Do you want to play with me? | YunSan [YiZhan]

Summary

Tang San no tenía idea de cómo una peligrosa misión en uno de los burdeles más prestigiosos del pueblito cercano al bosque. Star Duo terminó con él y su novio Xie Yun explorando las dulces maravillas de los juegos de roles sexuales en la comodidad de su habitación. ¡No es como si alguno de los dos tuviera quejas! Al contrario, su gege y él estaban muy agradecidos por la noche tan interesante que tuvieron. -YiZhan Crossover. -YunSan (Xie Yunx Tang San) -Los personajes pertenecen a La leyenda de Fei y Douluo Dalu.

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I wanna be yours

Esta era la primera vez de Tang San en un burdel y debía decir que todo era muy... pintoresco.

La música de guqin inundaba el salón en donde las jóvenes damas ataviadas en finas sedas de exquisitos colores danzaban en completa armonía, un perfume embriagante flotando en el aire junto a pétalos de rosas rojas cayendo en cascada del techo iluminado con lámparas de dragón blanco; de las paredes colgaban preciosos cuadros de paisajes naturales y tapetes dorados de buena fortuna que le daban un toque de elegante ostentosidad al pabellón.

Si, bastante bonito. Quizás hasta romántico.

¡Que no se malentienda! Tang San no tenía interés en saciar su curiosidad juvenil, su visita era parte de una misión con sus amigos de la academia.

Zenyu era uno de los pueblos centrales más caóticos de Jianghu, siempre lleno de jóvenes aprendices de artes marciales en busca de una aventura gracias a su cercanía con el bosque Star Duo. Hace unas semanas los rumores apuntaron a un misterioso viajero anónimo que vendía jarabes milagrosos a los Soul Masters con la promesa de aumentar los Souls Rings sin la necesidad de enfrentarse a una bestia espiritual para conseguirlos. Cualquiera con un poco de cerebro se daría cuenta de la estafa, o eso pensaron ellos hasta que vieron cómo numerosos Souls Masters cayeron en la trampa. Ma HongJun dictó que no todos eran tan listos como los siete demonios de Shi Lan Ke para descubrir el engaño.

Decididos a terminar con la injusta mentira, sus amigos y él decidieron atrapar al rufián y deshacerse del misterioso jarabe mágico. Tang San estaba segurísimo de que el dichoso jarabe era agua de frutas o algún tónico para combatir el dolor de extremidades.

Algunos de los burlados Soul Masters enfrentaron al farsante a mitad de las concurridas calles del pueblo, el resultado fue la victoria aplastante del rufián contra los expertos marciales. El Maestro Yu y Lander les aconsejaron ser pacientes y buscar el momento más oportuno para no armar un escándalo al atraparlo.

Entusiasmados ante la idea de ser los primeros en atrapar a la rata escurridiza y ganar más reconocimiento para su amada academia, los demonios de Shi Lan Ke se lanzaron de cabeza a una exhaustiva búsqueda de conocimiento y exploración sobre el misterioso vendedor; comidas favoritas, música preferida o lugares más concurridos, todo fue investigado. Llegaron tan lejos que Xiao Wu encontró una inusual alergia a los mangos; más tarde la chica propuso bombardearlo con poderoso puré de mango y así acorralarlo. Era una idea genial y elocuente que todos apoyaron fervientemente pero Lander se negó.

Suspirando derrotados volvieron al trabajo.

Horas y horas de estudio después, llegaron al acuerdo de abordarlo en el lugar más inesperado del pueblo. El Maestro Yu dio vueltas en la mesa antes de pronunciar con lentitud el nombre del burdel más lujoso del pueblo, mismo que el sujeto visitaba religiosamente seis veces a la semana. Al escucharlo, los seis avergonzados jóvenes excluyeron inmediatamente al agradecido Ma HongJun de la misión, considerándolo demasiado pequeño para entrar a la glamurosa casa de placer.

Sin embargo, la vergüenza de Tang San no terminó ahí; esta no se debía al lugar, sino a la forma extravagante que sus amigos eligieron para entrar a aquel sitio.

“—Oh, no, no, no. ¡No podemos entrar vestidos así o sabrá que vamos por él en cuanto nos vea! ¡Míranos Rong Rong, somos dignos y feroces guerreros y guerreras! —gritó Ou Sike con el pecho hinchado de orgullo y una sonrisa victoriosa—. ¡Tenemos que disfrazarnos o huirá!”

Pecando de ingenuos y enternecidos por la expresión apasionada de su poético amigo, ninguno de los estudiantes se negó a convertir su arriesgada misión en una obra de teatro de bajo presupuesto. Todos aceptaron sin dudarlo y organizaron el ataque furtivo para los siguientes días.

Cuatro noches después, Tang San se arrepintió profundamente de apoyar la descabellada idea de su amigo cuando eso le fue puesto en sus manos.

Pero... ¡¿Qué demonios era eso?!

—¡¿Q-qué es esto?! —chilló A-San, con las mejillas pintadas de escarlata por el calor de la vergüenza. Lo giró una y otra vez con la mirada cautelosa y aterrada.

Ou Sike tenía una expresión de absoluto pánico similar al suyo, balbuceando torpemente con la mirada fija en la mega interesantísima mancha de té rancio en el piso de la posada.

—L-las chicas... ellas fueron... ¡Fue su culpa Sansan! ¡D-dijeron que tú p-podrías ayudarlas a ir de encubierto! ¡Sí, eso! ¡El sujeto es peligroso y tú irás disfrazado para cuidarlas!

