Nuestras vidas encontradas en esta historia
Su mirada marrona con tonalidades rojizas se ampliaba ante el desacuerdo y el desagrado que sentía por las palabras de suamigo.Akutagawa por su lado asentía al igual que Rampo y Atsushi.
—Entendemos que no es cuestión tuya, Oda—dijo comprensivamente Atsushi con una mirada de consuelo.
Un bufido de mal humor salió de los labios de Dazai Osamu al escuchar aquel imprevisto tan lamentable. La abuela de Oda había muerto e iría a visitar a su mamá a Tokio durante todo el verano para darle consuelo. La muerte siempre era algo lamentable y aunque Oda solo tenía vagos recuerdos de la mujer, podía sentir una fuerte empatía por su madre que seguramente estaba desecha. El verdadero inconveniente para todos como banda, es que ese verano tenían una gran presentación para abrir un concierto en Yokohama. Llevaban planeando aquello por meses y con la ausencia de Oda, posiblemente tendrían que cancelarlo.
—Lo lamento tanto, Osamu—se disculpó con una mirada triste el pelirrojo.
Ante el lamento de Oda, la mirada de Dazai se suavizó, acercándose a él y colocando una de sus manos en su hombro en son de apoyo.
—Descuida, entiendo que no es algo que hayas previsto—dijo, dándole ánimos, aunque realmente sentía que era un hipócrita por ocultar su verdadera molestia infantil—, cancelaremos el concierto...
—No quisiera que hicieran eso—intervinó el pelirrojo.
—Sin tu voz no tiene sentido alguno—habló Rampo con una mirada casi aburrida—. Eres nuestro vocal.
—¿Por qué no buscan un sustituto?
—¡Jamás!—exclamó molesto Dazai—. Nadie reemplazara a Odasaku.
—Solo sería temporal, Dazai—opinó Akutagawa viendo que ese era posiblemente la mejor solución—. La semana pasada me encontré con un amigo del Instituto de música.
—¿Un amigo?—preguntó el peliblanco con una ceja levantada—. Tú no tienes amigos más que nosotros, Akutagawa.
—Si, no digas idioteces, tú no tienes amigos, perro.
El azabache lo miró con frialdad, callando a Atsushi, que involuntariamente se sintió intimidado por la mirada de él.
—Cuéntanos más—pidió Rampo, abriendo frente a todos una gran bolsa de golosinas—. ¿Crees que tenga el talento para cantar las canciones?
—Es posiblemente la persona más talentosa que conozco—asintió con orgullo—, es una increíble persona. Compartimos juntos cuatro años de estudio (únicamente en vacaciones de veranos e inviernos) antes de que su madre se lo llevara a Francia de manera casi permanente.
—Así que un niño rico—bufó Dazai, fastidiado—. ¿Quieres que el suplente de Oda sea un niño rico y mimado?
—Él no es así...tanto—susurró lo último. Lo vi la semana pasada en una cafetería en el centro de Yokohama—. Toma clases particulares en su casa por lo que tiene suficiente tiempo para poder ensayar.
Atsushi ladeo su rostro interrogante—¿Acaso ya le habías sugerido anteriormente a que se uniera?
—No como tal—negó, no queriendo que se malinterpretara la situación—. Lo tomé como una posibilidad ya que conozco el potencial de Chuuya.
Una ceja castaña se alzó en el rostro de Dazai, rodeando con sus brazos a Oda.
—No estoy de acuerdo con que alguien remplace a Odasaku—su actitud infantil solo hacía que Rampo y Akutagawa rodaran los ojos—. Prefiero que cancelemos a que un extraño sin talento venga a cantar nuestras canciones.
El azabache sonrió.
—Está bien, Dazai, acepto si no lo quieren en el grupo, al menos escúchalo—sacó su celular, buscando un video que ya rondaba en la red. Levantó el control del televisor para así vincularlo, dando la opción de reproducir.
Un silencio los inundo a todos.
La pantalla se veía negra para después dar paso a la batería, la guitarra y el bajo.
El vocalista todavía no se veía más que su sombra oscura.
