La cena perfecta 🔥
Izuku se movía con soltura por toda la cocina, estaba cocinando varias cosas al mismo tiempo y sus manos estaban bastante ocupadas. Aquel día era 20 de abril, por lo tanto cumpleaños de Kacchan, su esposo y compañero desde hacía dos años.
Su día había comenzado temprano en la mañana, se levantó rápidamente después de que Katsuki se fue a la oficina y salió a hacer las compras para lo todo lo que tenía planeado, pasó por el supermercado para comprar los ingredientes de la cena y para el pastel que prepararía, después fue hasta la tienda de sex shop donde tenían listo su pedido.
Al volver a la casa se puso manos a la obra, cocinaría el curry picante favorito de su compañero y un pastel de crema y chocolate, además de que debía preparar gran parte de su hogar para lo que tenía preparado.
Había comprado un hermoso mantel junto con velas aromáticas y usaría la vajilla que les habían regalado sus suegros en su boda, para que todo saliera perfecto y la mesa estuviera bonita al momento de cenar.
Y por último arregló la habitación matrimonial que compartía con su alfa, sacó las mantas y las almohadas que tenía en su closet especial para sus implementos de anidación y los acomodo a la cama pasó más de una hora organizando todas las mantas, las almohadas y ropa de él y su compañero, incluso había utilizado mantas que Katsuki le había regalado durante su tiempo de cortejo, quería que aquella noche fuera especial.
Mientras el curry se terminaba de cocinar el peliverde estaba concentrado adornando el pastel de cumpleaños haciendo cachitos con la crema, agregando frutillas cortadas y por último agregó un escrito “Feliz cumpleaños Kacchan” con un fino hilo de chocolate.
Cuando por fin terminó de decorar el pastel y estuvo satisfecho con su trabajo miró la hora, en menos de 30 minutos llegaría su esposo y debía estar listo, así que corrió escaleras arriba y se metió a la ducha para lavarse el sudor del día, prepararse para lo que en un par de horas sucedería, había decidido dejar una pequeña sorpresa en aquel lugar que tanto le gustaba a su compañero y después al salir del baño se humectó la piel de todo el cuerpo, se vistió con uno de los regalos que le tenía a su alfa y se puso la ropa que había comprado unas semanas atrás para verse bonito para su compañero. Y por último se maquilló sutilmente, agregó una capa de máscara de pestañas para resaltar el color de sus ojos, un poco de iluminador en sus pómulos para sentirse que brillaba y al final un toque de brilló labial rosa para aumentar visualmente su ya voluminosos labios.
Izuku sabía que a Katsuki le encantaba cuando se ponía brilló labial, solía decir que se veían apetecibles para comerselo y claro que lo hacía, lo llenaba de besos tan candentes y largos que sus el labial terminaba esparcido alrededor de sus bocas rojas e hinchadas.
El rubio y él llevaban dos años de casados pero fueron novios durante cuatro años antes, su romance había empezado tímidamente cuando se conocieron en la universidad, cuando Katsuki tomó unos cursos de escultura para su carrera de arquitecto e Izuku estaba cursando los mismo por su carrera de artes. El peliverde podía decir que fue amor a primera vista, sus amigos bromeaban con que eran destinados pero Izuku sabía que esos eran mitos que no habían sido comprobados nunca, aun así cuando se conocieron fue como si el mundo desapareciera alrededor y solo existieran ellos dos.
Fue tanta la conmoción de cuando se conocieron que las primera semanas ninguno de los dos se atrevía a hablarle al otro, sin embargo fue Katsuki el primero en hacer el primer paso cuando Izuku no llegó a una de las clases y a la siguiente el rubio le ofreció sus apuntes, desde ese día comenzaron a hablar como amigos y a hacer juntos los trabajos de la asignatura.
Durante ese tiempo el rubio lo cuidaba y lo trataba bien, le llevaba pequeños regalos como caramelos para las sesiones de estudio, agua para mantenerlo hidratado y en más de una ocasión compartió su bento porque “había llevado mucho para él”, cosa que después el pecoso se enteró lo hacía a propósito,
No fue hasta que llegaron las últimas semanas de la asignatura de escultura que el alfa se atrevió a invitarlo a cenar y durante esa cena le pidió al omega si podía cortejarlo apropiadamente. Por supuesto, Izuku aceptó y su noviazgo dió comienzo. A lo largo de todos los años que habían estado juntos, si, había habido peleas y discusiones pero se amaban lo suficiente como para hablar sus problemas y superarlos juntos.
