Prólogo: Booo!
Su nombre era Bo.
No, no Boo, como los malditos fantasmas.
Bo.
Bo era un nombre tonto, un nombre horrible, un nombre digno de burlas y merecedor del más salvaje y horrible bullying, pero no hacia el portador, hacia los desgraciados que decidieron ponérselo.
Sus padres.
Pero Bo no podía estar enojado con sus padres, ¡los malditos habían muerto protegiendo a sus hijos! No podía decir que sus padres eran unos hijos de perra por ponerle el nombre más estúpido del mundo, porque automáticamente se convertía en un bastardo desagradecido.
Tal vez en otros lugares Bo era un nombre genial y encantador, pero no donde vivía.
Sus padres quisieron ser geniales, probablemente pasaron horas en esas páginas de ¡Más de 1000 nombres geniales para bebés! Y eligieron ese porque si el apellido Ichinose ya era poco común donde vivían, el nombre de su hijo debía ser igual de exótico (o tal vez solo lo odiaban), pero ¿Sabes cuál habría sido un nombre mucho más genial que Bo? ¿Un nombre más genial que dos malditas letras? ¡Felipe!
¡Felipe es un nombre genial!
¡Carlos!
¡Ignacio!
¡Agustín!
¡Cualquier nombre que tenga más de dos malditas letras era más genial que Bo!
Bo.
¿Sabes cuantas veces sus maestros lo regañaron porque creían que bromeaba al presentarse? Una pista. Aun en su sexto semestre en la universidad sucedía.
Bo.
Con un nombre como Bo debías tener personalidad, ¡le quitaron el derecho de ser introvertido! Porque si se llamaba Bo y era tímido, lo asesinaban. La escuela primaria fue una masacre para Bo, no solo era el niño huérfano que se tenía que hacer cargo de su hermano menor en un país desconocido cuyo idioma le era imposible de entender. Tenía un nombre estúpido, una personalidad sumisa, y no podía lanzar bien un golpe.
Había sido un verdadero milagro que siguiera vivo para sexto año.
Había sido un milagro todavía más impresionante que la CCG no lo hubiera descubierto.
Pero si el nombre Bo era estúpido, su portador también lo era. Bo era escurridizo, era arriesgado y egocéntrico, y como cualquier idiota con un ego más grande que su nombre, disfrutó jugar al gato y al ratón.
Dejando innumerables pistas, porque obviamente él era ¡un criminal astuto! Y como un él era el gran Bo Ichinose nadie ni nada lo descubriría, ni atraparía.
Estaba equivocado.
Si había sido atrapado, pero no por los trajeados que poco a poco eliminaban a su especie, sino por el chico raro y tartamudo que olía casi igual a su madre.
La nostalgia es una perra, y la muy perra había hecho que Bo Ichinose decidiera cuidar a otra persona que no era su hermano.
Y ¡Oh dios que decisión tan estúpida había tomado!
¿Saben qué? Tal vez sí merece un poco de burlas y una pizca bullying.