My little mate [Katsudeku]

Summary

Katsuki e Izuku son alfa y omega destinados, desafortunadamente son de grupos yakuzas diferentes y se llevan por 12 años. Aclaraciones -Los personajes no son míos son de Kohei Horikoshi -Esta historia es chicoxchico y +18 si a alguien no le gusta este contenido absténgase de leer -La historia se desarrolla en el mundo omegaverse

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Complete
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5
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n/a
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18+

Eres mi destino

Katsuki corría subiendo las escaleras de un gran edificio, su misión era llegar al último piso y encontrar al líder de la organización dueña del lugar, sin importarle ir dejando a su paso muerte y destrucción, con una pistola en su mano derecha y un cuchillo afilado en la otra mató a todos los que se atrevieron a enfrentarlo e intentar detenerlo.

Era de mucha ayuda que su equipo le hubiera abierto el paso para que pudiera por lo menos subir los primeros seis pisos sin mayor inconveniente, desde ahí hacia arriba se había visto en la obligación de matar a todos los imbéciles que portaban en sus ropas la insignia de un ángel sin cabeza.

Valhalla era un grupo más bien pequeño que controlaba un área a la periferia de Shibuya y sus hombres no eran especialmente fuertes más allá de la cabeza del grupo, que en ese momento se estaba enfrentando a su madre.

Y es que Katsuki era un alfa y con sus 18 años recién cumplidos era el heredero del grupo Bakudo, el más fuerte de Tokyo y uno de los más fuertes de Japón, su grupo controlaba a varias bandas más pequeñas y la gran mayoría de los negocios tanto limpios como sucios de Shibuya.

El gran dragón tatuado en su espalda era la prueba de que él era uno de los más fuerte de su grupo, no por nada su madre lo había entrenado desde que tenía 8 años, Katsuki sabía pelear en combates cuerpo a cuerpo, utilizar diversas armas como cuchillos, katanas, espadas, sais y la gran mayoría de armas japonesas, además de por supuesto su capacidad de intimidar, torturar y amenazar a cualquiera con tal de conseguir información necesaria o simplemente para castigar a algún topo.

Cuando tenía 14 y su primer rut terminó, empezó a ser asignado a diversos trabajos que lo habían curtido para que en esos momentos no le importara ya haber matado a unos cuantos en su camino.

Al rubio le hubiese gustado enfrentarse al líder de los Valhalla pero su madre era la cabeza de los Bakugo y hasta que él ascendiera solo le tocaba obedecer, y hasta donde sabía el tenía otra mision una mas importante que enfrentarse el idiota de las manos tatuadas.

Cuando Katsuki llegó al último piso y abrió la puerta de las escaleras que daban a un largo pasillo con varias habitaciones, estaba sudando y manchado de sangre, pero lleno de anticipación porque aún había cuatro sujetos en ese piso a los cuales debía eliminar, solo vestido con una camiseta sin mangas negra unos pantalones cargo y unas botas de combate sonrió maniaco.

—¡Ey imbéciles!, ¿porque no mejor de pelear con una puerta se enfrentan a mi e intentan sobrevivir?—. Dijo arrogante.

Los cuatro hombres que estaban intentando abrir una de las puertas voltearon a mirarlo y enfurecidos se lanzaron hacia el rubio, enseguida Katsuki sacó el cargador vacío de su pistola y sacando otro de uno de sus bolsillos del pantalón lo puso y disparó.

Los cuatro disparos seguidos dieron de lleno en dos de los hombres matándolos instantáneamente, mientras que los otros dos saltaron sobre él con cuchillos en las manos, Katsuki esquivo, se defendió y atacó como sabía hacerlo y después de de unos cuantos minutos los últimos dos hombres también estaban en el suelo.

Rodando los ojos por lo fácil que había sido paso por encima de ellos para llegar a la puerta donde estaban los bastardos antes, sin embargo uno de ellos se movió para desde el suelo enterrarle uno de sus cuchillos en la pierna, pero Katsuki se dio cuenta antes y de un solo disparo en la cabeza el hombre lo dejó tranquilo.

