I like big cocks, I can't help it.
ANTES DE EMPEZAR.
ESTA ES UNA ADAPTACIÓN. LA HISTORIA ORIGINAL LE PERTENECE A @/thebunnyshiteu en Wattpad .
Todos los créditos correspondientes van a ella. uwu
Oh, y si ya leyeron esta historia antes (seguramente sí).
POR FAVOR NO HAGAN SPOILERS, pero sobre todo, muchas gracias por leer.
Sin más que decir, empecemos.
―¿Me estás jodiendo?―. Exclamó el castaño alterado. El flujo acelerado de su excitación parecía haberse cortado de golpe al conocer al pequeño... muy pequeño amigo de su acompañante.
El chico bajó la vista confundido.
―¿De qué estás hablando?―. Inquirió levemente molesto, ya que el menor había decidido pararlo todo en el peor momento. Su erección dolía y el enano sólo se dedicaba a joderle.
―¡Ese jodido tamaño!―. Gritó San rojo de la rabia. ―¿No te da vergüenza andar con esa miniatura entre las piernas?
El chico abrió la boca, pero las palabras no salieron. Necesitó un momento para procesar lo que estaba pasando.
―Debes estar jodiéndome tú a mi―. Murmuró frunciendo el ceño. San apretó los dientes. ―¿Miniatura?, ¿en serio?, ¿qué demonios esperabas?, ¿treinta centímetros?
―Pues tampoco esperaba cinco.
―¡Diecisiete!―. Exclamó el chico incrédulo. ―¡¿Unos jodidos diecisiete centímetros no son suficiente para ti?!
El silencio proveniente por parte del menor fue suficiente para que el chico alcanzara su máximo nivel de vergüenza e indignación. Se alejó con furia del castaño arrodillado frente a su hombría y caminó con pasos desequilibrados y rápidos hasta su ropa tirada en un extremo de la habitación.
―¡Espera!―. Exclamó San poniéndose de pie precipitadamente. Su acompañante lo miró sin dejar de ponerse la ropa. ―Y-yo... eh... p-podría intentar hacerlo contigo...
Un jadeo salió de los labios del chico.
―¿Intentar?―. Inquirió sintiendo el enojo crecer cada vez más. ―Vete a la mierda.
―P-pero...―. San se quejó, revolviéndose el cabello con frustración. ―¡Oh, demonios!, no es mi culpa que no cumplas con mis expectativas...
―¿Qué clase de expectativas tienes?―. Exclamó el chico, haciendo una mueca de horror. ―Zorra traga pollas.
San se indignó.
―Quizá sí, pero sólo pollas grandes, no como la tuya, amigo. Suerte con tu gusanito―. Canturreó, empujando al chico fuera de la habitación, sin dejarle tiempo alguno de agarrar su camiseta ni su cartera, lo cual había sido completamente a propósito, pero su acompañante parecía estar cegado de indignación, ya que no reparó en devolverse por ellas.
San se recostó contra la madera de la puerta, soltando un suspiro pesado.
―Yo creí que porque era extranjero me había ganado el premio gordo―. Se quejó para sí mismo. ―Demonios, realmente es mejor mi vibrador.
El de mechón blanco se mordió el labio inferior. Se sentía un poco culpable por herir el ego de su acompañante, pero no podía evitarlo. Simplemente cuando un hombre no cubría aquel especial requisito tan importante para San, éste enloquecía.
Caminó al bolso que había llevado consigo al club esa noche (donde había tenido, lo que creyó que podía llamar, suerte al conocer a ese guapo extranjero, que acababa de salir echando humo de la habitación del hotel), en el cual guardaba lo que era calificado por si mismo como "botiquín de emergencia", para casos como estos, el cual contenía un dildo rosa y un vibrador del mismo color, los cuales medían veintitrés centímetros cada uno, más una botella de lubricante.
Se encogió de hombros y se tiró en la cama, dispuesto a resolver por sí mismo aquel problema que el extranjero le había ocasionado con besos, pero no había sido capaz de resolver con su polla.
Era un poco patético, lo sabía, pero simplemente no podía evitarlo. Él era así, y no recordaba un momento de su vida en el que haya aceptado que el miembro de su acompañante midiese menos de veinte centímetros, simplemente era su gusto, su filia. Adoraba los miembros grandes... y era vergonzoso, pero no podía repararlo.
―Yeosang, por favor, estás llamando mucho la atención...―. Murmuró San, enterrando cada vez más su cabeza en su plato, notando que las personas que los miraban extraño a causa de la escandalosa risa de su mayor eran cada vez más.
―P-pero Sannie...―. El rubio se tomó un momento para respirar profundo y limpiarse las lágrimas ocasionadas por la risa. ―¿Cómo diablos quieres que me quede callado después de lo que acabas de contarme?, ¿eh?
