Para ti, alfa
Hace aproximadamente tres meses, Felix experimentó el peor celo desde su presentación a los trece años. Fueron días horribles donde los calambres que se enroscaban en su interior como un alambre de púas lo atormentaban y extendían su agonía y tortura biológica lo más posible, haciéndolo creer que había llegado al final de su existencia. El omega suplicó un alivio a la desgarradora sensibilidad ardiente en su piel alborotada, destrozando la puerta con sus uñas y la voz rota en su garganta en carne viva.
Sin embargo, las lágrimas impotentes de auxilió que soltó no sirvieron de nada, puesto que nadie respondió a su desesperado llamado. Sus compañeros de banda habían sido aislados del lugar donde lo mantenían cautivo mientras se hallaba en celo, una medida preventiva para evitar un desastre irrevocable.
La parte racional dentro de sí comprendía el alejamiento al que fue sometido por parte de la empresa; que terminara liándose con alguno de sus compañeros en ese periodo de vulnerabilidad peligrosa complicaría la carrera de ambos, o peor, la destruiría. Pero el necio omega que habitaba dentro de él no opinaba lo mismo, enfureciéndose con todos sus amigos por negarse a terminar con aquel desalmado sufrimiento.
Dicho pesar se prolongó una semana entera. En su delirio, Felix se prometió a sí mismo que no volvería a estar al borde de la muerte de nuevo. No si podía evitarlo, así que una vez salió de su confinamiento, pidió a su mánager que intercediera por él con los directivos de la junta para que se le permitiera tener un compañero sexual en su próximo calentamiento.
Habiendo presenciado la terrible escena, Siu-noona aceptó, dándole la respuesta afirmativa a los cinco días de espera. Desde entonces, Felix estaba en busca de un alfa.
Parecía un objetivo fácil, pero estaba muy lejos de serlo. Siendo un artista omega en la exigente industria coreana, existían un sinfín de parámetros que debía seguir al pie de la letra si quería que su petición funcionara a corto o largo plazo.
La primera, es que los alfas seleccionados por la empresa debían ser considerados dentro de las opciones. Algunos eran scorts profesionales, acostumbrados a tratar con los celos y rutinas de los alfas y omegas mediáticos (he incluso betas) que gozaban de una sexualidad libertina en sus periodos de descanso regulado. Otros eran artistas de la misma compañía que prestaban sus servicios íntimos a sus amigos más necesitados. A esos los etiquetó como un no rotundo.
La segunda y más importante, es que debía escoger con sabiduría y confianza, pero no guiado por el afecto. Eso quería decir que sus amigos de Stray Kids u itras agrupaciones no eran una posibilidad en lo absoluto.
Afortunadamente, Jeongin y Hyunjin se habían unido alegremente a la selección de candidatos, juzgando a diestra y siniestra las fotografías mostradas. El poder del chisme los unía y pronto (a una mísera semana de haber recogido las carpetas con la información de los prostitutos) no quedó ninguno de los alfas recomendados por la agencia. Todos fueron descartados por varias razones. La principal; el omega de Lix era exigente y no le gustaba conformarse con cualquier remedo de alfa que se le cruzara enfrente.
Debía ser alguien que despertara los deseos más profundos de su alma, que encendiera la llama de la pasión en sus venas, no uno que lo viera como un contrato que cumplir y ya.
Merecía más.
Quería más.
Pero el tiempo se le agotaba.
Las señales del precalentamiento en su cuerpo empezaban a ser notorias otra vez, una lenta quemazón que lo envolvería en una hoguera de lujuria en quince días más máximo.
Quince días.
El tiempo se agotaba.
—¡Es hora de grabar! —gritó el director a los asistentes. Felix asintió, yendo a donde Lee Know y Hyunjin aguardaban en posición de inicio. El escenario de grabación se movía caóticamente mientras hacían los ensayos de pre grabación para el MBC con la emblemática canción de Danceracha, TASTE.
—¡En 3… 2…!
Los demás miembros de Stray Kids se encontraban sentados detrás de cámaras, alentándolos con sus ensordecedores gritos de apoyo. Hyunjin esbozó una sonrisa, levantando el mentón con una expresión de divinidad inalcanzable mientras se posicionaba en el centro lateral del escenario. Lee Know y su increíble masculinidad le siguió, centrándose en los reflectores que apuntaban a su figura.
Felix se preparó mentalmente para dejar que la música desvaneciera sus preocupaciones. Cuando las luces bajaron de intensidad y la melodía de fondo se unió a las seductoras exhalaciones de su aliento, mezclado con la profundidad de su voz, el mundo entero desapareció a los pies del omega. La coreografía excitante, el vestuario elegantemente tentador y la escenografía pintaban una obra de arte del que ninguno de los presentes podía apartar la vista, embobados con la sensualidad abrumadora que desprendían los tres artistas en escena.
Más el omega… Dios, el omega parecía el pecado hecho persona.
Los alfas en la nave comenzaron a liberar sus feromonas para atraer la atención del precioso espécimen a sus brazos, cada uno luchando una batalla primitiva contra sus amigos de trabajo. Chan y Seungmin, los más cercanos al borde del escenario, taparon sus narices con un pañuelo bloqueador de olores mientras Jeongin salía corriendo para no caer en las provocaciones de aquellos enloquecidos hombres y mujeres.
