Arriesgada Atracción

Summary

Sukuna, el poder mismo en su máxima expresión. Tan místico, tan fuerte, tan cruel, y tan déspota. Todo a su alrededor era consumido por esa maldad inconmensurable que contenía dentro de si. No necesitaba a nadie más que a sí mismo, solo vivía por él y para él. Era una completa fiera salvaje. ¿Qué más se podía esperar del tigre alfa más fuerte que jamás había existido? Aún sabiendo todo esto, Yuuji no sabía porque tenía tantas ganas de ser tomado por Sukuna. ------------- Esta historia no me pertenece le pertenece a su respectiva autora "Miluchinta", la pueden encontrar en Ao3

Status
Complete
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1

La imponente figura de un depredador se hacía notar entre la enorme vegetación. Era simplemente precioso, destilaba energía y fuerza por dónde se le viera.


Las poderosas patas no hacían sonido al caminar, las almohadillas se encargaban de amortiguar cualquier sonido producido por el peso del animal. El tigre caminaba por la verde maleza sin preocupaciones, era medio día y había cazado el desayuno desde que se levantó.


Los rayos del sol hacían brillar el pelo del tigre, dándole una apariencia viva a ese color naranja tan característico. Sus rayas negras solo acentuaban la belleza del felino. Aunque su figura se veía esbelta, no lucía tan robusta como la apariencia de un tigre normal, tampoco se veían músculos tan grandes en su cuerpo. También su longitud de 190 cm dejaba ver la verdadera naturaleza del felino.


Era un omega.


Su propia existencia era inverosímil, los omegas eran tan raros de encontrar como un diamante. Los cambiaformas eran algo común en ese mundo, pero el gen recesivo responsable de dar vida a los alfas y a los omegas estaba casi extinto. Por ello ver un cambiaformas con alguno de estos dos géneros era un milagro.


El tigre estaba haciendo una revisión rutinaria de su territorio, generalmente lo recorría todos los días para impregnar su olor en cualquier lugar posible. No le gustaba que nadie se metiera a su hogar. Por ello todos los días se encargaba de marcarlo con su olor, dejando en claro que no deseaba ver extraños.


Había vivido mucho tiempo en ese lugar, a veces algunos cambiaformas visitaban su territorio por accidente pero rápidamente se retiraban para evitar problemas. Solían ser cambiaformas de otras especies, así que no había visto tigres en un largo tiempo.


Hace mucho que había dejado de ver tigres, aunque eso no le molestaba para nada. Era un ser solitario, no necesitaba de la compañía de otros de su especie. Cuando se aburría demasiado solía visitar los territorios de algunos conocidos suyos, como esa pantera negra llamada Megumi, o esa puma llamada Nobara.


—Bueno, es hora de recorrer los bordes de mi territorio para dejar mi olor. — Pensó el tigre caminando hacia su objetivo.


Su territorio era bastante amplio, tenía unos 20 kilómetros cuadrados de extensión. Tenía grandes pastizales, un pantano, un bosque, y un río que pasaba por ahí. Ese río marcaba el final de su territorio, no le interesaba pasar del otro lado. De todas maneras no había nada interesante que le aguardará ahí.


Llegó al río, las aguas estaban tranquilas ese día. Por ese mismo motivo estaban cristalinas, dejando ver el interior del mismo. Podía ver a la perfección las piedras grises en el fondo, podía ver los pequeños peces que se paseaban por el río y podía apreciar las pequeñas algas que estaban creciendo al fondo.


Era una imagen bastante relajante, tanto que el espíritu juguetón dentro del omega estaba siendo tentado a nadar en ese río. No podía evitarlo, a los tigres les encantaba darse un buen chapuzón en un día caluroso.


Después de dejar su esencia en algunos árboles cercanos al río, el Omega se dispuso a nadar en el mismo. Con sus patas traseras dió un salto para sumergirse en el agua, al ingresar en el río se dejó escuchar un gran chapuzón. Pocos segundos después de sumergirse completamente en el agua, la cabeza del tigre se asomó en el río.