Así es como llegamos a este momento seis años más tarde, y después de una larga conversación donde habían llegado a la conclusión de que estaban listos para tener cachorros, Izuku se sentía emocionado, hacía un par de meses lo estaban intentando pero su celo era bastante irregular y no le había venido hacía 4 meses, por lo que lo que tenía preparado les ayudaría a concebir a ese tan buscado bebé.
Cuando estuvo listo bajó nuevamente a la cocina y terminó por completo el curry burbujeante en la olla. Ni bien la comida estaba lo suficientemente caliente escuchó la puerta de la entrada abrirse y el tan característico aroma de su alfa.
–¡Kacchan bienvenido!–. Saludó asomándose al pasillo con un sonrojo en su rostro que mostraba lo emocionado que estaba.
–Estoy en casa bebé–. Dijo Katsuki acercándose a su omega que lo recibió con un cálido abrazo llenándolo y llenándose de sus aromas.
–¡Feliz cumpleaños Kacchan!–. Dijo feliz.
–Jaja, ya me lo habías dicho en la mañana nerd–. Rió revolviendo los cabellos verdosos. –Te ves precioso–. Dijo mirándolo de arriba a abajo, con esa mirada de depredador que tanto le excitaba a Izuku.
–¿Te gusta? lo compré especialmente para hoy–. El peliverde se volteó mostrando toda su figura a su alfa, le encantaba verse bonito para él.
–Me gustará más cuando te lo quite–. Susurró en su oído cuando lo acercó a su cuerpo de la cintura.
Izuku rió poniendo sus manos en la boca avergonzado por las cosas que decía su esposo, pero al mismo tiempo ansioso por que le quitara la dichosa ropa y encontrara sus otros regalos, el solo pensar en ello lo hizo sentirse un tanto resbaladizo en su trasero.
–E-eso será después de la cena, me pasé toda la tarde cocinando para ti alfa–. Al rubio le brillaron los ojos con anticipación, su entrepierna saltó al ser llamado alfa por su omega de esa forma tan sexy.
Izuku sirvió la comida y cenaron en medio de un ambiente ameno, tranquilo, divertido y bastante cargado de tensión sexual, Katsuki no le quitaba los ojos de encima a su compañero y el ojiverde se aprovechaba de eso coqueteando descaradamente, moviendo su culito cuando fue por más platos e inclinándose demasiado cerca cuando le rellenaba la copa de vino.
Cuando terminaron de comer y llegó la hora de servir el pastel la pareja ya podía sentir los efectos del vino que Izuku había comprado en la tienda de sex shop. Aquel vino contenía afrodisiacos especiales para aumentar sus feromonas y hacerlos entrar en una especie de celo suave, lo suficiente para aumentar la probabilidad de embarazo pero no tanto como para que se perdieran en sus lobos interiores.
–Conejito, ¿que le pusiste a la cena?–. Preguntó Katsuki con un poco sonrojado y con una creciente erección entre sus pantalones.
–La comida no alfa–. Dijo poniéndose de pie para ir a buscar el pastel y al pasar por detrás del rubio dijo. –Era el vino, el vino que casi te acabas–. Dio un largo lametazo a la oreja de su esposo descaradamente y moviendo sus caderas, fue por el postre.
Para ese punto no solo el afrodisiaco del vino estaba haciendo efecto en Izuku si no que también en vino en sí, el peliverde no era de tomar demasiado pero aquella era una ocasión especial, y se sentía desinhibido, coqueto y excitado, y Katsuki no se la estaba poniendo fácil para controlarse, no con esos ojos que lo desvestían, no con las feromonas de excitación que no dejaba de soltar y menos cuando el muy descarado en incontable ocasiones se reacomodo la erección sin despegar los ojos de él.
Cuando Izuku llegó con el pastel, lo cortó y lo repartió en un plato para cada uno, sin embargo no tenía idea de que su alfa tenía otras intenciones para el pastel que tanto trabajo le había costado decorar.
–Siéntate aquí conmigo conejito–. Dijo Katsuki haciéndose a un lado para que el pecoso se sentara a comer el postre en sus piernas.
Obviamente el omega le hizo caso a su alfa y juntos disfrutaron del esponjoso, dulce y cremoso pastel. Fue en un momento de descuido que Izuku no se dio cuenta que Katsuki pasó sus dedos con crema por su cuello justo encima de su marca de apareamiento y después pasó su lengua por el lugar intentando limpiarlo.
–Lo siento conejito, fue sin querer–. Mintió sin ningún tapujo.
–¿A si? sabes que yo también soy bastante torpe–. Dijo pasando sus dedos con chocolate por la clavícula del afa que quedaba al aire por llevar la camisa con varios botones desabrochados debido al calor del afrodisiaco.
