retrouvailles || mechoa

Summary

Guillermo Ochoa y Lionel Messi se han visto a la distancia desde su primer mundial jugado en el 2006, aunque ninguno de los dos había agarrado valor para entablar una conversación con el otro hasta Sudáfrica 2010, en donde se hicieron muy buenos amigos y varios sentimientos más surgieron además de eso; pero cuando Argentina eliminó a México en aquel mundial, ambos perdieron todo contacto hasta que el destino hace que ambos se reencuentren una vez más en Qatar 2022. ¿Qué pasará con estos dos? ¿Podrán confesar lo que sienten por el otro o callarán sus sentimientos otra vez?

Genre
Romance/Drama
Author
球迷
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

todo ha cambiado

Algunas personas sueñan con el éxito, otras hacen que suceda.

—Memo Ochoa


Johannesburgo, Sudáfrica

2010

Ser relegado a quedarse en el banquillo una vez más, no era la mejor decisión que había tomado Javier Aguirre, cosa que sabía muy bien Guillermo Ochoa. Y no es que Óscar Pérez no sea un buen portero -porque claro que lo es- sino que aún no sabía exactamente el motivo para el que lo habían convocado.

¿Será que «El Vasco» olo lo convocó para tragar moscas? Se quedaría con la duda, porque ganas de preguntarle le faltaban al joven mexicano.

Aunque sacándole el lado bueno al asunto, es que el juego no se veía tan mal desde donde él estaba. Esta era la ronda decisiva para ver si pasaban a cuartos de final, y tener por lo menos un poco de probabilidad de ganar la copa, aunque esa pequeña esperanza se iba desvaneciendo lentamente al pasar de los minutos.

Sin embargo, sus ojos captaron a uno de los jugadores más hábiles del equipo rival: Lionel Messi. No era la primera vez que lo veía, ni tampoco sería la última, pero desde la primera vez en la que se cruzaron en Alemania hace tan solo cuatro años atrás, nunca pudo dejar de verlo brillar en la cancha desde ese entonces. Primero en Alemania, luego en Venezuela y ahora aquí en Sudáfrica.

Y ahora con 24 años, los mismos sentimientos por el delantero argentino seguían ahí.

El medio tiempo había llegado y estaban 2-0 a favor de Argentina. Los jugadores de la selección mexicana se reunieron entonces en los vestidores para beber agua y retomar energías en los quince minutos de descanso que tenían.

Lo primero que llegó al olfato de Memo al entrar en los vestidores, fue el olor a violín de sus compañeros. No hizo mucho esfuerzo en ocultar su cara de asco, además solo estaba ahí para conversar con Chicharito, su mejor amigo.

Si fuera por él, se hubiera quedado en la banquilla.

Logró divisar a este último en una parte algo alejada de la habitación, así que decidió ir a conversar con él un poco. La charla entre ambos jugadores se sintió amena y entretenida hasta que se colocó sobre la mesa el tema de que Ochoa no había jugado en toda la fase de grupos ni un solo partido.

Javier entonces notó la decaída del animo en su amigo, podía ser muchas cosas, pero jamás un ciego.

—¿Venga fiera que tienes? —Cuestionó el 14 de la selección mexicana al portero de rizos marrones.

—Pues este wey, pinche director que no me deja entrar a porterear.

—Pues si Memo, pero ¿qué chingados puedo hacer yo wey?, exacto pinche idiota, nada —Dijo obviando la situación, sin dejar el lado el tono divertido. Quería animar al menos un poco a su mejor amigo.

—Yo se que no puedes hacer algo menso, pero es que no mames pinche coraje que hago con ese wey —Musitó con molestia, apretando sus puños.

—Bueno, bueno ya no esté agüitado compadre, oportunidades vienen y van —Habló Chicharito, antes de tocar el hombro de Memo— Para todo mal, mezcal; para todo bien, también —Recitó aquel famoso refrán, sacándole una pequeña sonrisa al de rizos.

