido en una mezcla de figura maternal y amistosa. Harry había descubierto cuanto disfrutaba conversar con la dama. Podían hablar de cualquier tema, le consultaba sobre modas y eventos y, en las ocasiones en que estando Draco fuera de la ciudad por negocios necesitaba ir a Gringotts, Harry le servía de compañía y escolta.
La primera portada de "corazón de bruja" fue una sorpresa. Máxime cuando la había descubierto, enmarcada, sobre el cabezal de la cama, mientras se enterraba profundamente en el blanquísimo, estrechó y duro culo de Draco. Huelga decir que le costó mantener la concentración con la imagen de Narcisa y él mismo tomados del brazo, las especulaciones sobre una supuesta relación y las carcajadas del rubio que habían ocupado el lugar de los gemidos bajo él.
Sólo la vista de las nalgas enrojecidas por la palmada con qué castigo la nada oportuna broma consiguió devolverle la excitación a ambos para llevar, la interrumpida tarea, a un delicioso y placentero término.
Apenas se habían acallado los rumores cuando sucedió el ataque.
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Acariciando las hebras platinadas Harry trazaba su sencillo plan.
Si los celos parecían haber funcionado una vez, lo harían de nuevo. No iba a ser difícil para él dejar caer, cerca de los oídos adecuados, que planea viajar a Rumanía con los rubios. Ellos por negocios, él por placer.
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Oculto en el pequeño almacén de "lienzo en blanco" Harry se felicita en silencio. Apenas puede creer que su plan haya dado resultados. Es indudable que la magia que le cosquillea la piel, esa magia oscura y furiosa, poderosa y agradablemente familiar, solo puede ser de él.
—Petrificus Totalus— parece mentira pero los Aurores sigan usándo ese hechizo, aprendido en el primer año de Hogwarts. —inmobilus— todavía no ve al otro mago pero puede imaginarlo.
Espera al hombre maduro, alto, orgulloso, frío, imponente y absolutamente atrayente que conoció con 13 años. Es consciente que, en cambio, puede encontrarse con la figura demacrado, cansada, con los ojos inyectados en sangre. Aquel huye tras abrazar a su esposa y su hijo en el campo de la batalla final.
—Arma ligatum, crura ligatum, proper labia— los hechizos de atadura y mordaza avanzados alcanzan su objetivo y lo escucha caer. Con un movimiento de varita retira el hechizo desilusionador para ver a su contrincante.
Los ojos grises lo miran con odio, definitivamente sigue siendo el hombre que conoce. El objeto de sus primeras fantasías, sueños y torpes pajas. Por el que había abierto los ojos ante su homosexualidad. Por quien había odiado aún más a Draco, celoso por estar con él.
Lo levanta con cuidado a pesar de las reticencias del orgulloso mago y con un "finite" retira el hechizo silenciador.
—Maldito seas, Potter. Si has tocado a mi mujer te juro por Salazar que desearás que Voldemort hubiera acabado contigo.— A pesar de estar inmobilizado el tono frío, duro, unido a la mirada de hielo, es aterrador.
Por ese motivo la respuesta del Auror es tan inesperada.
Agarra por debajo de las axilas al mago mayor y lo lleva, casi en brazos hasta la cercana pared. Pegándose a su cuerpo, susurrándole al oído.
—Narcisa es una gran mujer, toda una dama, la mejor madre y una amante esposa. Sí es bellísima pero nunca me fijaría en ella. —frota su pelvis contra el muslo del otro, evidenciando su excitación —no cuando te tengo a ti después de llevar años imaginando lo que sería poseerte.
—¿Qué quieres?— joder sí!.
La mirada especuladora le da a Harry esperanzas de cumplir sus fantasías. No quiere forzarlo aunque sabe que podría hacerlo.
—¿No puedes adivinarlo? ¿crees que esta es otra varita? —frota de nuevo su polla completamente erguida contra el rubio —quiero follarte Lucius. Lo quiero desde la primera vez que te vi, aunque aún ni sabía lo que era eso.
Las palabras salen entrecortadas pero sus manos aprietan firmemente al otro.
Ahora es Harry quien se ve sorprendido al sentir una lengua ávida entrando en su boca mientras sus labios son devorados.