Sólo uno se mantuvo inmóvil.
Changbin.
Lee Felix ignoró la presencia de los miembros del staff y echó un vistazo hacia el alfa, encontrándose con una poderosa y hambrienta mirada oscura de su contraparte.
Changbin tenía los brazos cruzados sobre su amplio pecho y las piernas levemente separadas, manteniendo un porte varonil y amenazante, odiando en silencio a todos los malditos pervertidos que se atrevieron a desear a Lixie. Sin embargo, sus orbes recorrían el cuerpo del omega con deseo apenas disimulado, hinchadas pupilas brillantes de lujuria. Cada movimiento del menor, por más mínimo que fuera, capturaba la atención del alfa, cuyo poderoso aroma se alzó por encima del de los otros aspirantes a pretendientes y la naturaleza que los rodeaba.
Desde el escenario iluminado, Lee aspiró una fuerte bocanada de aire, percibiendo la excitación de mayor.
Esbozando una sonrisa astuta, Felix supo que había encontrado a su alfa.
E iba a ir por él, y nada ni nadie iba a impedir que lo tuviera.
Su plan era simple; seducir a Changbin.
Una misión nada complicada, puesto que el alfa no solo lo adoraba como a una deidad, sino también gustaba de cumplir los caprichos del omega. Felix sabía que pasar de la adoración a la obscenidad sería pan comido.
Hizo saber sus intenciones para con su acompañante de una manera adorablemente sutil en momentos aleatorios. Los roces accidentales con el alfa aumentaron en número, restregando partes de su cuerpo esbelto y suave en las manos o brazos de su amigo. Gracias a sus trajes abiertos y despampanantes, los ojos de Changbin nunca se desviaban de su figura, cosa que enorgullecía a su omega pero todavía carecía de suficiencia.
Él lo quería todo y no estaría tranquilo hasta tenerlo.
—Buenas tardes —saludó amablemente a la joven mujer detrás del mostrador. Lix pensaba llevar al límite al alfa, y para conseguirlo, necesitaba los refuerzos que solamente se hallaban en una tienda dedicada a la diversión adulta.
La beta se dio la vuelta y sonrió.
—¡Hola, bienvenido! ¿En qué puedo ayudarte?
El idol señaló con el dedo la bonita y lasciva falda de colegiala a cuadros rojos que lucía el maniquí cercano a la entrada, acomodándose el cubrebocas negro para proteger su identidad del escándalo infernal que se desataría si alguien difundiera la noticia de que Lee Felix de Stray Kids pasaba sus tardes comprando cositas para disfrutar de una sana sexualidad.
—Quiero esa, por favor.
Ella parpadeó unos segundos, luego se echó a reír.
—¡Ah, ni siquiera lo dudaste, me gusta, me gusta! Ya vuelvo con tu pedido.
Felix asintió, sacando su teléfono para distraerse mientras esperaba que volviera la dependienta. Entró a Twitter, siendo inmediatamente arrastrado a uno de los hashtag calientes del día; nada más ni nada menos que un montón de capturas y fotografías de Seo Changbin en aquellas apretadas camisas que se amoldaban perfectamente a sus músculos tonificados y deliciosos. Tentadores. La afición de STAY al físico del chico no era un secreto para nadie, y él no las culpaba por querer mirar dicha majestuosidad… pero (porque siempre hay un pero) sí sentía algo al respecto.
Furia.
Lix aborrecía cómo el mundo parecía estremecerse de cochina lujuria hacia su alfa. Algunas veces, deseaba tener el coraje suficiente para romper la web con una fotografía donde ambos estuvieran desnudos y enredados en la cama desordenada, todo sexo y lujuria, marcas de pertenencia orgullosamente frescas en sus pieles y sonrisas de satisfacción identicas estirando sus bocas.
Dios… sería perfecto. Como un sueño.
—Aquí tienes tu pedido —la beta le entregó una discreta bolsa negra sin logotipo—. Agregué un… amiguito extra, espero que lo disfrutes —le guiñó un ojo, cómplice de sus travesuras.
Felix le entregó el dinero en efectivo con un entusiasmado:
—Gracias, noona. ¡Eres la mejor!
«No sabes lo que te espera, Changbin-hyung»
.
.
.
Regresó al departamento que compartía con sus compañeros de banda luego de haber pasado por varios lugares como la farmacia, una tienda de conveniencia y aquel restaurante de comida italiana que servía su pasta favorita, topándose con Jeongin justo en la entrada.
—¡Oh, hyung! ¿Necesitas ayuda con las bolsas?
—Está bien, Innie, no pesan tanto. ¿Ya has cenado? —cuestionó, viendo la hora en el reloj digital del artefacto metálico. Las 9.45 p.m.
—No tengo ganas salir a ningún lado —dijo, haciendo un puchero—. ¿Qué hay de ti?
Felix levantó las bolsas a la altura de su cara, agitándolas un poco.
—La compré de regreso. ¿Quieres unirte a este pobre y solitario hyung?
Yang Jeongin soltó una carcajada, quitándole de un arrebato la bolsa más cercana.
—Sabes que sí.
