Noroi

Summary

Historias impregnadas de un profundo amor y también manchadas bajo la maldición de lo sobrenatural, el morbo de la maldad y lo inexplicable que vive tras las sombras. Este libro cuenta con 13 relatos de terror del folclore Japonés adaptados por mi al Zosan (Zoro x Sanji) 🚩Si son personas sensibles, entren bajo su propia responsabilidad, este trabajo puede trata de lleno temas cuestionables de abuso, crueldad, gore, y más. Este contenido es netamente YAOI, GAY, CHICOxCHICO. 👹Zoro y sanji son personajes de la serie One Piece y no me pertenecen. 👹 Los relatos de terror originales y conceptos que uso para estás historias están en internet y los pueden buscar respectivamente ya que son del folclore Japonés. 👹Las trama eh historias adaptadas si son mias y está prohibido el plagio obviamente. 🤡Este es el link de mi página en facebook allí estaré publicando fanarts y avances de esta y nuevas historias. https://www.facebook.com/KiokoHarase06?mibextid=JRoKGi

Genre
Horror/Romance
Author
Kioko
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Kuchisake-Onna


Sus manos entrelazadas destacaban al caminar por los aglomerados pasillos de la universidad. Despertaban la envidia de muchos y también los comentarios hipócritas porque su relación era tan perfecta.

Zoro y Sanji ya tenían saliendo tres años, su interés fue mutuo al verse por primera vez. El rubio era un nuevo ingreso y tenía un brillo que cautivó a Zoro dejandolo boquiabierto y con las burlas de sus amigos a espaldas suyas por fijarse en alguien mucho menor que él. Sin embargo los comentarios de la gente no lo detuvieron y en cuanto tuvo la oportunidad invitó al rizado a tomar un café.

Está de más decir que el rubio era alguien completamente risueño y adorable, aunque también tenía un fuerte temperamento y eso le gustaba a Zoro, por lo que no se rindió con él y al poco tiempo ya era eran novios, su amor había surgido de manera tan natural que la gente no se lo podía creer.


El moreno ya casi estaba por terminar su tesis para graduarse en fotografía y Sanji iba por mediados del cuarto semestre de gastronomía. No tenían la vida planeada, pero les iba bien en los estudios y a Zoro, además, en su trabajo independiente.


Todo parecía ir demasiado bien, todo tan tranquilo y hermoso en una corriente en la que Sanji comenzó a sentirse algo agobiado sin saber exactamente porque. Incluso en ese momento donde Zoro le había tomado la mano para ir al comedor de la universidad, con todos mirando y comentando a su alrededor lo felices que se veian, lo hacía bajar la cabeza y sentirse extraño. Era como si todos asumieran que su vida ya estaba planificada y que al salir de los estudios se casaría con el cabeza de lechuga de su novio, tendrían hijos, una casita, un auto, un perrito y serían felices para siempre.


Estás no eran solo ideas suyas, ya había sido víctima de esos comentarios más de una vez, de esas preguntas recurrentes sobre si pensaba casarse con Zoro, si vivirian juntos y demás y sinceramente él no sabía cómo responder porque aún era muy joven, o eso pensaba. No podía dejar de sentirse con el agua al cuello, como si la vida fuese una lista de cosas por hacer, incluso su propio padre le cuestionaba a diario sobre el tema de su noviazgo con el moreno y que harían al salir de la universidad. Está situación lo estaba estresando desde hace meses, pero era algo que tampoco se atrevía a conversar con Zoro. No tenía nada en contra de su novio, era un hombre atento, con mal carácter a veces, pero siempre le cumplía los caprichos y lo trataba con amor a pesar de ser irritables en ocasiones entre los dos. Aún así, no podía disfrutar a plenitud de sus momentos debido a los conflictos mentales que le generaba la situación, como si no tuviera la oportunidad de hacer otra cosa con su vida más que casarse y tener niños de aquel hombre. Está era una idea que parecía pintar gris cuando venía de la boca de sus amigas, que solo hablaban de viajar y vivir la vida sin nada ni nadie que las detenga.


Un suspiró ahogado recorrió a Sanji desde la boca del estómago mientras veía su plato de comida aún sin tocar sobre la mesa. Podía sentir la mano de Zoro en su hombro dandole algunas caricias distraídas mientras estaban en la mesa, en el comedor frente a todos. Siempre comían juntos en las horas libres, siempre intentando pasar tiempo de calidad porque luego estaban en exámenes o en sus clases y no todos los días Sanji podía escaparse de casa para quedarse con su novio.


Volteó a ver a Zoro, este ya había terminado de comer y estaba absorto en su celular, pero él, no dejaba de notar todas las miradas de sus compañeros que no perdían pista de lo que hacían entre ellos. Antes amaba alardear de lo guapo que era el Marimo, de los regalos que le hacía o simplemente se quejaba de su mal carácter, pero ahora era difícil estar junto a él y ser tratado de aquella manera que parecía comprometer más y más su futuro.


Aún estando distraído, Zoro era muy conciente de la presencia de su acompañante y se le hacía normal estirar la boca en su dirección para dejarle un beso donde sea que chocarán sus labios en ese momento. Por lo que Sanji dió un brinquito volviendo a su realidad cuando sintió el contacto en la cien, un beso que le dejó la cara llena de rubores y con sus ojos en dirección al moreno.


El impulso de Sanji fue de querer pedirle a su novio que no haga esas cosas, pero no se atrevía, porque a él mismo le brincaba tanto el corazón por esos gestos, que solo recuperaba la incomodidad cuando al voltear, todos los veían, pero si no fuese por la opinión ajena seguramente se volvería un dulce pastel de merengue entre los brazos del mayor quien tanto le gustaba.


-Rizado, sal conmigo hoy. Quiero hablarte sobre algo y... también debemos provechar de vernos porque estoy con la revisión de la tesis, en cualquier momento no podré salir mucho. ¿Que dices? vamos a perdernos un rato juntos, hace tiempo no salimos así.


Le propuso Zoro, soltando el teléfono y de nuevo dejó un beso en la frentesota de su novio. Era muy agradable estudiar en el mismo campus porque se veían a diario, aunque a veces Sanji se quedaba a dormir en su pequeño apartamento y podía pasarlo de manera mucho más íntima.


La petición produjo un silencio incómodo en el rubio y dudó mucho en dar su respuesta, cosa bastante rara según pensó Zoro.


-Vamos di que si. No quiero berrinches dentro de dos semanas porque no te he sacado a pasear. Además quiero hablar contigo sobre algo importante.


Insistió tomándole ambas manos con naturalidad y dejando unos besos en ellas, en esas hermosas manos que preparaban comida deliciosa y que también eran cálidas al acariciarlo. Se notaba el brillo que solo Sanji le provocaba en los ojos, ese destello especial cuando ves a la persona que amas.


-Yo... ¿puede ser otro día? me gustaría descansar un poco hoy tuve un examen y creo que no me fue muy bien... estoy algo desanimado.


