01
Una mañana como cualquier otra, Jimin despertó temprano. Debía salir a buscar empleo nuevamente. Un poco preocupado, se apresuró a salir hacia la oficina de empleos con la esperanza de encontrar un trabajo decente. El día anterior no había sido el mejor; lo habían despedido del único empleo digno que había conseguido desde que llegó a Seúl.
Vestido con ropa ajustada y sus gafas de sol, salió de su apartamento, no sin antes pasar rápidamente por la cocina para comer algo. Solo tomó un trozo de pan y un poco de café antes de marcharse a buscar trabajo.
Sin hacer ruido, se escabulló por los pasillos del edificio y, justo antes de pasar frente al apartamento del administrador, comenzó a caminar con sigilo. Al cruzar frente a la ventanilla, sonrió triunfante por haberlo evitado, pero al salir del edificio una voz inconfundible le taladró el oído.
—¡Park! Pronto será el día de pagar la renta. Espero que esta vez no haya excusas —dijo el señor Lee, el administrador del edificio.
—Señor Lee —respondió Jimin, sonriendo mientras se daba la vuelta. — No se preocupe, tendrá el pago a tiempo.
—Si no puedes pagar con dinero... también acepto otros tipos de pago, precioso —añadió el hombre, mirándolo de pies a cabeza.
Jimin se sintió incómodo y decidió seguir su camino, ignorando las palabras del administrador.
—Maldito viejo asqueroso... prefiero dormir en la calle antes que dormir con él. ¿Qué se ha creído que soy? —murmuró molesto mientras se dirigía a la agencia de empleos.
—¡Jiminie! —gritó Taehyung, llamando su atención.
—¡Tae! Qué gusto verte —respondió, abrazándolo con alegría. Era su mejor amigo.
—Jiminie, lo siento. Me enteré de que el señor MinHo te despidió.
—Ya encontraré otro trabajo. Ahora mismo voy a la agencia, espero que haya algo bueno.
—Si sé de algo te aviso... aunque ganarías más si trabajaras en el pub donde trabajo.
—Sabes que eso no es lo mío, no insistas, por favor.
—Cariño, sabes que encontrar algo decente en este lugar es difícil. Y si quieres un trabajo de oficina, te piden experiencia y estudios universitarios... y tú y yo no tenemos ninguno de los dos.
—Yo estaba estudiando en la universidad, pero después de que murió papá todo se complicó... y más por la deuda que dejó, que todavía sigo pagando.
—No sé cómo tu padre se metió en ese lío con los Tuan... son la maldita mafia.
—No lo sé, Tae. Afortunadamente no me molestan y solo mandan a Lisa a cobrar. Ella me agrada mucho.
—Ten cuidado con ella. Recuerda que es de la mafia, ellos no son de fiar.
—Lo sé, pero ella es diferente, Tae. Bueno, debo irme. Espero encontrar algo, porque si no... estaré en problemas.
—Suerte, Jiminie.
Jimin aceleró el paso para llegar rápido a la agencia, pero para su mala suerte el lugar estaba siendo investigado por colocar a menores de edad en sitios de dudosa reputación... y eso lo incluía a él.
Jimin solo tenía diecisiete años y, aunque ya le habían ofrecido ese tipo de empleos, siempre los rechazaba. Por eso solo conseguía trabajos mal pagados... pero al menos le permitían vivir con cierta dignidad.
—¿Qué demonios voy a hacer ahora? —dijo Jimin con frustración, dejando escapar un suspiro mientras permanecía sentado en la banqueta.
—¡Jimin-ah! ¿Qué haces ahí, pequeño? —preguntó Lisa al verlo solo en la acera.
—Lisa... qué gusto verte.
—Luces triste, Jiminie precioso. ¿Qué pasa contigo? ¿A dónde fue esa hermosa sonrisa? —dijo mientras se bajaba de su moto y se sentaba a su lado.
—Me despidieron ayer. MinHo descubrió que mentí sobre mi edad y no quiso problemas con la policía. No sé qué voy a hacer, Lisa... todavía tengo la deuda con tu jefe, y la renta también tendré que pagarla pronto.
Lisa lo miró con cierta lástima antes de responder.
—Cariño, sabes que el señor Tuan olvidaría tu deuda si pasaras la noche con él. ¿Por qué no lo haces y te quitas ese problema de encima?
Jimin negó de inmediato.