El rubio se miró la bota ahora cubierta de sangre como algunas áreas de su camiseta y brazos musculosos pero desnudos, odiaba la sangre, costaba demasiado quitarla de la ropa y su sensible nariz alfa la sentía tan fuerte que le provocaba náuseas, y en ese momento el aroma metálico era tan espeso que lo podía sentir en la boca a pesar de no tener él ninguna herida.

Katsuki avanzó hasta llegar a una enorme puerta que en medio tenía una A y una M entrelazadas y sacó de su bolsillo la tarjeta de acceso para la cerradura electrónica.

Respiró profundamente antes de abrir, no tenía idea de que se encontraría al otro lado de la puerta, pero el solo pensar que el líder estaba adentro eso le provocaba una sensación que pocas veces había sentido, una anticipación en el buen sentido y un pequeño grado de nerviosismo, no porque tuviera miedo, no él no tenía miedo era más bien nervios por conocer al hombre que tanto admiraba.

Al pasar la tarjeta por la cerradura la puerta se abrió inmediatamente y al entrar en el lugar se dio cuenta que era una enorme oficina pero que olía aún más fuerte a sangre. Paseó sus ojos por todos lados completamente alerta, cuando los vio.

Un alfa enorme, musculoso rubio de ojos azules estaba en el suelo con un agujero en su estómago que lo atravesada hasta el otro lado y en sus brazos una mujer omega un poco más gordita de pelo verde tenía la garganta cortada por completo, muerta. Ambos estaban sobre un enorme charco de su propia sangre.

—Hola Bakugo shonen—. Susurró el hombre mayor.

Katsuki trago duro, estaba impactado de encontrar a Yagi Toshinori el líder del grupo Midoriya a minutos de morir.

—All Might…—. El rubio se acercó lentamente, no había nadie más en ese lugar.

—Que bueno que llegaste antes de que muriera—. El hombre le dio una pequeña sonrisa. —Hay algunas cosas que necesito decirte—. Katsuki asintió aun en shock con la escena que tenía enfrente.

Es decir, el rubio había visto a muchas personas morir, él mismo había matado a muchas de ellas, había visto cosas horribles en algunos de los negocios que su grupo manejaba, pero ver al hombre que él creía más fuerte y que admiraba desde niño muriendo lo había dejado paralizado.

El grupo Midoriya era también un grupo fuerte, o bueno lo era hasta hacía unos dos años antes, dos años que llevaban recibiendo ataques de distintas bandas más pequeñas, y que poco los habían ido debilitando hasta llegar a este punto.

Desde siempre los grupos Bakugo y Midoriya eran rivales, luchaban por ver quienes controlaban que y cuando y donde, pero hacía poco más de un año ambos grupos habían logrado llegar a una especie de tregua, desde que el grupo Midoriya había ayudado a algunos de sus compañeros cuando estuvieron en problemas.

Katsuki no había participado en la reunión que tuvieron Mitsuki y Masaru con Yagi e Inko, pero por lo que le había dicho su madre era que el grupo Midoriya los ayudaría siempre que pudiera, con la única condición que cuando Yagi pidiera ayuda ellos acudiera. Yagi dijo que solo pediría ayuda una sola vez y con eso Mitsuki pensó que el trato les convenía y aceptó.

Por lo que ese día hacía poco más de una hora, uno de los hombres del grupo Midoriya había llegado hasta su casa cobrando el favor de su líder, junto con la tarjeta de acceso que sólo debía ser entregada a Katsuki. De inmediato el grupo Bakugo había desplegado todas sus fuerzas para ir en ayuda de All might.

—Escúchame bien Bakugo shonen—. El alfa mayor apenas y podía hablar. —Dentro de aquel closet está mi hijo—. Dijo apuntando a una pequeña puerta en una esquina. —Está vivo pero necesito que lo saques de aquí y que lo protejas, solo tú puedes hacerlo—. Katsuki frunció el ceño confundido.

