Ando caliente, único aviso
Wang Zhuo Cheng miró con diversión la forma coqueta que los protagonistas de The Untamed tenían para declarar su extraño amor. Miradas acá y allá, golpes y halagos eran parte de la rutina diaria que todos presenciaban. De alguna forma eso era relajante y divertido, el día no estaba completo si alguien no miraba como los dos tortolitos hacían de las suyas y se escabullían de forma silenciosa al bosque, a las cascadas o simplemente ruidos extraños salían de cualquier lugar oscuro.
Se llevó otra papa a la boca, degustando la sal en su paladar y masticando. Algunos estaban siendo llamados para sus escenas, el dúo Yizhan tenía que irse inmediatamente junto a Xuan Lu, él era el único que iba a quedarse disfrutando de su tiempo libre.
Bueno, él y Kuan-ge.
—Nos vemos después A-Cheng— se despidieron Lan WangJi y Wei Ying, producción siguiéndoles. Con un suspiro resignado sacó su teléfono, quería subir de nivel en ese juego que Ji Li le había obligado a instalar y lo tenía obsesionado. Logró sacar el aparato oscuro, pero jamás llegó a encenderlo.
Una mano se posó sobre su propia mano, dedos largos y varoniles acariciando con sutileza la suave piel, un jadeo escapando de sus labios cuando besos mariposas fueron depositados en su cuello, subiendo hasta su oreja, tirando de forma seductora de su lóbulo.
—Kuan-ge, alguien podría vernos— reclamó con un adorable puchero, los ojos del mayor brillando al verlo.
—Estás bastante pensativo gatito, me intrigas— fue su respuesta, quitándole la bolsa de frituras, el celular y rodeando su cintura con los brazos, apretando el cuerpo contra el suyo. Sintió el pecho firme escondido bajo esas capas de tela celeste, algo le estaba golpeando el vientre mientras disfrutaba el calor ajeno.
Frunciendo el ceño, regañó a su amante—. Tal parece que estás muy caliente, Kuan-ge.
Liu HaiKuan deslizó su nariz por el contorno de la mandíbula de su pareja, delineando las cinceladas líneas y los trazos firmes de su rostro, besando de forma fugaz todo a su alcance.
—No puedes culparme cuando te ves tan malditamente sexy en ese traje, gritándoles a todos y frunciendo el ceño, SanDu ShengShou.
Dejó escapar una risa, paseando sus manos por el cuello y el pecho del mayor, mordiendo sus labios de forma sugerente mientras se pegaba más a HaiKuan.
—Eres un pervertido desvergonzado.
HaiKuan caminó con su trofeo en los brazos, sentando a su amante en la mesa y abriendo sus piernas para recibirlo. Frotó círculos en la parte baja de su espalda, manos inquietas recorriendo partes prohibidas del chico menor bajo él. Zhuo Cheng tomó el mentón de su novio y estampó sus labios en un beso ferviente y audaz, recorriendo ávidamente el contorno del cinturón de su mayor, la lengua de HaiKuan invadiendo su cavidad bucal, disfrutando del gemido exótico saliendo de su garganta. Deslizó sus caricias al cuello donde rasgó y besó con firmeza, su lengua trazando círculos sobre la manzana de Adán y soplando sobre su sensible piel blanca. Wang Zhuo Cheng sólo podía gemir, balanceándose sobre la mesa en un movimiento rápido, buscando el contacto íntimo de su amante.
—Gatito travieso— se burló HaiKuan, desabrochando el fajín de la túnica del temible Líder de Secta Jiang y admirando los pezones erguidos marcados en la camiseta blanca que traía debajo. Llevó sus dígitos a los dos botones, presionando y pellizcando mientras su novio besaba su cuello, dedos temblorosos intentando sacarle el cinturón.
Cuando finalmente pudo hacerlo, la boca se cerró sobre el pecho de su novio, besando y mordiendo con fuerza para marcar esa dura y perfecta piel. Había algo de celos incomprendidos batallando en el interior de Zhuo Cheng, odiaba tener ese tipo de inseguridades sobre el tipo de relación que llevaban. Soltó la piel que retenía entre sus dientes, besando y separándose del abdomen de HaiKuan.
—Te dejé marcas, perdona— se disculpó tímidamente.
