Love you to hurts | BKDK

Summary

"Si me engañas una vez, es tu culpa. Pero si me engañas por una segunda, la culpa es mia"

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

OS

«Si me engañas la primera vez, es tu culpa, y si lo haces una segunda, es mia».


†Love To Hurts†


Acababa de salir del trabajo, era una pequeña escuela en una avenida tranquila, él se encargaba de los niños de cuatro a cinco años y les enseñaba lo más primordial y que necesitarian, cosas como leer, escribir, sumar y restar, además de las leyes de tránsito y el cuidado que deben tener de no hablar con extraños.


Izuku amaba su trabajo, amaba a los niños, cuidarlos y estar con ellos como una figura de protección en esa edad tan vulnerable para ellos, le hacía sentir esa pequeña dicha de sentirse necesario para alguien pequeño.


«Izuku-sensei, le hice este dibujo como regalo». «Izuku-nee ¿¡Le gustaria comer gomitas conmigo!?».


Sus horarios acababan normalmente para las dos de la tarde, así que de Lunes a Viernes cuando lleguaba a casa el almuerzo estaba servido y su esposo lo esperaba para recibirlo con un beso de bienvenida, y los fines de semana Izuku se encargaba de la casa y atender con cariño a su esposo, A Kacchan.


Izuku sonreía de forma boba y con las mejillas sonrojadas cuando lo recordaba y pensaba en lo muy feliz que era con Katsuki desde que estaban juntos, así que ese día, aprovechando que había salido más temprano del trabajo debido a un problema con el sistema eléctrico, pensó en prepararle un delicioso almuerzo a su esposo.


Paso por una tienda de conveniencia para comprar verduras fresca y la mejor marca de carne y salsas picantes, planeaba prepararle un delicioso Curry con mucho picante y amor. Antes, cuando era un adolescente, no sabía cocinar mucho, pero había logrado perfeccionarse con el tiempo en el arte de la cocina, porque siempre había querido prepararle un bento digno a su – en ese entonces – novio, asi como los que Katsuki preparaba para él en las mañanas antes de que se fuera al trabajo.


Pagó por todo con su tarjeta de crédito y tomó las bolsas con las compras para dirigirse a su casa, la que con tanto esfuerzo Katsuki y él habían logrado comprar. Hicieron malavares en ese entonces, porque ellos estaba a punto de casarse y les urgía a ambos salir del pequeño departamento que tenían en un barrio algo peligroso, sin embargo lo lograron, y ahora vivían en una zona aceptable, cerca de la escuela en la que trabaja, con varios supermercados cerca, farmacias y a solo dos calles del hospital público.


Cuando llegó al umbral de su casa mando las bolsas a una de sus manos mientras que con la otra sacó las llaves para abrir la puerta de la entrada, se sorprendió cuando vio esta estaba abierta. Entró, cambiando sus zapatos en silencio y poniéndose las sandalias para estar en casa, camino en completo silencio a la cocina y dejando las bolas en la isla.


Izuku sentía algo extraño en toda la casa, una vibra extraña que se subía a las entrañas para luego llegar a su garganta y formar un nudo que no le permitía respirar. Suspiro tembloroso, habían visto los zapatos de Katsuki en el gekan junto a otro par que no reconocía, y eso no le gustaba.


Podía sentir su corazón latir acelerado.


Pum pum pum pum pum.


Un ruido.


¡Amh!


Un gemido y un jadeo ronco que reconoció de inmediato. Sus ojos se aguaron y se acercó a la puerta de su habitación tembloroso.


«No puede ser cierto». Se negó en su interior «Él no sería capaz...». La línea anterior de su pensamiento se corto cuando escucho con más claridad cuando estuvo frente a su habitación. La habitación en la que dormían.


«Debe ser un error». Negaba desesperadamente, llorando y soltando sollozos bajos. Abrió la puerta de la habitación lentamente, con pavor recorriendole el cuerpo entero.


Y se sintió morir cuando lo vio, allí, en su cama donde tantas noches se habían explorado.


Katsuki no se había dado cuenta que lo estaba viendo hasta que la mujer – de cabellos negros y ojos verdes –, miró sobre el hombro de Katsuki cuando aruño su espalda y se dio cuenta de su presencia, llamando la atención de Katsuki.


Y oh, la cara de Katsuki no tenía precio en ese momento. Sus ojos, sus preciosos y expresivos ojos que alguna vez lo miraron con amor, se abrieron de manera exuberante cuando intercambiaron miradas, y su rostro, tan masculino, estaba tan pálido. La expresión de Katsuki, era simple temor.


Me retire con lentitud del umbral del cuarto hacia la sala, me senté en el sofá escuchando de fondo a Katsuki gritarle a la mujer que se vistiera y se largará. ¿Pará qué? ¿Porqué no mejor terminaba lo que había comenzado ya? ¿Pará qué detenerse por él ahora, si no lo hizo antes de pensar en follarsela? Y para colmo, en su casa, en la casa que era de los dos y en la cama que usaban para dormir algunas veces.


Las lágrimas no dejaban de salir, su llanto sólo era tapado de manera inútil por sus manos, sentía un dolor en su pecho que sólo podía meritar a su alma, porque no puede sentir su corazón latir de lo rápido que va, tiene que colocar su mano en su pecho un momento para confirmar que no ha dejado de latir y solo es un alma en pena.


Una parte de mi no puede evitar preguntarse, «¿es mi culpa?». Esa duda, carcome mi corazón, porque he intentado todo por hacer las cosas bien con él.


...


Katsuki se acerca – con unos vaqueros puestos –, huele a sexo, porque no pensó en darse una ducha, sólo en correr a la chica de su hogar para tratar de hablar con su esposo.