Mintió, pero Zoro lo sabía, que su novio no estaba siendo sincero, sin embargo no insistió ya que prefería averiguar por si mismo que pasaba con el rubio y porque esté estaba actuando así. En otros tiempos Sanji hubiese aceptado sin pensarlo y estaría hablando hasta por los codos sobre la salida, le haría muchas preguntas y no lo dejaría en paz, pero justo ahora, estaba callado, se veía tímido, ni siquiera había tocado su comida.


-De acuerdo, entonces te llevaré más tarde a casa para que descanses. No te desanimes por el examen recuerda que estamos en la universidad para aprender, no para hacer todo perfecto a la primera.


Lo consintió con un abrazo dónde el rubio escondió el rostro en su pecho. Y sin perder la oportunidad le dió unos cuantos besos en la coronilla. Ya tenía cierta idea sobre el comportamiento del menor, sin embargo prefería que fuese él mismo quien decidiera contarle. Por los momentos disfrutó de tenerlo en brazos porque luego del almuerzo ya no lo vería más hasta la tarde.


"Lo siento". Pensó Sanji al verse mintiendo y ni siquiera sabía porque, pero la frase "hablar de algo importante" lo había puesto muy nervioso. No se imaginaba que cosa deseaba hablar ese hombre ¿quizás quería terminarlo? no, no... seguro era todo lo contrario ya que Zoro cada día era más dulce, más atento, dudaba mucho que de pronto quisiera terminar su relación.


❥๑ᴗɷ‿✖๑✖‿ᴗ༚ɷ๑◉


Así, esa tarde al salir de la universidad Zoro dejó a su novio en casa evitando conseguirse con su suegro Zeff quien aún no terminaba de darle el visto bueno con su hijo. Abrazó a Sanji tanto como pudo y le dió muchos besos hasta que su linda cara estaba muy roja.


-Si cambias de parecer tomas un taxi y te vas a mi casa, podemos pedir algo de pizza y pasarlo bien aunque no sea una salida ¿okey?


Intentó por último dar aquella opción por si en algún momento de la noche Sanji decidía que no quería estar solo, siempre podían pasarlo bien si estaban juntos. A ese punto no quería soltarse del menor, pero ya era hora y prefería evitar ser visto por su suegro gruñón.


-Bueno, me estoy yendo, te llamaré más tarde en cuanto termine unos pendientes. No olvides que... no olvides que te amo Sanji.


Le dijo al oído dejando un beso en su mejilla y con esa sonrisa ladina que cuitiva corazones, se fué dejando a un rubio con el corazón a mil por horas y ese extraño miedo incómodo dentro suyo, como si al verlo marcharse un agujero se abriera en su pecho.


El rubio tardó en reaccionar porque sentía las palabras del mayor haciéndole cosquillas en la oreja y un fuerte aleteo de mariposas en su vientre. Ya tenían tres años de relación, pero esa sensación de adolescente enamorado no se le terminaba de pasar, cada día Zoro se las arreglaba para hacerlo estar con la guardia baja, siempre tomándolo por sorpresa con sus besos y palabras de afecto.


Al entrar a casa y verse en el espejo del pasillo notó que tenía rojas hasta las orejas por lo que se fue corriendo a su habitación tirando un par de maldiciones al hombre que lo volvía un completo desastre.


La verdad, es que Sanji no pensaba pasar esa noche en casa porque ya sus amigos le habían invitado a una "reunión privada" en casa de Franky, por no decir que era una fiesta con Dj, alcohol y demás.


De ese modo se puso su mejor ropa y se "escapó" movido por los comentarios estúpidos de sus amigos. "Zoro no te da permiso de salir. Eres muy obediente a tu novio. Zoro es como un perro controlador, será peor cuando se casen y le des hijos." y así, la gente soltaba tanta mierda que tenía miedo, un temor estúpido que no era capaz de hablar con Zoro y nisiquera sabía porqué, ni él mismo entendía que pasaba por su cabecita rubia. Así que para intentar resolver lo que estaba pasando en su interior, solo pensó que la mejor idea era salir lejos de la vista de ese hombre, dónde no pudiese ser afectado por su presencia.


Cuando llegó a la fiesta cada persona que le veía preguntaba donde estaba su perro faldero, que había pasado con Zoro, en qué jaula lo encerró para poder salir. ¿Así de dominado se veía siempre junto a su novio?. Se lo preguntaba en el transcurso de la noche cuando las bromas no paraban y él, incluso las apoyó sintiéndo como algo se rompía en su corazón al irespetar el nombre de su amante quien realmente no se merecía aquellas burlas.


Entrada la madrugada ya había mucha gente, personas que nunca había visto en la universidad, ni por los alrededores. No sé sentía en confianza con tantos extraños; incluso tubo que escaparse varias veces de un tipo raro que lo acosó en una de las ocasiones en las que fue al baño. Ese hombre de ojos fríos era intenso y no se despegaba suyo, este, insistente le había invitado a tomar algo de su vaso también aunque ya le dijo varias veces que no y hasta le dió un empujón para quitárselo de encima. Cómo pudo, se metió entre el grupo de las chicas y se quedó allí siendo el centro de atención y recibiendo mimos y halagos de ellas, pues no era un secreto que algunas de sus compañeras estaba rogando desde hace tres años para que la relación con Zoro termine y ellas poder tener una oportunidad.


Aunque Sanji sabía sobre el gusto de sus compañeras, prefería no evadirlas porque no deseaba toparse de nuevo con el extraño loco que lo veía escondiéndose entre la gente. Pero tampoco era capaz de pedir ayuda porque quedaría como un tonto, después de todo solo era uno de los chicos que estaba pasado de tragos seguramente. Aunque no por esto dejaba de ser aterrador, era la primera ves que alguien que no fuese Zoro lo acorralada en un rincón, la primera vez que alguien extraño le tocaba la cintura desde que empezó a salir con su Marimo. Así que no podía digerir la mala emoción, ese tipo estaría muerto tras un arbusto de no ser porque su novio no estaba allí, sin embargo la situación lo dejó bastante nervioso al respecto.


-Oye Sanji, diviértete con las nenas, pero no te sobrepases o seguro te llevará el diablo.


Dijo Franky de pronto riendo sonoramente mientras bailaba agitando una botella de ron sobre su cabeza. La música era fuerte y animada, todos estaban ya muy borrachos y diciendo más estupideces que de costumbre; al menos eso pensaba Sanji quien también se sentía un poco mal por la borrachera, sobre todo porque nunca había salido a beber sin Zoro, ya que era él mayor quien lo cuidaba porque no tenía buena tolerancia al alcohol. En fin, que sin entender de que hablaba su amigo solo terminó su trago y cogió el otro que le ofrecía una de las muchachas, la linda Nami estaba muy atenta y bien cerca suyo para lo que necesesitara.


-No lo molestes con tus cuentos raros viejo, que él y yo tenemos que irnos en la misma dirección y espero no toparme con nada, madición.


Exclamó Usopp dándole un buen trago a su botella porque siempre a todos les gustaba hablar estupideces de fantasmas y asesinos, no tenia sentido más si estaban en una fiesta.


-¿Cuentos raros?