―Deberías tener en cuenta que fue muy vergonzoso para mí...
―En serio creí que habías obtenido un buen polvo al ver la cara de felicidad con la que te fuiste del club con ese sujeto―. Admitió Yeosang, llevándose un par de papas fritas a la boca.
―Pues no―. Gruñó el menor, removiendo las verduras en su plato sin intención de llevárselas a la boca.
―Sigo sin creer que le hayas echado de la habitación medio desnudo solo por el tamaño de su polla―. Murmuró el mayor con una gran sonrisa en el rostro.
―Sabes que soy muy exigente con ese tema...―. Susurró San con las mejillas rojas.
―En serio, amigo, de cumpleaños te daré un viaje a África con todo pagado. Sería el paraíso para tu exigente culo―. Repitió Yeosang con burla, pues no era la primera vez que decía algo así.
San se limitó a mirarlo con odio y seguir comiendo.
―He escuchado que Park la tiene grande―. Comentó de repente, llamando la atención de San.
―¿Seonghwa?―. Inquirió el de mechón blanco, buscándolo inconscientemente con la mirada.
―El mismo―. Aseguró Yeosang, señalando disimuladamente detrás de San. Este volteó la mirada, encontrándose con el equipo entero de fútbol americano entrando al comedor. Con cabeza de ellos, Park Seonghwa, el capitán.
San dirigió su calculadora mirada hacia la entrepierna del jugador intentando conseguir una pequeña mirada que le diese una idea a qué podría estarse enfrentando. Lo poco que pudo ver, lo dejó satisfecho.
―Aproximadamente veintiún centímetros―. Murmuró para sí mismo. O al menos eso creyó, ya que, al regresar su mirada el rubio frente a él, este le miraba atónito.
―¿Puedes saber el tamaño aproximado de un chico solo con mirárselo por encima del pantalón?―. Exclamó en susurro. San se ruborizó.
―Supongo que es la práctica.
―¡Eres una perra sucia, Choi San!―. Vociferó el mayor, ganándose un par de miradas estupefactas por algunas chicas que pasaban por su mesa. San sintió la necesidad que enterarse vivo.
San sabía que en cualquier momento el lapicero en su boca se rompería debido a las constantes y fuertes mordidas que le proporcionaba al estar tan concentrado mirando impúdica, pero disimuladamente hacia el mariscal de campo, quien se encargaba de devolverle discretas miradas coquetas mientras jugueteaba con una bola de papel junto a sus compañeros de equipo, aprovechando la la ausencia del maestro.
―¿Sabes?, podrías solo ir y hablarle―. Sugirió una delicada voz en su oído, haciéndole sobresaltar un poco por la sorpresa.
―Mierda, Yunho, casi me da un infarto―. Dramatiza, llevándose la mano al pecho.
―No seas exagerado, Sannie―. Se burla el mayor, sentándose junto a San. ―No era mi intención asustarte, pero lo digo en serio. Han estado mirándose de forma nada disimulada desde hace media hora... yo ya me habría desesperado.
―No sé si debería hablarle...―. Después de todo, sus intenciones con Park no eran de todo puritanas.
―Oh, vamos, no me digas que te avergüenza. Te he visto acercarte a más tipos y más grandes que ese y sin una pizca de alcohol en las venas y sin pizca de duda, ¿qué te detiene ahora?―. "Qué asistimos a la misma universidad...", pensó el menor inconscientemente. Los demás hombres que mencionaba Yunho seguro habían sido parte de sus conquistas de fines de semana, los que usaba para complacerse con grandes tamaños, pero siempre procuraba cuidadosamente no involucrarse con nadie de su mismo centro educativo que fuera divulgando su extraño gusto por las pollas grandes en toda la universidad.
San abre grande los ojos.
―Aunque no me creas―. Yunho asiente orgulloso. ―Tengo una fuente bastante confiable que me asegura que todos están bien allí abajo.
―¿Quién te dijo eso?―. Inquirió San verdaderamente interesado.
―Yo tengo mis contactos―. Dice simplemente, dejando al azabache con la duda. ―Sin embargo, te puedo decir que Mingi me lo ha confirmado. Ya sabes, son hombres y se duchan juntos después de los juegos, un día pregunté a mi novio y me lo confirmó. Aunque se puso un poco celoso, pero nada que un poco de buen sexo no pueda arreglar.
―Ew, no sé por qué escucharte hablar de tener sexo con Mingi es como escuchar a mis padres hablar de sus polvos―. Confiesa San, estremeciéndose. Yunho le golpea la cabeza.
―Más respeto, mocoso―. San masajea la zona con una mueca de dolor. ―A lo que quiero llegar es que no es necesario que acoses a Seonghwa, cualquier jugador que elijas te podrá dar una agradable sorpresa.
Y San lo consideró.