Cuándo se separan los ojos grises le dicen todo lo que necesitas saber. Lucius Malfoy tiene un precio y él está más que dispuesto a pagarlo.
Ha perdido la cuenta de las posiciones en las que se ha follado a Lucius. La acción de comenzara en el pequeño almacén, sigue en el enorme diván frente a los probadores.
Por algún motivo el despacho, aunque mucho más cómodo, no le parece aceptable. En el espejo, tras la cortina abierta, puede observar como su verga taladra una y otra vez el culo blanco y perfecto de Lucius que, sin atisbo de cansancio lo cabalga.
Sube hasta que sólo la gruesa cabeza está dentro de su ano, se deja caer con fuerza hasta enterrar todo el turgente miembro en su interior y se balancea mirando intensamente a los ojos verdes. La mirada gris es fuerte y decidida, el resto de su rostro impasible, excepto por los dientes que muerden insistentes el fino labio inferior. Sólo la dureza del rosado miembro que salta golpeando el palido vientre plano muestran que el orgulloso Sangre Pura está realmente disfrutando.
La fascinante visión lleva a Harry muy cerca de su límite. Sin saber porqué agarra a Lucius y sin dejar de penetrarlo lo pone en cuatro sobre el diván. Hundiéndose fuertemente en su cuerpo toma la verga erecta del rubio y lo masturba frenético. El intenso placer estalla violentamente en su interior y fluye: desde su pene en hilos blanquecinos dentro de Lucius, desde sus labios en un gemido desgarrado que sorprende a ambos
—Draco...
Lucius se ha corrido un segundo antes y apenas reacciona.
Harry exhibe sus reflejos de Auror alargando la mano hacia su varita.
—Obliviate.
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El pequeño niño de 3 años corre por el jardín, bordea un estanque y atraviesa una glorieta esquivando los rosales. Su larga cabellera dorada flota y se enreda reflejando el Sol. Sus mejillas lucen arreboladas por la carrera y sus enormes ojos azules brillan de felicidad.
—Abuela!— gorjea cuando llega a la altura de la sobria dama que pasea del brazo de su apuesto marido.
El hombre alza al infante con cuidado, lo eleva por encima de su propia cabeza, para regocijo del pequeño, y a continuación lo sienta cuidadosamente en una silla alta. Frente a él coloca una bandeja con galletas, llenas de confites coloridos y una pequeña taza de loza, decorada con un dragón dorado, que vuela y escupe fuego.
Desde la ventana de la antesala al despacho en el que se encuentra su prometido, Draco observa a su familia tomar el té.
Recuerda como, apenas un año atrás su padre había sido detenido por Harry en plena noche, dentro de la tienda. En absoluto secreto habían charlado durante horas. Harry había tratado a Lucius con asombrosa cortesía. Se había interesado por sus actividades durante y después de la guerra. Le había pedido cualquier prueba o testigo que pudiera ayudarle para evitar ser encarcelado.
Lucius había jurado por su magia que no volvería a desaparecer y lo habían liberado.
Como tenían previsto, pocos meses después, viajaron a Rumanía. Allí adquirieron la gran casa de campo que el patriarca había utilizado de escondite.
La llegada de su adoración, el pequeño Lesath, había sucedido de imprevisto.
Jamás imaginó tener que agradecerle nada a un Weasley, pero cuando, acompañando a Harry, conoció al imponente domador de Dragones, su corazón quedó prendado del niño en sus brazos. El pelirrojo era el padrino y sus padres, ambos trabajadores de la reserva, habían fallecido en un accidente.
Harry, como el estúpido héroe que era, se ofreció de inmediato a cuidar del pequeño. Poco después se comprometieron y adquirieron la custodia del precioso rubio.
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Saliendo de sus recuerdos, sonriendo aún, golpea la puerta del despacho de su pareja. El moreno aparta los papeles, se levanta de la confortable silla y acaricia el anguloso y bello rostro de su novio.
—Ve, aún tengo que rellenar un par de informes.—El rubio suspira — disfruta de tus padres, mañana nos vamos a Londres y tardaremos en volver, al menos dos meses.
—Lesath te va a reclamar.
—Nuestro hijo se va a cansar de estar conmigo. Ahora sólo tiene ojos para su abuelo. —roza apenas los labios que se ofrecen entreabiertos y acaricia, con suave posesividad, las redondas nalgas de su pareja, mientras éste abandona la estancia.
