I Love You
El día en que empezo todo fue el día en el que Spreen estaba recorriendo las calles de aquella ciudad en la cual vivía, sin importarle que fuera un barrio peligroso, o que estaba como un alcohólico con una botella de Whisky y tambaleándose.
Esa noche estaba más pesada y húmeda de lo normal y cruzando la esquina de Park y Main encontró a un lindo chico con un vestido rojo pegado resaltando lo bello que era su cuerpo, tan perfecto y lindo, Spreen quería romperlo.
El hermoso chico lo miro fijamente a sus ojos violetas, lanzó esa primera mirada, esa mirada que necesitaba para acercarse y destruirlo, porque ese era Spreen, Spreen el mismo que no sabía cómo amar, el mismo que solo rompía a las personas, el mismo que por más que lo quisiera intentar mejorar solo terminaba dañando, por lo tanto, aquel chico de ojos miel no sería la excepción.
Inocentemente, el chico sonrió, corrección, le sonrió.
"Oh mi pobre niño, ¿Porqué hiciste eso? Tu sonrisa hace que quiera cortar mis venas"
Y cuando Spreen murmuró eso al aire, sin que nadie lo escuche, ya no había vuelta atrás, el híbrido de oso ya lo había marcado. El último nombrado se acercó sonriendo también casi tan inocente como si no pensara en lo bello que se vería lleno de moretones y sangre.
-Hola, lindo, ¿Qué tal?
Roier pregunta manteniendo su sonrisa mientras a máxima velocidad la sangre de Spreen corría tan rápido.
-Todo bien, ¿Cuál es tu nombre?
-Roier, pero para ti el amor de tu vida.
El de ojos miel río mientras el contrario lo acompañaba en su risa prestando atención a cada detalle de su rostro, era delicado, pero no demasiado, tenía algunos lunares que lo hacían ver aún más lindo, y ni hablar de esos ojos miel que tenían un brillo inexplicable, tan lleno de vida.
"Mi niño, si las miradas dan infartos quiero morir con la tuya"
Pensó Spreen mientras admiraba su bella mirada, quería arrebatarle aquel brillo.
-Soy Spreen, pero ¿Qué tal si nos vamos de este bar?
Roier termino sonriendo con los dientes y lo termino siguiendo conversando y riendo, teniendo una conversación fluida y hermosa, enamorándose, solo había un pequeño detalle en la forma de amar de ambos, Roier era demasiado complaciente, Spreen era totalmente posesivo y obsesivo. Spreen no se enamoraba, Spreen se obsesionaba y se aburría cuando obtenía lo que quería, que dependan de él.
Los hombres peligrosos en las sombras eran como una audiencia y hasta el más malo de ellos miro a su Roier con un brillo especial al verlos pasar, Spreen estaba enojado, quería ir y partirle la cara a ese por atreverse a mirar con sus repugnantes ojos a su Roier, pero resistió, caminaron veinte cuadras hablando de buenos bares y mejores ciudades que esa.
Y al cruzar una esquina Spreen acorraló a Roier contra una pared de un callejón, besándolo bruscamente, mordiendo y disfrutando del sabor a Whisky que había en los labios del castaño, respirando agitado y agarrando de forma posesiva la cintura del menor.
Roier solo se dejaba besar mientras intentaba seguir el ritmo, gimiendo cuando sintió como mordía más fuerte sacándole algo de sangre, debería de haber frenado todo en ese instante, pero no lo hizo, en vez de sentir dolor hizo que solo deseara más, acercándose más a él y jalando perezosamente los cabellos azabaches, gimiendo de vez en cuando mientras el otro ni siquiera lo dejaba separarse por aire.
Se besaron esa primera noche, y luego la lluvia abrió el cielo para conseguir...
Un último beso.
El beso se tornó más húmedo sacando muchos más sonidos de Roier y del choque de sus lenguas.
Te amo como un alcohólico.
Spreen lo llevo a su casa y se siguieron besando de la forma brusca y dura en la que lo estaban haciendo en el callejón, con Roier encima del híbrido de oso, moviendo sus caderas para generar fricción y desesperando al azabache.
Un último beso.
El de cabellos castaños saltaba encima de el ojos violetas fuertemente, lloriqueando y soltando pequeñas lágrimas por el placer abrumador que estaba sintiendo, y Spreen solo estaba perdido en sus pensamientos mientras observaba los ojos de Roier con pura maldita posesión.
Te amo como a una estatuilla.
Echados en la cama del menor se sonreían y se daban pequeños besos sabiendo que pronto el oso se tendría que ir...
Un último beso.
Te necesito como necesito una pierna rota.