El joven tigre estaba feliz ejercitándose, nadaba como si fuera un perro. Incluso podías ver cómo cerraba los ojos disfrutando la sensación del agua fría refrescando su cuerpo en un día caluroso. Pero algo lo sacó de su felicidad.


Había un olor desconocido en el aire.


Inmediatamente salió del agua dispuesto a averiguar de dónde venia ese olor.


Notó que el olor venía del otro lado del río, ese mismo lado que no le interesaba antes. Sin dudas, ese olor pertenecía a alguien de su especie. Era otro tigre, pero necesitaba acercarse más a la fuente de dónde provenía el olor.


Siguiendo el rastro de olor, el Omega se acercó a un árbol que estaba cerca de la orilla del río. Su nariz buscaba olfatear ese olor en busca de la mayor cantidad de información posible. El olor no era reciente, parecía que habían pasado algunas horas desde que el otro tigre había pasado por ahí. Por lo que podía oler, el otro tigre era mucho más grande que él... Y era un alfa.


Esto puso en alerta a Yuuji, no había casi ningún registro de tigres alfas en esa región. Solo conocía a dos posibles tigres, y no quería a ninguno de ellos cerca de él.


Uno era Satoru Gojou, un tigre blanco. Era conocido por su extravagante apariencia, por todas las victorias contra otros depredadores, y por tener un territorio gigantesco. Era muy poderoso, ningún cambiaformas era lo suficientemente tonto para meterse con él. Pero no solía armar conflictos, es verdad que era conocido pero era por lo insaciable de su ser. Siempre estaba en busca de expandir sus dominios, de omegas para satisfacerse un rato, y de diversión para su vida.


El otro era Ryōmen Sukuna, un tigre siberiano. Era conocido por ser el depredador más cruel del que se tenía registro. Era tan o más poderoso que Gojou, su simple presencia significaba muerte a donde fuera. Vivía con absoluta libertad buscando satisfacer todos sus deseos de cualquier manera, no le importaba nadie ni nada, solo él mismo. Su territorio era gigantesco también, pero siempre se escuchaban rumores de que salía de él en busca de "diversión". La cual incluía masacrar aldeas humanas, dominar a otras razas de cambiaformas o buscar omegas. La peor pesadilla de cualquier cambiaformas o persona, era encontrarte frente a frente con Sukuna.


De ahí en fuera no conocía a ningún otro tigre alfa, eran los únicos dos tigres de los que había escuchado hablar en algún momento de su vida.


—Mierda, yo quería una vida normal... —


Seguramente ya lo habían olido, el otro tigre ya debía saber que en el lado contrario del rio había un territorio perteneciente a un tigre omega. Sabía que estaba en peligro, los alfas eran atraídos a los omegas por la escasez de estos mismos. Tenía que tener cuidado, no estaba en celo. Si algún alfa lo tomaba por la fuerza, no iba a disfrutarlo en absoluto.


Inspeccionó el lugar con la mirada buscando alguna señal de amenaza que rondará cerca de ahí. Sus orejas estaban levantadas buscando el más mínimo ruido mientras que sus ojos buscaban algún movimiento raro surgiendo de los árboles que estaban cerca del río. Pasaron unos minutos hasta que pudo comprobar que efectivamente no había nadie cerca de él.


Dió una última vista a su alrededor antes de hacerse humano, debía ser extremadamente cuidadoso en esa forma porque estaba indefenso. Así que decidió sacar sus orejas de tigre para tener una buena audición con la cual defenderse. Inclusive sacó su cola de felino, le ayudaría a correr más rápido en caso de alerta. Producto de esa parcial transformación unas suaves líneas negras se hicieron presentes en algunas secciones de su cuerpo, como su cuello y hombros.


Itadori buscó una piedra que pudiera servirle para rayar el tronco de un árbol. Al encontrarla, la partió a la mitad dándole un fuerte golpe contra el piso. Con eso tenía una punta afilada con la cuál escribir su mensaje.


Se dirigió al árbol donde había detectado el olor extraño para escribir unas palabras.


"Soy un tigre igual que tú, por favor, vete. No quiero problemas."


