El cazador
Durante estás dos últimas semanas se dieron algunos sucesos extraños en la ciudad, algunas personas fueron encontradas sin vida de formas terroríficas ya que parecían no tener huellas de violencia o tortura.
La mayoría jóvenes hermosas sin alguna seña en particular más que dos pequeñas heridas en el cuello. ¿Vampiros? Algunos se preguntaban pero la idea era demasiado absurda, quizás solo era algún loco asesino en serie que dejaba un sello personal.
Mientras tanto, el joven Ciel Phantomhive regresaba al instituto Weston College después de las vacaciones de invierno, había pasado las fechas importantes en su solitaria mansión junto con sus sirvientes.
El joven de 18 años tenía buenas calificaciones y también era bueno en diferentes áreas de estudio, menos en el alemán pues siempre tenía problemas de pronunciación pero no le daba tanta importancia, se sentó en su dormitorio para acomodar su equipaje y notó un periódico en la comoda de su compañero de habitación, le dió curiosidad sobre los últimos acontecimientos en la ciudad y los extraños asesinatos reportados.
- ¿Que miedo no crees? - hablaba un jovencito rubio de lentes, su compañero de habitación había regresado por unos libros olvidados.
- Que tonterías, quién puede pensar que es un vampiro? Seguramente es un maniático que quiere llevar un patrón en su forma de cometer crímenes - respondía con burla el joven Phantomhive, pues la tonta idea de que existiera un ser sobrenatural en la ciudad le parecía absurdo.
Se colocó su uniforme rápidamente y en compañía de su compañero caminaron a una de las aulas de la escuela para poder tomar su primera clase, faltaba solo unos meses para poder graduarse y era importante poder seguir sacando buenas notas para llevar buenas recomendaciones, aunque alguien como él no las necesitaba, ya a su corta edad tenía el título de conde.
Uno de los profesores mas viejos del instituto los saludaba y pedía que tomarán asiento para darles una noticia.
- Buen día jóvenes, quiero que reciban de buena manera a su nuevo profesor de idiomas, el señor Sebastian Michaelis - el anciano extendió el brazo para hacer pasar a su colega, el nuevo profesor.
Aquel hombre alto y delgado con un porte muy elegante, entraba por la puerta con una leve sonrisa y unos lentes de lectura colgados en la solapa, no parecía un hombre muy mayor pues a simple vista podría decirse que tuviera unos 25 años no más.
Los alumnos saludaron como de costumbre ante la presencia de un nuevo profesor, el colega anciano se retiraba del aula para continuar con sus labores y aquel nuevo profesor se presentaba amablemente para dar seguimiento con la clase que tocaría.
Ciel no le dió importancia, tomó su portafolio y buscaba alguna de sus libretas para poder tomar nota, el salón se sentía frío pues alguien había dejado la ventana abierta. Uno de los jóvenes se levantó para cerrarla dejando pasar una ligera brisa de aire que corrió por la habitación.
Las fosas nasales del profesor se expandieron como si hubiera recibido un golpe de un extraño olor, se paralizó por unos segundos buscando la causa de ese aroma molesto para su olfato, no le costó mucho trabajo detectar de dónde provenía.
- Hey, usted el joven de parche en el ojo - levanto la voz con algo de irritación.
- ¿Si? Que necesita - Ciel le miraba extrañado pues no entendía el tono de voz del profesor.
- Necesito que lleve estos libros a la biblioteca y los acomode de favor, olvidé dejarlos - le acercó 5 libros pero manteniendo la distancia de alguna forma.
- Pero...aún no empieza la clase, puedo hacerlo después - le miraba extrañado.
- Ahora señor...como se llama? -
- Ciel, Ciel Phantomhive - desvío la mirada indiferente.
- Señor Phantomhive obedezca y haga lo que le dije -
El chico tomó los libros de mala gana y salió del salón, detestaba hacer mandados que pensaba que no le correspondía, además se preguntaba porque aquel profesor le miraba de una manera tan irritada como si no le agradará.
El profesor Michaelis había dejado unas actividades en el pizarrón y las indicaciones que necesitaban, se había retirado ya antes de que Ciel regresara al salón, nadie le tomo importancia pues muchos profesores hacían eso para no trabajar demás.
La tarde continúo de forma habitual sin ninguna novedad, para mala fortuna del joven Phantomhive le tocaba acomodar los libros de sus compañeros en la biblioteca, siempre se turnaban para que cada día alguien los regresará y no tuvieran inconveniente con su tutor.
- Genial, dos veces en la aburrida biblioteca, al menos a esta hora ya no hay nadie que pueda molestar y terminaré rápido - miraba sus libros en la mesa de madera y buscaba la pequeña escalera para acomodarlos.