HaiKuan rió—. No me importa que hagas de mí lo que quieras. Soy solo tuyo, mi A-Cheng— recostó el cuerpo de Zhuo Cheng sobre la mesa, alzándose sobre ese cuerpo y presionando sus labios para un beso tierno—. Y tú eres solo mío.
—Sí— jadeó, rodeando su cintura con sus piernas. Recorrió con veneradas caricias las piernas de su novio, dejó besos húmedos sobre su cuello y descendió hasta sus botones erguidos, Liu dispuesto a saborearlos.
—¿Dónde habrán comprado esa mesa? Necesito una en mi casa— habló una voz nueva, el par de amantes separándose cuando Yibo pasó de largo y buscó su teléfono.
—¿Hace cuánto estás aquí?— preguntó Zhuo Cheng cubriéndose el cuerpo, sus mejillas quemando de lo calientes que estaban.
Yibo hizo un gesto de indiferencia—. Lo importante no es eso. Resolver su tensión sexual, eso sí es importante.
—Yibo— regañó HaiKuan.
—No vi nada inapropiado, y si lo hubiera visto no es mi secreto para contarlo— soltó un bufido burlón—. A quién engañamos, ustedes juntos no es un secreto.
—Yibo.
—Solo tengo una recomendación— guardó el teléfono en su sudadera deportiva, rodeando la mesa y enseñando un viejo incensario oscuro con una extraña sonrisa de triunfo.
—¿Qué es eso?— preguntó Zhuo Cheng, curioso. Aquel objeto se le hacía extrañamente familiar.
La sonrisa del protagonista no decayó, luciendo tan adorable como un niño pequeño.
—Esto es un incensario, por supuesto— respondió de forma obvia—. Lo importante con este objeto está dentro, parece mágico.
—Tus fetiches con Zhan son cada vez más raros— mencionó el mayor de los tres.
—No son fetiches. Créeme A-Kuan, cuando pruebes la magia del incensario no querrás dejarlo ir— prometió.
—Si prometes que esa cosa es tan maravillosa ¿qué hace aquí en el set?
Wang Yibo dirigió su mirada a la mesa donde todavía se encontraba Wang Zhuo Cheng, sonriendo y guiñando de forma juguetona. No había más palabras que decir.
La tarde se fue de forma rápida, las grabaciones seguían en su apogeo mientras Zhuo Cheng no podía dejar de pensar en ese mentado incensario. Culpaba a Yibo de su reciente loquera, todo lo que el joven había estado sacando como conversación era lo maravilloso y único que era el artefacto, una sola vez preguntándole a Xiao Zhan de su experiencia con el objeto: el brillo en sus ojos, el estremecimiento de sus músculos y la sonrisa bobalicona fueron su respuesta.
Había tomado prestado el dichoso objeto, llevándolo a su habitación de hotel y mirándolo con absoluta curiosidad. No podía creer que se estaba dejando llevar por las insinuaciones de sus amigos, pero había algo extremadamente raro en él.
De pronto supo de donde era conocido el incensario.
—Ya llegué A-Cheng— su pareja lo encontró mirando con concentración el objeto en la mesa. Abrió mucho los ojos cuando Zhuo Cheng le explicó su teoría.
—¿Leíste la novela en la que se basó la serie? En uno de los extras... bueno...— se tapó la cara con las manos, la vergüenza le llenaba—... Wei WuXian y Lan WangJi usan un incensario de forma sexual. ¡No voy a dar los detalles pero Bichen sufrió!
HaiKuan arqueó una ceja cuando entendió el panorama que su novio tenía en mente.
—¿Piensas que este es el incensario?
—No precisamente. Pienso que Yibo y Zhan son unos calientes.
Una risa salió de sus labios—. Eso no está a discusión. Gatito, esto podría ser sólo una broma de los chicos, no hay nada de qué preocuparse.
Zhuo Cheng entrecerró los ojos, analizando de forma más vivaz el objeto. Iba a jurar ante los cielos y la tierra que esa cosa tenía algo extraño, nadie podía quitarle eso de la cabeza. HaiKuan al verlo solo sonrió, llevando su cuerpo a la cama junto a su amante y abrazando sus hombros.
