ROJO ESCARLATA

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Summary

Después de una serie de acontecimientos inesperados en el viaje del joven Rouge, este tiene que embarcarse a una serie de aventuras por el reino de Sydost.

Genre
Fantasy/Drama
Author
Clay!
Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
16+

01

Tras la petición de su padre para que fuera en nombre de los Vaergen al gran banquete anual que celebraba el Rey Afsolen, otro capricho que hacía gastar de más por una celebración justificada como la "reunión" donde todas las casas importantes del reino se juntaban, hablaban, y hasta algunos realizaban termas de conversación que beneficiarían a muchos, convenios, tratados, y todas esas cosas que implica establecer relaciones entre los demás nobles. Ni siquiera era el heredero de su casa, pero era lo que le había tocado nada más al joven "Rouge" Vaergen.


Desde hace un largo tiempo que él no había estado relacionado con actividades que hiciera su familia, hasta era sabido en la localidad de Montrose que el chico había decidió desligarse de manera voluntaria a su verdadero título como heredero de la casa Vaergen por ser el primer hijo de Conde, Strom Vaergen. Actualmente, aquel título se lo habían cedido al segundo hijo del Conde, cosa a la mayoría de las personas les gustó, ya que solían admitir que el potencial del menor de los Vaergen era sumamente exquisita, el joven Anden tenía muchas habilidades intelectuales, solían pagarle clases con los mejores tutores para que tuviera una buena educación, y también buenos pilares de aprendizaje para su futuro como la cabeza de su casa.


Rouge era todo lo contrario, siempre había sido reconocido como ser aquel joven irresponsable, alcohólico, y que todos los rumores que solían correr por las bocas del pueblo decían que no se llevaba muy bien con su familia, que era un chico solitario, rebelde y hasta a veces muy violento a causa de los litros de alcohol que consumía a diario ya sea en la cantina más cercana o en sus aposentos de la mansión Vaergen. Pero algunos solían también justificar estas cosas, dado a su pasado y la trágica historia ligada a él.


La reunión de las casas del reino de Sydost era demasiado importante, una tradición que se viene celebrando desde hace mucho, pero el Conde Vaergen y su ahora heredero estaban muy ocupados con muchos temas que resolver, así que la única opción que tenían era usar a Rouge como representante. Sólo tenían que enviarlo a la capital, que este hiciera presencia y ya, no les molestaba mucho que no se relacione con los demás, pero lo único que deseaban es que se comporte en dichas cosas. Fue un arduo trabajo para padre e hijo convencerlo, pero después de unas negociaciones con tener acceso al viñedo principal de la familia todo fue pan comido.


Bueno, de momento.


Viajar desde Montrose hasta Pont-Ciel, la capital, era un trayecto largo, casi de tres días. Tenían que atravesar muchas cosas, pero lo bueno es que el joven no iba tan mal acompañado, porque su padre se había encargado de que un mayordomo, cocinero y varios guardias lo escolten y acompañen en su camino.


Las primeras horas Rouge no había hablado nada, estaba frente a Hanks, el mayordomo que siempre había estado a cargo de él desde que había sido un niño, tal vez por eso con él no era tan mala persona. Sólo que en ese viaje no parecía querer hablar mucho, hasta se le había olvidado lo agotadores que solían ser los trayectos de ciudad a ciudad, pero bueno, haría lo que sea por un buen vino.


— ¿Está cansado, Lord? —preguntó el viejo, necesitaba cerciorarse de que el joven estuviera bien y que ese viaje tan largo no lo fatigase demasiado.


El joven escuchó la pregunta, lo miró mientras seguía de brazos cruzados, y luego negó con la cabeza.


— Estoy bien, no te preocupes.


— Si necesita tomar un descanso, no dude en avisarme —le recordó, pero Rouge sólo asintió con la cabeza sin decir alguna otra palabra más.


Suspiró, y luego dirigió su mirada para observar lo que estaba afuera y que la madera del carruaje hacía que los distancie. Habían demasiados árboles, no había rastros de construcciones menores, no mucho menos de mayores. De seguro estaban pasando por un camino entre un frondoso y verde bosque, pero ver tantos árboles que parecían repetirse una y otra vez empezó a volverse una vista demasiada aburrida.