Pasó su lengua y chupo el lugar hasta dejarlo completamente limpio, y miró inocentemente a su esposo que le devolvió la miraba con ojos oscurecidos de excitación. Se acomodó mejor entre las piernas del alfa y se sentó a horcajadas disfrutando del roce que hacían sus erecciones y su trasero en las fornidas piernas del rubio.
–Debes comerte el postre alfa–. Dijo moviendo las caderas.
–Tengo dos postres a la vista y quiero comerlos al mismo tiempo–. La voz del rubio no era más que un ronco gruñido.
–Hazlo alfa, comeme, comeme entero–. Si, para ese punto ya no había nada que controlara ni el cuerpo ni la boca de Izuku.
Ni corto ni perezoso Katsuki atacó los labios de su omega, lo beso tal y como era él, apasionado, fuerte, rabioso e intenso. Amaba los labios de su compañero, si fuera por él se pasaría la vida adorándolos, sin despegarse de ellos, comenzó a desabotonar botón por botón la camisa del pecoso, revelando parte de la sorpresa.
–¡Joder omega!, ¿qué es esto?–. Preguntó sin dejar de admirar el torso semi desnudo del peliverde.
–Quítamelo todo si quieres ver el resto, Kacchan–. Le susurró al oído.
Katsuki lo tomó de la cintura y lo puso de pie y aunque le tomó un segundo al omega enderezarse del todo porque sus piernas temblaban de excitación, el rubio le quitó los ajustados jeans de un solo tirón.
Y quedó a la vista la preciosa lencería que Izuku había comprado para la ocasión, era un conjunto negro que dejaba muy poco a la imaginacion, sus pezones estaba cubiertos por unos pequeños lazos negros y su pequeño miembro omega para ese punto muy erecto, estaba levemente tapado por una braga que tambien tenía un lazo, toda la prenda contenia varias cuerdas que lo amarraban por diferentes partes en las piernas, en la cintura y hasta en el cuello.
–Te ves tan hermoso Izuku–. Dijo Katsuki pasando sus manos por la cintura del pecoso, deleitándose con la suavidad de la piel ofrecida.
–Es tu regalo, alfa, yo soy tu regalo–. Dijo dándose una vuelta mostrando el fino hilo que “cubría” su redondo trasero.
El rubio no podía más que admirar lo preciosos que se veía su omega, deteniéndose a mirar cada curva y cada lugar que le mostraba este mientras le modelaba el conjunto de lencería, para él Izuku era perfecto era delgado pero tenía la musculatura justa en todos lados, tenía una pequeña cintura la cual se veía aún más pequeña cuando miraba su redondo trasero que rebotaba con cada paso que daba y sus gruesas piernas, muchas veces su cabeza había sido aplastada por aquellas fuertes piernas.
Estaba tan excitado y quería tanto hundirse hasta el fondo del útero de su esposo que sentía su polla iba a reventar, sin embargo quería esperar, quería hacer a Izuku delirar con sus manos y con su boca, y eso comenzaba ahora.
Enterró una de sus manos en la crema del pastel y con la otras acercó nuevamente al pecoso, sin esperar mucho esparció toda la sustancia blanca por el torso del peliverde, que gimió al sentir la crema helada.
–Ha!.. Kacchan–. Gimió agarrando la cabeza de Katsuki que se había pegado a él para comer el betún.
–Eres tan delicioso conejito–. Dijo esparciendo más crema esta vez por encima de sus pezones y por sobre la diminuta braga.
–Alfa… a la cama, por favor–. Suplicó cuando la boca de su compañero lo estaba volviendo loco.
–Esta bien bebé te follaré duro en nuestra cama–. Dijo y lo tomó estilo princesa para subir y entrar al cuarto.
Cuando el rubio empujó la puerta de la habitación pudo notar algo diferente de inmediato, no solo estaban las feromonas de ambos mezcladas como siempre, si no que había un resto de feromonas llenas de excitación de Izuku además de que su cama estaba cubierta de manta, ropas y almohadas, tal y como para cuando su omega entra en celo.
Entró a la habitación y arrojó al peliverde a la cama en medio del nido, allí fue cuando se dio cuenta, todo el nido estaba lleno de feromonas excitadas del omega, Izuku había estado jugando en aquel lugar antes de que él llegara.
–¿Qué es esto omega? ¿estuviste juzgando sin mi?–. Izuku asintió ido, estaba demasiado perdido en las feromonas cargadas de excitación que él había dejado y que ahora complementaba Katsuki.
