Omegacember [Katsudeku]

Summary

Diferentes one-shot Katsudeku con los prompt del Omegacember de la pagina Es de fanfic Aclaraciones -Los personajes no son míos son de Kohei Horikoshi -Esta historia es chicoxchico y +18 si a alguien no le gusta este contenido absténgase de leer -Las diferentes historias se desarrollan en el mundo omegaverse

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
4.0 1 review
Age Rating
18+

Autocontrol

Katsuki caminaba a la escuela con una sonrisa arrogante, la mirada en alto y el pecho inflado, totalmente orgulloso de sí mismo y todo eso se debía a que por fin se había presentado como un alfa.

Es decir, el rubio siempre había pensado y estado seguro de que cuando se presentara lo haría como un alfa poderoso, el más fuerte, con los mejores instintos, con el aroma que haría caer a cualquiera y hasta ahora lo había hecho, si primera rutina se había presentado la semana anterior cuando estaba comprando cosas que su padre le había pedido y cuando se había empezado a sentir raro, volvió a casa lo más tranquilo que pudo.

Su padre lo felicitó por no haber perdido el control en un ambiente lleno de gente en donde podría haber atacado a cualquiera y Katsuki se había sentido orgulloso. Si bien durante la semana que duró su rutina estuvo muy irascible, no podía controlar sus feromonas ni menos si deseo sexual, su madre Mitsuki una alfa le dijo que lo había hecho bien, que conocía a otros alfas que habían salido de sus guaridas para atacar omegas durante sus rutinas, por lo que al ser la primera vez lo había hecho excelente.

Por lo mismo esa mañana cuando salió a la escuela por primera vez después de su rutina, iba totalmente orgulloso de sí mismo, y no podía esperar para encontrarse con Izuku, su mejor amigo desde siempre y el omega que había elegido para ser su compañero.

Deseaba ver al pecoso después de una semana, prácticamente nunca pasan tanto tiempo separadas, aunque desde que Izuku se había presentado también habían pasado una semana separados por su calor pero hasta ahora no había tenido otro y había seguido su vida con normalidad.

Ahora Katsuki era un alfa y estaba más que dispuesto a cumplir la promesa que habían hecho cuando eran niños, casarse y convertirse en compañeros cuando fueran adultos, y cuidar siempre de Izuku.

Al llegar al salón de clases su nariz picó un poco con tantos aromas entremezclados que podía sentir, y eso que varios de sus compañeros no se habían presentado aún, y lo que lo habían hecho la mayoría eran betas, uno de sus amigos era alfa e Izuku que era omega, aun así el primer bocado de aire fue un poco molesto.

Se sentó en su asiento mirando por todo el salón en busca del omega pero no se veía por ninguna parte, claro Katsuki no había ido a buscarlo a su casa, quería darle la sorpresa que ya estaba de vuelta y lo más seguro que Izuku se hubiera atrasado.

—¡Kacchan!—. Al segundo después del grito el rubio sintió un peso caer sobre él. —¡Por fin regresaste! te extrañé—. La cantarina voz del pecoso estaba pegada a su oído.

Sin embargo, aunque Katsuki quería responderle con alguna broma o saludarlo como siempre feliz de sus abrazos, se quedó completamente paralisado al sentir el delicioso aroma de Izuku.

El omega olía tan bien a manzanas dulces que su cerebro se empezó a hacer papilla, en su interior Katsuki en lo único que podía pensar era en poseer, en morder, marcar, criar en ese momento.

No quería que nadie más pusiera ni siquiera la mirada sobre Izuku, él era solo suyo, su compañero de vida, su omega y él era el alfa que lo marcaría, el alfa que hundiría su miembro hasta lo más profundo de su ser y lo hincharía de cachorros.

Mierda no

Algo en su interior, una voz muy baja le decía que se controlara, que si Izuku sería su compañero en un futuro ahora debía controlarse.

Pero cómo podría controlarse cuando todo en lo que puede pensar es en lo delicioso que huele, lo lindo que se ve, lo fértil que es y como su alfa interno rasguña las paredes de su cabeza por hacerlo suyo ahí mismo delante de todo el mundo para que supieran que era solo suyo y que lo suyo no se toca ni se mira.