—No haremos algo que no quieras, A-Cheng.
Pero Zhuo Cheng sí lo quería, maldición. No podía negar la excitación de saber que estaba por cumplir una de las escenas del libro basado en el drama que grababa, que además de eso era el ápice de seducción sobre todo lo que tenía en la mente. Estaba frente a una de sus oportunidades mágicas, no podía dejar que se le fuera todo a la borda por un malentendido.
—Estoy bien— aseguró con una sonrisa.
Levantándose de su lugar encendió el incensario, el aroma exótico saliendo rápidamente y bañando la habitación con su extraño y fragante aroma. Había algo sumamente erótico en esa fragancia, algo que podía invitarte a recorrer el camino del pecado. Dándose la vuelta se encontró cayendo sobre el cuerpo de su novio, las partes esenciales presionándose juntas. Los labios de HaiKuan no tardaron en reclamar los suyos con fervor, paseándose sin restricciones por toda la piel expuesta que tenía al alcance.
Quitándole el suéter blanco y deshaciéndose de su camisa, la piel blanca del joven actor quedó a su vista, los botones de color rosa llamándolo de forma tentativa, los jadeos y tenues suspiros eran el único sonido de la habitación.
Liu HaiKuan elevó el rostro de su amado, besando sus labios hasta sacarle el alma, invirtiendo posiciones. Saboreó a su novio, llenándose del ardiente deseo que lo consumía, enterrando sus dedos en el cabello sedoso de su contraparte. La lujuria que quemaba en sus venas era demasiada que le estaba nublado el juicio, la habitación se hizo demasiado caliente, el aroma del incienso todavía invadiendo el aire, bajo su cuerpo todavía tenía un joven amante dispuesto a pasar la noche con él.
Wang Zhuo Cheng miraba con fuego en sus ojos, pasando delicadamente la lengua escarlata por sus labios cereza, seduciendo lentamente mientras movía sus caderas de adelante hacia atrás, quitándole la estorbosa ropa a su mayor en el proceso. Haikuan gimió cuando sintió la mordida justo sobre su pezón, el cabello negro como la tinta haciéndole cosquillas mientras su lengua rodeaba el botón de su pecho, tirando y rasgando.
Deslizó sus manos hasta encontrar el resorte del pantalón de su novio, tirando de él hacia abajo y liberando su erección protegida por la ropa íntima. Cheng siseó cuando su pareja besó la punta de su pene guardado, el aroma de su esencia mezclándose con el cada vez más potente aroma del incienso.
—Liu...
—¿A-Cheng?
El dedo de Zhuo Cheng se dirigió al incensario, ahora de un tenue color rojo cuando había sido sucio y desaliñado, el aroma más penetrante que cada vez se alzaba con más potencia.
—¿Qué demonios es eso?— casi gritó Cheng cuando el objeto dio una exhalación de furioso aroma y se quedó quiero.
Los ojos de ambos estaban perdiendo una batalla contra el sueño, por más que deseaban resistirse no lo lograban. Ahogando un grito, Liu HaiKuan abrazó a su pareja y se dejó llevar por las nubes de la inconsciencia.
Lo primero que Wang Zhuo Cheng vio al despertar fue ese par de furiosos ojos azules como una tormenta y uno de los rostros más hermosos que había visto en la vida. El hombre frente a él tenía el ceño fruncido, pero eso no quitaba lo atractivo y devastador que era; la forma en que esas facciones cinceladas se curvaban o el ángulo de los seductores labios no era algo común, incluso su voz, profunda y valiente, fue demasiado para él.
—¡Quién demonios eres!— espetó, apretando el agarre sobre su cuerda, sus brazos cerrándose más sobre su cuerpo como una prisión aplastando sus pulmones y costillas.
—Duele...— se quejó.
—¡Dime quién eres!
Observó el apuesto rostro, tan familiar para él de cierta forma. Estaba seguro que nunca había visto ese rostro, esos ojos, pero había algo en su interior que gritaba de forma silenciosa la respuesta. Miró alrededor en busca de una pista pero todo lo que encontró fueron prístinas cortinas meciéndose con la fría brisa matutina, el barullo silencioso de bambús afuera del pabellón.