—¡Pero esto no es un disfraz, Ou Sike! —espetó, rebuscando la parte faltante que evidentemente no había en la bolsa—. ¿Qué hay de Dai MuBai y tú?

—…Este... ¡Las chicas dijeron que te querían a ti porque...!

Interrumpiendo sus protestas de un momento a otro, Zhu Zhu Qing y Xiao Wu aparecieron detrás de él y lo empujaron al dormitorio de doncellas al final del corredor. Ou Sike respiró tranquilo al verse salvado y corrió por su libreta, ya imaginando la próxima promesa literaria de la época. Dentro de la habitación estaba Rong Rong con una bañera de agua caliente lista y diversos jabones espumosos; la chica lo saludó alegremente y antes de poder analizar lo que estaba pasando, las tres chicas ya estaban jalando su cinturón para desnudarlo.

Tang San gritó y se retorció como un gusano en un intento de quitárselas de encima sin éxito alguno. Muriendo de la pena intentó negociar con las tres testarudas niñas por minutos, y solo cuando prometió a Zhu Zhu Qing que no huiría accedieron a colocar una mampara de lindos colibríes para darle algo de privacidad.

Mientras limpiaba su cuerpo admitió que era bastante débil con sus amigas.

Sí, tal vez era uno de los más habilidosos Soul Masters de su generación, capaz de someter a bestias espirituales de miles de años con su vid y destrozarlas con su martillo, pero si sus amigas querían jugar él de buena gana las seguiría como una marioneta mimosa a cualquier parte. ¡Lo único que le consuela es saber que hombres más fuertes que él han caído en las endemoniadas garras de ese trío! Dai MuBai es un guerrero formidable en su forma de poderoso tigre, pero basta una miradita de Qing-Jie y él correría detrás de ellas como un tierno cachorro de bengala. Ya mejor ni hablamos del adorador Ou Sike y el volátil HongJun.

Salió de la tina y envolvió una bata alrededor de su cuerpo, atravesando la mampara para buscar a las chicas quienes ya se encontraban vestidas con atuendos similares al suyo. Xiao Wu revoloteo hacia él y lo tomó de la mano, llevándolo al tocador donde Zhu Qing perfumó su ondulado cabello oscuro y Rong Rong adornó sus brazos y tobillos con brillantes joyas de fantasía. Él simplemente se dejó hacer.

Cuando estuvieron satisfechas lo arrastraron (¡otra vez, ni más ni menos!) detrás de la pantalla para que se vistiera con el atuendo. A-San tragó el amargo sabor de la mortífera derrota que sufrió a manos de sus amigas y se metió en el disfraz en automático. Las chicas chillaron de emoción al verlo salir, sus caras brillantes mientras lo acercaba al espejo para poder mirarse. El joven exhaló incrédulo ante la imagen.

Tang San estaba hermoso, tanto que por un instante creyó que era una ilusión. Sus ojos viajaron meticulosos por su reflejo y muy lentamente una sonrisa traviesa crispó sus labios de cereza, un par de pensamientos pecaminosos rondando su mente. ¡Oh, alguien moriría al verlo!

—¡Te ves tan lindo, Tang San!

—¡Pareces un príncipe, ge!

—No puedo creer que luces mejor que Rong Rong.

—¡Qing-Jie!

Su sonrisita se volvió iluminada y sin más se dio la vuelta para aplastar a las chicas en un abrazo de oso. ¡Se lo habían ganado!

—¡Buen trabajo!

Juntos salieron de la habitación compartida al encuentro de los chicos, sus reacciones al verlo fue todo un gracioso espectáculo: Ma HongJun se atragantó con su bollo de carne por la exclamación de vergüenza que arrastró entre balbuceos mientras Ou Sike y Dai MuBai se desternillaban de la risa sobre la alfombra de la entrada. El rostro de Tang San se pintó de un rojo chillón pero mantuvo la barbilla orgullosamente en alto todo el camino.

Finalmente llegaron al burdel donde cada uno de los seis demonios se esfumó a sus posiciones según lo planeado, dejando atrás a Tang San y al descarado bandido que se comía con la mirada al valiente Soul Master.

—Yun-ge, compórtate —regañó con firmeza, palmeando la atrevida mano del mayor que descendía con cautela por la peligrosa curva de su espalda baja.

Xie Yun hizo un mohín y cambio de táctica, rodeando su estrecha cintura con un brazo para caminar juntos entre el gentío.

—Lo intento, belleza, pero esta noche estás irresistible.

—¿Solo esta noche? —bromeó A-San con las cejas arqueadas y una mueca burlona.

Xie Yun presionó un beso cariñoso en su frente, luego susurró en voz baja y seductora:

—Siempre estás irresistible.

Tang San se rió de las estupideces de su novio y palmeó su pecho para alejarlo.

—Payaso adulador.

Caminaron lado a lado hasta la mesa solitaria junto a la fuente de cristal donde esperarían al sujeto, quien no tardó en aparecer. Tal como pensaron, el rufián escaneó cuidadosamente a la multitud en busca de posibles víctimas y prácticamente corrió a los jóvenes aprendices marciales. El Soul Master le dio un vistazo crítico, sin entender cómo es que alguien tan predecible saco canas verdes de todos los maestros del alma en el pueblo.

Su pareja lo invitó a sentarse, pidiendo una jarra de licor para amenizar el ambiente mientras comenzaban una charla amena de todo y nada. Quien los viera podría confundirlos con un par de amigos íntimos que tenían años sin verse, cosa que por supuesto no eran.

