I
🍃Se mi novio🍃
《♡》
Mark Lee, un joven de 20 años, piel blanquecina, originario de Toronto-Canadá, cara pequeña, ojitos redondos y pequeños, nariz redondita, cejas bien pobladas y de una manera un tanto extraña, pero que se podría decir, encajaba perfectamente con su rostro. Sus cabellos eran rubios y ondulados, su cuerpo delgado y algo trabajado, sin exageraciones, tenía un trasero bonito, algo de lo que estaba orgulloso. No pasaba el metro sesenta y cinco, una pulga comparado a sus amigos y hermano menor, sí, su hermano menor había crecido mucho más que él, llegando a medir casi un metro con ochenta.
Cursaba ya su tercer ciclo de Lengua y Literatura, su más grande sueño era ser escritor de ciencia ficción y lucharía por ello a cómo de lugar, no le era muy difícil puesto que contaba con el apoyo de sus padres y amigos, nada podía ser más que perfecto para él, su vida estaba increíblemente balanceada y organizada.
Sus horarios se dividían en sus tareas, universidad, su trabajo de medio tiempo, escribir algunos borradores para sus próximas historias o actualizar las que ya tenía públicas, la hora de dormir, ver series, salir con sus amistades, entre otras cosas que podría hacer en la semana, aunque claro, había veces en las que se encontraba realmente hasta el tope con las cosas que tendría que hacer, pero no se quejaba, igual, estaba haciendo lo que le gustaba y disfrutaba cada etapa de sus estudios.
Pero no siempre estaba feliz, había veces que le daban esos bajones emocionales, en donde quería renunciar a todo por la presión que sin querer, él mismo se generaba.
—Mark, dice mamá que... Ou. —el menor de los Lee entró a la habitación de su mayor, encontrándolo profundamente dormido— Por lo menos deberías cambiarte, ¿Cómo puedes dormir con ese pantalón? —se quejó, mientras desabrochaba los pantalones de su hermano y lo acomodaba mejor en la cama— Ya estás viejo, Lee.
—Viejo tus calzones, mocoso. —el de cabellos rubios habló con la voz ronca y adormilada— ¿Qué es lo que mamá quiere?
—Quiere que bajes a desayunar. ¿Hoy no tienes clases?
—A las diez de la mañana. —respondió mientras se sentaba en medio de la cama y miraba a su menor.
—Son las nueve, pulga.
—Creo que mamá y papá te hicieron con más ganas y por eso te alimentaron mejor, entonces es así como llegaste a medir dos metros.
—Creo que el desvelarte demasiado afecta tu sistema, hyung. —ambos rieron. Jeno abandonó la habitación, para que su hermano pueda darse una ducha tranquila.
Mark se tardó diez minutos en salir del baño, se puso lo primero que encontró, unos pantalones jeans rasgados, un polo gris con unas letras debajo de un estampado simple y unas zapatillas blancas. Peinó un poco sus desordenados cabellos, se pasó un poco de bálsamo en los labios, metió su cargador y su celular a su mochila, se la puso al hombro y salió de su habitación para dirigirse a la cocina, donde sus progenitores y hermano ya comían.
—Mark, hijo, ¿Por qué no renuncias a tu trabajo? Sabes que tu madre y yo podemos apoyarte económicamente, no tenemos problemas con ello. Te estás sobreesforzando mucho y eso no me está gustando, llegas muy tarde a casa, estás cansado y si sigues así, lo más probable es que no rindas eficientemente en clases y eso te puede perjudicar. —dijo su padre un tanto preocupado.
—Tranquilo papá, no es como si me fuese a morir por trabajar medio tiempo, sé que tienen para apoyarme, pero yo también quiero ganarme algo de dinero por mi cuenta, no siempre quiero estar de mantenido.
—Hijo, has caso a tu padre, esto podría afectar en tus estudios. —insistió su madre.
—Déjalo. —su padre se metió— Te recuerdo que es tu hijo, y es muy terco, como tú.
—Y es muy perfeccionista, tal cual su padre.
—Pero de ninguno sacó la altura. —bromeó Jeno mientras se levantaba de la mesa e iba hacia la puerta— Bueno adiós, nos vemos más tarde.
— ¡Pequeño mocoso! ¡Ven aquí! —se puso de pie al igual que el menor, mientras agarraba el último pedazo de su sándwich y se tomaba la leche del vaso— ¡Nos vemos más tarde papá y mamá! ¡Los amo! —y salió sin más de su casa, siguiendo a su hermano menor— ¡Lee Jeno, ven aquí!