Cuestionó Sanji curioso por un tema del que era muy ageno, además ya se sentía algo adormilado y aburrido de estar allí y ver la cara asustada de Usopp le instaba a preguntar. Y también, tenía muchas ganas de ocupar su mente y salir de esa incomodidad que le dejó aquel chico, solo deseaba continuar con su noche, con sus amigos y nada más.


-Son solo las palabras de un borracho, no hagas caso.


Insistió el nariz de pinocho, pero la carita curiosa de Sanji no se iba y las chicas también comenzaron a insistir con el tema porque estaban distraídas con tanto escándalo.


-Mi buen amigo Franky se refiere a la mujer del rostro cubierto que le aparece a chicos infieles.


Soltó una voz que venía de fuera del grupo, por lo que Usopp se hizo a un lado dejando pasar al hombre de pelo negro con tatuajes raros, sabía quien era, un estudiante de último año, Trafalgar Law, pero este no iba en su misma carrera. De verdad que en las fiestas de Franky estaba invitado hasta el diablo, eso pensaron todos, pero nadie dijo nada, mucho menos Sanji porque era precisamente de ese chico que había estado huyendo todo el rato y que lo tenía con los nervios de punta. El rubio solo atinó a dar un paso atrás y ponerse las manos sobre el pecho como para resguardarse de algo, de ese hombre que le había clavado la mirada junto con acercarse al grupo.


A pesar que todos miraban al extraño, Sanji parecía volverse más pequeñito como un ovillo junto a las chicas, se sentía muy amenazado por la presencia de ese hombre, no le gustaba, su estómago se revolvía con total asco solo de verlo, era una sensación de nervios que le caminaba como hormigas por todo su cuello, como si su sentido común le gritara que era peligroso.


-Kuchisake onna, es un espectro muy popular por estás zonas. Dicen, que ella se aparece a todo el mundo, pero que tiene especial interés por los hombres infieles, los devora con gusto. Cuentan, que ella fue asesinada por su esposo, un samurai que le cortó la boca de extremo a extremo con su espada. Precisamente porque la mujer, al ser muy bella tenía tantos amantes que no podía ni contarlos con sus dedos. Parece que el Samurai al salir a sus misiones demoraba en volver, y la esposa no podía esperar por él y buscaba tener amantes. Debió haber sido una zorra muy caliente, probablemente su marido tenía razón al matarla.


Relató el chico riéndose por el comentario final, aunque había bajado un poco la voz para crear cierta tensión en el hambiente festivo, pero este no estaba para historias de terror. Sin embargo, la música había parado desde hace un momento porque el DJ tropezó los cables y desconectó el sonido, ahora entre la borrachera y la confusión estaba demorando en reparar la falla.


-Ah!!! ¿cómo te atreves a relatar algo así, que pasa contigo? no ves que estamos en una fiesta pasandolo bien, desgraciado. Y ten respeto por los muertos o será tu culo el que caiga en algo como eso.


Comenzó a gritar Usopp casi contra la cara del recién llegado quien se había apropiado del espacio silencioso para tirar su relato de mierda y ponerlo a mearse los pantalones.


-Ya, Usopp tranquilo, esos... son solo cuentos para asustar a los niños y ya... no somos niños. El no puede, asustarnos...


Decía Sanji con voz bajita intentando calmar a su amigo quien estaba molesto con ese tipo, pero no culpa a Usopp ya que él nisiquiera se atrevía a mirar la cara de aquel sujeto que le era tan desagradable con su aura engreída y esa sonrisa ladina que no pintaba bien. Había notado perfectamente como el extraño se había jalado su pantalón por la altura de los genitales al pronunciar el último comentario sobre la mujer asesinada y de paso se le había quedado mirando tan fijamente que era aterrador.


-Bueno todos piensan que son solo historias fantásticas, pero está zona es un lugar peligroso ¿no Franky? la gente suele desaparecer sin dejar una sola pista. En este mes han hablado de eso en las noticias, dos señoritas se esfumaron sin dejar rastro. Me preguntó si se trata de una zorra vengativa o de un depravado secuestrador.


Comentó Law mirando de lleno a Sanji que parecía un conejo asustado buscando refugio en sus amigos. A pesar que los otros parecían inconformes con la historia, fue apoyado por Franky que estaba demasiado borracho para su propio bien, pero las desapariciones eran reales.


De nuevo, la voz de ese hombre hacia que la piel de Sanji se erizará y tenía tantas ganas de salir corriendo de allí que no estaba siendo consiente de la manera en la que se abrazaba de Usopp buscando refugio, pero no de un fantasma, sino de ese tipo, de aquella mirada oscura y aguileña.


-Usopp me... me quiero ir ya...


Murmuró contra el pecho de su amigo, parecía un niño pequeño asustado y todos pensaron que realmente la historia de fantasmas había ido demasiado lejos o que quizás el alcohol se le había subido a la cabeza, porque Sanji no tomaba mucho y menos sin la presencia de Zoro.


Usopp que comenzaba a ponerse nervioso por la repentina cercanía, intentó alejar sus manos del rubio porque tenía miedo de que Zoro se entere que alguien tocó a su novio. No tenía pruebas, pero estaba seguro que ese chico de pelo verde sería capaz de partir en dos a quien sea si algo le hacían a Sanji, así que no quería meterse en ese problema. Sin embargo ver a su amigo más asustado que él le parecía muy extraño, pero no era de extrañar ya que Law había tocado un tema delicado de manera muy imprudente en frente de todos.


-Mira Law, ya sustante a Sanji, ahora quiere irse a casa cuando mejor está la fiesta.


Reclamó Franky aunque realmente no le importaba, solo le gustaba molestar por todo. Le daba igual si Law no disimulaba ni un poco al mirar a Sanji de esa manera en la que incluso las chicas se sintieron molestas.


-Bueno ya arruinaste el buen ambiente, ya te puedes ir.


Soltó Nami casi en un gruñido corriendo al extraño de allí. Ella sabía que era alguien de la universidad, pero el tipo era demasiado mayor para estar allí y además solo era amigo de Franky, no de ellos.


La situación se tornó algo tensa porque aún con las palabras de Nami, el hombre seguía allí mirando al rubio, todos se pusieron tan tensos sin entender que le pasaba a ese borracho estúpido por la cabeza y cual era la maldita fijación con Sanji, ellos nisiquiera se conocían. Tenía que estar desubicado al quedarse parado frente al grupo sonriendo ese modo, en silencio y con un evidente interés por uno de sus compañeros; es que parecía como si ese tipo fuese a robarse a Sanji de pronto. Y por eso Usopp puso su cuerpo de por medio bloqueandole la vista al intruso, ya para que termine de largarse.

Luego del momento más incómodo de la noche Law se retiró sin decir más, se fue caminando en zig zag hasta perderse entre la gente.


-Que tipo más desagradable...


Murmuró Nami con escalofríos, hasta se frotó los brazos por la incomodidad y se acercó a Sanji para ver si estaba bien, se veía muy afectado, debía estar tan borracho o de lo contrario él mismo habria sacado a patadas a ese sujeto de allí.


-¿Porque eres amigo de gente tan extraña Franky?


Cuestionó algo disgustada al ver que Sanji seguía hecho bolita contra el pecho de Usopp.