Cuando el portero pensaba responderle, El Vasco los llamó a ambos dos, haciendo que se pararan y fueran a dónde estaba su director técnico. Tomarían los últimos minutos que quedaban del entretiempo para explicar una mejor estrategia de juego.

•••

El partido había finalizado, dejando a Argentina como el total ganador de este encuentro, pasando automáticamente a los cuartos de final. Y aunque Javier había anotado un gol en el minuto 71′, las esperanzas para ganarle a Argentina eran nulas en ese partido.

No quiso ir otra vez a los vestidores porque no quería estar rodeado de un aura triste, así que cuando la selección estaba a punto de irse al hotel en dónde se estaban hospedando en el país africano, Memo le dijo a Rafa Márquez, su capitán, que los alcanzaría más tarde en el hotel.

Se quedaría por un rato más en el estadio.

Cuando vio que todos los hinchas de ambos equipos se habían ya retirado por completo, comenzó a pasear por el estadio desolado. Era una forma que tenía él para relajarse y tomar un respiro desde hace muchos años, cosa que no podría hacer en el hotel con facilidad.

Entonces se sentó en una de las tantas gradas vacías, dirigiendo su vista hacia la cancha imaginándose que un partido estaba en curso en ese momento. Los gritos de los fanáticos fue lo primero que se le vino en mente, luego se idealizó a los jugadores pasando el balón de un lado a otro tratando de llegar a la portería contraria y así anotar un gol.

Pero su burbuja se rompió rápidamente al sentir como alguien se sentaba a su lado. Aquella persona lo había asustado horrible.

—Perdona si te asusté —Reconocía ese acento: Era argentino; ¿Qué hacía por ahí?— Pero, ¿Estás bien? —Preguntó entonces con un tono preocupado.

Ochoa no había volteado a verlo desde el momento en que había notado la presencia del argentino ahí. No sabía reconocerlo, porque jamás lo había escuchado.

—¿Vienes a burlarte? —Preguntó tosco el de rulos, causándole una mueca al castaño.

—Claro que no —Respondió de la misma manera— Solo quería saber si estabas bien o no. Te he visto desde hace tiempo, y solo ví esta oportunidad para hablar contigo.

Entonces Guillermo se volteó a verlo confundido por tal declaración, reconociendo aquel rostro que siempre causaba un remolino de emociones en su interior al momento de solo verlo: Lionel Messi.

Solo pensaba en una cosa: Que lo tragara la tierra ahora mismo.

—Me gustaría fingir que estoy bien, pero no lo estoy ni un poco —Por fin Ochoa se había animado a responder la pregunta antes hecha por Lionel. Y sí era lo que en verdad sentía, por qué aún estaba molesto con Aguirre al no meterlo a jugar en ese mundial.


Y ahora por bien o por mal, volverían a México sin el trofeo entre sus manos.

—También me he sentido de la misma manera a veces —La mayoría de los de su equipo ni siquiera lo habían felicitado en su cumpleaños por estar más pendiente de los partidos que estaban próximos a jugar— Así que te entiendo.

Ambos dejaron de verse para fijar su vista en la gran cancha del estadio. Ninguno de los dos dijo algo durante esos minutos, siendo este un silencio cómodo para ambos.

—Soy Memo —Probablemente ya el castaño lo sabía, pero nunca estaba de más presentarse como es debido— Memo Ochoa —Volvió a clavar su vista en el menor, mientras su mano esperaba ser agarrada por el contrario.

—Lionel Messi, aunque creo que ya lo sabes —Se presentó, antes de voltear a ver una vez más los ojos marrones de Ochoa.


Correspondió entonces el apretón de manos.

—Un placer conocerte.

Lo que ambos no sabían es que aquel era el inicio de algo mucho más grande que ambos dos, sentimientos que sobrepasaban lo políticamente correcto.