—¿Qué?¿Yo?¿Por qué?—. Katsuki no entendía la solicitud del hombre, porque él tenía que cuidar de un mocoso, él no se llevaba bien con los mocosos. Pero el rubio mayor solo sonrió y siguió hablando.

—Izuku es un omega masculino—. Aquello llamó la atención de Katsuki. —Más bien en estos momentos es el único omega masculino que hay en todo Japón y es por eso que hemos estado recibiendo tantos ataques de otras bandas, ellos quieren llevárselo y hacer…y hacerle cosas horribles—. El hombre miró al suelo destrozado. —Confió en ti y solo en ti para que lo cuides, también dejé todo lo que poseo en esta cuenta a tu nombre para que Izuku tenga todo lo que necesita—. Dijo sacando una tarjeta ensangrentada de su pantalón. —Solo por favor… no dejes que el grupo AFO se lo lleve—. El hombre tosió sangre y ya casi ni respiraba.

—¿Po-por que yo?—. Katsuki se sentía como un estúpido niño tartamudeando en esos momentos, pero la realidad era que no estaba entendiendo nada.

—Pronto…lo sabrás—. Susurró con una sonrisa.

Con aquellas últimas palabras el hombre que en algún momento había sido el más fuerte de Japón y quizás el mundo moría frente a un joven que siempre lo había admirado.

Katsuki sintió como el nudo en su garganta no le dejaba pasar saliva y las lágrimas comenzaban a picar en sus ojos, pero apretando los puños y respirando para tratar de controlarse porque los Bakugo no lloraban, levantó la cabeza y habló.

—Lo haré, protegeré a tu hijo All Might, es una promesa—. Sabía que el hombre ya estaba muerto, pero esperaba que en el lugar en el que estuviera escuchara su promesa, porque la cumpliría.

De inmediato guardó la tarjeta y sus armas en sus bolsillos y se encaminó al armario, por lo que había escuchado, el hijo de All Might y heredero del grupo Midoriya era un niño aunque no estaba seguro de que edad tenía, pero sí tenía que sacarlo debía ser rápido.

Sin embargo al abrir la puerta y ver en su interior todo el mundo de Katsuki cambio tal cual lo conocía, junto con un hormigueo que lo recorriera por completo, y eso de que los Bakugo no lloraban se convertía en una completa mentira porque en ese momento, gruesas lágrimas caían de los ojos rojos de Katsuki al encontrarse con su compañero destinado.




En el suelo del diminuto closet, un pequeño peliverde con los ojos cerrados fuertemente se aferraba con sus dos manitas a un cuchillo mientras de su boca salían rápidos murmullos. Hacía menos de un minuto Katsuki le había hecho una promesa a All Might pero la realidad era que sin importar hubiera promesa de por medio o no él protegería a su compañero con su vida y si moría volvería de entre los muertos solo para seguir protegiéndolo, ahora entendía porque Yagi pidió que él fuera el que lo cuidara, porque no había nadie más en el mundo que quisiera que ese hermoso ser estuviera a salvo y feliz que Katsuki.

Su alfa interno podía sentir el miedo del niño con solo mirarlo y sin querer asustarlo más se limpió las lágrimas de la cara y habló suavemente.

—Hey pequeño—. Él mismo se sorprendió por lo suave y cariñosa que salió su voz.

En seguida el niño apretó más el cuchillo en sus manos y abrió los ojos asustado, pero al mirarlo Katsuki pudo ver la sorpresa en sus ojos, los ojos mas hermosos que Katsuki había visto en toda su puta vida, enormes y brillantes esmeraldas que reflejaban todo lo que el niño estaba sintiendo. El rubio podía sentir a su alfa caer de rodillas para darle todo lo que quisiera a ese hermoso omega.

—Tranquilo yo…

—No me harás daño—. No preguntó, afirmó sorprendiendo al alfa.