-Jajaja No es mi amigo, ni siquiera lo invité, pero ¿que importa? una buena fiesta no se hace con solo dos personas.


Reía ya pasado de tragos por lo que Nami nisiquiera le iba a replicar ese pensamiento tan estúpido, pero era cierto que habían muchas personas extrañas esa noche, más que de costumbre.


-Quiero ir a casa...


Se escuchó de nuevo la voz de Sanji y aunque los chicos intentaron convencerlo que esperen hasta el amanecer para irse, él insistió con evidente ansiedad que presumían era por la historia de terror.


Finalmente Usopp se dió por vencido y aceptó el volver de una vez, por lo que se encaminaron luego de despedirse. Salieron juntos a la vía intentando esperar un taxi, pero en ello se les hizo las tres y tanto de la madrugada, por lo que mejor comenzaron a avanzar a pie, de todos modos tampoco vivían extremadamente lejos, pero estaban ebrios así que irían lento.


De ese modo siguieron por la calle, Usopp trataba de hacer conversación porque tanto silencio lo incomodaba. Aunque toda la vereda estaba bien alumbrada era inevitable sentir cierta incomodidad al pasar cerca de los callejones oscuros dónde aveces habían indigentes o maleantes esperando su siguiente víctima. La zona no era especialmente un criadero de delincuentes, pero nunca faltaba el idiota que salía a cazar a ver qué conseguía robarse para comprar drogas.


-Usopp yo no soy un infiel... ¿verdad?


De pronto la voz apagada de Sanji irrumpió con el sonido de los pasos sobre la acera.


Usopp se quedó pensativo cortando su monólogo sobre los exámenes de ayer y volteó a ver a su amigo dándole una palmada en su espalda. Desde que salieron de la fiesta Sanji no había dicho nada y estaba muy seguro de que era por el susto, por el relato de fantasmas, pero ahora no estaba muy seguro, si solo se sentía deprimido.


-A decir verdad todos nos sorprendimos de verte en la fiesta hoy. Estábamos seguro de que no vendrías porque Zoro ya te había invitado a salir.


Dicho aquello la sorpresa en cara de Sanji brotó.


-El nos dijo que quería llevarte a cierto lugar hoy, pero bromeamos con invitarte a la fiesta de Franky porque sabíamos que no vendrías. Sabemos que ustedes son muy unidos así que fue extraño que vinieras y más aún estando solo.


Contó viendo la cara de predicamento de su amigo.


-Entonces... Zoro...


Murmuró sintiéndose como un tonto.


-El sabe que estás aquí con nosotros. Nos avisó temprano, aún así juramos que no vendrías, pero si viniste. Yo le dije que regresarimos juntos a casa, pero igual tengo un montón de llamadas perdidas en mi teléfono jajaja También Nami, pensamos que sería divertido no contestarle, pero creo que se pondrá furioso mañana porque estuvo escribiéndole a todo el mundo.


Estaba contando hasta que llegaron a la bifurcación; dónde la calle se vuelve doble y se divide; allí tendrían que separarse para ir cada uno por su ruta. Sin embargo la cara desanimada de Sanji lo detuvo un momento.


-Oye, creo que... deberías hablar con tu novio mañana, parece que tienes muchas cosas en la cabeza. Supongo que hasta las mejores parejas tiene sus momentos de dificultad... y pienso que no hiciste nada malo por pasar el rato con las chicas, todos sabemos que tú no tienes más ojos que para Zoro, sería muy tonto de parte de ellas pensar que tienen alguna oportunidad contigo. Creo que solo sientes culpa por haber dicho una mentira, así que solo confiesalo y pide disculpas.


Mencionó tomando espacio para ir por su camino. Por eso no tenía pareja las cosas siempre eran complicadas.


-Bueno ya estoy volviendo a casa, nos veremos el lunes en la universidad. Avisame cuando llegues, como vives más serca me dará tiempo de ver tu mensaje antes de dormirme. Ya Zoro me tiene arto, le tengo que avisar que estás bien.


Bromeó y así se despidió ante la silenciosa figura del rubio quen lo vió perderse en la vereda al cruzar la esquina.


Sanji se quedó allí de pie con la mirada puesta en el pavimento cuando se sintió solo. Gracias las palabras de Usopp pensaba en en su cabeza alcoholizada lo tonto que había sido por rechazar a Zoro para ir a meterse en un lugar donde no quería estar. Todo el mundo sabía las cosas que pasaban en su entorno menos él. Ahora estaba avergonzado, al seguirle el juego a sus amigos quienes sabían sobre Zoro y Zoro sobre ellos y la fiesta. Y él estaba en medio de todos viéndose lamentablemente eh intentado encajar en algo que no quiere.


Un suspiro con sollozo le vino de pronto, pero no lloró porque aún tenía mucho camino que recorrer, sentía pesado su corazón por dejarse envolver en esos malos sentimientos, en verdad sentia mucha culpa como había dicho su amigo. Reanudó de vuelta sus pasos por la angosta calle para tomar la vereda de la derecha. Miraba al frente en todo tiempo, la calle estaba tranquila, alumbrada y un poco fría por ser ya de madrugada. Sus pasos eran acompasados y sonoros por el tipo de piedras de rio que conformaban las figuras del piso por esos lugares. Ya que eran calles pintorescas y angostas, no tenían el típico pavimento gris, sino que mayormente era colages de piedras o ladrillos, diseños antiguos del Japón rural. Por este curioso efecto del piso fue que a media cuadra sintió a la par de su recorrido como otro par de pasos se sumaban a los suyos haciendo tronar los tacones y creando más movimiento en la calle vacia. Suponiendo que se trataba de algún otro ebrio como él, volteó a ver trás su espalda, de dónde venía el sonido, pero sin encontrar a nadie solo dobló en la esquina en la floristería y siguió en lo suyo, está vez quedándose con la vista en el suelo, consentrado en no tropezar porque estaba algo mareado. A decir verdad tenía la boca seca y algo de acidez porque no cenó en casa al salir y el licor le pegaba muy fuerte en el estómago.


-No sé cómo el Marimo tiene tanta resistencia al Ron... estúpido clima de otoño... A, ah, a...acshooo!


Tembló de frio tras el estornudo y se sentía más adormilado ya queriendo llegar a casa, el camino se le estaba haciendo largo y aburrido, además Su estado de animo no ayudaba. Miró al frente y fastidiado por el viento repentino, dobló la esquina de la floristería para continuar con sus ojos inquietos que iban a dar a las ventanas vacías de las casas, a los techos de madera, a cualquier parte para entretenerse mientras caminaba. Cuando iba a media cuadra, sus pasos se escuchan acompañados de nuevo, pero con eco, como si está vez viniesen varios caminando a su espalda. Eran lentos, a la par que los suyos y parecían lejanos, por lo que se detuvo en seco y así mismo, ellos también se detuvieron. Giró de nuevo muy lentamente, pero solo estaba la bifurcación del camino donde dejó a su amigo hace un momento así que simplemente retomó el pasó acomodándose el abrigo y metiendo las manos en sus bolsillos, se le comenzaban a entumecer los dedos por el frío. Una vez más solo se escuchaban sus pies sobre las piedras, iba solo o al menos eso se repetia sin prestar más atención. Mientras caminaba intentaba leer el anuncio de los precios en las verduras que estaba colgado frente a uno de los comercios cerrados.