Xie Yun hizo gala de su increíble habilidad para engañar a los demás y en un parpadeo ya tenía al tipo completamente borracho. Estando irremediablemente adormecido se colgó de los hombros del bandido y le contó su grandioso plan de estafa contra los Soul Masters. San prestó atención a cada palabra, ignorando la incomodidad de ser considerado a detalle por el hombre, recolectando información que lo hundiría en prisión por tiempo indefinido.

Sin embargo, su tranquilidad no duró lo suficiente.

Tang San tenía ganas de vomitarle encima cuando el rufián dejó atrás la discreción y le dio una mirada de pies a cabeza con mórbida lujuria, mojando sus labios resecos con el vino amargo.

Que repugnante.

—¡Xie’er es brillante en los negocios! ¡Magnífico! —«¡Oh, por favor no lo adules demasiado o se lo va creer!», se lamentó internamente. Uno de los dolores de cabeza más grandes era un Xie Yun con el ego por las nubes y para su mala suerte, él era quien debía soportarlo. ¡No, gracias!

De pronto el rufián estalló en ruidosas carcajadas en respuesta a la ingeniosa palabrería del chico adulado, las monstruosas manos estampándose en la mesa de madera. Sus repentinos movimientos eran tan bruscos y descontrolados que mandó al piso a la chica recostada en sus piernas gordas. Tang San se apresuró a ofrecer ayuda cuando...— Únete a mi, chico bonito —ladró, golpeando su muslo.

Parpadeó perplejo, ¿Qué diablos había dicho ese sujeto?

—No te atrevas a tocarme —gruñó el Soul Master con molestia, casi enojo mientras ayudaba a la dama a levantarse.

Longyin frunció el ceño y se reclinó sobre la mesa, extendiendo una mano para forzar el brazo al joven y sentarlo junto a él. Xie’er intervino al ver su acción súbita, dándole un manotazo juguetón y una firme negativa con la cabeza. Aunque la sonrisita cegadora no abandonó la cara del bandido, el brillo de diversión en sus ojos fue reemplazado por una cruda advertencia.

Longyin tragó seco. El mensaje era bastante claro.

Aléjate de él.

Una vez Tang San estuvo de pie, Xie Yun jaló de él y lo colocó sobre su regazo, apretando posesivamente su agarre alrededor de su cintura desnuda.

¿Qué mosco le picó a ese loco atrevido?

—¿Me decías de las garras del legendario Fénix Violeta de la Resurrección? —habló animado el bandido al sujeto—. ¿Cómo las consigo si son ilegales en el país?

Así la plática volvió a centrarse en más información sin más incidentes desagradables.

Con el carisma natural de su amante haciendo el trabajo, él no tenía nada que hacer aparte de morir de aburrimiento. Uno, dos, tres inciensos pasaron hasta que de reojo vio a Ou Sike haciendo señas y ademanes exagerados para llamar su atención. Tang San luchaba por descifrar el mensaje oculto cuando sus ojos viajaron involuntariamente a la fogosa pareja detrás de su amigo.

La elegante túnica verde traslúcida colgaba abierta de los finos hombros de un jovencito cortesano aparentemente de su edad, su boca entreabierta dejaba salir ruidos obscenos con cada embestida de los firmes dedos del hombre arrodillado entre sus piernas. La piel caramelo del joven brillaba con marcas de mordidas y sudor perlado, la ola de deleitable éxtasis rompió su expresión al llegar al clímax, manchando con hileras blancas su abdomen plano.

Tang San sintió una repentina agitación en su vientre y la garganta seca. ¿Por qué hacía tanto calor en plena noche de fresco otoño?

La pareja cambió de posición, esta vez el tembloroso cuerpecillo del cortesano se extendió sobre el ancho abdomen de su acompañante; compartieron un beso sucio y luego la boca del chico fue llevada al miembro erguido de su cliente. Entonces, un tercer desconocido apareció junto a ellos, abofeteando las nalgas abiertas del muchacho antes de enterrar su cara en la abertura, pasando su lengua por el agujero excitado. Echando la cabeza hacia adelante el cortesano gimió, atrapando los labios de una mujer que pasaba casualmente frente a ellos.

—¡Sigue así, pequeña puta!

—Eres tan delicioso acá atrás, A-Mao, y tan bonito como el precioso concubino de un Emperador.

El aroma dulzón en el aire se hizo más embelesante conforme la música se volvía una armonía relajante y seductora. Cuando los dos hombres mancharon de simiente blanco el rostro sollozante del cortesano y el tercero lo penetró con un fuerte rugido, Tang San apartó la mirada, aturdido por el vergonzoso y extraño calor ardiendo en su parte inferior.

¡Por amor al Cielo, él no podía estar excitado en un lugar público y menos por presenciar un cuarteto!

Tardíamente recordó el significado de las señales: era hora de atrapar a la rata. Inhalando y exhalando profundamente para calmarse se meneo en el regazo de Xie Yun en busca de una posición más cómoda y menos reveladora para su erección, sin embargo, ahogó un jadeo feroz al darse cuenta que el sinvergüenza de su amante estaba completamente duro debajo de él, su gruesa polla pinchando su trasero.

—Que atrevido eres, mi belleza —siseó contra su oído, provocando que una corriente eléctrica trepara por su columna y el aliento caliente le erizara la piel—. ¿Te llamó la atención su espectáculo?