Al abrirse las puertas, alfa y omega recorrieron el pasillo hasta la habitación de Lix, charlando animadamente de una nueva tienda de pasteles dulces en el centro de la provincia, un pequeño café que debían visitar sí o sí. In destapó la comida y la colocó sobre la pequeña mesita frente al televisor mientras el mayor sacaba dos bebidas heladas del refrigerador, tomando asiento en la alfombra rasposa.
Cenaron entre risas y debates tontos de películas igualmente tontas, cambiando de temas de conversación tan rápido que era imposible seguirles el hilo. El ambiente era tan relajado que, cuando el alfa Yang mencionó tener antojo de un dulce, Fefi no lo pensó dos veces y le indicó que metiera mano en su mochila para sacar la bolsa de gomitas que compró de camino.
—Pareces una hada madrina, hyung. ¡Tienes de todo! ¿Podrías conseguirme un unicornio? Siempre quise uno.
—Si encuentro uno, seguro que te lo daré —rió Lix, recostado en el sofá usando una postura perezosa.
El omega se sentía tan relajado que estuvo a punto de cerrar los ojos y permitir que Morfeo lo reclamara en la nube de ensoñación eterna. Sin embargo, aquel plan quedó arruinado cuando un agudo grito de sorpresa lo sobresaltó, poniéndolo de pie, asustado.
—¡¿Jeongin?!
Dicho mencionado se encontraba de espaldas a Lee, sosteniendo con las puntas de los dedos una prenda de vestir escandalosa y reveladora.
Oh…
Lix se incorporó a unos metros del menor, con las mejillas teñidas de un profundo carmín vibrante y la vergüenza impregnando cada pizca de su aroma.
—¡Y-yo… no es lo que piensas!
—¡Lee Felix! —In arqueó una ceja en un gesto burlón—. Esto es una--
—Innie, por favor no digas nada. —«humillante. ¡Qué bajeza!» Lamentó el omega.
Pero el otro hombre ignoró la advertencia tartamudeante y mortificada de su amigo, dando vueltas a la tela estampada para inspeccionarla con ojo crítico.
—Parece demasiado pequeña para ti, hyung. ¿Siquiera cubre algo?
Felix guardó silencio.
De hecho, antes de abandonar la tienda usó los probadores para medirse el atuendo. La visión en los espejos lo alentó a continuar su cacería, pues jamás había pensado cuán sucio y libertino podría lucir un uniforme escolar; el doblez inferior de la falda apenas cubría sus partes intimas y la caída exterior resaltaba obscenamente la curva de su culo regordete. Ya ni hablar de la transparencia del top o las ligas apretadas en sus muslos.
Su amigo no tenía porqué saber esos detalles.
—Innie.
—¡Aquí hay otra cosa! —el menor metió la mano en una bolsa de papel, sacando unas bragas de encaje diminutas y un bonito plug metálico con un diamante de fantasía en el extremo opuesto—. Ajá…
Frente a él, los engranajes en la cabecita del cachorro de alfa comenzaron a dar vueltas, su vista saltando del omega que intentaba esconderse sobre sí mismo, a la lencería atrevida y el juguete sexual en repetidas ocasiones. La conjetura final arrojó una luz luminosa en su rostro alegre.
—¿Ya sabes quién será, no?
En este punto de la conversación, ¿de qué servirá mentir?
Felix asintió, dando un suspiro resignado.
—Si —dudó un segundo en revelar su nombre, pero después comprendió que, si quería tenerlo, debía afrontarlo—. Quiero a Changbin.
Creyó que la revelación haría que el chico se fuera de espaldas o algo igual de dramático, pero lejos de esa expectativa Jeongin nada más le dio una mirada incrédula y profundamente juiciosa.
—¿Por qué me miras así, niño?
—P-por nada, hyung.
—Dímelo.
—Solo estoy tratando de averiguar por qué tardaste tanto en elegirlo, eso es todo. ¿Acaso eres tonto?
Lee frunció el ceño y se cruzó de brazos, ofendido.
—Gracias por el cumplido.
—De nada —Innie sonrió—. ¿Cuando se lo propusiste a Changbin-hyung?
El omega bailarín parpadeó confundido y lo miró de igual manera.
—¿De qué estás hablando?
La mandíbula de Jeongincayó al suelo, atónito.
—¡¿No le has dicho?!
—¡Oh, por supuesto que no! —comprendió Felix—. ¡Va a rechazarme y después despreciarme!
—No seas estúpido, Lee Felix —musitó In, enojado. El tono y la palabrota tomó desprevenido al mayor—. ¿Cómo es posible que todavía pienses que él podría decirte que «no» a lo que sea que le pidas luego de ser prácticamente lo único en el mundo cuando están juntos? ¡Pobre de Changbin-hyung, por Dios!
—¡Esto es distinto! No se trata de unas cuantas tomas de fanservice o juegos tontos, es…
—Algo que ha estado esperando durante mucho tiempo, Lix. —finalizó, acercándose salvajemente a su mayor—. ¡Suficiente de esta mierda!
—¡Ese lenguaje, Innie!... Oye ¿por qué me miras así? —repitió Lee, viendo como el alfa tiraba de las finas cuerdas de la tanga entre sus dedos. El sonido de latigazo atravesó la estancia silente—. Jeongin…
—Te ayudaré a seducirlo, hyung. Esta noche ese alfa será tuyo.
