Capitulo 0: Instituto.
— ¡Isbell! ¡Isbell, espérame!
Gritaba apresurado el más alto de los dos, mientras que su compañero le esperaba a media esquina del centro educativo.
El joven llegó, respirando agitadamente puesto que había corrido hasta llegar al lado de su amigo, hoy el rubio se había despertado más tarde de lo común y estuvo casi al punto de llegar tarde a clase. Si no fuera por uno de sus hermanos mayores que actualmente, estaban en el paro, y al haber notado la ausencia de Michael en el salón desayunando, se dió cuenta que éste aún dormía plácidamente en su habitación, abrazado a su almohada que estaba empapada de su propia baba.
— Última vez que te espero. – le espetó el pelinegro, claramente molesto. No quería que Michael tuviera la misma mala costumbre que William con llegar tarde a todos los sitios.
— ¡No seas tan amargado! Apenas son las 8:25 de la mañana, entramos a y media, no he llegado tan tarde. – Contestó, frunciendo el ceño mientras acompañaba al pelinegro hacia la puerta del instituto.
— Y aún así no has tenido el descaro de al menos peinarte, ¿Verdad?
El más joven calló, sí, bueno, entre tanta prisa no pudo ni siquiera atender a su cabello rubio, estaba jodidamente despeinado, parecía un maldito león de un zoo.
Jeffrey suspiró, tomando a Michael del brazo para entrar por fin al instituto, donde cada uno se iría por su lado puesto que Jeffrey era más mayor en cuanto a edad que Michael.
El día transcurría con tranquilidad, alguna que otra vez Michael y Jeffrey se reencontraban en los pasillos del centro educativo y se dedicaban miradas cómplices, tenían una muy buena amistad. Mientras que Jeffrey atendía sus clases con calma y era atento a estas, siendo un máquina en las matemáticas; Michael era el típico payaso de clase que busca hacer reír a todos y vacilar a los profesores. ¿Está de más decir que ya tiene más de una amonestación?
En hora del recreo, los dos amigos se juntaban con otros tres chicos, de más o menos su edad.
William, el mejor amigo de la infancia de Jeffrey. Saul, amigo y compañero de clase de Michael; Y finalmente Steven. Él no iba a ninguna clase con los chicos, tenía la mala suerte de haber acabado solo en una clase de locos. Era el más joven de los cinco, y iba a 1° de la ESO.
Ya os podríais imaginar qué tan peculiar es la clase de nuestro rubio pequeño.
Se juntaban en el rincón de un callejón, donde normalmente Jeffrey y Saul aprovechaban para fumar, puesto que no era permitido en el centro y debían andarse cin cuidado. Mientras Michael conversaba con los restantes, no podía no echarle un ojo a su amigo. Siempre le captó la atención, tenía una peculiar personalidad. Seria pero atenta, era un gruñón en toda regla, pero no sabía la razón del porqué.
Según el pelirrojo, él siempre había sido así desde que lo conoció en primaria, Jeffrey nunca había tenido una mala vida, ni ha tenido la peor familia. Aunque sus padres se divorciaran cuando él apenas tenía ocho años, no afectó al chico en ningún concepto.
Mientras el rubio más alto se había quedado pensativo con la mirada fija en Izzy, ni se dió cuenta cuando el timbre había sonado, indicando que cada alumno tenía que volver a su respectiva clase.
Pestañeó varias veces, saliendo de su mundillo para volver a la realidad. Jeffrey ya había desaparecido, tenía una obsesión con llegar a tiempo a cada clase que ni él mismo la entendía. Le servía de consuelo que tenían clase prácticamente al lado, podría conversar con él.
Al llegar al pasillo que daba a su clase, vio a Jeffrey parado de espaldas contra la pared en el suelo, leyendo una hoja. El rubio, sin contener su curiosidad y queriendo hacerse ver como un graciosito, le quitó de las manos el papel, leyéndolo en voz alta.
— ¡“En 1914, tras el asesinato del archiduque de Austria-Hungría, se estalló el 28 de junio la primera guerra mun-”! ¿Qué? – Dejó de leer, leyendo ahora para sí mismo por lo bajo. Su mirada pasó a Jeffrey, quién se había levantado de mala gana y trataba de apartarle el papel.
— ¡Michael, dame eso!
— ¿Qué es esto? ¿Tienes examen o algo? – Preguntó, alzando el papel con el brazo sobre su cabeza, Jeffrey era algo más bajo que él y apenas llegaba.
— ¡Sí, joder! Dámelo, ahora. – Le miró de mala gana, esperando que el más alto le devolviera el papel.
Éste no hizo caso alguno, era divertido molestar al más mayor.
— ¡Venga, enano, cógelo!
Reía burlonamente el rubio, aún con el papel en alto mientras Jeffrey intentaba cogerlo, saltando y poniéndose de puntillas. Michael notó la cercanía de sus rostros, haciendo que un escalofrío recorriera su médula espinal. Al haberse desconcentrado, se sorprendió al sentir una patada fuerte en su trasero, haciendo que se inclinara levemente. Lo último que sintió fue vacío en su mano. Alzó la mirada, viendo al pelirrojo pavoneándose con gracia.
— Cuidado, jirafa. Te metes con Isbell y a la próxima despiertas con la mandíbula rota en un callejón. – Le gruñó con algo de molestia al rubio, entregándole la pertenencia a Izzy. Michael no pudo intercambiar otra palabra, puesto que justo el profesor de William y Jeffrey había llegado.
Desaparecieron por la puerta, dejando al rubio adolorido por... El trasero.
Michael se quedó las tres últimas horas de clase con ganas de hablar con su pelinegro, pero lamentablemente no logró reencontrarse con él, vaya lástima.
No todo fue mal, a la salida se reencontraron, aunque Steven debió irse antes puesto que su madre era la que le recogía, el chico se veía cansado, teniendo en cuenta su clase, era normal...
Michael acompañó al pelinegro hasta su casa, conversaban y hablaban sobre su día en clases: Marchó normal, nada fuera de lo común. Mientras el pelinegro tenía buen presentimiento de su nota final del examen, el rubio divagaba en su mente, absorto en sus pensamientos mientras observaba a su chico. Había algo, una chispa de curiosidad que tentaba al rubio a- acercarse más. A sentirlo cerca como antes.
es perfecto.
Pensaba McKagan, su respiración se entrecortaba con solo observarlo, ¿Desde cuando era tan lindo?
La cordura de Michael ya se mantenía en una línea, de momento no fina, seguía tensada, ¿Pero cuanto tiempo tardará en romperse?
Al llegar al hogar de Jeffrey, le sonrió, dejando sus manos en los bolsillos de sus pantalones, pretendiendo lucir relajado.
— Nos vemos mañana, Jeffrey.
— Nos vemos, pero ésta vez... No tardes. – Le sonrió juguetonamente.
— Ni lo haré, Jeff. Tienes mi palabra... – Le devolvió la sonrisa, hasta que el chico finalmente desapareció.
McKagan, con dudas en la cabeza, marchó a paso lento y relajado a su casa, aunque debería de llegar rápido si no quería que sus hermanos se comieran su comida.
¿Quién pensaría que ésto sería el principio de el fin?
𖤐⭒๋࣭ ⭑ .ᐟ ᡣ𐭩
¡Bueno, muchas gracias por leer! Apenas es la introducción y espero actualizar activamente, pero las clases me dejan algo agotado al final del día. Si os va gustando, por favor vayan apoyando la historia <3
Besos!