—No, no lo haré—. Confirmó Katsuki con una pequeña sonrisa agachándose a su lado y extendiendo su mano. —¿Por qué no me das eso y te saco de aquí pequeño?—. El niño asintió entregándole el cuchillo.

El rubio tomó el arma y la dejó en el suelo lo más lejos posible de su compañero y con manos temblorosas extendió los brazos para que este se acercara a él por su propia voluntad y poder tomarlo en brazos para sacarlo de ese lugar.

Al tomarlo Katsuki pudo sentir como el ojiverde que aún temblaba poco a poco se iba calmando sobre todo cuando recostó su pequeña cabeza en el hueco de su cuello para oler su aroma a madera quemada y suspiraba suavemente. Nunca en toda su vida su alfa interno se había sentido más tranquilo que en esos momentos con su compañero de vida en sus brazos a salvo y tranquilo, oliendo su suave aroma a dulces naranjas.

Ahora solo debía asegurarse de sacarlo con vida y que nada le pasara en medio de todas las peleas que se estaban llevando a cabo en el edificio y por ningún motivo que el niño viera a sus padres muertos al otro lado de la habitación.

Y como si el niño pudiera sentir que su ansiedad aumentaba se separó un poco de él y mirándolo a los ojos habló.

—Papá dijo que el chico rubio y yo debemos ir por el cuadro—. Dijo suavemente señalando un enorme cuadro del porte de una pequeña puerta.

Katsuki lo miró un tanto confundido, Yagi ya sabía que él llegaría y le había dicho a su hijo una forma fácil de huir, así que hizo caso y con una mano movió el cuadro que se abrió y reveló una angosta escalera, el rubio sonrió agradeciéndole al viejo All Might por haber pensado en todo.

Abrazando el pequeño cuerpo un poco más fuerte contra su pecho se metió a las escaleras y se aseguró de dejar el cuadro cerrado, no quería que nadie que pudiera llegar hasta allí supiera de esa salida ni los siguiera.

Mientras bajabas las angostas escaleras mando un rápido mensaje al grupo de chat que tenía con su equipo para que se juntaran donde habían dejado los autos lo más rápido posible.

Katsuki no sabía muy bien que hacer o qué decir, eso de que no se llevaba bien con los cachorros de su grupo era cierto, Kota era un tanto difícil de manejar, pero era entendible ya que el niño había perdido a sus padres hacía unos seis meses y como el pariente más cercano Kirishima lo estaba cuidando, era por eso que tenía que relacionarse con el niño mas seguido ahora.

Pero ahora con su compañero no era el momento de contarle todo a su pequeño y tampoco era el momento de tratar de conocerlo mejor así que liberando la mayor cantidad de feromonas calmantes bajo los 12 pisos y teniendo el mayor cuidado para que nadie los viera llegó hasta los autos que eran resguardados por otro de los equipos.

—¿Lo llevo a casa Bakugo-sama?—. Preguntó uno de los hombres abrió la puerta del auto.

—No, esperaré a mi equipo aquí—. Murmuró subiéndose al asiento trasero con el peliverde aún en sus brazos.

Katsuki soltó al aire que no sabía que estaba conteniendo una vez estuvieron envueltos en el silencio dentro del coche, lamentablemente así como él se sentía un poco más tranquilo habiendo sacado a su compañero del caos dentro del edificio, el niño comenzó a ponerse nervioso.

—Ey, pequeño todo está bien ahora estás a salvo—. Dijo suavemente acariciando su pequeña espalda que cabía casi completa en su mano.

El peliverde sentado en su regazo se separó de su cuello pero sin soltar su camiseta con sus manitos lo miró a los ojos.

—¿Dónde están mamá y papá?—.

Katsuki sintió como nuevamente el nudo se formaba en su garganta, sabía que debía contarle todo a su compañero, pero todo en su interior le decía que no le provocara ningún tipo de dolor, y el solo hecho de decirle que su padres estaban muertos ya era hacerle daño, y si pudiera retrasarlo hasta poder hacerlo en un lugar donde estuviera completamente a salvo lo haría.