Se estaba volviendo loco, no podía pensar así solo por un abrazo, es decir, Izuku lo había abrazado un millar de veces desde que eran niños, debía controlarse.

Pero sus pequeños brazos aun lo rodeaban y su suave voz aun le hablaba algo que Katsuki ya no entendía, debía apartarlo si no quería atacar y hacerle daño en ese momento.

—¡Quítate de encima Deku!—. Rugió.

De inmediato pudo sentir como los brazos y todo el cuerpo del omega se ponía totalmente rígido, y aunque sabía que no estaba bien gritarse a su amigo debía pensar con claridad o haría algo de lo que se arrepentiría para siempre.

—Kacchan—. Izuku lo soltó poco a poco, mirándolo confundido.

—No vuelvas a tocarme—. Dijo apretando los dientes tanto como podía para evitar respirar.

—Yo…Te extrañe y pensé que tu…—. Izuku se veía claramente asustado por su reacción.

A Katsuki le dolía ver esa mirada dirigida hacia él y más aún saber que él la había provocado, pero eso estaba bien, debía alejarlo hasta que fuera seguro para él, para ambos.

—Aléjate de mí—. Volvió a gruñir tan bajo y peligroso que el pecoso saltó entre asustado y preocupado.

El omega abrió la boca para decir algo, para intentar rebatir lo que le estaban diciendo, tal cual como Katsuki lo conocía pero su maestro llegó pidiendo que se sentaran para comenzar con la clase.

Durante el resto de la clase y del día en general el rubio se la pasó sobre su mesa de escritorio con la cabeza metida entre sus brazos, intentando esconderse lo mejor que podía del aroma de Izuku que se sentaba a su lado.

Sabía que le había hecho daño al alejarlo de esa forma sobre todo porque las feromonas del omega habían cambiado, cuando llegó eran dulces y apetitosas manzanas, pero después de su rechazo el aire era agrio y amargo como manzanas podridas, ese olor Katsuki lo odiaba y su alfa interno rogaba por ir con su omega para calmarlo y hacerlo feliz, pero su lado racional sabía que si se acercaba a Izuku lo atacaría.


Cuando llegó a su casa después de la escuela Katsuki corrió a su habitación y golpeó el saco de boxeo que le habían regalado sus padres la navidad pasada. Golpeó y golpeó hasta que sus manos estaban a carne viva, golpeó hasta que el saco cayó del pedestal roto a la mitad.

Y aun así tenía ganas de seguir golpeando, quería golpear a su alfa interno por ser un pervertido de mierda, quería golpear a sus padres por no advertirle lo que pasaría en la escuela, pero por sobre todo quería golpearse a sí mismo por hacerle daño a Izuku.

Sin embargo a pesar de descargar toda la rabia que pudo con el saco de boxeo, el día siguiente fue igual en la escuela, aunque el omega no se acercó a él, él todavía podía sentir sus feromonas tan fuertes como si tuviera su nariz sobre la glándula de Izuku.

Durante los días siguientes intentó por todos los medios cambiar de asiento con sus compañeros pero ninguno quiso por temor al castigo de los profesores, fue donde sus profesores para que lo cambiaran de lugar, pero también se negaron alegando que esto era algo que debía aprender a controlar, sobre todo porque a medida que creciera conocería más imegas y debía tener autocontrol.

Aquello le dio una idea y durante la hora de almuerzo, fue hasta la mesa de unos sempai que conocía, Mirio era un alfa y el capitán del equipo de fútbol, y también el novio de un omega, Tamaki un omega introvertido y callado.

Katsuki pensó en que si se podía controlar teniendo al peliazul al lado podría estar cerca de Izuku como siempre.

Y así lo hizo, después de clases se reunió con Mirio y Tamaki quienes le permitieron oler de cerca al omega, inmediatamente se sintió sumamente tranquilo, y es que si el peliazul olía dulce y embriagante como huelen todos los omegas, pero en ningún momento Katsuki quiso poseerlo ni atacarlo para hacerle las cosas que quería hacerle a Izuku.