Todo estaba en calma, no había ruido pues muchos ya estaban en sus habitaciones y los profesores en los dormitorios para docentes, así que no sentía prisa por terminar, era mejor que regresar su dormitorio y tener que lidiar con las pláticas de sus compañeros.
No le dió tiempo de pensar o gritar cuando sintió una fuerte mano sobre su boca, trataba de manotear o golpear al aire pues no lograba ver nada pero su pequeña muñeca era inmovilizada por una mano más grande.
Su respiración se agitó al no poder gritar y buscaba al causante de aquel ataque, no contaba con encontrarse con dos puntos rojizos frente a él, unos ojos con iris color rubí que le miraban fijamente con ansias.
- Nunca pensé que en mi larga existencia encontraría semejante presa, no sabes lo que tuve que soportar hoy en la mañana al detectar tu olor - Era el profesor Michaelis que le sujetaba con fuerza, pero no parecía humano, tenía una actitud diferente y agresiva.
Ciel miraba atemorizado, pero no le gustaba demostrar debilidad ante nadie, le miro fijamente con disgusto.
- Este maldito aroma que tienes, nunca había conocido este aroma tan exquisito de sangre, es una pena que será un aperitivo rápido - lentamente mostraba dos colmillos detrás de sus labios y olfateaba su cuello con insistencia.
Ciel no podía creerlo, era verdad, los rumores en el periódico sobre los asesinatos y las teorías de una criatura extraña vagando en la ciudad. Cómo pudo logro safarze del agarre en su boca.
- ¡Eres tú! El causante de las muertes extrañas, eres un maldito vampiro -
- Ho, vaya entonces no eres tan estúpido para reconocerlo, pero lamentablemente no podrás contarlo a nadie, no te preocupes será rápido y tendrás una muerte fugaz aunque no garantizó que no te duela - sonrió mostrando los colmillos listo para partir el cuello de su víctima.
El joven Phantomhive sabía que su muerte era segura, sentía el aliento de la bestia y los puntiagudos dientes sobre su piel, no, aún no quería morir.
- ¡Espera, espera! Detente, tengo una propuesta para ti - gritaba con fuerza.
La bestia le miro con curiosidad para tratar de adivinar que le diría, era estúpido que un humano buscará hacer algún arreglo para no morir.
- Habla, que tengo hambre...-
- Si me matas ahora te acabarás toda mi sangre en unos minutos y no estás seguro de poder conseguir alguien con el mismo "sabor" no? Eso dijiste hace poco -
- Si, pero eso que tiene que ver mocoso - le miraba ansioso.
-Si comes un poco... mi sangre se recuperará nuevamente en unas horas y al día siguiente podrías comer un poco más sin necesidad de matarme...es como si tuvieras la oportunidad de beber diariamente sin poder quedarte sin "suministros" -
La bestia le miraba con duda, si bien era cierto matarle al momento le quitaría el apetito y habría bebido la sangre más deliciosa que jamás hubiera probado pero ese sería quizás el único humano hasta ahora que tenía ese olor y sabor, cuándo llegaría a encontrar alguien igual? La idea no era mala, tendría la forma de saborear ese preciado líquido todos los días.
- Es interesante tu propuesta, quizás podría tomarlo en cuenta - aflojaba sus manos del agarre.
- Bien, pero suéltame me estás lastimando -
Sebastian soltó al joven y le acercó una de las sillas acojinadas de madera, él también se sentó enfrente suyo para poder llegar aún acuerdo.
- Tu idea es interesante, pero si acepto tendrás que alimentarme todos los días sin quejarte o en ese caso tendría que matarte, además de guardar el secreto de mi identidad - Sebastian sacaba sus lentes de lectura y los empezaba a limpiar con la tela de su camisa negra.
- Bien, pero...tengo una duda, no me voy a transformar en una cosa como tú ¿Verdad? -
El vampiro soltó una risita burlona como si eso le hubiera causado mucha gracia y colocándose sus lentes respondía.
- No, ya que solo beberé tu sangre no voy a inyectar mi veneno en tus venas así que no hay problema con eso, además es algo problemático el que alguien de mi especie pueda crear a otro igual -
Aún con temor e inseguridad el joven Phantomhive tenía que aceptar si quería mantener su vida intacta, no estaba convencido totalmente pero era inútil enfrentarse a ese ser extraño y asesino, no podía creer que estuviera sentado enfrente del autor de los crímenes recientes en la ciudad, aquel que dejaba seca a sus víctimas como un cascarón vacío, no quería ser una nota más en el periódico y al parecer su sangre era muy valiosa como para llegar firmar un acuerdo con tan horrible ser.