—¿Quién te dejó entrar? ¡Voy a matarte a ti y a los estúpidos centinelas de Gusu!— farfulló con molestia, cada vez más apretada su prisión.
Aquello llamó su atención, desviando su mirada de nuevo al rostro frente a él.
—¿Dijiste Gusu? Gusu... como ese Gusu Lan.
—¿Como ese Gusu Lan? ¡Estás en el Receso de las Nubes!— entrecerró los ojos en amenaza— En el Hanshi de mi marido.
Hanshi. Gusu Lan. Receso de las Nubes. Marido.
La cabeza de Zhuo Cheng daba vueltas en espirales, tratando de colocar la información en el lugar adecuado. Solo había un Gusu Lan y un Receso de las Nubes y sólo había un Hanshi... todo eso era parte de la historia que estaba grabando. Miró con terror hacia abajo, la cuerda refulgente de color púrpura que lo aprisionaba, destellos electrizantes saliendo con cada exhalación.
—¿Jiang Cheng?— probó, llamando el nombre que se le había dado en escena. El hombre frunció más los labios, sus ojos oscureciéndose mientras apretada el mortal Zidian con más fuerza.
—¿Quién eres? Esta es la última vez que lo preguntaré— alzó su mano, chasqueando los dedos. Hubo un sonido brutal y después la filosa hoja de la verdadera Sandu presionando su cuello.
—¡No! ¡Déjame explicarte!
Jiang Cheng, el verdadero Jiang Cheng, se alejó pero no soltó el látigo enroscado en su cuerpo. Ante la repentina lejanía el cuerpo de Zhuo Cheng se estremeció, notando por primera vez que traía puesto uno de los atuendos de su personaje, el peso de la corona de lotos en su cabeza. Comenzó a explicar su situación, toda la verdad. El Líder de Secta era alguien de temer, él mismo sabía que sí se atrevía a mentir estaría más que en problemas. Fue juzgado con tenaces muecas, frunciendo el ceño y ahogándose en la profundidad de esa mirada tormentosa. El calor se hacía cada vez más insoportable en la habitación, sentía su cuerpo quemar y estremecerse cada que la fría mañana lamía su piel.
—Esa es la verdad, Líder de Secta— terminó su perorata, esperando el veredicto. Maldecía a Wang Yibo y a todos sus antepasados por usar esa cosa, el alucinante viaje en el mundo de las drogas alucinógenas estaba dejándolo entre la espada y la pared.
—Todo este cuento parece lo que un farsante diría— fue lo que dijo—, pero sabes demasiadas cosas que nadie debería saber. Si es real que tú eres “yo” de otra dimensión...
—¡Lo juro, es real!
Siguió siendo observado por un instante, el hombre de púrpura exhalando un suspiro y dejando libre a su presa. Zidian se contrajo, pero Zhuo Cheng sentía el vientre y todo su cuerpo en llamas. Perdió el equilibrio, cayendo con un estrépito al suelo, las llamaradas internas subiendo por su garganta, asfixiándolo.
Las rudas manos de su acompañante lo sostuvieron, el tacto se sintió reconfortante en ese mar de lava ardiente que era su interior. Palabras salían de su boca pero no podía escucharlas, estaba tan aturdido, deleitándose con la vista de esos deliciosos labios pálidos cerca de él.
Sin pensarlo mucho unió sus bocas, besando con desesperación los labios ajenos. Jiang Cheng se tensó como la cuerda de un arco cuando el cuerpo ajeno se estrelló contra el suyo, el calor irradiando de ese joven mientras abusaba de sus labios, un gemido escapando del contrario cuando Jiang Cheng mordió con fuerza sus labios para apartarse.
El cultivador respiraba con fuerza, queriendo acusar con la mirada al chico pero en lugar de eso encontrándose una imagen... interesante y provocativa. Wang Zhuo Cheng lucía increíblemente adorable con las mejillas sonrojadas por el calor del momento, los labios brillosos e hinchados por el beso compartido hacían un puchero tímido, esos ojos oscuros acuosos, nublados y perdidos en deseo.
—Ayúdame... arde... — imploró el chico, sacándose el cinturón y aflojando sus túnicas, descubriendo su pecho perlado de sudor. El Líder de Secta miró a su compañero.