Su esposo. Katsuki podía decir lo mucho que dolía su corazón de verlo tan destrozado allí, llorando como nunca, noto las bolsas en la cocina cuando estaba buscando un vaso de agua para Izuku al verlo tan agitado, y solo pensó en lo grande que la había cagado.


«Él iba a preparar Curry». Y lo había arruinado. Tenía un esposo maravilloso y ahora lo tenía llorando, partido en dolor.


— Izuku... ¿Podemos hablar de esto? — estiró la mano, sin embargo la encogió de regreso al ver a Izuku alejarse de su caricia.


«Tus caricias queman». Parecía decir. Y lo entendió, ¿Como no entenderlo? Izuku tenía el derecho a rehusarse a su toque después de esta traición de su parte.


— Izuku, por favor — insistió con la voz ahogada en arrepentimiento y culpa.


— ¿Desde cuando traes a..., esa mujer, Katsuki? — preguntó ignorandolo, sin atreverse a darle la mirada. Katsuki se quedó en silencio, sus oídos zumbaban. — ¡¿Desde cuando, Katsuki?! — preguntó agitado.


— F-fue un error, yo...


— ¡Felicitaciones por reconocerlo! — le dijo sarcástico.


— I-Izuku... — intento hablarle, explicarse.


¿Explicar que?. Dijo una voz en su cabeza, es lo que es, te acostaste con esa mujer, sabiendo que tienes una vida ya formada con la única persona que no te había juzgado a la primera.


Esa voz tenía razón, sin embargo el grito de Izuku lo sacó de su aturdimiento.


— ¡Te acostaste con ella en nuestra propia cama! ¡En nuestro hogar, Katsuki! — grito, acusándolo con todo el sentimiento de rabia en sus venas, y él no tenía como defenderse.


Cometió un error, y sabía que le costaría caro, le costaría lo que más ama en su vida.


...


Mi dolor y mi pena hablaban por mi, sentía mi corazón herido y mi alma hecha pedazos, podía sentirla desangrarse.


Y Dios, como dolía. Él, la persona que más ame, en quien más confíe me había traicionado.


Y eso duele, porque fui traicionado por quien habría apostado con mi vida que nunca lo haría. Mis gritos, ni siquiera podía escucharlos, solo sentía el dolor en mi garganta por la mezcla del llanto y los reclamos. Cuando soy consciente, tengo a Katsuki arrodillado y tomándome de las manos con fuerza, esta pidiendome perdón y puedo sentir sus lágrimas, que llaman a las mias.


— Arreglemoslo, Izuku, por favor — rogó —. No quiero perderte, mi vida sin ti es una mierda.


Mi corazón se aprieta al verlo, mi corazón flaquea pese al dolor que aun me resguarda como una manta, pero sus brazos me rodean de calidez, y no puedo evitar corresponder a su abrazo, pasando mis brazos debajo de los suyos y ahogando mis últimos sollozos en su hombro.


— Soy un idiota, el mayor imbecil de todos, pero por favor, Izuku, mi Deku — mascullo entrecortado —, no me dejes, podemos arreglarlo, por favor...


Asiento con dificultad, mordiendo mis labios y apretando el abrazo sobre él. Quisiera ser más fuerte, pero es el hombre que amo, y que he amado siempre.


Katsuki me acomoda en su regazo, acurrucandonos sobre el sofá juntos.


— No vuelvas a hacerme daño, Kacchan, por favor, no lo hagas de nuevo — llore en su hombro —. No vuelvas a hacer algo así nunca más, me duele mucho, Kacchan.


Katsuki negó, sus manos acariciaban mis cabellos mientras me mecia para calmarme — No lo haré, Izuku, lo juro no volveré a lastimarte.


Izuku estaba roto, y sería difícil componer lo, y aunque Katsuki lo intentara, es difícil reparar lo que rompes.


†Love To Hurts†


Bebía su café con parsimonia, alguien a su lado ocupo la silla vacía en la barra de la cafetería. No le presto atención, el solo quería acabar su bebida caliente para ir a entregar los últimos planos que tenía pendiente y lo harían subir de posición en la empresa, y luego iría a buscar a su esposo al trabajo para salir a almorzar juntos.


Él en verdad que se estaba esforzando por recuperar la confianza de Izuku.


Sin embargo, cuando sacaba el dinero de su bolsillo la vio de reojo, porqué el dinero estaba en su maletin y cuando subió la mirada fue imposible no mirarla. Su presión bajó de golpe, pero la ignoro, estaba decidido a eso porque era lo correcto.


Sin embargo, cuando quiso irse ella lo tomó del brazo, se deshizo del agarre de forma brusca.


«¿Qué demonios quieres? Ya te deje claro que no quiero volver a saber de ti»


Ella solo sonrió, resaltando las pecas en su rostro, aquellas pecas qué; al igual que Izuku, se extendían a lo largo de su cuerpo, solo que en menor medida, porque Izuku era más pecosito y eso era un deleite.


«Terminar lo que dejamos a medias hace tres meses»


Sus ojos verdes claros brillaban en malicia, no como los de Izuku, que son profundos y oscuros como el bosque del suicidio, porque esos ojos podrían matar a cualquiera.


La fémina Movía con estilo su larga melena oscura, y el trago saliva, porque la carne era débil, y sabía que este error iría en segundo lugar junto a todos los que ha cometido en su vida.


¿Su primer error? Haber hecho llorar a Izuku.


Y ahora iba por el segundo, pero rogaba por qué fuera, también, el último.


«Solo está vez, y luego, desaparece de mi vida y la de mi esposo»


Y con esas palabras, se había condenado.


†Come on, have me to cry†


.


.


.


«Hay heridas más dolorosas que un golpe, y existen palabras que condenan más fuertes que una bala»