-Compraré algas mañana, le prepararé bolas de arroz por si se enoja...


Murmuró al seguir reincidiendo en sus pensamientos. Su novio amaba las bolas de arroz, podía enojarse con él, pero no con la comida. Debía poner mucho empeño para disculparse, está vez la había cagado y todos los sabían menos él.


De este modo siguó caminando con sus ideas en la cabeza sobre que debería cocinar para su novio y sobre las tareas de la semana entrante. Estaba distraido, con frío, acides y sueño, pero aún así, al pasar frente a uno de los callejones miró de reojo encontrándose con unos ojitos felinos, brillantes en la ocuridad. Sin pensar mucho se acercó tomándose el tiempo para acariciar a la criatura peluda y blanca que ronroneaba al ser tocado.


-Esta muy fría la noche deberías ir a casa.


Mencionó despidiéndose del animal y con un gran bostezo siguió el paso un poco más hasta llegar a la bifurcación de la calle donde había dejado a su amigo... hace un rato, otra vez.

Se quedó de pie mirando los dos caminos por un momento, se sintió confundido, notando que algo no iba bien en su recorrido ¿tal vez estaba cruzando donde no era por la borrachera?. No, no, su esquina era la vieja floristeria, no debía ser un genio para reconocer el anuncio rosa con la publicidad. Le tomó un momento ver qué hacer, se quedó observando el poste de luz y también la calle que estaba a su espalda por donde habían venido de casa de Franky. El vecindario era bastante solitario de noche al ser una zona semi comercial, sin embargo estaba muy bien alumbrada, había casas de familia eh incluso una pequeña estación de policías en la calle de arriba luego de pasar la floristeria.

No tenía del todo claro que estaba pasando con su cabeza en ese momento así que solo tomó la calle derecha como de costumbre y siguió está vez con sus ojos puestos en la esquina donde debia cruzar, la de la floristería.


Con disimulo se puso a ver la calle frente suyo, la banqueta vacía llena de ojas secas debajo y los postes de luz uno a cada lado junto a los comercios cerrados, los pocos que había por esa zona. Mientras caminaba escuchó de manera recurrente el taconeo en el suelo de piedras y por un momento volteó a ver, no había nadie. Siguió caminado está vez más aprisa, si alguien lo estaba siguiendo podría refugiarse en la caseta policial que estaba más adelante. A medida que avanzaba por el medio de la calle podía escuchar como las ojas secas crujían tras sujo, como cuando alguien las pida y las patea al estar amontonadas.

A ese punto no estaba siendo consiente de que había dejado de respirar, solo continúo escapando de algo que no estaba allí al voltear. Sin embargo a pesar de casi ir corriendo, la calle parecía no tener un fin y sus piernas estaban tensas y cansadas, pero increíblemente, de pronto, el ruido tras suyo ya no estaba.

Se detuvo en seco, la esquina se veía tan lejana y él estaba cansado y mareado, intentaba recuperas el aliento cuando el sonido de pasos apresurados resonaban desde el fondo de la calle acercándose a gran velocidad en su dirección.

Con temblor se quedó aún más quieto, sintiendo una ascendente palpitacion en su pecho cuando al girarse de nuevo, no había nadie, solo un poco de viento que arrastraba el camino de hojas secas al otro lado de la calle.

Por reflejo se encojió un poco, pensando que quien fuese ya estaría sobre él por la manera en la que venia corriendo, sin embargo, el sonido se detuvo muy cerca suyo justo al girar.


-Estoy muy borracho...


Murmuró abrazándose a si mismo para calmarse y batiendo un poco su cabeza rubia para despejar ese miedo tan repentino y extraño. De este modo, a paso lento y sin dejar de girar cada tanto, llegó a su esquina y dobló allí deteniendo sus pasos en seco al verse de nuevo frente a la calle doble, la bifurcación donde dejó a Usopp. Ahora allí de pie se dió la vuelta y un nudo se iba formando en su garganta, una sensación leve de ahogo que además, venía con una inquietud en su estómago, comenzaba a tener ganas de orinar, quizás por los tragos o por algo más, pero no podía solo quedarse allí a cubrir sus necesidades fisiológicas. Así que incluso con esta sensación de presión en su vientre, decidió tomar la calle contraria está vez, por donde había ido su amigo; pensaba doblar en la siguiente esquina para entrar por el segundo callejón y caer justo de vuelta a su vereda, en la esquina contraria a la floristería, de allí podría atravezar la avenida y subir a su calle o pedir ayuda en la caseta policíaca.

Entonces así lo hizo, se metió por esa calle con su cabeza gacha por el frío, por la intensa sensación de congelamiento en sus pies que iba en aumento como si fuese invierno y estuviese descalzo. Su vientre daba pequeños tirones por las ganas de liberarse, un escalofrío recorría sus brazos por esta necesidad, sin embargo buscaría un baño al salir de esa calle, ahora no estaba para detenerse.


-No volveré a mezclar el trago, lo juro... no tomaré esa cantidad... esto es horrible...


¿Que estaba pasando? ¿porque no podía llegar a casa por mas que caminaba? Comenzó a cuestionarse con más intensidad, ya más despierto por la idea de que algo extraño estaba pasando debía estarse volviendo loco. Pero también tenía miedo de pensar que entre tantos vasos de licor que las chicas le dieron quizás hubiese ingerido algo que no debía. Ahora tenía miedo de creer que quizás lo habían drogado y la imagen de ese chico Law, el de la fiesta, le venía a su cabeza llenandolo de temor y de urgencia por correr de vuelta a casa, de paso, no se había llevado el teléfono porque sabía que tendría que contestarle las llamadas a su novio. Siendo consiente de lo estúpido y descuidado que era, levantó de nuevo el rostro topandose de frente con el primer callejón donde de nuevo estaba ese gato blanco, justo donde lo había dejado hace un momento.

Se supone que debía avanzar hasta el segundo callejón, pero aguantó sus pasos un segundo porque al finalizar de esa calle, junto al poste de la esquina podía ver una silueta, más bien, media silueta, como si alguien estuviese allí de pie justo al cruzar, no podía saber quien era porque ese faro estaba descompuesto, la luz amarillenta tenía un vainén y amenazaba con apagarse en cualquier momento. Para enterarse del extraño tendría que ir por si mismo, pero por como pintaban las cosas y en vista de sus desventajas físicas, prefería pasar de ello. Por lo que sin cuestionarse entró por el primer callejón caminado sobre las cajas viejas y botes de la basura hasta caer en la otra calle, a la mitad de esta antes de llegar a la esquina donde estaba seguro que había doblado ya como tres veces en la floristería.


Con temor y evidente cansancio se quedó mirando de nuevo la calle de extremo a extremo, estaba el lugar por dónde se había separado de Usopp y luego, la otra esquina que era la de la floristería y donde estaba de pie aquella media silueta que estaba seguro acababa de ver. Con esto, abrió muy bien sus ojos y sentia como la mitad de su cabeza se erizaba con un cosquilleo intenso.

