Capítulo 1
Los deslumbrantes pero a la vez fastidiosos rayos del sol se filtraban lentamente entre las cortinas de la ventana, bañando gradualmente el rostro de un joven de cabello rubio que yacía profundamente dormido en la tranquilidad de su acogedora cama. Sin embargo, su paz se vio abruptamente interrumpida por el estridente grito de Tsunade.
— ¡MALDITA SEA! —exclamó con furia contenida—. ¿Cuántas veces tengo que gritar para que levantes tu trasero de la cama, Naruto? ¡Apúrate! Que se te hace tarde.
El rubio dio un respingo en la cama por el susto, aunque no le sorprendía en absoluto, pues sabía que cada día comenzaba de la misma manera gracias a la explosiva personalidad de Tsunade.
— ¡BUENO, BUENO! YA VOY ... vieja amargada —murmuró para sí mismo, con un tono de voz más bajo.
Se levantó con renuencia, lavó su rostro para despertarse un poco y luego se dirigió a la ducha. No sabía exactamente qué sentía en ese preciso momento ante el inicio del nuevo ciclo escolar, pero era una mezcla de emoción y fastidio. La emoción provenía de reunirse con sus amigos, mientras que el fastidio estaba relacionado con las aburridas clases y tareas, y, sobre todo, los maestros que parecían estar diseñados para hacerle la vida imposible. Naruto los consideraba una molestia y solía gastarles bromas, a pesar de que esto afectaba sus calificaciones. Sin embargo, asistía a la escuela por obligación y para agradecer a sus abuelos, Tsunade y Jiraiya, por cuidar de él después de todo lo que había pasado. Por lo tanto, se esforzaba para no reprobar ninguna materia, aunque su naturaleza conformista lo conformara con calificaciones promedio.
Al salir de la ducha, contempló su esbelto cuerpo en el espejo mientras se cubría con una pequeña toalla, y luego se vistió con el uniforme que tanto detestaba: pantalones gris oscuro, camisa blanca, chaleco azul marino con la insignia de la escuela y una corbata a juego.
Bajó las escaleras, buscando a Tsunade y Jiraiya, aunque este último ya estaba en el trabajo. Solo encontró a Tsunade, quien lo esperaba para desayunar.
— Buenos días, vieja Tsunade —saludó con una sonrisa.
— Buenos dí.... ESPERA ¿¡CÓMO FUE QUE ME LLAMASTE!? ¿¡QUÉ TE HE DICHO!? —agarró la escoba que tenía a su lado
— AAAHHHH CON LA ESCOBA NOOOOOO —trató de defenderse a medias con sus propias manos el rostro— ¿S-sabes qué? No voy a desayunar, ya se me... tarde. Si.. tarde... e-entonces ya me voy a... la escuela. CHAUUUU —agarró su mochila y salió corriendo como si de eso dependiese su vida (aunque así lo era), mientras hacía caso omiso a los gritos de la rubia
Finalmente, logró alejarse lo suficiente para sentirse aliviado de evitar un ataque de Tsunade, pero no pudo evitar la sensación de hambre que lo embargaba al no haber desayunado. Sin embargo, encontró una solución para su hambre: Ichiraku Ramen.
***
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, caminaba un apuesto joven de cabello negro azabache y profundos ojos oscuros: Sasuke Uchiha. Aunque su apariencia podría desmayar a cualquiera, su rostro mostraba evidentes signos de enojo. ¿La razón? Había sido despertado abruptamente por su hermano Itachi, quien le informó que tenía solo diez minutos para llegar a su nuevo trabajo en el primer día, lo que le garantizaba llegar tarde.
Sasuke salió de la cama con los nervios a flor de piel y ni siquiera tuvo tiempo para ducharse adecuadamente. Cuando finalmente salió de casa, miró el reloj cerca de la puerta y se dio cuenta de que tenía una hora completa antes de su hora de trabajo. Mientras Itachi se reía a carcajadas, Sasuke lo miraba con furia.
Ya “arreglado” con pantalones de tela negra, brillantes zapatos de cuero negro, una camisa blanca de manga corta y una corbata roja (sin mencionar que había olvidado el chaleco azul marino con la insignia de la escuela), Sasuke se dirigió rápidamente a su trabajo.
