4
La respiración de Katsuki era agitada y el sudor corría por su cuerpo ya que avanzaba a toda velocidad por los pasillos del hospital, hacía unos minutos atrás estaba en su patrulla con Eijiro como un día normal, pero Todoroki lo había llamado diciéndole que Izuku estaba en el hospital y que debía ir lo más rápido posible. Ni siquiera lo dejó terminar cuando con sus explosiones emprendió camino al centro médico, mientras escuchaba como se alejaban los gritos del pelirrojo, preguntando que pasaba.
Tenía miedo, no sabía lo que se iba a encontrar al otro lado de la puerta en la que le habían indicado estaba su esposo, porque si, Katsuki e Izuku tenían casi 6 meses de matrimonio y aún estaban disfrutando de la felicidad de sus primeros meses de recién casados.
Con el tiempo el peliverde se había calmado en el aspecto de romperse huesos y demás, así que normalmente Katsuki no se preocupaba mucho porque Izuku se excediera en el trabajo, y no era llamado del hospital muy seguido, pero ahora que lo llamaran así de urgente era porque algo malo había pasado y él no se podía imaginar que había salido mal en su día.
Por la mañana todo fue normal tenían patrulla temprano, así que tomaron un rápido desayuno, fueron a la agencia, se cambiaron sus trajes entre risas y se despidieron con un beso antes de separarse, Katsuki con Eijiro por un lado y Deku con Shoto por el otro.
Cuando abrió la puerta de golpe y varios pares de ojos se posaron sobre él, pero a Katsuki solo le importaba encontrar los verdes de su esposo. Y lo encontró.
Izuku estaba sentado sobre la camilla llorando pero al parecer en buen estado, no vio sangre ni moretones, excepto por solo una cosa, ¡era un niño de 4 años!.
—¡¿Deku?!—. Katsuki miraba el pequeño cuerpo de arriba a abajo horrorizado.
—¡Kacchan!—. El pequeño niño se había parado en la camilla rápidamente y extendía sus bracitos hacia él.
Y el rubio no lo pudo evitar y tomó al niño en sus brazos, era tan pequeño y liviano, su cuerpecito, sus pequeñas manos que se aferraban a su traje de héroe y sus cortas piernas que no lo alcanzaban a envolver.
Conocía a Deku desde que tenían esa edad, pero no recordaba lo pequeño que era ahora viendo su abismal diferencia de tamaños, era tan pequeñito que su mano cubría toda su espalda que temblaba con sus sollozos.
—¡¿Qué mierda significa esto?!—. Gritó haciendo saltar al pequeño en sus brazos y las otras tres personas se miraban las unas a las otras.
—Bueno…—. Empezó Uraraka algo incómoda.
—Izuku y yo estábamos en nuestra patrulla cuando fuimos llamados a ayudar en un asalto a una joyería—. Todoroki empezó a explicar la situación. —Cuando llegamos al lugar había un montón de niños y Uravity y otros héroes luchaban contra los delincuentes. Poco a poco controlamos la situación pero de la nada salió otro villano de algún escondite y bueno… Fue el que convirtió a Midoriya en un niño, al igual que a los trabajadores de la joyería—.
—¿Puedes arreglar esto?, por favor dime que puedes arreglar esto—. Masculló Katsuki mirando a Recovery girl, tratando de no sonar suplicante.
—Por suerte el quirk solo afecta a su cuerpo, su mente sigue siendo la de Midoriya de 22 años, pero lamentablemente no puedo hacer nada—. Dijo la mujer bajita.
—Shinso-kun se encuentra en el cuartel de policía en este momento, él le está sacando la mayor información al villano, solo debemos esperar—. Esta vez habló Uraraka.
Katsuki suspiró frustrado y se sentó en la camilla con Izuku aún es sus brazos, no podía soltar ese pequeño cuerpecito y aunque no quisiera al mirarlo con más detenimiento vio como estaba vestido con una especie de mono de un disfraz de All Might, no tenía idea de quien se lo había dado o puesto pero al rubio se le estaba derritiendo el corazón por lo adorable que se veía su esposo.
—Estoy bien Kacchan—. Dijo Izuku con su voz aguda y sus pequeñas manitos tomando sus mejillas. —Sigo siendo yo, pero estoy cansado y quiero irme a casa—. Su puchero era adorable Katsuki se lo quería morder.
—Lo se Deku, pero por ahora debemos esperar a ver que dice el idiota lavacerebros—. El pequeño asintió aún triste, pero se acomodó en su pecho mientras esperaban.