—Te lo diré cuando lleguemos a mi casa—. El niño lo miraba con sus enormes ojos hermosos. —Por ahora háblame de ti, ¿Cómo te llamas?—. Mierda eso lo sabía, pero sí servía para distraerlo…

—Midoriya Izuku ¿y tú?—. Preguntó curioso ladeando su cabecita, siendo tan adorable que Katsuki lo único que quería era comérselo, pero no, no era el momento.

—Bakugo Katsuki—. El pecoso lo miró serió durante unos segundos.

—¿Kashushi?¿Kakuti?¿Ka-Kasu…

—Katsuki—. Dijo con una pequeña sonrisa, un poco más claro el rubio para que el niño le entendiera.

—Kacchan—. Dijo el peliverde con una hermosa sonrisa tomándolo por sorpresa. Ese era un apodo de cachorro.

—¿Kacchan?—. Preguntó Katsuki.

—Así llamo a mis amigos, a Shochan y Erichan—. Dijo enumerando a los otros niños con sus pequeños dedos.

El rubio pensó en decirle que no eran amigos, ellos eran compañeros eso era mucho más, bueno ser compañeros era ser todo para la otra persona, asi que talves tambien entraba ser amigos, por ahora lo dejaría estar y sería quien Izuku necesitara.

—¿Cuántos años tienes?—. Preguntó Katsuki.

—Esto—. Contestó el niño levantado seis dedos. —Pero en julio cumplo esto—. Subió un dedo más, haciendo reír al alfa. —¿Y tu Kacchan?—.

—Dieciocho—. Dijo simplemente pero los ojos del pecoso se agrandaron.

—Wow, Kacchan es tan grande, increíble—. Eso si saco una carcajada del alfa, las reacciones del omega eran tan genuinas.

Durante unos cuantos minutos más ambos siguieron conversando de cosas triviales, como que Izuku iba a su primer año de primaria y Katsuki esa primavera había salido de la preparatoria, de la que la comida favorita de Izuku era el katsudon mientras la de Katsuki era el curry muy picante, hasta que de la nada las tres puertas contrarias se abrieron y tres personas se subieron al auto con ellos, enseguida Izuku se pegó a él.

En el asiento del conductor su mano derecha en su equipo Eijiro Kirishima alfa volteo a mirarlo con una sonrisa de tiburón.

—Hey hermano—. Dijo en forma de saludo.

A su lado en el asiento del copiloto, su novia y futura compañera Mina Ashido una chica beta de pelo teñido de rosado y brillantes ojos dorados.

—Ya estamos aquí Bakubabes—. Dijo alegra la pelirrosa haciendo rodar los ojos del rubio por el apodo.

Y por último a su lado en el asiento trasero Denki Kaminari también un beta de su equipo, rubio de ojos ámbar lo miraba con una sonrisa.

—¿Quién es el cachorro Kats? —. Preguntó pero no era el momento de explicar, así que Katsuki lo ignoró.

—¿Los demás?—. Le preguntó al pelirrojo.

—Todos bien en el otro auto esperando instrucciones—. De inmediato Katsuki estuvo mucho más tranquilo, todo su equipo estaba bien.

En el otro auto debían estar Sero otro beta de pelo negro junto a Momo alfa y pareja de Kyoka que era omega la unica en su equipo.

—Vamos a casa—. Ordenó e intentó calmar a Izuku que se había puesto nervioso con los chicos que había subido al auto

Enseguida Eijiro encendió el motor mientras que Mina llamó a alguien del otro vehículo informándoles que los siguieran porque se iban a casa.

El trayecto hasta llegar a su hogar era un poco largo, la casa principal de el grupo Bakugo era una enorme casa estilo japonesa a las afuera del centro de la ciudad, la casa era tan antigua como lo era el grupo Bakugo pero contaba con todas las tecnologías y seguridad necesaria, era un lugar seguro.