Sin embargo, su enojo no se calmaba, y todo debido a la jugarreta de Itachi. Además, no había tenido tiempo de desayunar, ya que pocos restaurantes estaban abiertos a esa hora temprana, y ninguno le apetecía. Sin embargo, optó por entrar al próximo restaurante que encontrara, y ese lugar era Ichiraku Ramen.
— Hmm ¿Pero qué tenemos aquí? —sonrió con diversión y malicia a la vez—
Sasuke parpadeó, sorprendido por la cercanía repentina del rubio. Estaba a punto de decir algo cuando el rubio continuó su juego.
— Disculpa, no quise molestarte —dijo Sasuke con un leve sonrojo en sus mejillas—
— No es molestia~ —dijo Naruto con tono picante mientras se alejaba— Dando por hecho que me estabas viendo desde hace rato, pensé que necesitaba algo. —dijo mientras veía cómo el señor del puesto les servía a los dos un plato de ramen—
— Ah p-perdona —dijo comenzando a degustar su comida— Solo me preguntaba el por qué alguien estaría por aquí tan temprano.
— ¿Acaso no puedo? —preguntó levantando una ceja mientras—
— Solo preguntaba, exagerado —dijo en un susurro lo último, que no escuchó el contrario—
— Bueno, me sacaron de mi casa a escobazos así que no pude desayunar y .... tengo que ir a la escuela de Konoha —dijo mientras terminaba su comida—
Sasuke se sorprendió al enterarse de que el rubio también iba a la misma escuela que él. Estaba a punto de decir algo cuando el rubio se levantó y corrió fuera del restaurante.
— Ohhh —dijo Naruto viendo su reloj invisible de su muñeca derecha fingiendo sorpresa— Disculpa, pero ya debo irme, que se me hace tarde y no quiero problemas en la escuela, mucho gusto y adiós. —dijo aguantándose la risa y salió corriendo a la velocidad de la luz—
— Adiós —murmuró, absorto en sus pensamientos cuando—
— Aquí está la cuenta de ambos —dijo el señor que atendía el puesto de Ichiraku— tendrás que pagar igual la de tu amigo rubio, ya que se fue sin pagar.
— Qué — El sistema de windows de Sasuke ha dejado de funcionar ¡¿QUÉ?!
— Ese maldito dobe me las va a pagar —dijo planeando una venganza con una sonrisa sádica. Ahora comprendía el por qué ese rubio malcriado se estaba riendo un poco antes de irse, pero nadie se metía con el Uchiha, y eso se lo iba a dejar en claro, ya que después de todo iban a ir a la misma escuela.
Mientras que Naruto sintió un escalofrío mientras iba de camino a su destino.
En fin, Sasuke terminó pagando los 11 platos de ramen, 10 de Naruto y 1 de Sasuke. Como dicen, las apariencias engañan, y la de aquel rubio era definitivamente un demonio disfrazado de ángel.
Mientras maldecía al rubio, Sasuke iba de camino a la escuela ya algo retrasado.
Mientras tanto, Naruto caminaba felizmente hacia la escuela, sin sospechar que su encuentro con Sasuke en el restaurante Ichiraku Ramen cambiaría su vida de manera inesperada, y le costaría muy caro.
Justo cuando estaba a punto de entrar a la escuela, sintió un leve toque en el hombro que lo hizo voltear. Era Kiba, su mejor amigo desde hace años, quien lo miraba con una sonrisa.
― ¡NARUTO! ¡Cuánto tiempo sin verte! -exclamó Kiba con una falsa lágrima de alegría brillando en sus ojos.
Naruto fingió estar ofendido y respondió:
― Pero si fuiste tú quien me dejó, elegiste a tus abuelos antes que a mí... desgraciado.
― ¿Cuántas veces debo decirte que no fue mi culpa? Fueron mis padres. ¡Reclámales a ellos y no a mí! Si dependiera de mí, preferiría estar aquí contigo. ―Kiba se apresuró a explicar
― Si como sea -murmuró.
― Y dime, ¿A qué se debe esa actitud tan feliz?
― Verás... le jugué una broma pesada a un COMPLETO desconocido. ―comentó orgulloso.
― ¡Oh, por Dios! ¿Y cómo fué? ―respondió con entusiasmo reflejado en sus ojos.