Su voz comenzó a escucharse ante un eco. Era melodiosa, talentosa y sin duda armoniosa. Cuando finalmente comenzó a cantar dejó a todos impresionados por lo increíble que se escuchaba aquella canción de rock. Todavía no se veía el joven, solo se veía su silueta oculta dejando ver que era un joven de complexión delgada y cabellos ondulados que se movía ante la sombra con gracia, elegancia y seguridad.
“No me importa que tan cliché sea el juego”
“Yo jugaré hasta el final”
“No estaré satisfecho con un escenario escrito por un escritor de tercera clase”
Aquella voz era increíblemente hermosa.
“Adiós a la ropa sucia que ya no se puede usar”
Aquella letra era profunda.
Dazai dejó de abrazar a Oda, prestándole mucha más atención a la canción. Escuchaba la letra perfectamente ¿depresión? Era interesante que pudiera reflejar tanto con aquella letra, como si de verdad hubiera sufrido por aquello. Su silueta únicamente mostraba la actitud apasionada del joven que se movía con un compas perfecto. Entre las sombras distinguió un poco de su atuendo, conformado por un sombrero y cadenas.
Su letra lo estaba volviendo loco.
¿Por qué se sentía identificado? ¿Qué tan poderosa podía ser una canción como para siquiera poder pensar que estabandedicándoselaa él? ¿Qué tenían esas estrofas que de repente le hacía sentir una increíble sensación de saciedad y apego? No entendía el poder de la letra, estaba completamente hipnotizado por la belleza de la letra...y la voz.
Joder, la voz.
Nunca había escuchado una voz tan hermosa en toda su asquerosa vida.
“Yo solo quería matar el tiempo”
“Es un sueño enfermizo de la muerte”
“¿Quién fue el que dijo eso?”
“Este mundo es ahora una jaula de pájaros que se descoloró”
“Aunque ya lo lamenté”
“No puedo salir de esta prisión”
“Pero ahora la oscuridad es mi tristeza”
“Todavía no he perdido el control”
Una punzada de ansiedad nació en su corazón.
¿Cuándo fue la última vez que una canción le hizo sentir tantas cosas? No lo recordaba, de hecho, ese era el motivo por el cual había aceptado a unirse a la banda de Oda. Después de todo el constante miedo de no sentir algo le estaba agobiando. El arte era el único medio para sentirse medianamente humano, aceptó aquel termino cuando vio por primera vez cantar a su amado amigo, sin duda era por él más que por la música. Ahora que escuchaba una canción tan hermosa que incluso lo hacía sentirse identificado, sintió como la calidez de algo que le apasionaba salía finalmente a flote.
Vio la letra de la canción.
“Darkness My Sorrow”
Lo guardó en su memoria porque se negaba a admitir que aquel humano escondido tras las sombras le había provocado siquiera un mero interés por la música ahora.
Un silencio inundó la habitación, todos tenían pensamientos similares al escuchar la increíble voz del vocal que sin duda sudaba talento con aquella voz tan divina que tenía. Rampo aunque se encontraba indiferente, no podía negar que con aquello llamarían más la atención, porque sabía que el talento de una banda venía del grupo en general, las personas eran tan superficiales como para solo darle el mayor crédito a la voz, pero para ese punto él pensaba lo mismo. Con esa voz era imposible ser ignorados.
—¡Es increíble!—exclamo el albino con emoción, tomando de los hombros a Akutagawa—. ¿En verdad lo conoces?
El azabache con molestia quitó las manos de Atsushi sobre él—Les dije que era talentoso.
—Realmente lo es—admitió Rampo, dejando a un lado su bolsa con golosinas—, me gusta. Si lo incluimos el éxito estará asegurado, ¿qué opinas tu Oda?
Todos voltearon a ver al pelirrojo que se encontraba complacido con una diminuta sonrisa.
—Es increíblemente talentoso. No tengo nada que hacer a su lado.
—¡No digas eso Odasaku! Es bueno, no lo voy a negar, aún así, nadie te iguala—el pelirrojo sonrió conmovido por el hecho de que su amigo siguiera defendiéndolo ante la obvia brecha de talento—. No lo quiero.
—Osamu, seamos sinceros, si presentan a ¿Chuuya-kun?—recordó inseguro como Akutagawa le había llamado anteriormente—, serán recordados por siempre. Me encantaría que subieran al escenario y mostraran su talento, es algo que requiere ser visto y apreciado.