De nuevo, como por instinto de supervivencia, retrocedió hasta entrar de nuevo en el callejón de dónde vino, pensando regresar a la otra calle y meterse por la avenida lateral eh ir a casa de Usopp o a cualquier a parte que no fuese esa vereda.

Caminó metido de espaldas al corredor, porque escuchaba de nuevo los pasos venir, pero está vez eran de frente, sin embargo no había nadie, pero el sonido estaba allí y era fuerte, era alguien frente suyo a solo un par de metros de distancia, pero estaba solo, completamente solo, ademas del gato a su espalda.


Al girarse para salir del callejón, ya con el corazón latiendo tan fuerte y a punto del llanto, se vió de pie en la bifurcación, de nuevo empezando el recorrido otra vez. Un mareo le sobre vino haciendo su vista nublase de color negro, necesitó sostenerse de un poste para no caer, sus rodillas estaban muy flojas, sus ojos comenzaban a humedeserse. En ese momento solo vino a su mente un profundo arrepentimiento y la imagen cálida de Zoro en su cababeza que apreció para hacerle sentir la necesidad de su protección. Era imposible ignorar el hecho de que llevaba más de media hora dando vueltas en la misma calle, pero ya no podía pensar que simplemente estaba borracho, quizás, tal vez... alguien le había tendido una trampa, ahora se sentía tan débil, que no era capaz de pensar como escapar de alli.


Sin saber que hacer solo se agachó junto al poste de luz aprentando los ojos como un niño pequeño. Sentía perfectamente como si cuerpo temblaba de manera más violenta, cuánto más la cabeza le daba vueltas. Su casa estaba a pocas calles de allí, no faltaba mucho, pero su cuerpo no queria reaccionar, se sentía tan cansado. Había tomado malas desiciones ese día y ahora estaba metido en un mal sueño. Incluso pensó que quizás se había quedado dormido en la fiesta y solo estaba pasando una pesadilla. Eso estaba pensando, pero el frío en su nuca se sentía tan real, el sonido de los paso en el asfalto otra vez, la repentina respiración extra a su costado, todo esto lo tenían con la tensión bajita. La borrachera ya no la sentía, solo estaba esa caricia invernal en su costado, como si un trozo de hielo gigante emanara su frío y entonces, sin poder esperar nada más de si mismo, la escucho tan claro como si ella estuviera a su lado.


-¿Soy bonita?


Percibió la psicofonía mal sintonizada y abrió sus ojos llorosos que daban al piso de piedras donde habían un par de pies con zapatos de mujer negros y limpios. Ni siquiera pudo tragar saliva, no se movió, no respiró, solo se quedó quieto observando las venas verdes resaltar en los tobillos pálidos de esa persona. No tenía nada que cuestionarse a si mismo, su mente se había quedado desconectada en ese momento.


-¿Soy bonita?


Volvió a escuchar y todo los colores y el calor de su cuerpo bajó hasta sentir que perdería la vida. Una lágrima se escapó de sus ojos y no sé atrevió a subir la mirada. Ella estaba tan cerca, que sin estirar su mano podría tocarla sin problema, incluso sentía como la tela blanca del vestido le rozaba en el cabello al soplar y era tan fría, tan irreal.


"Si ella te hace la pregunta, no respondas, solo vete o te matará".


Como un atisbo de salvación las palabras de ese hombre de la fiesta vinieron a su mente, ya que este había contado el relato por completo, incluso esa parte que pensó olvidada.

El problema es que no había manera de moverse, estaba petrificado, no podía levantar la mirada, no podía levantarse del suelo, tenía tanto miedo y solo pensaba en los brazos grandes de su amante, en esa persona que lo cuidaba incluso cuando a veces no se lo merecía. Sus pensamientos de terror lo llevaron a los brazos de Zoro eh imaginaba lo seguro que podía estar allí, sin embargo el frío que despedía está mujer apagaba cualquier rastro de esperanza que pudiera tener. Y toda la presión que sentía en su cuerpo se concentró en su vientre presionando esa parte hasta hacerlo caer de rodillas en el piso.

Sin aguantar más comenzó a llorar sonoramente eh intentaba secarse el rostro aún viendo los zapatos de aquella mujer, quizás ya estaba perdido por ser una mala persona, sabía que su preciado Marimo no merecía a alguien como él. Aún así, no deseaba morir ahí y mucho menos sin poder decirle a Zoro también "te amo", del mismo modo transparente y dulce que el otro lo hacía con él.


Sin decir nada escuchó como la mujer preguntó por tercera vez, su voz no era normal, parecía artificial, carente de vida, era algo de otro mundo, parecía el chillido de un ave moribunda y él temblaba con el más puro terror que jamás pudiese haber experimentado.

A ese punto, con el llanto a todo lo que daba buscó encontrar un hilo de voz y también algo de valor para levantar el rostro y ver el cubre boca que tenía la criatura, no podía imaginar como era su boca, pero la tela estaba llena de manchas rojizas y tenia un olor nauseabundo, podía sentirlo cada que el viento le movía los cabellos, estos eran largos y le cubrían mucho el rostro, su mirada espectral carecía de emociones, de sentimiento alguno y se perdía tras de su pelo como sombras en un bosque espeso, en ese manto de bruma oscura que la rodeaba haciendo ver la calle en penumbras.


-Lo, lo siento, no tengo tiempo...


Respondió a tropezones con un hilito de voz mientras sus ojos azules no podían cerrarse al mirar de cerca los ojos de la mujer, al detallar esa piel grisácea que emanaba frío y polvo. Se mostró indefenso ante la mujer y con su cara llena de lágrimas, de miedo, de súplica rogó en silencio por su perdón.


-Oh, disculpe.


Contestó ella con voz disonante haciendo una reverencia y se dió la vuelta caminado en dirección contraria produciendo ese sonido de pasos extras en el piso de piedras, se volvía dispersa como la niebla, se desvanecia con el viento haciendose una silueta negra hasta que cruzó la esquina donde el faro titiló varias veces hasta apagarse.


Estupefacto, Sanji se abrazó se encogió y lloró intensamente, como si casi la vida se le fuese en ello. Sus mejillas que estaban tan pálidas tomaron color por la fuerza que hacía al llorar. La calle dejó de ser silenciosa, sus gemidos manchaban de ansiedad esa noche de otoño.


Cuando Usopp estaba intentando sacar plática en el camino le había dicho que si rechazaba responder la pregunta de la mujer, era probable que ella se vaya, pero también era probable que lo asesine. Así que de cierto modo parecía haber corrido con suerte porque ella no insistió marchandose sin hacerle nada. Por lo menos eso pensó por un momento, sin embargo, los pasos que se habían alejado lentamente, volvían por el mismo camino, está vez más pesados, más apresurados hasta donde él estaba. No sé atrevió siquiera a levantar el rostro ¿cómo sería capaz de ver la muerte cara acá por segunda vez y sobrevivir ?