Su mayordomo no dejaba de tener un ojo bien puesto en él, notaba como el viaje lo aburría y se veía con menos energía. Fue en ese entonces que Hanks recordó muy bien cuando Rouge era un niño pequeño, solía aburrirse mucho por quedarse sólo en casa tras los constantes viajes de negocios del Conde, por ende Hanks le tocaba hacerse cargo del pequeño cachorro Vaergen. Lo único que el hombre atinaba a hacer era contarle antiguas historias, mitos y leyendas relacionadas a seres mágicos y objetos místicos que mencionan los aficionados de los tesoros en que algún día fuesen encontrados.


Mientras miraba el bosque una historia se le ha pasado por la mente.


— Son muchos árboles, ¿no? Tal vez no lo haya notado, pero en Sydost en cada bosque suele haber alguna fuente de agua natural, ¿sabe por qué se da eso?


— ¿Qué? —alzó una ceja, le había sorprendido que de una manera tan repentina Hanks le estuviera haciendo ese tipo de preguntas, había entendido sus intenciones rápidamente, ya conocía a ese viejo desde hace mucho tiempo—. Ah, ya veo. ¿Vas a contarme una historia otra vez? No soy un niño aburrido, Hanks.


Decidido ignorar esas palabras y el mayordomo sólo siguió con lo suyo.


— Los dioses elementales siempre se han llevado bien, tienen una estrecha relación entre ellos, una clara muestra es la intensa amistad entre el Dios de la tierra, Kara, y la diosa del agua, Aqualine —fue introduciendo primero—. Es sabido que la diosa suele ser sensible y llorona, y al principio de los tiempos ella solía llorar en distintos rincones de nuestra tierra virgen. Kara, como su leal amigo y servidor, solía contenerla. La abrazaba y se quedaba con ella todo el tiempo que fuera necesario.


Sí, ha escuchado o leído esa historia antes Rouge estaba seguro. Las distintas fuentes de agua significaban las lágrimas derramadas por la diosa, y los árboles eran la forma que representaba el consuelo del Dios Kara al contenerla con abrazos. Obras de todas las formas han tomado de inspiración esta historia como signo de lealtad y amor, retratar varias historias románticas para las damas tomando los elementos de esta antigua historia. Un hombre que estaba dispuesto a hacer todo lo que estaba en sus manos para calmar a la mujer que amaba, desprendiendo los sentimientos suficientes como para alimentar las mentes de varias mujeres, y también de algunos hombres.


Mientras pensaba en eso, todo volvió a quedarse en silencio, pero Hanks no volvió a hablar, conocía muy bien al chico que había criado y ese pequeño gesto en su rostro que se asemejaba más a una mueca que solía hacer cuando empezaba a pensar algunas cosas para él solo. Se quedaba en silencio, y parecía divagar por su mente, y no es que el joven fuera generalmente ruidoso, al contrario, desde muy niño había demostrado tener una personalidad bastante tranquila para ser un chico, pero eso fue bueno para los sirvientes a cargo de él, ya que sólo facilitó las cosas en su momento.


Hanks lo conocía bastante bien, así que se quedó callado, esperó unos minutos hasta que Rouge salió de su trance, lo volvió a observar y con la misma cara estoica de siempre pareció querer seguir hablando.


— Creo que ya lo he escuchado, creo que hasta Corvina ha mencionado alguna obra que estuviera inspirada en esa historia —comentó, pero se notaba que al mencionar el nombre de aquella mujer le resultaba algo de repulsión—. Sinceramente no me gusta mucho, es demasiado sentimental para mi gusto.


Negó varias veces con la cabeza, y era verdad, no decía ninguna mentira al mencionar que no le gustaban esa clase de historias. Con tantos mitos y leyendas donde hablaban de esta relación tan "íntima" entre estas dos deidades, muchos de los creyentes empezaban a creer que su relación romántica se hubiera formalizado en algún momento de su historia. Y claro, ¿por qué no? Lo tenían todo para ser una buena pareja como el Dios Solaris y la Diosa Selene, pero esos dos dioses ya eran otra historia aparte.