La mirada fría del castaño se afilo. ¿Por qué Odasaku quería ser remplazado por aquel niño rico y mimado?
—Será temporal, Dazai—objetó Rampo volviendo a reproducir el video—. Podemos aprender demasiado de alguien como él. Tal vez sea nuestra oportunidad de crecer.
—Solo será durante el concierto de B.S.D.
No quería.
Pasaron aquella tarde tratando de convencerlo de mil maneras, aunque por alguna razón sentía que si aceptaba a aquel niño mimado entonces estaría remplazando a Oda y si había algo que verdaderamente tenía era su fidelidad por su amigo.
Con gran molestia e incomodidad Dazai se recostaba en su cama sin poder sacar aquella canción de sus recuerdos. Su ceño estaba tan fruncido que sentía que su ceja ya era una sola. En toda esa tarde de ensayo lo único que podía procesar en sus recuerdos era la letra de aquel niño. No, no solo la letra, sino la increíble voz que tenía. No podía concentrarse en otra cosa que no fuera aquella canción y como si de una droga se tratase quería seguir escuchando más y más hasta saciarse. Recordando la letra una y otra vez, se dispuso a levantarse con pesar siendo cubierto por los rayos del crepúsculo que daban a su ventana. Se sentó en su escritorio, prendiendo su computadora y colocándose sus audífonos. Escribió en el buscador la letra de aquella canción para simplemente ver que de quién se trataba era un desconocido. No había absolutamente ninguna información de aquel cantante independiente más que las pocas canciones que había publicado en YouTube. Solo tenía que escuchar una vez más esa canción para sacársela de su mente, después, ya podría mandarlo al diablo.
Reprodujó la canción con cierta incertidumbre, sintiendo que si hacia eso tal vez no resultaría como lo tenía planeado. Al momento en el que el eco de su voz inundo su habitación sus manos comenzaron a temblar y un extraño hormigueo dado a la ansiedad recorría las extremidades de su cuerpo. Mordió su labio tan fuerte hasta el punto de hacerlo sangrar, sintiendo claramente como su alma se deleitaba ante aquella maldita canción. Cerró sus ojos disfrutando la voz del vocalista más que nada. Era lo único que podía escuchar durante esas dos horas que reprodujo esa canción, como lo suponía su plan no era tan sencillo porque cada vez que lo escuchaba quedaba más y más cautivado.
Sentía todo lo que aquel ser quería transmitir.
Buscó más canciones de él encontrándose con Mrs. Green Apple.
Un chasquido salió de su garganta para ahogar el maldito sentimiento de frustración que sentía.
¡Su voz era hermosísima!
¡Se estaba convirtiendo en un fanboy de aquel maldito remplazo de Odasaku!
Se dejó caer nuevamente a su cama mientras escuchaba ahora Trash Candy y como si de su cama se tratase de un abismo que no era capaz de tocar el suelo, se sintió flotar ante la pérdida de sentidos que le provocaba la música de aquel idiota. Su voz era tan linda que le transmitía un millón de sentimientos. Estaba tan frustrado de considerar que tal vez era una opción para el problema que tenían. Atsushi y Akutagawa se habían movilizado tanto para tener una pequeña oportunidad y demostrar su talento. Oda, Rampo y él eran un poco más indiferentes dado a que disfrutaban la compañía que provocaba aquella banda. Después de todo no siempre se tiene 17 años. Ese era el momento que guardarían todos en sus memorias porque poco a poco la distancia que comenzaba a abrirse entre todos iba siendo lenta e inminente. Oda y Rampo ya se encontraban en la universidad y aunque era su primer año, los veían menos que antes. Él por su lado y Akutagawa compartían curso, Atsushi aún estaba en segundo año.
Giro su cuerpo escuchando aquella canción que lo llenaba de un agradable calor. Toda su vida había estado buscando motivos que lo hicieran sentir vivo. Lo único que lo había conseguido era Oda, se sintió inmensamente feliz cuando sus sentimientos fueron correspondidos con una amistad tan pura. Temía perder lo único que lo hacía sentir bien. Intentó con escribir, con pintar, con tocar, no había nada que verdaderamente lo apasionara. Solo vivía de manera monótona por sus padres. Ir a la escuela, disfrutar a tus amigos, pasar a la universidad para así mentalizarte que trabajaras el resto de tu vida para asquerosos burócratas. Tus metas se convertirán en base a adquisidores y entre más tengas, el vacío poco a poco se irá ¿llenando?