«¡Ese es nuestro cachorro!» celebró su omega, meneando la cola como un perro eufórico por un paseo. Lixie, en cambio, no creía que fuese buena idea.
Viendo su indecisión, el joven idol se puso de pie, agarró las cosas y tiró del mayor hacia el baño de la habitación.
—Vamos Felix-hyung, tenemos mucho que hacer.
El grito a todo pulmón de In despertó a Changbin de una siesta reparadora.
—¡Hyung, saldré con unos amigos un rato, quedas a cargo!
Ni siquiera tuvo tiempo de responder cuando la puerta fue azotada con fuerza estrepitosa y el silencio se extendió en la residencia.
El alfa tumbado en la cama puso los ojos en blanco y se levantó de la cálida comodidad de sus almohadones, saliendo de la habitación compartida en busca de algo para comer. La ausencia de sus compañeros era notoria, ya que no percibía los olores característicos de la jauría entera.
Al pasar por la habitación del que era su amor platónico, olfateó la concentración del delicioso aroma dulzón del omega. Sin pararse a pensar mucho, tocó la superficie un par de veces.
—¡Hey Lix! ¿Quieres algo de…
Ah. Vaya.
Seo Changbin quedó paralizado cuando la puerta cedió y apareció Lixie.
No, no su tierno Lixie, sino el omega.
Su querido amigo omega.
Lee Felix era una belleza deslumbrante de pies a cabeza, un hecho absoluto e inequívoco. La hermosura que poseía era inolvidablemente cautivadora, arrebatadora, extasiando a Bin desde el primer día que vislumbró toda esa dulzura angelical en su suave rostro. Sin embargo, en ese momento no había rastro alguno de inocencia en el joven, siendo ésta reemplazada por lasciva tentación y candente lujuria; jugando con la cordura del alfa al vestir una diminuta falda que enmarcaba su estrecha cintura, luciendo sus apetitosos y cremosos muslos adornados con ligas de encaje, sus pezones respingones ocultos debajo de un crop top de malla satinada roja como la sangre. Las dos coletas rubias a cada lado de sus mejillas y sus labios brillantes de bálsamo labial arqueados en una desafiante sonrisa complementaban a la perfección la sublime imagen.
Joder.
Lucía como la mismísima personificación de una deidad caída del cielo, una deliciosa invitación al pecado que merecía ser contemplada y alabada.
Probada. Corrompida. Poseída.
Un chispazo primitivo encendió los instintos más bajos dentro de Binnie. El aroma que desprendía Felix era irresistible, el olor más atractivo que había olido jamás; una mezcla de brisa veraniega endulzada con flores de azahar que despertó la atónita fantasía de querer tomarlo allí mismo, como a un muñeco que únicamente tenía por finalidad ser su desahogo sexual.
Cerró los ojos, imaginando la escena como una realidad: él sumergiéndose con agresividad entre las piernas de Lixie, haciéndolo romperse en un desastre gimiente y sollozante, retorciendo sus pezones mientras recorría la sudorosa piel dorada del omega con los labios, marcándolo posesivamente para que nadie se atreviera otra vez a acercarse a su atractivo compañero.
Sin saberlo, sus propias feromonas excitadas bañaron el departamento. Al otro lado, Felix gimió, mostrando el cuello al alfa en señal de sumisión, de necesidad. Los oscuros e intensos ojos de Changbin se posaron en el chico, notando el cambio de olor y cómo el lubricante resbalaba de la parte trasera de sus piernas.
Si… Felix era suyo.
Su omega.
—Felix… —jadeó entrecortado, tirando de la delgada muñeca del omega para atraerlo entre sus brazos, reclamando su boca en un beso abrasador y desesperado mientras se adentraba a la pieza, cerrando la puerta con un fuerte portazo. Lix no se resistió al asalto, enredando sus manos detrás del cuello del alfa, el mundo colapsando de puro éxtasis y misticismo.
Era un intercambio de roces hambrientos y sucios, el omega luchando contra los botones del pantalón del alfa, recibiendo gustoso la ruda intrusión de su lengua con la suya propia, saliva escurriendo de las comisuras de ambos y el aliento perdido en cada exhalación caliente.
Todavía unidos, el alfa enredó sus dedos en las sedosas hebras rubias del omega y dio un fuerte tirón, separándose con un sonido acuoso mientras exhibía la increíble y virginal extensión del cuello sin marcar, suplicante por sus dientes. Felix emitió un quejido excitado, presionando las palmas de sus manos en el pecho de su querido amigo.
—Binnie-hyung… por favor…
—¿Por favor qué, Felix? —siseó, oscuro y perversamente erótico. Desconocido. Felix apretó las piernas para no ensuciar el suelo con el lubricante que salía de su trasero—. Habla, omega.
—Lixie te necesita, alfa —suplicó, mostrando la glándula en su cuello como una ofrenda.
Seo Changbin gruñó desde el fondo de su garganta y los empujó hacia la pared más cercana, la espalda del omega chocando contra la superficie tapizada en un brusco aplastamiento. De nuevo lo besó, encajando sus afilados caninos en la carne de sus labios hinchados mientras una de las manos del alfa caía a su cintura, luego al pícaro dobladillo de la falda colegial y por último hacia el interior para amasar los esponjosos montículos de sus nalgas.