- Estaba comiendo en Ichiraku, se sentó al lado mío y comenzamos a hablar. Aproveché que estaba distraído e hice que pagará mi cuenta. ¡Pero lo mejor de todo es que me comí 10 platos enteros de ramen! ― explicó entusiasmado.
― ¡ESE ES MI MEJOR AMIGO! -exclamó con alegría y orgullo.
― Cállate Kiba, no hagas tanto escándalo.
― Sí, claro, ahora soy yo el escandaloso.
― Ignorando tu comentario, está broma es una de las mejores formes de dar inicio a clases. Estoy seguro de que nunca me cruzaré con ese tipo de nuevo en mi vida, así que ni siquiera podrá reclamarme la cuenta. ―se burló.
― Sí, también ignorando tu comentario y cambiando de tema, ¿Te enteraste del profesor nuevo?
― ¿Otro profesor? Mierda... ¿No tienen suficiente con todos esos amargados?
― No sé si fue un cambio, pero hay uno nuevo. Por cierto, entremos a clase, no vaya a ser que nos expulsen el primer día y luego me eches toda la culpa a mí ―advirtió Kiba, con tono juguetón.
― Sí, como si yo siempre hiciera de víctima ―respondió Naruto, fingiendo indignación.
Kiba soltó una risa y empujó a su amigo hacia la puerta del salón. Cuando entraron, fueron recibidos por sus compañeros: Chouji, Shikamaru, Neji, Lee y Shino.
Lee, con su característico entusiasmo, los saludó efusivamente.
― ¡Hola, chicos! Rato sin verlos -exclamó Lee, abrazando a cada uno de sus amigos.― ¡Este año le daremos con todo a nuestro poder de la juventud!
― Chicos, me hicieron tanta falta en mi miserable vida de mierda. -mencionó Naruto mientras los unía a todos en un abrazo-
― Pero qué fastidio... -murmuró Shikamaru, con su habitual tono desinteresado.
― Veo que para nada cambió tu actitud a pesar de las vacaciones, Shika -dijo burlonamente.
Shikamaru simplemente gruñó en respuesta.
― Y bien, ¿Alguien sabe algo del nuevo profesor? Los rumores dicen que lo cambiaron por el profesor de matemáticas. Por suerte o por desgracia, lo conoceremos pronto, ya que nuestra primera clase es con él ―comentó Chouji.
Naruto, con una sonrisa maliciosa, reveló sus planes.
― No lo sé, pero tengo planeada la “Tradicional Bienvenida” que le doy a los profesores nuevos -dijo, guiñando un ojo a sus amigos.
Lee lo miró con diversión.
― Ay, Naruto, ¿en todo este tiempo no maduraste? -preguntó.
Naruto aguardó pacientemente a que todos los estudiantes entraran al aula, esperando el momento perfecto para ejecutar su travesura. Había preparado meticulosamente el plan: colocar un borrador de pizarra lleno de tiza en la parte superior de la puerta, de modo que al abrirse, cayera y ensuciara el cabello del profesor. Observó con disimulo mientras los demás compañeros estaban absortos en sus propias conversaciones y distracciones, ajeno a sus intenciones.
― Ya casi... -susurró ansioso, con la adrenalina corriendo por sus venas. Faltaban apenas segundos para que diera inicio la clase y el nuevo profesor hiciera su entrada.
Finalmente, el sonido de pasos se acercaba, anunciando la llegada del docente. Naruto cambió repentinamente su expresión a una de inocencia, comenzando a jugar con su lápiz para no levantar sospechas. Entonces, la puerta se abrió y el profesor entró en el salón.
Naruto pudo ver en cámara lenta cómo el borrador de la pizarra caía en un intento de llevar a cabo su broma. Sin embargo, en lugar de provocar risas como esperaba, se sintió desconcertado al ver al profesor evitar hábilmente el objeto en su cabeza.
Esto no era parte del plan.
Tampoco era parte del plan que su maestro fuera la misma persona que se topó en Ichiraku.
― ¡MALDICIÓN! ¿¡OTRA VEZ!? Mierda... -exclamó Naruto, levantándose de su asiento con evidente frustración, mientras las miradas de sus compañeros se posaban sobre él.
El nuevo profesor solo respondió con una sonrisa maliciosa, aumentando el mal presentimiento de Naruto.