—Yo...— dudó, mirando a todos lados. El aroma dulzón y estremecedor del quemador de incienso que Lan WangJi le había prestado a su esposo y a él para sus actividades nocturnas seguía encendido, perfumando con su embriagante aroma su residencia. Wang Zhuo Cheng se deshacía en sollozos necesitados, restregando sus manos por su cuerpo producto del maldito quemador.
Es mi culpa por no ser cuidadoso, pensó Jiang Cheng acercando su mano al rostro contrario, además soy yo, no hay nada de malo en eso. ¡No hay nada de malo y no es degeneración, maldición!
Acercó su mano, frotando delicadamente sus dedos en los pómulos del joven quien se restregó contra su palma como un cachorro en busca de mimos. Su lívido estalló cuando Zhuo Cheng se desprendió la túnica superior, alzando su cuerpo y sentándose sobre sus piernas, enrollando sus brazos alrededor de su cuello y besando sus labios de nuevo. Un gemido salió de su garganta cuando sus lenguas hicieron contacto, la saliva y el sabor ajeno estallando en su boca, las temblorosas manos del extranjero paseándose por su pecho y hombros, el fuego subiendo cuando Zhuo Cheng mordió su labio inferior y después lo lamió, el aliento atorándose en su interior al sentir la dura erección de su acompañante en su vientre.
Sus besos bajaron por su barbilla hasta su pecho, mordiendo sus clavícula expuestas y rasgando con sus dientes, lamiendo los duros pezones sensibles y succionando a su alrededor, los gemidos y jadeos de Cheng una sinfonía erótica que calentaba aún más la situación. Jiang Cheng subió sus caricias a su rostro, besando el contorno de su mandíbula y acariciando con sus dedos la piel expuesta de la parte inferior del cuerpo. Parecía que estaba por ahogarse en el tumulto de sensaciones, ni siquiera reparó en la figura azulada congelada en la entrada del dormitorio, mucho menos prestó atención a los llamados jadeantes del novio de Zhuo Cheng, lo único que podía hacer era embriagarse de la sensación de tocarse a sí mismo, besarse y calmar ese fuego lujurioso que quemaba en su interior.
Wang Zhuo Cheng desató la túnica de su acompañante, restregándose en sus piernas en un lento vaivén, el roce de su erección fue sofocado. Jiang Cheng dejó caer por completo la túnica ajena, paseando sus manos por el pecho y espalda del contrario, rasguñando y dejando una estela de saliva a su paso. Unas manos grandes bien conocidas para él le dieron una caricia en su espalda, gimió cuando los dedos de Lan XiChen le desataron la túnica por completo y le masajeó la espalda baja.
—Kuan-ge— llamó Zhuo Cheng, desprendiéndose de las atenciones que su contraparte le brindaba y lanzándose a los brazos de su novio, sus labios buscándole con desesperación. Jiang Cheng abrió los ojos ante la imagen del apuesto hombre delante de él, cubriéndose de forma repentina su desnudez. Trató de subirse la túnica pero una fuerte mano lo detuvo, la misma mano que momentos antes confundió con la de su esposo, dejándole paso a recorrer su cuerpo.
—Suéltame.
Separándose de su amante, Liu HaiKuan pronunció.
—Eres tan hermoso como imaginé, Jiang Cheng— tiró del hombre de púrpura hasta su muslo, sentando al joven Líder en uno y a su flamante novio en el otro. Acarició las nalgas de Zhuo Cheng ganándose un caliente beso en el cuello—. Perdone mi atrevimiento, Líder de Secta.
SanDu ShengShou dejó escapar un ruido ahogado de sorpresa cuando los labios ajenos se abrieron paso en su boca, esos labios demasiado conocidos para él, así que devolviendo el beso casi al instante. A diferencia de Zhuo Cheng, HaiKuan perdió todo rastro de gentileza en sus acciones y deslizó su lengua en la boca ajena, mordiendo con fuerza los labios y succionando de forma desesperada al intruso. La mente de Jiang Cheng estaba en el olvido, su boca era cruelmente saqueada y su pecho asaltado por su contraparte de otra dimensión.
Esto debe ser un sueño.