Lix gimió, alzando una pierna para envolverla en torno a la musculosa cadera ajena al mismo tiempo que frotaba descaradamente el regalo escondido bajo esa impura prenda de vestir, restregándose contra el miembro enjaulado de su sorprendida contraparte.
—¿Felix? —susurró, echando la tela cuadrada completamente hacia arriba, desnudando el culo del omega contra la pared compartida.
Él susurró provocativamente en su oído:
—Para ti, alfa.
Haciendo una breve pausa a su laboriosa tarea, Changbin dio vuelta a Felix, arrodillándose para ver aquel tapón anal enchufado al apretado agujero resbaladizo del omega, luciendo caro y exclusivamente caliente.
Mierda.
Sin decir palabra alguna, el alfa envolvió sus brazos alrededor de los muslos regordetes del omega y lo cargó contra su pecho, llevándolos a ambos a la cama impacientemente. Felix se rió felizmente de su entusiasmo, rebotando en el colchón al ser arrojado sin contemplaciones o tapujos.
—¿Por qué estás tan ansioso, hyung?
—Cállate, yaegiva*.
—Cállame, alfa —desafió, sonriendo. Changbin aceptó la petición encantado.
Afianzó las tiernas caderas del omega y lo obligó a abrir las piernas, exhibiendo el juguete sexual anclado a su entrada lubricada. Dios, no podía contenerse de lo apetitoso que lucía Felix, todo húmedo y emocionado, suplicando por ser follado. Rogando por la polla de Changbin. Era una delicia que le pertenecía y que disfrutaría de corromper al máximo, iniciando de poco a poco.
Bin retrocedió unos pasos, admirando la vista que se extendía únicamente para su deleite. Lee Felix, como un genuino duende incontrolable, apretó su interior, provocando el movimiento de la pieza metálica clavada en su culo, invitando al alfa a que descubriera el tesoro que tenía para ofrecerle. Éste no dudó en sumergirse, jugando con la conexión antes de sacarla, fascinado con el gemido del omega y el hilillo de lubricante unido desde su profundidad al óvalo de la punta. Lo aventó sin mirar dónde caía, saboreando el jugo que escurría del agujero semiabierto de Lixie.
—¡Ah… Bin-hyung…!
La mandíbula del omega cayó sobre el colchón, produciendo sonidos lascivos como jadeos entrecortados y leves gemidos, aferrado a las sábanas desordenadas. Binnie lamió una línea firme desde el agujero húmedo hasta la piel detrás de las pesadas bolas de su pequeño amante, el sabor superconcentrado del aroma de Felix explotando en su ávida boca.
Dicha sensación era gloriosa, un latigazo eléctrico recorriendo su espina dorsal ante los retortijones del hombre tumbado y rendido a sus caricias. El presentimiento de que podría conquistar lo que fuera en el universo mientras tuviera a Felix sometido bajo su cuerpo embargó a Changbin. Poseer un omega de ese calibre lo enorgullecía, su alfa prometiendo que hará lo que sea para permanecer juntos para siempre.
Los sonidos libertinos de Lixie eran la sinfonía en la habitación, así como su espeso y embriagante aroma lo único que la nariz de Seo percibía en ese momento. El recorrido del músculo viscoso empapado en el sabor del omega continuaba, chupando el borde fruncido antes de adentrarse para frotar los lugares correctos repartidos en las paredes estrechamente calientes y sumisas. Cada lengüetazo interno hizo que brotara más y más lubricante, impregnándose seductoramente en las mejillas y barbilla del alfa.
Como el hombre con una misión a morir que era, el alfa inmovilizó las rodillas del omega para que dejara de sacudirse con cada embestida de su lengua, echando un vistazo a sus nalgas abiertas mientras sonreía a la pintura libidinosa del bonito agujero teñido de rojo debido a sus atenciones, mojado y brillante de excitación. Después de esa noche, estaba seguro que se volvería un degustante adicto de Lee Felix.
Seo Changbin nunca tendría suficiente del dulce sabor de su omega.
Relamió el líquido que escurría por los muslos gruesos de su amante, volviendo al fruncido del jovencito con una languidez perezosa. Desde su posición, Lee gimió y tiró de los cabellos negros del alfa (obstaculizando la lejanía que pudiera haber entre sus cuerpos, pero ¿cúal lejanía, si estaban más unidos que nada?), destrozado por los embistes salvajes de Seo. La brusca acción de las riendas tomadas por el omega gustó a su compañero, quién intensificó su ataque.
Bin enfocó toda su atención en el capullo hambriento de Felix, moviendo su lengua en círculos incontrolables, y después cerrando la boca contra el borde tembloroso, succionando con el poder reverberante de las profundidades de su alma. Su omega aulló en voz alta y aguda, empalándose ansiosamente por su propia voluntad mientras los dígitos del actor abrían el agujero hinchado, listo para comerlo desde la fuente.