Por suerte no tuvieron que esperar mucho porque mientras hablaban de cómo habían sido arrestados los delincuentes y otras cosas el teléfono de Todoroki comenzó a sonar. El bicolor contestó y escuchó lo que le decía el chico de pelivioleta del otro lado, que al parecer no fue mucho porque después de lo que fueron un par de minutos cortó.
—¿Y bien?—. Preguntó Katsuki impaciente.
—No hay forma de revertirlo—. Silencio sepulcral.
El rubio sintió que algo se rompía dentro de él, ¿como que no había forma de revertirlo?, qué haría con un Deku de 4 años, que haría Deku de 4 años, no podría ser un héroe, no podría vivir su vida con normalidad, era pequeño y frágil, ya no podría hacerle el amor, no, eso no podía ser cierto no ahora que estaban juntos y felices.
Apretó al pecoso más fuerte contra su pecho.
—No hay forma de revertirlo, porque el efecto de quirk pasará en una semana—. Un fuerte suspiro se escuchó en la habitación.
—¡¿Eres idiota o que?!, como no se te ocurrió decir eso antes—. Katsuki se paró para golpear al bicolor.
—No, no ¡Kacchan basta!—. Izuku lo agarraba de la parte trasera de su traje parado en la camilla.
El pequeño Deku y su poca fuerza ni de cerca podían hacer que Katsuki detuviera su caminar pero aun así el rubio se detuvo apretando los dientes, el idiota mitad y mitad era un impedido emocional al que no le podía pedir tacto para decir las cosas.
—Shinso dijo que durante la semana irá creciendo hasta volver a la normalidad—. Terminó de decir Shoto.
Bueno, se suponía que eso era un alivio.
Izuku se encaramó como pudo de vuelta a su pecho por su cuerpo aferrándose a él con fuerza.
—Vamos a casa Kacchan—. Dijo bajito en su oído el pecoso, como se supone que le diría que no a esa carita.
—Supongo que no pueden hacer nada más por él aquí ¿ya me lo puedo llevar?—. La anciana asintió con pesar por no poder ayudar más a los chicos. —Bien, avísale a tu viejo que nos estamos tomando la semana—. Le dijo al bicolor.
Lo único que quería Katsuki era llevarse a Deku a casa, sin que nadie lo viera en ese estado, así que lo envolvió en una manta del hospital y salió de la habitación. Bajo por el ascensor y tomó rápidamente un taxi que los llevara hasta su apartamento, todo esto prácticamente sin descubrir el rostro del pecoso.
Al llegar a su hogar dejó a Izuku en el suelo para poder quitarse las botas, pero después de quitarlas y sacarle la manta de la cabeza se dio cuenta de que nuevas lágrimas corrían por su rostro.
—Hey, Izu bebé ¿qué pasa?¿por qué estás llorando de nuevo?—. Dijo sentándose en el suelo a su lado y limpiando su rostro con las manos.
—Es que…Es que se suponía que mañana era nuestro día libre y yo quería tener sexo hoy en la noche…Toda la noche, pero ahora ¡mírame!—. Gritó abriendo sus bracitos.
Katsuki tuvo que contener una risa, no era normal que un niñito que se veía así dijera ese tipo de cosas, osea entendía que la mente de Izuku estuviera normal y quisiera tener sexo, él también quería tener sexo, mucho sexo, pero su cuerpo era el de un niño de 4 años y nunca podría hacer algo asi en ese momento.
—Además, ahora tendremos que esperar una semana para hacerlo y créeme Kacchan no aguantaré—. Ahora el pequeño Deku lo miraba enojado porque ya no podía contener la risa. —Deja de reírte Kacchan—. Más pucheros y ojos de corderito lo hicieron estallar de risa.
—Bien, bien, es obvio que no podremos tener sexo, pero…—. Dijo elevando uno de sus dedos. —Eso no impedirá que nos relajemos estos días, así que ahora nos iremos a dar un baño y te cocinaré Katsudon—. Los ojos de Izuku brillaron. —Y cuando todo esto termine, tendremos el mejor sexo del mundo—. Terminó con una sonrisa triunfal.
—¡Sii!, sí quiero sí quiero, ¡Kacchan es el mejor!—. Gritó el pecoso tomándolo de las mejillas y atrayéndolo a un enérgico beso con su pequeña boquita. —Ahora llévame al baño Kacchan—. El peliverde elevó los brazos saltando, Katsuki lo llevaría donde quisiera si seguía comportándose tan adorable como en ese momento.