No quería eso para él, ¿qué más podía hacer?
Con su dedo incide reprodujo nuevamente otra canción de aquel rico mimado. No tenía un verdadero propósito para vivir, lo único que medianamente lo hacía sentirse humano era Oda. Él era todo lo que tenía, él era su mejor amigo y su compañero. Oda era la clase de persona con la que cualquiera podría tomar un café o una cerveza en cualquier lugar del mundo. Su tranquilidad era traspasada a cualquiera y esa extraña manera de ver la vida. Oda tenía la peculiaridad de creer en los humanos.
Completamente agotado por sus pensamientos mandó un mensaje a todos en aquel grupo.
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Grupo Dead Apple:
Osamu (21:03): Bien, dile al idiota ese que nos juntaremos en la cafetería que siempre vamos para hablar sobre su estancia temporal. Solo será en lo que Odasaku está en Tokio, ¿entendieron?
Vio como en la pantalla aparecía una notificación de Atsushi.
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Apagó su celular sin importarle algo más.
Seguramente Akutagawa y Atsushi estarían agradecidos con él por esa oportunidad. No le importaba realmente. No quería que su mejor amigo pensara que era un mocoso que no entendía de razones. Suponía que eso era algo que a Oda le agradaría y lo confirmó cuando recibió de manera individual un mensaje de él.
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Odasaku(21:13): Gracias por hacer esto, realmente hubiera odiado que se perdieran ese concierto por mi culpa.
Osamu(21:14) Lo sé, lo hago también por ti y el bien de todos.
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Mentiras y más mentiras.
Si fuera por él simplemente no haría nada, aún así, quería demostrarle constantemente a Odasaku que él era un amigo de confiar para los demás y no solo para él. Eso irónicamente lo hacía realmente feliz y si tenía que ser más comprensivo y empático con las necesidades de los demás, entonces haría un gran esfuerzo por demostrar que él también podía ser una buena persona. El cansancio finalmente lo estaba venciendo y antes de dormir reprodujo la última canción del limitado álbum de Chuuya Nakahara.
DeadlyDrive.
No quería imaginar cómo se escuchaba su voz en persona. Podía imaginar que melodiosa pues para alcanzar aquellos tonos debía de serlo, ¿cierto? Sonrió al escuchar nuevamente el eco de su voz. Muchas de sus canciones tenían aquel eco que lo caracterizaba y que le comenzaba a gustar. Era la primera vez que dormía con gran placer. Las canciones lo acompañaron durante toda su velada, dándose cuenta que al despertar y escuchar una voz tan prácticamente melodiosa era lo que necesitaba para tener un buen día. Se colocó unos pequeños audífonos inalámbricos para así bajar y prepararse algo de desayunar ya que su padre estaría cubriendo turnos en el hospital. ¿Cuándo había sido la última vez que había cocinado algo por mérito propio? Realmente no recordaba muchas cosas que lo motivaran, aunque con aquellas canciones acompañándole sentía de repente motivación para preparar un omelette que a su vista no se veía tan desastroso. Sirvió un poco de café en su taza y reprodujo nuevamente una de las canciones que más le habían gustado. Por primera vez el comer algo no le daba una sensación nauseabunda. En lo que desayunaba vio un libro de pasta dura que yacía en la mesa. Tenía solo 17 años. El constante sentimiento de vacío le había provocado buscar una manera de escapar de aquellos sentimientos tan desalentadores. Intento escribiendo ya que Oda parecía disfrutar leer novelas, así que se prometió crear una excelente novela que sea digna del reconocimiento de su amigo. No había nada ahí que quisiera sacar. Todo lo que había era preguntas sin respuestas.
No era un amante de la vida, no era una persona apasionada y mucho menos era alguien con un propósito. Disfrutaba del presente ya que el pensar en el futuro le aterraba. Deseaba que le llegara de algún modo aquella felicidad y plenitud que todos presumían alcanzar, pero solo estaba ese sentimiento compartido con Odasaku.