La respiración de Felix se volvió pesada y dificultosa, sus extremidades livianas como una pluma y su orgasmo arremolinándose en su vientre bajo. Sin embargo, no quería correrse todavía, por lo que tensó el culo, estrujando la bulliciosa lengua de Changbin en su canal durante unos segundos antes de ceder, suelto y fácil de profanar. Binnie rió, burlándose de su estrategia fallida, palmeando delicadamente una de sus níveas nalgas. El omega saltó, pegando la sudorosa mejilla en el colchón.
—¿Me tendrás toda la noche así, hyung? ¡Qué malo! —se quejó en un jadeo—. Alguien podría venir a buscarnos, quizás Chan o…
Lee Felix perdió el aliento en un gemido suplicante cuando una ruda bofetada sacudió su trasero maltratado y el pecho de Changbin le cubrió la espalda.
—No hables de otros hombres cuando estés conmigo —amenazó el alfa, mordiendo floridos chupetes a lo largo de su columna a modo de castigo. Luego hundió sus dígitos derechos en la mandíbula cincelada del omega, forzándole a no apartar la mirada de sus penetrantes ojos—. Me perteneces, mi hermoso príncipe. Eres mío, omega.
«Eres mío, omega»
El reclamó encendió la parte más animal en Lix, mostrando la curva tentadora de su cadera hacia el alfa mientras rogaba que metiera su polla en su agujero mendigo:
—¡Alfa, por favor, por favor! —sollozó, bellamente roto—. ¡C-Changbin, por favor…!
Dejando un beso final en la abertura babeante y carmín, el mencionado se puso en pie, desnudándose ante la vista nublada de su compañero.
—Tus deseos son órdenes, mi príncipe.
La gloriosa polla de su alfa salió de su escondite con un rebote, goteando copiosamente líquido de la gruesa punta en el abdomen del menor. La boca de Felix se hizo agua y sus entrañas palpitaron sólo de imaginarse cuán exquisitamente salvaje sería aquel encuentro carnal. La ferocidad del alfa habitando en Changbin relucía como un diamante pulido a la luz de la luna.
Felix lo quería tanto que no podía esperar un segundo más, así que se llevó ambas manos a las nalgas y las separó para su amado. Era una representación obscena e inmoral, pero también terriblemente provocativa. Bin no pudo contenerse en lo más mínimo al ver cómo el agujero de su omega se encontraba ligeramente abierto, apretándose alrededor del vacío como si emitiera un grito de auxilio.
Sostuvo la base de su polla para guiarse a la estrechez que se le ofrecía, ejerciendo presión para adentrarse al desconocido pasaje de su amante. Como era de esperar, la circunferencia chocó contra el borde empapado de lubricante durante unos segundos para luego deslizarse por la ranura semiabierta. Changbin profirió una maldición que no llegó a oídos del omega, volviendo a introducir su miembro en la abertura, que esta vez permitió la intrusión. Gimió debido a la calidez que lo recibió, las paredes anales del otro idol temblando alrededor de su longitud.
—¿Estás bien? —preguntó, mordisqueando el oído de su amante al cabo de unos minutos.
El cantante asintió, arrastrándose lentamente hacia adelante y atrás.
—Sí… Oh, Dios… Muévete, Bin-hyung.
Los empujes del alfa comenzaron lentos, probando el estiramiento embelesador de Lee Felix, apenas meciendo su polla dentro de la funda. Cuando comprobó que estaba satisfechamente preparado para ser sometido de la manera más exquisita posible, aplastó una mano en la espalda baja del omega y arremetió con una profunda embestida que enraizó un gemido de ambos.
Que comience el juego.
Seo Changbin chasqueó sus caderas con entusiasmo, estableciendo un ritmo de castigo insensible y devastadoramente jodido que extasió al sollozante Felix. Con la cabeza tirada a un costado, el omega gimoteaba y jadeaba en cada profunda penetración, sintiendo cómo la polla del alfa lo abría, follándolo con sacudidas implacables. Apretó los puños sobre las sábanas, escuchando el constante rechinido de la cama así como los acuosos chapoteos, asfixiándose con la mezcla de sus aromas.
Todo sería perfecto si Binnie lo marcara como suyo en ese instante, pero sabiendo que eso no pasaría, Lixie simplemente coordinó sus movimientos con los del otro hombre para aumentar la velocidad de sus embestidas, gritando como si fuese un sinvergüenza del mejor prostíbulo de la ciudad.
Las palabras de Changbin no lo ayudaban a mantenerse lúcido, al contrario, lo zambullían aún más en la perversión y el pecado que estaban cometiendo juntos.
—Sí, jayiga*… Joder, te sientes tan bien… Eres perfecto… —dijo, rebotando sin piedad su pelvis contra el trasero magullado del omega.
Con el sudor perlando el cuerpo sobrecalentado del bailarín y los pensamientos a la deriva, el omega lanzó un grito y se corrió, temblando bajo la masa sudorosa de Changbin. Este no se detuvo, moliendo una y otra vez ese agujero usado y convulsionante. Felix limpió las lágrimas que escaparon de sus ojos con el dorso de su mano, pidiendo misericordia que no le fue concedida hasta después, cuando el alfa salió de él y los giró en la cama.
—¿P-puedes seguir? —insistió Binnie, besando amorosamente las cuchillas sobresalientes de sus clavículas, masajeando con la yema de un dedo su entrada maltratada y salpicada de fluidos.
