Pt 1
Izuku caminaba lentamente por los pasillos de su escuela secundaria afirmándose con uno de sus brazos a las paredes, tenía calor, sudaba, su cuerpo temblaba por completo y su vientre se contraía en una necesidad que no sabía identificar.
El peliverde tenía 14 años y estaba en su tercer grado de secundaria, hacía poco más de dos años sus exámenes de segundo género habían dado como resultado que era un omega, por lo tanto sabía perfectamente que le estaba pasando a su cuerpo, estaba entrando en su primer celo.
Era tarde y las luces del atardecer ya se filtraban por las ventanas del pasillo en el que se encontraba, se había quedado hasta esa hora leyendo en la biblioteca una biografía de All Might y no se dio cuenta de lo tarde que era hasta que se empezó a sentir mal.
Ahora en lo único que podía pensar era llegar a la enfermería de la escuela para que le dieran un supresor o por último llamaran a su madre para que fuera por él, cosa que parecía más difícil con cada segundo que pasaba, a cada momento su mente se nublaba y su omega interno tomaba más fuerza buscando algo o alguien.
Sin embargo, cuando llegó a su salón de clases en busca de su mochila, quedó paralizado, pensó que por la hora el lugar estaría vacío pero estaba completamente equivocado, en uno de los pupitres se encontraba sentado un chico, acostado sobre la mesa con sus brazos cubriendo su cabeza. Izuku conocía a la perfección a ese chico sin siquiera ver un centímetro de su cara. Era Katsuki Bakugo su amigo de la infancia, su bully personal y el alfa más llamativo de su escuela.
Entró al salón intentando hacer el menor ruido posible, al parecer el rubio estaba profundamente dormido por lo que debía moverse rápido, sacar sus cosas y salir, pero su asiento se encontraba sumamente cerca del alfa y cuando tuvo su mochila en su mano un mareo lo envolvió, las feromonas que alfa soltaba inconscientemente estaban haciendo estragos en su omega interno y tuvo que afirmarse fuertemente de la mesa, sin embargo su bolso cayó al suelo provocando un ruido sordo.
Ruido que alertó al alfa y le hizo levantar la cabeza rápidamente mirando a todo lados en busca del intruso, fue allí que Katsuki clavó su mirada rojiza en la esmeralda. Ambos se miraban fijamente y sus feromonas cada vez más densas comenzaban a entremezclarse, causando que el omega del pecoso saliera con más fuerza al estar cerca de un potencial compañero, mientras que los ojos del rubio se dilataban con cada respiración.
–¿Deku?–. La voz del ojirrojo era solo un gruñido.
Katsuki estaba perdiendo el control, las feromonas de un omega en celo lo estaban volviendo completamente loco, hacía tan solo unos meses se había presentado como alfa y ahora se enfrentaba a esa situación, no había forma que pudiera controlarse.
El estado de Izuku no era muy diferente, era de conocimiento general saber que el primer celo de los omegas era el más fuerte e intenso, por lo que solo oler el aroma a caramelo quemado de su amigo de la infancia ya lo tenía en un estado mucho más susceptible.
Solo con tener al alfa cerca de él sin siquiera tocarlo, pero dejándolo sentir su aroma, lo hacía temblar y mojar más rápido su ropa interior.
El rubio se acercó como un depredador al pecoso, quien cayó al suelo de rodillas asustado por el aumento de feromonas y la cercanía del alfa, ya no podía mantenerse en pie, su vientre dolía y se sentía débil ante la penetrante mirada sobre él.
–Kacchan por favor…–. Rogó sin saber que.
Katsuki se agachó frente al peliverde y lo tomó de la nuca para acercarlo y besarlo con fiereza, era un beso húmedo y cargado de las feromonas de ambos, la fuerza de ese beso era tan abrumadora el peliverde solo se dejaba ser y correspondía como podía. Juntos cayeron al piso con Izuku de espaldas y el rubio encima de él.
Para ese punto Izuku estaba completamente perdido en su omega y en su celo, y el alfa se aprovechó de eso para tocar el cuerpo del ojiverde de forma desesperada, pasó sus manos por las curvas que recién se le estaban formando, pero al parecer su ropa era demasiado molesta por lo que le quitó el gakuran, lo lanzó por cualquier parte y subió su camisa dejando al descubierto el torso del omega, donde sus erectos pezones le hacían burla.
El alfa lo miró detenidamente paseando sus ojos rojos por el expuesto cuerpo, deslizo sus manos por el vientre subiendo por su cintura y deteniéndose a la altura de las costillas envolviéndolas con sus manos más grandes, el pecoso estaba caliente, sudoroso y se estremecía con cada uno de sus toques. Eso le gustaba a su alfa interno.
–Kacchan…No…–. El pecoso intentó alejar las manos que jugaban con su cuerpo, pero no tenía las fuerzas para oponerse a lo que estaba a punto de ocurrir, porque su omega también lo quería.
–Silencio omega, eras tú el que estaba rogando por mi–. Gruñó el rubio.
–Pero…
El chico fue interrumpido cuando Katsuki lo volvió a besar intensamente al mismo tiempo que desabrochaba el botón y metía su mano dentro del pantalón del peliverde quien se retorcía bajo su toque. Sin despegarse de su piel continuó besándolo, bajando por su mandíbula hasta llegar a su cuello, lamiendo y chupando la fuente del aroma del omega. Todo era demasiado intenso para ambos.
