CAPÍTULO I REENCUENTRO

Suguru Geto despertaba cada mañana a las 5:00 con una rutina que le permitiera realizar todas sus actividades, las cuales involucraban a dos pequeños ángeles que aparecieron en su vida y lo obligaron a sacar lo mejor de él.
Comenzó su día colocando su conjunto negro favorito de pantalón holgado y camisa. Desde que decidió dejar su cabello largo como meta personal, aunque no lo admitiera, extrañaba cuando Satoru soltaba su moño y le revolvía el cabello en esas clases que se tornaban aburridas y tediosas, especialmente cuando Shoko no estaba por sus exámenes y tareas que ya no los involucraban directamente.
Tomó una pequeña liga negra de su tocador, para recogerlo y que este no le impidiera moverse en las actividades de su día, el siguiente paso era estirarse y hacer un poco de ejercicio, por qué no se permitiría descuidar su físico, especialmente ahora que tenía dos pequeños torbellinos con demasiada energía y no se podía quedar atrás. Una vez terminado, camina hacia la pequeña sala donde hay demasiadas cosas regadas por aquí y por allá, desde muñecas, colores, calcetines y sus mochilas. Recoge poco a poco poniendo todo en orden, sus ojos se dirigen al reloj con forma de gato que marca las 7:00 am, aun con tiempo decide tomar una ducha que apenas le toma unos minutos, sale y opta por otro conjunto negro y no era un secreto que era un color que le gustaba bastante y ante los ojos ajenos le favorecía muchísimo.
Aun con el cabello húmedo, lo peino y seco con la secadora, decidió que lo llevaría suelto. Una vez listo, camina hacia el cuarto de las niñas que aún se escucha en bastante silencio, indicando que aún dormían profundamente. Abre la puerta y ve que, aunque ambas tenían su cama propia, deciden seguir durmiendo juntas desde el día que las encontró. Recordar esos momentos todavía parten su corazón.
—Niñas — hablo delicadamente mientras las descubro para ver sus pequeñas caritas que hacen un puchero a la par.
Es hora de levantarse, o llegarán tarde a la escuela —vuelvo a decir mientras noto que Nanako estira sus pequeños bracitos. Una sonrisa pinta mi cara mientras me acerco y la tomo en brazos.
—Geto-sama - me dice a la par que deja un pequeño beso en mi mejilla - Buenos días.
—Buenos días, princesa —contestó regresando un beso en cada mejilla, ocasionando una risa.
—¡Es mi turno!- grita Mimiko saliendo rápido de las cobijas rosas que las cubrían a ambas hace unos minutos, se levanta en la cama y corre hacia mis brazos — Buenos días, Geto-sama — dice sonriente dejando un beso. Contesto rápidamente con dos besos y es que en verdad me podría quedar con las niñas así todo el día, pero hay cosas por realizar. Las bajo a ambas y procedo a sacar la ropa de cada una que llevarían el día de hoy, las coloco en la cama.
—Se visten con cuidado y, en cuanto terminen, van a la cocina para desayunar, ¿de acuerdo? — Les pregunto notando que asienten efusivamente y salgo por el pasillo, regresando a la cocina para preparar el desayuno y el lonche que llevarían.
Esta mañana decidí preparar unos huevos con un poco de tocino y un pan con forma de oso para cada una, acompañado por un vaso de leche.
Escucho pequeños pasitos apresurados, noto como suben rápidamente a su respectiva silla mientras termino de colocar su plato enfrente de cada uno.
—Coman con cuidado y con calma, aún tenemos tiempo antes de que las peine. Mientras ellas comen, término de preparar sus loncheras a la par que doy pequeños sorbitos a la taza con té verde y le doy unas mordidas a mi tostada.
—Terminamos —anuncian las dos y corren a la sala donde toman asiento, camino hacia ellas y tomo el cepillo de cada una para desenredar su cabello y rociar un poco de fijador.