Felix no podía hacerlo. O al menos no todavía. Pero se negaba a decirle aquello a su compañero. Decepcionarlo y que lo abandonase era lo último que quería, así que se incorporó, encajándose en el regazo ajeno, cubriendo el miembro sobreexcitado del menor con la humedad de su culo usado.
—... Puedo.
El alfa acarició las esponjosas mejillas del hombre, dándole una sonrisa cariñosa.
—Prométeme que te detendrás si es demasiado.
«¿Cómo podría no quererte, Changbin?» pensó enternecido, su corazón palpitando en su pecho agitado «¿Cómo podría no enamorarme de ti?».
—Lo prometo.
Changbin sonrió.
—Soy todo tuyo.
«Y siempre lo serás»
Quizás haber tenido un orgasmo recientemente impedía que fuera más aventurero, pero Lee Felix lo dejaría para la próxima ocasión. Ahora, se concentró en restregar la punta bulbosa del pene del alfa en su agujero anhelante y forzar sus caderas hacia abajo, tragándose la circunferencia de un bocado. El omega jadeó, arañando los abdominales de su novio con las uñas mientras descendía, el sol estallando en miles de llamaradas en sus venas.
—Con calma, cariño —apuntó el alfa, consciente de que adaptarse al cambio debía ser difícil para él.
Felix dejó caer su peso unas cuantas pulgadas más, estremeciéndose violentamente cuando la punta de la gruesa polla golpeó el manojo de nervios que era su próstata. Echando la cabeza al aire, inhaló una respiración calmada y finalmente se relajó, engullendo la totalidad restante.
—Buen chico —alabó Seo, jugando con su cabello mojado.
Changbin paseó sus manos por el cuerpo del hombre sentado encima suyo, rozando sus pezones erectos, grandes y rosáceos un par de veces, recibiendo sollozos ahogados como recompensa. Inclinado hacia adelante, Felix cubrió la boca del alfa con sus labios, compartiendo un rápido beso.
—Te haré ver las estrellas —anunció arrogantemente. Changbin rió, aferrándose a su cintura.
—Estoy listo, bebé.
Sufriendo espasmos en las piernas debido a la excitación, Lix inició un ondeo de caderas seductor y pasivo, envolvente, una demostración de sus excelentes habilidades de coordinación. Changbin recargó la espalda en el respaldo de la cama, afianzando las voluptuosas y sugerentes caderas para brindarle un soporte mientras iniciaban los rebotes.
La situación sobrepasó la imaginación del omega. Felix nunca creyó que el sexo fuese tan ardiente y apasionado, pero su amigo le estaba demostrando lo contrario. La seducción del alfa lo deliraba, arrastrándolo al fondo de un océano afrodisíaco, maníaco. Era como estar drogado, perdido en la lujuria que flotaba en el aire que los rodeaba, nada más importaba. Si alguno de los miembros de la banda llegara en ese instante, le daría lo mismo que escucharan sus gemidos, o el sucio sonido de sus pieles mojadas chocando a un ritmo frenético, o las maldiciones de Changbin. Lo único relevante era el placer reverberante en sus entrañas y el sentimiento de ser uno mismo con su alfa.
Con eso en mente, impulsó sus piernas gastadas hacia arriba y abajo en una fricción desenfrenada, montando al alfa imperiosamente, apuñalando su próstata abusada con aquel trozo de carne caliente que se abría camino en su interior. Las gotas de semen ensuciaron la falda arruinada, resbalando de su polla solitaria y abandonada, carente de atención. Binnie acercó su rostro al pecho del omega y tiró de los pezones magullados con los dientes, robándole una serie de aullidos agónicos, deliciosos.
—¡A-ah… Alfa…!
El omega desnudó su cuello y obligó al alfa a bajar a esa zona, tirando de sus cabellos con desespero. Deseaba que lo mordiera, que lo reclamara como suyo.
—Muérdeme… alfa… ¡Muérdeme!
Changbin abrió los ojos y, viendo la expresión quebrada y sus ruidos rotos, entendió que el omega no se encontraba en condiciones de pedir absolutamente nada. Por lo que, en su lugar, chupó la piel cercana a sus clavículas y mordió con saña, hundiendo sus caninos animales para dejar una marca no de unión, pero sí de remembranza.
Felix soltó un aullido gutural, corriéndose por segunda vez entre sus vientres. Los espasmos duplicaron la sensación de estrechez en su agujero, evitando la escapatoria de otra estocada en preparación. Changbin jadeó ásperamente, apartándose para mirar el bonito arco de sus dientes adornando la cremosidad virginal de la piel del omega.
—¿Nae sarang*?
El vaivén arrítmico se detuvo. Changbin abrazó las extensiones oscilantes de su amante mientras esperaba que éste bajara de la cúspide de su orgasmo más reciente, llenando de besos y caricias conciliadoras la cara afilada y suave del omega.
Cuando Lix fue capaz de abrir los párpados de nuevo, enfocó la mirada enamorada y cariñosa del alfa, sus labios formando una sonrisa orgullosa y sus manos, cálidas y seguras dándole el alivio y protección que jamás había recibido. Fue un descubrimiento hermoso, casi tanto como el surgir de un nuevo deseo.
Que ese momento durara para siempre.