«Como no tienes una idea»

—...

—Te besaré si no contestas, belleza.

—... hazlo —desafió.

Xie Yun no perdió tiempo y se inclinó hacia adelante, reclamando los jugosos labios de su amante como suyos. Tang San abrió la boca y gimió, su lengua saliendo al encuentro de la de Xie Yun en un beso frenético, un contacto salvaje y caótico donde succionaba, mordía y lamía cada recóndito lugar de la pecaminosa caverna húmeda, seducido por el regusto del vino combinado con el delicioso y adictivo sabor del mayor. Las grandes manos de Xie’er abandonaron la cintura del Soul Master y se deslizaron a sus muslos regordetes, amasando la suave carne a su antojo.

Tang San gimió y se retiró un poco, respirando hondo antes de volver a empujarlo hacia sí. Xie Yun le dio la vuelta, incitándolo a rebotar suavemente en su regazo y él lo hizo, hundiendo sus dedos en el sedoso cabello negro mientras se entregaba al beso violento y delirante, ambos olvidándose del lugar donde estaban y lo que se suponía debían hacer, sumergiéndose en su propio mundo.

Luego de unos minutos (o segundos, horas, milenios, no estaba seguro) se separaron, escuchando el monólogo del villano en su apogeo estelar.

—... ¡Si la arrogante de Bi Bi Dong supiera de mi poderosa pócima para el alma marcial, el continente entero temblará de pavor, Xie’er!... ¡La oscuridad se cercenará sobre nosotros!

Xie Yun lo interrumpió sin aliento, un hilito de saliva brillando en su barbilla puntiaguda y una sonrisa cínica crispando sus labios rojizos.

Oh, demonios...

«No digas tonterías, no digas tonterías por favor, no digas tonterías...»

—Suerte para mi tener a mi lado una belleza de poder incomparable que me proteja de la oscuridad —chillo dramáticamente, fingiendo grandes y redondos ojos asustadizos—. ¡Me asusta muchísimo, Longyin! ¡Sálvame Sansan!

—Cállate, bufón —jadeó Tang San, pellizcándolo para que cerrara su estúpida boca y arremetió contra el repugnante degenerado con su Blue Silver Grass.

Rápidamente los seis demonios de Shi Lan Ke se unieron al ataque.



Tang San enterró su rostro entre las mullidas almohadas mientras el deseo intenso de que alguna bestia mágica se apiadara de su tormento y lo hiciera desaparecer de una vez por todas lo hizo gritar a todo pulmón.

¡No podía creer cuán desvergonzado se volvió por culpa de Xie Yun!

Luego de atrapar al sujeto, sus queridos y amados amigos no desperdiciaron la ingeniosa oportunidad de molestarlo con comentarios burlones y subidos de todo. ¡Incluso Ma HongJun, que no estuvo presente en la misión, se mofó de él besando fogosamente a su novio en el burdel! Incapaz de soportarlo por más tiempo corrió escaleras arriba y se encerró en su habitación.

¡Ahh! ¿Por qué tuvo que apoyar a Ou Sike con su chistecito? ¡Al final sí fue una obra de teatro! Una donde dos chicos grandes se besaban en el lujoso pabellón rojo de Madame Fa, casi montándose en público porque se pusieron inexplicablemente calientes por un cuarteto.

Oculto entre los almohadones, trató de no pensar en el satín de los apetitosos labios de Xie Yun contra los suyos, en las corrientes eléctricas adormeciendo su piel con cada amoroso mimo o en el calor embriagante de su cuerpo. De solo imaginar esos ojos oscuros centelleantes de posesiva lujuria, Tang San temblaba de anticipación y ansias.

Joder, estaba al borde de la locura.

Necesitaba a Xie Yun. Necesitaba que lo follara hasta que el fuego en sus venas fuera menos que una chispita, que todo él no sea mas que un jadeante desastre lloroso enredado en sus sábanas con aroma a sexo.

Si, es lo que necesita ahora mismo.

Ensimismado en sus libidinosos pensamientos no se dio cuenta de la segunda excitada presencia en la habitación compartida.

Xie’er tenía los brazos cruzados sobre el pecho, reuniendo cada gotita de autocontrol para no saltarle encima. ¡Nadie tenía el derecho de culparlo! Su belleza era incluso más esplendoroso y cautivante vestido de esa forma tan sensual y provocativa; las finas enredaderas de cuentas plateadas convertían su cabello oscuro en el cielo nocturno polveado de estrellas, un pliegue de la delicada tela zafiro cubría sus pezones y dejaba al aire su firme abdomen, los lazos blancos uniéndose a las finas cadenas doradas de los brazaletes enjoyados en sus brazos.

Atrapó su carnoso labio entre sus dientes y bebió cada centímetro de la exquisita mitad inferior de su Tang San, encandilando en la vista de la suave y cremosa piel de sus largas piernas a través del semitransparente pantalón azul, las campanillas de plata del fino cinturón acentuando su delicada cintura y los aros en los tobillos dándole un aspecto delicado y majestuoso. Inalcanzable.

Pero eso no era todo. Xie Yun perdió la cabeza desde el primer segundo que vio esa bendita liga dorada en su muslo derecho. Quería arrancarla con sus dientes y luego lamerla entre sus bocas en un beso desordenado.

—Yun-ge.

La dulce voz de su amado disipó la nube de lasciva ensoñación, parpadeando sorprendido al encontrarse frente a él. Tang San lo miraba a través del abanico de largas pestañas, con las mejillas teñidas de un bonito tono rosa y un pucherito en sus labios esponjosos. Era la inocencia encarnada y la polla de Xie Yun no pudo evitar palpitar de genuino interés.