Observo el reloj notando que son las 7:40, permitiéndonos el tiempo de caminar tranquilamente hasta la escuela. Tomo sus mochilas colocándolas en su bracitos, salen del departamento y cierro con llave, camino con cada una tomada de mi mano mientras caminamos entre las casas y las calles y es que, desde que nos mudábamos, trate de encontrar un departamento bien ubicado que me permitiera estar cerca de todo lo que ellas necesitaran para una vida sana y alegre.
Sin darme cuenta, llegamos frente a la puerta donde veo cómo un niño con el cabello negro en puntas, está abrazando a otro pequeño con el cabello rosa. Mis ojos notan conocido al pequeño hasta que siento una mano en mi hombro, causándome escalofríos.
— No esperaba verte por aquí mocoso — escucho esa voz áspera que jamás desearía volver a escuchar, me giro lentamente y levanto la cabeza observando al hombre que me sonríe con su característica cicatriz que hace suspirar a las otras madres que dejan a sus hijos.
Hago un mohín y, antes de responder y que mi voz se quede atascada en mi garganta, escucho una voz que pronuncia mi nombre.
—Suguru, ¿eres tú? — pronuncia un albino sorprendido y sonriendo, comienza a caminar rápido, pero conforme se va acercando noto como la sonrisa se borra y se transforma en una mirada furiosa. A la par que la voz se torna siniestra. Y es que no esperaba encontrarlo desde que decidí terminar con él enfrente del KFC. Noto como levanta su mano y antes de que logre atestar el puñetazo en mi rostro me escondo detrás del idiota de Toji Fushiguro que lo recibe en la mejilla. Cuando Satoru se da cuenta ya es muy tarde y noto como mira asustado a Fushiguro a la par que este se ríe y toma a Satoru del cuello de la sudadera que llevaba puesta.
—Toji-kun fue un accidente — pronuncia con su característica sonrisa, tapando rápidamente con sus antebrazos su cara, esperando un golpe que nunca llega.
— Pensé que ambos habían madurado un poco y habían arreglado sus asuntos — menciona el hombre mientras sus ojos pasan de Satoru hacia mí, deteniéndose sobre mí — Mi intención nunca fue provocar un distanciamiento entre ustedes dos, me arrepiento de muchas cosas y entre ellas haberlos golpeado a ambos — dice escuchándose muy sincero y sin notarlo su mano se dirige a mi suéter y antes de que sospeche lo que pasaría nos arroja uno contra otro.
— Arreglen sus cosas mocosos, es en serio y espero verlos seguido por aquí —sonríe y nos suelta para caminar hasta donde está su hijo que es una copia idéntica de él.
— Le diré a mamá que asustaste a Gojo-sensei y a su novio —dice el pequeño, orgulloso de sí mismo al ver hacer una mueca de desagrado a su papá.
La respuesta del hombre pelinegro queda en segundo plano después de que siento las manos de Satoru en mi cintura y noto cómo mis manos están en su pecho sosteniendo su sudadera. Temblando, levanto la vista lentamente, encontrándome con esos terribles ojos azules que parecen en algunas ocasiones un día despejado y en otras una tormenta.
— Tenemos que hablar — dice el albino sin soltarme, logrando que asienta lentamente y provocando en él un suspiro que se escucha aliviado pero abatido.
Y como no estar molesto conmigo, sí, en cuanto terminé con él, decidí desaparecer por el bien de mi salud mental, dejando de lado la de él.
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Hola a tod@s gracias por tomarse el tiempo de leer, aprecio mucho si me dejan algún comentario indicando que les gusta. Tengo demasiado que no retomaba la escritura y menos en fanfics pero quise intentarlo nuevamente. Así que por favor tengan un poco de paciencia tratare de subir seguido si no me da bloqueo creativo.
Por cierto feliz año nuevo espero que todos tengan nuevas oportunidades y muchas cosas felices.
Créditos de la bella imagen de Suguru a @ ksuke_26 la pueden seguir en Twitter
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