–Mmh…Ahh…–. Gimió el ojiverde cuando la mano del rubio envolvió su miembro erecto con fuerza.
Ambos adolescentes estaban tan perdidos en su lobos interiores que no eran del todo conscientes y actuaban más por instinto que por otra cosa, sin embargo eso no quitaba que se detuvieran, el alfa de Katsuki en lo único que pensaba era en preñar al pequeño omega debajo de él y el contrario quería ser dominado por completo por el alfa que lo tocaba con desespero.
Harto ya de esa posición el rubio giró al más bajo para presionar con su cuerpo al pecoso, con fuerza contra el suelo, fue así como sin poder moverse Izuku quedó completamente expuesto al alfa quien no esperó para bajar sus pantalones y ropa interior de un solo tirón.
Katsuki se relamió los labios hambrientos, a centímetros suyo tenía a un omega sumiso que le presentaba su trasero chorreante de lubricante, más que listo para recibir su carga de cachorros.
–No…Ka-Kacchan…–. Rogaba el ojiverde.
Una parte, una muy grande dentro de Izuku pedía a gritos ser llenado por el alfa, su vientre se contraía al pensar en los cachorros que le daría y su omega chillaba por una lazo, no obstante a pesar de ello, la otra parte, la del Izuku consciente estaba totalmente asustado, sabía que Kacchan lo odiaba se lo había dicho en incontable ocasiones, ahora con esto sería odiado profundamente y para siempre por el único chico del que se había enamorado.
Katsuki y él había sido amigos desde que tenían menos de cuatro años, pero sus personalidades eran tan contrarias que entre malentendidos y la rabia incomprensible del rubio hacía él, los habían hecho alejarse al punto de que ahora Katsuki era el chico que le hacía bullying en los horarios de clases y fuera de estos.
–¿No?, tus feromonas y tu cuerpo dicen todo lo contrario–. Masculló el rubio presionando la cabeza verdosa en el suelo con fuerza.
Sin dejar de aplastar el cuerpo de Izuku, con una mano Katsuki desabrochó su propio pantalón y bajó lo suficiente para sacar su erección que estaba más que lista después de respirar todas las feromonas de celo que lo rodeaban.
–P-por favor–. Las lágrimas se habían aglomerado en sus ojos verdes.
Sin embargo los lamentos del omega no llegaron a los oídos del alfa porque sin esperar nada se acomodó, alineó su miembro en la entrada del pecoso y de una sola estocada lo penetró.
El dolor, el placer y el alivio atravesaron a Izuku al mismo tiempo, haciendo que las lágrimas saltaran de sus ojos mojando sus pecosas mejillas. Su cabeza era un completo caos, mientras sentía alivio al verse lleno con el miembro del alfa dentro de él y todo su cuerpo experimentaba un consuelo enorme al estarse apareando con el chico que amaba, su parte racional odiaba lo que estaba pasando, no porque fuera Katsuki quien lo estaba forzando, si no porque una vez todo eso terminara la distancia entre ellos se haría más grande y el ojiverde no estaba seguro si podría volver a mirar al rubio a la cara.
Intentó alejarse, intentó huir, pero el alfa lo agarró con tanta fuerza que lo hizo gemir de dolor, con una mano presionó sus muñecas y con la otra su espalda para mantenerlo preso entre el suelo y su fornido cuerpo. Izuku no tenía escapatoria.
Las lágrimas no dejaban de correr por sus mejillas, pero para ese punto no sabía si eran lágrimas de alegría porque su omega se estaba apareando con el alfa que amaba, por el dolor que se le estaba infringiendo con cada embestida o simplemente por toda aquella situación lamentable, siendo abusado en su momento de más debilidad.
–Ah!...Ah…Tan apretado…–. Katsuki seguía empujando.
Su alfa interno que había tomado el control de sí mismo estaba totalmente complacido, el interior del omega se sentía cálido y resbaladizo no quería salir de ese lugar, las feromonas a su alrededor se había vuelto mucho más densas y dulces, y su lobo interior se regocijaba al ser el causante de ese cambio.
–Ah…Due-le alfa–. Estaba asustado y las lágrimas no cesaban.
–Silencio omega–. El rubio aplastó su cabeza contra el piso con más fuerza de la necesaria dejando el cuello y la fuente de las dulces feromonas del pecoso a la vista.
Katsuki sintió como sus colmillos de alfa salían a flote y comenzaba a salivar, “mío, mío, mi omega, marcar, morder, mío”, esos pensamientos se repetían en su cabeza una y otra vez.
El alfa quería marcarlo, hacerlo suyo de todas las formas posibles, las feromonas lo llamaban a morder al pecoso.
Sin dejar de penetrarlo y hundirse hasta el fondo dentro del ojiverde se acercó a su cuello, pasó su nariz por el área llenándose del aroma a manzanas del omega. Se le hacía agua la boca y lamió la glándula olfativa, cosa que hizo saltar el peliverde.
–¡NO!... –. Gritó Izuku pero con un fuerte gruñido el rubio lo mantuvo en el lugar. –No Kacchan por favor… –. Rogaba llorando aún así lo sintió.
Sin importarle las súplicas enterró con fuerza sus colmillos en la glándula omega convirtiéndolos en compañeros y con ello sellando el destino de ambos adolescentes.