Los brazos de HaiKuan se envolvieron en su cintura, presionando sus centros mientras Zhuo Cheng era jalado de su muslo, siendo aprisionado por otro cuerpo vestido en prístinos ropajes. Unos furiosos labios tomaron los suyos, manos ansiosas recorriendo el cuerpo esbelto y bien formado, masajeando sin reparo alguno sus nalgas y abriendo los montes carnosos. Zhuo Cheng jadeó cuando los ojos broncíneos del reconocido Primer Jade le dieron la bienvenida, ojos cálidos llameantes de lujuria y ardiente deseo.
Se dejó arrastrar hasta el suelo, cayendo de espaldas sobre la alfombra decorada con el emblemático patrón de nubes, abriendo las piernas para el cultivador encima de él. Lan XiChen besaba con reverencia absoluta su cuerpo, marcando con dolorosas mordidas el vientre, haciendo un camino de besos húmedos por su pantorrilla, subiendo a su muslo y depositando una feroz mordida, arrancándole un grito. Echando su cabeza hacia atrás sintió la calidez de ZeWu-Jun rodearle, una tímida lamida en su miembro y después la cavernosa sensación de la boca de XiChen alrededor suyo. Gritó ante el placer, tirando del cabello sedoso del prominente hombre y subiendo y bajando sus embestidas, caricias ajenas en sus piernas abiertas y sus colgantes testículos. El líquido pre seminal ya era visible, XiChen se dio la tarea de limpiar el endurecido miembro haciendo que la espalda del joven se arquee en cada caricia, las caderas del menor buscando un vaivén estimulante para su ya necesitada liberación.
—¡Más rápido!— ordenó el actor, su compañero obedeció, alejándose de su encuentro y tomando el miembro entre sus manos, bombeando desenfrenadamente hasta que el semen de Zhuo Cheng fue liberado, salpicando el rostro del Primer Jade.
Un grito de placer restalló en la habitación, con la sombra de su liberación todavía convulsionando su cuerpo Zhuo Cheng miró como su novio lamía el trasero del Líder de Secta, Jiang Cheng gritando cuando los dedos largos de su pareja le penetraban, curvándose ante la sensación de placer recorriendo su cuerpo. XiChen miró la acción, sintiendo caliente todo su cuerpo con sólo la vista de su otro “yo” complaciendo a su pareja, el propio muchacho bajo su cuerpo retorciéndose ante la vista.
—Maestro Wang— llamó XiChen, alzando al joven con sus fuertes brazos y llevándolo a la cama. Zhuo Cheng se aferró a su cuello, viendo con fascinación la escena que tenía frente a ellos. Jiang Cheng gritaba de placer, su novio de forma devota devorando y consumiendo en su ápice de lujuria el cuerpo ajeno, su ya palpitante erección a la vista, jugando con la entrada de su personaje.
—Líder de Secta— ronronea Liu HaiKuan, besando con ferocidad los labios del hombre. Jiang Cheng lo recibe gustoso, abriendo la boca para un encuentro de lenguas, besos húmedos y gemidos saliendo de ellos. Su novio les da la vuelta, el Líder de Secta cabalgando con ímpetu en un roce constante de miembros, tentando a HaiKuan cuando la cabeza de su pene hace contacto con la resbaladiza entrada, sus manos sosteniendo los pezones del contrario, pellizcándolos.
—¿Se siente caliente al mirarlos, maestro Wang?— el susurro le estremeció el cuerpo, un beso burlón depositado en su oreja, manos paseándose por su cintura y masajeando su espalda. La cálida lengua del Primer Jade hizo contacto con el cuello estilizado, succionando y aspirando el dulce aroma.
—S-sí.
—Tócate— ordenó el hombre, llevando su propia mano hasta su entrada—. Mira cómo están nuestras parejas, tócate con su exquisita vista.
Zhuo Cheng tragó seco. Los orbes de color bronce le miraban con intensidad, dirigiendo furtivas miradas de hambre a sus compañeros, en ningún momento dejó de tocar su piel.