—Yun-ge —volvió a llamar, meneando tentativamente las caderas al caminar alrededor de él en un círculo completo, pasando sus palmas abiertas por el pecho y hombros de Xie Yun—. Quiero jugar, ge —ronroneó roncamente en su oído.

Oh, eso era nuevo. Muy nuevo.

—¿A qué deseas jugar, mi belleza? —tarareo, las manos de Xie Yun bajaron lentamente por los costados de su cuerpo hasta caer traviesamente en su trasero redondo, manoseando y apretando los montículos de carne suave. Tang San gimió y dejó un reguero de lamidas húmedas en el afilado borde de su mandíbula.

Sí, su Sansan definitivamente quería jugar.

—¿Soy bonito, A-Yun?

—Lo eres, amor. Eres completamente hermoso.

—Hmm, ¿de verdad? —aleteó sus pestañas, pavoneándose—. ¿Cómo te gusta tomarme?

El cerebro de Xie Yun quedó hecho papilla por el hilo excitante que tomaba la conversación. Raras veces su amado era tan atrevido, y si esa noche quería jugar, ¿Quién era él para negarse? Absolutamente nadie.

Xie Yun jamás sería nadie frente a su amado. Incluso si Tang San le pidiera las estrellas, él se las daría una por una para hacerlo feliz.

—Me gusta tomarte de cualquier forma, mi belleza —admitió con una sonrisa sincera, amasando con ánimo el trasero de su San y hundiendo sus dientes en la tierna carne de su cuello blanquecino.

—Entonces... Esta noche seré tu lindo cortesano, príncipe Xie —siseó detrás de su oído, restregando su polla necesitada contra la pesada erección escondida de su amante—. Seré aquel que uses para saciar tu placer y estaré a tu entera disposición para lo que desees.

Xie Yun abrió los ojos de par en par al escuchar la sugerencia (¿O petición?).

El sexo en su relación siempre había sido una sorpresa alucinante; podía ser tierno y amoroso, lleno de romanticismo a la luz de las velas o coqueto como un par de amantes adolescentes. Nunca era salvaje, juguetón y travieso al punto de tomar roles para buscar su placer. La sola idea era tan lejana como el libro más pornográfico del mundo. Ahora que Tang San se encontraba dispuesto a entregarse completamente a él sin limitaciones de por medio, bueno, se puso extremadamente cachondo (lo que no es una novedad) y pensaba aprovechar al máximo esa oportunidad.

—¿Qué tengo permitido hacer? —preguntó, delineando los voluptuosos labios de Sansan con su lengua, ahogando sus encantadores jadeos con cada roce juguetón.

—Lo que quieras —suspiró, temblando entre sus brazos por la calidez de su aliento mimando su piel alborotada—. Soy todo tuyo, Xie Yun.

—¿Y si es demasiado?

—Te lo diré... ¡Uhmph!

No terminó de hablar cuando Xie Yun se abalanzó a un beso brutal, golpeando sus caderas juntas en un fuerte choque. Tang San se derritió en el hervidero de necesidad que bullía en su interior como ardientes brasas al fuego vivo, deseando que su amado lo desvistiera y lo follara como le placiera. Estaba por suplicar por su toque cuando sus muñecas fueron sujetadas encima de su cabeza, obligándolo a separarse de su cuerpo.

—De rodillas, ahora —ordenó Xie Yun en voz rasposa y sensual, sus ojos iluminados con la oscuridad del peligro. Empujó sus muñecas lejos, acariciando sus mejillas regordetas con dulzura—. No quiero que hables, cortesano.

Tang San acató la petición sin chistar, ser dominado por el otro era una sensación que encontró bastante agradable. Cayendo grácilmente al suelo, separó las piernas para soportar su peso y alzó el rostro, mostrando sus labios escarlatas entreabiertos y su lengua extendida como una ofrenda.

Una ofrenda para la polla de Xie Yun.

—¿Quieres algo dulce, Sansan?

—Sí.

—¿Sí qué?

—... Sí, mi príncipe.

La boca del bandido se curvó hacia arriba en una sonrisa complacida y como premio por su obediencia, dio dos palmaditas en la cabeza del chico. Inexplicablemente, Tang San tuvo un arrebato de felicidad por tener su aprobación, queriendo más elogios cariñosos y aduladores. Así, se restregó contra él como un animalito mimado que gustaba de ser el centro de atención.

Xie Yun se desnudó elegantemente frente a sus ojos, haciendo sus bonitas túnicas a un lado sin importarle un poco. Su erección ya estaba dura y se curvaba hacia su ombligo, el orgulloso hongo en la punta luciendo tan apetitoso que a Tang San se le hizo agua la boca de solo verlo.

—Buen chico, Sansan. Toma tu dulce.

Xie Yun tomó el hinchado pene con una mano y lo guió a la boca en carne viva por sus constantes mordiscos. Acarició con suavidad los bonitos labios esponjosos con la punta, dándoles un toque húmedo y carnal con las gotitas de presemen. Dirigiendo el glande al interior, dio un suspiro de gusto al sentir el disfrutable calorcito de la boquita de Tang San abierta para recibirlo. Cuando estaba seguro de que no iba a correrse por tener la imagen del Soul Master con la boca ocupada por su polla, empujó más de la gruesa longitud dentro de la cavidad, enredando los dedos en un puño en la parte superior de su cabeza, instándole a chupar.