Lusail, Qatar

2022

—¡Hoy quiero brindar porque tenemos la oportunidad perfecta de ganarle a Argentina en esta fase de grupos! —Andrés Guardado, el capitán de la selección mexicana estaba encima de una mesa en un cuarto del hotel que reservaron justamente para aquella ocasión junto a todo el equipo— Sé que pudimos dar más en el partido contra Polonia de ayer, pero de igual forma estoy muy orgulloso de todo el empeño que siempre han dado en todos los partidos y entrenamientos por igual. ¡Salud!

Todos los presentes repitieron en coro «Salud», antes de chocar sus copas entre todos. Habían servido vino en esta ocasión solo para el brindis, del resto cada quien decidía que tomar en la noche, sabiendo muy bien que mañana tocaba un entrenamiento para su próximo partido.

Ochoa no era fanático de las bebidas alcohólicas a sus 37 años, pero no tenía mucho más remedio -porque claro, no quería ser la burla del equipo- así que al momento en que bebió el primer sorbo no pudo evitar hacer una mueca de total disgusto al sentir el vino bajar por su garganta.

Entonces, sintió como alguien lo tomaba del hombro, logrando que volteara con suma rapidez para ver quien había sido el causante de tal acción. Se relajó al ver que solo era Hirving Lozano, o más conocido como Chucky.

—¿Qué tal? ¿Por qué tan solo? —Preguntó Lozano, sentándose al lado de Guillermo.

—Quizás no tengo muchas ganas de socializar —Contestó el portero, desviando la mirada. Ese era solo uno de los motivos por el cual no quería festejar con sus amigos de la selección; el otro se trataba de que Lionel Messi estaría jugando con Argentina y eso lo ponía sumamente nervioso.

De ser amigos con derechos, eran actualmente unos perfectos desconocidos en todo su esplendor. Además, de que perdió total contacto con Messi, no había tenido muchas oportunidades que digamos de reencontrarse con el astro argentino en ningún partido desde hace 12 años.

Y ahora se volverían a enfrentar una vez más, logrando ser algo que lo aterraba de sobremanera.

—O tal vez porque volverás a ver a tu novio, el argentino —Habló con clara burla el delantero, recibiendo un pequeño empujón por Ochoa.

—Primero, no es mi novio pendejo, y segundo pues claro que no. Son puras mamadas tuyas —Solo Lozano, Guardado y Chicharito sabían de lo que había pasado con Lionel en el pasado, del resto era un total secreto para todos.

—Puedes mentirle a cualquiera, pero a mí no —Suspiró el 22 de México, antes de retomar sus palabras— Mira, sabes que puedes contarnos que te sucede, no te ahogues en un vaso de agua imaginario tú solo, wey.

Guillermo solo miraba su reflejo a través la copa aún semi-llena, mientras escuchaba a su amigo. Tal vez tenía razón, pero algunas veces no quería ser una piedra en los zapatos de sus amigos más cercanos ni con su equipo.

—No me sucede nada... Solo estoy nervioso por el partido.

—Haré como si te creo, pero está conversación queda pendiente, Guillermo —Cuando Chucky lo llamaba por su nombre es que el asunto era realmente en serio, y que no debía tomárselo a la ligera. Entonces solo decidió asentir, antes de ver como el de cabellos negros volvía a reagruparse en la pequeña fiesta que había.

¿Será que debía seguir el consejo de Hirving o seguir como siempre?


El Tri ya se encontraba en los vestidores del estadio Lusail, y nadie ocultaba el hecho de estar un poco nerviosos y ansiosos por igual a causa de este partido. Algunos veteranos del equipo como Andrés y Guillermo pueden decir que nunca habían ganado un encuentro entre Argentina vs. México en todo el tiempo que llevaban dentro, pero aún existía un poco de fe en que esta vez podrían ganarle a la selección albiceleste.

Pero en fin, todos se preparaban incluido Memo, quien en ese momento estaba en una llamada con Chicharito. A la final este último había viajado a Qatar no solo para apoyar al equipo representante de su país, sino para ver jugar a su actual novio, Cristiano Ronaldo.