Suspiró fuertemente, terminando su desayuno y duchándose. Saldría a despedirse de su amigo ya que su inquietud por llegar a Tokio era notoria.
La despedida fue sencilla. En el aeropuerto únicamente le dio palabras de apoyo y nuevamente le dio el pésame. Se despidieron de un abrazo, separándose durante posiblemente un mes o dos meses. No lo sabía con exactitud ya que aprovecharía las vacaciones de verano para estar todo el tiempo posible con su madre.
El por su lado regreso a la estación del tren con aburrimiento, escuchando en todo momento las canciones de aquel hombre que ya odiaba por volverlo adicto a su voz. Todo parecía tan aburrido y sofocante, sin embargo, cuando escuchaba aquel eco sentía que valía la pena inclusive la monotonía de aquella vida. Si que era un caso perdido y se lamentaba de haberse dejado cautivar tan rápidamente por la voz de un extraño. No podían culparlo cuando ese extraño sabía transmitir tan bien todo lo que sentía. ¿Acaso el escribiría sus canciones? Sería bueno hablar con alguien que fuera medianamente interesante. Sabía que posiblemente lo estaba colocando en un pedestal demasiado alto ya que no por tener una voz preciosa significaba que su persona fuera igual. Seguramente era el típico niño rico al que sus padres le cumplían todos sus caprichos como el formar una banda de rock, grabar videos de forma profesional, estudiar en casa para que el entorno no contamine su preciada persona.
Rio.
Claro, no se extrañaría que al verlo llegar en dos días a aquella cafetería se encontraría con un joven vanidoso, lleno de lujos y sin preocupaciones hacia la vida.
...
Una estruendosa risa se escuchaba en la mansión de aquella familia de extranjeros.
—¡Hermana deja de hacer trampa!—pidió con un pequeño mohín un hermoso pelirrojo de ojos azules, al ver en su tablero como su hermana sobrepasaba más de cinco fichas.
—Yo sería incapaz de hacer trampa, Chuuya—dijo la elegante mujer de igual cabellos rojizos y ojos cerezas—. Si que eres demasiado ingenuo.
La risa de su pareja no dejó de escucharse por todo el lugar.
Una hermosa mujer de cabellos azabache y ojos violetas envolvía cálidamente a su novia entre sus brazos.
—Eres un niño cuando de juegos se trata, Chuuya-kun—replicó la mujer con una gran sonrisa—. ¡¿Cómo pudiste confiar en mí sabiendo que podía traicionarte?! Digo, tu hermana es mi novia así que le iba a dar la ventaja.
—¡Eso es trampa, Yosano!—exclamó aún más molesto el pelirrojo—. No deberías de ayudarla, eso va contra las reglas.
La mirada de reproche del pelirrojo se volvió más cálida al sentirse tan bien estando ahí.
Habían pasado tantos años desde la última vez que estuvo en Japón, exactamente en Yokohama. Sus padres eran divorciados después de que su padre le confesara a su madre que se había enamorado de otra persona. El problema no era que se hubiera enamorado nuevamente, sino el golpe a su ego que hizo que le tomara gran resentimiento ya que Paul Verlaine le había dejado por un hombre. Para ese entonces su hermana Kouyou ya era razonable para su edad, por lo que ella decidió irse con su padre a Japón mientras que Chuuya se quedaría en Francia con su madre. Una madre homofóbica que no solo no soportaba que su esposo le haya dejado por otro hombre, sino una madre ignorante que no era consciente que su hermana también sentía una fuerte atracción hacia las mujeres.
Sin duda aquella conversación nunca llegaría por parte de su hermana que en vacaciones a París fingía tener un novio en la universidad. Chuuya sabía que mentía, lo sabía porque, aunque convivieran únicamente en fechas especificas tal era la navidad, acción de gracias, pascuas y ese tipo de fechas, conocía a su hermana mejor que nadie.
Él no había crecido con las mismas ideas de su madre. Por su lado había visto el amor y el respeto que se transmitían entre su padre Paul y su pareja Arthur. Eran realmente una pareja digna de admirar y con las pocas semanas que llevaba viviendo el Yokohama de manera semi-permanente, vio la gran relación que mantenía su hermana con Yosano. Por su lado, creció viendo a su madre metiéndose con una gran cantidad de hombres, jurándoles fidelidad cuando en realidad solo eran uno más.