—No, Lisa. Sabes lo que pienso de eso. No quiero caer en ese mundo... solo quiero vivir decentemente, como todos los demás. No entiendo qué es lo que ven en mí para que todos quieran mi cuerpo. Ni siquiera soy la mitad de hermoso que tú.
Lisa soltó una pequeña risa.
—Gracias por el cumplido, pero tú, mi querido Minnie, estás ciego. ¿Cómo te atreves a menospreciarte de esa manera? Muchos darían lo que fuera por tenerte. Eres el chico más hermoso y talentoso que he visto en mi maldita vida... además, eres dulce y tienes un buen corazón.
Sonrió con cariño y lo abrazó para animarlo.
—Ven, cariño. Te invito a un buen desayuno. Estoy segura de que no has probado bocado hoy.
—No te molestes, estoy bien... —respondió Jimin, pero el fuerte ruido de su estómago lo traicionó.
Lisa levantó una ceja, divertida.
—Sí, claro... vamos, por favor. No quiero desayunar sola.
Jimin dudó unos segundos antes de rendirse.
—Está bien... te lo agradezco.
—Vamos. Te llevaré a uno de los lugares más importantes de Seúl... y quién sabe, quizá encuentre un trabajo para ti. Decente, desde luego.
—Gracias, Lisa —dijo Jimin, abrazándola con fuerza.
—Anda, cariño, sube a mi corcel y sujétate bien —añadió mientras le colocaba el casco.
Segundos después, Lisa condujo hasta Gangnam, una de las zonas más exclusivas de Seúl.Se detuvo frente a uno de los restaurantes más ostentosos y privados de la ciudad, un lugar al que solo podían entrar personas muy importantes... la mayoría de ellas vinculadas a organizaciones que nadie se atrevía a nombrar en voz alta.
El Hotel Sofí era considerado territorio neutral dentro del mundo de la mafia. En ese lugar todos podían hacer negocios con tranquilidad, y cualquier rivalidad entre organizaciones quedaba estrictamente prohibida dentro de sus instalaciones.
Su restaurante, uno de los más famosos de la ciudad, poseía cinco estrellas Michelin y estaba reservado únicamente para personas con un enorme poder adquisitivo... y para los líderes más importantes del bajo mundo.
Dentro del Sofí no existían enemigos, no existían bandos. Solo acuerdos, dinero y silencio.
— Alto ahí... a donde creen que van. Lisa, sabes que está prohibido gente ajena a las organizaciones. —dijo Sehun, cruzándose de brazos en la entrada.
—Por favor, solo por hoy... ¿puedes hacer una excepción? —respondió Lisa, dedicándole una sonrisa coqueta mientras se acercaba a él.
Sehun suspiró, mirándola de arriba abajo.
—Está bien, preciosa... solo porque eres tú. Pero ya sabes cuál es mi precio.
Lisa sonrió con picardía.
—Yo encantada de pagarte, cariño. Vendré por la noche a saldar mi deuda —susurró antes de inclinarse para besarle los labios.
Sehun soltó una risa baja mientras la veía alejarse.
—Algún día esto me va a meter en problemas... pero ese trasero vale la pena.
Lisa ignoró el comentario y tomó a Jimin del brazo.
—Vamos, precioso, es por aquí.
Lo guio por un enorme pasillo cubierto de mármol y luces elegantes. A cada paso, Jimin sentía las miradas clavarse sobre él. Algunos hombres lo observaban sin disimulo, como si evaluaran algo más que su presencia.
Jimin tragó saliva, incómodo.
—Lisa... no me siento cómodo aquí. La gente me mira como si quisiera comerme.
Lisa se detuvo de golpe y giró hacia el salón.
—¡Caballeros! —alzó la voz con firmeza. — Están incomodando a mi amigo. Será mejor que lo dejen en paz... o les saco los ojos.
El ambiente se tensó por un segundo, pero nadie respondió.Uno a uno, los hombres volvieron a sus conversaciones, como si nada hubiera pasado.
Jimin la miró sorprendido.
—¿En serio les sacarías los ojos?
Lisa se encogió de hombros, tranquila.
—Aquí no puedo... pero afuera es otra historia.
Jimin no supo si reír o asustarse más.
Minutos después, ambos estaban sentados en el restaurante, disfrutando del desayuno.El lugar era lujoso, silencioso y lleno de personas importantes que hablaban en voz baja.