Y aún cuando Javier no había sido convocado para jugar en la selección mexicana desde el 2019, la amistad entre este y Memo no había cambiado para nada. Seguían siendo los mejores amigos de siempre, aunque ya no se vieran tan seguido como en años anteriores.

—Sabes que ando aquí, aunque lástima que no puedo ir a los vestidores para animarlos —Dijo Javier con algo de decepción en su voz, le hubiera gustado apoyar a su mejor amigo y a la selección que lo había acogido como su familia en este nuevo mundial, pero no podía hacerlo. Aunque lo que si estaba a su alcance era apoyarlos siendo un espectador más.

—Ay compadre, con tal de que nos apoyes aquí somos felices —Y tenía razón, Memo.

—Si tú lo dices —Contestó Hernández, pero antes de contestarle de vuelta, Edson le hizo una seña a Ochoa para advertirle que ya iba a empezar el partido.

—Me tengo que ir, hablamos luego ¿va? —Escuchó un sí por parte de su mejor amigo, antes de despedirse y colgar la llamada. Dejó el celular en su casillero, antes de agruparse con su equipo.

...

El juego ya había empezado, y en los oídos de Guillermo retumbaban los gritos de los hinchas animando a sus respectivos equipos, mientras trataba de concentrarse a la hora de cuidar muy bien la portería.

Pero en su mente sus pensamientos se dirigían a Lionel Messi y lo hermoso que era jugando. Él estuviera mintiendo si dijera que el 10 de Argentina no lo tenía vuelto loco desde el momento en que comenzó el partido, o mejor dicho, desde el momento en que ambos salieron del túnel y chocaron por primera vez sus manos en doce largos años sin verse.

Sí, creo que ahí fue el momento en que el corazón de Memo latía rápidamente con solo nombrar en su mente el nombre del astro argentino.

No obstante, ahorita no estaba para esas cosas, debía concentrarse completamente en que el equipo rival no metiera ningún gol en aquel juego. Sin tan solo Messi no acaparara tanto espacio en su mente, todo sería algo más fácil.

Sim embargo, el encargado de mover los hilos de todas las situaciones no siempre estaría de nuestro lado apoyándonos incondicionalmente, sino que nos hace caer en situaciones adversas para aprender más tarde de ellas.

Para bien o para mal, dependiendo del lado en donde te sitúes, Argentina resultó invicta en este encuentro tan esperado por la mayoría del mundo, siendo su resultado un 2-0. Ambos goles, -uno logrado por Lionel Messi y el segundo por Enzo Fernández- causó tanto alegría como tristeza por igual a los hinchas, pero aún la selección mexicana tenía oportunidad contra Arabia Saudita.

Pero volviendo con nuestro portero mexicano preferido, este se sentía de la mierda. Claro que pudo hacer más, pero su mente era tan traicionera a veces que no podía hacer más nada además de lamentarse amargamente.

Cuando este caminaba de regreso a los vestidores para reunirse nuevamente con su selección, sintió como alguien lo abrazaba, haciendo que se detuviera en seco; ¿Quién carajos lo abrazaría ahorita además de tocarle una nalga en el proceso? Lo que menos se merecía era ese gesto por parte de cualquier persona.

Aunque al momento de voltearse al ver al responsable de tal acción, hizo que en su mente se reprodujera un cortocircuito; era la persona dueña de sus pensamientos y desgracias, el motivo del cual no estuvo tan atento en este encuentro y un sinfín de cosas más que no vale detallar.

Lionel Messi.

—Reunámonos en privado —Susurró Cuccittini, antes de pasarle una tarjeta disimuladamente a Ochoa. Este último sin refutar la aceptó y posteriormente la guardó en uno de los bolsillos de short, antes de recibir una mirada picara en todo su esplendor.

Luego de eso, Lionel volvió a reunirse con su respectivo equipo, dejando a un Guillermo Ochoa muy confundido en medio de la cancha.

«¿Qué chingados acaba de pasar?» Era la pregunta que se repetía una y otra vez en su mente, tal como un disco rayado.

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