Dejó el mensaje ahí antes de retirarse de manera rápida, no se sentía seguro sabiendo que en cualquier momento un alfa podía salir de algún lugar para someterlo.


Lo que Yuuji ignoraba, eran los ojos escarlata como la sangre que lo observaban escondidos entre los múltiples árboles que había en la zona. Una siniestra risa sonó al mismo tiempo que la sombra a la que pertenecían los ojos se movía. El Omega no estaba tan solo como creía.


»


No podía estar más feliz. Había encontrado un omega para divertirse, lo mejor es que era de su misma especie. Cómo iba a disfrutar de romper a ese Omega.


Había salido de su territorio en busca de algo para entretenerse, y por fin había encontrado algo digno de su atención.


Un incauto Omega que ni siquiera fue capaz de darse cuenta de su presencia, aunque no lo culpaba. Si su presencia revelará dónde está todo el tiempo hace mucho que habría muerto, así que era normal que ni siquiera otros cambiaformas depredadores pudieran sentirlo. Y Sukuna estaba dispuesto a sacar provecho de eso para tomar a ese tigre.


Tenía que admitirlo, el otro tigre en su forma normal era precioso. Las típicas características de un omega acentuaban su belleza, se notaba que era un joven sano. No podía esperar para poseerlo y enseñarle lo que era un verdadero alfa. Después de todo, no todos los días encontrabas una belleza exótica frente a ti.


Espero a que el Omega se metiera en el bosque nuevamente para leer lo que había escrito en el árbol. Se acercó al árbol oliendo la fragancia del joven tigre, olía a vainilla, también tenía un toque de canela y su olor denotaba un suave olor a leche. Sin duda dejaba ver su condición de creador, una risa ronca salió del pecho del tigre al leer el iluso mensaje del omega que no buscaba problemas.


Ya podía imaginar el cuerpo del omega debajo suyo, su cara descompuesta en placer y en terror al ser poseído por él. Podía imaginar los gemidos del Omega al sentir su pene golpeando con fuerza su útero, ver cómo rogaba por su semen y sentir cada gota del mismo. Iba a romperlo y a darle el honor de ser tomado por alguien tan poderoso como él, pobre e inocente tigre. Si tenía suerte, quizás lo dejaría vivo.


Pero primero debía obtener la oportunidad perfecta para acorralar a ese omega, sabía que intentaría huir como todos los demás. Soltó una risa macabra al recordar todos los omegas que había masacrado, los pobres siempre intentaban huir y cuando no lograban conseguirlo intentaban darle lastima de cualquier forma posible. Que seres tan débiles, sentía pena por ellos. Pero no eran más que juguetes para su mero entretenimiento.


El tigre omega que acababa de encontrar no sería la excepción.


Vaya que disfrutaría perseguir al pequeño felino.


»


Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Itadori, sentía que algo estaba mal. Pero por más que buscaba a su alrededor no lograba encontrar nada, incluso en su forma de tigre se sentía inseguro.


Tenía que admitirlo, el otro tigre en su forma normal era precioso. Las típicas características de un omega acentuaban su belleza, se notaba que era un joven sano. No podía esperar para poseerlo y enseñarle lo que era un verdadero alfa. Después de todo, no todos los días encontrabas una belleza exótica frente a ti.


Espero a que el Omega se metiera en el bosque nuevamente para leer lo que había escrito en el árbol. Se acercó al árbol oliendo la fragancia del joven tigre, olía a vainilla, también tenía un toque de canela y su olor denotaba un suave olor a leche. Sin duda dejaba ver su condición de creador, una risa ronca salió del pecho del tigre al leer el iluso mensaje del omega que no buscaba problemas.


Ya podía imaginar el cuerpo del omega debajo suyo, su cara descompuesta en placer y en terror al ser poseído por él. Podía imaginar los gemidos del Omega al sentir su pene golpeando con fuerza su útero, ver cómo rogaba por su semen y sentir cada gota del mismo. Iba a romperlo y a darle el honor de ser tomado por alguien tan poderoso como él, pobre e inocente tigre. Si tenía suerte, quizás lo dejaría vivo.