Todo parecía tranquilo... hasta que, al otro lado del salón, el ruido de una pelea llamó la atención de todos.
—¡Estás despedida! —alzó la voz Yoongi, furioso.
—¡Me importa una mierda! Ya vendrás de rodillas a pedirme que regrese —respondió Jisoo, desafiante.
—Mocosa insolente... será mejor que salgas de aquí ahora —intervino Jin, entregándole un sobre con el pago de la semana.
Jisoo lo arrebató de sus manos.
—Infeliz... —murmuró antes de darse la vuelta y marcharse hecha una furia del hotel.
Yoongi se llevó la mano a la nuca, frustrado.
—¡Mierda! ¿Y ahora qué voy a hacer? Necesito una cantante para esta noche.
Jin suspiró.
—Yoongi... el señor Wang vendrá esta noche. Iba a decírtelo, pero te vi discutiendo.
Yoongi cerró los ojos con fastidio.
—Perfecto... lo que me faltaba. ¡Jin, busca a alguien, ahora! —ordenó mientras se frotaba la frente. — No puedo quedar mal hoy.
Lisa, que había escuchado todo desde su mesa, sonrió al ver la oportunidad.
—Esta es tu ocasión... la paga es buena —susurró a Jimin. — Espera aquí.
Se levantó rápidamente y caminó hacia ellos.
—¡Señor Min!
Yoongi levantó la vista y sonrió al verla.
—Lisa, preciosa, qué gusto verte. ¿Te están atendiendo bien?
—Sí, gracias. Todo está exquisito, como siempre. No pude evitar escuchar la discusión...
Yoongi suspiró con cansancio.
—Lo siento. Pero Jisoo, desde que está con Jeon, está insoportable.
Lisa abrió los ojos con sorpresa.
—¿Jisoo está con Jeon?
Aquello sí que no lo esperaba. No era el tipo de mujer que solía gustarle a Jeon Jungkook.
—Sí —respondió Yoongi. — Eso la volvió arrogante. Creía que podía hacer lo que quisiera.Pero aquí no manda ninguna organización... así que la despedí. Ya me tenía harto su actitud.
Lisa sonrió lentamente.
—Bueno... creo que tengo la solución a tu problema. ¿Ves a ese rubio que está allá?
Yoongi miró hacia donde señalaba.
—Sí... es muy hermoso.
—Es cantante. Y uno muy bueno. ¿Por qué no le das una oportunidad?
Yoongi dudó.
—No lo sé... sabes que los clientes son exigentes. Si no les gusta, estoy perdido.
Lisa se acercó más, sujetándolo suavemente de la corbata.
—Por favor, Yoongi, cariño... dale una oportunidad. Es mi amigo.
Se inclinó lo suficiente para rozar sus labios contra los de él, haciendo un adorable puchero.
Yoongi soltó una risa baja.
—Sabes que no puedo resistirme cuando haces eso... Está bien, cariño. Llámalo y haremos una prueba. Si me gusta cómo canta, se queda.
Le dio un beso suave en la mejilla.
—¡¡Gracias!! —dijo Lisa emocionada, robándole un beso rápido que lo dejó completamente quieto.
Sin perder tiempo, corrió de vuelta hacia la mesa.
Lisa llegó hasta Jimin con una sonrisa enorme, casi saltando de emoción.
—¡Vamos, Minnie! El señor Min va a darte una oportunidad —dijo Lisa, tirando de su brazo con entusiasmo.
Jimin apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de quedar frente a Yoongi.Un poco nervioso, hizo una reverencia respetuosa.
—Gracias por la oportunidad, señor Min.
Yoongi lo observó de arriba abajo, evaluándolo con calma.
—Sube al escenario... y veamos qué tienes. ¡Jin! Ven, vamos a hacer una prueba.
—¡Maldición, Yoongi, no estoy sordo! —respondió Jin mientras se acercaba. — Vaya... el chico es precioso. Kai, luces y música, por favor.
—¡Enseguida, jefe! —contestó Kai desde la cabina.
Yoongi se cruzó de brazos, sin dejar de mirar a Jimin.
—Este lugar es exclusivo, chico. Aquí no gusta cualquier música. Más te vale sorprenderme.
Jimin tragó saliva, pero se mantuvo firme.
—Si me lo permite... yo traje mi propia música. Es buena, lo prometo.