— ¡Eres muy lento Markkie! —se burló el menor. Al llegar a la parada de autobuses, el mayor le propinó un golpe —no muy fuerte— a su hermano, haciendo que ambos rieran a la par. Esperaron pacientemente a que el próximo autobús llegara, mientras tanto iban conversando sobre qué podrían hacer para poder comprarse un auto y así no tener que estar parados esperando por sabe Dios cuantos minutos un autobús lleno de gente y quien sabe, quizás algunos pervertidos que podrían llegar a arruinar sus días.
Pronto el tan ansiado autobús llegó y como imaginaron ambos Lee, este venía repleto de gente... Esperaban que por lo menos, haya un asiento disponible, para que uno se sentara sobre las piernas del otro. Subieron y el mayor de ambos pagó sus respectivos pasajes, buscaron un asiento disponible y casi al fondo pudieron hallar uno.
—Yo me siento y te cargo. —dijo Jeno— Ya sabes, eres más bajito y mas liviano. Ven, lleva mi mochila. —el menor se sentó, se retiró la mochila y se la pasó a su hermano, luego halo suavemente de la muñeca de Mark y lo hizo sentar sobre su regazo— Ni te molestes porque ambos sabemos que no ibas a alcanzar en las barandas, y que yo no iba a viajar cómodo parado. Es beneficio mutuo, hermanito.
—Cállate, mocoso.
—Así me amas hermano, así me amas. —se acomodaron mejor para que puedan viajar tranquilos y sin incomodidades. Les faltaba una calle para llegar a su universidad, así que se pusieron de pie para que puedan bajar rápido y no hagan esperar mucho a los demás pasajeros. Bajaron del autobús y se fueron agradeciendo al conductor. En la entrada cada quien se fue con sus respectivos grupos de amigos, acordando encontrarse en la hora de salida para poder regresar juntos a casa.
—Hola Markkie. —saludó un moreno— Te noto muy cansado... ¿Trabajaste anoche?
—Así es HaeChannie, pero es algo a lo que ya estoy acostumbrado. —sonrió deslumbrantemente.
—Por eso viniste con lo primero que encontraste en tu clóset. —más que pregunta, fue afirmación con un tono de voz algo obvia, el rubio sonrió mostrando los dientes y de manera inocente. Ambos caminaron juntos hacia el patio de la universidad, donde un grupo de chicos agarrando un cartel gigante los esperaban.
— Mark Lee. —hablaron todos al unísono— ¿Quieres ser novio de Nakamoto Yuta?
— ¿Qué? —preguntó Mark atónito. Para nadie era novedad que el precioso rubio tenga un enamoramiento por el bello nipón, digamos que Lee era un poco —muy— obvio con respecto a sus sentimientos. El pequeño canadiense tenía un corazón muy puro y transparente, tanto así que podías leer sus expresiones faciales y sus comportamientos de manera rápida y eficaz, no había mucho lío en resolver que era lo que el de piel de porcelana pensaba.
Así que, ahí estaba el de labios rosas y finos con el corazón latiendo a mil por hora, los ojitos abiertos y sus mejillas adornadas de un color rosa. Mark no lo podía creer, Yuta, su crush, estaba delante de él con un ramo de 12 rosas rojas. Sí, las había contado.
— ¿Qué dices Mark? ¿Quieres ser mi novio? —preguntó el japonés mirándolo a los ojos, quien no sabía que responder, literalmente estaba entumecido en su lugar, parecía ser una estatua.
—Y-yo... Tú... ¿No estabas con Si...
— ¡Di que sí! —insistieron los que sostenían el cartel, Mark sentía algo de presión. Una duda surgió en su cabeza, ¿El nipón no estaba saliendo con alguien?
—No rompas su corazoncito. —habló uno de los chicos que presenciaban la escena. Mark miró a su alrededor y se dio cuenta que no era él único sorprendido en el lugar. Y como no, si Yuta y Mark eran totalmente diferente.
El canadiense parecía derrochar un aura un tanto intimidante y muy madura, sin embargo, no era nada más que un solecito andante, entregando dulces y suaves sonrisas a la mayoría de personas en la universidad, ayudaba a los desconocidos, estaba al pendiente de que los estudiantes no arrojaran basura al piso, era un gran amante de los animales y te entregaba su confianza con tan sólo regalarle una tajada de sandía o una cajita de peperos. Caso contrario a Yuta, quien era un hielo andante, muy serio y distante con muchas personas, gente que no pertenecía a su círculo social, le importaban poco o nada, así de simple.