El rubio respiró un par de veces tranquilo y satisfecho consigo mismo, orgulloso de que por fin podía controlar a su alfa interior, si podía oler las feromonas de un omega así de cerca sin problemas, no debería tener problemas con el pecoso.

Sin embargo, al llegar a su casa toda la confianza que había construido en el camino cayó hasta el suelo.

En los escalones de la entrada de su casa estaba Izuku con los ojos rojos e hinchados y la cara completamente sonrojada, Katsuki no tuvo que pensar mucho para saber que el omega llevaba rato llorando.

Y aunque quería correr a su lado para consolarlo y saber quien era el maldito que lo había hecho llorar, no pudo moverse ni un centímetro. Su alfa interno nuevamente estaba rasguñando las paredes de su cabeza exigiendo aparearse con Izuku, a pesar de que su aroma tenía tintes agrios por su estado de ánimo.

Katsuki no lo podía entender, había estado completamente tranquilo cuando olió a Tamaki no entendía como ahora le costaba tanto autocontrolarse con Izuku en frente. En ese momento lo único que quería era entrar a su casa para no dañar al pecoso, pero este estaba en medio.

—¡Kacchan es un tonto y un mentiroso!—. Gritó el omega con las manos hechas puño a los lados.

Katsuki quedó paralizado, Izuku nunca gritaba y menos a él, pero ahora podía verlo absolutamente enojado.

—¿De que…

—Rompiste tu promesa—. Las lágrimas seguían corriendo por las mejillas del pecoso. —Dijiste que seríamos compañeros pero me alejaste y oliste a otro omega—.

Mierda Izuku lo había visto cuando estaba con Mirio y Tamaki, por una parte Katsuki quería consolarlo y explicarle que estaba equivocado que solo lo hizo para comprobar su autocontrol, pero sentía que si se acercaba todo podría salir terriblemente mal.

—Si me hubieras dicho que ahora ya no querías ser mi alfa lo hubiera entendido, pero solo me hiciste a un lado y no te importó lo que yo sentía—. El rubio mantenía la cabeza gacha, qué podría decirle en aquella situación. —¿No dirás nada?—. Preguntó el pecoso más enojado. —Bien entonces no te molestaré más—. Dijo emprendiendo camino a la salida.

Fue en ese momento en que Katsuki sintió terror, si dejaba que Izuku se fuera lo perdería y eso era lo peor que le podría parar, Izuku era su omega y él desde que se había presentado lo único que había hecho era hacerle daño. No podía permitir que se fuera.

—Espera…—. Dijo el rubio agarrando la mano del peliverde. —Yo…lo siento se que te hice daño—. Sus ojos se habían llenado de lágrimas. —Lo de Tamaki-sempai no es na…

—¡Te vi oliendolo!—.

—Lo sé, lo sé, lo hice pero…—. El rubio lo miró a los ojos y vio como Izuku esperaba una respuesta sincera.

Katsuki le explicó exactamente lo que pasaba, le contó el porqué había olido a otro omega y que no había sentido nada de lo que sentía cuando estaba con él, le explicó todos sus miedos y todo lo que había sentido aquel primer día que volvió a clases, y le confesó que él era el único omega del cual quería ser compañero.

—Está bien Kaccha—. Dijo el pecoso tocando su mejilla con cariño. —Está bien que sientas todo eso, yo también lo hago, mi omega quiere que me marques y que me criés y muchas otras cosas más—. Su sonrojo había aumentado mucho más al decir eso. —Porque tu eres mi alfa, eres el único con el que quiero eso—.

—No quiero hacerte daño—. Katsuki volvió a bajar la cabeza decepcionado de sí mismo.

—No lo harás, confío en ti—. El pecoso levantó su cabeza nuevamente y lo miró con una sonrisa. —Puedes perfumarme con tus feromonas siempre que quieras, incluso puedes marcar mis muñecas, se que eso te mantendrá tranquilo—. Terminó de decir con una sonrisa.

—Quiero más—. Dijo Katsuki e Izuku sonrió más.

—Pues hagamos más—. Dijo acercándose a sus labios. —Eres mi alfa está bien—.

—Tu eres mi único omega—. Susurró el rubio cerrando la distancia y por fin besando a Izuku.