Al sentir las rayas de presión de las venas hinchadas de la polla de Yun-ge palpitando contra su lengua y paladar, Tang San soltó un gemido que envió vibraciones placenteras por el largo. Xie Yun entrecerró los ojos y jadeó audiblemente por la imagen inaudita de su miembro entrando y saliendo de esa boquita tan mona. Era una tarea imposible apartar la vista de lo devastadoramente hermoso que lucía el inocente Soul Master, chupándolo con una expresión de gusto que lo ponía más duro de lo que ya estaba.

—Oh, joder mi belleza —gimoteó cuando toda su longitud estuvo completamente dentro, la estrecha garganta de su amante se contrajo alrededor de su polla. Tang San se sostuvo de sus piernas para no perder el equilibrio, aspirando el aroma de su pelvis contra su cara antes de comenzar a moverse de arriba hacia abajo con extrema lentitud, intentando acostumbrarse al peso del pene excitado por primera vez en su boca.

Fascinado por lo jodidamente bien que se sentía tener el peso de Xie Yun en su boca, decidió que quería más. Necesitaba más.

Masajeando con delicadeza las pesadas bolas del otro, Tang San cambió el ritmo de las penetraciones, follando a su garganta en un vaivén diligente, succionando con un ruido obsceno el hongo descomunal de la corona. Pronto las lágrimas inundaron sus ojos y se deslizaron por su cara, el falo endurecido ahogando sus gimoteos incontrolables. Xie Yun apretó el agarre en el pelo ondulado, sometido por las increíbles ganas de arruinarlo por completo, moliéndose contra él tan fuerte y profundo que golpeó lo más profundo de su garganta y le provocó arcadas.

Continuaron así por un tiempo, la sinfonía de los jadeos y chupetes de Tang San, junto a la visión de su figura escultural de rodillas envían oleadas de placer electrificado por la columna vertebral de Xie’er hasta que fue imposible contenerse, derramándose dentro de su boca con una intensidad abrumadora, su mente una nube difusa y acalambrada. Con los ojos impulsivamente cerrados, escuchó a través de la espléndida bruma lejana del orgasmo como Tang San gorjeo y se ahogó con su semilla.

—... Sansan... —resolló sin aliento al salir de la burbuja del clímax final. Preocupado por no obtener respuesta bajó la mirada y sintió como su pene volvió a engrosarse al ver a su tierno novio con los ojitos enrojecidos por el llanto, la saliva escurriendo de su boca abierta llena... de semen.

Oh, por amor al Cielo...

A-San frotó su nariz en la puntita del miembro semierecto del bandido, rasgando la piel blanca de sus muslos con sus uñas para llamar su atención. Cuando finalmente entendió lo que quería decirle su respiración se cortó y todas las neuronas de su cerebro se apagaron.

Él esperaba su orden para tragarlo.

Xie Yun tal vez moriría esta noche.

—Hazlo, Tang San. Traga mi leche como el adorable gatito que eres.

Con una sonrisa resplandeciente crispando su expresión, el Soul Master le enseñó la carga deleitable una última vez antes de tragarlo, lamiendo los restos que escaparon a sus labios. Xie Yun, excitado hasta el infierno, se rió y lo puso de pie, estrellándose en un beso apasionado donde saboreó su simiente de la lengua de Tang San.

—Desnúdate y ponte en cuatro en la cama, Sansan —mandó, chupando una marca bermellón en su cuello.

—Sí, mi príncipe.

Mientras caminaba a donde le fue ordenado, el Soul Master desabrochó el cinturón enjoyado en su cintura y lo dejó caer descuidadamente al suelo de madera, luego se quitó el pantalón traslúcido, contoneando con suaves movimientos su cuerpo para salir de la prenda, los aros en sus tobillos creando un sonido tintineante. Al terminar se dio la vuelta, viendo como Xie Yun no apartó la mirada del espectáculo ni un segundo, sus ojos ardiendo de lujuria.

Tang San sonrió y se acomodo encima de las pulcras sábanas, recostando su pecho sensible en el colchón y levantando sus caderas al aire, dándole una vista perfecta al bandido de su jugoso y redondo trasero, jadeando por el leve escozor de un azote. Xie Yun palmeó sus nalgas lo suficiente para teñir la piel lechosa de un provocativo rojo carmín y luego las extiendió, admirando con hambre el bonito agujero rosado que se escondía tímidamente entre ellas.

—N-no lo mires, príncipe Xie —dijo Tang San, ruborizado de la pena. Aquella era la primera vez que se enredaban en esa posición y, aunque admitía que era excitante, no dejaba de ser vergonzoso estar tan expuesto a la mirada hambrienta del otro.

—Mnn, está bien. No lo miraré —Yun esbozó una sonrisa sexy y picarona, aquella que indicaba problemas—, mejor lo probaré.

—¿Qué?... ¡AH, MI PRÍNCIPE!

Las palabras quedan atoradas en su garganta cuando la lengua de su gege dio una lamidita experimental a su entrada y luego la rodeó de manera circular, humedeciendo la mancha. Tang San escondió su rostro entre las sábanas y maldijo por todo lo alto. ¡Jamás se esperó que tener a Xie’er comiéndole el trasero fuera a sentirse tan endemoniadamente bien!

Aunque siendo sinceros, tampoco espero que alguna vez él hiciera algo tan obsceno como tener un juego de roles en la cama.