Sabía para su escasa edad de 14 años que aquello no era lo adecuado. Que el amor no era cambiar tan fácilmente a una persona como si de un objeto se tratase. Su definición de amor estaba plasmada en cómo sus padres se veían o como Yosano veía a su hermana de una manera tan mítica, como si fuera única en todo ese universo. Eso le hizo creer que él quería ese tipo de relación donde se volviera no solo importante para el otro, sino que el respeto y la fidelidad entre ambos fuera entregada por voluntad propia y no por un acuerdo moral entre parejas.
—Bien pequeño Chuuya—la azabache se levantó para comenzar a limpiar el tablero—. ¿Te parece si te invito a unas pizzas estupendas de Yokohama como recompensa?
—¿Pizza en Japón?—preguntó crédulo ayudándola a limpiar—. Creí que me invitarías algo más tradicional.
—Tendrás todo un año para disfrutar de la comida tradicional japonesa, pero solo una noche para compartir con tu querida hermana y tu querida cuñada unas increíbles pizzas hechas por mí— se señaló a ella misma con orgullo—. Hoy es mi último día trabajando en la pizzería, así que te conviene.
Ahí estaba otra de las razones por las que le gustaba su vida en Japón.
A diferencia de su madre que crecía con excentricidades innecesarias tal era el caso de cambiar bolsa de 50,000 euros cada tres meses, su padre que era igual de rico que ella vivía de una manera ligeramente modesta. Su casa era inmensa y tenían personal que ayudaba con la limpieza todo el tiempo, aun así ellos intentaban ser lo más autodidactas y responsables de la manera más grata posible.
—Está bien, me ha convencido tu argumento.
La mirada cálida de Kouyou se conmovió al ver como su pequeño y adorado hermano se llevaba tan bien con su pareja. Tenía miedo si era sincera. Temía que el fuera a juzgar su amor por la azabache. Al ver en esos días que ambos se llevaban tan bien, no pudo evitar sentir cierto rencor hacia su madre por haberlos separado tanto tiempo.
La única razón por la que ella dejo que Chuuya viviera en Japón ese año era porque en su carrera en el parlamento bicameral no entraba el ser una madre medianamente responsable. Con el juicio por parte de su padre se vio obligada a cederle permisos para que él estuviera al pendiente del pelirrojo. La única condición era que Chuuya tomara clases en casa ya que no veía correcto que se mezclara entre una sociedad tan mezquina. Paul con tal de tener a su amado hijo con él accedió sin ningún problema, contratando a los mejores maestros del país.
Kouyou no quería que Chuuya creciera sobreprotegido por su madre, porque, aunque ella ya había perdido el respeto de ella, el pequeño pelinaranja todavía poseía su auténtico cariño y respeto, aunque fuera de una manera tan alarmante. Creyó todo ese tiempo que su hermano sería inseguro y frágil, pero era todo lo contrario. Era un joven lleno de vida, lleno de adrenalina y energía que contagiaba a todos quienes lo veían. Era seguro con sus palabras, con su caminar, con su andar. Era listo, dedicado y sumamente leal a sus principios.
Chuuya era increíble y lo único que ella podía hacer era admirar al pequeño Nakahara que era su verdadero y único orgullo.
Entraron los tres al restaurante de comida italiana mientras que Yosano se despedía de Kouyou con un pequeño beso en los labios. Chuuya y ella tomaron asiento en una de las mesas para así ver el menú. El exquisito olor a pizza inundaba por completo el restaurante, por lo que ambos pidieron un par de pizzas medianas y té para acompañar.
Era increíble como a pesar de los años el amor y la confianza seguía ahí.
—Y bien Chuuya, ¿qué piensas contarle a tu querida hermana sobre tu vida? Ha pasado tanto tiempo que me siento dolida por no saber que es en realidad lo que has hecho—las dos palmas de sus manos se colocaron en sus propias mejillas para ver con ensoñación a su hermanito—. ¿Tienes novia? ¿Tienes amigos? Cuéntame todo.
El pelirrojo se sonrojó ante el notable interés de su hermana, en especial por las preguntas tan específicas que le hacía. Tenía muchos amigos, tantos que inclusive sintió pesar dejar a la mayoría en Francia. Sabía que los vería nuevamente tan pronto fueran las vacaciones de invierno.