— Sí, lo sé, a nuestro Lord no suelen gustarle las cosas muy románticas.


— Para nada —afirmó el muchacho mientras volvía a mirar a la ventana, ya luego le tomó por sorpresa que el carruaje se detuviera de repente.


Encontró que la situación había sido bastante extraña, ya que en el lugar que se detuvieron aún era bosque, no había algo que le indique que hubiera un pueblo cerca, y además que no era hora para tomar un descanso del viaje, no tan pronto.


— ¿Qué pasó? —preguntó con un murmullo sutil, demasiado suave para ser escuchado por la sorpresa que tenía aún presente en sí.


— No lo sé —respondió como si lo hubiera escuchado de todas maneras, pero luego se empezó a preparar para poder bajarse del carruaje—. Iré a ver enseguida.


Tras la ida de Hanks y que este dejase la puerta abierta, Rouge no perdió el tiempo y se asomó por ella. La curiosidad de saber que había causado el detenimiento de su viaje de manera tan repentina lo sorprendió bastante.


El mayordomo se había ido a hablar con el Capitán de la división que acompañaba al hijo mayor del Conde Vaergen en su trayecto a la capital. Hablaban, cortas frases salían de sus labios y se iban intercambiando entre sí, dialogando, explicando, y ninguno de los dos parecía estar completamente seguro de su situación actual.


Los oscuros ojos del chico viajaron a otra parte, hacia donde era su norte en ese momento, el camino en donde debían de dirigirse. Más a allá habían unos soldados, parecían estar hablando con alguien más, muchas voces poco conocidas e indistinguibles empezaban a resonar en sus oídos, pero por más que mire en dirección de estas no era posible obtener la información que él quería. Miraba a todos lados, le frustaba que no solucionen el problema de inmediato y que tampoco pudieran decirle algo, informarle de alguna cosa pequeña, pero no, ahí lo tenían mirando como vieja chismosa, pero el chisme siempre sirve de algo y la curiosidad lo llevó a darse cuenta que no sólo era una persona, eran tres.


Rouge los miraba desde lejos, los soldados parecían tener más conversación con uno de ellos, el que se veía mayor, era el más alto y tenía el cabello gris, no parecía la típica persona que solía residir en estos lados, o ese reino en específico. Ropas extrañas y extravagantes vestían su cuerpo, la chaqueta sobre los hombros sólo para poder abrigarlo de la fresca brisa que era normal en esa época del año. Las otras dos personas que acompañaban a este distinguido ser estaban a un lado mirando todo, estaban igual de confundidos que el joven Vaergen. Había una joven preciosa, con un elegante vestido color cielo, sostenía una sombrilla y miraba a todos lados de manera discreta, ella no parecía estar tan ajena al ambiente. El último era un chico alto, de piel morena pero unos llamativos ojos verdes que podía captar la atención de cualquiera, este sí parecía ser ajeno al ambiente que los rodeaba, usaba una chaqueta sólo por un viento fresco que corría por el bosque.


No eran nobles, definitivamente que no, al juzgar porque parecían más bien perdidos y no tenían compañía alguna que los pudiera escoltar como al joven pelirrojo.


Este no se aguantó más y salió del carruaje mientras miraba a todos lados, se hacía el molesto por la situación, pero la verdad es que la detención momentánea no le había molestado ni un poquito.


— ¿Qué ha pasado? —preguntó de esa manera indiferente, más bien sonaba como ese típico tono que solía dar ante alguna orden.


Todos se voltearon a verle, los soldados y los otros tres desconocidos.


— El puente que da al otro lado no está. Tal vez debamos tomar alguna otra ruta —atinó a decir un uniformado, aunque con algo de temor a alguna allá reacción.


— Uhm, ¿eso es todo? Podemos tomar otro camino, no creo que haya algún problema —se cruzó de brazos, y miró a los otros tres que estaban más allá, tenía un interés en saber quiénes eran esos, se le notaba un poco en la mirada—. Supongo que ellos iban a tomar la misma ruta. ¿Qué pasó? ¿También iban a Pont-Ciel?