Pero primero debía obtener la oportunidad perfecta para acorralar a ese omega, sabía que intentaría huir como todos los demás. Soltó una risa macabra al recordar todos los omegas que había masacrado, los pobres siempre intentaban huir y cuando no lograban conseguirlo intentaban darle lastima de cualquier forma posible. Que seres tan débiles, sentía pena por ellos. Pero no eran más que juguetes para su mero entretenimiento.


El tigre omega que acababa de encontrar no sería la excepción.


Vaya que disfrutaría perseguir al pequeño felino.


»


Un escalofrío recorrió la columna vertebral de Itadori, sentía que algo estaba mal. Pero por más que buscaba a su alrededor no lograba encontrar nada, incluso en su forma de tigre se sentía inseguro.


El pelo de su espalda se erizaba por la amenaza que sentía presente en el aire, estaba a la defensiva. Caminaba de manera lenta, buscando no hacer ruido al caminar. Tenía la sensación de que había alguien detrás de él, no podía confiarse solo en su vista.


Tenía que comprobar su teoría, debía saber si su paranoia realmente tenía una justificación. No iba a darle el gusto a quien sea que lo estuviera persiguiendo de dejarse someter, el era Itadori Yuuji. Un tigre omega, al que no le importaba quien se le pusiera enfrente porque lucharia con dientes y garras hasta el último segundo.


Decidió dirigirse hacía los pastizales, pero buscando la sección más seca. Aquella que contenía una vegetación amarilla y naranja, sería perfecta para camuflarse. Las rayas de su piel y su pelo naranja le servirían perfectamente para mezclarse con el ambiente. Ahí podría ver qué clase de amenaza lo acechaba.


El pastizal era enorme, grandes praderas de vegetación seca se extendían frente a la vista del Omega. Había unos cuantos árboles, algunos matorrales y piedras enormes que le podrían servir para esconderse.


Con la mayor delicadeza posible, decidió adentrarse a la maleza buscando un matorral grande para meterse en él y esconderse. Logró encontrar uno, sin perder tiempo se metió ahí. No era un tigre muy grande, así que logró meter todo su cuerpo dentro del matorral.


— Maldición, nunca me he enfrentado a un alfa.— El Omega sabía que estaba en desventaja.


Estaba atento a todo a su alrededor, no planeaba transformarse en humano nuevamente hasta estar seguro de que la amenaza se había ido. Sabía que lo único para lo que un alfa querría a alguien como él era para poseerlo, había visto omegas que habían sido abusados sin piedad por alfas.


Por eso mismo estaba en ese momento listo para matar a cualquier amenaza que se acercará.


Lo que no esperaba era ver a un hombre desconocido en medio del pastizal viendo exactamente hacia donde él estaba. Era jodidamente fornido, tenía líneas negras en su cuerpo que resaltaban sus músculos, y esos ojos carmesí inyectados en sangre le veían dándole un solo mensaje.


«Eres mi presa.»


Un rugido salió de lo más profundo de la garganta de Yuuji. No iba a dejar que rompieran su dignidad o su cuerpo, antes muerto que dejarse hacer algo. Una escalofriante sonrisa se hizo presente en el rostro del tipo frente a él al mismo tiempo que una sombra se hacía presente sobre su mirada.


-— Vaya, el gatito tiene garras.— La manera exquisita en la que esa grave voz tocó sus oídos aturdió a Yuuji por un segundo.


Movió la cabeza rápidamente buscando alejar cualquier distracción que le diera ventaja al enemigo. Mostró sus dientes en señal de amenaza, no iba a dejarse acobardar por ese alfa.


— ¿Qué pasa, pequeñito? ¿Acaso me tienes miedo?— Una ronca risa nació desde lo más profundo del pecho del tigre alfa. — Porque deberías tenerlo.


No pasó ni un segundo de que había dicho esas palabras antes de que el alfa se transformara en un enorme tigre de 3 metros de largo. Era la encarnación total de una verdadera bestia, una máquina de matar.


Terror puro fue lo recorrió las venas del omega, no tendría una oportunidad contra el otro tigre en una lucha. Lo único que podía hacer era huir, era un suicidio quedarse a combatir contra el tigre frente a él.