Cuando se abrazó a si mismo con más fuerza, esperando lo peor, sintió como era tomado y levantado del suelo como si no pesara nada. Ahogó un grito desesperado porque sus extremidades estaban entumecidas, como si hubiese pasado horas en la misma posición. Por puro instinto luchó lanzando golpes al aire mientras lloraba, gritando como jamás en su vida lo había hecho, con un terror que calaba los huesos y un sentimiento de tristeza inmenso en su corazón.


Sin pensar en nadie más solo gritó el nombre de su amante, rogando por esa ayuda y protección que este siempre le daba a cambio de algunos besos nada más, sin exigirle nada, sin ser egoísta con él. Sabía que no era merecedor de aquel hombre, pero aún sintiendose el ser más despreciable sé atrevió a llamarlo una última vez; que si esa noche moría, lo haría pronunciando el nombre de la persona que amaba.


-!Lo siento, lo siento tanto.... no quería esto, no quería mentir, lo siento tanto, Zoro, Zoro....!


Lloró revolviendose en el aire hasta que su cuerpo fue envuelto y apretado de tal manera que era imposible moverse, entonces solo gimió de tristeza y angustia al escuchar como el sonido del viento hacia eco y también los pasos en el asfalto y el maullido del gato en el callejón. Las memorias venían a hacer revivir cada paso en bucle por la vereda, haciéndole sentir que seguía corriendo de algo que no podía ver, de un ser con el que no podía luchar.

A las cansadas dejó su rostro reposar en algo blandito mientras lloraba inconsolable, no había manera de calmarse, estaba tembloroso y desorientado. La luz de los faroles se había vuelto tan fuerte que no podía abrir los ojos, pero si pudo escuchar su nombre distrocionado en una voz grave, como si alguien le hablara desde dentro de una pesera.


-Mari...mo...


El rubio murmuró lloroso contra el pecho de quién lo cargaba tan fuerte sin soltarlo. Estaba despeinado, con movimientos en todo su cuerpo y con los pantalones mojados por el susto.


Luego de que Usopp llegará a su casa su teléfono volvió a sonar, era Zoro que no dejaba de joder la vida preguntando si ya Sanji había llegado porque no respondía sus mensajes ni demás. Sin embargo Usopp le dijo que ya tenía que estar en casa porque Sanji vive unas calles más cerca que él.


"Quizás se quedó dormido, estaba muy borracho".


Eso dijo Usopp, pero Zoro no fue capaz de quedarse tranquilo, tenía toda la noche despierto, con un mal sentimiento en su pecho, una culpa por haber dejado que su novio fuese a meterse solo en ese tipo de reuniones que ellos no frecuentaban. Y luego de un rato intentando comunicarse con el rubio, no aguantó más y fue a casa de Sanji, tenía que saber que estaba bien o no dormiría . No llamó directamente a la puerta cuando llegó, porque podría meterlo en problemas con su padre, por lo que se saltó la vaya del patio y subió por el árbol de cerezos que está al costado de la casa y echó un vistazo sin conseguir al menor, por lo que su siguiente opción fue regresar por el camino y buscarlo hasta dar con él.


Iba completamente encabronado con sus amigos por dejar a Sanji ir solo en la madrugada, luego los mandaría a la mierda a todos por hacerle esto. Tal vez era un novio exagerado, pero Sanji era lo único que tenía en su vida, era su "familia" ya que no tenia padres ni hermanos. Si algo le pasaba, no sabria que hacer con su vida entonces.


Por eso Zoro iba como alma que lleva el diablo por aquellas veredas silenciosas. El cielo comenzaba a pintarse más clarito en el orizonte cuando cruzó la esquina y no prestó atención a la mujer que iba pasando a un costado suyo, ella parecía querer acercarse a decirle algo, pero no tenía tiempo que perder, por eso simplemente pasó de ella encontrándose más adelante con Sanji quien estaba en un estado de alteración en el que jamás lo había visto.


Le dolió profundamente su corazón cuando sostuvo al rubio para calmarlo y este lloraba tan intensamente, como si todo el miedo del mundo se guardara en su pequeño cuerpo tembloroso. No había manera de hacerlo entrar en razón aunque lo llamó muchas veces por su nombre así que solo lo cargó, como si fuese un niño pequeño y comenzó a caminar de un lado a otro intentando que se relaje. No sabía que había pasado, pero lo que fuese debió ser especialmente aterrador. Sanji no era asustadizo, al menos, no fuera de lo normal. Miró a su alrededor en busca de que alguien le hubiese hecho algo, pero las calles estaban desiertas.


-No estoy molesto, solo preocupado, tranquilo, ya estoy aquí, nada te pasará. Vamos rizado, reacciona, mírame, soy yo... ya estoy aquí...ya vine.


Le decía abrazándolo y besando su cabello hasta que esté iba bajando el tono de la voz. El sol comenzó a subir en el orizonte, debían ser sobre las seis de la mañana ¿desde que hora estaba Sanji allí en el camino doble? Usopp le dijo que salieron de la fiesta poco más de las tres de la madrugada, ahora ya habían pasado un par de horas. Era como si su novio no se hubiese movido de allí en todo ese tiempo.


Cómo pudo, tomó un taxi y fue primero al hospital, no había manera de calmar a Sanji para preguntarle lo que había paso o más aún, para revisar su estado físico, que ese momento era lo que más le preocupaba, porque Nami le comentó en unos mensajes que había un tipo muy extraño en la fiesta y que esté estubo muy insistente con Sanji. Por eso, al llegar al hospital lo primero que hizo el medico fue ponerlo a dormir con un calmante y tras hacerle un chequeo le dijeron que su novio estaba físicamente muy bien, que no tenía señales de abuso y que incluso el nivel de alcohol en su sangre había bajado ya a esas horas. El doctor dictaminó que estaba teniendo un ataque de pánico muy fuerte, pero que con los calmantes podría hacerlo entrar en razón para cuando despierte y saber que lo había aterrado de aquella manera.


Jamás había estado más preocupado en su vida por lo que olvidándose de las diferencias con su suegro, lo llamó enseguida ya que el hombre debía estar esperando a Sanji en casa también.


El poco tiempo Zeff estaba en el hospital preguntando que había pasado luego de atinarle a Zoro un buen golpe en la cara a pesar de toda la explicación que Zoro le pudo dar, Zeff seguía culpamdolo por lo que sea que le hubiese pasado a su hijo. A Zoro no le quedó de otra que aceptar en silencio ese regaño porque verdaderamente no podía decir que amaba a Sanji, cuando lo dejó solo en aquella situación sabiendo que era muy peligroso. El día que fue a pedir el permiso de Zeff para pretender a su hijo, se había llenado la boca diciendo que iba a demostrarle al viejo que él era el indicado para cuidar de Sanji. Sin embargo, ahora el rubio estaba sedado en una cama de hospital y nisiquera sabía que fue lo que pasó con él y cuál fue aquel horror que rompió por completo su cordura.


Cuando Sanji despertó ya era por la tarde, Zeff había salido un momento por un café y Zoro estaba sentado junto a la cama de su novio aprovechando que su suegro salió ya que este no quería que se cerca a su hijo. Sin embargo la suerte estaba de su lado y Sanji despertó pronunciando su nombre primeramente junto a una disculpa cansada, parecía como si solo tuviera una poca energía apenas para respirar.