— Sí —le respondió firme y casi de inmediato el hombre de cabello gris, el mismo que tenía la chaqueta sobre los hombros, parece que ese era el que llevaba cierto papel de mayor liderazgo sobre los otros dos jóvenes de su pequeño grupo. Tampoco tardó mucho en acercarse un poco más a Rouge, serio pero sereno, sin preocupaciones—. Soy Hakim Yašmi, e iba a la capital para ver a tu monarca.


— ¿Hakim? —repitió el joven noble en voz baja, iba tratando de hilar cabos con esa poca información dada por el tipo recién. Un extranjero con una peculiar forma de vestir, sin compañía pero seguro de viajar solo en un reino desconocido, atravesando sus tierras para poder llegar a hablar con el rey, la más grande de esta tierra le sonaba mucho a que ese tal "Hakim Yašmi" podría ser alguien importante—. Me sorprende, para hablar con el rey hay que pedir una audiencia con antelación, y más en esta época del año.


— Lo sé —asintió con la cabeza, y no parecía querer decir nada más, reservado y frío, eso era agradable y misterioso a la vez—, eso no es un problema para mí —agregó después.


— Bueno, se nota que no son de por aquí, así que no me molestaría que siguieran el mismo camino que yo, después de todo vamos al mismo sitio —dijo tranquilamente el chico, un problema con la ruta no era un mayor problema, tal vez un descanso y algo de comida harían bien también así que miró a sus dos soldados que aún estaban por ahí—. Ustedes dos, vayan a decirle al cocinero que haga algo rápido, estaremos aquí por un rato.


— Pero, Lord, tenemos que llegar a tiempo para...


Rouge no los dejó terminar, y negó rotundamente con la cabeza.


— ¿No escucharon lo que dije? Vayan a decirle al cocinero que haga algo de comer, y que por favor, que sea lo suficiente para tres bocas más.


Ahora los soldados no se negaron, y siguieron la orden de su patrón.


El joven hijo del noble volvió a observar a los desconocidos, bueno, ahora ya no eran tan desconocidos como antes. Su rostro se mantuvo relajado, y hasta de podía decir que Rouge sonrió ligeramente mientras daba algunos pasos hacia al frente, se arreglaba la corbata, y luego reposó en el lugar que decidió descansar.


— Qué mal educado que soy, no me he presentado —murmuró para sí mismo, terminó arreglarse para verse presentable y estiró la mano ante Hakim—. Soy Rouge, hijo del Conde Vaergen y Señor de Montrose.


— Un gusto —le respondió, se acercó a él y estrechó su mano con la suya unos segundos, se notaba que ese tal Hakim tenía cierta manera de poner su presencia en el ambiente. Era un hombre fuerte, serio, daba hasta cosita mirarlo a los ojos—, pero no creo que será necesario. Nosotros podemos llegar perfectamente bien solos, además tenemos a la Srta. Celestine con nosotros, ella es Sydostiana.


— ¿Sydostiana? —alzó una ceja levemente, se hacía a un lado para observar a la joven mujer, y claramente se notaba. Rouge ya había previsto tal hecho. Miró a la mujer e hizo su mayor esfuerzo para poder sonreír y parecer amable—. Hola, buenos días.


— Buenos días —respondió ella saludandolo con una reverencia muy cordial.


La miró de arriba hasta abajo, de abajo hasta arriba, le parecía un hecho tremendo que una chica de su propio reino tuviera enlaces tan ricos.


Dado a su educación en una familia noble, sabía bien como cualquier lazo de alguien con influencia en cualquier parte del mundo o del reino era bastante beneficioso, nunca se sabe cuando se necesitaría conocimientos de alguien más. Era bueno tener conocidos especializados en diversas áreas, y tal vez sea hora de que Rouge haga lazos aunque no sea el heredero de su familia, y además sabía que los Vaergen no tenían muchos lazos con otras familias nobles, preferían estar a las sombras y hacer trabajos silenciosos.


— Bueno, es mejor que descansen un poco. Llegar a la capital es algo agotador y muy demoroso, ¿prefieren descansar? —le hizo algunas señas a los tres, quería que los siguiera hasta el posible campamento que estarían armando los demás soldados que venían con Rouge—. Vamos, ¿no quieren conversar un poco mientras la comida está lista?