Yoongi alzó una ceja, divertido.
—Bien... pero no me hagas perder el tiempo. Empieza.
El salón quedó en silencio mientras Jimin subía al escenario. Las luces se atenuaron poco a poco, y todos los presentes giraron la vista hacia él, curiosos.
La melodía comenzó a sonar suavemente por los altavoces, diferente a todo lo que normalmente se escuchaba en el lugar.
Yoongi frunció el ceño al reconocer que no era jazz ni música clásica, como solían pedir los clientes.
—¿Qué canción es esa...? —murmuró.
Jimin respiró profundo, cerró los ojos un instante y acercó el micrófono a sus labios.
—Se llama Serendipity... —dijo con voz suave. — Espero que les guste.
La música continuó, delicada y envolvente.
Cuando empezó a cantar, su voz salió limpia, dulce y llena de emoción. El sonido se extendió por todo el restaurante, haciendo que poco a poco las conversaciones se apagaran.
Uno a uno, los clientes comenzaron a girar la cabeza hacia el escenario.
No era solo que cantara bien...había algo en él que obligaba a mirarlo.
Su voz era suave, casi hipnótica, pero al mismo tiempo tenía una fuerza extraña que llenaba el lugar sin necesidad de gritar.
Jin dejó de moverse y miró a Yoongi de reojo.
—...lo encontraste.
Yoongi no respondió.Estaba observando fijamente al chico sobre el escenario, con los brazos cruzados y el ceño ligeramente fruncido.
—Ese niño... no es normal.
Las luces caían sobre el cabello rubio de Jimin, dándole un aire casi irreal mientras seguía cantando Serendipity con los ojos entrecerrados, completamente concentrado.
Algunos hombres dejaron de hablar. Otros simplemente lo miraban fijamente, como si se hubieran olvidado de todo lo demás.
Lisa sonrió orgullosa desde su mesa.
—Te lo dije...
La canción llegó a su final, y la última nota quedó suspendida en el aire.
Silencio.
Durante unos segundos nadie dijo nada.
La reacción del público no tardó en llegar.
Algunos aplaudieron con entusiasmo, otros silbaron aprobando, y varios clientes importantes asintieron con evidente satisfacción.No era común que alguien nuevo causara ese efecto en el restaurante del Hotel Sofí.
Yoongi dejó escapar el aire lentamente, como si por fin pudiera relajarse.
—Bien... —murmuró. — Problema resuelto.
Luego miró de reojo a Lisa.
—Por cierto... ¿cuántos años tiene?
Lisa se quedó en silencio un segundo, como si no hubiera escuchado.
—Es joven... —respondió, restándole importancia.
Yoongi giró la cabeza lentamente hacia ella.
—Lisa...
Ella suspiró, sabiendo que no podía mentirle.
—Tiene diecisiete... Pero ya lo escuchaste, Yoongi. A ti te fascinó... y a ellos también.
Yoongi apretó la mandíbula y volvió la vista hacia el escenario, donde Jimin seguía de pie con el micrófono en la mano, esperando una respuesta.
—Es muy arriesgado... —murmuró. — No lo sé.
Lisa se acercó más, hablando en voz baja.
—Nadie tiene que saberlo. Solo canta, no está haciendo nada ilegal. Además, necesitas a alguien para esta noche... y lo sabes.
Yoongi no respondió de inmediato. Se quedó mirando al chico sobre el escenario, pensativo, como si estuviera calculando todas las consecuencias.
En el escenario, Jimin empezaba a ponerse nervioso. Podía verlos hablando, discutiendo... mirándolo de vez en cuando.
Apretó el micrófono entre sus manos.
Hasta que Yoongi descruzó los brazos.
—Jin.
—Sí.
—Se queda.
Jimin bajó lentamente el micrófono, sin saber si lo había hecho bien... hasta que escuchó la voz de Yoongi.
—Chico.
Jimin levantó la mirada, nervioso.
—Desde hoy... trabajas aquí.
Lisa dio un pequeño grito de emoción.
—¡¡Lo lograste, Minnie!!
El alivio lo golpeó de repente. Jimin no pudo evitar sonreír, visiblemente emocionado. Aún no habían hablado del pago, ni de las condiciones, ni de nada... pero tener trabajo ya era un alivio enorme.









Me encanta :) gracias por compartir la historia!