Durante todo el camino Katsuki no dejo de acariciar los rizos de su compañero, en un acto más bien para relajarlos a ambos, pero iba completamente callado, pensando en cómo le daría la peor noticia a su omega, mientras esté poco a poco comenzaba a abrirse y a conversar en voz baja con Denki a su lado.

Cuando llegaron a casa el pelirrojo y el vehículo que los seguía se estacionaron en sus lugares asignados y sin decir una palabra todos se bajaron. Katsuki les dio una mirada rápida a todos sus compañeros de equipo, asegurándose de que nadie estuviera herido de gravedad, y así era algunos tenían uno que otro golpe pero nada de lo que tuviera que preocuparse. Todos lo miraban curiosos por el niño peliverde en sus brazos.

—Estén atentos a mi llamada, necesitamos hablar—. Dijo serio y todos asintieron.

Sin decir más se adentro por los pasillos que lo dirigían hasta el área que le corresponde a su equipo y llegó hasta la que era su habitación.

Su lugar era grande y espaciosos era un mini apartamento que sus padres le habían dado cuando cumplió 16 que constaba de dos áreas separadas por un hermoso biombo antiguo, en una estaba su dormitorio con su enorme cama y todo los muebles correspondientes junto a un baño completo y al otro lado una especie de sala de estar donde tenía un sofá de tres cuerpos frente a una tele con una consola y juegos, una mesa de centro y unas cuantas cosas más, era un lugar cómodo para él solo y derepente cuando su equipo pasaba el rato en la sala de estar.

—Cariño, todo está bien ahora estás a salvo—. Dijo el rubio dejando al pecoso en el sofá suavemente.

—¿Dónde estamos Kacchan?—. Preguntó el niño mirando todo a su alrededor.

—En mi habitación—.

—Woah tu habitación es muy bonita Kacchan—. Al mover su cabeza en todas las direcciones sus rizos se movían dulcemente. —Y huele taan bien—. Susurró un tanto sonrojado, mientras Katsuki se sentía orgulloso de que su lugar y su olor fuera del agrado de su omega. —¿Papá vendrá a buscarme aquí?—. Katsuki trago duro.

Él que se había enfrentado a decenas de hombre armados, había sentido la furia de su madre cuando estaba enojada, ahora se sentía como un cachorro nervioso frente a su compañero

—No, él no vendrá—. Dijo mordiéndose el labio.

—¿Qué?¿por qué?¿Y mamá?—. Preguntó enseguida Izuku, al mismo tiempo que su dulce aroma a naranjas se volvía agrio.

—Escucha… recuerdas que tu casa fue atacada hoy ¿no?—. El pecoso asintió. —Bueno, las personas malas que los atacaron les hicieron daño a tus padres—. Su corazón latía como si estuviera en una maratón y se estrujó con fuerza al ver los hermosos ojos de su compañero llenarse de lágrimas.

—Pe-pero tenemos que ayudarlos, Kacchan tiene que salvarlos como me salvó a mi—. Dijo mientras sus rojas mejillas llenas de pecas se manchaban con lágrimas.

Katsuki no pudo aguantar más ver a su omega sufriendo y lo volvió a tomar en sus brazos para que se sentara en sus piernas y tratar de calmarlo con sus feromonas, pero era un trabajo bastante difícil cual él también se estaba derrumbando al ser indirectamente el causante del dolor de su compañero.

—Lo siento bebé no puedo hacer eso—. Susurró sobre sus rizos abrazándolo mas fuerte.

—¿Papá y mamá murieron?—. A Katsuki le costó unos cuantos segundos poder responderle eso.

—Si, lo siento mucho bebé—. Sus ojos rojos le escocían y apenas podía hablar.

—Ahora estoy solo—. El pequeño había dicho eso tan bajo que el rubio casi se lo pierde.

—No, hey mírame—. Dijo tomando al pecoso de sus mejillas haciendo que el niño lo mirara directo a los ojos. —Nunca estarás solo, porque yo estoy contigo, desde hoy y para siempre yo soy tu familia, ¿lo entiendes?—.