—Tenía una banda...
—Oh eso ya lo sé, niño. Me hiciste escuchar tu música durante semanas.
—Bueno, realmente no he hecho mucho—se disculpó avergonzado—, la música fue mi mayor salida hacia la sociedad estando allá en Francia— se burló de él mismo—. Mis amigos pertenecían ahí mismo y de novia no he tenido realmente algo serio.
—¿Algo serio?
—Supongo que espero que una linda japonesa robe mi corazón.
—Así que esas son tus expectativas—dijo la pelirroja con su mirada cereza acaramelada por la dulzura que su hermano le provocaba.
—Oh sabes que mis expectativas en el amor son altas—asintió la mujer ante la respuesta de Chuuya—. Quiero conocer a la mujer de mi vida, ir juntos a la universidad y prometer casarnos cuando terminemos nuestras carreras. No quiero vivir de pareja en pareja, simplemente me esperaré a que la adecuada aparezca para mí y cuando lo haga haré todo lo posible por robarme su corazón.
Kouyou ante la inocencia de Chuuya río—Me encanta tu visión hermanito. Ten cuidado en todo caso de lo que no quieres para ti.
—Oh créeme que sé que es lo que no quiero para mí.
Había visto demasiado para saber que era lo que no quería para él.
La pizza llegó pocos minutos después para así ambos comenzar a comer. El pelirrojo estaba maravillado por lo increíble que Yosano se había encargado de preparar su pizza especialmente para él. Era más el claro estereotipo norteamericano, sin duda le gustaba mucho más que la receta original italiana. Entre risas y comentarios un mensaje fue recibido en su bandeja de notificaciones. Sus ojos azulados se perdieron en el nombre de su amigo de la infancia.
Ryunosuke.
Vio un largo mensaje donde le pedía de favor si podían verse el jueves en una cafetería local dado a que realmente quería su ayuda con la banda que tenía en ese momento. Al parecer el vocalista saldría de Yokohama y tenían un concierto de apertura a una banda famosa. Con una sonrisa y emocionado por la oportunidad le respondió que lo vería el jueves de manera puntual.
—Te ves feliz—apuntó Kouyou con una ceja levantada, dudosa de que algo que estuviera en el celular de Chuuya lo hiciera feliz tan rápidamente.
—Mi amigo del instituto de música me acaba de pedir el favor de reemplazar al vocalista de su banda para poder tocar—dejó de mirar el celular para darle una amplia sonrisa a su hermana—. Me emociona ver que puedo retomar la música aunque sea de manera temporal. Tal vez pueda conocer a sus amigos y no pasar mis primeros meses deprimido porque realmente no conozco a nadie.
—Oh querido Chuuya, siempre podrás salir conmigo y con tu hermana cada que quieras—llegó rodeando su cuello la mujer azabache.
Su sonrisa encantadora concordaba perfectamente con sus movimientos seguros, cubiertos por un mandil que cubría sus brazos y su pecho.
—Aunque eres encantadora y haces unas pizzas magnificas no creo que quiera estar a su lado todo el tiempo y ustedes igual—Yosano río por la franqueza y delicadeza del pelirrojo—, así que aprovecharé para conocer a alguien. ¡Estoy sediento de libertad! ¡Incluso papá me ha regalado esa magnífica motocicleta roja que amo más que a nada en el mundo!
—Oh no, no usarás esa cosa—sentenció Kouyou.
El pelirrojo mordió su labio para ocultar su sonrisa.
Los días pasaron y el jueves finalmente llegó.
Los integrantes de la banda Dead Apple se encontraban sentados en una mesa de aquella cafetería, esperando a que sus bebidas y el posible futuro vocalista se presentarán. Para ese punto Dazai sentía una inmensa ansiedad de conocer al imbécil que parecía cantar como los ángeles. Aquello lo disfrazaba claramente con una cara de aburrimiento mientras veía hacia el exterior de manera aburrida.
Akutagawa ante la mirada de Atsushi mandó un mensaje.
—Parece ser que se confundió de cafetería—dijo el azabache serio—. Debí de haberle mandado nuestra ubicación en tiempo real.