Tal vez, con algo de suerte, lo haría.
Al removerse ligeramente en la pelvis del chico, descubrió que seguía duro dentro de él.
—¿T-todavía no te corres, hyung?
—Puedo esperarte —respondió, empujando superficialmente sus caderas para no hacerle daño con la sobreestimulación, misma que Lixie no soportaría.
Así como tampoco soportaría ser insuficiente para su alfa.
Pese al cansancio, el omega se levantó, arrebatándole la comodidad de la funda donde se encontraba la polla del alfa. La longitud curvada salió con un deslizamiento acuoso, luciendo rojiza y reluciente de lubricante, hinchada y necesitada. Seo Bin le envió una mirada interrogante cuando el omega le instó a abrir las piernas, gateando entre ellas para recostarse. Todo cobró sentido cuando la hermosa cara de Felix quedó a la altura de su miembro, separando los labios para tragársela entera.
La gran mano de Changbin se posó suavemente en lo alto de su cabeza, alentándolo silenciosamente en su tarea. Lix saboreó el fuerte endulce de su propio lubricante en la polla de su amante, pasando su lengua seductora desde la hendidura sensible a los testículos endurecidos. Volvió a la línea de salida, dando un beso en la cabeza sonrojada, balanceando su boca apretada de arriba hacia abajo.
—¡Felix!
El mencionado miró al hombre por debajo de sus pestañas, produciendo un gemido libertino que hizo vibrar el miembro en su cavidad bucal. Sus ojos llorosos volvieron a llenarse de lágrimas, hundiéndose lentamente en la longitud, exhalando con dificultad por la nariz mientras le enseñaba al alfa una verdadera garganta profunda. Changbin palmeó halagadoramente sus hombros trepidantes, limpiando los ríos lagrimales es sus mejillas con el pulgar.
—Lixie es mi buen chico —habló, miel sobre un lecho de rosas—. Mi hermoso omega.
Felix ronroneó, contento de complacer a su compañero. Tragó la circunferencia como si no hubiera un mañana, chupando y succionando, dando giros y lengüetazos expertos, reduciendo las alabanzas pronunciadas por Seo a simples balbuceos. Los gruñidos que profirió el alfa cada que la nariz del omega tocaba su vello púbico eran embelesadores. La felación duró unos minutos, Felix apartándose unos centímetros del miembro babeado para recobrar el aliento.
—¿Estas… feliz… alfa? —titubeó, su voz grave y borrosa.
Con la respiración agitada y el pecho subiendo y bajando, Changbin lo tomó de ambos brazos e irguió su postura, ahora de rodillas mientras él mismo se incorporaba en su totalidad. Los ocelos de Lee Felix resplandecieron, repartiendo una lluvia de besos mariposa en los muslos del alfa.
—Voy a follarte la boca, aein* —advirtió, besándolo con extrema rudeza. Al contacto de sus bocas ambos gimieron, degustando el sabor de su mezcla erótica—. Ábrete para mí.
Felix aflojó la quijada y se apropió de la polla de Seo Changbin, el alfa inmediatamente empujó dentro de la húmeda caverna hasta el fondo, empalándose hasta la pared de la garganta del mayor. El omega produjo un ruido de arcadas y dobló su cuerpo, sosteniendo su peso en los muslos antes de mimados. Apoyándose de un puñado de cabello rubio, el mayor arremetió contra la tráquea de su co-estrella, follándolo a una velocidad vertiginosa.
Oh, santo cielo. Lo amaba. Lee amaba cómo sus pulmones consumían con exasperación el poco oxígeno que recibían, la pesadez del pene tallando su paladar, el tirón constante en su cuero cabelludo y el ardor de sus labios profanados en la fricción bestial al que se sometió a voluntad. Ser utilizado por el alfa le dejó una sensación indescriptible, su corazón incendiándose en su pecho cubierto de chupetones y mordeduras.
Nunca pensó que una mamada fuese tan increíble. Tan placentera.
Felix lo recibió vigorosamente, comprimiendo sus belfos sobre el nudo del alfa. Changbin gimoteó, ronco e inhumano, expulsando chorros de semen en su garganta, mientras perseguía el clímax mediante una cabalgata interminable. El omega recién alimentado bebió el líquido tibio con ahínco, llenando sus papilas con el regusto almizclado del orgasmo de su mejor amigo. Al apartarse, las hileras de simiente rebasaron las costuras de su boca, fluyendo por su barbilla.
Bin recobró el sentido al cabo de un minuto, su visión bajando a la lasciva imagen de Lee Lix. Cayó frente a él de rodillas, tomándolo del mentón a la vez que quitaba el semen en su cara y lo empujaba de vuelta a la boca del omega con un beso ávido.
Definitivamente había sido la mejor follada de su vida.
Entonces, los brazos de Changbin serpentearon en torno a la figura exhausta, acomodándolo en la cama. Sin más, Felix frotó su mejilla contra su hombro, con los ojos a punto de cerrarse hasta el amanecer venidero mientras pronunciaba una propuesta al final de aquella noche maravillosamente mágica:
—¿Quieres criarme en mi próximo celo, Binnie-hyung?
Yaegiva: bebé.
Jagiya: cariño.
Nae sarang: mi amor.
aein: amor.