—¿Kacchan será mi familia?—. Katsuki asintió.

—Si, para siempre. Puede que no lo entiendas en este momento pero nuestros caminos están entrelazados y estamos destinados a estar juntos sin importar que—. Katsuki besó suavemente la frente del niño en sus brazos. —Y yo siempre te protegeré de todo, para mi tu Izuku eres lo más importante—. El niño volvió a asentir.

Sin decir nada Izuku continuó llorando aferrado a la camiseta del rubio como si su vida dependiera de ello, mientras Katsuki solo podía consolarlo dejando que el pequeño llorara y pataleara todo lo que quisiera, y aunque no lo admitiera en voz alta ni frente a nadie también había dejado caer unas cuantas lágrimas.



Katsuki no sabe cuánto tiempo estuvieron los dos abrazados aferrándose el uno al otro mientras lloraban pero poco a poco el llanto de Izuku fue calmándose y cuando yo no lo escucho mas se dio cuenta que el pequeño se había quedado dormido después de tanto llorar.

El rubio podía sentir como tenía todos los músculos tensos y su alfa rugía por proteger a su omega, pero entendía que por lo menos ese día no podía hacer nada más por Izuku que acostarlo y dejarlo descansar el mayor tiempo posible.

Despacio y sin hacer movimientos bruscos llevó al pecoso hasta su cama y lo arropó con sus mantas llenas de su olor, esperando porque el niño estuviera cómodo y calentito hasta que él volviera, ya cuando tuvieran un poco más de tiempo podrían ir a alguna tienda de artículos para nidos y comprarle todo lo que quisiera para hacer un nido en su cama.

Mientras tanto se sentó a su lado acariciando sus cabellos y llenando aún más la habitación con sus tranquilas hormonas, hasta que sintió unos toques en su puerta y salió de inmediato para no despertar al omega.

Al salir se dio cuenta de que era Eijiro el que lo estaba esperando.

—Mitsuki-sama pide que estés en su oficina en media hora—. Katsuki asintió, era obvio que su madre querría hablar de todo lo que había pasado, y él debía contarle acerca de Izuku.

—Bien pero antes, necesito que llames a todo el equipo, debemos hablar ahora—.

De inmediato el pelirrojo llamó a todos los demás y en menos de cinco minutos, tenía a todo su equipo frente a él, listos y dispuestos para lo que necesitara Katsuki.

El rubio los miro a todos y cada uno, sabía que podía confiar en ellos con su vida lo habían comprobado en las diversas batallas y misiones que había enfrentado desde que todos tenían alrededor de los 16.

Esos seis chicos eran su equipo desde el primer trabajo que se le había asignado a Katsuki, pero también eran amigos desde que eran cachorros, todos hijos de la generación anterior del grupo Bakugo, habían crecido juntos, habían estudiado y luchado juntos, ellos eran su familia aunque nunca lo dijera en voz alta.

—Aquí nos tienes bro—. Dijo Eijiro con una sonrisa tranquilizadora.

—Si hermano, dinos qué es lo que sigue y lo haremos—. Ese era Sero que siempre se entusiasmaba con las nuevas misiones.

—Dinos que es lo que te preocupa Bakubabes y lo solucionaremos—.

—Como siempre—. Dijo kyoka con una pequeña sonrisa liberando feromonas para que el grupo estuviera tranquilo.

—¿Se trata del niño que trajiste?—. Esa era Momo por supuesto, después de Katsuki ella era la más inteligente del grupo. El rubio asintió.

—Si, tenemos una nueva misión y los necesito a todos—. Todos sonrieron listos para la siguiente batalla. —De ahora y hasta que destruyamos al grupo AFO nuestra máxima prioridad es proteger a Izuku Midoriya, el niño que traje conmigo es el hijo del fallecido Yagi Toshinori y mi omega destinado—.

En ese momento sus seis acompañantes hicieron una exclamación y lo llenaron de preguntas para entender la situación.