Pero no esperó que el alfa fuera tan jodidamente rápido, no le dió tiempo de salir del matorral antes de sentir como el otro le empujaba fuera forzandolo a salir.


Cayó de lado, desubicado por un segundo hasta que sintió al otro tigre colocarse encima de él. Intentó escabullirse pero fue inútil cuando sintió como el peso corporal del otro tigre lo mantenía atrapado entre su cuerpo y el suelo.


— Mierda, mierda. Si consigue darme la vuelta, la batalla habrá acabado para mí.—


Yuuji estaba consciente de que darle la espalda a un alfa era lo peor que podía hacer un omega, la nuca era un punto sumamente débil para ellos. Si el tigre encima de él mordía su nuca, lo obligaría a someterse e incluso podía marcarlo como su hembra sin su consentimiento.


Por suerte Yuuji seguía de lado siendo apresado por el cuerpo del tigre encima se él, pero se tensó al sentir como el peso encima de él empezaba a disminuir. El alfa estaba listo para darle la vuelta al Omega para someterlo ante él, había logrado su cometido.


— Patético.— Pensó Sukuna pensando que ya había dominado al omega.


Hasta que sintió un zarpazo en su rostro, las garras del tigre más pequeño debajo de él le hicieron unas largas líneas rojas en la cara. Le había metido un buen golpe clavandole las garras, Sukuna se quedó quieto tres segundos analizando la situación.


El omega planeaba escapar después de haberle hecho eso al alfa, pero un golpe dado por una de las patas del alfa lo mando a volar unos metros. El Omega se recompuso de inmediato pero se encogió un poco sobre si mismo cuando sintió dolor en un costado, había recibido mucho daño en ese golpe.


El tigre mayor se abalanzó sobre él, metiéndole certeros golpes que Yuuji no era capaz de esquivar. Aún así, el tigre más joven no se daba por vencido, seguía intentando huir en cualquier mínima oportunidad.


El pequeño tigre se defendía con todo lo que podía, clavaba sus garras cada que golpeaba al alfa, mordía cualquier extremidad que tenía al alcance, pateaba con las patas traseras buscando quitarse de encima al tigre. Todo era válido en busca de liberarse de aquel monstruo.


Obviamente el alfa no estaba de brazos cruzados dejando que el Omega hiciera lo que quisiera, es cierto que pensaba que el tigre se iba a someter rápidamente a él. Pero era mucho más divertido romper ese espíritu de lucha, solo tenía que dejarlo inconsciente y llevárselo para tenerlo a su total merced.


Cansado de que el Omega se resistiera, decidió asfixiarlo. El tigre más joven se encontraba boca abajo del más grande dándole pelea, las poderosas mandíbulas de Sukuna se cerraron sobre la garganta de Itadori sin llegar a romper la carne pero si para cortar el suministro de aire.


El tigre se retorcía debajo del más grande, buscando liberarse de aquellas mandíbulas que no lo dejaban respirar, se le estaba acabando el oxígeno y no era capaz de liberarse del tigre. Intentaba hacer de todo en su desesperación absoluta, pero tarde comprendió que no serviría de nada. Nunca tuvo una oportunidad contra ese tigre.


Aún asi, aunque sintiera la bruma de la inconsciencia cada vez más cerca Yuuji no dejaba de luchar. No le estaba dejando la tarea fácil a Sukuna, quien estaba francamente sorprendido de la resistencia que estaba poniendo un simple omega ante él. Era la primera vez que alguien no se doblegaba ante él.


— Planeaba matarte, pero parece ser que tendré mucha diversión contigo.— Fueron los pensamientos que cruzaron la cabeza de Sukuna al observar al pequeño tigre debajo de él.


Finalmente, Yuuji no fue capaz de seguir poniendo resistencia. Su visión cada vez se oscurecia más, lo único que logró ver antes de perder la consciencia fue al alfa transformarse de nuevo en hombre.


Sin ser capaz de hacer más, el Omega cayó en la negrura de la inconsciencia.