Suelta un suspiro bajo, mordiendo su labio inferior, abriendo las piernas. Jiang Cheng y Liu HaiKuan dirigen su vista a la cama donde Wang Zhuo Cheng desciende su mano lentamente por su abdomen, el vello erizándose, su miembro alzándose con el recuerdo de sus caricias, tomándolo ligeramente para embarrar semen en sus dedos. Ya lubricados lleva uno de sus dígitos a su entrada, enterrándolo, sintiendo como sus paredes aprietan alrededor. No hay dolor producto del incienso, así que comienza a penetrarse con un vaivén lento y sumiso, jadeando cuando XiChen estimula su pecho, nuevas manos tomando su miembro y una boca asaltando sus labios. Un sabor ajeno explota en su cavidad bucal, los firmes y tiernos labios de HaiKuan batallando furiosamente con su lengua, estrellado sus dientes en la suave y blanda piel. Zhuo Cheng ahoga un gemido cuando el Líder de Secta Jiang introduce uno de sus propios dedos en su entrada, su boca tomando el miembro del mejor y los roces y sonidos húmedos de los dos esposos los acompañan.
Su pecho es aplastado por el trasero de Jiang Cheng, dejando a la vista su propia entrada. El de Yunmeng sigue chupando y lamiendo su miembro, los dedos de Lan XiChen abriendo sus nalgas, metiéndolos con severidad. El grito de Jiang Cheng hace que su miembro vibre, uno de sus dedos presionando su próstata, lanzándolo a las estrellas. La lasciva imagen de los dedos del Líder Lan penetrado a su esposo es lo único que ve, perlas de sudor bajando por su frente. XiChen se retira, la entrada del Líder se contrae ante la falta y Zhuo Cheng se inclina hacia él, lamiendo. Su lengua prueba al Líder, ayudándose con dos de sus propios dedos que sacó de su interior.
—Son tan hermosos— alabó HaiKuan.
—Parecen irreales— estuvo de acuerdo XiChen, sonriendo.
Jiang Cheng bajó de su pecho, presionando su espalda en el colchón, sus piernas abiertas y erección sobre él. Escuchó los movimientos de XiChen, la caída de pesadas ropas blancas y azules. HaiKuan se le unía.
—Maestro Liu, tome esto— Lan XiChen le pasó una espada de guarda violeta a su contraparte.
Liu HaiKuan miró a su novio, sonriendo ante el recuerdo—. ¿Gatito?
Wang Zhuo Cheng hizo un puchero, lloriqueando con dulzura—. Kuan-ge.
—¡A-Huan!— gimió el hombre en la cama, las piernas abiertas escondiendo a un prominente hombre con una cinta blanca y una espada en las manos.
Oh.
La empuñadura de Shouyue desapareció por la entrada de Jiang Cheng en un sonido húmedo, la respiración del hombre haciéndose pesada, lágrimas en la comisura de sus ojos y escandalosa saliva saliendo de su boca. Con embestidas precisas la fina plata fue engullida, XiChen giraba la espada en sus manos, presionando con fuerza en el interior de su esposo.
—¡A-Huan! ¡Ah!
Los otros dos se miraron, luego a la espada en sus manos. Zhuo Cheng miró a la otra pareja, Jiang Cheng se agarraba con fuerza de las piernas de Zhuo Cheng, enterrando sus uñas cuando el éxtasis lo alcanzó. Respiró hondo, abriendo más las piernas, sacando la lengua y envolviendo sus labios en el pomo violeta de la mortal Sandu.
El frío metal en su boca se sentía extraño, alzando los ojos miró como su novio se oscurecía en una nube profunda de placer. Lubricó la espada de cultivador, HaiKuan sacando y metiendo el metal de su boca, follándosela. Al sacarla, los dedos de su novio rodearon su entrada, abriéndole y preparándolo para lo que se venía. Cerró los ojos con fuerza cuando la empuñadura entró en él, jadeando al sentir el metal viscoso en su interior, presionando su próstata.
—¡Kuan-ge!— gritó cuando fue acariciado sin piedad por el metal de la espada, sus paredes cerrándose cada que una nueva penetración era dada, su estimulada entrada protestando con el abuso. Gimió y gritó, pidiendo clemencia bajo el remolino incesante de placer que se perdía en su vientre, su miembro hinchándose dolorosamente con su segundo orgasmo.
Deteniéndose de golpe fue alzado por sus caderas, posicionándolo en cuatro sobre el cuerpo de Jiang Cheng, su miembro apuntando a su cara. La punta de su hinchazón fue lamida por el líder de Secta, él mismo bajó la cabeza para meterse el miembro de su compañero a la boca, las piernas abiertas del Jiang presionando a cada costado de su cabeza.