—Y-yo... —tantos ojos mirándolo lo hacían ponerse más nervioso aún, así que su respuesta no la pensó muy bien cuando la dio— Sí, sí quiero ser tu novio. —dijo mientras cerraba los ojos con fuerza por la vergüenza que en esos momentos recorría todo su pequeño cuerpo. Los estudiantes aplaudieron con alegría, otros con sorpresa y otros con duda.
Y la pregunta que más rondaba por la cabeza de muchos era... ¿Tan rápido había superado Yuta a SiCheng?
Es decir, hace tan sólo un año atrás el nipón andaba babeando por el de nacionalidad china, ambos tenían sentimientos mutuos por lo que no fue difícil el juntarse y formar una pareja, sin embargo, algunas discusiones y demasiadas malas actitudes, llevaron a que Dong rompiera la relación con el ahora pelinegro. Y eso tan sólo fue hace cinco meses. Por otro lado no les sorprendía mucho que Mark no esté al tanto de ello, puesto a que el lindo rubio mayormente estaba en su pequeño mundo.
Los rumores no se hicieron esperar, toda la universidad ya sabía sobre aquella reciente relación, algunos contentos, otros confundidos y algunos analizando y empezando a sacar teorías.
Al ser el chisme del momento, los rumores no tardaron mucho en llegar a los oídos de cierto pelinegro quien con el ceño fruncido comenzó a buscar al nipón y dejarle algunas cosas en claro.
—Yo digo que está usando a Markkie para darle celos a SiCheng. —Jeno escuchó decir a una de las muchachas que estaban comiendo en las escaleras— Pero no puedo afirmar nada... Es decir a veces te enamoras de la nada y simplemente quieres confesarte a esa persona antes de que sea demasiado tarde... Espero que sea eso y que Yuta no lastime a Mark. —la muchacha soltó un suspiro— No puedo ser cercana a Lee, pero me dolería mucho verlo con el corazón roto. Por otro lado Daniel, al ser su mejor amigo la pasaría igual de mal.
—Tranquila JiHyo, no creo que mi primo sea ese tipo de persona.
— ¿Tú crees, Sana? —la japonesa asintió segura.
—Sí... Estoy segura. —esta vez su voz sonó dudosa. Jeno sintió la sangre hervir por sus venas y caminó al salón del japonés mucho más furioso que antes. Lo encontró allí hablando con sus amigos muy tranquilamente.
— ¡Nakamoto Yuta! —llamó cuando estuvo en medio del pasillo, llamando la atención de varios estudiantes quienes miraban la escena curiosos— ¿Cómo es eso de que le pediste a mi hermano ser tu pareja? —preguntó esta vez ya estando a lado del nipón.
—Así es, ahora somos cuñados, Jeno. —sonrió triunfante mirando al pelinegro— ¿Te molesta acaso? Porque yo a tu hermano lo noto muy feliz.
—Ni se te ocurra lastimarlo, Yuta, ni se te ocurra.
— ¿No crees que Mark ya está grande para este tipo de cosas? Es mayor que tú, Jeno. Si él me dijo que sí, es por algo ¿No crees?
—Quizás presión social, no lo sé, supongo que usaste a tu manada de estúpidos para que sostengan un puto cartel mientras tú sostenías un estúpido ramo de rosas para poder encantar a mi hermano. —los ojos de Lee parecían echar fuego— Para nadie es novedad el cómo puedes impresionar a Mark... Ya sabes Nakamoto, mas te vale no lastimarlo. —se dio media vuelta y caminó hacia el salón de su hermano— Por cierto, —giró el cuerpo para poder mirar al japonés— SiCheng te envía felicitaciones. —notó que el japonés se tensaba notoriamente, y antes de que se le tirara encima para golpearlo hasta el cansancio, siguió caminando hacia donde posiblemente encontraría a Mark.
Cuando llegó al salón de su hermano lo vio conversando alegremente con su mejor amigo, sus ojitos parecían botar estrellas y brillos. Su sonrisa era deslumbrante y Jeno temía hacer de ese solecito andante, una nube totalmente gris. Así que, dejando que su hermano este sonriente, fue a su salón, rogando a todos los cielos para que Mark no terminara lastimado y que en serio Nakamoto ame a su hermano, como merecía ser amado.