—¿Está muy lejos de aquí?—preguntó preocupado el albino—. Podemos ir a buscarlo.
—No, parece ser que trae vehículo, dice que llegará en cinco minutos.
Una pequeña risa burlona salió de los labios del castaño de ojos marrones—Si se confunde con algo tan simple ha de ser realmente un idiota—soltó de manera acida, intentando que aquello camuflajeara un poco la ansiedad que lo llevaba carcomiendo.
—Estuve escuchando todas sus canciones en YouTube y es increíble—intentó cambiar de tema Atsushi que tomaba su té helado para darle un pequeño trago—. ¿Cómo es él, Akutagawa?
El azabache ladeó su rostro ligeramente recordando al rebelde de su amigo.
—Es una persona demasiado extrovertida si me lo preguntas, aunque la mayoría de veces se la vivía perdido en su mundo escribiendo todo el tiempo.
El corazón de Dazai se paralizo si quiera de imaginar que realmente él si escribía sus canciones. No podía imaginar que aquel remplazo barato de Oda tuviera talento.
Agradecía enormemente cuando sus ojos marrones se toparon con una motocicleta roja que se estacionaba casi frente a él con la única diferencia de que eran separados por el vidrio del local. Su boca se abrió ligeramente al ver como de manera ágil un joven de cabellos rojos se quitaba el casco del mismo tono para así comenzar a acomodar sus largas hebras que resbalaban sobre sus hombros. El joven abrió sus grandes ojos azulados, viendo un cielo en ellos que lo miraban en ese preciso momento.
Quedó completamente paralizado ante la belleza de aquel joven de apariencia...¿extranjera?
Oh no, no, no, no.
¿Él era Chuuya?
Se enderezó de la mejor manera posible, observando como el joven con un aura de seguridad relajaba sus músculos debajo de aquella chamarra de piel.
Su apariencia era de un supermodelo, después de todo traía unos pantalones de mezclilla tan jodidamente pegados a su cuerpo que resaltaba su esbelta y fina figura, mientras que de la parte superior usaba una playera que dejaba a la vista sus clavículas así también como una gargantilla de cuello que adornaba su delicado cuello. En sus manos también posaba unos guantes de dicho material.
Era hermoso.
—¿Dazai?
No era siquiera capaz de escuchar ya que estaba completamente atento al joven que se adentraba al local, ganándose la mirada de absolutamente todos no solo por sus rasgos, sino por la personalidad que desprendía con cada paso que daba.
Era como estar viendo a una verdadera estrella de rock frente a él.
Su corazón comenzó a latir tan rápido que jamás en toda su vida hubiera imaginado que aquello fuera posible. ¿Acaso él realmente estaba vivo en esos momentos? ¿Por qué de repente sentía su rostro arder en un calor abrazador? ¿O por qué le llenaban de ansiedad el querer ver más de él? Contemplar de más cerca esos ojos azulados que podían ser su mundo entero. ¿Por qué de repente se sentía extasiado ante la presencia de alguien?
Increíblemente los ojos de ambos se encontraron en el preciso momento en el que sus curiosidades ameritaban saciarse, porque para el pelirrojo tampoco había pasado desapercibido una mirada acaramelada llena de incertidumbre. Su curiosidad con aquel joven le obligaba a que lo primero que hiciera al entrar a ese local fuera buscarlo de manera desesperada como si su vida dependiese de eso.
Dazai al momento de tenerlo frente a él lo admiró como si de una obra de arte se tratase. Analizando cada pequeña hebra de cabello rojo que caía por sus hombros. También como cada pequeña peca que adornaba su fina nariz respingada. Juraba que podía pasar noches enteras contándolas una por una, memorizando su forma. También como el hecho de que esos ojos azules lo miraban como si intentara descifrarlo.
La química que había existido en ambos era notoria ante los presentes ya que parecían que todos a su alrededor desaparecían.
Porque entre tantos mundos, entre tantos universos, entre tantas historias escritas, entre tantos instantes nuevamente dos almas que estaban destinadas a estar juntas se volvían a encontrar llamándose con desesperación, sabiendo que ellos eran lo único que necesitaban para sentirse en casa nuevamente.









no entiendo la app ! :(
OMG AMO LA HISTORIA (Ya la busqué también en Wattpad lol)