–Sólo para ti alfa–. Dijo jadeando mientras que al mismo tiempo abría y presentaba su entrada a su compañero.
–¡Joder Izuku!–. Dijo sorprendido, desde allí podía ver como su omega tenía dentro de él un plug del cual solo veía una joya roja en la entrada que chorreaba lubricante.
Simplemente bastó esa vista para que el rubio se lanzara sobre el pecoso y siguiera su recorrido de besos y lamidas, no se sintió satisfecho hasta que toda la crema pegajosa se había ido y debajo de él tenía a un omega completamente excitado, jadeante por más, con los pezones y los labios igual de rojos e hinchados y su miembro que ya había explotado en una ocasión goteando de pre cum otra vez.
Bajó lentamente sin dejar de besar su cuerpo adorándolo por completo, lamió y tragó parte de el semen que había soltado con su primer orgasmo y llegó hasta su duro miembro, lo tomó y lo bombeo con fuerza, jugó con la punta y lo lamió desde la base hasta jugar con su pequeño agujerito en la punta.
–Ha!... Alfa es demasiado… me gusta–.
–Esto te gustara más–. Dijo sin dejar de jugar con su miembro pero llevó su otra mano al plug en su trasero y lo tiró sin sacarlo del todo para después volver a meterlo.
–Mmmh… Cariño quiero el tuyo… por favor–. Rogó entre lágrimas de placer.
–¿Qué es lo que quiere bebé?–. Preguntó tomándolo de la mandíbula para acercarlo a su rostro.
–Tu nudo…Lléname con tu nudo alfa…Por favor–. Dijo retorciéndose bajó los toques de las grandes de calientes manos del rubio.
–Bueno, si lo pides tan bien te daré mi nudo–.
Sin esperar más corrió hacia un lado el hilo de la braga y de un solo tirón quitó el juguete anal logrando que todo el libricante que pobremente estaba sosteniendo saliera del agujero del omega manchando la cama y las mantas. Katsuki se relamió los labios deseoso por lamer y beber de los jugos de su compañero, pero su polla estaba tan dura y ya le dolía tanto que no creía poder esperar más o se correría directamente en sus pantalones. Se alejó del cuerpo pecoso para poder quitarse la ropa.
–Masturbate conejito quiero verte–. Dijo quitándose la camisa.
Izuku llevó ambas manos a su intimidad, con una frotó su miembro dolorosamente endurecido, y con la otra medio dos de sus dedos en su entrada, todo esto a vista y paciencia del alfa que en un par de minutos lo miraba desnudo y masturbandose tambien.
–¿Estás listo bebé?–. Preguntó aunque ya estaba metiendo la punta de su pene dentro del omega.
–Mmh…Sii alfa…Más profundo…–. Gimió cuando se sintió lleno.
–Ahg… Joder eres tan estrecho–. Embistió con fuerza las paredes de su esposo. –Tan bueno…Tan buen omega para mi–.
El rubio tomó de las caderas a Izuku para mantenerlo en su lugar y enterró su miembro hasta el fondo, tanto así que con la punta podía sentir el útero esperando por ser llenado. Katsuki entraba y salía del trasero magullado una y otra vez rápido y certero dando con todo en el punto dulce del pecoso que jadeaba loco de placer con lágrimas corriendo por sus mejillas y baba cayendo por su mentón.
Ambos estaban tan excitados que ni siquiera se habían percatado de cuánto tiempo llevaban en el mismo, el rubio sudaba a mares y el peliverde se había corrido entre sus abdominales una segunda ocasión, pero el alfa no paró en ningún momento, quería que su nudo se inflara y atrapar para siempre a su omega.
–Ahh… Ahh… Kacchan me voy… yo… Mmmh aaah!–. El grito de Izuku fue tan fuerte como su tercer orgasmo.
Para Katsuki la vista y las sensaciones fueron asombrosas, finos hilos de semen salieron de la pequeña polla del pecoso y los músculos de su trasero se contraían con la intención de ordeñarlo, cosa que el rubio no hizo esperar y se corrió con todo al mismo tiempo que el pecoso aun estaba perdido en la nube de placer, su nudo se hinchó y el empujo más fuerte para adentrarse por completo.
–Ahh!!...Si alfa lléname con tus cachorros…Los quiero todos aquí–. Dijo poniendo su mano en su vientre lleno de fluidos por dentro y por fuera.
Aquellas palabras hicieron que Katsuki se corriera con mayor intensidad, liberando grandes cantidades de semen dentro del peliverde. Si, hoy dedicaría toda la noche a criar a su omega, dejándolo lleno de cachorros.