Apenas han pasado unos minutos cuando un golpe suave interrumpe el trabajo del auror. Da el permiso, pero nadie entra, de modo que se levanta a abrir.
—¿De verdad pensabas que te dejaría marchar sin más?— mira su escritorio y su varita sobre él. —Para ser el mago más poderoso del mundo tus hechizos desmemorizantes son una auténtica chapuza.
El suelo parece abrirse a sus pies. Lucius Malfoy recuerda lo sucedido hace meses.
Lo tiene acorralado contra la puerta de su despacho, la varita laxa en la mano derecha. Lo mira con los irises como mercurio y reconoce en la mirada del lord el peligro y el deseo.
—Seguro que aquella noche, cuando me jodiste tan duro en la tienda de mi esposa, te diste cuenta de que no eras el primero.—Está tan cerca que Harry puede percibir el aroma de su piel. —¿Sientes curiosidad por saber quién fue el único hombre que me folló, antes que tú?— Lo mira, a pesar del peligro se siente muy excitado. Más cuando su futuro suegro da un nuevo paso en su dirección. —Mi propio padre me entregó a él, tenía su misma edad y yo sólo 16 años. Pero él era increíblemente atractivo. Atrayente. Hipnótico. Pensé que me marcaría, pero eso no sucedió hasta un año después. Sin embargo me convirtió en su puta. Me follaba cuando quería y me parecía lo correcto. Alguna vez creí amarlo, pero lo odié cuando él mismo me eligió esposa.
Harry no podía creer que Lucius había sido amante de Voldemort. Sintió la abrumadora fuerza, casi física, de la magia del antiguo mortífago —Nunca volví a desear a un hombre. Hasta ahora.
Siente el duro miembro de su casi suegro contra su muslo. Si cierra los ojos puede volver a verlo, largo, pálido, rosado, e increíblemente húmedo. Gime sin poder, ni querer evitarlo.
Lucius lo pone de espaldas a él. Con la cara casi aplastada contra la puerta percibiendo el olor de la madera. El sonido sordo de sus pantalones cayendo al suelo y el aroma almizclado de su propia excitación logran enloquecerlo. Sabe que es incorrecto, que está mal. Pero lo desea. Lo desea tanto que duele. Por eso abre bien las piernas, levanta el culo para mostrar la oscura roseta entre sus nalgas menudas y se ofrece sin pudor.
Lucius se empuja con fuerza dentro de él, tras un débil hechizo de lubricación. Duele, duele como el puto infierno y es tan bueno. Es tan malditamente bueno que sabe que va a durar muy poco, que va a correrse en segundos y sin necesidad de tocarse.
Las embestidas se vuelven frenéticas, Lucius lo folla rápido y duro. Las grandes manos perfectamente manicuradas estrujan sus nalgas, sus caderas, sus pectorales. Los fríos labios recorren su nuca, su cuello, su mandíbula.
—Draco y Narcissa son maravillosos, ellos son nuestra luz, hermosos y brillantes— La voz suena profunda, grave. El aliento acaricia su oreja erizándole el vello. —Pero nosotros necesitamos la oscuridad. Cásate con mi hijo, vive como todos esperan y cuando necesites ser realmente tú estaré aquí. Para follarte— lame su mandíbula sin tratar de llegar a sus labios, el ritmo de su empuje aumenta, aunque parecía imposible. —para que me folles, duro, fuerte. ¿Quieres hacerlo?—Ambos corazones laten desbocados, las estocadas profundas y certeras siguen aumentando de ritmo. —¿Me quieres joder de nuevo Potter?.
Harry, sin tocar su polla, eyacula violentamente contra la puerta. Siente su esfinter apretarse alrededor de Lucius, que de inmediato lo inunda con su esperma.
—¿Porqué? —Pregunta el moreno.
—Porque ambos lo deseamos.
El jefe de aurores no se deja engañar por la respuesta. Toma el brazo del otro con fuerza. —¿porqué?
—Porque la primera vez conseguí una tregua, pero con ésto lograré que te esfuerces de verdad y entonces seré libre.
Harry no replica. Se viste rápido y deja que el mayor se marche. Aún tiene mucho que hacer para mantener a su obsesión lejos de Azkaban.
Fin






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