Definitivamente tenían que repetirlo en un futuro cercano. Muy, muy cercano.

Tang San aplastó su mejilla sobre el colchón y gritó de placer, absorto en la delirante sensación del músculo resbaladizo entrando y saliendo de su pequeño agujero estrecho y humedecido de saliva. Xie Yun lo estaba follando tan bien que sus piernas tiemblaron y su pene goteó lechoso líquido preseminal, robusto como una raíz de vid.

Xie Yun rasgó levemente el borde de la hinchazón son los dientes y luego succionó con fuerza, saboreando la zona prohibida de su amante como si fuera el caramelo mas exquisito de la tierra, fundiendo a Tang San en imparables lloriqueos, su espalda impecable trazando maravillosos arcos perfectos con cada profunda embestida de su lengua. Xie Yun siguió con su jugueteo travieso, chupando su anillo lubricado con el mismo entusiasmo que él lo hizo con su polla, repartiendo lengüetazos de arriba hacia abajo e invadiendo el interior con la punta.

La polla de Tang San se encontraba tan dolorosamente dura que no creía aguantar por mucho tiempo, su mente girando en un vórtice de pensamientos incoherentes, sucios y lujuriosos que involucraban a Xie Yun y su pecaminosa y gloriosa lengua.

—P-príncipe no voy a... uhm... soportarlo... mucho...

—Shhh, mi belleza. Déjame disfrutar de ti un poco más.

Xie Yun bombeó la erección de su amado al ritmo de las embestidas de su lengua. Tang San limpió desordenadamente la saliva que escurría de su boca con el dorso de la mano y empujó su cuerpo hacia atrás para empalarse contra el músculo viscoso que lo comía tan ansiosamente. Cuando el bandido se aseguró de tener sus dedos lo suficientemente mojados para no dañarlo, insertó uno en la mancha excitada del Soul Master, viendo con asombro cómo se hundía hasta el primer nudillo dentro de él.

Aflojó con paciencia la estrecha entrada, escuchando los suspiros y jadeos del menor. Luego de un rato un segundo y tercer dedo se deslizaron con facilidad en el canal, los tres largos dígitos que extendían a su didi lo tenían vibrando de excitación, gimiendo con cada movimiento de tijeras o circular.

Xie Yun, cumpliendo su fantasía, mordió la liga dorada prendada al muslo de porcelana, chupándola y bajándola hasta tirarla detrás de su rodilla. Del mismo modo desató los hilitos que mantenían unidos la tela transparente de la espalda, dejando un reguero escarlata por donde atravesaba su boca. Sus dedos de forma lenta disminuyeron la velocidad de los empujes hasta que finalmente los sacó con un sucio ruido de succión, el anillo poniendo resistencia a dejarlo ir.

Tang San se sentía tan vacío y abierto que protestó furiosamente por la ausencia de cualquier cosa que pudiera llenarlo.

—¡Ahh! ¿Príncipe? —el quejido de Sansan vino acompañado de un adorable puchero, enfatizando la molestia de no ser atendido. La cama debajo suyo estaba manchada con un charco de chorreante presemen de su miembro erecto, pero eso no eludía la expresión en su linda carita. Xie Yun se preguntó cómo su novio podía lucir tan tierno y libertino a la vez.

—¿Estás listo para recibirme, cortesano?

Moviendo la cabeza vigorosamente de un lado al otro, Tang San asintió.

—Sí, sí, estoy listo -- ¡Ahh!

Tang San soltó un grito de absoluto placer cuando la gruesa y venosa polla de Xie Yun empujó dentro de su dilatada entrada de una sola estocada. Jadeando en un intento de recuperar aire para sus pulmones, sintió cómo sus paredes húmedas y calientes se abrían para abrazar cada centímetro de la longitud de su amante, aceptando la invasión con desesperación. Escuchó los susurros calmantes de Xie Yun y los besos adoradores dejados en su espalda, e inevitablemente su corazón se derrita de amor por sus tiernos gestos.

Después de unos minutos a la espera de que pudiera acostumbrarse a ser extendido, Xie Yun comenzó un suave vaivén que arrancó dulces jadeos del menor, resbalando su pene en lentas penetraciones por el canal estrecho. Yun-ge estaba delirando por la calidez que lo rodeaba y usó cada resquicio de raciocinio para no hacerle daño y tomarlo como una bestia. Pero es que era tan complicado, más cuando el agujero de su Sansan apretaba su polla de esa manera tan deliciosa que lo único que era capaz de pensar, era en lo mucho que le gustaría follárselo hasta destrozarlo.

—Hazlo, mi señor —siseó el Soul Master, separando más las piernas para darle más acceso a su entrada—. Fóllame duro, ge.

—Vas a ser mi muerte —advirtió, lamiendo la venita de su pulso acelerado en el arco de su cuello.

—¿Morirás porque deseo todo de ti, mi príncipe? ¡Fóllame como tú quieras, mi señor!

Impulsado por las palabras sucias de su didi, Xie Yun salió del pasaje cálido y volvió a arremeter con una poderosa embestida que golpeó en lo más profundo de su interior. Tang San chilló y se retorció con cada sacudida violenta, cerrando los ojos para disfrutar cada movimiento de su amante. Xie Yun lo abrazó por la espalda, gimiendo en su oído mientras empuja una y otra y otra vez con fuerza brutal hasta que la punta se clavó certeramente en la próstata del Soul Master, provocando una ola de burbujeantes espasmos en los nervios sensibles de Tang San.