-Oye, no te disculpes, me diste un gran susto, pensé que no podría recuperarte.


Admito tomando la mano de su chico al sentarse cerca de la cama, lo besó en la frente y en sus dedos que estaban muy fríos aún. A pesar de la mala situación sentía tanto alivio de verlo despierto, le habían puesto mucho medicamento para sedarlo. .


-Yo mentí, lo siento, lo siento mucho...


Decía con el mismo desespero, estaba tan arrepentido que ni dormido podía pensar en otra cosa más que aquella mujer llevandoselo al infierno lejos de Zoro, más porque el efecto del sedante no le dejaba saber si estaba dormido o despierto o si seguía escuchando los pasos sobre la calle de piedras, o si estaba en esa horrible fiesta cerca de aquel extraño que lo había tocado.


-Tranquilo Sanji, no pasa nada, no debí dejarte solo. Yo no sé que fue lo que pasó y porque has estado esquivo durante un tiempo, no quería presionarte demasiado, pensé que tal vez necesitabas salir por tu cuenta también... pero ahora no es momento para hablar de eso. Sinceramente solo quiero que estés bien, solo quiero verte feliz aunque no te entienda a veces... no tienes culpa de nada, yo no debí dejarte ir allí en primer lugar, debí haber insistido más.


Admitió provocando de nuevo que el rubio empape sus pestañas en lágrimas, la culpa dentro de Sanji no se hacía más pequeña, porque Zoro era un buen hombre y él, solo era un mocoso, mentiroso, malcriado y traicionero. Pero aún así ahí estaba su novio siendo tan dulce, soteneindo su mano con esa expresión de amor.


-Tu padre volverá pronto y seguramente te llevará a casa así que podemos hablar mejor en otro momento. Por ahora...


Pensó decir, pero el menor lo jaló colgándose de su cuello con poca fuerza, sin embargo estaba claro que no lo dejaría marcharse así que lo sostuvo.


-Marimo yo... tenía miedo de amarte... tenía miedo de que esto que siento fuese demasiado grande.... lo siento, siento haber mentido, siento haber dicho cosas feas de ti, siento haber estado cerca de otras personas que no me gustan...


Sollozó expresando por primera vez sus inquietudes y también confesando sus pecados de esa noche que casi lo llevan a la tumba.


-Yo quería... quería verte, pensé que iba a morir, quería que vinieras por mi y me salves, de esa mujer horrible y de ese hombre aterrador....


De nuevo lloraba sintiendo el confort de las manos de Zoro en su espalda y los besos en su mejilla. Es que Zoro era una curita para el corazón, ¿cómo había Sido tan estúpido de sentirse incomodo con el por los comentarios de terceros?


-También lo siento... por no hacerte sentir seguro, no sabía que estabas pasando por esto.


Zoro admitió tomado responsabilidad porque él era mayor, seis años mayor de hecho y su pequeño Sanji estaba cargando con esos sentimientos por si mismo.


-La verdad, también me siento igual, como si fuese demasiado pesado, como... que me duele amarte ¿sabes?. Pero... no es un mal sentimiento, es decir, realmente yo te amo Sanji... y por eso.


Dudó un poco, por la situación y por el lugar en el que estaba, no había planeado así las cosas, pero en la vida, no todo puede darse al pie de la letra.


-Por eso yo quería decírtelo, no; más bien pedirtelo, adecuadamente, que te cases conmigo y tengamos una vida juntos.


Confesó con el corazón en la mano, con una mancha de ansiedad por la situación tan estresante de ver a Sanji con sus ojos tan irritados por llorar y más ahora, luego de lo dicho.


-Sabes como soy, cuáles son mis metas de vida y todas esas cosas. Quizás parezca aburrido y monótono, pero yo si quiero vivir en familia, trabajar, salir, divertirme, tener niños, un hogar, un lindo esposo y todo eso, quiero hacerlo contigo.


El mayor admitió secándole la mejilla con su pulgar aunque era inútil porque seguía llorando. Sin embargo era distinto, no había temor o enojo, ni rechazo en su lágrimas, ni en sus mejillas rojas. Podía sentir como el chico temblaba y trataba de mantener el aire en sus pulmones mientras lloraba.


-¿Te casarías conmigo Sanji? para llevar una vida cliché en una casita, con un perrito, unos niños que se parezcan a ti eh ir al campo y a la playa en vacaciones de verano. Por favor di que si...


Le pidió pegando su frente con la del rubio, le apretaba las mejillas y le dejaba pequeños besos allí también en esa burbuja rosa que los envolvía siempre que estaban juntos.


-Sé que no es el mejor momento para pedir matrimonio, pero temo que tú cabeza se enrede más en el futuro, por eso yo...


Pensaba continuar, pero unos labios temblosoros se posaron sobre su mejilla intentando articular alguna cosa.


-Yo... si, si quiero esa vida... si quiero esa casa y esos niños y las vacaciones, quiero todo contigo. Y siento mucho, no haberme dado cuenta de eso antes... fuy tan torpe...


Respondió con ahogo porque había sido estúpido al tomar como una ofensa que tener una vida así sería horrible. Pero no, la verdad es que incluso por si mismo fantaseaba con despertar junto a Zoro, en ese nido de amor rodeado de su nueva familia. Siempre quiso eso, siempre lo pensó desde pequeño, desde que su madre había muerto y vió tan triste a su viejo criarlo por si solo.


No entendía entonces porque desde el principio los demás hacían parecer con sus comentarios que llevar una vida así, sería un asco, si ese era su sueño ¿cómo podía ir contra ellos?

Con aquellas conclusiones consolidó el compromiso con un beso a la vista de su viejo padre quien tenía un buen rato parado en el marco de la puerta, pero este no les había interrumpido.


Zeff por fin podía quedarse tranquilo ya que luego de tres años al fin ese estúpido Marimo se habia decidido formalmente en pedir matrimonio como debía ser, ya que no dejaría que nadie juegue con las ilusiones de su hijo.


Luego de aquel evento, Sanji no contó lo que había pasado esa noche, al menos, no la parte del espectro en la vereda, no era capaz de rememorar despierto los horrores y la incertidumbre de verse cara a cara contra la muerte. Sin embargo las secuelas de ese miedo fueron notables por mucho tiempo, no le gustaba salir solo ni de noche y tampoco dejaba que la gente se le acerque por respeto a su prometido. Tenía especial cuidado en no quedarse a solas con otros hombres y mucho menos con ese tipo Law que siempre se hacía el tonto en la universidad y buscaba deliberadamente acercarse a él, aunque Zoro ya había prometido romperle las piernas si se propasaba.


Luego de ese sábado infernal, Sanji fue dado de alta y se quedó en casa de Zoro para reponerse del susto. Cuando llegó el lunes y volvieron a clases, el rubio tenía un anillito brillante en su lindo dedo y se juró no volvió a fijarse en la mirada de nadie porque sus ojos estaban sobre su invaluable Marimo.