Un gruñido de advertencia escapa de los labios del actor mayor, su miembro adentrándose al canal rosado de su novio, la entrada se contrae de forma deliciosa con el atrevimiento. HaiKuan respira con fuerza, las paredes internas de su A-Cheng son muy apretadas, moviéndose con trabajos. Escuchó un suave quejido del Líder de Secta, su esposo había entrado en él de forma salvaje, penetrando sin piedad alguna.
Wang Zhuo Cheng soltó un gemido que salió de lo profundo de su garganta cuando comenzó a moverse, sus protestas de éxtasis ahogadas por el miembro palpitante en sus labios. Las embestidas de su novio eran muy profundas, muy fuertes y certeras, no iba aguantar demasiado.
—¡Lan Huan!— gritó Jiang Cheng sacando el miembro de Zhuo Cheng de su boca.
Los movimientos siguieron por unos instantes más hasta que fueron arrojados a un lado. Ambos hombres se sentaron frente a frente y después tomaron a su pareja, subiéndolos y penetrando sus abusadas entradas, los rostros de placer de Wang Zhuo Cheng y Jiang Cheng mirándose fijamente.
Con el calor del momento llameando en sus venas, Jiang Cheng atrae el rostro de su otro “yo” y lo besó con pasión y desesperada lujuria. XiChen introduce uno de sus dígitos en la entrada, acompañando a su miembro mientras mordisquea el hombro de su esposo. HaiKuan marca toda la espalda de su novio, sosteniendo entre sus manos la erección olvidada.
El orgasmo está tan cerca, puede sentirlo.
La pareja de cultivadores se separa de ellos, Zhuo Cheng cae al frente al soltarse de su novio, su pecho aplastándose contra el colchón cuando es penetrado por Lan XiChen. Grita con fuerza al sentir esa polla bestial en su interior, el vaivén devastador haciendo más sensibles sus paredes, su mente hundiéndose en un mar de vacío y embriagante de placer.
—Eres tan hermoso y apretado, maestro Wang— XiChen gime contra su piel. Las uñas de sus manos se clavan en el colchón, sus caderas son alzadas y es penetrado con más fuerza. Una caricia es depositada en su mejilla, los labios nuevamente de Jiang Cheng lo asaltan. Está tan embriagado con ese delicioso sabor que no puede resistirse a besarlo.
—E-Eres tan caliente, Líder de Secta...— jadeó HaiKuan, apretando sus manos en el trasero regordete del hombre.
Fue arrastrado por el Primer Jade con ímpetu, sus piernas temblando con la anticipación de su querido orgasmo, suelta silenciosas lágrimas mientras aprieta su entrada, liberándose entre las sábanas blancas, gimiendo en la boca de su compañero, ganándose un golpe en las nalgas por XiChen.
—M-maestro Wang... aprietas demasiado...— la semilla de ZeWu-Jun le llenó hasta el borde, una última mordida feroz le fue causada en el cuello. El abrumante placer que sentía se extendió por todo su cuerpo, por unos instantes no era capaz de ver nada más el cielo abriéndose para él. Giró su cabeza, observó el incensario ponerse de un vívido color rojo antes de desmayarse.
Liu HaiKuan aspiró con pesadez el aire a su alrededor, mirando con curiosidad las ventanas abiertas de su habitación de hotel, las luces de la ciudad quemando sus ojos. A su lado todavía descansaba su adorado novio y en la mesita el incensario de Wang Yibo daba sus últimos estragos de vida.
Un quejido salió de los labios de Zhuo Cheng, girándose en la cama llevándose consigo las sábanas y mostrando su espalda desnuda.
Desnudos. Estaban desnudos.
Admiró las marcas de amor en la piel lechosa de su amante, llevándo una mano a la cabeza cuando una mordida violácea se distinguía en el cuello de Cheng. Bajó la mirada a su miembro todavía lleno de semen, marcas y rasguños en su abdomen y el dolor punzante de una mordida en su cuello, lascivo semen escurriendo entre las nalgas de su novio, manchando la cama.
Joder.
No había sido un sueño.