—¡Ahhh, sí, ahí, justo ahí! —gimió, echando su cabeza hacia atrás cada que una embestida llegaba lo suficientemente profundo para remover con fuerza sus entrañas. Por instinto apretó sus paredes y al hacerlo arrancó un maullido ronco de Yun-ge—. Pr-príncipe... ¡No! ¡Xie Yun! ¡Yun-ge, más rápido!

Ni la música más melódica podría compararse nunca con la seductora voz de su belleza gimiendo de aquella forma tan viciosa su nombre, rogando porque lo llenara de su excitación hasta hacerlo desfallecer y reclamarlo con su semen resbaladizo. El lío de posesivos pensamientos llevó al bandido a perder el control, afianzando las caderas de Tang San entre sus manos y estrellando a un ritmo devastador su pelvis con su trasero regordete. El choque lascivo de sus pieles sudorosas al encontrarse entre cada penetración junto al aroma a sexo flotando en la habitación y el sonido del acuoso chapoteo mareó al Soul Master, quien suplicó insaciablemente por más.

Más duro, más rápido, más profundo, más de todo.

Con la respiración entrecortada, paseó su mano por sus pezones duros, jugando con ellos antes de descender por cada pedacito de su cuerpo sensible y necesitado hasta que tocó algo verdaderamente caliente e irreal.

—... Xie Yun... ¡Ah, Xie Yun! —aplastó el extraño bulto que sobresalía de su vientre, siendo este la salvaje polla de Yun-ge que se movía a un compás descomunal y bestial, frenético. Enterró su cara entre las almohadas para ahogar sus lánguidos gemidos y así evitar ser ruidoso. Sería muy vergonzoso si alguien los escuchaba teniendo relaciones sexuales antes de la hora de la cena.

Xie Yun, en cambio, no estaba de acuerdo con eso; esbozando una sonrisa malévola, machacó su polla en el tierno agujero con más ahínco, follándolo tan apasionadamente que la cama crujió y amenazó con romperse en muchos pedacitos.

¡Oh, no, no, no! ¡El Maestro Yu los mataría si rompían otra cama de otra posada!

—Quiero... quiero escucharte San... ¡Ahh!

Negando, Tang San mordió recio uno de los almohadones cada que era arrastrado de atrás hacia adelante con los empujes vehementes del otro, sollozando por el agradable picor de las bofetadas que su gege le propina en las nalgas. El sexo estaba siendo tan perverso y delicioso que le encantaba de sobremanera.

—No lo haré... —dijo entre gemidos, un charco de saliva escurriendo desde su barbilla hasta el colchón. Xie Yun asintió y, entonces, presionó las delicadas caderas hacia abajo y lo penetró con una rudeza que lo dejó devastado. Tang San aulló por cada certero golpe en su próstata maltratada, los calambres alivianando su cuerpo, el ardor haciéndose cada vez más intenso avisando que está por llegar a su tan esperado orgasmo.

—Mi A-San... ¡Ahh! Tan lindo, mi amor... —susurró, hundiendo sus dientes en el hombro delicado de su didi. Tang San se sacudió, gimiendo tan alto que estaba seguro los comensales del piso de abajo lo escucharon. Xie Yun ronroneó de satisfacción por su maravilloso logro—. ¿Quién es un buen chico, mi belleza?

—¡Yo-yo! ¡Yo lo soy! ¡Xie Yun!

La mente de Tang San quedó aturdida cuando el orgasmo más arrollador de su vida lo derrumbó en trozos. Las estrellas deslumbraron detrás de sus ojos mientras el líquido blanquecino salía a chorros de su miembro, cayendo sobre los charcos de otros fluidos en la sábana mojada. Xie Yun, que miraba con cierta fascinación como su polla era engullida por el agujero hinchado y maltratado, liberó su propio clímax al ser tan fuertemente apretado por las paredes anales de su novio, expulsando su lechosa semilla caliente dentro del profundo canal.

—¡Tang San!

Xie Yun lo penetró por unos momentos más, cabalgando su orgasmo hasta el final hasta que se dejó caer sobre un hipersensible, cansado y sudoroso Tang San, los dos abrazados en la cama. Luego de recuperar el aliento Xie’er se deslizó hacia afuera, un libidinoso río de semen cremoso saliendo de la entrada lastimada.

—Oh, eso es tan... —«vergonzoso», pensó el Soul Master al sentir la semilla salir por su trasero. Xie Yun, sonriendo radiantemente como el sol a primera hora de la mañana, le dio un beso empalagoso antes de ponerse de arrodillarse junto a él.

—¿Estás bien, mi belleza? ¿Te duele algo?

—No, no, estoy bien —lo tranquilizó, acariciando sus cabellos alborotados—. Solo es... incómodo.

—¡No te preocupes, cariño! Te prepararé un baño.

Tanteando el piso bajo la cama, cubrió su desnudez con la primera túnica que tuvo a la mano (la túnica de caza oscura de A-San) y después salió corriendo de la habitación en busca de agua caliente para mimar a su novio exhausto. Una mirada amorosa iluminó la expresión dócil de Tang San antes de reírse a carcajadas al escuchar cómo su novio chocaba con la mesita decorativa al final del pasillo.

«Eres tan tonto, mi amor»

Sí, lo era...

—Pero eres mi tonto, A-Yun —dijo, cerrando los ojos para esperar a su Xie Yun. Tal vez si descansaba lo suficiente en lo que tardaba en traer el agua podrían jugar otra vez en la bañera.