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Aimi siempre creyó que lo más importante al momento de elegir pareja, era escogerlo por su físico y popularidad.
Aquello podría ser la principal razón por la cual se ha visto involucrada con tanto idiota Universitario. No podías esperar nada de ese tipo de personas, claro estaba.
Aunque, a veces es necesario salir de la rutina e ir en busca de algo diferente.
Solo así... encontrarás lo que deseas.
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Él yacía sentado en una esquina de las gradas, alejado del resto de personas. Su atención fue captada por los pequeños sollozos que se escuchaban cerca de donde se encontraba.
Bajó con rapidez, buscando la fuente de esos lamentos, detrás de las gradas pudo visualizar a una chica que reconocería en cualquier lado.
—¿Te encuentras bien? —cuestionó el estudiante con cierta preocupación. Nunca la había visto llorar, que su llanto fuese tan intenso le hizo pensar que algo muy malo le ocurría—. ¿Necesitas ayuda?
—No, no... —negó de inmediato, sin voltear a verlo—. Estoy... estoy bien —su respuesta salió tan entrecortada que fue difícil de entender.
El chico revisó su mochila, buscando un par de pañuelos dentro. Se acercó a la chica, agachándose frente a ella, para así quedar a la misma altura. Le extendió un pañuelo con amabilidad, consiguiendo que Aimi levantara la vista y lo viera a los ojos.
—Gracias —lo tomó a los pocos segundos, pues sus lágrimas eran notables y no quería que los demás la vieran en ese estado—, debo verme horrible llorando.
—No agradezcas —respondió él, brindándole una pequeña sonrisa—. Eres muy bonita, ni las lágrimas podrán opacar eso, así que tranquila —mencionó sin querer, levantándose de inmediato al darse cuenta de lo que dijo.
Se alejó de la chica con la intención de marcharse.
—¡Espera! —le llamó, logrando que él volteara a mirarla—. ¿Cuál es tu nombre? —cuestionó Aimi, intentando hacer memoria. Era la primera vez que veía a ese chico, tal vez formaba parte de los estudiantes de nuevo ingreso.
—Yuta —contestó el universitario de modo amable, siendo la sexta ocasión en la que le decía su nombre—. Nos vemos —se despidió al instante, huyendo con rapidez de la cancha.
No le sorprendió que Aimi se olvidara de él. Al fin y al cabo... Yuta no era nadie importante en su vida.